Tenía ganas de un título así, de modo que ahí está.
No es gratuito. Hay veces que uno lee prensa, escucha radio, ve noticias en la tele y habla con personas también informadas o relativamente, y descubre un batiburrillo de datos, un caos de cifras y letras. Y entonces, hablando, comparando, empieza a obtener, con eso de la sinergia, es decir, el aumento de valor de lo que uno sabe y otro sabe gracias a lo que ambos saben y añaden con lo que todos saben, un crucigrama de esos donde de pronto encaja las letras.
Por poner un ejemplo. Con la I de Iglesia Católica, uno saca que recibe más de 250 millones de euros anuales de los impuestos de los españoles, de los que marcan la casilla, más otras cantidades por diferentes vías como los datos que suele dar Ignacio Escolar sobre impuestos de los que van exentos, donaciones no tributarias, inmuebles registrados a nombre de la Iglesia Católica... en fin, que según un cálculo torticero, pueden llegar a tener unos 300 millones de euros dados en parte por una parte de la sociedad (que no alcanza el 35% de los declarantes...) y luego evadirse unos 1000 millones de no pagar impuestos, más los 500 millones que se les dan para mantener su patrimonio (y el de todos que ellos gestionan como si fuera suyo...) y en torno a unos 8000 millones que reciben por gestiones de sanidad y educación como concertados, que no criticaré en cuanto a la labor, pero sí a la gestión y formas, cuando podría hacerse de otras maneras. Sin contar las múltiples ayudas autonómicas y locales que pueden darles hasta 500 millones en conjunto (la JMJ sin ir más lejos, costó en torno a 60 millones al ayuntamiento de Madrid y otras instituciones), con lo que tenemos una cantidad unida a esa "I" bastante elevada.
Está la F, de Fraude Fiscal. Según datos del a propia AEAT, es más o menos de un 25% del PIB. ¡Una cuarta parte! Estamos hablando de, para 2011, año de crisis, hubo en el cuarto trimestre un PIB de casi 270 mil millones de euros. Una cuarta parte de esa cantidad es de unos 68 mil millones de euros. España tiene menos agentes fiscales (inspectores, administrativos, etc) por habitante que países como Francia, Alemania o Reino Unido. Así, si por ejemplo en estos tres anteriores es de un inspector por cada 700-800 habitantes, en España es de un inspector por cada 1600 habitantes. El aumento de plantilla, que no sería necesariamente doblarla, si no como los propios inspectores pedían, de un 20%, ayudaría a recaudar una cantidad de más de la mitad de ese fraude (unos 35 mil millones de euros) por un coste irrisorio en comparación. Así pues, la "F" aumenta mucho más, sumando esos casi 70 mil millones de euros.
Existe también la C de la Corrupción generalizada entre partidos políticos, sindicatos, grupos empresariales y otras instituciones como la bien ponderada Monaquía de la que somos súbditos que, mirando las noticias, es imposible calcular sin leer los periódicos con la calculadora en la mano. Los casos de Andalucía, Valencia, Galicia, Cataluña, Baleares, etcétera etcétera, pueden acumular miles de millones en corrupciones variadas. Sobornos a políticos, de empresarios y grupos más o menos anejos a la mafia, a funcionarios, regalos ostentosos, pagos, enchufes en la administración pública, ERE's fraudulentos, cursos de formación, subvenciones de todo tipo, color y pelaje... siendo conservador, un día llegué a calcular, sumando chanchullos varios, unos 10 mil millones de euros. La "C" tiene un volumen también elevado de gasto...
Está la L del Mercado Laboral. No usaré la M, de mierda, porque no lo veo apropiado, aunque todos lo estén pensando. En esa "L", impregnada de la cultura empresarial y laboral española, podemos meter el absentismo injustificado o el realizado con connivencia de otros actores, pero también los despidos improcedentes, los juicios de lo social, tantos, las horas extras impagadas, las ilegalidades manifiestas en muchas empresas sobre derechos, jornadas y salarios, y finalmente la (im)productividad que eso genera; largas jornadas horarias donde nuestro rendimiento es inferior a países con jornadas horarias mucho más reducidas. Algún político exige que "trabajemos más", pero sin darse cuenta de que no es en el número de horas donde hay que aumentar, si no en la calidad de trabajo de esas horas. Implica formación, dirección por objetivos de directivos capaces y competentes, gestionar de manera más eficaz las inspecciones y los controles... digamos, si uno atiende a los datos de coste por empleado en España (22.000 euros brutos al año) y los datos de PIB (270 mil millones en el último cuatrimestre de 2011) aprece que un 60% de actividad genera en España una cantidad muy elevada de PIB... dicen que nuestra productividad es de casi 100 puntos por hora trabajada (Luxemburgo tiene una productividad de 170 por hora, la más alta, y Bulgaria y Rumanía, de 35 puntos por hora, las más bajas) aunque también es cierto que somos de los que más horas dedicamos. Así pues, si queremos aumentar la productividad, teniendo uno de los salarios más bajos de Europa (22.000 euros brutos al año, unos 7.000 euros menos que la media UE y la mitad que los primeros países de Europa) no es lógico que se pueda reducir aun más la masa salarial como se pide con la reforma, ni que se permitan despidos y cambios de condiciones más flexibles, así como congelar o incluso reducir uno de los SMI más bajos de Europa... aquí estamos hablando de miles de millones perdidos por no gestionar bien los activos que son los Empleados, que no son un gasto, como aun parece pensar la clase empresarial, si no una inversión. Inversión que aun considera sus derechos y salarios como algo a estrujar en contra del empresario que no los ve más que como un gasto. Curiosa pescadilla que se muerde la cola y que con la última reforma laboral da más potencia a las mandíbulas...
Ya tenemos la sopa de letras. IFCL. Sumadas nos dan, por lo bajo, unos 100 mil millones de euros que podrían gestionarse adecuadamente generando más ingresos que gastos. Sin tocar impuestos. Sin tocar inversiones de Educación ni Sanidad. Gestionando ese dinero, que cubre con creces esa impía desviación que llaman "déficit" y que calculan en sus "recortes" en torno a los 35 mil millones de euros, aun quedarían casi 60 mil millones para gestionar adecuadamente todo lo dicho. Mejorar los esfuerzos de educación y bienestar social. Incentivar la economía con inversiones y subvenciones, recortando a los estamentos improductivos como el religoso o incluso el monárquico, cuyas cuentas demuestran que es otro chocolate del loro. Hace políticas, en suma, de un Estado INTERVENCIONISTA que busque manejar el dinero público, el de todos, como si fuera el propio, pero no para gastos y lujos, para desviarlo a temas suntuarios. Se necesita para ello gestores públicos que adquieran su plaza en libre oposición, funcionarios que tengan un sistema de evaluación, control, castigo y recompensas adecuados, y políticos que vean peligrar su existencia si ceden a la corrupción en demasía. Necesitamos otra mentalidad, otros valores, otra educación, otra forma de ver el mundo. Y no lo tenemos muy lejos, porque en España hay ciudadanos que ya no viven enclaustrados en un mito de España traumatizada por décadas de dictadura o siglos de atrasos. Tenemos capacidad, pero no tenemos quien la gestione políticamente de manera que cree un proyecto común, de verdad, para todos. Y por eso estamos como estamos.
¿Las siglas? Ordénenlas como quieran. FLIC, si apetece, que se refiere a una peli de cine negro donde la poli aparece retratada como algo brutal. Quizá inconsciente, quizá intencionado, ya saben... las sinergias. Cada uno puede interpretarlo a su modo. Pero son cifras y letras recogidas de aquí y allá. Y dan espanto.
Un saludo,
lunes, 12 de marzo de 2012
sábado, 3 de marzo de 2012
Indignarse agota
Estoy cansado de tantas situaciones injustas, malévolas. Estoy harto de leer noticias que descalabran la confianza en un sistema adecuado, bueno, próspero para todos. Me agota.
Hay pocas opciones. La primera es aceptar, sumiso, obediente, resignado, lo que sucede, tratando de esquivar el perjuicio. La segunda consiste en denunciar, gritar acalorado, discutir, argumentar o simplemente dejarse llevar en cualquier medio, foro o lugar posible. La tercera, por otro lado, es tomar un curso de acción, sea salir a la calle o acudir a otros sitios. La cuarta, la de la acción directa, es claramente recurrir a la violencia.
