Ya, vale, Calderón hizo un auto sacramental con eso, obra que por cierto no veo últimamente en cartel. Y sí, miles lo dicen, o lo han dicho, desde que hay letras con las que plasmar la idea. "La obra ha terminado", dicen que dijo un tirano, añadiendo (como no podía ser de otro modo en un autócrata) "¡aplaudid!". Pero no es el único al que atribuyen esas palabras. El mundo como representación de nuestra voluntad, o nuestra voluntad tratando al mundo. Y el mundo fuera de nosotros. Chínchate, eres un solipsista. Lo cierto es que esta es una gran obra, y el demiurgo, el que hacía aquello de la "Deux ex machina" debe ser más bien un cojitranco barrigudo que siempre está en su hora del bocadillo. O del café.
El mundo es una actuación. De una sola representación, con duración limitada. Su vida, la mía. Luego hay reposiciones, pero suelen ser inexactas. Una biografía por aquí, un biopic por allá, una recopilación de aforismos, historias o anécdotas, todo siempre inexacto. El mundo al final solamente contempla un estreno, único, en exclusiva. Y los actores suelen ser aficionados, y el púlico, de todo menos profesional. Aunque algunos hacen de fisgón muy profesionalmente, todo sea dicho. Lo cierto, la verdad, la puta verdad que diría mi amigo Javi riéndose con malicia, es que esto es una chapuza. Colosal. Y con ese paradigma, todo se comprende mejor.
Ud. lee noticias como lo de Túnez y piensa, "buah, qué grande. La revolución. La organización de unos pocos y las masas cabreadas. ¡Viva wikileaks!". Un carajo. Los grandes movimientos, inventos, avances, logros, calamidades, tragedias y demás, salieron porque alguien fue chapucero. Cutre. Torpe. Vergonzosamente torpe. Y otros se dejaron llevar. Pura rabia. Mala hostia por miles de motivos condensada en un instante de furia o inspiración. Ya está. Fin.
El Mundo es tu teatro, amigo o enemigo lector. El Mundo, con mayúsculas (no confundas con el periódico, que como toda la puta prensa escrita no es más que un redil de torpes aduladores que rebuznan bufonadas) no es más que un tablado sin más paredes que nuestra limitación, sea esta la que sea. Porque somos limitados. En tiempo y en espacio. En capacidades. Y nos guste o no, así es. Redios que sí.
Y hay que jugar el papel, como diría el inglés. Jugar en sentido lúdico, si es posible, para evitar víctimas reales. Porque en los juegos el que pierde, pierde honrilla, unos céntimos si se los juega, un poco de orgullo. Pero no debería perder nada más. Porque este juego mayor, la vida, acaba un día. Punto.
Juega, disfruta. Un día pierdes, otro ganas. No siempre ganarás. Incluso si crees ganar, asústate, puedes estar perdiendo mucho más de lo que te juegas. Y si pierdes... en fin. Encógete de hombros, mira a otro lado y a caminar un rato.
Ah, que no se sabe el papel. Oiga, ni yo. Ni nadie. Al final, el Autor, si lo hubo, nos dejó tirados. Y ahí te las compongas. Los de la tramoya y el soplador, alias apuntador, es como tú, un perdido que juega a encontrarse. Algunos se obsesionan con el Autor, y no paran. Voto a tal, mierda. Qué pérdida de tiempo. Lo mejor es verse las otras obras, leerse algo, y mientras vivir, si se puede. Ya habrá tiempo. Como en todo diálogo, habrá frases brillantes, célebres, magníficas. Prosa y poesía. Pero en general será de relleno, morcillas y tal. En todo caso, cuando cierre el telón, ya porque ud. se canse de la obra, o porque su cuerpo no dé para más, no se mosquee. Tuvo un tiempo, lo trotó por las tablas. Disfrutó. Sufrió. Y la vida se acabó.
En fin... el Rico a lo mejor irá al infierno, magro consuelo si no se cree en eso. El Pobre al cielo, esperanza, vacua, pero ayuda. El resto... todos lo sabemos. Algo dará de aroma...
De todos modos, perdonadme por haberos invitado a mi obra. Lleva de estreno mucho tiempo. Y de momento, con permiso de la autoridad física competente, seguirá en cartel. "El alegre espectador", me dijeron. Yo la llamo... "El peatón de la Historia".
Que no me atropelle.
Un saludo,
domingo, 16 de enero de 2011
domingo, 9 de enero de 2011
Y el mundo sigue...
Mañana regreso a la "disciplina" laboral. Tras unos 10 días de descanso, toca retomar la puñetera rutina. No está mal, hombre; trabajo de 8 a 15h. Tengo un rato para desayunar, unos 20-30'. Y en ocasiones el ambiente es agradable, no tengo que verle la cara a casi nadie.
En estos días he participado de la vorágine alimenticia tan absurda de todos los años, aunque menos. Y también he tenido que dedicarme a muchos de los asuntos anejos a mi futura boda. Además, dado que las notas de la carrera han sido buenas, he tenido que retomar el estudio un poco más en serio, exigencias de la evaluación continuada. Y mi padre, siempre mi padre... muchos líos, muchas cosas, agendas raruzas, horarios extraños...
En breve me iré a la cama, espero que leyendo algo que no sea sobre el Neolítico en el Próximo Oriente. Y en poco más de 8 horas, estaré en la puerta de mi trabajo, ¡sin humos en las cercanías! para otra semana más de abulia intelectual. Pero ya he asumido que es una rutina necesaria, que me ingresa un sueldo a fin de mes. El resto es mi vida, eso... una molestia inevitable.
Entre medias, no dejo de reírme con los sucesos del mundo. La radicalización política en los EE.UU., nada envidiable a ciertos países denominados "tercermundistas", o la crónica del Follonero sobre Israel y Palestina. O el cuento de nunca acabar. El odio es así, todos necesitan un poco para mantenerse en forma, y un sujeto en el que verterlo. En España, mientras, las cosas siguen ridículas. Pienso en la mala aceptación de la última película de Álex de la Iglesia, un tipo interesante. Vaya, si es el esperpento que hoy quizá habría filmado Valle-Inclán... más que nada, porque el esperpento no es un género, es el modo natural de vivir en España. Aunque sé de nuestra exportación del mismo allende nuestros ficticios bordes...
En fin, un año más, de fecha imaginaria, sigue. Impar y pasa. El mundo sigue, seguirá con nosotros o sin nosotros, quizá mejor sin nosotros. El resto de las cosas que nos importan son como lágrimas vertidas en el océano, nos marcan en la mejilla pero se pierden en la inmensidad. Y se borran con sencillez, incluso la muerte. La ajena, claro. La propia ni nos inmuta. Visto el mundo con acronía, el relativismo cobra fuerza y nos consuela más que cualquier religión.
En todo caso, seguiré condensando en pocas, preciosas palabras, la vida; hedonismo. Ético. Personal. Compartido.
