Buscar dentro de este batiburrillo

martes, 7 de febrero de 2012

Apatía

Esta semana es prolífica en lecturas. Desde "Algo va mal" de Tony Judt hasta "Bandera Roja" de David Priestland, pasando por "El libro más peligroso" de Christopher Krebs y "Los náufragos del Batavia" de Simon Leys. Finalmente, estoy con "Mano y cerebro en la antigua Grecia" de Benjamin Farrington, una recopilación de ensayos muy interesantes. De todo ello, me quedo con una frase famosa: "Hasta ahora, los filósofos se han dedicado a interpretar el mundo, pero de lo que se trata es de cambiarlo". Ya saben, ese tipo llamado Marx. Carlos de nombre.

Tengo la extraña visión de un mundo que se desmorona a mi alrededor, pero con las personas haciendo otras cosas, indiferentes a los pedazos que caen a sus pies. Una visión realista; mientras no me toquen mi chollo, no hay problema, y si me lo tocan, pues me buscaré otro. Es la extraña reacción de todos. Unos y otros, en conjunto, demuestran cortedad de miras. Algo muy español.

Hablando con un compañero de la recreación histórica, en el regreso de Zaragoza, ambos coincidimos en cómo todo se ha individualizado en exceso. La idea de comunidad, de pertenencia a un grupo, se ha diluido cuando no roto. Las familias también. En Alemania, donde él ha estado, hay hijos que, tras los 18 años y marcharse de casa, no vuelven a saber de sus progenitores. Alcoholismo en soledad, muertes miserables... aquí parece que aun no ha llegado en demasía. Pero tiene pinta. Todo sea por el individualismo feroz.

Pero hay una gran verdad en toda nuestra sociedad. La de la apatía. No es ya esa abulia que denunciaban los Baroja del 98, no. Es indiferencia ante todo lo que acaece a nuestro alrededor. ¿Que nos congelan el sueldo? bueno, tenemos sueldo. ¿Que nos recortan los derechos? bueno, tenemos algunos. ¿Que nos quitan servicios recortando prestaciones y calidad? bueno, mejor que nada... ¿que nos piden un esfuerzo y que luchemos por revertir la tendencia anterior? bueno, ya irán algunos, total, siempre seremos pocos, los sindicatos son unos vendidos tan apoltronados como los políticos que no mandan y los banqueros y demás ricos son quienes gobiernan y no podemos hacer nada contra ellos... vaya, de corrido el argumento mental de casi todo el mundo. A la apatía se une pues el cinismo y la desesperación moderada. Mientras no nos toquen... no nos toquen a nosotros... al resto...

Han logrado eso. Romper la solidaridad, la fraternidad, los fundamentos de toda sociedad. Pues sin solidaridad ni fraternidad, pero no entendidas como una tontuna viciosa, si no con su sentido primigenio y positivo, no existe comunidad ni sociedad. Existen células chocando entre sí por los recursos y compitiendo por todo. Deshumanizados, pululando por enormes centros comerciales que venden baratas las piezas que otros construyen gracias a que consentimos su falta de derechos y que, de rebote, nos afecta porque nos están quitando los nuestros. Nunca se llega a la igualdad por arriba. Viene por abajo, por lo peor.

Estamos apáticos. Una huelga general nadie se la plantea en serio. A lo más, un día simbólico que apenas secundarán unos cuantos miles. Yo, desde luego, apoyaré a quien convoque una semana de paro general. Y con reivindicaciones claras, honestas y beneficiosas para todos, no para las minorías que están acumulando cada vez más el poder. Incluso apoyo el único cambio que entienen; el violento. Cada vez más.

Pero de la apatía no nos saca nada ni nadie. Únicamente parecemos tener algún instinto, tripas y entrañas encendidas, viendo nuestro partido favorito.

Así nos va.

Apáticos.

Un saludo,

jueves, 2 de febrero de 2012

Una huelga general

Llevo tiempo pensando en ello. Lo que no quiere decir que haga una reflexión al gusto de nadie. Bueno, al mío sí.

