Buscar dentro de este batiburrillo

jueves, 21 de noviembre de 2013

Enfriando los días.

Empieza el otoño, de verdad, ahora en noviembre. Baja niebla y la luz, enfriándose de esa manera tan especial como solamente pasa en la meseta, ilumina días más cortos.

No voy con las manos en los bolsillos, como un desocupado, un despreocupado o un pervertido. Llevo las manos sueltas, huérfanas de asideros. Tengo la sensación de encontrarme perdido en mí mismo, desorientado entre recovecos inexplorados o largamente olvidados. 

Noviembre cumple ya más de cuatro meses de paternidad. No siento la ideocia eléctrica del padre novato, mezcla de nervios, pasión y necesidad de publicar cada pequeño avance de mi cachorro. Lo guardo para mí, pues lo considero muy valioso.

Sin embargo, todo cambia, al igual que permanece. Regreso a sentimientos cubiertos de polvo, arrumbados, tanto como a rutinas molestas, nunca olvidadas. Uno es, siempre, bajo el sol del verano ya acabado o el del otoño comenzado. Es y no es, y en su ciclo, juego a identificar cada extremo.

De la edad, duele el recuerdo de un cuerpo más joven y capaz. Amortigua saberse más inteligente, aunque la sonrisa puede ser cínica, si así lo creemos realmente. Duele saber lo que fue, y lo que no fue. Alegra saber lo que es y será. 

Lamento ser críptico, pero sólo un poquito. Esta entrada, como todas, por otro lado, es para mí, aunque secretamente goce cuando me leen y lo sé. Es, como digo, mi tesoro privado. Un sentir violento y explosivo que aplaco dejándolo en palabras, mas o menos afortunadas.

Un saludo,

domingo, 27 de octubre de 2013

En la trinchera - saltar la trinchera - pie de trinchera.

Hay expresiones que se originaron con la Gran Guerra, aquella en la que España no participó. ¿No lo hizo? bueno, no del todo. La cuestión es que se han quedado en el habla popular, algunas, otras, no tanto. La primera del título es sobradamente conocida. Las otras dos, en cambio, poco. Y quiero jugar con ellas.

Estar "en la trinchera" significa adoptar una posición inamovible contra un enemigo, siendo que esa trinchera es la posición buena. Se puede aplicar, en España, a casi todo. A madridistas contra barcelonistas, a independentistas contra unionistas, a socialistas contra populares, a futboleros contra baloncesteros, a amantes del dulce contra amantes del salado, a ti contra mí o a ese contra aquel... somos magníficos eligiendo trincheras. Pero, como al conducir, odiamos compartirlas demasiado, así que si en la trinchera, como con el coche, estamos solos, mejor que mejor. A no ser que queramos compinches, tan sectarios como nosotros, entonces... aceptamos que rebose. 

Ese primer paso significa mantener la posición, no ceder, luchar, pelear... sin salir de la trinchera. Pero, ¡ay! como somos españoles y no participamos en la Gran Guerra (¿No? ¿seguro?) se nos pasaron las otras dos. 

La segunda, "saltar la trinchera", era espeluznante para cualquier soldado de cualquier bando a partir de 1915. Consistía en abandonar la precaria seguridad de la trinchera, de la excavación cutre, forzada, mal apuntalada, que protegía endeblemente contra ametralladoras, shrapnels o rompedoras Aranaz, ataques químicos y otras lindezas. Y significaba adentrarse en territorio "de nadie", la "no man's land" inglesa que se popularizó también y donde, indefectiblemente, nadie se quedaba, o si se quedaba, es porque había muerto o estaba herido y en vías de palmarla. Saltar la trinchera era, claramente, jugar un duelo contra la muerte, sabiendo que el 90% del éxito vendría para ésta, no para el saltador. Dos imágenes, si quieren; "Senderos de Gloria" y "Gallipolli". Miren los saltos de trinchera y verán qué divertidos eran. Aniquilados por fuego enemigo, si no incluso por el amigo. En España, como digo, no conocemos esta expresión tanto, y por eso nos quedamos en la seguridad de la trinchera, en ella. Cobardía e ignorancia, dos de los atributos que permiten la arrogancia y el absurdo de ser español.

Y si se quedaban en la trinchera, sin saltarla, venía entonces lo peor. Esta última expresión, "pie de trinchera", no la conocemos, pero es terrible. Miles de soldados la sufrieron, y consistía en tener los pies bajo masas de lodo y agua fría, sin poder secarse, malolientes, criando ampollas y gangrena que, en muchos casos, llevaba a la amputación. La base carcomida, vaya. Ningún sentido a permanecer en la trinchera, ni poder siquiera saltarla y morir de un limpio balazo en la sesera.

Hoy, tenemos muchos, por no decir casi todos, en la trinchera. Muchos sufren del pie de trinchera, sin saberlo o no querer reconocerlo. Roídos por los cimientos, se sostienen por pura rutina o testarudez que nada tiene que ver con la lógica. Medios de incomunicación, políticos de partidos dinásticos, mesías, populistas a media voz, tertulianos y opinadores deslenguados... pero de esos, apenas nos tenemos que lamentar, a fin de cuentas, hacen su trabajo de gangrena desde la retaguardia, sin pisar en ocasiones las primeras líneas. Pero luchan desde la trinchera, dejando que su infantería de a pie contraiga del todo el mal de la trinchera. Viven enfermos, enfermando, produciendo miasmas y carcoma. Bombardeando con fuego amigo a sus propias líneas. 