Un saludo,
En estos días he participado de la vorágine alimenticia tan absurda de todos los años, aunque menos. Y también he tenido que dedicarme a muchos de los asuntos anejos a mi futura boda. Además, dado que las notas de la carrera han sido buenas, he tenido que retomar el estudio un poco más en serio, exigencias de la evaluación continuada. Y mi padre, siempre mi padre... muchos líos, muchas cosas, agendas raruzas, horarios extraños...
En breve me iré a la cama, espero que leyendo algo que no sea sobre el Neolítico en el Próximo Oriente. Y en poco más de 8 horas, estaré en la puerta de mi trabajo, ¡sin humos en las cercanías! para otra semana más de abulia intelectual. Pero ya he asumido que es una rutina necesaria, que me ingresa un sueldo a fin de mes. El resto es mi vida, eso... una molestia inevitable.
Entre medias, no dejo de reírme con los sucesos del mundo. La radicalización política en los EE.UU., nada envidiable a ciertos países denominados "tercermundistas", o la crónica del Follonero sobre Israel y Palestina. O el cuento de nunca acabar. El odio es así, todos necesitan un poco para mantenerse en forma, y un sujeto en el que verterlo. En España, mientras, las cosas siguen ridículas. Pienso en la mala aceptación de la última película de Álex de la Iglesia, un tipo interesante. Vaya, si es el esperpento que hoy quizá habría filmado Valle-Inclán... más que nada, porque el esperpento no es un género, es el modo natural de vivir en España. Aunque sé de nuestra exportación del mismo allende nuestros ficticios bordes...
En fin, un año más, de fecha imaginaria, sigue. Impar y pasa. El mundo sigue, seguirá con nosotros o sin nosotros, quizá mejor sin nosotros. El resto de las cosas que nos importan son como lágrimas vertidas en el océano, nos marcan en la mejilla pero se pierden en la inmensidad. Y se borran con sencillez, incluso la muerte. La ajena, claro. La propia ni nos inmuta. Visto el mundo con acronía, el relativismo cobra fuerza y nos consuela más que cualquier religión.
En todo caso, seguiré condensando en pocas, preciosas palabras, la vida; hedonismo. Ético. Personal. Compartido.
Un saludo,
miércoles, 5 de enero de 2011
Imagine
Ud. tiene un hijo, niño o niña. Es ud. liberal, de izquierdas o derechas, no tradicionalista. Ateo o agnóstico. Se considera racional, nada dogmático. Enfoca su vida con valores de respeto, trabajo serio, sentido del humor, capacidad crítica, cultura... y es la noche de los reyes magos (¡qué descanso, al fin puedo escribirlos en minúsculas!)
La noche de autos, y no me refiero a la obra teatral, ud. de pronto se da cuenta de que su hijo de 3 o 4 años espera con ojos abiertos, sonrisa abierta, nervios e ilusión la llegada de tres tipos barbudos y rechonchos con corona que depositen los regalos que ha pedido y que merece por su buen comportamiento, del cual hace más gala cuanto más cercana está la fecha. Y todo lo dicho en el primer párarfo se va al garete, igual que casi 10 días antes, por tradición importada, también esperaba la llegada de un tipo barbudo y rechoncho, vestido también con pijama rojo y hortera, que le trajera igualmente regalos.
El conflicto estalla, claro está. La ilusión, la mirada de pena de su hijo es más importante que cualquier debate racional y cualquier postura firme que se quiera tener. ¡Bang! la contradicción se resuelve entonces a favor de la tradición, del misticismo irracional, de las sagradas convenciones de ciertas religiones cristianas.
Eso todos los años. Pero hay una edad en la que se alinean (o alienan, pensándolo con maldad) acontecimientos similares; la comunión con el representante de un dios inventado y bastante desagradable. Y esa edad, en torno a los 9 o 10 años, es terrorífica. Porque se suele contar a los niños la verdad sobre los regalos de esos tipos barbudos y triponcios (a veces sí que coinciden con esa descripción...) pero se vuelve a caer en la contradicción y se permite que su niño o niña pida esa ceremonia social tradicional, ahora ya completamente puntal de la religiosidad cristiana y germen y virus de muchos valores que son contrarios a nuestra manera de pensar. Hay sucedáneos (en Sabadell se ha instaurado por el consistorio lo de las "ceremonias cívicas" o similar...) pero la realidad es que el hijo nuestro quiere formar parte de la sociedad sin más, sin plantearse el cómo ni el por qué. Depende su sociabilidad, su capacidad de relación con sus pares, el ser aceptado por otros... entonces, ¡Bang! la contradicción se vuelve a resolver a favor de lo irracional, lo combatido, lo que deseábamos evitar.
Dos a cero. Lo peor no es únicamente que ocurra, si no también el nulo apoyo de los familiares directos ("qué daño va a hacerle eso al niño") que ven en todo eso una tradición que, por su edad, defienden como un puntal de su pasado y de su futuro. De pronto, el acomodo suyo se convierte en lastre u obstáculo para los demás. Y así nos hallamos con el problema de que imaginamos un mundo mejor para nosotros y para nuestros hijos, con pequeños cambios, con minúsculas intervenciones en pos de un futuro que puede ser mejor, pero topamos de bruces con la inmóvil realidad que no nos gusta. Y tenemos dos opciones, transigir y caer en la vergüenza de la derrota cotidiana, o sufrir lloros, pataletas y rabietas varias un tiempo de nuestro hijo, compensando con alguna otra cosa que se convierte así en un sucedáneo sin más.
Menos mal que hay algo en lo que podemos luchar, aunque muchos también pierden esa batalla. El bautizo, la ceremonia esa en la que se supone que manchamos a nuestro hijo con agua sucia y antihigiénica en un local lóbrego, siniestro y donde se venera a la muerte, y donde encima debemos comprometer el futuro de nuestro vástago a las directrices absurdas de una religión organizada y caduca. A veces también se pierde ésta batalla, por el obstáculo de los familiares y su tradicionalismo conservador. Yo, en todo caso, sé que se puede ganar esa batalla. Así quedaríamos en un 2 a 1.
Con lo sencillo que es no tener que llevar el marcador...
Un saludo,
La noche de autos, y no me refiero a la obra teatral, ud. de pronto se da cuenta de que su hijo de 3 o 4 años espera con ojos abiertos, sonrisa abierta, nervios e ilusión la llegada de tres tipos barbudos y rechonchos con corona que depositen los regalos que ha pedido y que merece por su buen comportamiento, del cual hace más gala cuanto más cercana está la fecha. Y todo lo dicho en el primer párarfo se va al garete, igual que casi 10 días antes, por tradición importada, también esperaba la llegada de un tipo barbudo y rechoncho, vestido también con pijama rojo y hortera, que le trajera igualmente regalos.
