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lunes, 16 de octubre de 2017

Clamando en el desierto.

Disfrutemos de espectáculos circenses y malabarismos. Trileros, saltimbanquis e iluminados. Nos hipnotizan con sus palabras y mientras escamotean cubriéndose la realidad. Hurtan usando los pechos de los más fervorosos creyentes, que se disponen frente a ellos. No hablo sólo de políticos, sí de quienes gestionan, tienen y usan su poder. Que son unos cuantos.

Galicia arde. El Segura está seco. La sequía y desertificación de España avanza. Los recursos hídricos menguan al tiempo que suben las ventas de vehículos. La urbanización del modelo de vida extrae las últimas posibilidades de un territorio, un planeta, que sufre cambio climático. Pero en lugar de unirnos en pos de un futuro mejor que nos afecta por más que pongamos fronteras, hablamos de poner fronteras y demostrar ser mejores que el vecino.

Las historias post apocalípticas de los años 80 implicaban bombas nucleares que dejaban el mundo convertido en páramo. Nos hemos olvidado. Después fueron monstruos, invasiones alienígenas, y algunas de desastres naturales. Pero al final la mano del hombre se quedaba atrás, retrasada. El Antropoceno no existe en la posverdad (pamema, paparrucha, mentira a secas) y lo estamos viviendo, para bien y sobre todo, para mal.

Somos nosotros los que estamos arruinando nuestro futuro. Emisiones. Talas. Contaminación. Estilo de vida. Nada nuevo. Los romanos ya contaminaron con plomo, arrasaron mediante sus minas, removiendo tierras, fértiles lugares. Talaron. Quemaron. Y tardamos unos cuantos cientos de años en recuperar...

Hay incluso una página que lo describe. No, de Ecologistas no...

http://www.mapama.gob.es/es/desarrollo-rural/temas/politica-forestal/desertificacion-restauracion-forestal/lucha-contra-la-desertificacion/lch_espana.aspx



Indica bien claras las causas:

* Clima semiárido en grandes zonas, sequías estacionales, extrema variabilidad de las lluvias y lluvias súbitas de gran intensidad.

* Suelos pobres con marcada tendencia a la erosión.

* Relieve desigual, con laderas escarpadas y paisajes muy diversificados.

* Pérdidas de la cubierta forestal a causa de repetidos incendios de bosques.

* Crisis en la agricultura tradicional, con el consiguiente abandono de tierras y deterioro del suelo y de las estructuras de conservación del agua.

* Ocasional explotación insostenible de los recursos hídricos subterráneos, contaminación química y salinización de acuíferos.

* Concentración de la actividad económica en las zonas costeras como resultado del crecimiento urbano, las actividades industriales, el turismo y la agricultura de regadío, lo cual ejerce una intensa presión sobre los recursos naturales del litoral.

La última, en especial, aunque situada al final y mezclada, es realmente lo que está sucediendo y causa de las otras. La mano del hombre...

Siempre vuelvo a Discépolo. Un trocito de su letra, de "Cambalache", que es muy profético en este mes de octubre tan caluroso...

"Dale nomás, dale que vá, / Que allá en el horno nos vamos a encontrar."

Un saludo,

jueves, 12 de octubre de 2017

La sacrosanta Constitución Española de 1978.

Antes de comenzar, yo ya he hablado de muchas maneras sobre la CE de 1978. Conozco el texto por tres vías. Leerlo en el colegio, que lo enseñaban (en Ética, sobre todo) estudiarlo en la carrera (con Ignacio Astarloa, que aunque político del PP, daba clases en la Carlos III de Getafe, y un par de clases extraordinarias y sorpresa con un "pater", Gregorio Peces-Barba) y especialmente machacarla en las oposiciones (sí, ahí es donde se disecciona de manera diferente)

La CE de 1978 es imperfecta. Como todas. No es un texto redondo. Pero hay una peculiaridad sobre el mismo que es relevante; desde el día uno, muchos de sus preceptos se han conculcado, se han torcido o reventado, y ha sido con la complacencia de quienes la redactaron y sus sucesores. Vista gorda o mirar a otro lado, qué más da. Así, cositas que parecen sin importancia se han revelado importantes. ¿Que los diputados y senadores no estarán "ligados a mandato imperativo" (Art. 67.2)? Pues sí lo están, mediante la disciplina de partido. ¿Que primero declaramos que la nación está unida sin solución de disolución (Art. 2), pero que existe autonomía? Pero... ¿Qué es nación? ¿El pueblo español del que emanan los poderes del Estado (Art. 1.3)? Y eso qué significa, ¿Que los ciudadanos (Art. 9.1 y 9.2, o la Sección II del Capítulo II del Título Primero) son entonces la fuente del poder y por tanto ellos constituyen la Nación, independientemente del territorio? Pero... eso choca con la realidad. Los ciudadanos, ¿cuándo hacen que sus poderes "emanen"? En las elecciones (Art. 23) que son... cada cuatro años. (Art. 68.4 y 69.6)

Así que tenemos que nuestra soberanía nacional se cede en unas elecciones cada cuatro años a unos representantes que no están ligados a mandato imperativo y... ah. Error. Sí lo están. A un partido. A su línea. Y esos partidos a su vez están forzados por los lobbies y grupos de presión que corresponda en cada momento. Con lo que, por el camino, hemos perdido la representación. El diputado que elegimos por Cuenca en realidad ni sabemos quién es. Es el partido. No el diputado. Ni el senador. De hecho, ni siquiera hace falta que esté en esa circunscripción (como los "cuneros" de la I Restauración) ni que la represente ni que se plantee siquiera pensar en sus necesidades. Desconexión total. 

Claro que hay más vías para lograr que el ciudadano participe. La ILP (Iniciativa Legislativa Popular) que está en el Art. 87.3. Medio millón de firmas. Pero en materias muy limitadas. Porque, ¿no lo había dicho? En el periplo de ceder la soberanía nacional a nuestros representantes, ni siquiera ellos hacen leyes. Las hacen los grupos de partido, y mayormente, el Gobierno. Así, el Ejecutivo se hace con el poder Legislativo. Supongo que a esta hora Montesquieu está rabiando en su tumba. Y no digamos el Judicial de los altos tribunales (Supremo y Constitucional) donde Gobierno y partidos cortan. Pero me estoy yendo. Las ILP serían una forma de participación más directa, ¿no?. A ver, veamos cuántos Decretos Legislativos se han aprobado de los presentados y cuántos de ILP. 

ILP: 142 presentadas. 1 aprobada. En casi 40 años...

https://es.wikipedia.org/wiki/Iniciativa_legislativa_popular_en_Espa%C3%B1a

Decreto Ley. 73 aprobados de 143 proyectos de ley. En la anterior legislatura...

https://politica.elpais.com/politica/2015/08/19/actualidad/1440011805_580128.html

Vale, descartado entonces que el ciudadano pueda votar. Pero... ¡Eh! Seguramente, en las decisiones importantes se hace un... REFERÉNDUM. La palabra más usada estos últimos meses. Esta forma de participación (Art. 92.1) parece importante. La propia redacción de "Las decisiones políticas de especial trascendencia..." ya lo indica, pero entonces topamos con... "podrán". PODRÁN. Esto es, el Presidente PODRÁ convocarlo. Desde 1978, ¿Cuántos?

3. 

https://es.wikipedia.org/wiki/Referendos_en_Espa%C3%B1a

3 veces, que incluyen el de aprobación de la propia CE de 1978 (obligado por el Artículo 167.3 y 168.3) y por tanto era insalvable. Los otros dos, la entrada en la OTAN y la aceptación de la Constitución Europea (que nadie habrá leído...)

Por ello, el ciudadano de a pie, puede preguntarse. ¿Qué me queda para participar? Las elecciones municipales y autonómicas, los referendos de sus Estatutos en cada comunidad... y poco más. 

Cuando desde el 15M se empezó a hablar de II Restauración, yo aplaudí. Es lo que llevo pensando desde que tengo conocimiento de nuestra Sacrosanta CE de 1978. La Transición (también "sacrosanta") fue en realidad la copia de un modelo que funcionó más o menos bien desde 1874 a 1931. Sin descartar sus tensiones (Guerra Carlista, desastre de 1898, huelga revolucionaria de 1917, Marruecos en 1909 y 1923...) el modelo funcionó por la connivencia de poderes. Militar (como policía interna) Eclesiástica (como educadora principal) y Económica (como motor e impulso y control de los súbditos). Hoy día eso no ha variado tanto, a pesar de las libertades concedidas (que no ganadas...) y de la práctica copia del modelo autonomista de la CE de 1931 (que, por cierto, y tal y como me reconoció el propio Ignacio Astarloa, no había sido derogada formalmente por ninguna cámara legítimamente elegida, si no inter armas...) donde además se intentó una integración de los modelos nacionalistas en un marco amplio. ¿Error? En la indefinición del modelo constitucional, se buscó un presidencialismo de hecho que no de derecho, un reparto de competencias que satisficiera a todos pero también creara sensación de poder, y un modelo de ciudadano que no viera sus derechos muy recalcados ("De los principios rectores de la política económica y social", Capítulo III del Título I, donde hay "poderes públicos" pero no realmente derecho alguno...) y que se dejara guiar por el intrincado laberinto de leyes que España, con profusión, genera. Chapó. Tenemos todo atado. 

La CE de 1978 es imperfecta pero también porque se ha buscado su imperfección erosionándola desde dentro. No es inamovible (recordemos cuántas reformas ha habido y cómo se han llevado a cabo...) ni tampoco insustituible. No es más que una redacción o contrato legal de ciudadanos, algo que, como decía Thomas Jefferson, cada generación tiene derecho a revisar. En más de 40 años, el inmovilismo y la inercia la han dejado obsoleta. Por mal uso o desuso, por uso torticero o por abuso. Y hoy, si estamos donde estamos, es porque los ciudadanos han perdido la confianza en ella. Nunca fue un texto sagrado, pero ahora mismo, ni siquiera es un texto que genere confianza.

