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lunes, 4 de junio de 2012

Compartimentos

Somos ordenados. Tenemos un armario para la ropa, si es posible, dos lugares, uno para la de verano y otra para la de invierno. También tenemos una librería para los libros, puestos siempre con algún orden; por colores, formas, tamaños, temáticas, editoriales, autores, leídos y no leídos o, simplemente, ocupando espacios. Desde luego, ordenamos las tarjetas de crédito y el dinero y los billetes de metro y los carnés en la cartera. El bolso de una mujer es un tanto más complejo, pero también lo tienen ordenado. En la cocina de casa, sabemos dónde están las sartenes, dónde los platos y vasos, en qué lugar las cacerolas. Hay cajones para guardar calcetines y ropa interior, corbatas, medias y más prendas. Cajones, armarios, baldas, estantes...

En el medio físico solemos conocer dónde tenemos cada pertenencia. Nuestra casa, nuestro vehículo, nuestro barrio, nuestro trabajo, nuestro bar... sabemos dónde para el autobús o el metro, en qué lugar se toma el tren o tal o cual carretera. Tenemos claro dónde comprar, dónde ir al cine, qué tiendas hay y de qué según nuestra necesidad. Está todo ordenado, lugares, lugares, lugares...

Pero llegamos a la mente, y ahí... ¡ay! hay el mayor de los desórdenes. La mente y los sentimientos, claro.

Decía Conan Doyle por boca de su genial Sherlock Holmes que "el cerebro es como una habitación, no es elástico si no limitado, y por eso cualquier nuevo conocimiento exige librarnos de otros anteriores. Hay que saber escoger". No, no es literal la cita. Pero estoy completamente de acuerdo con ella. El cerebro es limitado. Y como lo demás, en la vida, hay que saber compartimentarlo. El cerebro que guarda tanto nuestros conocimientos como nuestros sentimientos. ¿O alguien aun piensa que éstos están en el corazón?

El cerebro nos ayuda con las categorías y los prejuicios. Para evitar problemas, lo conocido suele aplicarse como modelo a lo que no se conoce, así es que siempre decimos "se parece a..." o "es como...". Los modelos son eso, modelos, que hay que saber aplicar e interpretar en cada situación y momento. Pues aunque las coordenadas parezcan iguales, o similares, las situaciones cambian. Y tendemos a dejar que se entremezclen y fluyan sin control tanto ideas como sentimientos, coloreando éstos últimos a las primeras.

El problema con los compartimentos es que, aunque creamos saber encajar en ellos objetos, las personas son diferentes. Creemos etiquetar a una persona (algo que hacemos desde antes de que existiera feisbuk) y ya conocerla, finiquitar todo lo que necesitábamos saber sobre ella, pero siempre nos estaremos equivocando. Las personas pueden ser regulares, tener patrones de actuación y pensamiento, y, sin embargo, no tener clara la intención, la verdadera personalidad de esa persona. George R. R. Martin, en los libros de "Canción de Hielo y Fuego" lo hace con mucha maestría. Personajes que deberíamos odiar profundamente porque en el primer libro así nos los han presentado, de pronto nos caen mejor y les comprendemos en libros posteriores, y viceversa. Las personas no caben en compartimentos, aunque querramos creer que es posible.

A lo largo de los años, uno aprende también a diferenciar las cosas, a separar mejor. El tiempo, la perspectiva, logra muchas veces enseñarnos qué pasó realmente y, si somos valientes, entender nuestro pasado y nuestra vida. Cómo fuimos de cobardes, o valientes, o insensatos. Qué hicimos realmente y qué sucedió después. Lo que pensábamos de otra persona y, de pronto, cómo llegamos a comprenderla y avergonzarnos de nosotros mismos, renegando de lo que fuimos, pero lo fuimos. La perspectiva, una vista más ancha, una mirada calma y serena, abarcando todo lo posible con los ojos, ayuda mucho, y también nos permite conocer qué elegimos y por qué. 

Porque, al final, como siempre, somos la parte de las elecciones que tomamos y aquellas que desechamos. Realidad y potencia. Y la segunda se va acabando con cada minuto que pasa. El tiempo, tampoco, podemos compartimentarlo.

Un saludo,

viernes, 1 de junio de 2012

Entrando en el verano

Hay una tendencia casi escolástica de marcar la vida con las estaciones del año. Sobre todo las últimas, el otoño y el invierno de la vida, la decadencia, vejez y decrepitud. Jugando con eso, yo creo que estoy en el verano de mi vida.

No es la primavera. El despertar ya sucedió, a muchas cosas fundamentales. Descubrí el mundo, sus habitantes y sus contradicciones. La alegría y la diversión, la amistad y el amor, el sexo... también las penas, el aburrimiento, las falsas amistades, los desengaños... pero es un momento en el que aun estoy pleno de facultades, físicamente muy poco mermado e intelectualmente en un muy buen momento. O eso pienso, que puede ser una falacia y un autoengaño.

Es el verano, lánguido, eterno en sus días de calor, luminoso y claro. Es el tiempo del deseo, pero no a toda costa, si no para ser satisfecho con gusto y comodidad. Lujurioso pero cansado, del cuerpo físico, de la piel y la carne desnudas... también es el momento de retomar las viejas y buenas costumbres. Los paseos largos, las charlas hasta altas horas de la noche que, salvo por la luz, no parecen significar que el día acaba, las horas largas de luz y por tanto de actividades, que no crecen en número, pero sí se alargan con paciente gusto.