Los pocos que, hastiados, saltan la trinchera y se adentran en tierra de nadie, no vuelven. Mueren en Canadá, Francia, Alemania, Gran Bretaña, los países del frío norte, Iberoamérica, cualquier sitio donde reconozcan sus capacidades, talentos y profesionalidad. También quedan heridos, de muerte, pues nadie los recogerá, en España, en la tierra de nadie del desempleo, la precariedad del empleo, las mentiras de quienes deberían en verdad cuidar de ellos socialmente, los del párrafo anterior y los del párrafo posterior. Mueren odiados por todos, incluso por ellos mismos, asqueados de ser españoles sin poder ser otro tipo de españoles, sin poder ser nada más que hombres comunes atrapados en el fuego amigo y enemigo, siendo el enemigo más de amigos que luchan desde su trinchera que amigo el de los amigos que son enemigos. Esa tierra de nadie crece, convirtiéndose en un cementerio de chatarras, basuras, cuerpos hinchados y malolientes, cínicos, cenizos, descreídos, apabullados por la España que ellos ven horadada de trincheras, demasiado tierra de nadie bueno. Sin contar a quienes se lanzan al fuego enemigo pensando que no les matará, y no les mata. Los aniquila el fuego amigo. Empresas, emprendedores, que se creen que una buena idea, un poco de capital y mucho esfuerzo pueden batir el amiguismo, el clientelismo, la cicuta del chapucismo mangoneador y caciquil que impregna el ADN español, de España.

En la otra trinchera no hay diferencias. Sufren del mismo mal. Exactamente igual que los anteriores descritos. Igual de español. 

Y así, rodeados, cercados, imposibilitados, nos preguntamos, como aquellos soldados escoceses, alemanes, ingleses, franceses de Francia y franceses de Cataluña, Toledo, Albacete, San Sebastián, Málaga o similar, que en números de 5.000 o 15.000, según a quién se lea, se unieron a la Gran Guerra, si podemos hacer una Tregua de Navidad, hablar, charlar, jugar un partido de fútbol donde nadie cuenta los goles, intercambiar regalos, y, sobre todo, darnos cuenta de que el hijo puta está con galones tras de nosotros instándonos a matarnos en nombre de... ¿qué? ¿quién?

En 1918 ejecutaron al Zar. Alemania y sus aliados perdieron la Gran Guerra (no es un spoiler...) pero los enemigos se apresuraron a declararla a la recién nacida URSS ("Estrangularla en la cuna", dijo Churchill, un tipo al que odio cada día más) y, como siempre, antes (Revolución francesa) y después (socialismo, socialdemocracia, cualquier signo de redistribución...) esa guerra sigue.

Las mismas trincheras. Si no estás en una, estás en la tierra de nadie, muerto, o peor, en retaguardia, portando una chapita que dice "No me hable usted de la guerra". Que eso me inquieta. Por no tener bando. Por llevar pluma blanca. Por ser Mr. Abulia. Español, vamos.

Una última expresión, por rara, poco usada. "Tomen la trinchera". Sí, vale, pero... ¿cuál?

Un saludo,

miércoles, 25 de septiembre de 2013

El test del nacionalista



¿Es usted nacionalista? Podría ser un breve test, sencillo, claro, para determinar si comparte alguno de los rasgos propios de esta ideología que, desde el siglo XVIII al XXI, sigue mutando y generando pasión.

Por ejemplo, la primera pregunta; ¿cree usted que su territorio abarca, “desde siempre”, unas determinadas localidades que limitan con…? ¿Considera que, históricamente, “de siempre”, esos territorios que usted menciona son parte irredenta de su país? ¿Sin más?

Si la respuesta es “sí”, cae en la trampa de creerse que los territorios son inmutables, como las fronteras. Que siempre han sido pertenencia de una población determinada, y no de un terrateniente, noble, rey o similar miembro de una oligarquía, oclocracia, aristocracia, que lo consideraba SU hacienda, su patrimonio, y las personas sobre éste, parte del mismo. Imagine su casa; ¿cree que la habitación de sus hijos es, efectivamente, de sus hijos? Pues los nobles igual. Sentían que cedían ese espacio a sus hijos, los cuales eran, por qué no decirlo claramente, parte también de su patrimonio (patronímico, patrimonio, matrimonio… ¡cuántas palabras de posesión!)

Ya sabemos si considera que “desde siempre” ahí, aquí, en ese territorio del que hablamos, ha sido o no parte sin más de “su” país. Pasemos a otra.

¿Siempre se ha hablado la misma lengua en ese territorio?

Si considera que es así, “de siempre”, nueva trampa. Seguramente hayan existido docenas de lenguas conviviendo, pugnando por prevalecer. Incluso cuando piensa que no debe nada a “la otra” lengua, es seguro que comparten cientos de palabras, raíces, ideas, conceptos y otros temas, y que algunos los han modificado no una, si no miles de veces, según el uso. ¿La misma lengua? ¡Si su padre y su madre usan expresiones que a lo mejor ni ellos comprenden!

Ya sabemos si considera que “desde siempre” ahí, aquí, en ese territorio del que hablamos, se ha hablado la misma lengua en todo “su” país. Vamos por otra.

¿Cree que el color del pelo, la piel, los ojos, la forma de la nariz, una característica concreta de sus dedos o piernas, algo en su cuerpo, es definitorio de su etnia, pueblo, incluso ¡atrevimiento! Raza?