Animo a todos a leerla una vez, que seguro está en el estante, al lado de "Don Quijote", otro libro que todos poseemos pero prácticamente nadie lee. Quizá se sorprenda. Quizá se asuste. Quizá se enfade. Pero seguro que podrá encontrar (yo no he hablado ni de una centésima parte...) cosas que le sorprenda al lector. Y quizá, la próxima vez que haya un "Rodea el Congreso", se plantee llevarla en la mano, como el "Libro Rojo" de Mao, y diga algo así como... 

"Eh, que aquí pone..."

Aunque me da que es tarde. Como siempre. Marca España. O Hispánica. 

Un enlace para recordarla...

Un saludo,

martes, 10 de octubre de 2017

Autobombo y promoción.

Aborrezco mucho eso de tirar de redes sociales para promocionarme. Bueno, de redes de cualquier tipo, te acabas enredando en una falsa sensación de amor colectivo que no existe, y cayendo en peleas que tampoco tienen sentido alguno. Alguna vez lo he dicho, no sé hasta dónde se está vendiendo el producto (libro, película, música) y desde dónde o cuándo el autor. Es una especie de prostitución.

De todos modos, y por eso de que no es únicamente mi libro el que se vende, lo promociono aquí (y os pido que lo difundáis) porque forma parte de un pack interesante de Ebrolis. Seguro que disfrutáis de los demás libros tanto como yo he disfrutado con alguno de ellos... :)

Aquí podéis comprar el pack


Un saludo,

martes, 26 de septiembre de 2017

El estado de las cosas (o de la gente)

Parto de varias premisas.

Odio el nacionalismo. No me aporta nada una ideología excluyente, racista, prepotente, miope, orgullosa y vanidosa. No me gusta. En el siglo XXI no le veo valor alguno. 

Odio las simplificaciones. Me da igual que me acusen de plasta escribiendo o hablando. Necesito desarrollar mucho los temas porque, si no, se quedan escuálidos.

Odio las verdades (o mentiras) absolutas. Todo es una parcialidad, basada en percepción, en punto de vista, en subjetividad. No hay visión objetiva, si no completa de varias subjetivas, tratando de armar una visión lo más completa (y aun así, incompleta) de un hecho o tema concreto.

Cataluña y España. Estados, naciones, historia, rebelión, legitimidad, razones. 

Hasta el siglo XVIII, con el advenimiento de la revolución en Francia (aunque ya antes experimentos ha habido...) cambia el panorama político. Y aporto el dato esencial; no penséis en derechos, ideales o demás mandangas. Poderes. Clases sociales. Dinero. Ejercicios del poder. Quién crea un relato que ampare el ejercicio de su poder. Entonces se usa la historia (alcahueteando sus contenidos) para justificar esto o aquello. Territorio, lengua, racialidad. Unidad. Es la forma de uniformizar para heterogeneizar (el sueño de todo gobernante) mediante el ciudadano, libre e igual en derechos y obligaciones al resto (en teoría). La revolución francesa logra el sueño húmedo de todos los reyes; la conscripción obligatoria, de buen grado (por el ideal) de todos. Ni la Unidad de Armas ni los intentos de muchos reyes lograrán esto antes. La guerra ha comenzado. 

El siglo XIX es un hervidero de pruebas. Muchos se dan cuenta de que la Nación es como el Reino pero cambiando las caras de quienes gobiernan. Hay reacción, intentos de romper ésta y progresistas que buscan la igualdad mediante la desaparición de las clases... utopías que serán en un futuro distopías. O no. Entre medias, los verdaderos señores del tiempo y el espacio, como siempre, se adaptan. ¿Que hay que lograr una República porque los dineros fluyen mejor? ¿Que es mejor la Monarquía porque si no pierdo mi patrimonio? Acción o reacción. Quizá el único momento de la historia en el que unos radicales convencidos, minoría, logran su objetivo a pesar de millones, es en la Revolución rusa. El momento en que las oligarquías palman a espuertas y las nuevas no se conforman con solidez, pues hay un nuevo poder, que decide quién vive y quién muere tenga lo que tenga.

Llegamos al XX. Ni lo menciono. El XXI, tras la caída de esa anomalía llamada Unión Soviética, es el de la progresiva unificación. Ya lo he dicho, se quiere uniformidad, hetereogeneidad, simplicidad. La globalización logrará eso. Todos tendremos un móvil, internet, acceso a las mismas tonterías y las mismas franquicias en cada ciudad mediana. ¿Importa el idioma en un momento que, quizá, con un Google translator en la oreja se hará innecesario aprender otra lengua? ¿Realmente molesta el color de la piel cuando interactuamos a través de pantallas? (Lector, no sabes si soy negro, mulato, cobrizo, blanco, pálido, tostado o moreno...) ¿Influye la procedencia si sé qué debo decir o hacer respecto a tal o cual programa o algoritmo informático? Seremos igual de necesarios y prescindibles. O... no.

Vamos al tema catalán.

Las derechas en España siempre han sabido robar y prevaricar apelando al patriotismo. PP y CiU, hoy PdCat, lo han hecho con maestría. No significa que PSOE y otras formaciones de izquierdas no hayan hecho lo mismo apelando al idealismo y utilitarismo. Es el poder. Su ejercicio. Pero en el caso de Cataluña, hay un desarrollo claro. Se ha avivado el nacionalismo para hacer patria y se ha juntado al independentismo. Pero son cosas diferentes.

CiU siempre ejerció la presión de usar el sentimiento nacional de los catalanes para exigir mejoras económicas para su partido y su red clientelar (no para la ciudadanía) y por ello siempre logró más de lo que esperaba. Pero sucede que un día sus casos de corrupción le llevaron a huir hacia delante. Igual que el PP huye por donde puede, CiU canalizó un sentimiento antiPP y por tanto antiespañol (entiéndase en términos nacionalistas, esto es, excluyentes, miopes, fragmentarios y salazmente falsos) y encaminó hacia donde podía ir; la independencia. Los independentistas, al margen de si son más o menos nacionalistas, vieron la oportunidad. Y así están ERC y la CUP de pronto pilotando o dirigiendo a CiU. Compañeros de viaje por diferentes motivos; unos porque huyen del proceso penal por corrupción (CiU) otros por nacionalismo de izquierdas (ERC) y otros por independentismo de izquierdas anticapitalista (CUP). Todos comparten una misma visión; fuera de España, y luego nos pelearemos.

Se ha utilizado el sentimiento inculcado en escuelas y entornos (más constante y activo que en otras partes de España, pero no por ello el adoctrinamiento no se ha dado en todos los rincones de España...) como humus para desarrollar ese camino. ¿Es ilegítimo? No más que cualquier otra decisión de los poderes que han gobernado en todas partes de España. Partidismo, sectarismo y diferenciación es importante para desviar a los ciudadanos (si aún se les puede denominar así) de los problemas que realmente no solventan los poderes políticos por que su agenda política es otra. No ha ayudado que a los catalanes se les odie en casi toda España (atizado este odio por sentimientos futboleros, el idioma y la sensación de quién es mejor o peor, algo que se inculca en cualquier sitio, desde el barrio más pequeño de Cádiz a la masía más pegada a los Pirineos) y nadie haya hecho por moderar eso. Los catalanes no son mejores que el resto de los españoles, ni los españoles son mejores que los catalanes. Cada individuo es una simple persona que vive como puede. La abstracción identitaria, una máscara o anteojera. Y el idioma hablado, que puede verse como barrera, es simplemente la herramienta cotidiana de muchos. ¿Que hay miles de adolescentes que no saben hablar bien el castellano en Cataluña? Vayan a infinidad de lugares de España, no cito ninguno por no cabrear a nadie en concreto, y el problema es el mismo. Pero la realidad es que, mientras en Cataluña se ha mantenido, porque se usa, el catalán (y ahora a cabrear a los vascos y sus vascuences inventados, como el Batúa) en el resto de España muchos localismos, dejes y demás se han pasado por simple deriva del castellano, se han entendido como lenguas españolas y se han tratado con igualdad aunque un señor de El Ferrol charlando con un señor de Cartagena en castellano tienen todas las papeletas de entenderse igual de bien que un esquimal y un brasileño... muchas señas, sonrisas torpes y nerviosas y chapurreos.

El odio a catalanes en España se ha cultivado, bien por activa o bien por pasiva, mediante el fútbol, mediante conversaciones de bares, mediante actos políticos, mediante mil pequeñas cosas. El odio a lo español, entendido como el franquismo, la II Restauración y su CE de 1978 (la Transición) que dejó pervivir muchas cuestiones sin resolver y otras muchas tonterías (de nuevo el fútbol, conversaciones de bares, actos políticos, mil pequeñas cosas) también se ha cultivado. El resultado es que nadie quiere escuchar a nadie, armados todos de verdades puras e inalienables, empezando por una clase dirigente que o no sabe resolver esto o no quiere porque es más beneficiosa la crisis nacionalista que resolver los problemas diarios de la gente.

Cierto es que los independentistas se han sumado a los nacionalistas porque ven un posible proyecto, una utopía o distopía, según se mire. Y los que no son independentistas ni nacionalistas están huecos de proyecto, ya que nadie rellena el llamado "España" salvo con topicazos y lugares comunes. Hay independentistas no nacionalistas, muchos, más de lo que se cree. Y muchos que ven en este movimiento una revolución para sacudir el Estado y a España. Una vez más, la conciencia de cambio viene de Cataluña, guste o no, con más fuerza que en otras partes. Y ningún político ha sabido hacer de esto una corriente útil, ni siquiera Pablo Iglesias y su Podemos desnortado y fragmentado, peor equipado que los hombres de Pancho Villa. Nos encontramos en un momento de altavoces simplones y ojos abiertos, estupefactos e hipnotizados mientras vemos un acantilado acercarse a nuestros pies y nos preguntamos quién conduce. Porque nosotros, no. Ni siquiera las masas entusiastas de Cataluña conducen. Sólo son los peones de la partida más gorda que juegan otros con ellos.

El estado de las cosas y de la gente es penoso. Así, en bruto. No escucho, ni leo, voces pertinentes, moderadas, claras, inteligentes. Las que hay, o se ahogan en un "aquí conmigo o allí contra mí" o se callan porque no quieren ser señaladas por el poder que haya de surgir. ¿Que es una revolución? Tengo mis dudas, pues carece de los cánones clásicos de violencia y caos propios. Revuelta no es. Proceso, como lo llaman, sí. Eso lo tengo claro. No sé si es un plan o un surfear sobre la cresta del tsunami...