Reconozco que me encanta porque veo muchas más chicas guapas, recien salidas del invierno y la primavera, rostros más embellecidos por el sol. Y sorprende la exuberancia en todos los sentidos. Es un momento dorado.

Quizá por ello estemos perezosos, lánguidos, de asueto en todo. Los problemas del mundo importan poco. La vida lo es todo. Y por ello, llegados estos días, pienso, ¡qué tonterías nos preocupan muchas veces! Por no decir, casi siempre.

Disfrutemos. Hay unos versos de Arquíloco de Paros que me encantan:

"Porque ni llorando remediaré nada, ni nada
empeoraré dándome a placeres y festejos."

Un saludo hedonista,

miércoles, 23 de mayo de 2012

¿Son culpables los funcionarios?

Reconozcámoslo; en más de una ocasión hemos despotricado, protestado y rezongado contra esos "parásitos" a los que "pagamos con nuestros impuestos" y que están "tomando café y leyendo el periódico todo el día". Unos "vagos prepotentes" que "no quieren trabajar" y se dedican todo el día a "estar de baja" y "escaquearse" de todo. Los funcionarios. Aunque lo usamos con todos los empleados públicos, o casi todos.

Ya he dicho en más de una ocasión que tan funcionario es el policía antidisturbios que carga contra manifestantes, como el manifestante que es profesor de educación en un colegio, instituto o Universidad. Tanto como el bombero que apaga los fuegos provocados por pirómanos incontrolados que a lo mejor son liberados de un sindicato de la función pública. Tan funcionarios como el señor que nos da o deniega un permiso para nuestro negocio, o el inspector que lo controla. Incluso los médicos, enfermeras, radiólogos, anestesistas, todos esos, que nos atienden cuando estamos enfermos, son funcionarios, tanto como los que inspeccionan los servicios de sanidad. Vamos, que ser funcionario (léase, empleado público) lo son muchos. En España, dicen, en torno a 2 millones de personas. De una población de 45 millones, sale un porcentaje de, aproximadamente, el 5% de los españoles. ¡Vaya! pues sí que es un número alto...

Hay personas que, sin embargo, ganan y acumulan más poder y más cagadas que los funcionarios. Los responsables de la CAM, de Bankia, de tantas y tantas Cajas de Ahorro y Bancos que han sido gestionados como el culo y que han hecho estallar la mierda de la burbuja inmobiliaria (que todos conocíamos, pero como buenos entrenadores de pacotilla que somos, no supimos gestionar nunca, y más bien buscábamos provecho de la misma) a la que los políticos, todos ellos, no dieron importancia mientras hacían fluir dinero del crédito (crédito que se pedía en nombre de la ciudadanía para construirle monstruosidades para mayor gloria de... esos mismos políticos) y buena parte caía en sus bolsillos. Políticos, banqueros, y faltan los empresarios, que siempre se agarraron a la deletérea realidad etérea del "mercado de trabajo", donde se consideraba esa elasticidad de la demanda y la oferta como elasticidad de los currantes, que aceptaban todo siempre que pillaran buenos pellizcos por un curro que, sabían, era como harina con agua; una plasta.

Es decir, el 95% restante de los españoles, formado por esas personas, decidieron que los culpables, usando a los poderosos empresarios, banqueros y políticos (a veces la triada recae en un mismo tipo, curiosamente...) fueran señalados como... los empleados públicos. Y el experimento ya exitoso de los controladores aéreos se está repitiendo desde hace años con ellos. Somos vagos, prepotentes, privilegiados, asquerosamente indignos de la suerte que poseemos, esto es, un puesto para toda la vida, un sueldo aceptable y unas condiciones de trabajo decentes. Por tanto, ¿se exige al 1% que pague? No, sus migajas son más sustanciales que los sólidos platos donde se sirven por los empleados públicos, y se ve la comida del día, no el plato que la contiene. Como siempre, la ignorancia es la mejor de las armas; permite señalar culpables donde no los hay, y luego, con suerte, dejar que los más incontrolados prendan la antorcha que ya han dejado bien preparada en el portal de casa...

No voy a explicar de nuevo el porqué de la existencia de empleados públicos. Para qué se necesita que haya una estructura de funcionamiento estable y ajena a cualquier poder político o económico. Tampoco explicaré la razón de los servicios que damos, puesto que no son servicios mercantiles. Y mucho menos la razón de sus condiciones. No importa. No sirve de nada. He claudicado en el intento. Somos diana, y toca aguantar mecha.

Quizá dentro de 10 o 15 años las cosas sean muy diferentes, pero los que tengan memoria, pocos, pero alguno hay, recordarán qué era un servicio público y qué se ha perdido. Esto ya ha pasado, y muchas veces. Y pasará. Y por eso, sinceramente, parafraseando a Rhett Butler, digo aquello de

"Francamente, súbdito, me importa un puto carajo".

Un saludo,

jueves, 17 de mayo de 2012

Bancos

¿Qué es un banco?

Llevan existiendo desde largo tiempo;  Babilonia, Grecia, Roma... hasta hoy. ¿Y qué hacen?

Básicamente, captan el dinero que tiene cualquier persona o estado y lo vuelven a prestar luego a otras personas o estados. Esto es, son intermediarios. ¿Qué significa esto? Que siempre buscan un beneficio trabajando con el dinero ajeno.