Si dice que sí, pues vaya, no conoce entonces la cantidad de accidentes biológicos sujetos a evolucióm a que ha llegado su cuerpo para ser el que es. Un gen aquí, un cromosoma allá, quítame de ahí una enfermedad o una mutación… mezcle, tenga diferentes ambientes (frío, calor, soleado, sombrío, rural, urbano, montañés, litoral…) para que se expresen diferentes, coma de una u otra manera (¿mucha carne, mucho pescado, muchas verduras, lácteos sí, no, cereales?) y su cuerpo es… el que es. Un pueblo es una indefinición que se supone arraigado a un territorio y a una lengua. Vaya, dos conceptos vistos antes que vemos son… lo que son. Por tanto, tenemos que, estadísticamente (la ciencia de lo posible y lo imposible, de la mentira hecha verdad y las verdades ocultas en las mentiras) puede ser que tenga tal o cual rasgo físico porque… el azar es lo que tiene.

Y si entonces el territorio, el lenguaje, la etnicidad, son como vemos, cuestiones que históricamente, lingüísticamente, biológicamente, dependen de variables que han variado con el tiempo, ¿qué nos queda?

Comprender que los nacionalismos son inventos.

Pero si ha respondido a las tres preguntas básicas con afirmaciones, entonces es usted un nacionalista. Me da igual si español, castellano, catalán, vasco, andaluz, gallego, ceutí, de La Mancha o calzando borceguíes. Es nacionalista. Y un mentecato, pero esto es ya mi opinión personal. Porque vive un artificio inventado por otros, para perpetuar oligarquías, para favorecer ambiciones ajenas. Su tierra es el accidente donde nació usted, sin buscarlo. Su lengua es lo que hablen en casa y en su alrededor, variando la lengua con más vitalidad de la que cree, usando la que más sencillo sea usar para comunicarse. Y su etnicidad, incluso, ¡Raza! es resultado de miles de variables diferentes combinadas con gran aparato de azar.

Español, catalán, vasco, carabanchelero… son categorizaciones propias del prejuicio aristotélico, urdidas para ocultar la verdad. Que es usted un estúpido ser humano, concretamente, si hemos de categorizar, un Homo Sapiens Sapiens, heredero de miles de años de evolución en los que, curiosamente, el nacionalismo no es ni la milésima parte de la centésima fracción de microsegundo que tenemos de historia viva.

Pero, ¡ay! Se ha olvidado usted de eso. O quizá nunca se lo enseñaron. Interesadamente… y mientras, envuélvase en trapos de colores, en himnos bellos e inventados, en ficciones históricas e ilusas promesas. La verdad seguirá estando ahí dentro, que no fuera. Dentro de su sesera. Si la usa.

Eso sí, mientras, podremos tergiversar otros conceptos. Libertad, derecho, soberanía, unión-desunión, y ya tal. Lo cierto es que, mientras usted lame las palabras y conceptos, otros endulzan o amargan las mismas según sus intereses, que no los suyos. Los de clase. ¡Ah, que hay clases! Pues desde que nos sedentarizamos, oiga… y ya van más de 10.000 años. Eso ya sí que es un parpadeo veloz.

Un guiño,

sábado, 14 de septiembre de 2013

Hope springs eternal

Me gusta Capercaillie. Desde los días en que descubrí a este grupo y otros muchos en el programa de Ramón Trecet. El tipo ese que daba sermones en Diálogos3, comentaba básket NBA en los 80 y ponía música buena, mucha de ella, del Sello Resistencia, el de su esposa. Capercaillie era una ventana más al folkrock celta que me molaba tanto, y encima es de los pocos grupos a cuyo concierto en directo he ido. Y he ido a muy pocos directos.

Hay una canción que me encanta, la que da título a ésta entrada. Buscadla, leedla y comprended porqué.

La traigo a colación porque hoy estoy ya un poco hastiado del asunto Cataluña. Ya puestos, del asunto España y del asunto "tú contra mí o viceversa".

Francamente, querida, me importa un pepino rancio. Lo de la independencia. O no. Y la integridad territorial, ni te narro. Aquí los tontos pelean por la raya en la era, pero se olvidan de quienes la poseen. Y eso es lo que han logrado. Enfrentar a estúpidos contra idiotas, mezclándolos con imbéciles y tontos de capirote.

Pero miento, no me deja de preocupar. En el sentido de que, cuando Cataluña estornuda, es que España tiene fiebre desde hace tiempo. Somos el enfermo de Europa (siempre hay uno...) y llevamos en cama, creyéndonos sanos, lustros. Algunos ponen fecha a la caída, 1978. Otros antes, incluso, con un período de convalecencia jodida. Yo paso de dar fechas, que la Historia es una perra muy cabrona y dura. Asustaríamos a los niños en horario infantil.

Cuando Cataluña estornuda, el resto se saca el pañuelo para tapar el ruido y los mocos. Pero copón, los mocos están ahí, la fiebre consume la sesera y el estornudo se oye en Letonia. "¡Jesús!" o "¡Salud!" dependiendo de si es usted conservador o progresista. Vaya, otra vez delimitando campos. Y la cosa es que se prefiere eludir la realidad. "Nah, un catarrillo. En tres días, con píldoras Constitucionales, como nuevo". Los cojones. "Eh, pero es que solamente veo la nariz roja, el resto del cuerpo no ha manifestado síntomas". Claro, los pulmones van que te cagas, el corazón late de fábula y el cerebro tiene las sinapsis echando chispas. No te jode. Y aquí recuerdo el poema de Quevedo y el agujero del culo. Búsquenlo, que yo estoy vago y San Google es el mejor escriba irlandés que conozco.

La cosa es que las fronteras, las banderas, el hecho diferencial (joder, somos diferentes en costumbres, pero macho, pertenecemos a la misma especie, Homo Stúpidus Antecessor del Europeus Post Revolutionarius) el que aquí seas Pepe y allí Pep o Pepiño, o Pehpeh, tanto me da, y todo un corto etcétera de gilipolleces, me traen al pairo. Eso mismo. Bullshit, que diría el británico. Crap. Shit. Tontunas de la hora chanante.

