Inauguro una especie de sección positivista, puesto que siempre parezco quejarme de muchas cosas, con éste título tan iluso, perdón, esperanzador.
Lo primero de todo, qué querría yo en un mundo como el nuestro hoy día. Para la vida diaria, se entiende, y para el futuro cuando yo no esté aquí. Bien, primero de todo, el marco temporal... ¿tengo derecho a imponer en el futuro una forma de pensar porque crea que es lo mejor? Quizá es un punto de partida. Como Jefferson, lo mejor sería dejar que cada generación ( si algo tan homogéneo existiera más allá de lo conceptual) eligiera su propio camino y destino. Pero claro, durante su vida ya lo está pensando, por lo cual consumiría parte de su camino en decidir qué y cómo... pero eso es su problema. Yo hablo de lo que querría, no de lo que debería ser.
Así pues, me centro en lo que querría para nuestra vida presente. ¿Nuestra? ¿de todos? "oiga, que a lo mejor usted quiere algo para mí que no es lo que yo quiero", me diría algún (escaso o nulo) lector de los que ésto miran... así que también tengo que circunscribirme a lo que yo deseo.
Pero claro, yo solo deseo cosas que también afecten a los demás, y entonces, estaré conculcando lo anterior... por lo que ya estaría en una traba tal que no merecería la pena continuar. ¿O sí?
Venga, lo que yo querría. Afecte a quien afecte en el momento que le afecte.
Ante todo, que no sean tan mesiánicos y piensen que pueden saber qué quieren todos los demás. Cada cual tiene su espacio de decisión y de libertad para ello, amplia o restringida, pero opción, a fin de cuentas. Por tanto... ¿no quiero querer nada para los demás? sí, algo sí quiero... poder expresarlo, dejarlo caer, a reflexión ajena, y si se convence alguien...
Fin del primer deseo.
Un saludo,
sábado, 16 de mayo de 2009
jueves, 14 de mayo de 2009
Quizá debería ser de otra manera...
¿Quién no ha tenido este pensamiento más de una vez? En el trabajo, cuando nos enfrentamos a alguien cuya forma de trabajar nos parece engorrosa; en la vida, cuando nos comentan algo que no compartimos; en política, cuando escuchamos hablar a los malversadores de lo público; en deportes, al ver a un entrenador sacar a alguien rechazado por nosotros... y decenas más de ejemplos se pueden dar, pero en todos, nos planteamos siempre esa duda... y entonces, ¿qué?
El Anarquismo, como un pariente lejano, el Cinismo griego, planteaba en una de sus muchas interpretaciones la "Acción directa". Quizá menos reflexiva, pero más contundente y esclarecedora. En otros casos, solemos perdernos en éstas marismas del pensamiento sobre los "What if?" que tanto gustan en el mundo anglosajón, esas ucronías del futuro que podrían acabar en una cuidada diacronía en nuestro presente... y no son más que disquisiciones donde la última pregunta es el título inicial de éste escrito.
Quizá deberíamos plantearnos la vida de otra manera, con menos influencia del capitalismo en todo, acaparando sociedad y modelos productivos. Quizá deberíamos cambiar nuestras actitudes en el trabajo, exigiendo mejores derechos e impidiendo que la pobreza de otros conculque los de todos. Quizá deberíamos modificar los comportamientos supersticiosos, irracionales, dejando que la mente ocupara las primeras posiciones en cuanto a la toma de decisiones. Quizá debiéramos disfrutar de la vida en compañía o solitariamente, pero no haciendo de la ajena un lugar inhóspito. Quizá deberíamos dejar de soñar con lo que debería ser y ponernos a hacer algo para que fuera lo que debería ser... o quizá, y eso es lo peor, nuestros sueños sean pesadillas para otros y viceversa. Y eso es lo que impide todo, o lo permite...
Yo suelo estar más en el individualismo que en lo público y formal, con cierta rebeldía que no suelo poder ocultar. Lograr una eufonía social me resulta impracticable, pero no el ejercer cierto impacto a mi alrededor que, de alguna manera, devenga en una vida más feliz y positiva para los que están conmigo. Quizá debería ser de otra manera, no sé...
En todo caso, dejo la reflexión ahí, en el título. Dubitativo, extrañado, ensimismado, no sé cómo desarrollar mejor la misma. Mis palabras, puramente registros de un pensamiento difuso, no puños ni caricias, son limitadas. Quizá debería ser de otra manera...
Un saludo,
El Anarquismo, como un pariente lejano, el Cinismo griego, planteaba en una de sus muchas interpretaciones la "Acción directa". Quizá menos reflexiva, pero más contundente y esclarecedora. En otros casos, solemos perdernos en éstas marismas del pensamiento sobre los "What if?" que tanto gustan en el mundo anglosajón, esas ucronías del futuro que podrían acabar en una cuidada diacronía en nuestro presente... y no son más que disquisiciones donde la última pregunta es el título inicial de éste escrito.
Quizá deberíamos plantearnos la vida de otra manera, con menos influencia del capitalismo en todo, acaparando sociedad y modelos productivos. Quizá deberíamos cambiar nuestras actitudes en el trabajo, exigiendo mejores derechos e impidiendo que la pobreza de otros conculque los de todos. Quizá deberíamos modificar los comportamientos supersticiosos, irracionales, dejando que la mente ocupara las primeras posiciones en cuanto a la toma de decisiones. Quizá debiéramos disfrutar de la vida en compañía o solitariamente, pero no haciendo de la ajena un lugar inhóspito. Quizá deberíamos dejar de soñar con lo que debería ser y ponernos a hacer algo para que fuera lo que debería ser... o quizá, y eso es lo peor, nuestros sueños sean pesadillas para otros y viceversa. Y eso es lo que impide todo, o lo permite...
Yo suelo estar más en el individualismo que en lo público y formal, con cierta rebeldía que no suelo poder ocultar. Lograr una eufonía social me resulta impracticable, pero no el ejercer cierto impacto a mi alrededor que, de alguna manera, devenga en una vida más feliz y positiva para los que están conmigo. Quizá debería ser de otra manera, no sé...
En todo caso, dejo la reflexión ahí, en el título. Dubitativo, extrañado, ensimismado, no sé cómo desarrollar mejor la misma. Mis palabras, puramente registros de un pensamiento difuso, no puños ni caricias, son limitadas. Quizá debería ser de otra manera...
Un saludo,
martes, 12 de mayo de 2009
Vivir...
En las horas insomnes donde no puedes dormir, meditas sobre tu vida y los fracasos, logros y acontecimientos que la han labrado. Sin mucha razón, magnificas momentos del pasado, ensoñaciones de cosas que pudieron ser y no fueron, nostalgias de otras que sí acaecieron, y miedos ante el futuro o, incluso, indiferencias...
Yo sé que no tengo miedo a morirme. Sé que he visto una mínima fracción, que he sentido una escasa parte, que he logrado nada. Sé poco, realmente, pero no impide pensar que un día, cuando llegue la muerte, si es que llega como deseo, la aceptaré como natural. Luego, no habrá nada... un inmenso silencio de la conciencia, un absoluto vacío en lo sensorial... si llega como quiero. Mi deseo es morir rápido, con el menor dolor posible, pero sobre todo, rápido.
¿Acaso alguien que así piensa de la muerte puede sentir la vida de alguna manera? Sí, hace tiempo que he logrado percibirla como una delicada piel repleta de sensaciones, como un misterioso camino a veces, como un sendero de mayo fructíferamente transitado, siempre como un momento donde nada puede aburrir, salvo uno mismo... la vida es tan delicada, tan absoluta, tan relativa, todo... todo ante la nada, y sin embargo, los valores absolutos deben comprenderse, o, si no es así, disfrutarlos mientras se estudian.
Todo, la vida. Nada, la muerte. Sencillo silogismo. Entre medias... yo.