La primera es la habitual. A la que optan un amplio número. Mejor sigo como estoy que no quiero cambios a peor... la segunda, por otro lado, se da en gente mínimamente concienciada, pero no pasa del vociferio y el calentón verbal. La tercera, más tradicional, es unirse a toda manifestación, aunque incluso sea tangencialmente similar a lo que queremos. Y la cuarta, escasa, rara, es acudir a la acción.
La primera triunfa. La cuarta es incapaz porque no hay objetivos claros ni apoyo, gracias a la victoria de la primera opción. La segunda y tercera calman un poco el picor de conciencia que produce saber que hay que hacer algo, y algo se hace, aunque sea un teatro.
Ninguna de las cuatro opciones lleva a solucionar nuestros problemas.
¿Hay una quinta? puede, pero es difusa, la veo borrosa y poco dibujada. Y requiere paciencia, resistencia, solidez y capacidad. Algo de lo que carecemos en demasía, acá en Españistán.
Por eso estoy agotado.
Un saludo,
Hay pocas opciones. La primera es aceptar, sumiso, obediente, resignado, lo que sucede, tratando de esquivar el perjuicio. La segunda consiste en denunciar, gritar acalorado, discutir, argumentar o simplemente dejarse llevar en cualquier medio, foro o lugar posible. La tercera, por otro lado, es tomar un curso de acción, sea salir a la calle o acudir a otros sitios. La cuarta, la de la acción directa, es claramente recurrir a la violencia.
La primera es la habitual. A la que optan un amplio número. Mejor sigo como estoy que no quiero cambios a peor... la segunda, por otro lado, se da en gente mínimamente concienciada, pero no pasa del vociferio y el calentón verbal. La tercera, más tradicional, es unirse a toda manifestación, aunque incluso sea tangencialmente similar a lo que queremos. Y la cuarta, escasa, rara, es acudir a la acción.
La primera triunfa. La cuarta es incapaz porque no hay objetivos claros ni apoyo, gracias a la victoria de la primera opción. La segunda y tercera calman un poco el picor de conciencia que produce saber que hay que hacer algo, y algo se hace, aunque sea un teatro.
Ninguna de las cuatro opciones lleva a solucionar nuestros problemas.
¿Hay una quinta? puede, pero es difusa, la veo borrosa y poco dibujada. Y requiere paciencia, resistencia, solidez y capacidad. Algo de lo que carecemos en demasía, acá en Españistán.
Por eso estoy agotado.
Un saludo,
jueves, 1 de marzo de 2012
Hasta los cojones (y van...)
Estoy harto. Cansado.
Vivo en Españistán. Anteriormente conocido como "España". Un país que ha negado miles de oportunidades a excelentes estudiantes, investigadores y personas que podrían haber hecho avanzar las ciencias y tecnologías, equiparándonos a otros países donde eso produce riqueza y bienestar social. Un país que ha hecho de la corrupción política la enseña más duradera para cualquier gestor que se precie, puesto que aquí apenas se castiga eso, salvo si se denuncia, investiga y persigue. Vivo en un país que está dando los pasos de competir contra China acercándose a su modelo precario, nulo de derechos y basado en salarios de subsistencia, recortando, eliminando y arrojando al cubo de la basura de la historia todo lo peleado con sangre y con esfuerzos por nuestros padres y abuelos. Vivo en Españistán.
Durante la década que dejamos atrás, en este lugar se construyó Españistán. Un espacio donde dilapidamos fortunas en infraestructuras innecesarias, donde ganaban todos con el simple juego de pedir dinero y luego... ya se vería cómo y cuándo se devolvía. Un espacio que desaprovechó la bonanza para asentar otras bases distintas al turismo y la especulación inmobiliaria.
El servicio público decayó, corrompido por el político y desprestigiado ante el ciudadano. De pronto, un médico o un policía se encontró con que su trabajo no se valoraba. Y se le pedían esfuerzos que a otros, más ricos, no se les exigía. La derecha campó por campos más tradicionalistas y morales que realistas. La izquierda divagó y se perdió en lugares ridículos y alejados de la gente. Y la gente... poco a poco se cabreó, se manifestó, salió a la calle, soltó gritos, pegó patadas a las paredes, acusó con el dedo a los muchos provocadores de la ruina de España y gestantes de Españistán. Y, sin embargo, mucha otra gente quedó callada, en casa. Porque ellos aprobaban la creación de Españistán. El estado cuya bandera era la mediocridad, el "virgencita que me quede como estoy" y otras sandeces del estilo.
Y los que estamos hasta los cojones, tenemos pocas salidas. Las habituales, las de irnos fuera, algo que da pereza a cierta edad y con cierto grado de consolidación de nuestras vidas. Las seculares, del exilio interior, callando y dejando entrever poco. Y las radicales, que aun no afloran como parece, por falta de dirección. Esas, quizá, sean las únicas que arrumben ese trabajo de españinistización realizado en estos años...
Hoy estoy hasta los cojones. Y es uno de marzo de dos mil doce.
Un saludo,
Vivo en Españistán. Anteriormente conocido como "España". Un país que ha negado miles de oportunidades a excelentes estudiantes, investigadores y personas que podrían haber hecho avanzar las ciencias y tecnologías, equiparándonos a otros países donde eso produce riqueza y bienestar social. Un país que ha hecho de la corrupción política la enseña más duradera para cualquier gestor que se precie, puesto que aquí apenas se castiga eso, salvo si se denuncia, investiga y persigue. Vivo en un país que está dando los pasos de competir contra China acercándose a su modelo precario, nulo de derechos y basado en salarios de subsistencia, recortando, eliminando y arrojando al cubo de la basura de la historia todo lo peleado con sangre y con esfuerzos por nuestros padres y abuelos. Vivo en Españistán.
Durante la década que dejamos atrás, en este lugar se construyó Españistán. Un espacio donde dilapidamos fortunas en infraestructuras innecesarias, donde ganaban todos con el simple juego de pedir dinero y luego... ya se vería cómo y cuándo se devolvía. Un espacio que desaprovechó la bonanza para asentar otras bases distintas al turismo y la especulación inmobiliaria.
El servicio público decayó, corrompido por el político y desprestigiado ante el ciudadano. De pronto, un médico o un policía se encontró con que su trabajo no se valoraba. Y se le pedían esfuerzos que a otros, más ricos, no se les exigía. La derecha campó por campos más tradicionalistas y morales que realistas. La izquierda divagó y se perdió en lugares ridículos y alejados de la gente. Y la gente... poco a poco se cabreó, se manifestó, salió a la calle, soltó gritos, pegó patadas a las paredes, acusó con el dedo a los muchos provocadores de la ruina de España y gestantes de Españistán. Y, sin embargo, mucha otra gente quedó callada, en casa. Porque ellos aprobaban la creación de Españistán. El estado cuya bandera era la mediocridad, el "virgencita que me quede como estoy" y otras sandeces del estilo.
Y los que estamos hasta los cojones, tenemos pocas salidas. Las habituales, las de irnos fuera, algo que da pereza a cierta edad y con cierto grado de consolidación de nuestras vidas. Las seculares, del exilio interior, callando y dejando entrever poco. Y las radicales, que aun no afloran como parece, por falta de dirección. Esas, quizá, sean las únicas que arrumben ese trabajo de españinistización realizado en estos años...
Hoy estoy hasta los cojones. Y es uno de marzo de dos mil doce.
Un saludo,
jueves, 23 de febrero de 2012
Oiga, ¿es el enemigo?
Genial era Gila para deformar el esperpéntico país en que vivimos. Sus parodias eran tristes y melancólicas, hechas por gente morena, retaca y con mala leche para otra gente bajita, peluda y de mal humor. Tanta mala hostia salía por las espitas de la risa. Entre telefonazo y telefonazo, con un casco, sacos terreros y ese gesto de payaso triste con cigarro a media boca, soltaba genialidades. Un monólogo en el que se intuía sin embargo el diálogo con un interlocutor que practicaba el silencio.
"Que se ponga", decía después. Y las bromas crecían. Bromas sobre el hispánico espíritu nacional, cañí, demoledoramente patético y con atisbos de genio en su limitado ingenio. España en estado puro.