El monstruo de las galletas, Rajoy cuando no está azul, comentó a micrófono traidor el otro día, "en Europa", como dicen jocosamente algunos, que con la reforma laboral que tenía en mente asumía que tendría una huelga general. Imagino que pensó en las huelgas que se llevan haciendo en los últimos años. Que no son huelgas ni nada. Son patrañas formales repletas de oquedades.

Una huelga general, de las de verdad, es la que podían hacer los mineros británicos en los ochenta. No de un día tonto, ni siquiera con paros de 2 horas, no. Huelgas de MESES. Tenían una cosa llamada caja de resistencia, un ideal de solidaridad y un inquebrantable deseo de forzar a los poderes gubernamentales y a los empresariales a negociar condiciones beneficiosas para todos, no solamente para ellos.

Una huelga general, de las de verdad, era la que se hacía en los astilleros del norte de España cuando la brutal reconversión o, mejor llamada, desmantelamiento. Aun recuerda un primo mío, asturiano y policía, el terror que le daban esos tirachinas y trozos huecos de plomo rellenos de explosivos con tuercas y tornillos.

Una huelga general, de las de verdad, era la que se hacían en muchos países con un movimiento obrero pujante, fuerte, crecido por la justicia de sus planteamientos y la injusticia del mundo en que se vivía. Los siglos XIX y XX, éste hasta sus postrimerías, alumbraron esos movimientos, que arrancaron, porque es la única manera de lograrlo, derechos que hoy tenemos como básicos e inamovibles y que, realmente, nos van quitando poco a poco.

Y entonces yo me pregunto, ¿qué miedo puede tener Rajoy a una huelga general española? Yo también me reiría de lo lindo en privado. Porque paran... UN DÍA.

Un miserable día. En el que los sindicatos hinchan pecho y cifras y falsean la fuerza de su cada vez más apagado movimiento. En el que los medios afines al poder económico falsean y reducen esas cifras y les caldean tildándoles de todo menos de guapos. En el que los ciudadanos participantes ven un día de fiesta no remunerado, algunos, y otros ni se molestan, dando por hecho que dará igual. Un cinismo y desencanto como nunca se ha ido viendo ha crecido tanto que hoy por hoy, una de esas "huelgas generales" es tan potente como tirarle harina a un político.

Mi propuesta es sencilla, y se puede hacer AL MARGEN de los grandes sindicatos pesebristas.

Que los ciudadanos concienciados busquen qué no funciona en su localidad. Qué servicio les están recortando. Que se reunan, formen asambleas y convoquen una huelga. Nos ampara como trabajadores el artículo 3.2.b) del Real Decreto-ley 17/1977, de 4 de marzo, sobre Relaciones de Trabajo.

No hacen falta sindicatos.

Solamente personas concienciadas.

Con ello, ¿y qué pedir?

Una simplificación del mercado laboral. Que haya solamente dos tipos de contrato, el temporal y el indefinido. Que en el primero se pague mayor indemnización por despido que en el segundo, por cuestión de su duración. Que no haya ningún tipo de subvención a colectivos, excepto algunos muy concretos (minusvalías, por ejemplo). Que el salario mínimo aumente. Que el salario de altos directivos y personal sujeto a primas quede regulado hasta un máximo.

A eso, añadir cambios en las normas recaudatorias, con una progresividad más adecuada a los ingresos, gravando más las rentas más altas, hasta un 50%, por ejemplo. No es lo mismo aplicar un 15% a un sueldo de 1250 euros que un 50% a un sueldo y primas y bonus de 20.000 euros. Que las cuotas de seguridad social no se modifiquen, si acaso, se revisen según montos. Que lo recaudado se destine a un mayor control de evasión fiscal y de incumplimiento de las normas laborales, sobre todo de seguridad, salud e higiene en el trabajo, así como derechos y deberes de todas las partes. Que crear una empresa sea un cometido más sencillo, con menos tiempo de tramitación pero sujeto a controles exigentes para no dejar supuestos ilícitos o nocivos. Y más cosas, sí...

Así, sin pensar, me salen estas reivindicaciones. Con estas o similares secundaría una huelga, y aquí lo digo bien alto, DE UNA SEMANA ENTERA DE DURACIÓN. Me da igual perder ese dinero si, con esta demostración de fuerza, se puede detener la destrucción del estado de seguridad social que hemos tenido, parcheado y precario, pero que ha ayudado a no desequilibrar tanto, como está pasando desde que las políticas neocon y rapiñadoras actúan, la diferencia entre los ricos y los pobres...