Un saludo,
Yo sé que no tengo miedo a morirme. Sé que he visto una mínima fracción, que he sentido una escasa parte, que he logrado nada. Sé poco, realmente, pero no impide pensar que un día, cuando llegue la muerte, si es que llega como deseo, la aceptaré como natural. Luego, no habrá nada... un inmenso silencio de la conciencia, un absoluto vacío en lo sensorial... si llega como quiero. Mi deseo es morir rápido, con el menor dolor posible, pero sobre todo, rápido.
¿Acaso alguien que así piensa de la muerte puede sentir la vida de alguna manera? Sí, hace tiempo que he logrado percibirla como una delicada piel repleta de sensaciones, como un misterioso camino a veces, como un sendero de mayo fructíferamente transitado, siempre como un momento donde nada puede aburrir, salvo uno mismo... la vida es tan delicada, tan absoluta, tan relativa, todo... todo ante la nada, y sin embargo, los valores absolutos deben comprenderse, o, si no es así, disfrutarlos mientras se estudian.
Todo, la vida. Nada, la muerte. Sencillo silogismo. Entre medias... yo.
Un saludo,
sábado, 9 de mayo de 2009
Internet es fascinante
Nunca he escrito sobre el medio donde plasmo mis inútiles reflexiones, ociosas y muchas veces innecesarias, esa cosa llamada Internet. Me encantaría poder darle forma como hacen en "The IT Crowd", cuando le toman el pelo a la jefa esos frikis tan maravillosos que son Roy y Moss, regalándola "El Internet" para una conferencia suya... pero me temo que no, es algo más difuso, y a la vez, simple.
Internet es una herramienta maravillosa. Para escribir cualquier cosa, en una bitácora, o en un foro, o en cualquier lugar, se alimenta de sí misma. Esto es, ¿quién no visita la wikipedia para cuestiones generales? ¿quién no entra en un periódico digital para no comprar la edición impresa y estar al día? ¿quién no recurre a páginas especializadas en uno u otro tema (imdb o filmaffinity para cine, por ejemplo) para sacar información? ¿quién no va a un foro específico para conocer temas concretos? Se ha convertido en lugar de comunicación de todo, desde lo más nimio hasta lo más oculto, lo cotidiano, lo extraño... baste decir que han florecido aficiones y comunidades de personas antes poco menos que extrañas, raras, gracias a la capacidad de juntarse en un espacio virtual todas ellas... y en un tiempo breve y escaso.
¿Es eso maravilloso? Cierto, conviven los pedófilos con los aficionados al ajedrez, los caníbales con los cuidadores de plantas, los políticos oscuros con los recreacionistas históricos. Hay información de todo tipo, a veces distorsionada (muchas veces) pero siempre con respuestas a todos los temas posibles... San Google ha creado una costumbre peligrosa, "googlear" aquello que desconocemos por pura comodidad. Y salen cientos de páginas siempre de cualquier tema... ¿es eso maravilloso?
Hace tiempo que voy a las bibliotecas, pero también es verdad que, desde que tengo un sueldo más o menos continuado (el primero que tuve lo fundí en libros y CD's de música) lo hago con menos asiduidad... y cuando visito una, descubro que la parroquia es la misma, no hay juventud nueva, salvo aquellos que van a estudiar a la sala de lectura. Igual que me pasa con el basket, que no veo renovación (somos los mismos, supervivientes que van engordando, envejeciendo, abandonando, con los mismos defectos y virtudes...) no veo renovación en las bibliotecas... más mujeres que hombres, sí, pero es lo habitual. Más gente que va a coger pelis o música, pero los estantes de libros van cogiendo polvo... me da miedo eso, porque, en ésta era de cambios, de manipulación, de modificación, un libro, que antes estaba inalterable en la edición que se publicaba (con sus erratas, con sus defectos de papel) era poco menos que sólido y un referente; ahora, ¿qué cuesta tergiversar una frase cambiando el orden de sus palabras, quitando unas y añadiendo otras, desfigurando el texto? cuesta el tiempo que quede para que la memoria del papel y de los que lo leyeron se apague, se extinga, y deje solamente un recuerdo difuso acerca de esas palabras...
Suena a "Fahrenheit 451", ¿verdad? y puede que la maravilla de internet, su fascinación, sea también la ruina de muchas cosas... porque me da miedo el día en que todo en internet sea lo único a consultar; que no haya una biblioteca a la que acudir; que no existan más que ediciones únicas, en el sentido más perverso de la expresión, de aquello que conocíamos antes; que todo, en suma, sea manipulado consciente e inconscientemente, de manera que nunca sepamos, en realidad, qué se quiso decir, cómo y por quién, incluso...
Llamadme paranoico, pero aunque no dudo de la buena voluntad de muchos internautas (jo, al escribirlo pienso en el Eternauta de Oesterheld... y da miedo) y de la capacidad de encontrar gazapos de muchos, de la calidad de la información de la mayoría, no puedo evitar pensar... ¿no puede ser que un día, si no ha llegado ya, la manipulación sea tan eficaz que no nos demos cuenta?
Internet me fascina... como las Cobras antes de morder.
Un saludo,
Internet es una herramienta maravillosa. Para escribir cualquier cosa, en una bitácora, o en un foro, o en cualquier lugar, se alimenta de sí misma. Esto es, ¿quién no visita la wikipedia para cuestiones generales? ¿quién no entra en un periódico digital para no comprar la edición impresa y estar al día? ¿quién no recurre a páginas especializadas en uno u otro tema (imdb o filmaffinity para cine, por ejemplo) para sacar información? ¿quién no va a un foro específico para conocer temas concretos? Se ha convertido en lugar de comunicación de todo, desde lo más nimio hasta lo más oculto, lo cotidiano, lo extraño... baste decir que han florecido aficiones y comunidades de personas antes poco menos que extrañas, raras, gracias a la capacidad de juntarse en un espacio virtual todas ellas... y en un tiempo breve y escaso.
¿Es eso maravilloso? Cierto, conviven los pedófilos con los aficionados al ajedrez, los caníbales con los cuidadores de plantas, los políticos oscuros con los recreacionistas históricos. Hay información de todo tipo, a veces distorsionada (muchas veces) pero siempre con respuestas a todos los temas posibles... San Google ha creado una costumbre peligrosa, "googlear" aquello que desconocemos por pura comodidad. Y salen cientos de páginas siempre de cualquier tema... ¿es eso maravilloso?
Hace tiempo que voy a las bibliotecas, pero también es verdad que, desde que tengo un sueldo más o menos continuado (el primero que tuve lo fundí en libros y CD's de música) lo hago con menos asiduidad... y cuando visito una, descubro que la parroquia es la misma, no hay juventud nueva, salvo aquellos que van a estudiar a la sala de lectura. Igual que me pasa con el basket, que no veo renovación (somos los mismos, supervivientes que van engordando, envejeciendo, abandonando, con los mismos defectos y virtudes...) no veo renovación en las bibliotecas... más mujeres que hombres, sí, pero es lo habitual. Más gente que va a coger pelis o música, pero los estantes de libros van cogiendo polvo... me da miedo eso, porque, en ésta era de cambios, de manipulación, de modificación, un libro, que antes estaba inalterable en la edición que se publicaba (con sus erratas, con sus defectos de papel) era poco menos que sólido y un referente; ahora, ¿qué cuesta tergiversar una frase cambiando el orden de sus palabras, quitando unas y añadiendo otras, desfigurando el texto? cuesta el tiempo que quede para que la memoria del papel y de los que lo leyeron se apague, se extinga, y deje solamente un recuerdo difuso acerca de esas palabras...
Suena a "Fahrenheit 451", ¿verdad? y puede que la maravilla de internet, su fascinación, sea también la ruina de muchas cosas... porque me da miedo el día en que todo en internet sea lo único a consultar; que no haya una biblioteca a la que acudir; que no existan más que ediciones únicas, en el sentido más perverso de la expresión, de aquello que conocíamos antes; que todo, en suma, sea manipulado consciente e inconscientemente, de manera que nunca sepamos, en realidad, qué se quiso decir, cómo y por quién, incluso...