Vamos, por ponerlo en claro, ud. tiene 100 euros y decide meterlos en un banco. Bien, éste decide coger sus 100 euros y los 100.000.000 de otros y usarlos para operaciones que estimen rentables. Comprar terrenos o financiar empresas de construcción, si eso parece dar dinero, o prestar a comerciantes, incluso invertir en complejas operaciones que pueden derivar en una compra-venta de armas para alimentar una guerra perdida en vaya ud. a saber dónde de África o el cuerno somalí. Y a cambio, a ud. le dan un beneficio pírrico (1 euro por cada 100, por ejemplo, siendo generosos; o un juego de sartenes; o la seguridad de que no entran en su casa a robar; o cualquier otra ilusión...) y ellos obtienen un beneficio digno de Craso. El de Roma. O de Creso, el de Lidia. Tanto da.

¿Decide el depositante dónde van a invertir su dinero los bancos? No. Él lo deja, recibe una compensación (muchas veces ficticias) y el banco aprovecha para sangrarle. Comisiones de tarjeta, de cuenta, de mantenimiento, de transferencia, de entrada en la sucursal... pero muchos tragan porque quieren una cuenta, una tarjeta, hacer transferencias... si no existía la necesidad, ya se cuidan de crearla. Siempre.

¿Decide el depositante qué hacer con su dinero si lo quiere sacar del banco? No. Todos funcionan igual, incluso aquellos que hablan de "banca ética" o "tú decides los proyectos" y demás mentiras. Si lo dejamos en casa, no produce. Es dinero parado. Preferimos reintegrarlo en la infernal rueda del mercado financiero debido a nuestra codicia. Y entonces...

¿Es necesario un banco? Con la existencia del dinero, sí. Si es necesario, ¿debería ser como los actuales? No. ¿Si no debieran ser como son ahora, qué entonces? Bancos controlados por los Estados. Nacionalización de la banca. Siempre que se pide "nacionalizar" algo, es porque se considera estratégico. Bien, pues en eso también hemos llegado tarde. Los bancos han sido nacionalizados por los propios gestores de nuestra ruina. Por banqueros. Pero ha sido hecho de una manera ligeramente sutil y contundente. Ellos obtienen los beneficios, dignos de Craso, o Creso. Y nos dejan migajas. Pero a cambio de soportar su existencia. Si no la aceptamos, nos quitan todas las migajas. Que son muchas, para muchísimos.

El símil del banquete, el capitalista de puro y chistera y barriga que se zampa él solo con tres amigos casi toda la tarta mientras caen migajillas a cientos de enanos y minúsculas figuras (los ciudadanos) es aplicable, ahora y siempre. El dinero, desde que se usa, es poder. Y como todo poder, símbolo. Si tenemos grabado en el tuétano que el dinero compra, el dinero vende, da, quita, y es la savia de todo, ¿cómo vamos a cambiar entonces el símbolo y su significado?

Quizá sea hora de revisar ciertos postulados que creíamos muertos en el siglo XX, incluso el XIX...

Mientras, yo cancelaré mi cuenta de Bankia. Que los ladrones con corbata y gafas de montura de oro no me hacen tanta gracia como los chorizos de toda la vida.

Un saludo,

domingo, 6 de mayo de 2012

Qué hacemos con todo esto

Ayer tuve tertulia, de esas que empiezan sin buscarse y terminan a las tantas de la madrugada. Estuvo muy bien. La disfruté, por la cantidad y la calidad de quienes participaban, incluso con sus silencios.

En ella, aparte de practicar el exquisito y relajado deporte de criticar, proponer soluciones imaginativas y despacharnos a gusto con todo tipo de frases y palabras, me dí cuenta de que realmente hay una sensación de fin de algo. Un miedo, inconsciente o no, a que todo el mundo conocido se esté acabando.

Somos treintañeros. Ya más hacia los cuarenta que treinta. Generacionalmente, somos raros. Universitarios mayormente, con educación, instruídos, formados... preferimos la Administración Pública a la empresa privada. Creemos más en el ambiente, la estabilidad, los derechos, que en el salario más alto posible obtenido de cualquier manera. Somos inquietos. Curiosos. Tenemos sentido del humor. Incluso alguno diría que eso es un signo de inteligencia. Somos, en todo caso, una minoría. Una minoría cada vez más aislada entre los que gobiernan, de cincuenta para arriba, y los que vienen, de veinte para abajo. En toda la conversación me dí cuenta de detalles. ¿Cambiará todo? Si es así, ¿hacia dónde y cómo?

La gran pregunta, el miedo al futuro, como siempre. Creemos en el espejismo de la estabilidad actual. Hemos llegado a ella de mil maneras. Cambiando de trabajos, buscándonos la vida, siempre con el soporte de la familia, imprescindible para prosperar como base afectiva y económica... pero ahora tenemos miedo. Sabemos identificar los problemas que, en líneas generales, nos han llevado a la situación actual. Y, sin embargo, estamos inquietos porque no sabemos la respuesta exacta, o más conretamente, no sabemos quién tiene la capacidad de dar esa respuesta exacta.

No somos apolíticos. Unos prefieren al PSOE, otros al PP, algunos a IU o a UPyD. Tenemos republicanos, monárquicos y hasta un fascista. Teórico, porque dudo que supiera aplicar el sistema. No somos tontos; vemos la mierda que echan unos y otros, pero al menos sí calibramos que algunos palean menos toneladas que los contrarios. De hecho, somos muy políticos, en el sentido de que ésta debe ser acción para mejorar la sociedad, para hacernos convivir de la mejor manera posible.

Y, sin embargo, inteligentes, guapos, hermosos... ¿qué hacemos con todo esto? no lo sabemos.