El enemigo se ponía como ahora, en Valencia, y respondía a preguntas insólitas; me imagino a un antidisturbio al lado de Gila dictándole los chistes. O al otro lado del teléfono, ya no lo sé. Mientras, los del gobierno dicen que la ultra (siempre es "más allá", ya se sabe) izquierda alienta y participa de esto, y el rayo de control mental de Rubalcaba no es ajeno. Chirigota y memez, todo junto. Como eso de "primavera valenciana" en febrero, pleno invierno. Invierno de los ciudadanos. No sé si Paco Roca dibujará esa historia...
En fin. Gila sigue vivo. En Twitter he visto multitud de parodias. Y he leído noticias de todo cuño en los diferentes periódicos. Pero no se puede negar; hay gente cansada, harta y cabreada. Y muchos han salido en Valencia.
¿Será igual en el resto de España?
Un saludo,
"Que se ponga", decía después. Y las bromas crecían. Bromas sobre el hispánico espíritu nacional, cañí, demoledoramente patético y con atisbos de genio en su limitado ingenio. España en estado puro.
El enemigo se ponía como ahora, en Valencia, y respondía a preguntas insólitas; me imagino a un antidisturbio al lado de Gila dictándole los chistes. O al otro lado del teléfono, ya no lo sé. Mientras, los del gobierno dicen que la ultra (siempre es "más allá", ya se sabe) izquierda alienta y participa de esto, y el rayo de control mental de Rubalcaba no es ajeno. Chirigota y memez, todo junto. Como eso de "primavera valenciana" en febrero, pleno invierno. Invierno de los ciudadanos. No sé si Paco Roca dibujará esa historia...
En fin. Gila sigue vivo. En Twitter he visto multitud de parodias. Y he leído noticias de todo cuño en los diferentes periódicos. Pero no se puede negar; hay gente cansada, harta y cabreada. Y muchos han salido en Valencia.
¿Será igual en el resto de España?
Un saludo,
lunes, 20 de febrero de 2012
"Dave, presidente por un día"
Kevin Kline es un tipo normal que tiene una empresa tipo ETT, donde intenta colocar a la gente que necesita trabajo allá en su pueblo, aunque sea pidiendo favores a un agobiado empresario que no puede contratar a nadie más. Dave Kovic, se llama el personaje que interpreta. Para anunciarse, decide usar su parecido con el presidente de los EE.UU. del momento, un tipo llamado Bill Mitchell. Resulta atractivo y el Servicio Secreto se lo lleva para ocupar el puesto de Mitchell mientras este se cepilla a sus amantes. Con tan mala suerte que tiene un ataque a lo Roosevelt justo cuando está terminando de follársela. Entonces, con maldad supina, Langella, uno de los asesores, decide mantener a Dave como presi haciéndole firmar todo lo que pasa por sus manos sin leerlo. Un poco "Prisionero de Zenda". Y se monta entonces el embrollo.
Tras visitar un orfanato, Dave muestra un lado humano que no tenía Mitchell, y eso hace que su mujer, Sigourney Weaver, sospeche y además se enamore de él, igual que él de ella. Pero el malvado Langella, Bob Alexander en la historia, firma un decreto de esos que elimina las ayudas a los orfanatos. Indignado, Dave le dice que eso no puede ser, y Alexander, irónico, le dice que si logra recortar 650 millones del presupuesto, pues tendrá sus orfanatos. Su capricho, vaya.
Dave, enamorado y buena persona, usa de su ilegítima posición para hacer el sueño americano; si el Estado no te da la justicia que falta, obtenla tú mismo. Y así, de manera sencilla, llama a su amigo el empresario para examinar el presupuesto de los EE.UU. ¡Nada menos! y luego, en una reunión de todo el gabinete, empieza a aplicar recortes al presupuesto. Mítica la frase del empresario; "si yo llevara así mi empresa, estaría arruinado y todos mis empleados en la calle"...
Es llamativo cómo primero aplica el sentido común. "Oiga, tenemos aquí un contratista militar que cobra puntualmente pero no nos entrega el material, ¿correcto? pues nada, si no tenemos el producto, ¿por qué se le paga? hala, se le recorta hasta que lo de y se le penaliza por tardar". Y así con más cosas, que empiezan a ser curiosas. Parece que el quid de la cuestión es que... un presupuesto se puede recortar y salvar orfanatos con él. O no. Todo depende de la voluntad... política.
Porque ese es el mensaje. Vale, es 1993, la URSS acaba de irse al garete, hay optimismo mezclado con cierto pesimismo del grunge, Irak ha recibido una somanta palos y queda claro que los EE.UU. mandan. Pero... la política, en manos de buena gente, aun puede hacer cosas. Ben Kingsley, el vicepresidente ninguneado, dice en un momento que "solamente tengo mi integridad". Integridad. En política hoy día suena a chiste.
Aquí tenemos muchos que podrían ser presidentes por un día. Y el resultado, ser desastroso. Quizá haya que llegar al relato de Asimov de "Sufragio Universal", y que internet sea nuestra Multivac. O leerse la tesis del "molt honorable president" de Valencia. No sé. Pero está claro que elegimos muchas veces mal. O bien para algunos intereses, que no son, curiosamente, los del pueblo que dicen representar.
En Valencia, precisamente, hoy corren estudiantes y policías. Y supongo que el bueno de Dave Kovic, inmigrante como su nombre indica, lo que diría es que eso es malo, pero que los manifestantes, en un gesto muy americano, deben tener el derecho de manifestarse y luchar por aquello que creen. Que debe haber crítica. Aunque no nos hagan caso. Y supongo que él, si no calificara de "socialista" a Europa entera, quizá se enterneciera viendo a esos alumnos sin calefacción porque el dinero para ello está en un aeropuerto sin aviones, en comisiones de contratas como la que cortó por lo sano, en sobornos varios de aleccionamientos sobre accidentes y... tantas cosas.
Tanto dinero y tan mal usado. Cht cht cht. Quizá sea hora de repensar nuestro Estado. Y no hablo del de feisbuk.
Un saludo,
Tras visitar un orfanato, Dave muestra un lado humano que no tenía Mitchell, y eso hace que su mujer, Sigourney Weaver, sospeche y además se enamore de él, igual que él de ella. Pero el malvado Langella, Bob Alexander en la historia, firma un decreto de esos que elimina las ayudas a los orfanatos. Indignado, Dave le dice que eso no puede ser, y Alexander, irónico, le dice que si logra recortar 650 millones del presupuesto, pues tendrá sus orfanatos. Su capricho, vaya.
Dave, enamorado y buena persona, usa de su ilegítima posición para hacer el sueño americano; si el Estado no te da la justicia que falta, obtenla tú mismo. Y así, de manera sencilla, llama a su amigo el empresario para examinar el presupuesto de los EE.UU. ¡Nada menos! y luego, en una reunión de todo el gabinete, empieza a aplicar recortes al presupuesto. Mítica la frase del empresario; "si yo llevara así mi empresa, estaría arruinado y todos mis empleados en la calle"...
Es llamativo cómo primero aplica el sentido común. "Oiga, tenemos aquí un contratista militar que cobra puntualmente pero no nos entrega el material, ¿correcto? pues nada, si no tenemos el producto, ¿por qué se le paga? hala, se le recorta hasta que lo de y se le penaliza por tardar". Y así con más cosas, que empiezan a ser curiosas. Parece que el quid de la cuestión es que... un presupuesto se puede recortar y salvar orfanatos con él. O no. Todo depende de la voluntad... política.
Porque ese es el mensaje. Vale, es 1993, la URSS acaba de irse al garete, hay optimismo mezclado con cierto pesimismo del grunge, Irak ha recibido una somanta palos y queda claro que los EE.UU. mandan. Pero... la política, en manos de buena gente, aun puede hacer cosas. Ben Kingsley, el vicepresidente ninguneado, dice en un momento que "solamente tengo mi integridad". Integridad. En política hoy día suena a chiste.
Aquí tenemos muchos que podrían ser presidentes por un día. Y el resultado, ser desastroso. Quizá haya que llegar al relato de Asimov de "Sufragio Universal", y que internet sea nuestra Multivac. O leerse la tesis del "molt honorable president" de Valencia. No sé. Pero está claro que elegimos muchas veces mal. O bien para algunos intereses, que no son, curiosamente, los del pueblo que dicen representar.