Llamadme paranoico, pero aunque no dudo de la buena voluntad de muchos internautas (jo, al escribirlo pienso en el Eternauta de Oesterheld... y da miedo) y de la capacidad de encontrar gazapos de muchos, de la calidad de la información de la mayoría, no puedo evitar pensar... ¿no puede ser que un día, si no ha llegado ya, la manipulación sea tan eficaz que no nos demos cuenta?
Internet me fascina... como las Cobras antes de morder.
Un saludo,
jueves, 7 de mayo de 2009
Es mi tobillo
Derecho, para ser precisos. Sí, miles de comentarios se pueden hacer; mala pata, el deporte no es sano, estás viejo, lo tuyo tiene delito, ya te vale, qué haces a tu edad jugando al baloncesto...
No voy a hacer una encendida defensa del (único) deporte que me reporta felicidad, euforia y alegrías. Aun siendo del Estu, pensará más de uno... tampoco de la necesidad que tengo de sentir un balón en las manos, de tirarlo y escuchar el "Chof" de la red al meterlo, o de ver el pase antes de hacerlo o recibirlo y sonreír cómplice ante la buena canasta del compañero o la mía... aunque últimamente falle más que una escopeta sin calibrar...
Es mi tobillo el que se ha llevado la peor parte. A mi lado, por suerte, mi amigo Óscar, él ha ejercido de chófer, acompañante, paciente en la sala de Urgencias de un hospital multicultural (mejor no entro en detalles...) y, en definitiva, sufrido colega. A las 3 de la mañana me ha dejado en casa, y tras zamparnos algo de cena (Cris, mi novia, también estaba al quite, esperando, solícita, la pobre, tras un día de trabajo, una semana, bueno, varios meses, infernales...) he intentado dormir... ¡Iluso de mí! dolores, incapacidad de encontrar una postura... luego me tocará ir al médico y que confirme o agrave mi estado...
Hace 10 o 15 años, solía esguinzarme por bruto, por jugar como un carnero embistiendo. O metía el pie en un agujero de la cancha de asfalto duro y machacada de mi barrio, o pisaba a alguien, o, como ayer, en un salto caía mal. Pero era joven... aunque sufrí unos cuantos esguinces, a los tres días estaba andando, tal era la recuperación rápida que disfrutaba. Simplemente, podía posar el pie, caminar, y a los cinco o seis días, incluso correr. Ahora, hace meses, el año pasado, me hice un esguince leve, en el izquierdo, y noté los dolores durante un mes... y éste no tiene buena pinta, si los ligamentos están implicados, y va para largo...
Es mi rodilla, y mi tobillo ahora... mi cuerpo está dándome avisos... "tío, no eres tan joven, pesas más, eres más lento y torpe, aunque coordines movimientos es como ver a Hulk defendiendo a Sergio Rodríguez, ya no tiras tan bien, y aquel 8 de 11 en triples que una vez anotaste es ya un recuerdo de otras épocas... lo más cercano, un 2 de 4 hace un año en tu último partido de liga local... otros se retiraron a los 40, incluso a los 30, y ahora aquellos con los que juegas, el más chico tiene al menos 28 años... todos encorpamos, todos envejecemos (más arrugas, más canas, más peso y más años) y llega un momento en que ni tus piernas, ni tu espalda, ni tus brazos, pueden con el ritmo que antes tenías... aunque cambies resistencia y agilidad por inteligencia y experiencia... ¿lo dejamos?"
No sé qué responder, pero me da joda hacerlo... veremos si puedo salir de ésto, porque el veneno lo tengo en la sangre, y ver partidos mola, pero jugarlos...
Es mi rodilla, es mi tobillo...
Un saludo,
No voy a hacer una encendida defensa del (único) deporte que me reporta felicidad, euforia y alegrías. Aun siendo del Estu, pensará más de uno... tampoco de la necesidad que tengo de sentir un balón en las manos, de tirarlo y escuchar el "Chof" de la red al meterlo, o de ver el pase antes de hacerlo o recibirlo y sonreír cómplice ante la buena canasta del compañero o la mía... aunque últimamente falle más que una escopeta sin calibrar...
Es mi tobillo el que se ha llevado la peor parte. A mi lado, por suerte, mi amigo Óscar, él ha ejercido de chófer, acompañante, paciente en la sala de Urgencias de un hospital multicultural (mejor no entro en detalles...) y, en definitiva, sufrido colega. A las 3 de la mañana me ha dejado en casa, y tras zamparnos algo de cena (Cris, mi novia, también estaba al quite, esperando, solícita, la pobre, tras un día de trabajo, una semana, bueno, varios meses, infernales...) he intentado dormir... ¡Iluso de mí! dolores, incapacidad de encontrar una postura... luego me tocará ir al médico y que confirme o agrave mi estado...
Hace 10 o 15 años, solía esguinzarme por bruto, por jugar como un carnero embistiendo. O metía el pie en un agujero de la cancha de asfalto duro y machacada de mi barrio, o pisaba a alguien, o, como ayer, en un salto caía mal. Pero era joven... aunque sufrí unos cuantos esguinces, a los tres días estaba andando, tal era la recuperación rápida que disfrutaba. Simplemente, podía posar el pie, caminar, y a los cinco o seis días, incluso correr. Ahora, hace meses, el año pasado, me hice un esguince leve, en el izquierdo, y noté los dolores durante un mes... y éste no tiene buena pinta, si los ligamentos están implicados, y va para largo...
Es mi rodilla, y mi tobillo ahora... mi cuerpo está dándome avisos... "tío, no eres tan joven, pesas más, eres más lento y torpe, aunque coordines movimientos es como ver a Hulk defendiendo a Sergio Rodríguez, ya no tiras tan bien, y aquel 8 de 11 en triples que una vez anotaste es ya un recuerdo de otras épocas... lo más cercano, un 2 de 4 hace un año en tu último partido de liga local... otros se retiraron a los 40, incluso a los 30, y ahora aquellos con los que juegas, el más chico tiene al menos 28 años... todos encorpamos, todos envejecemos (más arrugas, más canas, más peso y más años) y llega un momento en que ni tus piernas, ni tu espalda, ni tus brazos, pueden con el ritmo que antes tenías... aunque cambies resistencia y agilidad por inteligencia y experiencia... ¿lo dejamos?"
No sé qué responder, pero me da joda hacerlo... veremos si puedo salir de ésto, porque el veneno lo tengo en la sangre, y ver partidos mola, pero jugarlos...
Es mi rodilla, es mi tobillo...
Un saludo,
lunes, 4 de mayo de 2009
Los perros de ayer
Leo una buena historia de los Cínicos de Carlos García Gual, y primero, por aquello de meterme en materia, me pongo con las "Vidas de filósofos cínicos" de Diógenes Laercio, todo en un volumen de Alianza de esos que condensan en pocas páginas reflexiones y material para pensar un buen rato... o al menos, para pasar un buen rato.
Antes de nada, me llama mucho la atención una frase atribuida a Antístenes; "Las ciudades perecen en el momento en que no saben distinguir a los buenos de los malos". Parece la génesis de una novela negra propia de Dashiell Hammett, Jim Thompson o Raymond Chandler, o más actualmente, de una historia de Carvalho de aquellas que hacía Vázquez-Montalbán, donde ese detective reflexionaba ante una chimenea que encendía siempre con un buen libro de su amplia biblioteca. Solamente por eso, y por mantener las pocas reglas que hay en el género negro, merece ya mi respeto. Pero no divago, regreso a la frase de Antístenes.
Que ya hace 2.500 años se hiciera tal reflexión, sea en boca de Antístenes o de quien sea, dice mucho de lo poco que el ser humano ha logrado en materia de ética, legislación y moralidad. Oh, sí, se puede aducir que en los últimos decenios se han logrado ciertos avances, pero la verdad es que, en toda época y lugar, siempre se ha alzado una voz discordante que denunciaba la verdad; la corrupción del ser humano. Solamente variaban los nombres y los precios, pero la esencia permanece...