Personalmente, he visto tensadas las relaciones de amistad y afabilidad que tengo con mucha gente allí y en otras partes. Personalmente, creo que se podía haber pactado un referéndum dentro de la CE de 1978, un marco jurídico valiente donde hacer Foro de lo que se está cultivando en las calles. Personalmente, creo que la crisis de Estado que vivimos está siendo más larga de lo debido y no sólo por la situación internacional, si no porque da miedo a no estar alineado con los demás, en un alarde de mediocridad y cobardía que me confirma mi frustración por éste país, sea el que sea. Personalmente, diría que es una cuestión económica, en términos marxistas, de luchas de clases, de pelea por los recursos, de ricos contra pobres, como siempre, pero seguro que suena anticuado... aunque real. Personalmente, diría que todo parece que se va a la mierda, pero conociendo la adaptabilidad del homo sapiens, pienso que no, evolucionará, simplemente, ya sea mediante acción o reacción.

Personalmente, estoy, como dijo Pi i Margall, hasta los cojones de todos nosotros.

Un saludo,

jueves, 31 de agosto de 2017

Agendas políticas.

Mi percepción es que el mundo funciona por chapuza. No sé si por colisiones físicas de hadrones o sapiens, incontroladas a pesar de que creamos conocer sus caminos, pero claramente, las relaciones humanas son tan flexibles, volubles y cambiables que no hay un control pleno sobre ellas. Quizá ahí se encuentra el libre albedrío, en la esencia del caos, no lo sé. Pero también sé que existe gente que cree poder controlar parte de esas colisiones y lograr un resultado más o menos similar a lo que esperaban.

Resumo un poco. Sin ponerme histórico, Cataluña lleva unos 150 años (como las Vascongadas o algunas más recientes, León, Asturias, Baleares, Andalucía o la Cartagena cantonal) hablando de ser independiente y largarse de aquel constructo llamado España. Algunos lo retrotraen a la guerra de sucesión, casi 300 años, y más incluso otros a épocas pretéritas, no sé, aquel Wilfredo el Belloso o el Conde Berenguer. Tanto me da. Igual que el mito de construcción de España se asienta en creer que hubo una línea de reyes Godos y luego reyezuelos cristianos que echaron al pérfido mahometano para construir un país de color rosa, cada nacionalismo hace lo propio con la Historia, la prostituye y la alcahuetea para ver cuánto rédito logra. Mi percepción, pues, es que igual de mentira es la construcción nacional de España que la de Cataluña o la de Pedralbes del monte.

Pero claro, entonces vienen las agendas políticas. En el mundo anglosajón es un término muy en uso, en boga, y consiste en aplicar una idea política clara mediante medios poco claros. Difusos, podría decirse. Incluso cínicos o hipócritas, si no directamente torticeros y retorcidamente falsos. Nada nuevo, de nuevo. En nuestra geografía (me abstengo de decir de momento “España” por eso de que aún me intento aclarar de qué lado estoy…) nos encontramos una agenda que dicen va de construir un país mejor, entre todos, esforzándonos mucho y logrando los mejores servicios sociales y de bienestar para… ya no sé de qué país hablo, porque todos chacharean con lo mismo. Sean sinceros. ¿Se creen ustedes algo? Igual se ponga en una Constitución vetusta de 1978 que en otra nonata que provoca apelaciones al TC.

En Cataluña se produce una extraña circunstancia que en el resto de España no percibo. No viajo tanto, pero la sensación que tengo es de siesta perenne en casi todos los lares de la geografía (vaya, y ya he dicho “España”… unos que se ofendieron se sentirán aliviados y otros se ofenderán ahora… no daré una a derechas ni a izquierdas, qué torpe) y sin embargo de viveza y ganas en aquella otra tierra, la catalana. O quizá sólo sea Barcelona y aledaños que contagia al resto. No sé. Tener un idioma propio que hablan varios millones es un aliciente, da sensación de comunidad (a pesar de que, como en Castilla, si traspasas ciertos valles o pueblos a lo mejor se tiene sensación no de compartir lengua si no de haber encontrado una comunidad magiar indescifrable…) y de unión, de pertenencia, de punto de vista cultural y social, de valores. Quizá sea propaganda y en Cataluña se haga más ruido al respecto que, no sé, Cantabria o Navarra. En todo caso, sí es cierto que hay gente haciendo, moviéndose, creando banderas e himnos, generando la parafernalia que arrope sus ideas y actuando como si de veras fueran un Estado nacional que debe salirse de otro Estado nacional. Rápidamente, todos vendrán a decir “balcanización” y otras cosas similares, aparte de “¡Artículo 155 y Ejército!” como si fuera aquel episodio de los Simpson de “¡Seguro dental!”. Y mil cosas más. Pero lo cierto es que, los hechos son, en Cataluña hay algo que se mueve y en resto de España o las Españas o la geografía nuestra (incluyendo el casillero de las Canarias) hay… reacción. Cuando no simple siesta producto de la pereza mental.

Agendas políticas. Las he visto muy activas desde los atentados de Barcelona y Cambrils (igual que siempre las he visto, desde los 80, con el terrorismo, un tema que galvaniza al poder para ejercerlo aún más profundamente) y multitud de debates, elucubraciones, afirmaciones y respuestas, todas ellas desde la agenda política de cada cual. Unos y otros, aquellos y estos, los suyos y los nuestros, incluso los que paseaban por allí (no sólo por las Ramblas) han participado de alguna manera. Desde su punto de vista, su agenda política, reitero. Y la pregunta del millón es… ¿quién lleva razón? ¿Los que acusan al gobierno de Rajoy y del PP y los poderes fácticos y al Rey y quien más pillen del tema de haber orquestado o al menos dejado que pasaran los atentados para lograr que el “proces” se ahogara en otro tema más importante y así dejara de molestar? ¿Los que acusan al gobierno de Puigdemont y socios y a Colau y los progres y los neos y los demás de haberse llevado una hostia fulminante de un terrorismo por culpa de la dejadez de sus gestiones públicas pero de paso demostrar que son un Estado de facto por lo bien que lo han gestionado y a ver si ya se independizan y tal? ¿Los habituados a conspiraciones que mezclan wahabismo yijadismo club Bilderberg CNI y un señor de Moratalaz que seguro hizo de Paesa por el camino? ¿Quiénes afirman que la humanidad pierde y los musulmanes más? ¿Quiénes creen que los musulmanes tienen un grave problema por no separar religión de legislación y no tener valores realmente humanistas? ¿Las que piensan que es un acto más del heteropatriarcado machista insensible y capitalista que nos comemos todos con patatas? ¿Aquellos que creen que todo se va a la mierda y nada nos puede detener? Yo pienso que todos tienen un punto de razón. Algo llevarán. Porque nadie lo sabe todo. Y menos aún, todo cómo ha salido y se ha hecho, mucho menos cómo se ha pensado y planificado (si es que se planifica algo…)

No invoco una sana epoché, que debería estar, ni siquiera para lograr también una más sana aún ataraxia que nos dejara de tonterías varias. Pienso, únicamente, que lo de Barcelona y Cambrils, reducido al mínimo, me queda así. Unos tipos planearon un atentado de bajo coste (furgonetas, cuchillos, bombonas de gas… igual a lo que usa Arabia Saudí en Yemen o Rusia en Siria o EEUU en Irak, vaya…) porque pensaron que era una buena idea (idealistas… siempre creen que es una buena idea matar por sus ideas…) y merecía la pena. Que se ampararan en el Islam o una interpretación del mismo (hoy día, lo más cercano al nazismo que conozco, por aquello de plantear genocidios y discriminaciones y tal…) no es anecdótico, pero casi. Que luego decenas de grupos e individuos con una agenda política hayan sacado su tajada, es absolutamente cierto. Sobre sangre (ajena, a ser posible) se edifican los imperios… y a ti te encontré en la calle, como decían “Siniestro Total”.

Qué mezcla para una novela de misterio, intriga, política y violencia. Islam, terror, independentismo, un estado en crisis, un mundo en guerra, mossos y guardias civiles… o no. Qué mezcla para el mismo esperpento de siempre, que en España (en nuestra geografía, vaya) conocemos bien y más desde que el ínclito Valle (-Inclán) lo describió tan bien. Qué mezcla para afirmar que en las presuntas lucideces de todos los que saben a ciencia cierta qué ha pasado, pasó y pasará hay un punto de soberbia producto de la creencia, que no el saber, en qué está pasando o debería pasar. Qué merengue, que diría Discépolo.

Me reafirmo en que las ideas, creencias y demás, para mí no son objeto de respeto. Misma idiotez me parece el mito de España como el de Cataluña o el País Vasco o Pretalaterra de Monforte. Mito, porque la Historia, en clave marxista, esto es, económica, deja claro que siempre es la misma cosa; quién tiene y quién no, y cómo desde casi siempre, aun cuando parece lo contrario, son los que manejan los que gestionan y los que no, quienes ponen el pecho y paran las hostias. Ya puede parecernos bella la Revolución Francesa (otro mito) o terrible la Revolución Rusa (otro mito) que al final, y en eso no digo nada nuevo, es cuestión de quién logra hacerse con el poder real o tan real como crean los demás…

Pero eso es otra historia, y no merece la pena que sea tantas veces contada como nunca escuchada. A fin de cuentas, el autoengaño es necesario para que nuestra especie continúe en marcha… “¡Hasta la extinción!”. Si es que, cuánta sabiduría hay en “Siniestro total”, más si se escuchaba en bares de Oporto a punto de cerrar y con alguna cerveza calentando el buche… o quizá no. Quién sabe. Quizá todo este texto es, simplemente… mi agenda política.


Un saludo,

martes, 15 de agosto de 2017

A different point of view.

No es la canción de los Pet Shop Boys, no. Que oye, tiene su gracia. Es una expresión británica que siempre me ha gustado. Esa forma de decir que hay más ojos con los que mirar el mundo, e incluso con los mismos ojos, perspectivas que difieren según la posición del observador.