¿Alguien se anima a convocar una huelga así, o estamos todos realmente cómodos con nuestra situación, igual que los cerdos en sus lechos de mierda?

No, no quiero leer respuestas, ya las conozco. Desgraciadamente.

Un saludo,

martes, 31 de enero de 2012

Cañones o mantequilla

En Economía clásica, se estudia esta disyuntiva; es qué hacer con los recursos, si invertir en mantequilla (comida) para que los ciudadanos puedan alimentarse, o hacerlo en cañones (guerra) que permita defendernos o atacar a otras naciones. Más o menos, simplificando, Samuelson venía a decir que todos los días hacemos elecciones de cómo usar nuestros recursos, sean los que sean.

El recurso por excelencia desde hace dos décadas es el dinero. Ya no valoramos únicamente el precio de las patatas, del trigo o de la leche. Valoramos el precio del dinero ajeno, del dinero de otros. De pronto, ya no hacemos únicamente especulación (la economía es especular, pensar qué ganaremos si invertimos en esos cañones o esas mantequillas, y con qué ganaremos más) si no que rizamos el rizo. Hacemos rapiña.

Porque especular con dinero es improductivo, realmente, dado que no renta a todo el mundo por igual. Si un BCE presta a los Bancos nacionales, digamos, millones de euros, para que éstos los inyecten (en teoría) en las economías nacionales dando créditos que pongan en marcha empresas y proyectos, y lo hace a un interés bajo, el 1%, ¿nadie se escandaliza si luego esos Bancos los vuelven a prestar a Gobiernos nacionales al 5% o incluso al mismo BCE? es la jugada circular donde el dinero da dinero. Al contrario que cuando hacíamos el cambio de divisas en las aduanas antes, aquí se gana. Porque la banca está en medio.

Y la especulación ha subido tan espectacularmente, que ya no calculamos el valor del dinero que compramos y vendemos en función de un valor material, como el oro o la plata, siquiera en función de niveles de producción reales de industria, agricultura o incluso servicios. No, lo hacemos en función de las etéreas consignas que dan unas agencias y unos individuos de manera arbitraria, más si cabe, basándose en... lo que les da la gana.

Leyendo el libro de Tony Judt, "Algo va mal" (cuyo título es más que revelador; se escribió en febrero de 2010) me doy cuenta de cómo hemos ido cayendo en espiral hasta llegar a un pozo oscuro del que creíamos haber salido hace décadas. De pronto, los avances sociales, las mejoras correctoras de desigualdad, están cayendo en el barro, pisoteadas por... ¿un ejército? no. Señores bien vestidos que compran coches de lujo y veranean en paraísos fiscales. Están desmantelando el estado social de bienestar que costó tanto crear.

Es significante cuánto se ha perdido. Contenido en las palabras, reemplazando significados por huecos, vacíos o mentiras, en el mejor de los casos. Percepción de comunidad, de lo público, de lo de todos, visto ahora como un dinosaurio a desmantelar. Pero nadie se da cuenta de lo que realmente pasa; los depredadores más voraces están dándose el festín con la carne y el tuétano de todos. DE TODOS.

La disyuntiva de Samuelson debería cambiar. Ya no es elegir entre cañones o mantequilla. Es elegir entre un futuro o ningún futuro. Y eso va pasando ahora, en el presente. Elegir entre una sociedad o una jungla. Entre bienestar o dolor. Entre la comunidad o el parqué de las Bolsas.

Y una gran cita de Keynes:

"Una vez que nos permitamos desobedecer la prueba de los beneficios de un contable, hemos empezado a cambiar nuestra civilización."

Un saludo,

jueves, 19 de enero de 2012

Piratas del océano bit

Hace 20 años, cuanto tenía 15, era habitual quedar con amigos en alguna casa y pasarse cosas. Si alguien tenía un vinilo o un CD chulos, le dabas una cinta cassete y te grababa los temas que querías. De hecho, podías hacerte un mix. Y tenías decenas de cassetes en casa. Alguna vez, cuando había dinero, comprabas tú un vinilo o CD y lo compartías con los colegas que les gustaba lo mismo.