Habla mi amigo Óscar en su blog sobre Libertad, preguntándose qué es y por qué tantos la invocan hasta convertirla en palabra muerta. Para mí, el concepto de Libertad es sencillo. Que puedas o no obrar de la manera que sea, sabiéndote responsable de tus actos. Hasta ahí lo fácil. Lo complicado es que exista realmente la Libertad, porque siempre va a estar coartada por muchos y diversos motivos. Pero enumero algunos, dichos antes... la ética, la legislación, la moralidad...
Así pues, la Libertad es como la "Loreta" de "La vida de Brian". Quiere dar a luz, ser madre, ser mujer... pero es hombre. Así que se puede luchar por su derecho a ser Loreta, pero... ¡no puede concebir, no tiene matriz! aunque claro, ahora se podría investigar, aunque solamente fuera por ver qué pasa...
Sigamos. Si no hay Libertad real, entonces... ¿qué pasa? Pues que algunos la buscan y la fuerzan. Mil motivaciones habrá en un hombre para ser corrupto, pero no me negará nadie que también hay una, oculta, soterrada y atractiva; subvertir las normas, reírse de ellas, rebelarse en resumidas cuentas. Eso es lo que nos atrae más de los criminales, de los políticos corruptos, de los mafiosos, de los asesinos, de los que denominamos malvados... que ellos han cruzado el umbral y son lo que tememos ser, los malos, los perseguidos por las brillantes fuerzas de la Ley... y les admiramos. Entonces, ¿son ellos los malos y nosotros los buenos?
¿O quizá somos nosotros los malos y ellos los buenos? en un estado como la Alemania Nazi, muchos ciudadanos estaban convencidos de ser los buenos... de hecho, en la Alemania Guillermina, igualmente ocurría eso (germen de la anterior, la verdad) y no obstaba para que los malos fueran otros. Tú, lector, puedes ser uno de los dos, el malo y el bueno, y por tanto, al confundirlo, al no reconocerlo claramente, al ser tan difusa la frontera y tan borrosos los perfiles... ¡has hecho que caiga tu ciudad!
Los perros ladran a los que van a hacer algo malo contra ellos o sus amos. Así eran los cínicos, decían, cuando ladraban a aquellos iguales. El mundo siempre está ladrando, porque no existen verdades universales en cuanto a moral, ética o legislación, por poner algún ejemplo no sacado del mundo meramente físico. El mundo social, el formado por la interacción de los seres humanos, es un barrizal, un lodo, un fango donde se revuelven en el mismo merengue todos... y las únicas verdades que dan soporte a nuestra moral, a nuestro armazón vital, son aquellas que construimos con el tiempo, la experiencia, el error y cierto azar. No la reflexión, la inteligencia o la duda, ni siquiera lo denominado "bueno" de por sí... y en ese relativismo, no hay Kosmos, solamente... lo que decidamos nosotros.
De los ladridos uno suele huir, porque son verdades, y cuando se pasa al mordisco... pero eso es otra historia.
Ah, y otra gran frase, de las que me van gustando; la mejor dicha para un hombre, según Antístenes, es "Morir feliz"
Lo suscribo.
Un saludo,
Antes de nada, me llama mucho la atención una frase atribuida a Antístenes; "Las ciudades perecen en el momento en que no saben distinguir a los buenos de los malos". Parece la génesis de una novela negra propia de Dashiell Hammett, Jim Thompson o Raymond Chandler, o más actualmente, de una historia de Carvalho de aquellas que hacía Vázquez-Montalbán, donde ese detective reflexionaba ante una chimenea que encendía siempre con un buen libro de su amplia biblioteca. Solamente por eso, y por mantener las pocas reglas que hay en el género negro, merece ya mi respeto. Pero no divago, regreso a la frase de Antístenes.
Que ya hace 2.500 años se hiciera tal reflexión, sea en boca de Antístenes o de quien sea, dice mucho de lo poco que el ser humano ha logrado en materia de ética, legislación y moralidad. Oh, sí, se puede aducir que en los últimos decenios se han logrado ciertos avances, pero la verdad es que, en toda época y lugar, siempre se ha alzado una voz discordante que denunciaba la verdad; la corrupción del ser humano. Solamente variaban los nombres y los precios, pero la esencia permanece...
Habla mi amigo Óscar en su blog sobre Libertad, preguntándose qué es y por qué tantos la invocan hasta convertirla en palabra muerta. Para mí, el concepto de Libertad es sencillo. Que puedas o no obrar de la manera que sea, sabiéndote responsable de tus actos. Hasta ahí lo fácil. Lo complicado es que exista realmente la Libertad, porque siempre va a estar coartada por muchos y diversos motivos. Pero enumero algunos, dichos antes... la ética, la legislación, la moralidad...
Así pues, la Libertad es como la "Loreta" de "La vida de Brian". Quiere dar a luz, ser madre, ser mujer... pero es hombre. Así que se puede luchar por su derecho a ser Loreta, pero... ¡no puede concebir, no tiene matriz! aunque claro, ahora se podría investigar, aunque solamente fuera por ver qué pasa...
Sigamos. Si no hay Libertad real, entonces... ¿qué pasa? Pues que algunos la buscan y la fuerzan. Mil motivaciones habrá en un hombre para ser corrupto, pero no me negará nadie que también hay una, oculta, soterrada y atractiva; subvertir las normas, reírse de ellas, rebelarse en resumidas cuentas. Eso es lo que nos atrae más de los criminales, de los políticos corruptos, de los mafiosos, de los asesinos, de los que denominamos malvados... que ellos han cruzado el umbral y son lo que tememos ser, los malos, los perseguidos por las brillantes fuerzas de la Ley... y les admiramos. Entonces, ¿son ellos los malos y nosotros los buenos?
¿O quizá somos nosotros los malos y ellos los buenos? en un estado como la Alemania Nazi, muchos ciudadanos estaban convencidos de ser los buenos... de hecho, en la Alemania Guillermina, igualmente ocurría eso (germen de la anterior, la verdad) y no obstaba para que los malos fueran otros. Tú, lector, puedes ser uno de los dos, el malo y el bueno, y por tanto, al confundirlo, al no reconocerlo claramente, al ser tan difusa la frontera y tan borrosos los perfiles... ¡has hecho que caiga tu ciudad!
Los perros ladran a los que van a hacer algo malo contra ellos o sus amos. Así eran los cínicos, decían, cuando ladraban a aquellos iguales. El mundo siempre está ladrando, porque no existen verdades universales en cuanto a moral, ética o legislación, por poner algún ejemplo no sacado del mundo meramente físico. El mundo social, el formado por la interacción de los seres humanos, es un barrizal, un lodo, un fango donde se revuelven en el mismo merengue todos... y las únicas verdades que dan soporte a nuestra moral, a nuestro armazón vital, son aquellas que construimos con el tiempo, la experiencia, el error y cierto azar. No la reflexión, la inteligencia o la duda, ni siquiera lo denominado "bueno" de por sí... y en ese relativismo, no hay Kosmos, solamente... lo que decidamos nosotros.
De los ladridos uno suele huir, porque son verdades, y cuando se pasa al mordisco... pero eso es otra historia.
Ah, y otra gran frase, de las que me van gustando; la mejor dicha para un hombre, según Antístenes, es "Morir feliz"
Lo suscribo.