En Valencia, precisamente, hoy corren estudiantes y policías. Y supongo que el bueno de Dave Kovic, inmigrante como su nombre indica, lo que diría es que eso es malo, pero que los manifestantes, en un gesto muy americano, deben tener el derecho de manifestarse y luchar por aquello que creen. Que debe haber crítica. Aunque no nos hagan caso. Y supongo que él, si no calificara de "socialista" a Europa entera, quizá se enterneciera viendo a esos alumnos sin calefacción porque el dinero para ello está en un aeropuerto sin aviones, en comisiones de contratas como la que cortó por lo sano, en sobornos varios de aleccionamientos sobre accidentes y... tantas cosas.
Tanto dinero y tan mal usado. Cht cht cht. Quizá sea hora de repensar nuestro Estado. Y no hablo del de feisbuk.
Un saludo,
sábado, 11 de febrero de 2012
DVRA·LEX·SED·LEX
Así, grabada en piedra, es la gran máxima que adorna muchos palacios de justicia. O pedestales de alegorías de la Justicia (Iustitia romana)con su fiel y la espada. En todo caso, una gran verdad. Es dura, pero es la ley.
Y ahí me pregunto yo, ¿por qué es dura la ley? Quizá porque es la única manera de que una sociedad pueda prosperar y tener estabilidad en paz. Si todos conocemos la ley, será más fácil evitar su aplicación. No es una paradoja, es una visión de cálculo. Pero claro, el ser humano está hecho de todo, menos de matemáticas. Al menos, que él las comprenda bien.
Decía hace tiempo Tomás Moro en su ensayo, "Utopía", una frase que no dejo de repetirme y que me encanta. Es algo así como "¿qué otra cosa hacéis de ellos sino ladrones, que luego castigáis?"
Las sociedades siempre crean sus leyes, consuetudinarias o positivas, e incluso invocan para mayor interés de algunas capas las naturales. Lo cierto es que estas leyes son la expresión del momento, el lugar y los problemas concretos. Y no significan nada más que eso. No son justas. Justicia es, al final, la aplicación de esas leyes. Pero no tiene nada que ver con lo que es justo.
A veces se agrava el problema anterior con un asunto de valores. Si consideramos que algo está "bien" o "mal", independientemente de lo que marque la ley, estamos juzgando también la moralidad del acto, que puede no coincidad con la punibilidad del mismo. Ejemplo, podemos considerar hoy día que, por robar un pan, el castigo de cortar las manos sea malo, aunque sea lo justo. Antaño podría considerarse como justo y además bueno. Dependiendo la parte de la sociedad a quien lo preguntáramos.
Todo esto viene por lo último de la Justicia española. Garzón, Camps, Undargarín... viene de lo que consieramos bueno o malo, y de lo que hemos dejado que otros, los políticos, consideren justo y necesario. Cuando hay un verdadero abismo entre lo que unos y otros consideran como tal, es que algo va mal, muy mal. Y curiosamente, hoy, muchos consideran que algo va mal, muy mal. Aunque estén de acuerdo con algunas cuestiones.
En una sociedad donde el derecho fuera positivo de veras, donde cada ciudadano hubiera expresado con legitimidad su punto de vista, donde el acuerdo o contrato social fuera efectivo y no una mera entelequia, la máxima latina tendría valor. Pero en una sociedad donde el divorcio entre los ciudadanos y las instituciones que se supone le representan y mejoran su vida cotidiana es patente, lo cierto es que suena a pitorreo. Será que todo el sistema actual tiene más fallos que aciertos, o que los primeros ensombrecen sobremanera a los segundos. No lo sé. Pero deberíamos empezar a reflexionar seriamente sobre nuestro papel social, sobre nuestras responsabilidades. Porque hace tiempo que hemos hecho dejación de las mismas. Y cuando uno no quiere meterse en política, que es algo básico en sociedad, y que es la piedra angular de su funcionamiento, curiosamente otros se preocuparán de esa política. Y no en beneficio de todos. Solamente del suyo. Entonces retomarán el lema latino, y nos lo aplicarán sin rechistar nosotros.
Ya hemos perdido el valor de muchas palabras. Ahora parece que estamos en el vaciado de otra de ellas.
La Justicia.
Un saludo,
Y ahí me pregunto yo, ¿por qué es dura la ley? Quizá porque es la única manera de que una sociedad pueda prosperar y tener estabilidad en paz. Si todos conocemos la ley, será más fácil evitar su aplicación. No es una paradoja, es una visión de cálculo. Pero claro, el ser humano está hecho de todo, menos de matemáticas. Al menos, que él las comprenda bien.
Decía hace tiempo Tomás Moro en su ensayo, "Utopía", una frase que no dejo de repetirme y que me encanta. Es algo así como "¿qué otra cosa hacéis de ellos sino ladrones, que luego castigáis?"
Las sociedades siempre crean sus leyes, consuetudinarias o positivas, e incluso invocan para mayor interés de algunas capas las naturales. Lo cierto es que estas leyes son la expresión del momento, el lugar y los problemas concretos. Y no significan nada más que eso. No son justas. Justicia es, al final, la aplicación de esas leyes. Pero no tiene nada que ver con lo que es justo.
A veces se agrava el problema anterior con un asunto de valores. Si consideramos que algo está "bien" o "mal", independientemente de lo que marque la ley, estamos juzgando también la moralidad del acto, que puede no coincidad con la punibilidad del mismo. Ejemplo, podemos considerar hoy día que, por robar un pan, el castigo de cortar las manos sea malo, aunque sea lo justo. Antaño podría considerarse como justo y además bueno. Dependiendo la parte de la sociedad a quien lo preguntáramos.
Todo esto viene por lo último de la Justicia española. Garzón, Camps, Undargarín... viene de lo que consieramos bueno o malo, y de lo que hemos dejado que otros, los políticos, consideren justo y necesario. Cuando hay un verdadero abismo entre lo que unos y otros consideran como tal, es que algo va mal, muy mal. Y curiosamente, hoy, muchos consideran que algo va mal, muy mal. Aunque estén de acuerdo con algunas cuestiones.
En una sociedad donde el derecho fuera positivo de veras, donde cada ciudadano hubiera expresado con legitimidad su punto de vista, donde el acuerdo o contrato social fuera efectivo y no una mera entelequia, la máxima latina tendría valor. Pero en una sociedad donde el divorcio entre los ciudadanos y las instituciones que se supone le representan y mejoran su vida cotidiana es patente, lo cierto es que suena a pitorreo. Será que todo el sistema actual tiene más fallos que aciertos, o que los primeros ensombrecen sobremanera a los segundos. No lo sé. Pero deberíamos empezar a reflexionar seriamente sobre nuestro papel social, sobre nuestras responsabilidades. Porque hace tiempo que hemos hecho dejación de las mismas. Y cuando uno no quiere meterse en política, que es algo básico en sociedad, y que es la piedra angular de su funcionamiento, curiosamente otros se preocuparán de esa política. Y no en beneficio de todos. Solamente del suyo. Entonces retomarán el lema latino, y nos lo aplicarán sin rechistar nosotros.
Ya hemos perdido el valor de muchas palabras. Ahora parece que estamos en el vaciado de otra de ellas.
La Justicia.
Un saludo,
martes, 7 de febrero de 2012
Apatía
Esta semana es prolífica en lecturas. Desde "Algo va mal" de Tony Judt hasta "Bandera Roja" de David Priestland, pasando por "El libro más peligroso" de Christopher Krebs y "Los náufragos del Batavia" de Simon Leys. Finalmente, estoy con "Mano y cerebro en la antigua Grecia" de Benjamin Farrington, una recopilación de ensayos muy interesantes. De todo ello, me quedo con una frase famosa: "Hasta ahora, los filósofos se han dedicado a interpretar el mundo, pero de lo que se trata es de cambiarlo". Ya saben, ese tipo llamado Marx. Carlos de nombre.
Tengo la extraña visión de un mundo que se desmorona a mi alrededor, pero con las personas haciendo otras cosas, indiferentes a los pedazos que caen a sus pies. Una visión realista; mientras no me toquen mi chollo, no hay problema, y si me lo tocan, pues me buscaré otro. Es la extraña reacción de todos. Unos y otros, en conjunto, demuestran cortedad de miras. Algo muy español.