También lo hacíamos con los VHS. Lo más, era tener 2 y poder pasar cintas, aunque la calidad bajaba. También programar para grabar los buenísimos ciclos de la segunda cadena (todavía no era "La2") o en otras televisiones, aunque costara quedarse despierto para parar en los anuncios y quitarlos. Algunos acumulamos colecciones de 600 VHS, prácticamente todos visionados, además...

Con los libros y tebeos era diferente. Nos los prestábamos. Con cuidado. Yo, por ejemplo, tenía demasiada afición a comer chocolate leyendo, y eso me provocó alguna bronca con mucha razón. Pasados los años, me he hecho un talibán al respecto... nada como pecar para ser luego intransigente. Como los ex-fumadores. También estaba la biblioteca, santuario visitado, aunque algunos como yo preferíamos la colección en casa y cuidada. Un caso concreto que conocí fue un chaval que tenía toda la colección de tebeos plastificada, y te tenías que poner guantes para leerla... pero circulaban.

Del porno, ese gran mito, era más jorobado. Por lo voluminoso, lo vergonzoso de almacenarlo y que te lo pillaran... el Rastro tenía tiendas donde comprar e intercambiar, a veces con asco y reticencias. Tuve un amigo (ya no lo es) que hacía tráfico de porno en su instituto, un lugar de esos privados y de curas. Era brutal su caja de cartón grande rebosante de cintas... las revistas también tenían su aquel, y eran preciadas. El porno siempre interesaba a los de mi edad.

Pasaron los años. Crecimos. Obtuvimos trabajo. Apareció internet. De pronto, la música podías descargártela canción a canción en páginas donde pinchabas los "MP3", archivos solamente reproducibles en el PC o tostando un CD. Gastamos en tecnología para ello. Luego las pelis se pasaron al formato DVD. Mejor calidad, menos espacio, y encima más capacidad de grabación. Y en las bibliotecas públicas había cientos de ellas, gratuitas... y desde luego, el porno se hizo accesible. Internet ofrecia mucho.

Curiosamente, hay algo que no he dejado de comprar; libros. Tengo un kindle, también, pero sigo comprando libros. Siempre que puedo. No están todos en digital y el precio es prohibitivo y absurdo en ese formato. Tampoco he dejado de ir al cine. Dos, tres veces por semana. Pago mi entrada (es caro) y veo la peli en la sala con palomitas o sin ellas, acompañado. La música, en cambio, apenas compro. Hay mil cadenas de radio que tienen lo que quiero, y desde que desapareció Diálogos 3, no hay un programa que me oriente como antes. Por tanto, no he dejado de consumir eso que llaman "kurtura". Acorde con mis ingresos y gastos.

En este tiempo he visto que hay cosas que se han dicho con razón y sinrazón. Hoy, el FBI ha cerrado Megaupload y otras que alojaban milllones de archivos, sin pararse en mientes si eran legales o no. Y parece que el futuro es intervenir la red y parar el intercambio de archivos, que dicen genera millones en pérdidas. Bien, yo lo veo así...

Si con 15 años un policía hubiera entrado en mi casa o me hubiera asaltado en el parque por llevarme un libro, una película, un disco, un tebeo, un porno, de un amigo, diciendo que cometía un delito porque eso no me lo podían prestar, si no que debería comprarme YO mi copia, me habría reido y pensado que estaba en una dictadura. O algo así. No sé, Corea del Norte, la URSS (que existía a puntito de caer) Cuba o Rumanía. Pero no, era España. Y no pasó. Y la industria de la cultura seguía quejándose de las cintas de cassete piratas, del tabaco pirata, de los libros fotocopiados, de las películas copiadas... como si eso fuera el problema.

El problema ha sido que la tecnología ha cambiado brutalmente. Y que ahora hay más difusión. Y que quieren seguir cobrando por usar un camino de bueyes como si éste fuera autopista de cinco carriles. Y ahí está el problema. Si los ingresos no dan para todo, pero se puede obtener de todo con poco dinero (el pago a los proveedores de internet) aunque la calidad sea algo inferior, ¿qué sucede? Lo llaman "piratería".