El conflicto estalla, claro está. La ilusión, la mirada de pena de su hijo es más importante que cualquier debate racional y cualquier postura firme que se quiera tener. ¡Bang! la contradicción se resuelve entonces a favor de la tradición, del misticismo irracional, de las sagradas convenciones de ciertas religiones cristianas.
Eso todos los años. Pero hay una edad en la que se alinean (o alienan, pensándolo con maldad) acontecimientos similares; la comunión con el representante de un dios inventado y bastante desagradable. Y esa edad, en torno a los 9 o 10 años, es terrorífica. Porque se suele contar a los niños la verdad sobre los regalos de esos tipos barbudos y triponcios (a veces sí que coinciden con esa descripción...) pero se vuelve a caer en la contradicción y se permite que su niño o niña pida esa ceremonia social tradicional, ahora ya completamente puntal de la religiosidad cristiana y germen y virus de muchos valores que son contrarios a nuestra manera de pensar. Hay sucedáneos (en Sabadell se ha instaurado por el consistorio lo de las "ceremonias cívicas" o similar...) pero la realidad es que el hijo nuestro quiere formar parte de la sociedad sin más, sin plantearse el cómo ni el por qué. Depende su sociabilidad, su capacidad de relación con sus pares, el ser aceptado por otros... entonces, ¡Bang! la contradicción se vuelve a resolver a favor de lo irracional, lo combatido, lo que deseábamos evitar.
Dos a cero. Lo peor no es únicamente que ocurra, si no también el nulo apoyo de los familiares directos ("qué daño va a hacerle eso al niño") que ven en todo eso una tradición que, por su edad, defienden como un puntal de su pasado y de su futuro. De pronto, el acomodo suyo se convierte en lastre u obstáculo para los demás. Y así nos hallamos con el problema de que imaginamos un mundo mejor para nosotros y para nuestros hijos, con pequeños cambios, con minúsculas intervenciones en pos de un futuro que puede ser mejor, pero topamos de bruces con la inmóvil realidad que no nos gusta. Y tenemos dos opciones, transigir y caer en la vergüenza de la derrota cotidiana, o sufrir lloros, pataletas y rabietas varias un tiempo de nuestro hijo, compensando con alguna otra cosa que se convierte así en un sucedáneo sin más.
Menos mal que hay algo en lo que podemos luchar, aunque muchos también pierden esa batalla. El bautizo, la ceremonia esa en la que se supone que manchamos a nuestro hijo con agua sucia y antihigiénica en un local lóbrego, siniestro y donde se venera a la muerte, y donde encima debemos comprometer el futuro de nuestro vástago a las directrices absurdas de una religión organizada y caduca. A veces también se pierde ésta batalla, por el obstáculo de los familiares y su tradicionalismo conservador. Yo, en todo caso, sé que se puede ganar esa batalla. Así quedaríamos en un 2 a 1.
Con lo sencillo que es no tener que llevar el marcador...
Un saludo,
domingo, 2 de enero de 2011
Reconquista
Sí, estoy harto de éste término. ¿Reconquista? ¿Covadonga como la primera gran batalla? Y ahora los obispos de la secta católica, claro está, también usándolo para hablar del laicismo estatal tan "peligroso" que les ha arrinconado en esa Covadonga simbólica y virtual. Odio el término.
¿Por qué? por la complejidad de la Historia y la simpleza con que se manipula. Es un lugar común que los moros tomaron una España visigoda excepto el norte, de donde pronto surgieron caudillos y hordas de cristianos blancos luchadores que, ¡casi 800 años después! reconquistaron toda la península, creando, eso sí, entre medias multitud de reinos. Y fue una cruzada larga. Pero es inaudito que nadie estudie el antes, el durante y el después.
El antes es un mosaico provincial administrativo, en manos de Roma, con una población considerada a sí misma como romana, aunque tuviera aun raíces turdetanas, carpetanas, vacceas o de otros pueblos o culturas materiales prerromanas. La llegada de los visigodos en el siglo V fue una irrupción de otro pueblo conquistador en unas tierras más o menos mansas desde hacía cientos de años. Y estos conquistadores adoptaron, pronto, una solución política simple, el declararse herederos y gestores del Imperio Romano, aunque tal fuera una ficción. En proporción, su población era menor, pero decidieron dejar que las estructuras locales y económicas funcionaran igual que antes, con ellos en la cúspide rapiñando el botín de los impuestos y los puestos claves. De hecho, tal era el divorcio en lo religioso que no es hasta Recaredo, por el siglo VI, que las elites deciden adoptar la práctica religiosa de los súbditos (pues ya no son los ciudadanos de antaño) pero no es esa la única cuestión; con Recaredo siguen existiendo muchos focos de resistencia en el norte peninsular, focos que estarán también cuando los visigodos sean derrotados en el siglo VIII.
Porque la entrada de tropas musulmanas en realidad es la entrada de otro invasor "bárbaro" con tintes religiosos, como lo fueron en su día los arrianos visigodos. Expandiéndose con gran facilidad (incluso para ellos) sigue el mismo modelo de respeto a las estructuras locales y económicas, y también las religiosas, quedándose para sí los puestos claves. Como los visigodos, los invasores norteafricanos musulmanes intentan sojuzgar toda la península, y de hecho, llegan hasta los antiguos dominios visigóticos del sur de Francia. Pero es de nuevo el norte, el área astur y cántabra, la que se resiste. Se resistió a la romanización, a la invasión visigótica y hará lo mismo con los invasores de religión musulmana.
Y durante los siglos VIII a XI, de hecho, la historia de la península es la de gobernantes locales, de reyezuelos de uno u otro signo que, realmente, tratan de adaptarse a las circunstancias peninsulares con cierta mirada a las internacionales (la separación del Papa romano de Bizancio con la coronación de Carlomagno en el siglo IX, siguiendo una ficción del Imperio Romano aun en boga, los reinos de corte cristiano que se van formando y estructurando hasta el siglo XI en toda Europa...) y que no es hasta los siglos XI a XIII que realmente la teoría de la "Reconquista" empieza a aparecer, con el uso casi mitológico del mundo Godo por parte de gobernantes como los de León. A eso se puede añadir la radicalización de los gobernantes islámicos con la africanización y las nuevas oleadas de invasores, así como la desintegración de sus estructuras de poder. En suma, todo lleva a la divergencia, no a la convergencia. Y surge de veras el término "reconquista".
Luego, a lo largo de la Historia posterior, los gobernantes e intelectuales a su servicio remodelarán esos hechos para mostrar una unidad casi uniforme desde el primer visigodo hasta, por ejemplo hoy, el rey Juan Carlos. Y es curioso que no se tengan en cuenta las múltiples dinastías, familias y demás (porque nada tienen que ver una familia como los Austrias, gobernantes durante unos 200 años, con la francesa de los Borbones, gobernantes con interrupciones durante otros 300 años) si no que se quiera ver en esa Reconquista el marchamo de una unidad de destino en lo universal, como decía un hacedor de mitos. La realidad es, siempre, un poco más compleja.