Hablando con un compañero de la recreación histórica, en el regreso de Zaragoza, ambos coincidimos en cómo todo se ha individualizado en exceso. La idea de comunidad, de pertenencia a un grupo, se ha diluido cuando no roto. Las familias también. En Alemania, donde él ha estado, hay hijos que, tras los 18 años y marcharse de casa, no vuelven a saber de sus progenitores. Alcoholismo en soledad, muertes miserables... aquí parece que aun no ha llegado en demasía. Pero tiene pinta. Todo sea por el individualismo feroz.
Pero hay una gran verdad en toda nuestra sociedad. La de la apatía. No es ya esa abulia que denunciaban los Baroja del 98, no. Es indiferencia ante todo lo que acaece a nuestro alrededor. ¿Que nos congelan el sueldo? bueno, tenemos sueldo. ¿Que nos recortan los derechos? bueno, tenemos algunos. ¿Que nos quitan servicios recortando prestaciones y calidad? bueno, mejor que nada... ¿que nos piden un esfuerzo y que luchemos por revertir la tendencia anterior? bueno, ya irán algunos, total, siempre seremos pocos, los sindicatos son unos vendidos tan apoltronados como los políticos que no mandan y los banqueros y demás ricos son quienes gobiernan y no podemos hacer nada contra ellos... vaya, de corrido el argumento mental de casi todo el mundo. A la apatía se une pues el cinismo y la desesperación moderada. Mientras no nos toquen... no nos toquen a nosotros... al resto...
Han logrado eso. Romper la solidaridad, la fraternidad, los fundamentos de toda sociedad. Pues sin solidaridad ni fraternidad, pero no entendidas como una tontuna viciosa, si no con su sentido primigenio y positivo, no existe comunidad ni sociedad. Existen células chocando entre sí por los recursos y compitiendo por todo. Deshumanizados, pululando por enormes centros comerciales que venden baratas las piezas que otros construyen gracias a que consentimos su falta de derechos y que, de rebote, nos afecta porque nos están quitando los nuestros. Nunca se llega a la igualdad por arriba. Viene por abajo, por lo peor.
Estamos apáticos. Una huelga general nadie se la plantea en serio. A lo más, un día simbólico que apenas secundarán unos cuantos miles. Yo, desde luego, apoyaré a quien convoque una semana de paro general. Y con reivindicaciones claras, honestas y beneficiosas para todos, no para las minorías que están acumulando cada vez más el poder. Incluso apoyo el único cambio que entienen; el violento. Cada vez más.
Pero de la apatía no nos saca nada ni nadie. Únicamente parecemos tener algún instinto, tripas y entrañas encendidas, viendo nuestro partido favorito.
Así nos va.
Apáticos.
Un saludo,
Tengo la extraña visión de un mundo que se desmorona a mi alrededor, pero con las personas haciendo otras cosas, indiferentes a los pedazos que caen a sus pies. Una visión realista; mientras no me toquen mi chollo, no hay problema, y si me lo tocan, pues me buscaré otro. Es la extraña reacción de todos. Unos y otros, en conjunto, demuestran cortedad de miras. Algo muy español.
Hablando con un compañero de la recreación histórica, en el regreso de Zaragoza, ambos coincidimos en cómo todo se ha individualizado en exceso. La idea de comunidad, de pertenencia a un grupo, se ha diluido cuando no roto. Las familias también. En Alemania, donde él ha estado, hay hijos que, tras los 18 años y marcharse de casa, no vuelven a saber de sus progenitores. Alcoholismo en soledad, muertes miserables... aquí parece que aun no ha llegado en demasía. Pero tiene pinta. Todo sea por el individualismo feroz.
Pero hay una gran verdad en toda nuestra sociedad. La de la apatía. No es ya esa abulia que denunciaban los Baroja del 98, no. Es indiferencia ante todo lo que acaece a nuestro alrededor. ¿Que nos congelan el sueldo? bueno, tenemos sueldo. ¿Que nos recortan los derechos? bueno, tenemos algunos. ¿Que nos quitan servicios recortando prestaciones y calidad? bueno, mejor que nada... ¿que nos piden un esfuerzo y que luchemos por revertir la tendencia anterior? bueno, ya irán algunos, total, siempre seremos pocos, los sindicatos son unos vendidos tan apoltronados como los políticos que no mandan y los banqueros y demás ricos son quienes gobiernan y no podemos hacer nada contra ellos... vaya, de corrido el argumento mental de casi todo el mundo. A la apatía se une pues el cinismo y la desesperación moderada. Mientras no nos toquen... no nos toquen a nosotros... al resto...
Han logrado eso. Romper la solidaridad, la fraternidad, los fundamentos de toda sociedad. Pues sin solidaridad ni fraternidad, pero no entendidas como una tontuna viciosa, si no con su sentido primigenio y positivo, no existe comunidad ni sociedad. Existen células chocando entre sí por los recursos y compitiendo por todo. Deshumanizados, pululando por enormes centros comerciales que venden baratas las piezas que otros construyen gracias a que consentimos su falta de derechos y que, de rebote, nos afecta porque nos están quitando los nuestros. Nunca se llega a la igualdad por arriba. Viene por abajo, por lo peor.
Estamos apáticos. Una huelga general nadie se la plantea en serio. A lo más, un día simbólico que apenas secundarán unos cuantos miles. Yo, desde luego, apoyaré a quien convoque una semana de paro general. Y con reivindicaciones claras, honestas y beneficiosas para todos, no para las minorías que están acumulando cada vez más el poder. Incluso apoyo el único cambio que entienen; el violento. Cada vez más.
Pero de la apatía no nos saca nada ni nadie. Únicamente parecemos tener algún instinto, tripas y entrañas encendidas, viendo nuestro partido favorito.
Así nos va.
Apáticos.
Un saludo,
jueves, 2 de febrero de 2012
Una huelga general
Llevo tiempo pensando en ello. Lo que no quiere decir que haga una reflexión al gusto de nadie. Bueno, al mío sí.
El monstruo de las galletas, Rajoy cuando no está azul, comentó a micrófono traidor el otro día, "en Europa", como dicen jocosamente algunos, que con la reforma laboral que tenía en mente asumía que tendría una huelga general. Imagino que pensó en las huelgas que se llevan haciendo en los últimos años. Que no son huelgas ni nada. Son patrañas formales repletas de oquedades.
Una huelga general, de las de verdad, es la que podían hacer los mineros británicos en los ochenta. No de un día tonto, ni siquiera con paros de 2 horas, no. Huelgas de MESES. Tenían una cosa llamada caja de resistencia, un ideal de solidaridad y un inquebrantable deseo de forzar a los poderes gubernamentales y a los empresariales a negociar condiciones beneficiosas para todos, no solamente para ellos.
Una huelga general, de las de verdad, era la que se hacía en los astilleros del norte de España cuando la brutal reconversión o, mejor llamada, desmantelamiento. Aun recuerda un primo mío, asturiano y policía, el terror que le daban esos tirachinas y trozos huecos de plomo rellenos de explosivos con tuercas y tornillos.
Una huelga general, de las de verdad, era la que se hacían en muchos países con un movimiento obrero pujante, fuerte, crecido por la justicia de sus planteamientos y la injusticia del mundo en que se vivía. Los siglos XIX y XX, éste hasta sus postrimerías, alumbraron esos movimientos, que arrancaron, porque es la única manera de lograrlo, derechos que hoy tenemos como básicos e inamovibles y que, realmente, nos van quitando poco a poco.
Y entonces yo me pregunto, ¿qué miedo puede tener Rajoy a una huelga general española? Yo también me reiría de lo lindo en privado. Porque paran... UN DÍA.
Un miserable día. En el que los sindicatos hinchan pecho y cifras y falsean la fuerza de su cada vez más apagado movimiento. En el que los medios afines al poder económico falsean y reducen esas cifras y les caldean tildándoles de todo menos de guapos. En el que los ciudadanos participantes ven un día de fiesta no remunerado, algunos, y otros ni se molestan, dando por hecho que dará igual. Un cinismo y desencanto como nunca se ha ido viendo ha crecido tanto que hoy por hoy, una de esas "huelgas generales" es tan potente como tirarle harina a un político.