Ahora se recurre al expediente de siempre; policía, palo y tentetieso. En lugar de haber animado el cotarro con innovaciones acordes a las nuevas tecnologías. Tampoco es raro. Los generales de la Primera Guerra Mundial seguían creyendo que mandar a 600.000 hombres con fusiles contra posiciones de ametralladora era lo más. Y con caballos, lo más de lo más. Aquí igual. Y los pocos que han intentado montar algo medianamente serio, no buscando beneficios brutales, hacer un negocio correcto, están flipando por lo mal que se les mira, porque están acorralados entre dos bandos. Y los gobiernos... en fin.

Los piratas siempre han tenido un halo romántico. Parches, patas de palo, loros en el hombro. Ahora son gafas de culo botella, tripa de pizza con panza añeja y iPods nanos en la mano. Pero siguen justificando crímenes con la misma palabra que usan los que les persiguen; por la "libertad". Vaya, si los que son libres (dentro de las opciones que se les da) son los que compran, que siempre, no son tontos, comprarán lo más barato. O lo que sea gratis. Ahora veremos. Se ha iniciado el garrotazo. ¿La respuesta? será tan ingeniosa como las que siempre se han dado; oyes, quedamos en tu casa y me copias eso... así te veo, tomamos algo y charlamos, que no me acuerdo de lo que es escuchar voces humanas sin pasarlas por un altavoz.

O no, vete a saber. El ingenio humano es infinito, como su estupidez...

Un saludo,

martes, 10 de enero de 2012

Wanna dance!!

Exclamaba un Gene Kelly en pose jovenzuela y cantando bajo la lluvia. Wanna dance! el grito de un entusiasta recién llegado a la ciudad y enfrentado a las larguísimas y peligrosas piernas de Cyd Charisse. En una secuencia musical, se desgranaba el ascenso y caída de un joven danzarín enfrentado a la gran ciudad del pecado, del jazz y del alcohol, el sexo y la competencia. Pero, al final, incluso después de ser seducido, ordeñado y tirado a la calle, veía a otra pieza del engranaje, un muchacho como él, joven, entusiasta, recien llegado, y... gritaba de nuevo uniéndose a él, aquello de Wanna dance!!!

Yo ya no soy un jovenzuelo, aunque esté aniñado. Y no me gusta bailar, soy un desastre descoordinado y peligroso para mi pareja y los que estén alrededor. Lo más parecido a bailar que sé hacer es jugando al baloncesto (verdadera Danza Moderna) y siempre golpeándome contra alguien. No, a mí me gusta... escribir.

Siempre he dicho que un escritor es un lector frustrado. Pero hay que añadir, para que tenga más enjundia la cosa, que es un lector frustrado que sabe cómo evitar lo que le decepciona en otros escritores. Y lo logra por nuevos caminos o viejos adaptados a su persona. Yo estoy aun en el estadio de lector frustrado. Sigo sin atreverme a llegar y enfrentarme con desparpajo a la pantalla vacía, si no es para rellenar una reflexión de estas, que me tantaliza (sí, vale, me he inventado el anglicismo) y poco más. Catarsis lo llamaría otro. Pero mirar una página en blanco, en el formato que sea, aterra... aunque no más que rellenarla incorrectamente.

Llevo media vida apreciando el buen trabajo de los escritores que admiro, incluso de aquellos que no admiro pero tienen algo que respeto. Coraje para enfrentarse y volcar su constructo. Conozco a algunos escritores. Y al final, puedo resumir muchas veces que aquello que hacen lo hacen porque... les gusta. Simplemente.

Todos podemos hacer cosas por afan de lograr algo concreto (fama, posición, respeto, dinero) pero lo que de verdad engrasa nuestro mecanismo en todo, es el gusto, el placer de hacer lo que uno quiere en realidad hacer. Y yo, desgraciadamente, soy un tipo disperso. Me gustan muchas cosas, épocas, estilos, palabras, formas... soy farragoso, sicalíptico, perifrástico, sinonímico, un pelma. Tengo el sentido del humor, a veces, en la cazoleta de una pipa mal limpiada. Y soy negativo, aunque siempre me río como si únicamente yo conociera el significado de cierta broma. No hallo aun lo que me gusta. Y por eso no sé escribir.