La "reconquista" fue, realmente, rapiña, saqueo, resistencia, en principio. Luego, organización para hacer de eso algo más grande, saqueo de botín en guerra. Y después, excusa de gobernantes. Pero nunca hubo una verdadera "reconquista" planificada desde la invasión del siglo VIII (como en cambio sí la hubo con los bizantinos desde Constantinopla durante los siglos VI y VII con la toma de viejos territorios de Roma, creando en la antigua Hispania la nueva "Spania") si no que ese concepto surgió mucho después y por intereses europeos (el pedir ayuda a los estados del norte, ofreciendo un ideal de lucha imposible de obtener en esos estados)
Por tanto, discrepo; yo me siento heredero de los antiguos pueblos íberos y celtíberos, si aceptamos el último término. De la gran cultura romana que se asentó con fuerza. De los visigodos. De los pueblos moros o africanos que les sucedieron. De los montañeses ignorantes que poco a poco fueron, y luego con ayuda de los europeos del norte, tomando, conquistando lo que no fue suyo antes. Y de las decenas de pueblos y religiones que entraron en la península. Y de luego la diversidad cultural tan extensa que pasó por aquí (indígenas americanos, judíos expulsados, criptomusulmanes, herejes de todo pelo) hasta un siglo XIX convulso y lleno de cambios, y un XX trágico y perdido. Y hasta hoy. Y en todo este proceso simplificado, no creo que haya habido, rotundamente, ninguna "reconquista".
Un saludo,
¿Por qué? por la complejidad de la Historia y la simpleza con que se manipula. Es un lugar común que los moros tomaron una España visigoda excepto el norte, de donde pronto surgieron caudillos y hordas de cristianos blancos luchadores que, ¡casi 800 años después! reconquistaron toda la península, creando, eso sí, entre medias multitud de reinos. Y fue una cruzada larga. Pero es inaudito que nadie estudie el antes, el durante y el después.
El antes es un mosaico provincial administrativo, en manos de Roma, con una población considerada a sí misma como romana, aunque tuviera aun raíces turdetanas, carpetanas, vacceas o de otros pueblos o culturas materiales prerromanas. La llegada de los visigodos en el siglo V fue una irrupción de otro pueblo conquistador en unas tierras más o menos mansas desde hacía cientos de años. Y estos conquistadores adoptaron, pronto, una solución política simple, el declararse herederos y gestores del Imperio Romano, aunque tal fuera una ficción. En proporción, su población era menor, pero decidieron dejar que las estructuras locales y económicas funcionaran igual que antes, con ellos en la cúspide rapiñando el botín de los impuestos y los puestos claves. De hecho, tal era el divorcio en lo religioso que no es hasta Recaredo, por el siglo VI, que las elites deciden adoptar la práctica religiosa de los súbditos (pues ya no son los ciudadanos de antaño) pero no es esa la única cuestión; con Recaredo siguen existiendo muchos focos de resistencia en el norte peninsular, focos que estarán también cuando los visigodos sean derrotados en el siglo VIII.
Porque la entrada de tropas musulmanas en realidad es la entrada de otro invasor "bárbaro" con tintes religiosos, como lo fueron en su día los arrianos visigodos. Expandiéndose con gran facilidad (incluso para ellos) sigue el mismo modelo de respeto a las estructuras locales y económicas, y también las religiosas, quedándose para sí los puestos claves. Como los visigodos, los invasores norteafricanos musulmanes intentan sojuzgar toda la península, y de hecho, llegan hasta los antiguos dominios visigóticos del sur de Francia. Pero es de nuevo el norte, el área astur y cántabra, la que se resiste. Se resistió a la romanización, a la invasión visigótica y hará lo mismo con los invasores de religión musulmana.
Y durante los siglos VIII a XI, de hecho, la historia de la península es la de gobernantes locales, de reyezuelos de uno u otro signo que, realmente, tratan de adaptarse a las circunstancias peninsulares con cierta mirada a las internacionales (la separación del Papa romano de Bizancio con la coronación de Carlomagno en el siglo IX, siguiendo una ficción del Imperio Romano aun en boga, los reinos de corte cristiano que se van formando y estructurando hasta el siglo XI en toda Europa...) y que no es hasta los siglos XI a XIII que realmente la teoría de la "Reconquista" empieza a aparecer, con el uso casi mitológico del mundo Godo por parte de gobernantes como los de León. A eso se puede añadir la radicalización de los gobernantes islámicos con la africanización y las nuevas oleadas de invasores, así como la desintegración de sus estructuras de poder. En suma, todo lleva a la divergencia, no a la convergencia. Y surge de veras el término "reconquista".
Luego, a lo largo de la Historia posterior, los gobernantes e intelectuales a su servicio remodelarán esos hechos para mostrar una unidad casi uniforme desde el primer visigodo hasta, por ejemplo hoy, el rey Juan Carlos. Y es curioso que no se tengan en cuenta las múltiples dinastías, familias y demás (porque nada tienen que ver una familia como los Austrias, gobernantes durante unos 200 años, con la francesa de los Borbones, gobernantes con interrupciones durante otros 300 años) si no que se quiera ver en esa Reconquista el marchamo de una unidad de destino en lo universal, como decía un hacedor de mitos. La realidad es, siempre, un poco más compleja.
La "reconquista" fue, realmente, rapiña, saqueo, resistencia, en principio. Luego, organización para hacer de eso algo más grande, saqueo de botín en guerra. Y después, excusa de gobernantes. Pero nunca hubo una verdadera "reconquista" planificada desde la invasión del siglo VIII (como en cambio sí la hubo con los bizantinos desde Constantinopla durante los siglos VI y VII con la toma de viejos territorios de Roma, creando en la antigua Hispania la nueva "Spania") si no que ese concepto surgió mucho después y por intereses europeos (el pedir ayuda a los estados del norte, ofreciendo un ideal de lucha imposible de obtener en esos estados)
Por tanto, discrepo; yo me siento heredero de los antiguos pueblos íberos y celtíberos, si aceptamos el último término. De la gran cultura romana que se asentó con fuerza. De los visigodos. De los pueblos moros o africanos que les sucedieron. De los montañeses ignorantes que poco a poco fueron, y luego con ayuda de los europeos del norte, tomando, conquistando lo que no fue suyo antes. Y de las decenas de pueblos y religiones que entraron en la península. Y de luego la diversidad cultural tan extensa que pasó por aquí (indígenas americanos, judíos expulsados, criptomusulmanes, herejes de todo pelo) hasta un siglo XIX convulso y lleno de cambios, y un XX trágico y perdido. Y hasta hoy. Y en todo este proceso simplificado, no creo que haya habido, rotundamente, ninguna "reconquista".