Un saludo,
sábado, 25 de abril de 2009
Un par de cines
Normalmente, suelo ir una vez por semana al cine con mi amigo Óscar. Vemos una película que sea divertida, alimenticia, curiosa, cutre, divertida... ayer jueves tocó la de "Señales del futuro" de Alex Proyas, de quien "Dark City" en su día me encantó, por atmósfera, principalmente... muy similar al juego de rol "Kult", inquietante, apocalíptico, generador de desasosiego y terrorífico a ratos. La cuestión es que la película, con el acartonado sobrino de Coppola, me resultó cuando menos interesante, ambigua y a ratos muy buena. La ambigüedad venía del trato al planteamiento en dos posibilidades sobre la existencia del hombre y el Universo; o determinista o probabilística... la primera, por supuesto, aparece rechazada por el protagonista, profe de física del MIT, pero por motivos personales. La segunda, que parece triunfar, yo la veo sin embargo como trucada y hábilmente dejada de lado en la respuesta final. A pesar de todo lo que sucede, de los parecidos con cierto libro de ciencia ficción que llaman en griego "libro de libros", y de los guiños cómplices a ciertas sectas, me decanto por la explicación probabilística... azar, puro azar. Y como dice un compañero suyo, más o menos, en cierto momento, "en los números puedes encontrar todo las respuestas que desees que estén, pero no las que hay en verdad..."
En suma, otra historia que, con visos de realidad (tiene momentos supremos, como el accidente aéreo) y una nueva visión apocalíptica (dejando de lado la Guerra Fría, que creó miedos nucleares, con mutaciones y escenarios post-bomba) basada en el fin del mundo por el deterioro de los ecosistemas, nos llega para dialogar con nuestros eternos miedos. Pero esa la visioné con Óscar...
Hoy viernes, he ido con Cristina a ver otra, una de Clive Owen llamada "The International" (ya ni traducen los títulos) en donde éste es un agente de la Interpol, ex de Scotland Yard (de donde venían Lestrade y otras lumbreras...) y obsesionado con hundir un banco que encarna los males del mundo; tráfico de armas, explotación de países del llamado "tercer mundo" y otras iniquidades similares. "Cara de palo" Owen (bueno, no es un insulto, Buster Keaton también portaba dicho apodo..." busca justicia en términos eternos, incorruptibles y universales, y se encuentra que la única cosa que vale es la venganza. Y ya está... porque la película, un entretenimiento con acción, algunas cosas curiosas y poco más, lo mejor que tiene es el enfrentamiento entre poderes fácticos, sin caer en la "conspiranoia" de muchas otras (el 11-M, sin ir más lejos...) aunque la perfile, para mostrar cómo, al final, todo queda "en familia", sin coñas...
En suma, mundo más cínico y menos inocente e ingenuo, me ha dicho mi Cris hoy. Es cierto, hemos perdido inocencia, y el humor de antes es ahora cinismo. Sarcasmo a veces, ironía las menos, cinismo las más... el mundo ya sabe que hay un destino; la muerte de todo. De las personas, de los lugares, de las memorias, de los valores. Y en el nihilismo subyacente a dicho pensamiento, soterrado pero real, que circula como sangre por las venas, o mierda por las alcantarillas, está la respuesta; nada vale todo, y todo vale nada. En suma, las cosas valen lo que nosotros las valoremos. Y quizá, cuando llegue el fin del mundo o de mi mundo, ya sea por un apocalipsis medioambiental, o por una guerra provocada por un banco cualquiera, espero que me pille, como buen ciudadano del siglo XXI que debo ser, en una buena orgía o en su defecto, fiesta de completa exaltación de los placeres.
Porque al final, la vida es efímera, el placer también lo es y todo se acaba en algún momento, por bueno o malo que sea para nosotros...
Un saludo,
En suma, otra historia que, con visos de realidad (tiene momentos supremos, como el accidente aéreo) y una nueva visión apocalíptica (dejando de lado la Guerra Fría, que creó miedos nucleares, con mutaciones y escenarios post-bomba) basada en el fin del mundo por el deterioro de los ecosistemas, nos llega para dialogar con nuestros eternos miedos. Pero esa la visioné con Óscar...
Hoy viernes, he ido con Cristina a ver otra, una de Clive Owen llamada "The International" (ya ni traducen los títulos) en donde éste es un agente de la Interpol, ex de Scotland Yard (de donde venían Lestrade y otras lumbreras...) y obsesionado con hundir un banco que encarna los males del mundo; tráfico de armas, explotación de países del llamado "tercer mundo" y otras iniquidades similares. "Cara de palo" Owen (bueno, no es un insulto, Buster Keaton también portaba dicho apodo..." busca justicia en términos eternos, incorruptibles y universales, y se encuentra que la única cosa que vale es la venganza. Y ya está... porque la película, un entretenimiento con acción, algunas cosas curiosas y poco más, lo mejor que tiene es el enfrentamiento entre poderes fácticos, sin caer en la "conspiranoia" de muchas otras (el 11-M, sin ir más lejos...) aunque la perfile, para mostrar cómo, al final, todo queda "en familia", sin coñas...
En suma, mundo más cínico y menos inocente e ingenuo, me ha dicho mi Cris hoy. Es cierto, hemos perdido inocencia, y el humor de antes es ahora cinismo. Sarcasmo a veces, ironía las menos, cinismo las más... el mundo ya sabe que hay un destino; la muerte de todo. De las personas, de los lugares, de las memorias, de los valores. Y en el nihilismo subyacente a dicho pensamiento, soterrado pero real, que circula como sangre por las venas, o mierda por las alcantarillas, está la respuesta; nada vale todo, y todo vale nada. En suma, las cosas valen lo que nosotros las valoremos. Y quizá, cuando llegue el fin del mundo o de mi mundo, ya sea por un apocalipsis medioambiental, o por una guerra provocada por un banco cualquiera, espero que me pille, como buen ciudadano del siglo XXI que debo ser, en una buena orgía o en su defecto, fiesta de completa exaltación de los placeres.
Porque al final, la vida es efímera, el placer también lo es y todo se acaba en algún momento, por bueno o malo que sea para nosotros...
Un saludo,
martes, 21 de abril de 2009
Reflexiones variadas
Hoy es día de regreso a la rutina, la vuelta al pescante del carro mal conducido hacia algún sitio por caminos ignotos. Por eso no tengo ideas estructuradas, ni siquiera un hilo argumental a usar como excusa. Escribo, simplemente, por necesidad. Y gusto.
Mi trabajo habitual no me da ninguna alegría, lo admito. Mi vida recobra plenitud cuando estoy inmerso en alguna de mis aficiones, demasiadas, me temo. Hace un par de semanas, pude jugar una partida de rol en vivo. ¡Qué frívolo! puede ser, pero lo disfruté, me divertí, reí, experimenté sensaciones adormecidas u olvidadas... qué gusto. Hace menos de una semana, he desfilado con el grupo de reconstrucción y los miembros de la Asociación a que pertenezco por Roma. A pesar de que el Tíber decidió caernos encima, fue una experiencia que no puedo dejar de agradecer. Festival, carnaval, pero también un momento para disfrutar, recorrer la ciudad y volver a sitios conocidos y descubrir otros que quedaron en el tintero.
Me gusta viajar, está claro. Me encanta la historia, leer sobre ella, participar en la reconstrucción, parcial, ínfima, fragmentaria, incompleta, de un período, la Roma republicana. También la de Grecia, no en vano estoy ya en otro grupo más... me encanta, vamos. También jugar al rol, aunque últimamente, mi grupo habitual se me hace quizá un tanto más conocido, y por eso la novedad del rol en vivo me ha despertado las ganas de variar de gente y formas de juego, o refrescar las que ya tenemos. Adoro el baloncesto, si bien lo practico cada vez menos, por mi mala forma física, y lo veo cuando puedo, como éste sábado, en que espero que la leyenda del Estu se agrande y en temporada mala como ésta gane a los del Madrid... y disfruto pasando ratos sin tiempo con la gente, con mi gato, y, cómo no, con Cristina, que aun no sé cómo calificarla (no es "mi" chica, porque no la poseo... ¡menuda es!)
Mi trabajo, reitero, me aburre, me resulta insípido y no es más que una molestia para poder seguir viviendo a mi aire. Si por mí fuera, no iría ni un día, y desde luego, no tendría nostalgia de él ni de nada de lo que le rodea. Empero, trato de hacerlo lo más soportable posible, y si las microrrevoluciones que propugna Onfray son posibles, qué mejor ambiente para iniciarlas que en el trabajo.