Estamos, en definitiva, perdidos. Y no queremos un Caudillo o un Duce. Tampoco un Mesías. No creemos en liderazgos y estadistas (en España, además, esos suelen acabar mal salvo que sean mediocres, violentos, despiadados y tengan apoyo violento) y estamos bastante ajenos a los sistemas del bipartidismo actual (corregido con nacionalismos de los llamados "periféricos", que son la misma expresión a nivel más local).

La violencia, expresada retóricamente ("¡Guillotina!", pude haber exclamado ayer casi 10 veces) parece una solución inmediata, pero... ¿con qué consecuencias? y el cambio de partidos, eligiendo los minoritarios para echar a los mayoritarios, se antoja por un lado ideal y por otro algo peligrosa, por el efecto de la inestabilidad en uno de esos iluminados que pretenden imponer su orden.

¿Qué nos queda? ¿Qué hacemos con todo lo que sabemos? Con la corrupción, con la mala gestión, con la difamación de lo público, con la depauperización de la vida económica, con el empobrecimiento general en todos los sentidos, con el pesimismo, malestar y negatividad que hoy campan a sus anchas por todas partes...

¿Qué hacemos con todo esto?

jueves, 19 de abril de 2012

El debate de la Monarquía o la República.

Decía Stefan Zweig que entre la Monarquía absoluta y la Asamblea en Francia transcurrieron siglos; entre esa y la Constitución, un par de años; entre la Constitución y las Tullerías y la prisión del rey, meses; y luego, en días, la República. Naturalmente, hablamos del siglo XVIII y un momento histórico concreto. Pero hoy, en nuestros días, que todo se mueve con gran velocidad, en todas direcciones (adelante, detrás, a los lados, arriba, abajo...) no sé si se puede llegar a la fase de la República quemando otras etapas.

Oh, sí, no tenemos una Monarquía absoluta. Tenemos una Monarquía parlamentaria, que es constitucional en cuanto en tanto está así reflejada en una Constitución, y que funciona a modo de preservación de una institución históricamente ligada a un lugar o a un pueblo, esto es, mantiene una tradición. Las monarquías, en realidad, son eso, tradiciones. No realidades políticas. O al menos, no de manera efectiva, como antaño.

En el mundo, los reyes no son ya aquellos que ostentan una corona. Tampoco es que lo fueran mucho antes (Cancilleres, Chambelanes, Primeros Ministros, Banqueros...) pero es cierto que son símbolos. Símbolos de un pasado que, algunos, idealizan, y otros, demonizan. En su justa medida, son tan solo fantasías e invenciones que siguen usando fórmulas huecas como "Por la Gracia de Dios". Sea éste el que sea.

Un monarca juega un papel, en el sentido estricto; el papel de un símbolo. En algún caso, como España, se le quería dar función de la clave de todo el arco, sujección necesaria. Y suele tener sus defensores, que lo admiran, jalean y dan vivas para él (normalmente, sí, un hombre) como si con ello la euforia lograra generar mejoras en su vida. Que es posible que lo haga. También ocurre con los dioses, seres mitológicos y fantásticos varios. La dopamina segregada por quien cree en ellos es similar a la que un hincha de un equipo hace fluir cuando éste juega un gran partido.

Juan Carlos, rey de España, ha cometido una imprudencia pública. Irse de cacería de elefantes (a un coste de unos 40.000 euros) con su presunta amante y además haciendo que se conociera gracias a una operación de cadera en una clínica privada. Un jefe de Estado que pedía austeridad y sacrificios en su discurso de Navidad y que afirmaba no dormir por el paro juvenil. Pero no es el único; su nieto se ha disparado en un pie manejando un arma, algo prohibido para alguien de su edad (no para un Borbón, claro) y su yerno está implicado en una trama de corrupción en Baleares y Valencia que le ligan a políticos como Matas o Camps, entre otros. Y parece que, además, los negocios de Juan Carlos salen a la luz, también. Negocios poco claros. Se une además la visión ya no idílica de la familia, con todos llevándose mal y todo eso. Vaya. Como muchas familias.

A mí me daría igual todo eso. Que tenga chanchullos, pues como muchos políticos. Se le juzga y... ah, pero no. El rey tiene inviolabilidad. En jerga, que no es responsable de sus actos. Algo que parece más cierto tras la disculpa que dió, propia de su nieto Froilán. "No lo volveré a hacer", oímos decir a los niños y los que se portan como tales. Y tampoco podemos no elegirlo en la próxima convocatoria de elecciones para monarca.

La cuestión es que la persona, como digo, me da igual. Pero la institución, no. Ampara y protege de manera descarada varios abusos. No es democrática, pues nadie elige en referendum al monarca. No es trasparente, pues recibe un dinero de los presupuestos, esto es, los impuestos de todos, pero no sabemos la forma de su gasto. No es punible, pues el monarca no está sujeto como todos los españoles al Código Penal y Civil. Eso la hace ser privilegiada y por encima de la presunta igualdad jurídica que proclama la propia Constitución. No es, en suma, moderna, a pesar de los cientos de veces que dicho calificativo se trata de aplicar como coletilla a la misma.

Desde luego, estos no son los Fernando VII, Felipe V o Alfonso XIII. Ni mucho menos un Luis XVI. No pido una ejecución, no. Pido una remoción. Pido un cambio. Pido la eliminación, que sería lo más moderno, de la monarquía, de la institución. Dar las gracias por los servicios prestados (alguno hay) y abrir camino a un nuevo modelo de organización del Estado. Un modelo que implique cambios, regeneración, democracia, esfuerzo, trabajo, valores, mejora. Y las Repúblicas, siempre, son un primer paso a ello. Después podemos discutir qué tipo, si federales, unitarias, confederadas, presidencialistas, con doble tirabuzón... pero eso será un debate democrático, permisible porque es posible. Ahora mismo, sin remoción de la monarquía, es un debate denostado y fantasioso.