Un saludo,
martes, 28 de diciembre de 2010
Apolíticos
Después de muchos años y antes de terminar este, ya he llegado a la siguiente conclusión; desconfío del que se declara "apolítico" o "yo de política no hablo". ¿Por qué? Pues sencillo, porque en el mundo todos nos movemos por una motivación política, queramos o no ser conscientes de ello.
En el diccionario de la RAE dan tres acepciones de "política" que comparto plenamente, a saber:
9. f. Actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, con su voto, o de cualquier otro modo.
11. f. Arte o traza con que se conduce un asunto o se emplean los medios para alcanzar un fin determinado.
12. f. Orientaciones o directrices que rigen la actuación de una persona o entidad en un asunto o campo determinado.
¿No somos siempre políticos? Cuando estamos tratando de algo con alguien, estamos aplicando nuestras visiones del mundo, sesgadas por la educación, la experiencia y lo razonado. Si somos conservadores, no actuaremos igual que si somos progresistas, ni tampoco si nos declaramos dogmátidos de un espectro u otro, incluso el centro inventado. Somos lo que somos, pero parece que nos da miedo definirnos. Si lo hacemos, podemos ser blanco de críticas, insultados incluso. Y siempre creeremos que las mejores maneras de hacer algo son, cómo no, las nuestras o aquellas que hagan aquellos con quienes compartimos ideas políticas.
Somos políticos, y sobre todo cuando nos declaramos "apolíticos". Cuando decimos aquello de "todos los políticos son iguales", nos estamos demarcando, no desmarcando. Al afirmar aquello de "la política, para los políticos" desviamos realmente el tema y nos mostramos claramente de una opción. Porque es curioso, con los años, he ido observando que hay dos grandes polos, los conservadores, de derechas, tradicionales, y los progresistas, de izquierdas, más rompedores. Entre medias y a los extremos, hay muchos tipos, también. Pero nadie escapa de la clasificación, incluso aquellos que toman rasgos de todo el paraje ideológico. Y al final, como se veía en "Los profesionales", incluso los cínicos desencantados son lo que son, siempre. Eso, y que al final es una lucha entre buenos y malos... adivinen qué adscripción suelen tomar los "malos".
En suma, acaba el año, soy más viejo y, extrañamente, soy menos conservador y de derechas de lo que se supone. Hay un dicho irónico afirma que a partir de cierta edad, si no se es de derechas, falta la razón. No, la realidad es que la razón les falta siempre a los mismos, a los dogmáticos, los autoritarios, los desgraciados que tratan de imponer su mediocridad a los demás. Ellos siempre están ahí, en cualquier forma de autoritarismo, sea fascista, nazi, estalinista, burocrático, de republiqueta militar iberoamericana, caudillista o como se forme. Siempre, al final, siempre, todos debemos ser políticos. Porque si no lo somos... otros lo serán por nosotros. Siempre para nuestra desgracia.
Así que lo dicho, desconfiad del "apolítico". Lo que realmente desearía es que no hubiera más opciones... que la suya.
Un saludo,
En el diccionario de la RAE dan tres acepciones de "política" que comparto plenamente, a saber:
9. f. Actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, con su voto, o de cualquier otro modo.
11. f. Arte o traza con que se conduce un asunto o se emplean los medios para alcanzar un fin determinado.
12. f. Orientaciones o directrices que rigen la actuación de una persona o entidad en un asunto o campo determinado.
¿No somos siempre políticos? Cuando estamos tratando de algo con alguien, estamos aplicando nuestras visiones del mundo, sesgadas por la educación, la experiencia y lo razonado. Si somos conservadores, no actuaremos igual que si somos progresistas, ni tampoco si nos declaramos dogmátidos de un espectro u otro, incluso el centro inventado. Somos lo que somos, pero parece que nos da miedo definirnos. Si lo hacemos, podemos ser blanco de críticas, insultados incluso. Y siempre creeremos que las mejores maneras de hacer algo son, cómo no, las nuestras o aquellas que hagan aquellos con quienes compartimos ideas políticas.
Somos políticos, y sobre todo cuando nos declaramos "apolíticos". Cuando decimos aquello de "todos los políticos son iguales", nos estamos demarcando, no desmarcando. Al afirmar aquello de "la política, para los políticos" desviamos realmente el tema y nos mostramos claramente de una opción. Porque es curioso, con los años, he ido observando que hay dos grandes polos, los conservadores, de derechas, tradicionales, y los progresistas, de izquierdas, más rompedores. Entre medias y a los extremos, hay muchos tipos, también. Pero nadie escapa de la clasificación, incluso aquellos que toman rasgos de todo el paraje ideológico. Y al final, como se veía en "Los profesionales", incluso los cínicos desencantados son lo que son, siempre. Eso, y que al final es una lucha entre buenos y malos... adivinen qué adscripción suelen tomar los "malos".
En suma, acaba el año, soy más viejo y, extrañamente, soy menos conservador y de derechas de lo que se supone. Hay un dicho irónico afirma que a partir de cierta edad, si no se es de derechas, falta la razón. No, la realidad es que la razón les falta siempre a los mismos, a los dogmáticos, los autoritarios, los desgraciados que tratan de imponer su mediocridad a los demás. Ellos siempre están ahí, en cualquier forma de autoritarismo, sea fascista, nazi, estalinista, burocrático, de republiqueta militar iberoamericana, caudillista o como se forme. Siempre, al final, siempre, todos debemos ser políticos. Porque si no lo somos... otros lo serán por nosotros. Siempre para nuestra desgracia.
Así que lo dicho, desconfiad del "apolítico". Lo que realmente desearía es que no hubiera más opciones... que la suya.
Un saludo,
sábado, 25 de diciembre de 2010
Otra vez estas fiestas
Pues sí, otra vez. Y sonará a tópico típico lo que diga, a favor o en contra. Pero es que resulta que he llegado a un nuevo concepto; estas fiestas me dan igual.
No, entendedlo. Tengo días libres del curro, se suele comer más, hay regalos... en una sociedad que ya no es agraria, como la nuestra, todo esto es... ridículo. Porque la celebración del Sol Invictus, el Solsticio, Mitra, Sol Indiges, Zaratustra o quien toque, no es más que una manera de enfrentarse a nuestro miedo ancestral a la oscuridad, a la desaparición de la luz y el calor. Máxime en ésta parte del hemisferio. Y entonces es cuando hacemos uso del acopio de alimentos, como cigarras, y celebramos la vida, cuando lo normal es que haya muerte, y nos regalamos cosas, cuando odiamos desprendernos de nada nuestro.
Para mí, todo eso está superado. Hoy, al menos. Igual que el catolicismo actual que impregna los viejos mitos. Viejas supersticiones en el nuevo molde. Me dan igual. Igual que reunir a la familia junto a una mesa. Nunca recuerdo unas navidades con todos juntos, si por todos hablamos de mis hermanos y mis padres. No. Siempre ha faltado alguien. Y eso para mí es lo normal.