Vana y aburrida vida burguesa, pensará más de uno al que le responderé que, personalmente, me da igual su reflexión. Sé que éste mundo está podrido, que tengo más privilegios que muchos, que disfruto de una posición desahogada, que tengo fortuna y felicidad envidiada por otros... ¿y? mi insatisfacción personal no está únicamente en lo que cuento.
A veces siento que las personas somos capaces de muchas cosas. Pero eso siempre implica renunciar a otras. Esto es, podemos ser grandes estadistas, al precio de perder dignidad, de no atender a nuestros seres queridos como querríamos, de ser odiados por muchos... podemos ser grandes escritores, al precio anterior, más el de no llegar a tener faz pública... podemos ser grandes benefactores de la humanidad, al precio de renunciar a la comodidad, a la buena vida... la renuncia, tan querida por algunos, es para mí una cuestión improbable, pero no imposible. Puedo renunciar a pequeñas cosas, incluso a grandes cosas, si las circunstancias lo exigen, pero no lo haré voluntariamente salvo que piense que debo hacerlo. Puedo partir de cero; mañana podría estar sin muchas cosas, y no sentiría que he perdido, al contrario. Sentiría que es una nueva oportunidad para empezar algo diferente. Llevo tiempo sin darme golpes fuertes con la vida (si bien a veces me he llevado algún pescozón, para que no me olvide y quede insensible a la misma) y quizá los echo de menos... la desgracia, la infelicidad, un poco de amargura... no los quiero, pero los añoro en parte... es compleja la forma de pensar que expongo, pero igual que Rutger Hauer, "Roy Batty" en Blade Runner, necesitaba traspasar su mano con un clavo para seguir sintiendo la vida, con todo su dolor, yo quizá necesito algo así... el deporte, con el que siento una identificación más propia de Garfield que de un atleta de Pentatlón, es uno de los acicates. Puede que volver a estudiar una oposición (un castigo mental de proporciones insufribles...) sea otro...
Desde luego, otra cosa que ha hecho el tiempo en mí, y no solamente mella, como dirá el típico periodistucho (ah, otra de mis reflexiones; perdonen la digresión, pero ¿ya nadie sabe escribir en España? se nota y mucho la llegada de las generaciones de los menores de 25 años a la prensa, a los medios de comunicación en general... la expresión de ideas, de conceptos, de sucesos, de hechos, de sensaciones... todo eso se está perdiendo gracias a los nuevos y mal preparados alumnos que, poco a poco, se han ido formando con limitaciones impuestas desde arriba... "haber" si no de qué ahora nos encontramos gente en apariencia inteligente que resulta incapaz de contar un hecho adecuadamente... perdón por el malévolo guiño...) digo, periodistucho, por retomar el hilo, el tiempo ha logrado que pase más por el tamiz las relaciones que mantengo con muchas personas. Si antaño ciertos amigos lo eran, ahora no son más que recuerdos vagos e imprecisos, a veces incluso molestos y negativos. Otros que pensaba mal amigos o enemigos, resultaron ser al menos honestos y capaces de percibir en mí mi verdadero ser, y ahora me son gratos y cordiales. Y muchas personas de las que sospechaba su esencia, ya fuera ésta huera, malévola, incapaz o cualquier otro adjetivo negativo, simplemente lo han confirmado. Poco cambian las personas, me temo, y como mucho, adquieren habilidad con el tiempo para enmascarar mejor su ser, para expresarse con más capacidad o para hacer cosas nuevas de diferente índole, pero su esencia, aquella que se formó en la infancia, en la juventud, apenas cambia. Y como decía mi madre, sabia leonesa, mujer instruida en la escuela de su vida, que no en las públicas o privadas, que buscaba siempre la palabra adecuada para encajarla en la frase más cercana a su pensamiento, "obras son amores, y no buenas razones". Proverbio soberbio, cacofónico o aliterado, según se quiera leer...
En mi limitación, he intentado exponer algunas de las reflexiones que hoy me han venido a la mente y que he atrapado como escurridizas ranas en la charca de mi mente para convertirlas en cagarrutas de mosca propias de un juntaletras como yo. No dejo de escuchar entre mis oídos esa canción de Discépolo que me parece epítome de todo, la que comienza con "Que el mundo es una porquería ya lo sé... en el 506 y en el 2000 también..."
Ah, y otra reflexión. Alguno que lee esto me dice que escribo bien. Gracias por el piropo, aunque sea más elogio bienintencionado que realidad. Otros me dicen que no sé escribir para según qué nivel sea del lector, pues trufo de palabros raros mis textos y salpico con cultismo u ocultismos varios el mismo, a lo cual diré que si no se tiene capacidad para entenderlo, pues se pilla el diccionario y arreando, como he hecho yo en más de una ocasión (y continúo... cómo adoro mi "María Moliner", regalo de una gran mujer... ¡Cristina! a la que quiero y no tengo reparo en decirlo, otra digresión más... mujer como ella no conozco alguna, con decenas de atractivos...) y no es motivo de desdoro. Los más ni lo leerán, para qué... las reflexiones obtusas de un pretendido "intelectual" o "pensador" que no tiene más que pose y algo de vocabulario... en todo caso, digo esto en alto, para todos; me resulta indiferente.
Y así, en la pequeñez de un cuarto matruchero, de la vida burguesa, urbanita, funcionaria, inquieta, sí, pero acomodada al cabo, termino mi texto de hoy, por hoy, pedacito más de vida misántropa, y me retiro a la lectura de cómo en 1916 se mataban en Europa y aledaños unos cuantos millones de seres por motivos varios. Es apasionante...
Un saludo,
Mi trabajo habitual no me da ninguna alegría, lo admito. Mi vida recobra plenitud cuando estoy inmerso en alguna de mis aficiones, demasiadas, me temo. Hace un par de semanas, pude jugar una partida de rol en vivo. ¡Qué frívolo! puede ser, pero lo disfruté, me divertí, reí, experimenté sensaciones adormecidas u olvidadas... qué gusto. Hace menos de una semana, he desfilado con el grupo de reconstrucción y los miembros de la Asociación a que pertenezco por Roma. A pesar de que el Tíber decidió caernos encima, fue una experiencia que no puedo dejar de agradecer. Festival, carnaval, pero también un momento para disfrutar, recorrer la ciudad y volver a sitios conocidos y descubrir otros que quedaron en el tintero.
Me gusta viajar, está claro. Me encanta la historia, leer sobre ella, participar en la reconstrucción, parcial, ínfima, fragmentaria, incompleta, de un período, la Roma republicana. También la de Grecia, no en vano estoy ya en otro grupo más... me encanta, vamos. También jugar al rol, aunque últimamente, mi grupo habitual se me hace quizá un tanto más conocido, y por eso la novedad del rol en vivo me ha despertado las ganas de variar de gente y formas de juego, o refrescar las que ya tenemos. Adoro el baloncesto, si bien lo practico cada vez menos, por mi mala forma física, y lo veo cuando puedo, como éste sábado, en que espero que la leyenda del Estu se agrande y en temporada mala como ésta gane a los del Madrid... y disfruto pasando ratos sin tiempo con la gente, con mi gato, y, cómo no, con Cristina, que aun no sé cómo calificarla (no es "mi" chica, porque no la poseo... ¡menuda es!)
Mi trabajo, reitero, me aburre, me resulta insípido y no es más que una molestia para poder seguir viviendo a mi aire. Si por mí fuera, no iría ni un día, y desde luego, no tendría nostalgia de él ni de nada de lo que le rodea. Empero, trato de hacerlo lo más soportable posible, y si las microrrevoluciones que propugna Onfray son posibles, qué mejor ambiente para iniciarlas que en el trabajo.