Nada nuevo. Es la empatía, idiotas. El poder adquirir los puntos de vista de otro observador y hacerlos propios, incluyendo los valores, los prejuicios, las sensibilidades y las argumentaciones. Es algo muy complejo de tener, más de adquirir y mucho de ejercitar y demostrar. Pero ojo; empatía no significa aceptar sin más todo eso, aunque sí adoptar para comprender. Se puede empatizar con Heydrich, con Stalin, con Mao o con De Gaulle, pero no significa que se acepte acríticamente lo que implica comprenderlos. Es un grave error que parte de una de las necesidades sociales básicas del ser humano; el refuerzo personal.

¿Qué es eso? No me estoy metiendo en jardines de la psicología (chamanismo, como el médico) si no en los sociales. El refuerzo personal es la necesidad que tenemos de sentir que estamos integrados en el entorno y el entorno es amistoso. Un ejemplo; un ateo viviendo en una comunidad Amish no se sentiría muy reforzado, igual que un calvinista en Roma o un salafista en Las Vegas. Todo es contrario a sus puntos de vista, sus valores y percepciones. Por eso, el refuerzo personal requiere de varios mecanismos, y el más sencillo, el que lleva siglos funcionando desde que nos estabulamos en el Neolítico, es... la comodidad de la aceptación. Aceptamos valores y hechos aunque no estemos de acuerdo con ellos para encajar. La comodidad. Nos refuerza, incluso si jugamos a ser rebeldes contra ese sistema cómodo, donde encajamos... comfortably numb.

Existe entonces, si no encajamos, una acción o reacción típica; luchar ferozmente para que el entorno se moldee a nuestro gusto, según nuestras percepciones y valores. Así la empatía se reforzará con la aceptación. Será más fácil empatizar con quien comparte los mismos valores y visiones. Si no es así, sale a la luz otro de los tipos más clásicos; el zelote.

Me ahorro la clase histórica. Los zelotes también triunfan si el resto se acomoda, siempre es así. Por eso, quienes se ven rechazados suelen engrosar sus filas. Porque el rechazo es el reverso de la empatía; si no sabemos empatizar, rechazamos. Odiamos. No comprendemos, no queremos entender y nos dedicamos a destruir lo que pueda representar el otro. El que sea. Carecemos de la capacidad de comprender otro punto de vista.

Y lo he dicho al inicio; saber percibir otros puntos de vista no implica aceptarlos sin más, sólo comprender las razones de algunas acciones, las argumentaciones que cubren el esqueleto de la decisión. Comprenderlos puede servir para algo básico en el ser humano; su política de relación social. Como digo, podemos comprender a un pedófilo, un racista, un machista, un egoísta, un conservador o un progresista, un cobarde, un valiente, un tradicionalista, un revolucionario, un asesino, un salvador, un explotador, un cínico, un mentiroso, un hipócrita, un violento, un celoso, un enamorado. Pero cuesta comprender a alguien que no tiene, o no expresa, emociones. Y aún así, se puede empatizar con ellos... pero no aceptarlos.

La empatía es una necesidad del homo alimentada mediante el lenguaje. En todas sus facetas. La interacción social, ese zoon politikon que tantas veces refiero, es una básica, pues somos individuos agrupados para sobrevivir recolectando y cazando, y mantenemos la herencia genética que nos hacía pegarnos como tribu para lograr un fin. Cuando alguien se salta esas reglas no escritas, afronta la soledad, la exclusión, pero incluso ahí, se puede comprender al que se siente sólo, siempre que uno haya estado antes en la misma situación emocional. Y luego hacer, o no, algo.

En todo caso, es mejor aceptar y tener puntos de vista diferentes, porque el mundo es caos, choques inestables y remolinos en los que chocan emociones. Aceptarlo nos lleva a comprender que la sensación de orden y la comodidad son eso, sensaciones. Endebles sensaciones. 

Pero es sólo un punto de vista.

Un saludo,

miércoles, 26 de julio de 2017

Decisiones.

La vida es un constante juego matemático de toma de decisiones. Muchas se toman por nuestras tripas, mediante la intuición. La consciencia juega un papel menor de lo que creemos, aunque relevante.

Imaginemos un escenario en el que una persona toma la decisión de estar con otra persona, un escenario muy habitual. Aparte del pegamento del sexo inicial (que no es perfecto, pero los inicios son siempre estimulantes) cree que hay muchas cuestiones por las que estar juntos es interesante. Se genera el apego mediante una primera complicidad, visiones comunes, proyectos... pasión, complicidad y compromiso. Pero la pasión puede ceder con el tiempo (aunque claro, el ritmo es siempre diferente en cada una de las personas...) la complicidad puede ser realmente acuerdo no instintivo si no calculado y el compromiso convertirse en la piedra angular que sostiene, con una sola columna, todo lo demás. ¿Qué sucede entonces?

En las relaciones hacemos cálculos, siempre. ¿Esa persona me cuidará si me pongo enfermo? ¿Esa persona criará a mis vástagos correctamente? ¿Esa persona me dará el cariño o afecto que requiero cuando lo necesito? ¿Esa persona participará cómplice de mis deseos y aspiraciones? ¿Esa persona contribuirá económicamente o con su esfuerzo en los asuntos diarios o a largo plazo? Cálculos que podemos creer racionales pero no lo son. La pérdida de atractivo físico, la reducción de la pasión, la pérdida si hubo de complicidad y por tanto la fractura del apego no son decisiones racionales. Podemos creer que sí, pero no es así. Son de nuestro ser.

El amor romántico ha sido uno de los grandes ideales de Occidente, en contraposición al "salvaje arreglo matrimonial" que hasta el siglo XX era la norma (y sigue en muchas partes del mundo). Pero la realidad es que el amor no es sólo enamoramiento o apego, son emociones y placer físico. El placer puede diluirse en el tiempo, pero la emoción no, aunque ésta se alimente de aquella. La necesidad de observar a la otra persona y no preguntarse, con voz clara o subterránea, si se ha tomado una buena o mala decisión, es habitual. Y tendemos a convencernos según nuestros prejuicios, valores y experiencia. 

En las relaciones, como digo, se hacen cálculos. Conscientes e inconscientes. Pero pesan más los inconscientes, pues en realidad son el sustrato sobre el que se montan los conscientes. Si en una relación vemos que no sentimos placer, emoción, pasión, complicidad ni ningún otro sentimiento agradable, pero la mantenemos porque económicamente nos es rentable o porque hay una responsabilidad (mascotas, hijos, hipotecas) es probable que hayamos tomado una decisión fría en contra de la realidad. Y que busquemos vetas de felicidad en otros lugares ajenos a la relación que mantenemos. A fin de cuentas, dejarse llevar es más fácil que tomar una decisión y parar de seguir ese camino. Eso ha sido así siempre, y la estabilidad de las sociedades se entiende por esta razón. Existen condicionantes, frenos éticos o morales, incluso coercitivos. Y siempre, siempre, se busca una verdadera cuestión social; impedir el cambio. Por eso las decisiones que implican romper una relación son calificadas de muchas maneras (inmaduras, egoístas, impropias, locas, absurdas, estúpidas...) porque es un cuestionamiento de todas las demás relaciones y su concordancia con lo que debe ser esa sociedad y el "tablero" del mundo.

Y, sin embargo, casi toda la literatura aborda un mismo tema; infidelidad, adulterio, engaño. En las historias de las relaciones, casi todas abordan el cómo vivirlas en contra de la sociedad. Madame Bovary, Las amistades peligrosas, Lolita, Ginebra en el mito artúrico, El maestro y Margarita, Elena de Troya (antes de Esparta), Las brujas de Salem... casi todas protagonistas, por cierto. En el caso de ellas existe más trampa, pues son vistas como quebradoras del orden "natural" de la sociedad (¡una mujer que elimina del sexo la parte reproductiva y procreadora para centrarse en su placer!) pero no se pone el acento en el hombre porque... es normal. Me contaba un amigo mío que en el Liceu de Barcelona finisecular era habitual que una respetable pareja burguesa observara con sus prismáticos a los Russoll y dijeran, despectivos "Mira, allí están con la amante de los Espil... pero la nuestra es más guapa, ¿verdad?"... una convención social hipócritamente aceptada por la sociedad. Igual que la prostitución (en España, hasta los años 50 era habitual seguir el modelo de casa de putas controlado por los servicios sociales y sanitarios) y muchas otras cuestiones que, como he dicho, forman parte del sistema de coerción de los individuos. "Apechuga", sería la palabra más castiza para definirlo. 

Nuestro cerebro calcula, emocionalmente, creando relatos con la lógica para justificar las decisiones que hemos tomado así. Aunque Harari ya lo ha expuesto (los algoritmos), antes que él gente como Kahneman lo había tratado. Hoy, la neurociencia sabe más del comportamiento en las decisiones, y los biólogos sonríen al ver cómo somos tan mamíferos ("¿debo esconderme en aquel arbusto ante el ruido no reconocido que he escuchado mientras bebía en el arroyo?", nos imaginamos que siente un cervatillo abrevando y justo en el momento o instante en que eleva la cabeza atento al ruido...) y no nos alejamos tanto de nuestra condición de Homo. La verdadera cuestión, pues, no es sólo tomar la decisión, sea la que sea. Es aceptarla como la correcta, aunque no estemos seguros. Quizá nos empobrezcamos materialmente (y por comparación) en ciertas decisiones (divorcios, por ejemplo) pero sí nos enriquecemos profundamente en cuanto a sensación de felicidad, de plenitud y de vitalidad. Porque hay decisiones que nuestras "tripas" tomaron antes que nosotros, y luego, el buen cerebro, construyó el relato que debemos a los demás. 

En todo caso, la libertad, que es lo que se presupone de base para la decisión, es otro aspecto a estudiar. Aunque si se toma una decisión y se cumple, entonces... sí que puede existir esa libertad. ¿O no?

Un saludo,

lunes, 17 de julio de 2017

Tristelicidad.

Estar triste y feliz al mismo tiempo parece un trastorno psicológico, pero no es tan raro. Hay situaciones que generan tristeza y uno sin embargo puede ser feliz en su interior, proveyendo de luminosidad las áreas tenebrosas que le rodean. Estar feliz es un antídoto contra la tristeza y genera placer, pero sin sentirse triste no podemos saber qué echamos en falta y qué buscamos para lograr la felicidad esquiva.