Y el tema del dinero, como siempre, doy la misma respuesta. Reciben en torno a 8 o 9 millones de euros. Aparte que todo viaje y logística va a cargo del Ministerio de Exteriores e Interior. Es poco si se compara con un presidente alemán, que cuesta entero con su administración unos 20 millones de euros. Pero ese dinero se puede votar y eliminar. El de la monarquía no. Por el asunto de siempre; que algo sea democrático o no.

En fin. Los que defiendan la monarquía como algo histórico y tradicional, también, les diré que la esclavitud estaba bien arraigada en el mundo mediterráneo hasta el siglo XIX. Y se abolió con mucho consenso. También otras costumbres. Porque las costumbres, algunas inventadas en el siglo XVIII y XIX con presunción de solera, son usos que los ciudadanos, si lo son, y no simple plebe, súbditos, lumpen y servidumbre, hacen y deshacen como humanos que somos.

En cualquier caso, corifeos de ambos lados aparte, argumentos hay siempre. La cuestión es el valor que adjudiquemos a cada uno de ellos...

Un saludo,

sábado, 14 de abril de 2012

Día lluvioso, homenaje luminoso

Por una República que no sea de izquierdas o de derechas, si no de todos los ciudadanos y, principalmente, para todos los ciudadanos.

Por una democracia y una regeneración de la vida pública, política, administrativa, bancaria y económica.

Por una sociedad donde todos convivamos en la mejor manera posible.

Por una República. Por un cambio. Por lo mejor.

http://www.youtube.com/watch?v=JELOzi_vz00


Un saludo,

jueves, 12 de abril de 2012

En madrid, abril de 2014

Hace un día seco, con sol, árido y caluroso. Lleva sin llover todo el invierno, aunque se prevén lluvias para mayo o junio. Los embalses están en reserva, restricción de agua desde hace semanas. La contaminación hace tiempo que no se mide, pero se puede observar desde cualquier punto a las afueras de la ciudad, como una gigantesca nave invasora cernida sobre los cielos. Da igual, el Ayuntamiento considera que es algo pasajero.

Camino por calles que llevan sin repararse varios años. El ayuntamiento dejó de hacerlo al no tener dinero, y la Comunidad, que tomó las competencias, las cedió inmediatamente al Estado sin hacer nada. Ahora mismo, el Estado tampoco está por la labor. Los sacrificios continúan.

Voy a un centro de salud. Llevo conmigo la Tarjeta Especial de Residente Permantente. La famosa TERP. Sin ella, no te atienden. Debes demostrar que eres trabajador, con al menos 3 años de antigüedad (los que lleven menos, tienen los centros de voluntarios, desabastecidos, masificados y con pocas ganas) y además haber pagado la Tasa trimestral de salud, consistente en un impuesto según tu renta. Iba a ser un "impuesto temporal" en 2012, cuando la gran reforma sanitaria (bueno, el derribo) pero se ha quedado ya permanentemente. Como tantos otros que serían "circunstanciales".

Es mi primera enfermedad del año. Bueno, realmente, no. Es la cuarta. Pero no puedo contar catarros, gripes ni tampoco alergias u otras dolencias "leves". A fin de cuentas, se cura con un poco de reposo al salir de trabajar. Sin embargo, tras la epidemia de gripe en el Gran Mercadona de Madrid, donde se contagiaron 45 empleados y casi 500 consumidores, están pensando en retomarla como dolencia incluída en las prestaciones sanitarias. No, voy porque me he roto un ligamento de la rodilla. ¡Otra vez! pero no ha sido jugando al baloncesto, no. Las tasas municipales para usar los pabellones hicieron que muchos equipos de barrio, de amigos y demás, dejaran de acudir y se montaran pequeñas canchas en las calles, incluso organizando torneos y liguillas entre ellos en zonas alejadas donde ellos mismos mantenían las pistas. A la fuerza, a ver quién paga tanto... como digo, me lo he roto corriendo en el trabajo. Sí, corriendo. Todo está lejos, y tras el despido de un 40% de la plantilla, todos ellos interinos, ahora mismo tenemos que cubrir los servicios de 42 horas semanales como podemos. Al menos, al haber menos médicos y consultas, y reducirse las prestaciones, hay algo de equilibrio. Un médico de mi hospital, de manera privada, me examinó en el cuarto de la limpieza, porque tratar dolencias en consulta sin pasar los trámites es motivo de multa. Al menos soy español. Si no lo fuera, la tasa que me aplicarían, según mi país de procedencia, podría ser privativa.

Naturalmente, no es ya un accidente de trabajo. Éstos desaparecieron con la antepenúltima reforma de la legislación laboral. El Gobierno, de acuerdo con la Cámara de Empresarios, decidió que había que volver a reformar el mercado de trabajo y aplicar, directamente, el llamado "Modelo sino-coreano". Esto es, jornadas de 50 horas semanales, reducción de salarios de hasta un 20% sin penalización, despido totalmente libre, prestación por desempleo temporal, de un máximo de 6 meses por 10 años trabajados... y las pensiones. Ahora mismo, las pensiones son algo irreal. Cotizar 50 años para poder jubilarse a los 70 como se pide es, como pronto, imposible. Es lo que tienen algunos sistemas, dijo el presidente De Guindos. Que no pueden afrontar la realidad de los mercados.