Vana y aburrida vida burguesa, pensará más de uno al que le responderé que, personalmente, me da igual su reflexión. Sé que éste mundo está podrido, que tengo más privilegios que muchos, que disfruto de una posición desahogada, que tengo fortuna y felicidad envidiada por otros... ¿y? mi insatisfacción personal no está únicamente en lo que cuento.
A veces siento que las personas somos capaces de muchas cosas. Pero eso siempre implica renunciar a otras. Esto es, podemos ser grandes estadistas, al precio de perder dignidad, de no atender a nuestros seres queridos como querríamos, de ser odiados por muchos... podemos ser grandes escritores, al precio anterior, más el de no llegar a tener faz pública... podemos ser grandes benefactores de la humanidad, al precio de renunciar a la comodidad, a la buena vida... la renuncia, tan querida por algunos, es para mí una cuestión improbable, pero no imposible. Puedo renunciar a pequeñas cosas, incluso a grandes cosas, si las circunstancias lo exigen, pero no lo haré voluntariamente salvo que piense que debo hacerlo. Puedo partir de cero; mañana podría estar sin muchas cosas, y no sentiría que he perdido, al contrario. Sentiría que es una nueva oportunidad para empezar algo diferente. Llevo tiempo sin darme golpes fuertes con la vida (si bien a veces me he llevado algún pescozón, para que no me olvide y quede insensible a la misma) y quizá los echo de menos... la desgracia, la infelicidad, un poco de amargura... no los quiero, pero los añoro en parte... es compleja la forma de pensar que expongo, pero igual que Rutger Hauer, "Roy Batty" en Blade Runner, necesitaba traspasar su mano con un clavo para seguir sintiendo la vida, con todo su dolor, yo quizá necesito algo así... el deporte, con el que siento una identificación más propia de Garfield que de un atleta de Pentatlón, es uno de los acicates. Puede que volver a estudiar una oposición (un castigo mental de proporciones insufribles...) sea otro...
Desde luego, otra cosa que ha hecho el tiempo en mí, y no solamente mella, como dirá el típico periodistucho (ah, otra de mis reflexiones; perdonen la digresión, pero ¿ya nadie sabe escribir en España? se nota y mucho la llegada de las generaciones de los menores de 25 años a la prensa, a los medios de comunicación en general... la expresión de ideas, de conceptos, de sucesos, de hechos, de sensaciones... todo eso se está perdiendo gracias a los nuevos y mal preparados alumnos que, poco a poco, se han ido formando con limitaciones impuestas desde arriba... "haber" si no de qué ahora nos encontramos gente en apariencia inteligente que resulta incapaz de contar un hecho adecuadamente... perdón por el malévolo guiño...) digo, periodistucho, por retomar el hilo, el tiempo ha logrado que pase más por el tamiz las relaciones que mantengo con muchas personas. Si antaño ciertos amigos lo eran, ahora no son más que recuerdos vagos e imprecisos, a veces incluso molestos y negativos. Otros que pensaba mal amigos o enemigos, resultaron ser al menos honestos y capaces de percibir en mí mi verdadero ser, y ahora me son gratos y cordiales. Y muchas personas de las que sospechaba su esencia, ya fuera ésta huera, malévola, incapaz o cualquier otro adjetivo negativo, simplemente lo han confirmado. Poco cambian las personas, me temo, y como mucho, adquieren habilidad con el tiempo para enmascarar mejor su ser, para expresarse con más capacidad o para hacer cosas nuevas de diferente índole, pero su esencia, aquella que se formó en la infancia, en la juventud, apenas cambia. Y como decía mi madre, sabia leonesa, mujer instruida en la escuela de su vida, que no en las públicas o privadas, que buscaba siempre la palabra adecuada para encajarla en la frase más cercana a su pensamiento, "obras son amores, y no buenas razones". Proverbio soberbio, cacofónico o aliterado, según se quiera leer...
En mi limitación, he intentado exponer algunas de las reflexiones que hoy me han venido a la mente y que he atrapado como escurridizas ranas en la charca de mi mente para convertirlas en cagarrutas de mosca propias de un juntaletras como yo. No dejo de escuchar entre mis oídos esa canción de Discépolo que me parece epítome de todo, la que comienza con "Que el mundo es una porquería ya lo sé... en el 506 y en el 2000 también..."
Ah, y otra reflexión. Alguno que lee esto me dice que escribo bien. Gracias por el piropo, aunque sea más elogio bienintencionado que realidad. Otros me dicen que no sé escribir para según qué nivel sea del lector, pues trufo de palabros raros mis textos y salpico con cultismo u ocultismos varios el mismo, a lo cual diré que si no se tiene capacidad para entenderlo, pues se pilla el diccionario y arreando, como he hecho yo en más de una ocasión (y continúo... cómo adoro mi "María Moliner", regalo de una gran mujer... ¡Cristina! a la que quiero y no tengo reparo en decirlo, otra digresión más... mujer como ella no conozco alguna, con decenas de atractivos...) y no es motivo de desdoro. Los más ni lo leerán, para qué... las reflexiones obtusas de un pretendido "intelectual" o "pensador" que no tiene más que pose y algo de vocabulario... en todo caso, digo esto en alto, para todos; me resulta indiferente.
Y así, en la pequeñez de un cuarto matruchero, de la vida burguesa, urbanita, funcionaria, inquieta, sí, pero acomodada al cabo, termino mi texto de hoy, por hoy, pedacito más de vida misántropa, y me retiro a la lectura de cómo en 1916 se mataban en Europa y aledaños unos cuantos millones de seres por motivos varios. Es apasionante...
Un saludo,
lunes, 20 de abril de 2009
Roma
Acabo de volver de la capital italiana, lugar sugestivo, presuntamente eterno y centro de muchas cosas, no todas buenas. Y sigo con la misma impresión de la última vez; ciudad caótica y abigarrada, aunque despreocupada, plena de vida, palpitante, única. Los turistas, casi ahogando a los nativos, suponen una barrera (como en todo viaje) para penetrar y comprender la vida del momento, ese inaprensible pedazo que siempre fluye a nuestro alrededor. El idioma, otra barrera, pero mínima, hace el regreso a instintos primarios más acogedor, a la fuente misma de la comunicación. Todos los sentimientos, tan desordenados como el tráfico romano, se agolpan y salen después, una vez ha pasado el marasmo de la visita.
Quedan impresiones; volver a pasear por la vía de los foros, despropósito fascista, contemplando a ambos lados restos de las ampliaciones de lo que una vez fuera ciénaga. Como una cicatriz en el suelo, de cuando en cuando éste vomita restos de una calidad insuperable, pegados a la ciudad de manera inextricable. El foro clásico, el Anfiteatro Flavio, los distintos arcos de Constantino, Tito o Septimio; paseando por una calle densa en tráfico humano y rodado, otro complejo de templos ocupado por felinos temibles; saliendo de las zonas más turísticas, encontrar un templo, un circo o una iglesia superpuesta a un templo, aunque no menos escandaloso que el aprovechamiento de un teatro para hacerse casas encima; pasear por las calles y pasar de la maravilla de la Fontana di Trevi para sentir el vuelco en el corazón cuando la majestuosa y pesada forma del Panteón aparece de pronto, y entrar, tratando de obviar los postizos católicos, para contemplar la pureza de la cúpula y la sencillez y genialidad de su arquitectura... Roma es eso, y más, mucho más; el barrio judío, con singularidades propias de quien adapta el lugar a su vida o su vida al lugar, el bohemio y relajado barrio del campo de las flores, reducto del buen vivir, o las ajetreadas y demasiado modernas calles entre la Plaza del Pueblo y la de España... perderse también entre los árboles en primavera por los jardines de los Borghese es un privilegio, como poder contemplar tres de las obras maestras de Bernini; su David cargando la honda, el Apolo que no quiere perder a Dafne o la Proserpina en cuyos muslos hinca los dedos el terrible Plutón...
Impresiones acentuadas por la sugestión y el sueño, el cansancio de caminar y la vida nocturna de terrazas, cafés, restaurantes, vendedores ambulantes (molestos) y muchedumbres, siempre, en todas partes...