A mí lo que me importa de esto es que, a lo mejor, cuando Cataluña sacó el trapo rojigualda para sonarse el moco de la fiebre (o la Senyera, no sé, a lo mejor me lío, no me peguéis... soy daltónico para las banderas y las veo todas igual... estúpidas) el resto reaccionó incorrectamente. En lugar de "Eh, es verdad, Esto (sea lo que sea Esto) apesta, hiede, está podrido tron" se dice "Ni de Blas Ordovás, cabrones, aquí todos juntos sin rechistar, y si alguien se pira de mi fiesta, antes le tengo que dejar yo salir, que eché llave a la puerta. ¿Os gusta? Modelo CE 1978, pero los alemanes de arriba me la cambian en un plis plas. Ordovás". Es como aquella peli de Buñuel, "El ángel exterminador". Copón, (ESPOILER!!!) nadie puede largarse de la fiesta y deriva en algo peor que surrealista.

Ahora en serio, que me ha entrado una vena macarra-revertiana que te rilas (muy suya la expresión de chulasco) y quiero ser algo más formal.

Yo quiero ser un ciudadano. Y quiero una socialdemocracia de verdad que busque asegurar los pilares de una sociedad estable, rica, acomodada, la mejor posible que se ha conocido. La de la Sanidad, la Educación, las Pensiones, los servicios Públicos esenciales... la que busca equilibrar las desigualdades mediante políticas de redistribución y reparto solidario, que no benéfico y caritativo. Una sociedad que ha demostrado dar los mejores años a Europa y los países que tomaron dicho modelo. Yo no quiero ser súbdito de una monarquía impuesta por una dictadura y que presuntamente es democrática, cuando es simplemente parlamentaria y bipartidista, cerrada, oligárquica en lo político y lo económico. Quiero que me pregunten, pero no cada 4 años. Quiero elegir a mis representantes y cantarles las cuarenta no cada 4 años, si no cuando toque. Sea el día antes de las elecciones o el siguiente al "No me cambiará el poder". Quiero sensatez, el "middle-ground" de los anglosajones, el llegar a acuerdos para todos y no la sección fanática y hooliganesca de mi tribu. Quiero superar la Historia de un país que, como dice Stephen Dedalus, trato de olvidar cada mañana. Quiero un futuro, cojones, un futuro. Para todos.

Así que Cataluña estornuda, los más idiotas miran la nariz enrojecida o el soplamocos de colores, y seguimos eludiendo lo que cualquier doctor (de la Pública, of course) preguntaría.

¿Ha fumado usted mucho? ¿ha cometido excesos? Porque tiene el cuerpo escombro, una ruina, ni Manara le redibuja algo mejor, oiga... 

Esto es lo que tenemos ahora. Eso, y una primavera que, espero, retorne eternamente tras el otoño, el invierno, y el peor verano de nuestro descontento abúlico.

Of clearing all the scum...

Un saludo,

martes, 10 de septiembre de 2013

Y de la Trinidad al serial barato...

Yo crecí con dos trilogías mágicas; "Star Wars" e "Indiana Jones". En ambas hay una coincidencia especialmente interesante. Harrison Ford. Carpintero antes que actor. ¿Necesito ser más explícito?

Steven Spielberg era el tetragramatron de aquellas historias, junto con un George Lucas que sonaba a profeta. Era hundirse en la butaca y saber que estábamos viajando. 

Hubo esperas, y en otros casos, como el mío, acortadas por la edad. Yo me pimplé la trilogía de "Star Wars" de seguido, gracias a reposiciones a las que me llevó mi hermano. Luego, cuando el estreno de "La última cruzada", me había visto las dos anteriores, en vídeo y en reestreno (sí, cuando había...) varias veces. Repetí, de hecho, en el extinto Cine España, la tercera. Y en los dos casos, las dos trilogías, que cerraré piramidalmente con una película que vale para triangular, "Blade Runner", sentí lo mismo. La conclusión de historias magníficas, narraciones mágicas, aventuras sin igual. Inicio y fin de algo irrepetible.

Pero claro, yo era niño, luego adolescente y, ahora, maduro de cuerpo y aun adolescente de mente. O demente, según quien me trate. No sabía que existía una "Industria". ¿"Industrial Light & Magic"? Eso.

Y entonces crecí, las trilogías se aposentaron como algo mítico, cerrado, que permitía soñar continuaciones y derivaciones. Soñarlas. La perfección de la irrealidad. Lo que no existe es siempre lo perfecto. Y Lucas y Spielberg decidieron que querían más. Pasta. Dinero.

Caímos. Yo no respeto la "nueva trilogía" de Star Wars. Para mí es un engendro episódico, aburrido, del que salvo los diez o veinte últimos minutos de cada película. Ni qué decir del superyayo de Indiana Jones, hablando de Gordon Childe con un motero de los cincuenta presunto sucesor. Más maduro de cuerpo, siendo como digo adolescente mental, aquello sentó como una traición. Y lo es...

Las películas de Kubrick tenían una estructura de pico. Como el famoso de la Paramount. El protagonista ascendía a un clímax y, la otra mitad, era descenso al infierno anticlimático. Bien podría Kubrick rodar un documental sobre esas trilogías + "Blade Runner". De cómo pasaron de ser míticas a seriales baratos y vergonzosos. De cómo quieren hacer un remake de "Blade Runner", añadir una segunda trilogía postiza a "Star Wars" o sacar una quinta de "Indiana Jones". Y uno siente, en lo profundo de su ser adolescente, la muerte de esa infancia, de esa magia, de esa virtud casi religiosa.