Oh, sí, tengo cuentecitos, relatos, bromas y hasta una especie de novelita. Todo ello, producto de la compasión por los papeles gastados (vale, no guardo ni una quinta parte de lo escrito, pero lo guardado no merece mucho más allá de la simple melancolía adolescente y primera juventud) y un extraño apego por lo hecho por uno mismo, como si eso le diera ya un cierto valor.

Pero siento los picores, últimamente. Y el modo de rascarlos es golpeando las teclas. Y leyendo más. Y descubriendo qué quiero contar. De momento, sigo con las lecturas heterogéneas. Las reflexiones de Samuel Johnson mezcladas con una ucronía fantástica llamada "Tempvs Vesanicvm" de Alejandro, que me han hecho sentir cercanía con "eso" que uno busca. Y sigo la "Riña de Gatos" de Mendoza, un genio. Entre medias, no puedo dejar a Hammet y sus relatos, y ver cuándo clavo el ojo en un par de ucronías pendientes que tengo por ahí, así como varios libros de historia. Estoy desbordado. Muchas lecturas, muchas... y vuelco las ganas de escribir para narrar historias lovecraftianas de misterio, aventura y pulp en los años 20 yankis a mis amigos con los que aun juego al rol. Los picores, siempre presentes...

En fin. Yo, como Gene Kelly (sigo poniéndome su duelo contra Jussac para animarme los días que estoy alicaído) también... Wanna write!!

Un saludo,

lunes, 9 de enero de 2012

El extraño futuro de nuestras vidas

Hoy tocaba limpieza en el piso de mi padre. Limpieza más dura de lo normal, pues hemos acarreado bolsas y cajas de muchas, muchas cosas.

Había máquinas para hacer churros, cacerolas, cestas, ovillos, telas, ropas, agujas, botones, cintas de vídeo, manualidades, marcos, papeles, muchos papeles... todo ello, convenientemente embolsado, lo hemos arrojado en el contenedor, ya que no era ni vendible a un chamarilero ni tampoco reutilizable en su mayor parte.

En el proceso, como siempre, una foto que aparece, un libro, un recuerdo asociado a un objeto, una sensación. Al final, ha sido un trabajo melancólico donde el mayor esfuerzo no ha sido el físico, quizá.

Por ello, ha resultado más triste, lamentable incluso, encontrarse con dos gitanas que, a golpes de risa y burla, rebuscaban entre lo tirado a los contenedores decidiendo qué valía o qué no, sin vergüenza alguna, volviendo a tirar con desprecio lo que no querían y haciendo mofa de lo que presuntamente se quedaban. De pronto, he sentido una punzada de melancolía aliñada con mala conciencia. ¿Y si hubiéramos quemado...? ¿y si no hubiéramos tirado...? pero también es cierto que es así de crudo; tirar lo pasado, lo viejo, que pertenecía a otros, para seguir nuestra vida, con el mayor pragmatismo posible, sin lastre. Ellos están muertos, y ya no necesitan, ni quieren, esas cosas. No hay reclamo salvo el de otros que pueden encontrar utilidad en donde nosotros vemos recuerdos, pasado y melancolía.

Y viendo esa imagen, me acuerdo de la bíblica de los que se repartían las ropas del zelote aquel crucificado, el judío iluminado (hubo muchos) y pienso en algo más inquietante; harán lo mismo con mis posesiones cuando muera, cuando ya no sirvan para nadie. Será como quemar los caballos con su señor en el túmulo, como arrojar a una pira todo lo que perteneció a un vivo que, ahora, contaminó todo con su simple muerte.

Es desconcertante. Pero es el futuro de cada una de nuestras vidas cuando acaben. Porque los objetos no están vivos, nunca; somos nosotros los que los animamos. Y puede que llegen otros para hacerlo. Aunque nunca lo sabremos, estaremos muertos.

Saludos lúgubres,

sábado, 7 de enero de 2012

Mala educación

Voy a ser sincero; con los años he relajado mi mala hostia respecto al tema de los charlatanes en el cine. Normalmente, en mis tiempos más intransigentes, me habría levantado de la butaca tras chistar y pedir silencio, habría seguramente reconvenido a los maleducados pertinaces, y si hubiera sido necesario, hubiera llegado a las manos.