Estas fechas son molestas. Todo el mundo sonríe por obligación, te felicita porque sí, se siente moralmente obligada a hacerte feliz... ¡dita sea! pues logran cabrearme y entristecerme aun más. Y encima, aquellos que han tenido pérdidas en estas fechas suelen sentirlas aun más por todo esto que digo, porque les graban a fuego que no puede pasar algo así justo en estos días... falso.
Por eso digo que me dan igual. Me pongo a leer, veo una película, duermo, hago algo de ejercicio, intento salir aunque el frío devore mi nariz... y descubro que estas fechas son para estar con uno mismo o con la persona que más quieres, pegado al calor de su cuerpo. Hoy, al menos.
Luego llegará el fin de año, la frontera artificial del tiempo que separa lo viejo de lo nuevo, la categoría que, como un cajón, abrimos y cerramos. Un templo de Jano cuyas puertas abrimos siempre y cerramos siempre, tirando la lanza contra lo antigüo y pretendiendo que viviremos el futuro, cuando éste ya se nos está escapando de las manos como arena fina de playa desde el mismo momento en que empezamos a imaginarlo... y otro año.
Voy a decir algo extremadamente filosófico, lleno de verdad en la profundidad cavernosa de su contenido; "¿Y ahora, qué vas a hacer?" le preguntan a John Rambo...
"Vivir día a día".
Un saludo,
No, entendedlo. Tengo días libres del curro, se suele comer más, hay regalos... en una sociedad que ya no es agraria, como la nuestra, todo esto es... ridículo. Porque la celebración del Sol Invictus, el Solsticio, Mitra, Sol Indiges, Zaratustra o quien toque, no es más que una manera de enfrentarse a nuestro miedo ancestral a la oscuridad, a la desaparición de la luz y el calor. Máxime en ésta parte del hemisferio. Y entonces es cuando hacemos uso del acopio de alimentos, como cigarras, y celebramos la vida, cuando lo normal es que haya muerte, y nos regalamos cosas, cuando odiamos desprendernos de nada nuestro.
Para mí, todo eso está superado. Hoy, al menos. Igual que el catolicismo actual que impregna los viejos mitos. Viejas supersticiones en el nuevo molde. Me dan igual. Igual que reunir a la familia junto a una mesa. Nunca recuerdo unas navidades con todos juntos, si por todos hablamos de mis hermanos y mis padres. No. Siempre ha faltado alguien. Y eso para mí es lo normal.
Estas fechas son molestas. Todo el mundo sonríe por obligación, te felicita porque sí, se siente moralmente obligada a hacerte feliz... ¡dita sea! pues logran cabrearme y entristecerme aun más. Y encima, aquellos que han tenido pérdidas en estas fechas suelen sentirlas aun más por todo esto que digo, porque les graban a fuego que no puede pasar algo así justo en estos días... falso.
Por eso digo que me dan igual. Me pongo a leer, veo una película, duermo, hago algo de ejercicio, intento salir aunque el frío devore mi nariz... y descubro que estas fechas son para estar con uno mismo o con la persona que más quieres, pegado al calor de su cuerpo. Hoy, al menos.
Luego llegará el fin de año, la frontera artificial del tiempo que separa lo viejo de lo nuevo, la categoría que, como un cajón, abrimos y cerramos. Un templo de Jano cuyas puertas abrimos siempre y cerramos siempre, tirando la lanza contra lo antigüo y pretendiendo que viviremos el futuro, cuando éste ya se nos está escapando de las manos como arena fina de playa desde el mismo momento en que empezamos a imaginarlo... y otro año.
Voy a decir algo extremadamente filosófico, lleno de verdad en la profundidad cavernosa de su contenido; "¿Y ahora, qué vas a hacer?" le preguntan a John Rambo...
"Vivir día a día".
Un saludo,
jueves, 23 de diciembre de 2010
Descargas al amanecer
El Congreso tumba la llamada “Ley Sinde”. Por lo visto, no ha tenido apoyo suficiente y ahora queda al albur qué pasará después. Si hacemos lista de los miembros de cada bando, nos encontramos de todo. Yo estoy en contra de la “Ley Sinde”, pero no sé si mis motivos coinciden con algunos de los que también están en contra.
Internet ha revolucionado muchas cosas. Eso es innegable y ya un tópico. Ahora bien, lo que no cambia es la intencionalidad de las personas. España es país de “pilla-pilla”, de roba lo que puedas con gracia. El paradigma para mí sigue siendo esa pandilla de cuatro gitanillos que se ponen en un coche a dar palmas sobre el capó y el techo mirando a todos lados, soltando quejíos y tal, y de pronto el que está en el del conductor abre, entra, hace puente, mete a sus colegas y se van. Todo con arte. Y lo pude ver gratis desde el balcón de mi casa. Olé.
La cuestión es que no he visto debate, desde ninguna posición. Y debate es lo que hace falta, para llegar a soluciones para todos. Mi propuesta (todo español tiene un programa en el bolsillo, es entrenador de todo deporte, sabe de economía y política más que nadie y, sobre todo, cojones, tiene cojones…) es sencilla; ¿todos quieren ganar dinero? Y “todos” son las compañías de telefonía e Internet, los usuarios, los que generan esos contenidos (artistas) y los que ponen plataformas para tenerlos, editarlos y distribuirlos.
Un usuario quiere un producto bueno a un buen precio. Un artista quiere hacer un producto que luego se distribuya, contando con un editor que le de un formato adecuado. Luego están las plataformas que lo puedan distribuir. Necesitan de compañías de telefonía. Entonces, ¿qué falla? Que el usuario más bien quiere un producto gratis, aunque la edición sea nefasta, que el artista sigue queriendo vender su producto a un precio alto, porque sus editores aun no existen en Internet de manera lucrativa, que las plataformas viven de la publicidad, y que las compañías de telefonía se lucran de manera excesiva porque a todos les interesa.
Si a las telefónicas se les obliga a poner unos precios con un límite de, no sé, 10-15 euros mensuales (ahora mismo, mensualmente salen por unos 40 euros mensuales de media) y a los autores y editores y distribuidores se les pone un precio adecuado (digamos 3 euros a distribuir por una película, o 10 céntimos a cada uno por canción) y las plataformas reciben su dinero por publicidad, quizá las cosas fueran de otra manera. Las ediciones, cuidadas, para personas que bajan una película de Internet pagando, seguro que se aprecian. Las plataformas, si cumplen con contenidos y calidad, se apreciarían, también. Y todos recibirían dinero. Todos. Lo que digo no es un cuento de hadas, es una forma de encarar algo que de beneficios a todos los implicados, pero rebajando el de unos pocos.