Esta vida es un surfeo entre ambas emociones, transitando otras muchas. Lograr la paz en la nada, esa ataraxia epicúrea o el nirvana budista, pasando por la epoché escéptica, se me antoja aceptar la muerte en vida. Reconozco la necesidad de aplacar las emociones y no dejarse conducir por ellas sin rienda alguna, pero también la necesidad de saber soltar las riendas y dejarse arrastrar por ellas de manera pasional. Porque la vida es finita. Y en mi duda cabe la posible certeza de que única e irrepetible (ni ciclos de reencarnación, transmigración de almas o metempsicosis, lo lamento) por lo que hay que ser consciente de la inconsciencia tanto como de la propia consciencia... sin tomarla en serio.

Sin duda, la vida trae inmensas amarguras. Desde la pérdida de un juguete hasta la muerte de alguien muy querido o cercano, pasando por decenas de frustraciones, rechazos, fallos, errores, obstáculos y demás. Pero todo, absolutamente todo, es no sólo habitual (una vida sin traumas o frustraciones me parece carente de chispa, de vitalidad, apagada y yerma) si no necesario. Necesitamos experimentar lo peor para conocer lo mejor. El sabor de lo salado no puede disfrutarse sin lo dulce, y lo sabroso queda apagado cuando no conocemos lo insípido. La felicidad, una tapada del mundo, queda estigmatizada como algo de ingenuos, idiotas, atrevidos ignorantes y otros muchos insultos que los denominados realistas aplican recelosos.

"Los idiotas" de Lars Von Trier, de hecho, me parece un ejercicio muy inteligente para mostrar eso que comento. La felicidad instantánea, absurda, transgresora, el placer y el gusto quedan retratados desde el punto de vista de los miembros de una sociedad (que somos todos, a fin de cuentas) que busca limitar, atrapar entre cuatro definiciones todo lo que debe ser correcto, sin más. Y la transgresión es fundamental. Pues revela la realidad tal como es, nos guste o no. La finitud, la necesidad de atrapar la oportunidad, de vivir.

Mi vida está cambiando. Lleva haciéndolo mucho tiempo, pero hay épocas en que los cambios se aceleran (y aquí me planteo como con la evolución qué sucede, si el cambio es abrupto o espaciado en el tiempo... creo que ambas cuestiones se dan a lo largo del tiempo) y ésta es una de ellas. Me produce tristelicidad. Tristeza por algo de lo perdido, felicidad por volver a experimentar la oportunidad de hacer otras cosas (o muchas que ya me gustan) de otra manera. Sin cambio la vida no es vida, es agua estancada. Y nadie bebe de ese agua, si no de los manantiales que corren frescos sobre lechos de roca...

Un saludo,


miércoles, 14 de junio de 2017

La presunta educación de los mayores

Navalón escribe un artículo sobre los "Millenials" poniéndolos a parir. En el Congreso, se habla de "circo podemita" y de novias, puestas de largo y otras sandeces de los tiempos vieneses (valses y salchichas...) y, en general, se hace cierta la cita de Cicerón:

"Estos son malos tiempos. Los hijos han dejado de obedecer a sus padres y todo el mundo escribe libros."

En suma, generaciones vs generaciones. Ya no es hablar de cintas rebobinadas con un boli Bic, de peta zetas o la EGB. Tampoco de Pikachus o youtubers o instagramers. Es hablar de lo crudo; la edad.
En este tema me jode la presunta educación de los mayores. No, lo siento. No. Dos experiencias de hace menos de un par de semanas me refrendan. La educación no mejora con la edad. A veces ni está, ni se le espera.

Uno, un señor que deja su Seat León nuevecito en medio del carril bici. El de la calle Toledo. De subida... Al recriminarle educadamente, se lanza al insulto, descalificación, tú más, insolencia despectiva y condescencia matona. Y desde luego, educación, buenos modales, ausentes.

Otro, el hombre que para su coche en medio del paso de cebra cuando vas a cruzar con tu hijo pequeño y no se corta en decir burradas y tacos. Miradas de invitación al orden y, aún así, idéntica respuesta.

Y hay más... "señoras que" que olvidan la maternidad o la paternidad. Señores que tratan sin empatía a niños pequeños. Gente mayor impertinente, sin educar, en realidad. Personas que representan una realidad; la educación no tiene edad. Se puede tener edad provecta y abyecta educación.

Yo no soy joven. No me gusta YouTube. Paso de Instagram. Pero eso no implica que acepte lo que dice Cicerón sin más. Sí, cualquiera escribe libros (yo mismo) pero desobedecer es, como Jefferson indicaba, necesario. Aceptemos el desafío, enriquezcamos el debate con diferentes perspectivas. Aceptemos que un muchacho puede tener conocimientos y puntos de vista nuevos, frescos, flexibles. No aceptemos lo que una persona de edad, cierta edad, diga sin más, como tabla mosaica. Que seguro se puede romper...

Pero es pedir mucho. Concretamente, educación...

Un saludo.

miércoles, 31 de mayo de 2017

Ajedrez.

Hay una película que me marcó. "Fresh", de Boaz Yakin, de 1994. La sinopsis es ésta:

"Fresh es un niño de 12 años de Brooklyn que trafica con droga y pasa crack a los camellos locales. Fresh viaja a escondidas para jugar al ajedrez con su padre, un medio genio vagabundo al que tiene prohibido ver"

Fresh tiene como padre a Samuel L. Jackson (Sam) En uno de sus mejores papeles, creo. Pero es la historia la que me marca. Fresh lucha contra una madre drogadicta enganchada a la heroína y un novio camello hijo de puta, su padre al que no debe ver, su familia extensa que le impide jugar al ajedrez o dormir a secas, los camellos para los que trabaja, el colegio donde se duerme, los compañeros que le hacen la vida difícil... y cuando intenta aplicar la lógica del ajedrez a la vida, vence. Pero pierde.

Es una lección importante. Puedes lograr tu objetivo y, sin embargo, perder. Es así. Puedes haber obtenido un premio y vivir envenenado porque no es disfrutable. Es así. Puedes decidir hacer algo que crees lo correcto y provocar resultados muy negativos. Es así. Quizá en "El perdedor gana" de Graham Greene hay más respuestas... como casi en todo Greene.

Yo no soy un buen jugador de ajedrez. Era muy emocional. Observaba qué pieza le gustaba más al rival (como bien le enseña Sam a Fresh) e iba a quitársela, aunque perdiera más en el camino. A veces eso le desestabilizaba lo justo para ganar, aunque era más común perder (la frialdad gana...) y no era muy buena estrategia. Soy de caballos de ajedrez (odio los de verdad) y me encanta la honesta sencillez de las torres, de frente, atrás, de lado a lado... los alfiles me parecen atravesados, siniestros. La reina, sobrevalorada por su versatilidad pero importantísima. El rey, un capullo. Los peones, la infantería, la carne de cañón, lo más prescindible (por mucho que puedan promocionar) y el tablero... limitado. Pero suficiente. Y real.

Las lecciones que da el ajedrez son infinitas. Aunque puedes caer en la tentación de aplicarlo (como Fresh) a la vida, sin más. ¿Soluciones? Ninguna es la correcta, porque siempre hay consecuencias inesperadas o esperadas y descartadas porque importen menos. Igual que el ajedrez, la vida se constriñe por un tablero temporal que impide ir atrás, únicamente hacia delante, sin presente real, porque es instantáneo. Es el límite legal de nuestro contrato vital. Igual que el ajedrez, hay torres, alfiles o caballos, reinas y reyes, peones, y blancos y negros (pero no significa que unos sean buenos y otros malos; siempre jugamos intercambiando posiciones, y jugamos con blancas y negras todo el tiempo, a veces simultáneamente en diferentes lugares) y hay reglas básicas, de apertura, de enroque, de movimiento, de respeto de turno... es la falsa sensación de ausencia de azar, de dados, porque eres tú y tu intelecto. En eso no puede aplicarse a la vida. El azar y lo extraño ocurren. Vaya que sí. Y remueven cada jugada que creas debes hacer. La correcta se convierte en incorrecta antes de darte cuenta.

Digamos que yo, en esas enseñanzas, no quiero perder a la reina. Ninguna en ningún juego de la vida. Que me joden los peones caídos porque a ellos va mi simpatía proletaria. Que la torre es capaz de soportar muchas cosas, excepto un alfil cabrón, y la respeto por su rocosidad. Que el caballo es lo más cercano al caos y por eso me parece bello, porque dibuja los mejores arabescos del tablero. Y que el rey, si soy yo, ha dado en mal lugar, con un republicano guillotinador... 

Recomiendo "Fresh". Encarecidamente. Verle al final, junto a un Sam que no sabe dónde esconder sus limitaciones (ajedrez como escuela y nada más) sabiendo que ha ganado en la vida una partida pero ha perdido en cambio algo más importante, es brutal. Demoledor. Impactante.

Aunque, como en la novela de Zweig, el ajedrez puede ser motivo para una novela de salvación personal... también la recomiendo. El ajedrez da para mucho...

Un saludo,

lunes, 8 de mayo de 2017

The Macho.

Es curioso cómo en el inglés americano ha entrado la palabra "macho", viajada desde España y pasada por el tamiz mejicano o latinoamericano. Duro, asertivo, planta cara y resolutivo. Al estilo John Wayne, Clint Eastwood o Pérez-Reverte. 

Las palabras se mueven, cambian, mutan, añaden o pierden, pero eso es algo lógico, en consonancia con los tiempos. Me vienen a la cabeza dos películas de naturaleza similar, "La chaqueta metálica" de Kubrick y "El sargento de hierro" de Clint Eastwood. Ambas, con marines, creo, una ambientada en dos escenarios (Kubrick, siempre, sube la montaña, hace cima, baja la montaña...) que son el campo de entrenamiento y luego Vietnam. Otra, la de Eastwood, el campo de entrenamiento y aledaños y, luego... la risible invasión de Granada, un cachondeo. En ambas, hay instructores. La de Kubrick, uno real (qué pedazo de director...) que daba miedo y al que se enfrenta Matthew Modine con su genial "¿Eres tú John Wayne o lo soy yo?" y que provoca la reacción airada del instructor. Otra, la de Eastwood, donde es casi paródico de aquel, con su discurso de "He bebido más cerveza, meado más sangre, echado más polvos y aplastado más huevos que todos vosotros juntos, mierdecillas". En ambos vemos eso, el "macho". Ambos instructores. Y son penosos...