Mi propuesta es sencilla, y se puede hacer AL MARGEN de los grandes sindicatos pesebristas.
Que los ciudadanos concienciados busquen qué no funciona en su localidad. Qué servicio les están recortando. Que se reunan, formen asambleas y convoquen una huelga. Nos ampara como trabajadores el artículo 3.2.b) del Real Decreto-ley 17/1977, de 4 de marzo, sobre Relaciones de Trabajo.
No hacen falta sindicatos.
Solamente personas concienciadas.
Con ello, ¿y qué pedir?
Una simplificación del mercado laboral. Que haya solamente dos tipos de contrato, el temporal y el indefinido. Que en el primero se pague mayor indemnización por despido que en el segundo, por cuestión de su duración. Que no haya ningún tipo de subvención a colectivos, excepto algunos muy concretos (minusvalías, por ejemplo). Que el salario mínimo aumente. Que el salario de altos directivos y personal sujeto a primas quede regulado hasta un máximo.
A eso, añadir cambios en las normas recaudatorias, con una progresividad más adecuada a los ingresos, gravando más las rentas más altas, hasta un 50%, por ejemplo. No es lo mismo aplicar un 15% a un sueldo de 1250 euros que un 50% a un sueldo y primas y bonus de 20.000 euros. Que las cuotas de seguridad social no se modifiquen, si acaso, se revisen según montos. Que lo recaudado se destine a un mayor control de evasión fiscal y de incumplimiento de las normas laborales, sobre todo de seguridad, salud e higiene en el trabajo, así como derechos y deberes de todas las partes. Que crear una empresa sea un cometido más sencillo, con menos tiempo de tramitación pero sujeto a controles exigentes para no dejar supuestos ilícitos o nocivos. Y más cosas, sí...
Así, sin pensar, me salen estas reivindicaciones. Con estas o similares secundaría una huelga, y aquí lo digo bien alto, DE UNA SEMANA ENTERA DE DURACIÓN. Me da igual perder ese dinero si, con esta demostración de fuerza, se puede detener la destrucción del estado de seguridad social que hemos tenido, parcheado y precario, pero que ha ayudado a no desequilibrar tanto, como está pasando desde que las políticas neocon y rapiñadoras actúan, la diferencia entre los ricos y los pobres...
¿Alguien se anima a convocar una huelga así, o estamos todos realmente cómodos con nuestra situación, igual que los cerdos en sus lechos de mierda?
No, no quiero leer respuestas, ya las conozco. Desgraciadamente.
Un saludo,
El monstruo de las galletas, Rajoy cuando no está azul, comentó a micrófono traidor el otro día, "en Europa", como dicen jocosamente algunos, que con la reforma laboral que tenía en mente asumía que tendría una huelga general. Imagino que pensó en las huelgas que se llevan haciendo en los últimos años. Que no son huelgas ni nada. Son patrañas formales repletas de oquedades.
Una huelga general, de las de verdad, es la que podían hacer los mineros británicos en los ochenta. No de un día tonto, ni siquiera con paros de 2 horas, no. Huelgas de MESES. Tenían una cosa llamada caja de resistencia, un ideal de solidaridad y un inquebrantable deseo de forzar a los poderes gubernamentales y a los empresariales a negociar condiciones beneficiosas para todos, no solamente para ellos.
Una huelga general, de las de verdad, era la que se hacía en los astilleros del norte de España cuando la brutal reconversión o, mejor llamada, desmantelamiento. Aun recuerda un primo mío, asturiano y policía, el terror que le daban esos tirachinas y trozos huecos de plomo rellenos de explosivos con tuercas y tornillos.
Una huelga general, de las de verdad, era la que se hacían en muchos países con un movimiento obrero pujante, fuerte, crecido por la justicia de sus planteamientos y la injusticia del mundo en que se vivía. Los siglos XIX y XX, éste hasta sus postrimerías, alumbraron esos movimientos, que arrancaron, porque es la única manera de lograrlo, derechos que hoy tenemos como básicos e inamovibles y que, realmente, nos van quitando poco a poco.
Y entonces yo me pregunto, ¿qué miedo puede tener Rajoy a una huelga general española? Yo también me reiría de lo lindo en privado. Porque paran... UN DÍA.
Un miserable día. En el que los sindicatos hinchan pecho y cifras y falsean la fuerza de su cada vez más apagado movimiento. En el que los medios afines al poder económico falsean y reducen esas cifras y les caldean tildándoles de todo menos de guapos. En el que los ciudadanos participantes ven un día de fiesta no remunerado, algunos, y otros ni se molestan, dando por hecho que dará igual. Un cinismo y desencanto como nunca se ha ido viendo ha crecido tanto que hoy por hoy, una de esas "huelgas generales" es tan potente como tirarle harina a un político.
Mi propuesta es sencilla, y se puede hacer AL MARGEN de los grandes sindicatos pesebristas.
Que los ciudadanos concienciados busquen qué no funciona en su localidad. Qué servicio les están recortando. Que se reunan, formen asambleas y convoquen una huelga. Nos ampara como trabajadores el artículo 3.2.b) del Real Decreto-ley 17/1977, de 4 de marzo, sobre Relaciones de Trabajo.
No hacen falta sindicatos.
Solamente personas concienciadas.
Con ello, ¿y qué pedir?
Una simplificación del mercado laboral. Que haya solamente dos tipos de contrato, el temporal y el indefinido. Que en el primero se pague mayor indemnización por despido que en el segundo, por cuestión de su duración. Que no haya ningún tipo de subvención a colectivos, excepto algunos muy concretos (minusvalías, por ejemplo). Que el salario mínimo aumente. Que el salario de altos directivos y personal sujeto a primas quede regulado hasta un máximo.
A eso, añadir cambios en las normas recaudatorias, con una progresividad más adecuada a los ingresos, gravando más las rentas más altas, hasta un 50%, por ejemplo. No es lo mismo aplicar un 15% a un sueldo de 1250 euros que un 50% a un sueldo y primas y bonus de 20.000 euros. Que las cuotas de seguridad social no se modifiquen, si acaso, se revisen según montos. Que lo recaudado se destine a un mayor control de evasión fiscal y de incumplimiento de las normas laborales, sobre todo de seguridad, salud e higiene en el trabajo, así como derechos y deberes de todas las partes. Que crear una empresa sea un cometido más sencillo, con menos tiempo de tramitación pero sujeto a controles exigentes para no dejar supuestos ilícitos o nocivos. Y más cosas, sí...
Así, sin pensar, me salen estas reivindicaciones. Con estas o similares secundaría una huelga, y aquí lo digo bien alto, DE UNA SEMANA ENTERA DE DURACIÓN. Me da igual perder ese dinero si, con esta demostración de fuerza, se puede detener la destrucción del estado de seguridad social que hemos tenido, parcheado y precario, pero que ha ayudado a no desequilibrar tanto, como está pasando desde que las políticas neocon y rapiñadoras actúan, la diferencia entre los ricos y los pobres...
¿Alguien se anima a convocar una huelga así, o estamos todos realmente cómodos con nuestra situación, igual que los cerdos en sus lechos de mierda?
No, no quiero leer respuestas, ya las conozco. Desgraciadamente.
Un saludo,
martes, 31 de enero de 2012
Cañones o mantequilla
En Economía clásica, se estudia esta disyuntiva; es qué hacer con los recursos, si invertir en mantequilla (comida) para que los ciudadanos puedan alimentarse, o hacerlo en cañones (guerra) que permita defendernos o atacar a otras naciones. Más o menos, simplificando, Samuelson venía a decir que todos los días hacemos elecciones de cómo usar nuestros recursos, sean los que sean.
El recurso por excelencia desde hace dos décadas es el dinero. Ya no valoramos únicamente el precio de las patatas, del trigo o de la leche. Valoramos el precio del dinero ajeno, del dinero de otros. De pronto, ya no hacemos únicamente especulación (la economía es especular, pensar qué ganaremos si invertimos en esos cañones o esas mantequillas, y con qué ganaremos más) si no que rizamos el rizo. Hacemos rapiña.