Yo por ejemplo pagaría 3 euros por descargarme una película que ya no está en el cine (otra cosa es que en los cines yo propondría bajar precios, pero…) de calidad, que con una línea ADSL de velocidad media me la bajara en, pongamos, 10 minutos. Tenerla en algún formato que pueda poner en el DVD o mi TV y verla con calidad de imagen y sonido. Tenerla, por ejemplo, hasta que cargue otra. Y si me la vuelvo a bajar, que en lugar de 3 euros, me cobren 2. Y si la veo de nuevo, más tarde, que sea 1 euro. También pagaría, no sé, 1-2 euros por bloques de series que me apetezca ver, porque la televisión es otro campo de batalla que me interesa. En lugar de esperar a que un señor la copie en la TV de EE.UU. y le edite subtítulos (generalmente, son buenos) pagaría porque eso sucediera pagando al que la edita, de la propia cadena. Y la música, ídem. Un disco que me guste, escuchar las canciones en programas gratuitos como “spotify” o similar, y luego comprar aquellas que me gusten, no sé, a 30 céntimos por canción, o más según la calidad.
Si aplicamos un ratio de descargas de, no sé, 1 millón por una canción, podría salir que esa canción genera unos 300.000 euros, a repartir. Si decimos una película con, no sé, 100.000 descargas, hablamos de la misma cantidad. ¿No sería algo más adecuado para TODOS?
Naturalmente, la fijación de los precios sería algo en lo que todos deberían ponerse de acuerdo. Y eso no sucede, como no sucede ahora, aunque en realidad ya pasa; el usuario que paga los 40 euros por internet, ya considera que tiene crédito para descargar lo que quiera, pues paga bastante. Las plataformas que le proporcionan el material, viven de la publicidad que les ponen, por la cantidad de visitas. No nos engañemos, no es la “libertad” de Internet. Es un modelo nuevo de negocio que las compañías discográficas, visuales y también ahora las del libro (la próxima industria a cascar, porque no se saben subir al carro, como ha hecho Amazon, por ejemplo) no han sabido explotar. Y la actuación del Estado, mediante la “Ley Sinde”, no ha hecho más que aproximarse de manera errónea al problema. Si de verdad se quiere actuar para beneficio de todos, hay que juntar a los protagonistas del circuito descrito y llegar a un acuerdo de reparto.
A fin de cuentas, si las grandes familias de la mafia supieron repartirse todo, ¿no podrán también los actores de este drama?
Ah, vale, la codicia… pero esa es otra historia.
Un saludo,
Internet ha revolucionado muchas cosas. Eso es innegable y ya un tópico. Ahora bien, lo que no cambia es la intencionalidad de las personas. España es país de “pilla-pilla”, de roba lo que puedas con gracia. El paradigma para mí sigue siendo esa pandilla de cuatro gitanillos que se ponen en un coche a dar palmas sobre el capó y el techo mirando a todos lados, soltando quejíos y tal, y de pronto el que está en el del conductor abre, entra, hace puente, mete a sus colegas y se van. Todo con arte. Y lo pude ver gratis desde el balcón de mi casa. Olé.
La cuestión es que no he visto debate, desde ninguna posición. Y debate es lo que hace falta, para llegar a soluciones para todos. Mi propuesta (todo español tiene un programa en el bolsillo, es entrenador de todo deporte, sabe de economía y política más que nadie y, sobre todo, cojones, tiene cojones…) es sencilla; ¿todos quieren ganar dinero? Y “todos” son las compañías de telefonía e Internet, los usuarios, los que generan esos contenidos (artistas) y los que ponen plataformas para tenerlos, editarlos y distribuirlos.
Un usuario quiere un producto bueno a un buen precio. Un artista quiere hacer un producto que luego se distribuya, contando con un editor que le de un formato adecuado. Luego están las plataformas que lo puedan distribuir. Necesitan de compañías de telefonía. Entonces, ¿qué falla? Que el usuario más bien quiere un producto gratis, aunque la edición sea nefasta, que el artista sigue queriendo vender su producto a un precio alto, porque sus editores aun no existen en Internet de manera lucrativa, que las plataformas viven de la publicidad, y que las compañías de telefonía se lucran de manera excesiva porque a todos les interesa.
Si a las telefónicas se les obliga a poner unos precios con un límite de, no sé, 10-15 euros mensuales (ahora mismo, mensualmente salen por unos 40 euros mensuales de media) y a los autores y editores y distribuidores se les pone un precio adecuado (digamos 3 euros a distribuir por una película, o 10 céntimos a cada uno por canción) y las plataformas reciben su dinero por publicidad, quizá las cosas fueran de otra manera. Las ediciones, cuidadas, para personas que bajan una película de Internet pagando, seguro que se aprecian. Las plataformas, si cumplen con contenidos y calidad, se apreciarían, también. Y todos recibirían dinero. Todos. Lo que digo no es un cuento de hadas, es una forma de encarar algo que de beneficios a todos los implicados, pero rebajando el de unos pocos.
Yo por ejemplo pagaría 3 euros por descargarme una película que ya no está en el cine (otra cosa es que en los cines yo propondría bajar precios, pero…) de calidad, que con una línea ADSL de velocidad media me la bajara en, pongamos, 10 minutos. Tenerla en algún formato que pueda poner en el DVD o mi TV y verla con calidad de imagen y sonido. Tenerla, por ejemplo, hasta que cargue otra. Y si me la vuelvo a bajar, que en lugar de 3 euros, me cobren 2. Y si la veo de nuevo, más tarde, que sea 1 euro. También pagaría, no sé, 1-2 euros por bloques de series que me apetezca ver, porque la televisión es otro campo de batalla que me interesa. En lugar de esperar a que un señor la copie en la TV de EE.UU. y le edite subtítulos (generalmente, son buenos) pagaría porque eso sucediera pagando al que la edita, de la propia cadena. Y la música, ídem. Un disco que me guste, escuchar las canciones en programas gratuitos como “spotify” o similar, y luego comprar aquellas que me gusten, no sé, a 30 céntimos por canción, o más según la calidad.
Si aplicamos un ratio de descargas de, no sé, 1 millón por una canción, podría salir que esa canción genera unos 300.000 euros, a repartir. Si decimos una película con, no sé, 100.000 descargas, hablamos de la misma cantidad. ¿No sería algo más adecuado para TODOS?
Naturalmente, la fijación de los precios sería algo en lo que todos deberían ponerse de acuerdo. Y eso no sucede, como no sucede ahora, aunque en realidad ya pasa; el usuario que paga los 40 euros por internet, ya considera que tiene crédito para descargar lo que quiera, pues paga bastante. Las plataformas que le proporcionan el material, viven de la publicidad que les ponen, por la cantidad de visitas. No nos engañemos, no es la “libertad” de Internet. Es un modelo nuevo de negocio que las compañías discográficas, visuales y también ahora las del libro (la próxima industria a cascar, porque no se saben subir al carro, como ha hecho Amazon, por ejemplo) no han sabido explotar. Y la actuación del Estado, mediante la “Ley Sinde”, no ha hecho más que aproximarse de manera errónea al problema. Si de verdad se quiere actuar para beneficio de todos, hay que juntar a los protagonistas del circuito descrito y llegar a un acuerdo de reparto.