Como siempre, los sueños fueron alcahueteados por un buen puñado de dólares...

Un saludo,

martes, 13 de agosto de 2013

¿Eres padre? sufrirás... ¿y por qué, cojones, por qué?

Llevo un mes flipando con ciertas personas a mi alrededor. Saben que soy padre, y, quitando comentarios de gente que no conozco de nada, sobre si es mi hijo o no (cuando lo saco a pasear solo) u otras impertinencias, es en el trabajo donde más harto estoy acabando de determinados comentarios y actitudes. No únicamente en el trabajo, también entre personas de mi vecindario, pero sobre todo, allí.

Tengo por compañeras a unas 40 mujeres de unos 55 años de media (sí, solamente hay otros 3 hombres y más o menos la misma media) y, por supuesto, todas madres. Todas. Y es inevitable, en los trabajos, compartir un rato de asueto, ya en la máquina del café, ya en el pasillo, al entrar o salir, yendo al desayuno, o en la inevitable tarde que en su infinita sabiduría los políticos nos impusieron porque somos "vagos", donde hay que comer en la oficina.

Es curioso que, desde que soy padre (bueno, y antes cuando sabían que iba a serlo) me mortifica todo el mundo con un "Ufff... la que te espera... uff... y ahora va bien, pero luego... uff... las vas a pasar canutas... uff... duerme ahora porque luego... uff..." y tengo ese "ufff" clavado. En la columna vertebral, no sé exactamente dónde. Y claro, no puedo evitar responder, en algún momento en el que renuncio a toda corrección social... ¡¡Y entonces para qué tuviste hijos!!

Parto de la base que la madre sufre al inicio más que el padre. Mucho más. Interminables jornadas de lactancia (si esa es la decisión tomada) que hacen de la madre una esclava lechera al servicio de su hijo. Que duerme peor, come peor, apenas sí tiene tiempo para sí misma, y está constantemente agotada. Lo sé bien. Y cuando comento algo así, de pronto, las miradas convergen en mí y hay un silencio seguido de ese "Ufff"... no estallo por decoro.

Sí, seguro que pasaré tardes/noches en Urgencias por un simple moquillo mal quitado. Sí, seguro que me arrancaré los oídos cuando llore por un cólico sin parar horas y horas. Sí, seguro que iré al trabajo ojeroso, macilento y despistado por una mala noche. Sí, mil cosas más. Sí. Pero en lugar de asustar, amedrentar, mortificarme con estas cosas, ¿nadie cuenta los buenos momentos?

Mi hijo, Daniel, apenas tiene ahora 2 meses. Es un cachorro, un animalillo, una cría. Pero cuando me mira, cuando gira la cabeza, cuando duerme sobre mi pecho, cuando le veo practicar muecas de todo tipo que preludian una sonrisa, cuando hace ruiditos, cuando se tira un pedo, ya siento algo. Siento la probabilidad, el futuro, la esperanza, el largo camino que va a recorrer y que, por más que yo lo intente, no será para nada mi camino, ni el de ningún otro. Será el suyo. La responsabilidad que he adquirido es relativa; sí, darle cobijo, alimento y cariño, una educación, unas herramientas para desenvolverse. Pero la mayor de todas, la vida, es suya. Y eso es tremendo. Es abisal. Hay un futuro, hay un mundo de infinitas posibilidades que irán estrangulándose año a año, hay promesa. Hay esperanza. Y de eso, nadie habla. Nadie. Todo son quejas, mocos, fiebres, llantos, malas palabras, gestos... porque, intuyo, muchos piensan que si su hijo no hace exactamente lo que esperan de él, se sentirán agotados. Si se mueve a la derecha en lugar de a la izquierda, sentirán frustración y la corrección les agotará. Si dice "dada" en lugar de "papa", crispados tratarán de que diga bien la palabra con horas de exhaustiva repetición. Y... entonces, una labor que yo pienso es más gratificante, se convierte en alienante, granítica, pesada.

Me equivocaré, seguro. Pero estoy harto, cansado del "ufff..." y de muchas otras cosas. Que si tener un hijo solo es más agotador que dos, porque con dos se entretienen uno al otro. Ah, vale, y ya puestos, ¿por qué no atar al niño a la cama, por comodidad paterna? ¿y ponerle tapones en el culo para que cague cuando queramos nosotros? ¿o incluso un chip prodigioso manejado con nuestro iPad?...

Si me ves en la calle, no me digas "Uff". No me cuentes lo peor de esto de ser padre. No me jodas con la cantinela de dramas, trifulcas, putadas y desesperaciones. Las intuyo, las conozco porque yo también fui niño. Y, de verdad, ¿hay algo peor que una noche sin dormir? ¿que un plato sin terminar? Se me ocurren cien cosas en un relámpago. En lugar de eso, cuéntame cómo fue la primera sonrisa. Cómo la primera sílaba que parecía una palabra corta. Cómo la primera vez que sostuvo la cabeza y te miró. Cómo el coger y soltar algo con sus manos. El primer día de guarde o de cole, miedos, ansia y nervios, y luego descubrir que los niños saben adaptarse más que nosotros a todo. Los redescubrimientos que haces con tu hijo. El placer oculto y culpable de comerte los restos de su bollo y sentir que eres como él otra vez.

Pequeño, inocente, lleno de futuro. Eso merece algo diferente al "Ufff". Quizá, no sé, algo tipo... "¡Guau! vas a flipar con eso de ser padre. Sí, se sufre... pero las recompensas son... y no es solamente biología, tío. Es más. Mucho más."