Aunque me duele un copón, la rodilla, he ido al consultorio varios días después. No podía permitirme incumplir la cuota mínima de jornada semanal. Si no la cumplo, me reducen el sueldo y pueden abrirme expediente. Pero es curioso, los expedientes se los abren a los que hacen todo lo posible por trabajar más, por hacerlo mejor y que, si caen enfermos o en lo que ahora llaman "nervios laborales", suelen cortocircuitarse. Una compañera se ahorcó con un cable de PC en el vestíbulo de entrada y nadie se lo impidió, pues todos iban demasiado rápidos para hacer nada.

Mientras camino cojeando, pues el precio de la gasolina es tan alto que ya no puedo permitirme cogerlo salvo para ir a trabajar, pienso en algunas de las últimas medidas. En Grecia y Portugal ya están hablando de recuperación. Por lo visto, aunque los niveles de vida no son muy altos, no pueden quejarse. De todos modos, no lo sabemos, pues después de suspender el tránsito libre por la UEM (Unión Europea de Mercados, tras la reforma constitucional del 2013) de ciudadanos, tampoco hay mucha capacidad de contrastar la información de los noticiarios. También hay rumores de que partes de población emigraron a sudamérica o África, pero suena a ciencia ficción... Las medidas más impopulares, al principio, pero más eficaces, fueron las de liberalizar del todo absolutamente todo. Ya no hay cortapisas ni controles, realmente. El dinero fluye en todas direcciones, sin trabas. Pero claro, eso puede hacerlo quien tiene dinero. Quien no tiene, debe conformarse con la supervivencia diaria. Tras los cortes de Internet que bloquearon ciertas páginas, con el permiso de Google y otros buscadores y gestores, apenas quedan ya rastros de las páginas "disidentes" y "reaccionarias" como las llamaba el Gobierno. La "manipulación informativa" ha sido eliminada, dicen, y ahora queda la pura y prístina verdad, repetida en decenas de medios diferentes que proclaman siempre el mismo mensaje, con ligeras variaciones, mostrando que la pluralidad informativa sigue existiendo. Bueno, eso es lo mejor que puede decirse, ya que tras la Ley de Prensa, Huelga y Manifestaciones del año pasado, apenas puede uno juntarse con más amigos y sacar una pancarta. Todavía recuerdo al señor aquel, jubilado, que se fue a la Puerta del Sol, un par de días después del gran despliegue de La Fiesta de la Familia Española (aun quedaban algunas cosas montadas, como la gran cruz o el puesto de polos Lacoste) y que se quitó primero la chaqueta, luego la camisa, finalmente la camiseta interior, y empezó a mostrar un terrible lema en su pecho y su espalda; simplemente, ponía "Hambre". Los antidisturbios le sacaron a rastras y, al resistirse, le dieron de golpes y falleció. Se declaró un caso de "resistencia a la autoridad".

Sin embargo, la mejor medida es la educativa. Cierto, ahora todos los colegios de prestigio son concertados y los públicos tienen una media de 90 alumnos. Seguimos teniendo las universidades en un puesto 100 o así del listado mundial, pero es que también tenemos menos en la cola, porque quedan la mitad, tras ser fusionadas la mayoría. Muchas carreras, consideradas improductivas, ya no se dan, y eso está bien, pues se logra mejorar la especialización. También es cierto que los médicos de ahora, los de prestigio, no ejercen en la pública, porque claro, tras los recortes, los aumentos de jornada y eliminación de derechos, la mayoría que puede emigra a Suecia o a Noruega. Dos filologías que han aumentado, curiosamente. Aparte, las tasas son tan altas, y las becas tan flacas, que muchas universidades ya recurren al sistema que inauguró el Metro de Madrid; la promoción especial. Hay aulas McDonalds, Campus patrocinados por el Gran Mercado Chino y carreras especializadas con Máster Coca-Cola y demás. Quizá tiemblo un poco, porque los niveles educativos de los médicos que quedaron en lo público son... escasos. Pero también puede ser mi cojera.

Llego al ambulatorio, y el panorama no ha cambiado desde la última vez. Vallado, con alambre de espino, los de seguridad que son policías alquilados por horas... aunque algo me llama la atención, y es que hoy no hay dispensador de medicamentos. Tras las últimas reformas donde sacaron todos los medicamentos que se consideraban innecesarios, ahora la forma de obtenerlo era mediante el chip implantado en el antebrazo, donde se registra DNI, datos fiscales, empleo actual y demás. Yo tenía un gato con uno chip también, hasta que tuve que abandonarlo porque su comida era demasiado cara...

Entro, de todos modos, con mi Tarjeta. ¡Suerte que no hago cola! al menos, no en la calle. Luego, dentro, me toca esperar. Cada hora que pase ahí, no trabajo, y es un tiempo a recuperar. No sé por qué recuerdo alguna película como "In Time", pero también llevo tanto sin ir al Cine... el único que queda en Madrid, claro. El MegaCinerama que ocupa el viejo Parque del Oeste. Tras nivelarlo y demolerlo todo, búnqueres incluidos y zonas de observación de pájaros, instalaron este complejo de 100 salas donde, curiosamente, no hay más que una película española al año, la que financia el Ministerio de Cultura. En los últimos años, siempre ha sido de temática taurina y algo erótico-festiva... es lo que tiene. De todos modos, después de tener que entregar todas las películas que tenía, tras el enésimo cambio de formato, y de malvender los libros a un trapero que eliminaba aquellos considerados "insidiosos" y dentro del catálogo de libros que actúan como "resistencia pasiva", ya no veo películas. Ni series. Hoy día, hay quien paga en el mercado negro por un episodio de "Águila Roja" o "Amar en tiempos revueltos". Lógico, tras la venta de RTVE a un conglomerado franco-alemán, ya no hay series que no sean extrañamente ajenas a toda realidad... en fin, espero.