John Wayne era un modelo. Pero también lo era (manos a la cabeza) Jack Lemmon en "El apartamento". "Sea un mensch", le increpa su vecino médico. Jack Lemmon era empatía, gracia, inteligencia, cobardía, tristeza, mirada melancólica pero anhelante, mil cosas llenas de profundidad... ¿Mola más John Wayne o Jack Lemmon? ¿Molan más los "machos" o los "mensch"?

Al final es un problema de indefinición. La masculinidad (sin ser contraposición a la femineidad) está en constante desarrollo, proceso de cambio y redefinición. Hoy, en el mundo de mil redes para comunicar (aunque no comuniquen una mierda) y miles de censores agazapados, la corrección de lo que debe ser permisible es una tiranía, pero también una valla erigida desde cimientos básicos. Que denigrar, insultar, humillar o, hablando como un macho, putear, es un error, creo que todos estamos de acuerdo (aunque hay contextos, claro...) Pero también censurar, callar, obviar, recortar o perderse en perífrasis para decir algo resulta, a mi juicio, un error igual o más grave. El lenguaje debe usarse para describir con la mayor capacidad posible la realidad, para forjarla, delimitarla o rellenarla. El lenguaje preciso es una riqueza inasible pero inmensa, un premio por la claridad que aporta y los resultados que genera, las puertas que abre. Si se le obliga además a sortear obstáculos, puede suceder que caigan los menos ingeniosos y queden únicamente los más capaces, logrando cimas inéditas. Pero, al mismo tiempo, esa "clase media" quedará sometida a la mediocridad que nada aporta. El lenguaje debe ser, servir, fluir, sin obstáculo ni cortapisas más allá de las más básicas (no agredir gratuitamente, no mentir sin objetivo alguno o dañino, no ser innecesario, quizá, a mi modo de ver, el mayor pecado...) y poco más. O mucho más. Quizá me equivoco... pero el lenguaje y la masculinidad van unidos (como el lenguaje y la femineidad) porque sin el primero no se define el segundo. Por más que adelantemos un paso y demos un puñetazo en la barbilla a alguien, derribándolo.

Reviso el "Macho" yanqui y me sonrío. Entran personajes como David Hasselhoff (por cierto, icono kitsch de los 80, rejuvenecido y adorado en pelis raras como "Kung Fury" o "Guardianes de la Galaxia 2") o Bruce Willis, Kurt Russell (sí, sí, lo sé, adoro "Escape de..." y alguna más...) el citado John Wayne, claro, Clint Eastwood, Bogart, Steve McQueen, Mel Gibson, Charles Bronson... testosterona, pelo abundante, licor, sonrisa cínica, dureza, puños, armas, rebeldes, cinismo, resolución, liderazgo a la vez que se es fieramente individualista... y más, muchos más rasgos. De eso hemos bebido muchos, durante mucho tiempo. Y por supuesto que en los corrillos privados de amigos (los íntimos, los de confianza) decimos aquellas cosas de "jo, qué tetas más grandes" o "qué culo más imponente" o "vaya cuerpo tiene" y demás cosas. Pero eso, que en privado es un momento de culpable satisfacción, en público puede ser ofensivo. Los feminismos (que hay de todo color y pelaje) suelen responder, atacar los estereotipos, jugar contra los roles, principalmente, éste, el del "Macho". Y muchos hombres, por otra parte, seguimos revisando nuestros roles, nuestros modelos, nuestras enseñanzas, pensando que una cosa es la ficción, la intimidad, la esfera de lo lúdicamente privado, y otra la pública, ese espacio donde aunque parece que se tiene que mover uno con pies de plomo, hay que saber cuándo no ofender gratuitamente (otras veces, ofender a sabiendas, buscando la herida verbal, la agudeza de la palabra que penetra exactamente donde debe, es una necesidad de la inteligencia molestada... pero el momento, el tiempo, la situación, la reacción, la capacidad... tantas cosas...) o cuándo no hacer daño. De nuevo, lenguaje...

Yo no quiero abolir el "Macho". No quiero tampoco el modelo feminista de réplica en espejo. No quiero tampoco la censura, venga de donde venga. No quiero el lenguaje limitador, expropiador, pobre. Querría, de verdad, a Jack Lemmon, por poner un ejemplo, de modelo. Sí, me gustan William Holden, sí. Sí, y Sam Peckinpah. Sí. Y más. Muchos más. Pero creo que nadie ha tomado en serio (quizá porque no es su objetivo) pensar en un modelo así... 

Además, como él mismo dice en "Con faldas y a lo loco"...

"No me comprendes, Osgood. Soy un hombre". 

Y todos sabemos la respuesta, perfecta, de un perfecto Wilder, que incluye todo (hombres y mujeres) y que es sublime. 

Nadie es perfecto.

Un saludo,


miércoles, 26 de abril de 2017

¿Bilingüismo en Madrid?

Lo reconozco. Mi hijo va a un cole bilingüe. Aparte de que la mayoría ya lo son, y es "el signo de los tiempos", la razón es que, en principio, apoyo la idea. Moldear el cerebro en varios idiomas, ser capaz de aplicar plásticamente más de un término, con sus matices, significados, descripciones e imágenes, me resulta enriquecedor, básico para conocer el mundo. El lenguaje es una maravillosa maldición, babélica, que permite comprender qué compartimos y qué nos diferencia, logrando así nuevas creaciones entre medias, fluyendo.

Pero es, como digo, "en principio". La Comunidad de Madrid, con su ínclita ex presidenta Esperanza Aguirre a la cabeza (esa cuya charca está llena de ranas) impulsó el sistema de manera propagandística en 2004. ¿Éxito? ¿Fracaso? Según se mida. El éxito para la CM es que hay cientos de institutos y colegios "bilingües". Entre comillas lo pongo porque ha sido un "subirse al carro" o morir. Esto es, no recibir financiación. El fracaso es que es un modelo que ni es bilingüe ni mejora la educación. ¿Y por qué? Porque ha logrado el efecto que no debe cumplir un sistema público de educación; segregar. Aparte de estar implantado desastrosamente mal.

El castellano se está arrinconando como lengua vehicular, propia. Una nacionalista del PP como Aguirre debería haberlo visto venir, pero pudo la consecuencia económica antes que la defensa de su idioma. Y qué coincidencia, la mayoría de colegios e institutos no bilingües se sitúan en zonas deprimidas, de mayoría inmigrante (latinoamericana) y alejadas de los centros de decisión. Inmobiliariamente, uno puede hacer una correlación entre precio vivienda y calidad colegio o instituto público y sorprenderse (salvo algunas aberraciones estadísticas) porque... es otro modo de segregar que ha realizado la ex. Pobres vs ricos o clase media con aspiración.

El modelo fracasa por algo simple; no puedes enseñar un idioma si no lo conoces. En eso, sí que debo darle parte de razón a la ex presidenta, ex concejala y ex todo. Es un nativo quien debe enseñar el idioma. Un nativo o alguien bilingüe de verdad Y CON CONOCIMIENTOS PEDAGÓGICOS. Lo resalto porque es algo básico. Que luego los sindicatos o el sistema de acceso público sea el que es, es otra historia. Pero las culpas, repartidas, no impiden ver la realidad. Unos por saltarse los obstáculos, otros por ponerlos. Y la realidad es que los profesores NO TIENEN LA CAPACIDAD IDIOMÁTICA para impartir, aunque sí los recursos pedagógicos. Cojea el sistema, ¿verdad? Como siempre. Implementar a medias, parcialmente, es lo que tiene. En educación, en sanidad, en lo público, o apuestas con todo o mejor lo dejas estar. Aquí, como somos imbéciles, admitimos experimentos, y lo peor. Con nuestros hijos.

A día de hoy, veo dos posibilidades y una realidad. La primera posibilidad, cancelar el bilingüismo, reconocer su fracaso y paralizarlo, invirtiendo en materias, formación y equipos. No pasará. Cifuentes tiene cadenas, y por muy rubia que se haga, sabe a quién debe su puesto. Al lameculismo que no sólo se da en su partido (aunque no sé si llamarlo "banda", a tenor de las noticias...) y a su ansia de poder. La segunda, reinvertir en ello con dureza, primero examinando qué falla (es evidente, pero hay que querer ver) y luego invirtiendo cantidades no robadas en ello. No pasará, pues supondría reconocer que las Radiales valen menos que la educación. La realidad es que continuará así, a trancas y barrancas, con los profesores tratando de llevarlo de aquella manera, los padres agobiados entre academias y parches, y seguiremos con el modelo de siempre... lo público, denostado, y lo privado (incluyendo lo concertado) ensalzado sin razones.

El único bilingüismo que existe en Madrid es el de los dos mismos idiomas que siempre chocan. Pobres y el resto. Pobres, cada vez más, en todo sentido (no solamente en lo material) y estúpida clase media que cree aspirar a riqueza (sueños, sueños, ilusiones...) jugando la partida mientras les quitan la cartera. Dialéctica, lucha de clases, etc. Todo eso que está caduco. Y siempre la misma pregunta, que ya Richard Brooks nos lanzó en "Los profesionales":

"Maybe there's only one revolution, since the beginning, the good guys against the bad guys. Question is, who are the good guys?"

Un saludo,

jueves, 20 de abril de 2017

"Yo sé quién soy"

Desde Quijote a Harry Angel, muchos han pronunciado esa frase, con un matiz doloroso contra la infamia y el juicio ajeno, contra la percepción simple y nada poliédrica de los demás. Saber quién es uno mismo es fundamental para reconocerse, hacer y vivir. En las novelas y películas, muchas veces vemos al protagonista tal cual es, sin trucos, sin oropeles. Chaplin en "El Circo" le roba mordiscos de un perrito caliente a un niño pequeño, mientras sonríe y trata de aparentar ser un caballero. Le mete garrotazos al ladrón en el barco del laberinto de espejos, y lo disfruta, disfruta de esa violencia aunque la imposte. ¿Y es malo? El punto de vista del observador siempre afecta al juicio, pero sobre todo, el juicio determina más a la persona que lo emite que al enjuiciado. Si uno sabe quién es.