Pero las cosas cambian. Ya no soy como antes. Yo también, ¡ay! hablo en el cine, cuando voy a ver una película con Oscar. De esas de palomitas. Reconozco que no hablo tanto, apenas susurro palabras al oído de mi compañero de butaca, normalmente chistes y retrancas sobre la muy habitualmente parida divertida que estamos viendo. Y eso me puede haber ablandado...

En casa sigo siendo exigente, pero también menos. Me cuesta ver una película si no es en silencio, pero suelo congelar la imagen cuando quiero comentar algo especialmente interesante con Cris. Si la veo a solas, echo cortinas, bajo persianas, situo todo para contemplar la película en condiciones...

Hoy he estado al borde de un ataque de furia. La película, la segunda parte del desdichado Sherlock Holmes (el más versionado en la pantalla) a manos del modernísimo Guy Ritchie, es muy floja, y lo que en la primera se toleraba, ahora no se soporta. Si a eso añaden que, en las más de 2 horas que dura, se tiene en la fila trasera a una familia de 6 o 7 maleducados, patanes, charlatanes, imbéciles, estúpidos, gritones, arrogantes, molestos y redundantes parloteadores, pues como que no he logrado ver la película. Y encima, conteniéndome. Porque han contagiado a la sala, consiguiendo que hablaran otros también, y no susurrando, no... a viva voz.

Hay días que uno desea el asesinato legalizado. Con más de una persona y en más de una ocasión. Y al respecto de ocasión, decía mi madre que quien evita la misma evita el peligro. En este caso, el ir a un cine de centro comercial un día después del estreno, multisala enorme y en festivo. Soy un inconsciente.

La mala educación es, en todo caso, endémica en España. Lo vivo todos los días. ¿Hacer cola? ¡amos andaya! ¿silencio en el cine o el teatro? ¡yo he pagado para expresar mis opiniones que no interesan a naide, tú! ¿compostura y alternancia en las conversaciones? ¡que se note mi chorro de voz y mi capacidad de elevar el tono, aunque diga tonterías!

Muestras y más muestras de que, en cuando a decadencia del mundo occidental, llevamos lustros en cabeza, tomando delantera...

Y como esto me ha quedado viejunísimo, diré que no todo son quejas; pero no logro encontrar el aspecto positivo, oiga...

Un saludo,

viernes, 30 de diciembre de 2011

Malicia

Tiene nombre femenino y peligroso, como la prima de riesgo o la crisis. Ha sido una palabra apenas usada y olvidada este año 2011, y me sorprende, porque es como lo definiría en muchos aspectos.

Ha sido un año donde los mercados han actuado con argucia para defenestrar gobiernos (Grecia, Italia, Portugal, España...) o influirles en su soberanía (Alemania, Francia...) y lograr el ansiado recorte del estado del bienestar social que acolcha contra el capitalismo salvaje y depredador de esos mismos mercados (EE.UU, China...)

Un año en el que los políticos, independientemente de su presunta orientación o clara dirección, han obrado con la misma sagacidad para tapar sus propias vergüenzas y exponer a los ciudadanos una serie de medidas salvíficas nada positivas para los administrados.

El año, en suma, ha terminado con malicia. La de un gobierno que ya miente desde el inicio, jugando con palabras, la de especuladores improductivos esperando en sus guaridas (las llaman la "Bolsa") para seguir enriqueciéndose a costa de empobrecer al resto (ah, el capitalismo es eso...) y un peatón de la historia, tú, ellas, ellos, yo, todos los demás, haciéndonos la eterna pregunta; y ahora, ¿qué?

Un saludo,

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Algo huele a podrido

No es en mi nevera, ni tampoco en mi baño, aunque podría ser. No, es alrededor mío, en mi lugar de trabajo, en mi entorno, en mi país dicho con el tono de Stallone.

Algo huele a podrido cuando los de siempre se conciertan ya descaradamente para rebajar más y más nuestras condiciones laborales y nuestros derechos ciudadanos.

Algo huele a podrido cuando les apoyan esos secuaces y adeptos interesados, defendiendo lo que no deberían con doble pirueta.