No saco un libro, por si alguien me mira mal. Tampoco un móvil, por si me lo roban. Menos aun algo para escuchar música, por si la SGAE me controla con las cámaras. Me dedico a poner cara bobalicona, sonriendo tímidamente y mirando al suelo. No me atrevo tampoco a pensar más. El ejercicio estimula, pero no es bueno abusar.

Siempre que alguien pensó mucho, algo salió mal. ¿O será ésta también una reflexión peligrosa?

Ups. Mejor, me callo.

FIN?

Un saludo,

viernes, 6 de abril de 2012

De Jesús, un Cristo y los Mesías

En esta época no puede uno menos que ver entre media docena y medio centenar de películas "de romanos" que incluyen desde el Egipto de hace 4000 años a los romanos de hace 2000 o los apóstoles de un poco menos y sus perseguidores. Vamos, que es época de "cine bíblico". Y de todas, las que más llaman la atención son las centradas en la figura de Jesus. O Jesucristo. O el Mesías. Y es curioso. Son tres cosas y personas muy diferentes.

Yo para esta semana recomiendo algunos documentales. Los de Dawkins suelen ser muy atractivos. El titulado como "The God who wasn't there" de Brian Flemming contiene muy buenas entrevistas y un cierto sentido del espectáculo. Las famosas "Atheist tapes", con entrevistas de la BBC a personalidades de la cultura o la ciencia, también se hacen necesarias, complementadas con otros documentales de la misma cadena, "A rough history of disbelief". Se pueden combinar con otros documentales de la BBC como "The power of Nightmares", para saber cómo jugar con la esperanza y el miedo...

También se puede uno dar a la lectura. Gonzalo Puente Ojea, ex-embajador en el Vaticano, tiene algunos libros como "Elogio del ateísmo" que pueden ser interesantes. Michel Onfray y su famoso "Tratado de ateología" y casi cualquiera de sus libros ayudan a reflexionar. O "El espejismo de Dios", de Dawkins. También los textos de Bertrand Russell, un escritor monumental. Y por supuesto, al gran Marvin Harris, cuyos excepcionales argumentos con la base del materialismo cultural dan lugar al título de esta entrada.

¿Por qué he separado tres cosas que muchos, sobre todo creyentes, identifican como una sola? Jesús, como figura histórica; el "Cristo" y el "Mesías". Tres cosas diferentes, y no iguales.

Jesús como figura histórica ha sido abordada en muchas ocasiones. Me gusta la de mi amigo Cavernarius, cuyo blog, aunque cerrado, dedicó varias entradas al tema (aquí copio enlace a la primera: http://nacionalcatolicismo.blogspot.com.es/2006/02/la-familia-de-yeshu-ben-pantera.html) y que, en todo caso y por resumir, para mí queda así. Me imagino a Jesús, cuya existencia es más que dudosa (un párrafo falseado en el medievo por un monje dentro del texto de Flavio Josefo, que escribió de la gran revuelta judía del 66 d.n.e.; los "evangelios" escritos más de 40 años después de la supuesta muerte de Jesús con numerosas incongruencias e invenciones... y ningún otro texto, nada de restos arqueológicos, ninguno epigráfico o artístico y ninguno más literario... una falta de pruebas muy inquietante) como un guerrillero zelote opuesto a la dominación romana por medio de las facciones religiosas y étnicas judías, un hombre de celo fanático atemperado quizá por algunos actos o, incluso, por los que después reelaborarán sus "apóstoles". Jesús, por tanto, no es ese ídolo hippie o señor de túnica blanca sin cinturón (incómoda para andar por Galilea) con grandes barbas y pelos largos. Sería un judío más, enfadado por ver que nunca se cumpliría lo proclamado por los gobernantes religiosos y políticos de su época. Mala tierra, Palestina, rodeada siempre de tantos imperios, reinos y potencias superiores.

Pero está eso de "Cristo" y de "Mesías". Son dos términos para lo mismo. El Ungido. ¿A quién se ungía en aceites y perfumes sagrados, caros de obtener? A los reyes y gobernantes. La primera es una palabra griega, mientras la segunda es hebrea. Y entonces, ¿cómo es que permaneció la primera quedando relegada la segunda? Sencillo. El cristianismo es una religión greco-oriental, nacida y desarrollada por gentes de pensamiento griego y oriental de la koiné y en la oikoumené greco-romana. Una religión que se nutrió de todas las anteriormente existentes, incorporando y alterando algunos puntos. Del judaísmo pasó al cristianismo. Y entre medias, se necesitaba una figura. El tal Jesús, ejemplo de lucha contra Roma, era una buena opción en las provincias orientales de un Imperio Romano que allí no estaba tan asentado a causa de los partos y sus políticas de desestabilización. De pronto tenían ya una figura de carne para esos ropajes recosidos...