Porque especular con dinero es improductivo, realmente, dado que no renta a todo el mundo por igual. Si un BCE presta a los Bancos nacionales, digamos, millones de euros, para que éstos los inyecten (en teoría) en las economías nacionales dando créditos que pongan en marcha empresas y proyectos, y lo hace a un interés bajo, el 1%, ¿nadie se escandaliza si luego esos Bancos los vuelven a prestar a Gobiernos nacionales al 5% o incluso al mismo BCE? es la jugada circular donde el dinero da dinero. Al contrario que cuando hacíamos el cambio de divisas en las aduanas antes, aquí se gana. Porque la banca está en medio.
Y la especulación ha subido tan espectacularmente, que ya no calculamos el valor del dinero que compramos y vendemos en función de un valor material, como el oro o la plata, siquiera en función de niveles de producción reales de industria, agricultura o incluso servicios. No, lo hacemos en función de las etéreas consignas que dan unas agencias y unos individuos de manera arbitraria, más si cabe, basándose en... lo que les da la gana.
Leyendo el libro de Tony Judt, "Algo va mal" (cuyo título es más que revelador; se escribió en febrero de 2010) me doy cuenta de cómo hemos ido cayendo en espiral hasta llegar a un pozo oscuro del que creíamos haber salido hace décadas. De pronto, los avances sociales, las mejoras correctoras de desigualdad, están cayendo en el barro, pisoteadas por... ¿un ejército? no. Señores bien vestidos que compran coches de lujo y veranean en paraísos fiscales. Están desmantelando el estado social de bienestar que costó tanto crear.
Es significante cuánto se ha perdido. Contenido en las palabras, reemplazando significados por huecos, vacíos o mentiras, en el mejor de los casos. Percepción de comunidad, de lo público, de lo de todos, visto ahora como un dinosaurio a desmantelar. Pero nadie se da cuenta de lo que realmente pasa; los depredadores más voraces están dándose el festín con la carne y el tuétano de todos. DE TODOS.
La disyuntiva de Samuelson debería cambiar. Ya no es elegir entre cañones o mantequilla. Es elegir entre un futuro o ningún futuro. Y eso va pasando ahora, en el presente. Elegir entre una sociedad o una jungla. Entre bienestar o dolor. Entre la comunidad o el parqué de las Bolsas.
Y una gran cita de Keynes:
"Una vez que nos permitamos desobedecer la prueba de los beneficios de un contable, hemos empezado a cambiar nuestra civilización."
Un saludo,
El recurso por excelencia desde hace dos décadas es el dinero. Ya no valoramos únicamente el precio de las patatas, del trigo o de la leche. Valoramos el precio del dinero ajeno, del dinero de otros. De pronto, ya no hacemos únicamente especulación (la economía es especular, pensar qué ganaremos si invertimos en esos cañones o esas mantequillas, y con qué ganaremos más) si no que rizamos el rizo. Hacemos rapiña.
Porque especular con dinero es improductivo, realmente, dado que no renta a todo el mundo por igual. Si un BCE presta a los Bancos nacionales, digamos, millones de euros, para que éstos los inyecten (en teoría) en las economías nacionales dando créditos que pongan en marcha empresas y proyectos, y lo hace a un interés bajo, el 1%, ¿nadie se escandaliza si luego esos Bancos los vuelven a prestar a Gobiernos nacionales al 5% o incluso al mismo BCE? es la jugada circular donde el dinero da dinero. Al contrario que cuando hacíamos el cambio de divisas en las aduanas antes, aquí se gana. Porque la banca está en medio.
Y la especulación ha subido tan espectacularmente, que ya no calculamos el valor del dinero que compramos y vendemos en función de un valor material, como el oro o la plata, siquiera en función de niveles de producción reales de industria, agricultura o incluso servicios. No, lo hacemos en función de las etéreas consignas que dan unas agencias y unos individuos de manera arbitraria, más si cabe, basándose en... lo que les da la gana.
Leyendo el libro de Tony Judt, "Algo va mal" (cuyo título es más que revelador; se escribió en febrero de 2010) me doy cuenta de cómo hemos ido cayendo en espiral hasta llegar a un pozo oscuro del que creíamos haber salido hace décadas. De pronto, los avances sociales, las mejoras correctoras de desigualdad, están cayendo en el barro, pisoteadas por... ¿un ejército? no. Señores bien vestidos que compran coches de lujo y veranean en paraísos fiscales. Están desmantelando el estado social de bienestar que costó tanto crear.
Es significante cuánto se ha perdido. Contenido en las palabras, reemplazando significados por huecos, vacíos o mentiras, en el mejor de los casos. Percepción de comunidad, de lo público, de lo de todos, visto ahora como un dinosaurio a desmantelar. Pero nadie se da cuenta de lo que realmente pasa; los depredadores más voraces están dándose el festín con la carne y el tuétano de todos. DE TODOS.
La disyuntiva de Samuelson debería cambiar. Ya no es elegir entre cañones o mantequilla. Es elegir entre un futuro o ningún futuro. Y eso va pasando ahora, en el presente. Elegir entre una sociedad o una jungla. Entre bienestar o dolor. Entre la comunidad o el parqué de las Bolsas.
Y una gran cita de Keynes:
"Una vez que nos permitamos desobedecer la prueba de los beneficios de un contable, hemos empezado a cambiar nuestra civilización."
Un saludo,
jueves, 19 de enero de 2012
Piratas del océano bit
Hace 20 años, cuanto tenía 15, era habitual quedar con amigos en alguna casa y pasarse cosas. Si alguien tenía un vinilo o un CD chulos, le dabas una cinta cassete y te grababa los temas que querías. De hecho, podías hacerte un mix. Y tenías decenas de cassetes en casa. Alguna vez, cuando había dinero, comprabas tú un vinilo o CD y lo compartías con los colegas que les gustaba lo mismo.
También lo hacíamos con los VHS. Lo más, era tener 2 y poder pasar cintas, aunque la calidad bajaba. También programar para grabar los buenísimos ciclos de la segunda cadena (todavía no era "La2") o en otras televisiones, aunque costara quedarse despierto para parar en los anuncios y quitarlos. Algunos acumulamos colecciones de 600 VHS, prácticamente todos visionados, además...
Con los libros y tebeos era diferente. Nos los prestábamos. Con cuidado. Yo, por ejemplo, tenía demasiada afición a comer chocolate leyendo, y eso me provocó alguna bronca con mucha razón. Pasados los años, me he hecho un talibán al respecto... nada como pecar para ser luego intransigente. Como los ex-fumadores. También estaba la biblioteca, santuario visitado, aunque algunos como yo preferíamos la colección en casa y cuidada. Un caso concreto que conocí fue un chaval que tenía toda la colección de tebeos plastificada, y te tenías que poner guantes para leerla... pero circulaban.
Del porno, ese gran mito, era más jorobado. Por lo voluminoso, lo vergonzoso de almacenarlo y que te lo pillaran... el Rastro tenía tiendas donde comprar e intercambiar, a veces con asco y reticencias. Tuve un amigo (ya no lo es) que hacía tráfico de porno en su instituto, un lugar de esos privados y de curas. Era brutal su caja de cartón grande rebosante de cintas... las revistas también tenían su aquel, y eran preciadas. El porno siempre interesaba a los de mi edad.
Pasaron los años. Crecimos. Obtuvimos trabajo. Apareció internet. De pronto, la música podías descargártela canción a canción en páginas donde pinchabas los "MP3", archivos solamente reproducibles en el PC o tostando un CD. Gastamos en tecnología para ello. Luego las pelis se pasaron al formato DVD. Mejor calidad, menos espacio, y encima más capacidad de grabación. Y en las bibliotecas públicas había cientos de ellas, gratuitas... y desde luego, el porno se hizo accesible. Internet ofrecia mucho.
Curiosamente, hay algo que no he dejado de comprar; libros. Tengo un kindle, también, pero sigo comprando libros. Siempre que puedo. No están todos en digital y el precio es prohibitivo y absurdo en ese formato. Tampoco he dejado de ir al cine. Dos, tres veces por semana. Pago mi entrada (es caro) y veo la peli en la sala con palomitas o sin ellas, acompañado. La música, en cambio, apenas compro. Hay mil cadenas de radio que tienen lo que quiero, y desde que desapareció Diálogos 3, no hay un programa que me oriente como antes. Por tanto, no he dejado de consumir eso que llaman "kurtura". Acorde con mis ingresos y gastos.