Algo huele a podrido cuando el resto mira quieto y con estado de convalecencia todo lo que sucede a su alrededor sin reaccionar, sin siquiera dar un grito.

Quizá, solamente quizá, cuando queramos reaccionar será tarde, como siempre, y la pelea será con nudillos despellejados, rodillas ensangrentadas, voces quebradas y, como siempre, uno de los del tercer párrafo tomando de nuevo el control para los de siempre, con la apatía y la sorpresa atónita de los del cuarto párrafo.

Porque yo ya no quiero estar entre líneas, pero cuesta elegir bando, ¿saben? y eso es porque algo huele a podrido al sur de Dinamarca. Bueno, algo no, mucho.

Un saludo,

lunes, 5 de diciembre de 2011

Mierda de gato

Rebuscando en el arenero de mi gato para limpiarlo, reflexiono acerca de los que rebuscan entre las heces de la sociedad. Los que se pierden días enteros revisando contenedores donde lanzamos aquello que no consumimos del todo por exceso, hastío o simple desidia. En Madrid, cualquiera que pase por el centro comercial más grande de Sol (y no lo voy a publicitar) puede ver cómo hay una masa de indigentes y, quizá, no tanto, que esperan a que los empleados tiren a los contenedores los productos que han caducado o no se pueden vender ya. Caducidad. Esa es la clave.

Leyendo en las noticias se puede pensar que ya no hay tantas clases medias, o al menos, no lo declaran así. Que las personas que antes se iban a las playas caribeñas de vacaciones, ahora hacen cola en Cáritas para pedir algo. Parece que hayamos descendido a un mundo de necesidad y de falta de todo. Pero no tenemos más que pasear por el centro de una gran ciudad como Madrid. Escaparates llenos, todo tipo de productos, bares y restaurantes repletos, salas de cine y teatro con colas, comercios con muchas personas... ¿no falla algo en la ecuación?

El desempleo es alto, y muchos piensan ya en que lo peor está por venir. Llevan machaconamente preparándonos para asumir los recortes que vendrán en sanidad, educación, salarios, pensiones, ayudas varias y otros beneficios sociales que pudiéramos tener. ¿Es ud. un anciano que va demasiado al médico? tsk tsk tsk... pague 1 euro por consulta, una tasa de "corrección" y ya verá cómo abusa menos. ¿le encanta eso de tener libros de texto subvencionados? nada, mejor que pague por la cultura, como se ha hecho siempre. ¿Quiere ganar más dinero? monte una estafa piramidal, su sueldo es más que suficiente, y si no lo es, ahorre, pero sin dejar de consumir, que si no esto se para. ¿Logró cotizar para tener una pensión o llegó a ella por su situación social? gracias por sostener el país con su trabajo, pero ahora su país no puede sostenerle a ud. ¿Recibe una subvención o tiene un chollo en su ayuntamiento que le facilita algo la vida? eso es superfluo, y debemos quitarlo.

Me da igual que la ministra italiana anuncie sus recortes llorando, con una presunta empatía. Me inquieta que el próximo presidente no diga ni una palabra, y esté reuniéndose con quienes le darán instrucciones de trabajo (Merkel, el Secretario del Tesoro estadounidense...) y me repugna que todos asumamos con cara de oveja, no sé si churra o merina, que merecemos esto que tenemos, y que nos toquen lo justo que luego nos apañaremos. Pero resulta que si nos quedamos sin sanidad, sin educación, sin pensiones, sin salarios y sin otras muchas cosas, porque nos lo irán recortando poquito a poco hasta que sean irrisorios, ¿no resultará que la magnífica mano invisible del mercado capitalista nos habrá dado tal puñetazo que nos habrá dejado K.O. por, digamos, varias generaciones?

Y mientras arrojo las cacas de mi gato y limpio su arena, me planteo si no es momento de un estallido de rabia, de furia, de violencia, de esa purifcación del fuego que, solo quizá, podría volver a asustar a los de siempre y hacerles ver que de cuando en cuando, esa entelequia del "pueblo" puede levantarse y formar una nueva sociedad sin necesitar de ellos. Pero luego remuevo la arena y veo que, a pesar de la limpieza, queda exactamente igual que al principio.

Un saludo,