Y, desde luego, quien tiene hijos puede no querer más. Quien no los tiene, puede no desearlos  o no poder tenerlos. Y cada uno es diferente. Cada uno puede albergar propósitos dispares. Un hijo que sea mejor que él, o peor y manejable, o un futuro genocida líder mundial. 

Yo tengo esperanzas... pero no las voy a contar. Son, como mi pequeño, pueriles. Y por tanto, muy serias.

Un saludo,

viernes, 9 de agosto de 2013

Sentado en mi hamaca, viendo el hongo nuclear...

¡Dong! Un poste golpea la campana.
¡Dong! En Hiroshima, donde cada 6 de agosto rememoran, con un trasfondo de mar limpio y un edificio ruinoso superviviente, el lanzamiento de la primera bomba atómica.
¡Dong! Mientras, en Fukushima, el mar recibe vertidos radioactivos. Está lejos, casi en la otra punta de la gran isla de Japón.

¡Dong! En los años 70, Supertramp saca un disco llamado "Crisis? What Crisis?". Lo más llamativo, la portada.
¡Dong! Un tipo sentado en su silla plegable playera, con toalla, sombrilla y cóctel, en bañador. De fondo, fábricas echando humo, vertederos, suciedad, grúas, piedras ennegrecidas de petróleo.
¡Dong! El fulano lleva gafas de sol, cruza las manos sobre la tripa, blanca. 

¡Ping! Entonces veo reflejadas en sus gafas un hongo nuclear. El de Hiroshima, puede ser. O Nagasaki, que nunca lo mencionan tanto. O las pruebas nucleares del Pacífico. Tanto da.
¡Pong! Es nuevo, diferente, etéreo. Sale desde los bancos y expande su radioactividad por doquier, a casas, pisos, chalets, urbanizaciones, ciudades, comarcas...
¡Ping! Lo conforman sustancias del tamaño de un guisante machacado, como la niebla londinense de río, como un puré de patatas mal pasado. Y parecen monedas...
¡Pong! Una vez que ha recorrido mundo, queda suspendido en el aire, flotando con maligna pesadez. Y abajo, sentado en mi hamaca, tras haber visto el hongo nuclear, espero. Esperamos. Esperan.

¡Ding-Dong! No sabía que la muerte había cambiado la guadaña por un smartphone, y la túnica raida por un Adolfo Domínguez negro y corbata de seda. Yo seguiré siendo de bermuda y chancla...

Un saludo,

viernes, 12 de julio de 2013

Golpes de calor

Día a día, sufro calorinas. Golpes de calor de esos que dejan tieso. Uno me dio en todo el ojo, el lunes, dejándome casi tuerto. Dos horas sin visión, y aun ahora, sigo borroso. El ojito derecho. El de los conservadores y un tal Dios. La cosa es que me ha obligado a forzar el izquierdo. El de la rodilla chascada, la que da título a la bitácora de este peatón de la historia, marino de secano sin barco. Y con el izquierdo leo y leo y veo y veo y... parpadeo.

La gran mayoría de la gente ya no vive en España. Vive en "Indignación permanente". Pero es como un sueño reiterado que he tenido durante muchos años; en él, un monstruo horrible me persigue, por las calles de mi barrio, acechándome, asustándome. Y de pronto, cuando lo encontraba, yo gritaba asustado, un grito agudo, al inicio, un "¡Ah!" gigantesco y picudo. Que iba decayendo, junto a mi cara larga, en un "Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah" cada vez más largo y lánguido, sostenido y atonal. Así estamos hoy, por lo que mi ojo izquierdo ve. Abúlicos, como Baroja diría.

En el mercadito compro fruta y verdura, pescado, carne y pollo. Comercio tradicional, de gente que se levanta a las 4 de la mañana para ir a MercaMadrid y pillar los productos más frescos, de más calidad, de mejor tipo. No los que te vende un gitanillo por la calle sin licencia y con gritos. No, ricos, buenos, y encima a buen precio. Tomate que sabe a tomate. Lechuga con sabor de lechuga. Y esas cosas. Y allí, con el ojo derecho a la virulé, escucho y comentamos. Y la gente, a pesar del calor, se enciende. Aunque es verbal. Hay queja. De cada uno, lo suyo. Que si cuando las huelgas del pequeño comercio, eran dos Pepes en la calle. Que aquí cada uno va a la suya y el problema es de tan arriba, que los de abajo no pueden ni saben atajarlo. Pero claro, me digo yo, entonces, ¿quiénes somos los de abajo? ¿una alfombra de medio pelo?

Los golpes de calor siguen. En mi Comunidad de vecinos, hay gente que se cuela a las 10 de la noche en la piscina, cuando ésta cierra a las 9. Y deben hacer ruido y por eso los vecinos que tienen casa al lado de la piscina se quejan. Lo comentan con el presi y, en lugar de comprensión o arreglo, se genera un debate donde se termina con un "ir al presi con el cuento es de chotas, y maleducados además. Vivid y dejar vivir, coño, que un chapuzón de noche no amarga a nadie". Y se monta. Los que pasan de todo, para quienes el "vive y deja vivir" es la forma suave de decir, tan española, "sé tú corrupto hoy, que si lo soy yo mañana, no te habré denunciado y tú a mí tampoco lo harás". El pilla-pilla, que denunciamos de los moros, esos moros marroquíes tan traicioneros y fulleros, pero que tienen el mismo ADN. 