Vivimos en un mundo social donde todo se evalúa y aquilata en pocos segundos. Prejuicios que ayudan a consolidar juicios (vestimentas que determina clase social, pudiente o impúdica, pobre o rebelde, arrogante o sumisa) y a ejercer un trato encarrilado así según la vía que saquemos de esa pequeña caja. Pero el prejuicio y el juicio son erróneos. ¿Sabemos quién es, realmente, esa persona? Podemos evaluar sus actos... y ni siquiera así conocerle. Porque, ¿por qué hace eso y no otra cosa? Además, el contexto es sumamente importante. No es igual el colegio que el parque, la universidad que una fiesta, el trabajo que las cañas. No es igual en tu casa que en una sala de fiestas, no es lo mismo en la biblioteca que en la cancha de baloncesto. Y, sin embargo, quien se deja llevar también por el prejuicio del contexto suele dejar clara su mentalidad. 

Saber quién eres es importante. Porque te blinda contra la visión de los otros. A lo largo de mi vida, he tenido posados en mí ojos que me han visto de muchas maneras, algunas completamente distintas a quien soy. Se me ha calificado de formas negativas y, también, positivas. Y a veces eran ciertas y muchas no. He escuchado comentarios sobre mí, esas medias verdades que son peor que la mentira, y esas mentiras que ocultan algo de verdad. He escuchado cómo me ven, algunos muy buenos amigos, otros no tanto, y las distancias entre su percepción y la mía era curiosa. El ejemplo de la literatura y el cine ayudan a comprender. Lo que unos hacen. A qué se reduce todo...

Roy Batty también luchaba por conocerse, por saber quién era. ¿Un androide programado para luchar, y ya? ¿O podía ser otra cosa? En su sacrificio, comprendió que podía ser otras cosas, ante su asesino, antes de morir. Y ese cambio es lo fundamental. Porque somos, pero cambiamos. Y cambiamos porque si no, no seríamos. Harry Angel se repetía llorando que sabía quién era, porque había eliminado su pasado, aunque el bello de Louis Cyphre se lo vino a recordar (una constante, el pasado regresa en forma de personas a las que afectamos sin entender nuestro impacto en ellas... igual que otras nos afectaron y sabemos cuánto, cómo, pero ellas, quizá, no...) y le aplicó la mano muerta del ayer. Quijote quiere ser, es, de hecho, y lo hace contra los demás, sus burlas, inquinas, mezquindades, sorpresas, acomodamientos y demás. No es Quijote el protagonista, si no más bien el catalizador que nos permite conocer a todos los demás personajes. Un espejo en el que los demás, como el callejón del gato, se ven, deformados...

Yo sé quién soy, y quién no soy... todavía. Pero no soy por lo que otros me definan, antes al contrario, sus definiciones, precisamente, son simples apuestas o juegos para intentar conocerme de verdad. Y no, no se logra, no lo conseguirán nunca. Porque no me rindo a la imagen que me proyectan de mí mismo. Y eso vale, claro está, para los hijos. Por eso las etiquetas, los prejuicios, las simplezas, no me gustan. Reducen en tanto el valor del ser, que resultan más ofensivas que un insulto.

Ahora, que si me dejan elegir, siempre, siempre, quiero ser... Holly Martins. Copón, cómo me gusta ese personaje... y cualquier caradura de Harrison Ford, claro. Y los que se deslizan en las sombras, como los amigos de Falstaff... o yo mismo, que también me gusta. 

Un saludo,

viernes, 14 de abril de 2017

Un titular.

Leo hoy un titular de El País. Ese diario progre, sociata, liberal de izquierdas y... paro, la risa floja me abre las tripas. Mis cojones.
"Los días perdidos en huelgas caen al mínimo histórico en 2016"La negrita es mía. Y aquí el enlace:
http://economia.elpais.com/economia/2017/04/13/actualidad/1492102582_151578.html
Queda claro. La huelga es ya una pérdida de tiempo. No sirve para nada. Y Marx revolcándose de risa, mientras se tira histérico de su melena hipster y rizada. Huelgas... ¿para qué?
Es sencillo. El capitalismo se fundamenta en romper cualquier vínculo de solidaridad entre extraños. No es que seamos ya white collars la mayoría, o que hallamos abandonado la fábrica llena de agros analfabetos (para engrosar la oficina como urbanitas igual de analfabetos... funcionales, eso sí) no. Es que no creemos que exista similitud alguna entre ese y aquella y nosotros mismos, tú y yo. Nos creemos diferentes (lo somos) y al otro rival. ¿La similitud? Estamos igual de explotados en el engranaje, pero no lo vemos o creemos torcer los piñones y discos a nuestra voluntad. Ja.
La huelga necesita de varios elementos. Sindicatos fuertes e independientes (en España, 0) objetivos claros e importantes para muchos (aquí nos perdemos en tonterías) paciencia (huelgas de 1 día... oh, qué horror, ¿¡tanto!?) Y la solidaridad. Conceptos como "caja de resistencia", "economía de guerra" o "ayuda mutua" se han ido al basurero de lo obsoleto (¿quién decretó su obsolescencia? Qui bono...) cuando son básicos.
Las huelgas son el instrumento más certero para lograr objetivos. Pero ya ni me atrevo a añadir "a favor de la clase trabajadora" porque, eh, nadie, repito, NADIE, se considera así ya. Ese es otro triunfo de la otra clase, la de Warren Buffet, la que va ganando...
En fin. "Periodismo" de palangana semanasantera, hipocritilla como las panas ahora criando naftalina y que siguen dando nostalgia. Pero, ehehey, da igual. Los robots son la solución (salvo si nos ponemos luditas) y quizá Skynet o Madre o HAL sepan mejor que nosotros, pre-algoritmos, qué nos conviene...
Mientras, a posturear. Ya con capucha KKK o Twitter. Si por ahí se hicieran huelgas...
Un saludo,

lunes, 10 de abril de 2017

Política.

Que si Aristóteles, bla bla, zoon politikón, bla bla... no voy a meterme en la base. Lo somos. Punto.

Libertad de expresión. No existe más que dentro de los límites, siempre movibles, de lo que se permite y deja. En una sociedad sana,todo puede tomarse a coña, hacer chistes (buenos, malos, regulares) y jugar con los sinsentidos o tremendos sentidos profundos de la broma. En España, no. Tenemos demasiadas sacralizaciones, blasfemias, religiosidades. Es algo sobre el tabú. Aquí lo tenemos arraigado (en todas partes hay, pero en España es una cosa demencial) y eso además impide el debate. Bueno, ¿para qué debatir si tenemos Audiencia Nacional o Ley de Jurisdicciones? Ah, espera, que eso es del siglo pasado, del Cu-Cut... en fin. Un país sin sentido del humor es un país lleno de estúpidos, mediocres y jodidos de la vida. Y no viene del franquismo, no únicamente de ahí. Bravo. Otro tanto a eso de "se es español porque no queda otra..."

Corrupción. Los fundamentos del poder. Sin corrupción no hay poder, porque es intrínseca, necesaria. Es el engrase que permite mover las correas de distribución de la gestión del poder. ¿Pero qué se creen ustedes? Unos países han logrado integrar la corrupción en el sistema y se gestiona fetén. Otros, como España, siguen indignados, del tipo Claude Rains en el casino de Bogart. "¡Qué escándalo, aquí se juega! (tenga su soborno, Prefecto) pero al tiempo practican con ese desparpajo chulesco que solamente aquí (y quizá en Italia) sabemos tener. Todos nos corrompemos, incluso los funcionarios públicos hasta el más mindundi. El que no, es un caso raro o tiene vocación. Y la corrupción depende, claro. Bombones, Coca-colas gratis o vete tú a saber. El ser humano es venal, simple.

Proyectos. ¿Alguien ha escuchado algún proyecto nacional o internacional que esté movilizando a la gente? ¿Que genere ilusión, entusiasmo, esperanza? No sé. En los 60, EEUU vibraba con la carrera espacial contra la URSS, desde el redneck más recóndito al protohipster más vomitivo. En los 80, había fervor nacionalista contra la URSS, que desembocó en unos años 90 muy violentos. En los 2000... ¿qué? El Islam queda lejos del nazismo, los EEUU no son lo que eran (nunca lo fueron) y no existe en China una URSS molona, siquiera en la caricatura de Corea del Norte. Los grandes proyectos se hacen por pocos, en lugares nada secretos pero sí discretos, como Silicon Valley. Y no somos partícipes, si acaso, víctimas. Estamos tan anestesiados que damos por bueno todo...

ETA. Pero, ¿en serio? ¿Aún seguimos hablando de ellos? Fueron derrotados. Fueron defenestrados. No conservan ni el halo romántico del IRA. Si acaso, remito a lo de "Libertad de expresión", porque estos entran en el mismo saco.

Orfandad. Es lo que siento yo, desde hace mucho tiempo. Nunca he sido de votar "a muerte" y otras españolokadas de esas. En mi currículo cívico constan, al menos, 5 partidos a los que he votado según el programa, el momento y las elecciones. 22 años votando me han mostrado que... es un sistema que no me gusta. Diluido, falsamente eficaz (nunca lo es nada que no somete a los poderes económicos, ver "Corrupción") y abierto a la interpretación errada de tantos y tantos... demagogia, populismo, todo eso se veía en la Atenas de hace 2500 años. Mi favorito, Alcibíades. No me voy a poner estupendo, diciendo burradas o haciendo propuestas como las de mi amigo Rafa ("que sólo voten los doctorados") pero sí revela un hecho que influye en todo lo anterior; el pésimo sistema educativo que sufrimos. Lo que me lleva a...

Educación. La ignorancia es buena. Permite ser felices a quienes no se cuestionan nada. Permite controlar sus deseos e impulsos, reorientarlos a algo productivo... para otros. La ignorancia de unos es la sabiduría de otros. El control. El manejo. Oh, no es ingeniería social. Es simple matemática. El número. Ahoga a un inteligente entre mil mediocres, o mejor, un millón, y sus palabras serán ruido excéntrico y aburrido. Bla bla bla. O que se vaya y sea un mal patriota. O que se meta en sus asuntos y deje a los de verdad manejar los asuntos que importan. Educación. Nos venden humo (bilingüismo, excelencia, etc) cuando los docentes libran una guerra diaria para hacer algo, lo que sea. Un profesor es un peón. Un alumno, otro. Y los padres, preocupados más por las extraescolares que permitan estabular a sus hijos más rato en el cole, en la inopia. 