Roma es una ciudad no sé si eterna, no sé si tan bella como creemos que fue, ni sé si tan especial como para tenerla siempre presente... pero es Roma... y el sueño que me provoca, cuando menos, ya la hace especial.
Y como todo se ha dicho, todo escrito, todo contado, terminaré con una simple reflexión; los lugares no son, los creamos nosotros... casi siempre.
Un saludo,
Quedan impresiones; volver a pasear por la vía de los foros, despropósito fascista, contemplando a ambos lados restos de las ampliaciones de lo que una vez fuera ciénaga. Como una cicatriz en el suelo, de cuando en cuando éste vomita restos de una calidad insuperable, pegados a la ciudad de manera inextricable. El foro clásico, el Anfiteatro Flavio, los distintos arcos de Constantino, Tito o Septimio; paseando por una calle densa en tráfico humano y rodado, otro complejo de templos ocupado por felinos temibles; saliendo de las zonas más turísticas, encontrar un templo, un circo o una iglesia superpuesta a un templo, aunque no menos escandaloso que el aprovechamiento de un teatro para hacerse casas encima; pasear por las calles y pasar de la maravilla de la Fontana di Trevi para sentir el vuelco en el corazón cuando la majestuosa y pesada forma del Panteón aparece de pronto, y entrar, tratando de obviar los postizos católicos, para contemplar la pureza de la cúpula y la sencillez y genialidad de su arquitectura... Roma es eso, y más, mucho más; el barrio judío, con singularidades propias de quien adapta el lugar a su vida o su vida al lugar, el bohemio y relajado barrio del campo de las flores, reducto del buen vivir, o las ajetreadas y demasiado modernas calles entre la Plaza del Pueblo y la de España... perderse también entre los árboles en primavera por los jardines de los Borghese es un privilegio, como poder contemplar tres de las obras maestras de Bernini; su David cargando la honda, el Apolo que no quiere perder a Dafne o la Proserpina en cuyos muslos hinca los dedos el terrible Plutón...
Impresiones acentuadas por la sugestión y el sueño, el cansancio de caminar y la vida nocturna de terrazas, cafés, restaurantes, vendedores ambulantes (molestos) y muchedumbres, siempre, en todas partes...
Roma es una ciudad no sé si eterna, no sé si tan bella como creemos que fue, ni sé si tan especial como para tenerla siempre presente... pero es Roma... y el sueño que me provoca, cuando menos, ya la hace especial.
Y como todo se ha dicho, todo escrito, todo contado, terminaré con una simple reflexión; los lugares no son, los creamos nosotros... casi siempre.
Un saludo,
martes, 14 de abril de 2009
"Serenos, alegres, valientes, osados..."
Hoy ha vuelto a pasar otro día de aniversario, el 78, de la llegada oficial de aquella II República que todos prefieren ya olvidar. Enterrada por unos, vencida por otros, malinterpretada y malgastada por muchos, es ya una efeméride nostálgica, un jalón tan teatral como Casa Pepe en Despeñaperros. La llegada de aquel régimen destruido en una mezcla sangrienta de rebelión y revolución fue acogida con ilusión y entusiasmo, con esperanza, con gusto. Hoy no es más que una página en los libros, una excusa para hablar de temas actuales y una mala memoria para todos.
¿Mala? No tanto. En sordina se ha aprendido mucho de aquel régimen y aquellos momentos. Hoy vivimos muchos de sus logros como propios de generaciones posteriores, pero no es así. Fue de hombres que llevaban peleando contra la historia patria desde mucho antes de nacer nosotros. Regeneracionistas, la mayor parte, querían un sistema que les aproximara a Europa, al mundo; un empuje social, un cambio de mentalidad, una nueva forma de ser españoles.
Hoy, sin embargo, los más sensatos lo dejan como un recuerdo aparcado, como una nostálgica tarde de jueves en otoño, sentados en el parque, viendo las hojas volando. Se centran en el aquí y ahora, en el momento, sin reconocer que muchos de los problemas de entonces los seguimos teniendo ahora.
Soy republicano, creo que eso es evidente. No albergo esperanzas de ver una bandera de la III República Española ondeando en lugares oficiales. La burocracia pública se ha encargado de hacer eso inamovible, junto con otros muchos elementos. Pero sí a tener una Res Pública en un sistema que se pueda llamar como se quiera. Ya el Quijote la mencionaba en cuanto a cómo dirigir y ordenar sus asuntos, y desde los tiempos en que ser español era algo indefinible, se ha buscado siempre gobernar lo ingobernable, en palabras de más de un desencantado intelectual. Pero quizá, quizá, se pueda luchar por una serie de valores que estaban allí, entonces. Una sociedad más justa, sí. Un sistema social de educación y sanidad, de empleo, equitativo, suficiente y capaz. Un gobierno lo más democrático posible, con la participación de los ciudadanos. Esa sería mi República... en lo ideal.
Serenos, esto es, apacibles, sin perturbaciones sentimentales ni turbación alguna... alegres, sonriendo a un futuro ignoto... valientes, sin temor a lo que pueda o deba llegar... y osados, atrevidos, descarados... creo que es una receta de triunfo, de victoria, que nunca envejece.
Y no nos equivoquemos; se puede ser de muchas ideologías diferentes y ser republicano. Que no lo secuestren un puño en alto o varias consignas facilonas... y desde luego, separando las religiones del Estado, que, como todos sabemos, aunque queramos negarlo aun hoy, influyen, y mucho, en nuestra vida, acervo y decisiones.
"¡Volemos, que el libre
por siempre ha sabido
al siervo rendido
la frente humillar."
¿Mala? No tanto. En sordina se ha aprendido mucho de aquel régimen y aquellos momentos. Hoy vivimos muchos de sus logros como propios de generaciones posteriores, pero no es así. Fue de hombres que llevaban peleando contra la historia patria desde mucho antes de nacer nosotros. Regeneracionistas, la mayor parte, querían un sistema que les aproximara a Europa, al mundo; un empuje social, un cambio de mentalidad, una nueva forma de ser españoles.
Hoy, sin embargo, los más sensatos lo dejan como un recuerdo aparcado, como una nostálgica tarde de jueves en otoño, sentados en el parque, viendo las hojas volando. Se centran en el aquí y ahora, en el momento, sin reconocer que muchos de los problemas de entonces los seguimos teniendo ahora.
Soy republicano, creo que eso es evidente. No albergo esperanzas de ver una bandera de la III República Española ondeando en lugares oficiales. La burocracia pública se ha encargado de hacer eso inamovible, junto con otros muchos elementos. Pero sí a tener una Res Pública en un sistema que se pueda llamar como se quiera. Ya el Quijote la mencionaba en cuanto a cómo dirigir y ordenar sus asuntos, y desde los tiempos en que ser español era algo indefinible, se ha buscado siempre gobernar lo ingobernable, en palabras de más de un desencantado intelectual. Pero quizá, quizá, se pueda luchar por una serie de valores que estaban allí, entonces. Una sociedad más justa, sí. Un sistema social de educación y sanidad, de empleo, equitativo, suficiente y capaz. Un gobierno lo más democrático posible, con la participación de los ciudadanos. Esa sería mi República... en lo ideal.
Serenos, esto es, apacibles, sin perturbaciones sentimentales ni turbación alguna... alegres, sonriendo a un futuro ignoto... valientes, sin temor a lo que pueda o deba llegar... y osados, atrevidos, descarados... creo que es una receta de triunfo, de victoria, que nunca envejece.
Y no nos equivoquemos; se puede ser de muchas ideologías diferentes y ser republicano. Que no lo secuestren un puño en alto o varias consignas facilonas... y desde luego, separando las religiones del Estado, que, como todos sabemos, aunque queramos negarlo aun hoy, influyen, y mucho, en nuestra vida, acervo y decisiones.
"¡Volemos, que el libre
por siempre ha sabido
al siervo rendido
la frente humillar."
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