Escucho a un chico que es representante del sindicato de estudiantes, en una comisión del Congreso (semivacía, con un presidente bigotudo y mayor y una señora de mediana edad pensando en los juegos de su iPhone) donde pega caña a todos, y es reprendido por dirigirse "de manera despectiva y sin usar el Usted" por parte de ese presidente, tan preocupado del honor, la imagen, la vergüenza. ¡Qué español! Aun usando el "Ustedes", es reprendido de nuevo por hacerlo contra personas no presentes ¡si no van, no puede usted cargar tintas contra ellas!. Ah, pero, ¿son de educación y no van a la comisión? Saben que no sirve de nada, claro...

Media España pendiente del Bretón y su caso cantado, pero las noticias son, en un 75%, sobre quién tiene más cuentas en Suiza con dinero público estafado. Y el gobierno, mientras, hace como el perro de mi cuñada con mi gato; no le mira a los ojos, pensando que así desaparecerá, por puro miedo, táctica cobarde donde las haya.

Parpadeo el ojito derecho y me caen lágrimas, siento los latiguillos de sangre en el blanco del globo alrededor de mi iris inflamado, y el escozor, que me produce rabia, como cuando tienes arena en los ojos, esa exasperación que anuda la garganta y chirría los dientes, me hace sentir necesidad de golpear, de apretar los puños como mi pequeño hijo, con fuerza, dejando blancos los dedos, y gritar de frustración, de dolor. Pero el golpe de calor es tal, que, a poco, se me olvida. Y el ojo izquierdo piensa, al final, que un día él también puede recibir un golpe similar. Y los dos ojos ven mejor que uno, dicen. Con más profundidad.

No sé por qué, pero hay un tercer ojo que tiene otra opinión al respecto.

Un saludo,

domingo, 23 de junio de 2013

Queremos empezar con la Tercera República

Pero antes, queremos terminar con la Segunda Restauración. Es el viejo cuento. Tus padres no se mueren, y no cobras la herencia. Pero la herencia se la están gastando en putas, alcohol y viajes innecesarios. Tienes miedo de que la caja esté vacía cuando llegues tú al poder, y piensas que, a lo mejor, acelerando su enfermedad, para que termine antes, es incluso misericordioso, es...

Ayer paseaba por la Plaza de Oriente, frente al palacio borbón que usó por última vez un Franco, Franco, Franco viviendo sus greatest hits. Recordaba la anécdota de otro Franco, Ramón, que no tiró bombas al palacio (a mano, cómo era entonces la tecnología...) porque vio a unos niños jugando en la plaza, y claro... también en las imágenes del pueblo madrileño, castizo, chulapo, analfabeto, rijoso, cachondo, poblando la plaza. Y en lo parecido que es a los turistas agolpados ante un guiñol o un arpista new age en la plaza. Al final, son símbolos...

No termina, no. Y el corte se nos hace incierto. No hay nadie que represente ese cambio. No hay pactos de San Sebastián, ni tampoco coaliciones, ni personalidades que digan claramente "eh, a la Tercera República". No. Hay desconcierto, fractura, pasotismo, estancamiento. Hay lo de siempre, abulia, indiferencia. Quizá sea cuestión de símbolos. Como el palacio de Oriente fue antes, o la bandera. La dichosa bandera...

Los republicanos de pro reivindican la tricolor. Roja, amarilla y morada o carmesí o violeta o azul oscura. No tengo bastoncillos suficientes para diferenciar. El color me da igual. Para unos representa una República de izquierdas, violenta, caótica. Para otros, una República de progreso, cambio y felicidad. A mí, me la pela. Ninguna bandera me pone en pie, ni mucho menos me trae ideas asociadas. Ni la tricolor francesa. 

Quizá, y solamente quizá, si tanto molesta a los republicanos de izquierdas y de derechas (que los hay, muchos...) una u otra bandera, deberían juntarse y crear una nueva. Una en la que quepan todos los colores. Una en la que sea pragmática la unión, no la desunión estúpida. No sé, rojo amarillo y rojo con un escudo de la república sedente y corona mural, así de paso ponemos una romana. O simplemente, una bandera con color ladrillo y granito en diferentes tonos. O la blanca con un montón de logos patrocinadores del país. De verdad, es que la bandera, los colores, me dan igual.

Algunos queremos empezar con la Tercera República española. Un sistema de gobierno donde se controlen las ansias y defectos de los políticos que han de representarnos. Que tenga justicia separada de los demás poderes, también separados. Un Congreso o Senado que controle la acción del gobierno, no que sea palmero irredento del mismo. Que legisle, ejecute y gobierne con verdadera eficiencia, sin malgastar los escasos recursos que tenemos. Que mire al futuro, para que, en suma, se gestionen nuestras sociedades de manera que podamos ser, mínimamente, felices. Tener las condiciones para ello, al menos.

No sé, si hubiera una personalidad fuerte, pública, que no se escudara en "mejor no lo digo públicamente, no doy el salto, que puedo perder mis negocios..." y proclamara claramente, "ESTOY A FAVOR DE LA TERCERA REPÚBLICA", a lo mejor, solamente a lo mejor, podríamos empezar. Y se sabe que los comienzos se dan porque algo ha terminado. Si no ha terminado, es porque está ahí, enquistado, supurando, robando energía...

Y la bandera... 

Un saludo,

lunes, 17 de junio de 2013

Final de la Segunda Restauración - Postcanovismo.