Educación... eso es la base de todo zoon politikón. Eliminada, queda... un zoon. Analfabeto funcional.

Chicos, si es que... todo es política. Peor aún; todo es la política que te aplican sin tú saberlo... o sabiendo, pero fragmentariamente.

Política. Coño, me sale con el tono de "¡Muzika!" del viejo resucitado en "Gato Blanco, Gato Negro"... o la "¡Ética!" de aquel mafiosillo en "Muerte entre las flores". Si es que... pasión. La pasión lo es todo.

Un saludo,

miércoles, 29 de marzo de 2017

Ambientes literarios.

Hoy me descuelgo por los caminos del ego creador y esas tonterías de medianoche. Así, a pulmón abierto.

He escrito un libro, autopublicado, que aún se vende en Amazon, y una serie de relatos que recopiló y editó para su publicación una editorial nueva, Newsline Ediciones. Ya. Esa es mi magra producción literaria. Aún me cuesta, a día de hoy, por más que escriba este blog, por más que pergeño, redacto, y luego lucho por hacer relatos, cuentos, historias, novelas, considerarme a mí mismo un escritor. No es una definición que tenga de frente, tipo luminoso chillón y atractivo cual lámpara a los insectos. No me siento cómodo. Pero sé que escribo. Lo que puedo, cuanto puedo y con la calidad que espero tenga lo que hago.

En mi vida he ido a muy pocas presentaciones de libros, o discos, ya puestos. Me dan grima. Me he sentido siempre como el cliente del prostíbulo que va por la mercancía y que ésta es la carne, la mirada y la voz del que presenta su libro o disco. Cuando fui a la de Rodrigo Leao en la FNAC, montada por Trecet, hace años, me sentí fuera de lugar. En la Feria del Libro siempre me encuentro molesto si hay un escritor (o famosete disfrazado de escritor) en la caseta. Salvo alguna rara, rarísima ocasión, no me gusta que me garabateen los libros con dedicatorias que suelen ser de compromiso y tan genéricas como los escasos segundos tiene el autor para intuir el carácter del comprador. Los dos últimos que he dejado que me firmen son el de "Balada del norte" de Zapico (un dibujo leonés, a pico, precioso, cuyo proceso mostré a mi hijo en brazos, ensimismado) y el de "Quién quiere ser madre" de Silvia Nanclares. Me siento cohibido en todas las ocasiones. Siento que es un poco ceremonial, y odio las ceremonias. Quizá la que menos con mi amigo Alejandro Carneiro, cuando presentó en Estudio en Escarlata, donde fue lúdico (estaba flanqueándole vestido de romano) y familiar.

Claro que me ha tocado presentar mis dos libros. El primero lo hice yendo, picando puertas, pidiendo, mendigando... mi primera presentación fue en un club de juegos de mesa. Nervioso, con dos amigos y varios miembros del club que me hicieron preguntas que no buscaban la respuesta que les dí. Vendí 1 ejemplar. Luego, en la biblioteca Ana María Matute, en mi viejo barrio, dos veces, de hecho, pues me tocó la presentación y luego una charla digna de Holly Martins en el club vienés aquel con varios miembros que me preguntaron lo mismo ("¿Cuáles son tus influencias? ¿Qué autor moderno blablabla?") y sintiéndome igual que él con la directora de la biblioteca. Después de aquello, en Barcelona, el mismo día que cerraba la librería, lleno de amigos, y en Bilbao, idéntico, aunque allí conseguí endosar dos libros a un señor que pasaba distraído. Aburro, como dice mi amigo Jordi, porque mi libro es más interesante que yo (que no soy el producto) y cuento cosas peor de lo que hago por escrito. En el caso de los relatos, he hecho únicamente dos presentaciones. En Madrid y Barcelona, desganado, descreído, burlón. Y no me apetecen más...

Cuando pienso en "los círculos literarios" pienso en amigos. En Joaquín, poeta al que veo poco. En Alicia, escritora que quiere serlo con ahínco. En Alejandro, a quien me gustaría ver mucho más. En Rafa, con quien comparto mucho más que escritura o investigación. En Silvia, que es maestra y fulgor del mundillo. No pienso en cócteles, trajes, imágenes, sensaciones de bohemia y calidad, notables de la palabra y aristócratas de las letras. No pienso ni quiero. Me sentiría obligado a burlarme de ellos, de la situación y de todo. Huyo, parte miedo a no ser capaz (sí, claro, miedo a fracasar en términos ajenos) y parte porque me la refanfinfla tanto que paso. Compre usted un libro, una película, un disco, lea, vea, escuche, y juzgue ese producto, no a los que los crean. Quizá si me mintieran diciéndome que, yéndome de saraos, de venta de la carne, pesaje del alma y exhibición, iba a ser millonario, rico, el Tío Gilito o Bill Gates, diría "va, venga, probemos". Pero incluso así siempre tendría en mi fuero interno la sensación de impostura, de ser un impostor, falsario, mentiroso, usurpador de talentos de otros que merecen ese puesto más que yo. No es falsa humildad, no es falsa modestia. Es una sensación real. Si la he vivido con veinte o treinta personas escuchándome (y me pasa igual cuando he dado charlas de romanos), no quiero imaginar decenas más. O un puto auditorio pendiente de las tonterías que debo decir para rellenar su tiempo y hacerlo valer brillando en prestigio. No...

Mis "círculos literarios" son charlas, amigos, compañeros... pero, sobre todo, los autores que me van asaltando la cabeza, la mente, el alma y el cuerpo. Muertos muchas veces que me susurran en el tono de mi voz sus palabras, sus imágenes, me transmiten sus sensaciones, pensamientos, vivencias... yo no sé si conversaría con Pío Baroja (seguro que me mandaba al cuerno) o Valle-Inclán (me daba un bastonazo, el hipster gallego) o con Zweig (me da que me decepcionaría) pero también porque vivir en el mismo momento no significa vivir el mismo momento. Las coordenadas físicas, espacio y tiempo, no son las mismas que las emocionales. Vaya, que los muertos molan más. No contaminan con su presencia viva lo que hicieron...

En fin. Si un día me dan un premio o reconocimiento de grandes cifras, no creo que borre este mensaje. Pediré que me lo recuerden ("recuerda que eres mortal"... esa hubris a calmar...) para preparar ese discurso que todos, secretamente, llevamos anotado en el papel mental del orgullo, riéndome de mí mismo y, si puedo, de todo lo demás... ¿me lo prometes, supuesto lector invisible?

Un saludo,

martes, 21 de marzo de 2017

"Las puertitas del Sr. López"

Adoro a Carlos Trillo y Horacio Altuna. Mi hermano compraba sus recopilaciones de Toutain, creo, esos cómics que se me asocian a Zona84, Cimoc, etc. "Las puertitas..." son historietas del Sr. López, así, a secas, sin nombre. Un funcionario barrigudo, cincuentón, calvo, timorato, casado con una mujer que le maltrata, igual que le hacen en el trabajo, en la vida diaria... 

López tiene una peculiaridad. Cuando le humillan o está incómodo, puede escaparse por una puerta (del baño, normalmente) a una realidad paralela, una fantasía donde puede enfrentarse (o sufrir) la humillación e incomodidad que le impulsó a abrir dicha puerta. Hay moraleja, siempre, claro que sí. Y es amarga. Dura. Porque López siempre elige lo mismo. La frustración. De hecho, hay una historieta especialmente dura, en la que tras portarse "mal" López (dar una patada donde no debe, arrancar una flor, burlarse de la autoridad, robar pan, piropear a una moza, no ir a trabajar y pasa el día al sol...) se le hace un juicio por parte de "La sociedad", en el que se le dan dos alternativas en forma de puertas. Una azarosa, difícil, dura, llena de riesgos; "Libertad". Otra cómoda, sencilla, sin sobresaltos. "El Molde". Y López elige... claro, vaya pregunta.

El ser humano es social. Le cuesta la soledad. La soledad, creo, es un privilegio de unos pocos, de aquellos que pueden vivir junto a sí mismos sin suicidarse. Es dura, porque no puedes atribuir a otros tus errores. Sabes que son tuyos. Es difícil, porque careces de ayuda inmediata, empática, de esa que nos cuesta dar pero damos. Puede separar, pero también hacer más pura la experiencia de la compañía. Sólo cuando estamos realmente solos sabemos quienes somos. Aceptarnos, con nuestros errores, es complicado. Preferimos las loas y elogios de los demás. El refrendo en la conversación a una opinión de la que dudaríamos mucho en privado. El asentimiento y la aceptación. La controversia para afianzarnos. Preferimos, siempre, una persona a nuestro lado con una voz que acalle la interior, la silencie.

Las puertitas suelen confundirse. Siempre ha sido así. Nos engañamos, pensamos que "El molde" es la libertad hecha elección, o que la "Libertad" es un molde más lleno de clichés y estereotipos. Nada es sencillo. Todo contiene esas partes de culpa e inocencia, de bondad y maldad, de un poco de aquí y allá. Vivir con ello en soledad es todavía más difícil, pues ser juez de uno mismo es lo peor que puede pasarnos. Si hemos sido sinceros con nosotros mismos. Oh, y lo somos, aunque nos queramos mentir.

En cualquier caso, yo tengo claro que quiero conservar esos cómics o tebeos para mis hijos. Por una razón; fue una educación en mi vida. Muy amplia. Quiero que aprendan a ver tantos caminos como sea posible. Que puedan optar a ellos, o al menos ser capaces de tomar unos u otros. Quiero que aprendan, yerren, acierten, vivan. Y si eligen hacerlo en libertad y son felices, seré tan feliz como si eligen hacerlo en El Molde y también son felices. Pero de verdad. Y siempre con una cuestión clave; poder volver a elegir entre las alternativas que se les presente o ellos mismos construyan...

Un saludo,