"Mesías" hay muchos en el mundo judío. Antes y después del que asignan a Jesús. No es una novedad, por tanto. De hecho, tenemos a David, a Saúl, a Salomón, como esos "Mesías". Posteriormente, Josefo menciona a algunos como ¡Vespasiano!, primer emperador Flavio, tras Nerón. Pero también otros como un tal Teudas, Atrongeo, Manahem e incluso algunos otros que ni menciona por hartazgo. Posteriormente, en otra de las muchas revueltas, la del año 132 d.n.e., con Bar Kochva a la cabeza, que sería de las últimas, tuvo en este individuo a otro mesías, encima victorioso durante unos años. La idea que cuenta Marvin Harris es la de una estrategia adaptativa mediante un "Mesías vengativo" que, a la postre, no dará resultado. Pero quizá es mejor leerlo directamente. Está en "Vacas, cerdos, guerras y brujas".

De ahí que luego surgiera como único el Cristo. Y los problemas de traducción. Del hebreo "muchacha joven" se pasará al griego "partenos", joven doncella, y de ésta, al latín, como "virgos", chica joven. Y de pronto, por el teléfono escacharrado, tenemos que María... ¡era vírgen!. Un sinsentido aceptado sin crítica por muchos entonces y, desgraciadamente, hoy.

En fin, que tenemos una semana que se celebra según un calendario lunar típico de muchas culturas mediterráneas y que se suele usar para marcar, en algunas, el inicio del año con la primavera y las primeras cosechas y "resurrecciones" de la tierra en sociedades agrarias. Y también unos días de asueto. Lo mejor, en esta semana, sin duda... la lluvia.

Un saludo,

viernes, 30 de marzo de 2012

Huelgas y sindicatos.

El día de la huelga, 29 de marzo, como siempre, ha habido de todo. Pero es llamativa la falta de participación de gente que considera la última reforma laboral como algo nefasto y que da razones para ir a trabajar.

Si uno cree que la reforma es adecuada y ha decidido trabajar, perfecto. Yo no les llamaré esquiroles. Son personas que, aunque mi percepción del asunto no coincide con la suya, tienen la libertad de decidir lo que han decidido. A ellos no les dirijo éstas palabras.

Lo hago a quienes consideran que la reforma no es adecuada pero no han secundado la jornada de huelga general, siquiera han ido a las manifestaciones.

Hay una razón primera, poderosa; porque no quieren perder el dinero del día. Bien, el dinero del día depende del salario, pero supongo que la media estará entre 60 y 300 euros, según lo que se gane. Me parece un precio bajo si tenemos en cuenta las posibles implicaciones de la reforma, como rebajas de salario unilateral por parte del empresario, despidos que dejan nuestro salario en 0 euros y otras implicaciones que no se cuantifican monetariamente, como los derechos.

También está quien no lo ha secundado por miedo al despido; más poderosa que la anterior. Gente que se reconcome interiormente pero no se atreve a dar el paso porque, con la crisis, esa excusa fenomenal, no se arriesgan a perder lo que tienen, ese modelo de propiedades de nuestra sociedad. Bueno, ahora no serán despedidos, pero pueden serlo, a pesar de que se aferren al pesimismo optimista de "a mí no me pasará, aunque vea que les pasa a otros".

Y están quienes secundan la huelga con medios ilícitos, como ir a trabajar para no perder su puesto o salario del día pero sin realizar sus labores normales y diarias, o, incluso, ausentándose del puesto sin control. A ellos... mejor no digo lo que opino.

Los "idiotas" que hemos secundado la huelga perdiendo nuestro salario del día somos de dos categorías; los trabajadores públicos que no tememos perder el puesto (por el momento) y los trabajadores del sector privado que tienen valentía y coraje suficiente para seguir creyendo en lo que hacen, pues consideran que es para todos. Esa dimensión moral...

Y luego están los sindicatos. Más de uno me ha escuchado hablar de ellos, y nunca en términos encomiásticos. No, porque son instituciones subvencionadas, como los partidos y las organizaciones empresariales. Son ramas estatales anómalas. Un sindicato así no es un sindicato. Es una sección corporativista del Estado. Y no estoy diciendo que no deben existir, si no todo lo contrario; deben existir pero con las formas y fines para los que nacieron.

¿Qué debería cambiar? La estructura de partidos políticos, la sindical y la empresarial. Fin de toda subvención. Financiación EXCLUSIVA por sus propias cuotas y por las donaciones, tasadas y limitadas, de quienes comulguen con las ideas que propugnan.

En el caso sindical, regresar al concepto de "Caja de resistencia". Esto es, cuotas sindicales para alimentar esa caja en caso de actos de protesta como las Huelgas. ¿Qué significa? Una forma de financiar a los que tienen miedo de perder su salario en caso de hacer huelga (la frase que he escuchado más es "¿me vas a pagar tú el día, listo?") y así minimizar sus pérdidas. En los sindicatos, quienes reciben esa paga son los que participan en piquetes, un número reducido, que realmente muestra la "institucionalización de la huelga" y lo que ello conlleva.

Si todo esto, reformas simples, sencillas, se hace, seguramente los partidos mirarán más por sus votantes, como debe ser en una democracia. Los sindicatos defenderán más a todos los trabajadores, afiliados o no, puesto que dependerán de su simpatía y apoyo y no del de los impuestos del Estado. Y las organizaciones empresariales tendrán de veras los ingresos que merecen. No incluyo a las religiones organizadas en esto, porque son ámbitos diferentes, pero también abogo por su estricta financiación propia, sin intervención del Estado.

Pido mucho, pido una España moderna y diferente a la Españistán que tenemos. Pero lo pido porque creo que es lo mejor para todos. A pesar de muchos, o algunos. O incluso la mayoría.

Un saludo,