En este tiempo he visto que hay cosas que se han dicho con razón y sinrazón. Hoy, el FBI ha cerrado Megaupload y otras que alojaban milllones de archivos, sin pararse en mientes si eran legales o no. Y parece que el futuro es intervenir la red y parar el intercambio de archivos, que dicen genera millones en pérdidas. Bien, yo lo veo así...
Si con 15 años un policía hubiera entrado en mi casa o me hubiera asaltado en el parque por llevarme un libro, una película, un disco, un tebeo, un porno, de un amigo, diciendo que cometía un delito porque eso no me lo podían prestar, si no que debería comprarme YO mi copia, me habría reido y pensado que estaba en una dictadura. O algo así. No sé, Corea del Norte, la URSS (que existía a puntito de caer) Cuba o Rumanía. Pero no, era España. Y no pasó. Y la industria de la cultura seguía quejándose de las cintas de cassete piratas, del tabaco pirata, de los libros fotocopiados, de las películas copiadas... como si eso fuera el problema.
El problema ha sido que la tecnología ha cambiado brutalmente. Y que ahora hay más difusión. Y que quieren seguir cobrando por usar un camino de bueyes como si éste fuera autopista de cinco carriles. Y ahí está el problema. Si los ingresos no dan para todo, pero se puede obtener de todo con poco dinero (el pago a los proveedores de internet) aunque la calidad sea algo inferior, ¿qué sucede? Lo llaman "piratería".
Ahora se recurre al expediente de siempre; policía, palo y tentetieso. En lugar de haber animado el cotarro con innovaciones acordes a las nuevas tecnologías. Tampoco es raro. Los generales de la Primera Guerra Mundial seguían creyendo que mandar a 600.000 hombres con fusiles contra posiciones de ametralladora era lo más. Y con caballos, lo más de lo más. Aquí igual. Y los pocos que han intentado montar algo medianamente serio, no buscando beneficios brutales, hacer un negocio correcto, están flipando por lo mal que se les mira, porque están acorralados entre dos bandos. Y los gobiernos... en fin.
Los piratas siempre han tenido un halo romántico. Parches, patas de palo, loros en el hombro. Ahora son gafas de culo botella, tripa de pizza con panza añeja y iPods nanos en la mano. Pero siguen justificando crímenes con la misma palabra que usan los que les persiguen; por la "libertad". Vaya, si los que son libres (dentro de las opciones que se les da) son los que compran, que siempre, no son tontos, comprarán lo más barato. O lo que sea gratis. Ahora veremos. Se ha iniciado el garrotazo. ¿La respuesta? será tan ingeniosa como las que siempre se han dado; oyes, quedamos en tu casa y me copias eso... así te veo, tomamos algo y charlamos, que no me acuerdo de lo que es escuchar voces humanas sin pasarlas por un altavoz.
O no, vete a saber. El ingenio humano es infinito, como su estupidez...
Un saludo,
También lo hacíamos con los VHS. Lo más, era tener 2 y poder pasar cintas, aunque la calidad bajaba. También programar para grabar los buenísimos ciclos de la segunda cadena (todavía no era "La2") o en otras televisiones, aunque costara quedarse despierto para parar en los anuncios y quitarlos. Algunos acumulamos colecciones de 600 VHS, prácticamente todos visionados, además...
Con los libros y tebeos era diferente. Nos los prestábamos. Con cuidado. Yo, por ejemplo, tenía demasiada afición a comer chocolate leyendo, y eso me provocó alguna bronca con mucha razón. Pasados los años, me he hecho un talibán al respecto... nada como pecar para ser luego intransigente. Como los ex-fumadores. También estaba la biblioteca, santuario visitado, aunque algunos como yo preferíamos la colección en casa y cuidada. Un caso concreto que conocí fue un chaval que tenía toda la colección de tebeos plastificada, y te tenías que poner guantes para leerla... pero circulaban.
Del porno, ese gran mito, era más jorobado. Por lo voluminoso, lo vergonzoso de almacenarlo y que te lo pillaran... el Rastro tenía tiendas donde comprar e intercambiar, a veces con asco y reticencias. Tuve un amigo (ya no lo es) que hacía tráfico de porno en su instituto, un lugar de esos privados y de curas. Era brutal su caja de cartón grande rebosante de cintas... las revistas también tenían su aquel, y eran preciadas. El porno siempre interesaba a los de mi edad.
Pasaron los años. Crecimos. Obtuvimos trabajo. Apareció internet. De pronto, la música podías descargártela canción a canción en páginas donde pinchabas los "MP3", archivos solamente reproducibles en el PC o tostando un CD. Gastamos en tecnología para ello. Luego las pelis se pasaron al formato DVD. Mejor calidad, menos espacio, y encima más capacidad de grabación. Y en las bibliotecas públicas había cientos de ellas, gratuitas... y desde luego, el porno se hizo accesible. Internet ofrecia mucho.
Curiosamente, hay algo que no he dejado de comprar; libros. Tengo un kindle, también, pero sigo comprando libros. Siempre que puedo. No están todos en digital y el precio es prohibitivo y absurdo en ese formato. Tampoco he dejado de ir al cine. Dos, tres veces por semana. Pago mi entrada (es caro) y veo la peli en la sala con palomitas o sin ellas, acompañado. La música, en cambio, apenas compro. Hay mil cadenas de radio que tienen lo que quiero, y desde que desapareció Diálogos 3, no hay un programa que me oriente como antes. Por tanto, no he dejado de consumir eso que llaman "kurtura". Acorde con mis ingresos y gastos.
En este tiempo he visto que hay cosas que se han dicho con razón y sinrazón. Hoy, el FBI ha cerrado Megaupload y otras que alojaban milllones de archivos, sin pararse en mientes si eran legales o no. Y parece que el futuro es intervenir la red y parar el intercambio de archivos, que dicen genera millones en pérdidas. Bien, yo lo veo así...
Si con 15 años un policía hubiera entrado en mi casa o me hubiera asaltado en el parque por llevarme un libro, una película, un disco, un tebeo, un porno, de un amigo, diciendo que cometía un delito porque eso no me lo podían prestar, si no que debería comprarme YO mi copia, me habría reido y pensado que estaba en una dictadura. O algo así. No sé, Corea del Norte, la URSS (que existía a puntito de caer) Cuba o Rumanía. Pero no, era España. Y no pasó. Y la industria de la cultura seguía quejándose de las cintas de cassete piratas, del tabaco pirata, de los libros fotocopiados, de las películas copiadas... como si eso fuera el problema.
El problema ha sido que la tecnología ha cambiado brutalmente. Y que ahora hay más difusión. Y que quieren seguir cobrando por usar un camino de bueyes como si éste fuera autopista de cinco carriles. Y ahí está el problema. Si los ingresos no dan para todo, pero se puede obtener de todo con poco dinero (el pago a los proveedores de internet) aunque la calidad sea algo inferior, ¿qué sucede? Lo llaman "piratería".
Ahora se recurre al expediente de siempre; policía, palo y tentetieso. En lugar de haber animado el cotarro con innovaciones acordes a las nuevas tecnologías. Tampoco es raro. Los generales de la Primera Guerra Mundial seguían creyendo que mandar a 600.000 hombres con fusiles contra posiciones de ametralladora era lo más. Y con caballos, lo más de lo más. Aquí igual. Y los pocos que han intentado montar algo medianamente serio, no buscando beneficios brutales, hacer un negocio correcto, están flipando por lo mal que se les mira, porque están acorralados entre dos bandos. Y los gobiernos... en fin.
Los piratas siempre han tenido un halo romántico. Parches, patas de palo, loros en el hombro. Ahora son gafas de culo botella, tripa de pizza con panza añeja y iPods nanos en la mano. Pero siguen justificando crímenes con la misma palabra que usan los que les persiguen; por la "libertad". Vaya, si los que son libres (dentro de las opciones que se les da) son los que compran, que siempre, no son tontos, comprarán lo más barato. O lo que sea gratis. Ahora veremos. Se ha iniciado el garrotazo. ¿La respuesta? será tan ingeniosa como las que siempre se han dado; oyes, quedamos en tu casa y me copias eso... así te veo, tomamos algo y charlamos, que no me acuerdo de lo que es escuchar voces humanas sin pasarlas por un altavoz.
O no, vete a saber. El ingenio humano es infinito, como su estupidez...
Un saludo,
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