En los colegios e institutos, a los niños, se les enseña Historia siempre de la misma manera; por fechas. En el 711 nos invaden los musulmanes, y dura esto hasta 1492, en que se les larga de la península y de paso se descubre América. En 1588, la Armada Invencible se la pega contra Inglaterra, y empezamos un declive lento y poderoso hasta que, en 1700, palma el último Austria y llegan los Borbones, guerra de Sucesión mediante, al poder en 1713 con el tratado de Utrecht, aunque no pacifican todo hasta 1715. Y así vamos entonces enlazando períodos; reinado de Felipe V, de 1700 a 1746; Luis I "el breve", luego Fernando VI, 1746-1759, Carlos III, 1759-1788. Y paramos. Si dividen la historia en ciclos (Antigüedad, hasta que cae Roma en el 478, Medievo, hasta que cae Bizancio en 1453, Moderna, hasta que cae la Bastilla y alguna cabeza en 1789, y Contemporánea, desde ese momento hasta ahora, más o menos) es para simular que compartimentamos claramente los actos, ideas, sucesos y personajes involucrados en cada período, con afán archivero, de prejuicio (ya ves qué tendrá que ver un mongol con un caballero templario, o un maya con un musulmán...) donde parece que la Historia es, sobre todo, europea, pero no. No lo es. Y retomo entonces en el baile de fechas, con rapidez, lo que es el siglo XIX español.

Muerto Carlos III, llega Carlos IV, y entonces comienzan los líos en Borboland. Que si ahora Fernando VII es el legítimo, pero estas tropas napoleónicas ponen a José I... que si Fernando VII llega pero hay una constitución hecha en Cádiz bajo las bombas y fusiladas, en 1812... que si ahora trienio liberal sin Inquisición, pero ahora vuelve... y el colofón que ayudará a las tres guerras civiles durante el XIX, que si una mujer en el trono o mi hermano que es un Stannis Baratheon... y claro. Lío a la vista. Primero una revolución "gloriosa" en 1868, y ahora probamos un gobierno, luego una monarquía con un extranjero (Amadeo de Saboya flipaba...) y después, a falta de más experimentos, una Primera República. Terminada a golpe de estado (algo muy español) y derivada tras una pequeña dictadura militar en la llamada Restauración Borbónica. Y ahí me detengo; es el año 1875 y un Borbón vuelve al poder. 

Alfonso XII, asistido por Cánovas y Sagasta, deciden montar un sistema de alternancia en el poder de los partidos Liberal y Conservador, pactado salga lo que salga en las urnas, que a fin de cuentas, estaban llenos de los votos ignorantes y dirigidos de los caciques del sistema. Con este modelo, Alfonso XII reina hasta 1885, que muere, y deja como regente a su esposa María Cristina hasta que Alfonso XIII llega al poder en 1902, un niño militar y juguetón. Todo va bien; se viven tiempos "constitucionales", la alternancia funciona, todo el mundo que debe enriquecerse lo hace... pero, ¡ay! la corrupción y el sistema que la favorece va declinando, y los partidos nacionalistas de nuevo cuño (vascos, catalanes, etc) se presentan con ánimo de salirse de un sistema que no les favorece tanto. Y llega 1923, con un General de grandes bigotes y tantos huevos como escaso cerebro.

El desastre de Annual de 1921 sacará los trapos sucios, a borbotones, y encima, en Rusia, ha sucedido otra Revolución que lleva desde 1917 dando a todos por saco. Que es como la Francesa, pero como más eficiente, y moliente, porque aquí se mata que da gusto. Y Alfonso XIII siente miedo y recurre a la moda del momento; un gobierno fascista. Si a Italia le va bien con Musso, ¿por qué no en España algo así, con un General (típico español) capaz?a

Desde 1923 y hasta 1930, Primo de Rivera atará en corto todos los desmanes de la patria, sujetando la revolución y el separatismo, controlando a los revoltosos, llevando el país por la senda de... bueno, lo mismo de siempre. Y hete aquí que unos intelectuales, unos políticos, unas cuantas personas capaces, comprometidas y sin mucha mácula, se encuentran en San Sebastián en 1930 y deciden terminar con ese período de restauración borbónica. En 1931, con unas municipales, ya ves tú, unas elecciones locales, se proclama la Segunda República.

De 1931 a 1939, momento en que efectivamente desaparece del mapa (aunque en 1936 ya estaba casi liquidada...) tenemos en España un ensayo más democrático, más similar al de países europeos, y americanos, de representación civil, de política ciudadana, de todo un poco. Pero esto es España... y un general, como siempre, monta un golpe de estado que deviene en guerra civil. Que no podíamos pasar un siglo sin tenerla, ya que el XIX tuvimos nada menos que tres y algunas cotas de diversa intensidad.

De 1939 a 1975, entonces, tendremos, según la ideología de cada, un régimen apacible o un sistema violento y despreciable. En todo caso, al estudiante le interesa llegar a éste punto. En 1975 fallece Francisco Franco, Caudillo (nada que ver con los Führer o Conducator o Duces de corte fascista y tal...) y regresa al trono, vacío nominalmente, un Borbón. Que ya había hecho prácticas como buen becario, pero ahora es investido Rey por la Gracia de... la Transición.

¡La Transición! esa sacrosanta experiencia que puede fecharse de 1975 a 1978, momento de aprobación de una Constitución de 169 artículos, disposiciones varias y variopintas, que regirá la Democracia, nombre oficial de la Segunda Restauración Borbónica.

Si la primera duró, más o menos, según los libros de texto, de 1875 a 1923, o hasta 1930 o 31, según otros, la segunda ha durado de 1975 a... 

Y en eso estamos, lector. En ponerle fecha a la Segunda Restauración Borbónica. Pero si has leído hasta aquí, ¿no te dan miedo algunos paralelismos? O la ausencia de algunos rasgos... 

Claro que, como peatón de la Historia que soy, no me creo eso de que un corte de fechas en un libro de texto signifique que las personas de ese momento histórico dejen de ser quienes son y se conviertan en otra cosa. Eso lo dejo para libros de autoayuda o ficción total, no sé, como la Biblia.

Un saludo,