A fin de cuentas, si las grandes familias de la mafia supieron repartirse todo, ¿no podrán también los actores de este drama?
Ah, vale, la codicia… pero esa es otra historia.
Un saludo,
miércoles, 22 de diciembre de 2010
P.... compañías de telefonía.
Mi relato comienza en noviembre, más o menos a mediados. Hartos en casa de que el teléfono fijo de Ya.com, sobre IP, sea tan problemático (en la franja entre las 18-23h no funciona, porque el tráfico colapsa la red y no se puede hablar ni recibir… vamos, que está muerto) decidimos volver a la línea de telefónica y poner varios teléfonos fijos por casa. Entonces, coincidencia (o no) llaman de Telefónica y nos proponen pasarnos con telefonía y 10 mb de ADSL con ellos, permanencia 12 meses, por un precio similar a Ya.com, así que aceptamos. Todo parece rápido, pues el día 25 de noviembre nos hacen la llamada de consentimiento y la pasan, en teoría, a Ya.com, quienes deben prestarnos el servicio hasta el cambio, en cuyo momento tendremos un lapso máximo de 4 horas sin servicios. No hay problemas. Además, el informador de Telefónica nos indica que en menos de 2 semanas lo tendremos todo.
Empieza así el calvario, pues el día 13 de diciembre, Ya.com corta el servicio. Manda un correo electrónico (que no puedo leer, claro está) y nos deja sin servicio sin más comunicación. Alarmados, ese día llamamos a Ya.com y a Telefónica. Los primeros cuelgan directamente el teléfono. Los segundos culpan a los primeros y prometen que los técnicos estarán el viernes 17 como muy tarde instalándonos el servicio. Pasan los días y no llama nadie. El viernes 17, llamamos, y nos indican que como muy tarde el lunes 20 estarán instalándolo, aunque el límite es el día 22. Abro una reclamación (la primera) y espero. El lunes entonces estalla la guerra.
Lunes 20 de diciembre. Primera llamada, me cuelgan. Segunda llamada, me piden los datos y tras explicar el problema, me dicen de pasarme a otro servicio. Cuelgan. Llamo de nuevo, y tras mosquearme ya mucho, me indican que el problema es del Sistema. Aparece de nuevo la entelequia culpable, “El Sistema”. Que ese mismo día me llamarán los técnicos. Abro una nueva reclamación.
Por la tarde, nadie llama. Enfadado, llamo, y me dice una informadora que han estado ya por la mañana técnicos revisando la línea de datos pero que había problemas. Falso, mi portero desmiente tal extremo. Vuelvo a llamar, me cuelgan. Vuelvo a llamar, me cuelgan. Vuelvo a llamar, indico la falsedad en las informaciones que me dan y me dicen que el día 27 de diciembre estará instalado el servicio. Alucinando, pido explicaciones. El Sistema. Indico la apertura de otra reclamación, y me cuelgan.
Harto, el martes 21 de diciembre llamo a la OCU. Me indican que lo mejor es mandar un telegrama a Telefónica exigiendo el cumplimiento y, en caso contrario, la apertura de acciones contra ellos. Pero que siga llamando. Llamo. Primera llamada, me lo coge otro informador (hago una digresión aquí; puedo entender a un catalán en catalán, pero a un andaluz o, como es en este caso, un iberoamericano, hablando con su acento cerrado, no, y me molesta la información dada con giros que no se comprenden o con repeticiones innecesarias que buscan cansar al interlocutor… la información que da Telefónica es PENOSA en las formas y los contenidos) y le reitero todo el caso, preguntando por el estado de mis reclamaciones. Me cuenta que los técnicos han devuelto el proceso porque los datos estaban mal. ¿Qué datos?, pregunto, y no me responde, si no que consulta al Sistema. Datos. A secas. Que han tratado de ponerse en contacto conmigo. Falso, digo. Claro, lo han intentado, me dice, pero no lo han conseguido. Advierto que es otra mentira, y el informador se molesta. Y la respuesta es que me harán una llamada en 24-48 horas para instalarme el servicio el día 27. Molesto, abro una reclamación. “Pero ya tiene ud. dos abiertas” Que sean tres, le digo. Indico que la información es nula, incorrecta, contradictoria, mentiras en muchos casos. Que reclamo el perjuicio de carecer de Internet y telefonía en mi casa. Y que exijo una reparación por el trato incorrecto y la falta de servicio contratado. Me abre la reclamación. Más calmado, llega la guinda. Le pido el domicilio social de Telefónica para mandar el telegrama de la OCU. No puede dármelo…
Sorprendido, le indico que eso es imposible. Que me lo dé. El Sistema… le corto de raíz. La dirección, por favor. Me dice entonces QUE LA BUSQUE EN INTERNET… caballero, no tengo servicio. ¿Cómo quiere que la busque? Vuelve a recurrir al Sistema. No puede dármela. Entonces le pido una nueva reclamación. Desde el otro lado del teléfono noto su rostro ojiplático. “¡Pero si tiene ud. tres abiertas!” Que sean cuatro. Y en ella dsecribo lo que ha ocurrido.
Descanso. Entonces, de pronto, a la hora y media, me llaman del Servicio de Instalación para ese mismo día. Sorprendente, pienso, las reclamaciones en cascada han tenido efecto. Quedamos en que vayan entre las 16 y las 17h, por la tarde. Confiado, espero. A las 16.45h, llamo al número, y un bostezando y sorprendido técnico me dice que irán enseguida. A las 17.20h, llega uno. ¡Por fin tengo teléfono y ADSL!.
¿Por fin?
Un saludo,
Empieza así el calvario, pues el día 13 de diciembre, Ya.com corta el servicio. Manda un correo electrónico (que no puedo leer, claro está) y nos deja sin servicio sin más comunicación. Alarmados, ese día llamamos a Ya.com y a Telefónica. Los primeros cuelgan directamente el teléfono. Los segundos culpan a los primeros y prometen que los técnicos estarán el viernes 17 como muy tarde instalándonos el servicio. Pasan los días y no llama nadie. El viernes 17, llamamos, y nos indican que como muy tarde el lunes 20 estarán instalándolo, aunque el límite es el día 22. Abro una reclamación (la primera) y espero. El lunes entonces estalla la guerra.
Lunes 20 de diciembre. Primera llamada, me cuelgan. Segunda llamada, me piden los datos y tras explicar el problema, me dicen de pasarme a otro servicio. Cuelgan. Llamo de nuevo, y tras mosquearme ya mucho, me indican que el problema es del Sistema. Aparece de nuevo la entelequia culpable, “El Sistema”. Que ese mismo día me llamarán los técnicos. Abro una nueva reclamación.
Por la tarde, nadie llama. Enfadado, llamo, y me dice una informadora que han estado ya por la mañana técnicos revisando la línea de datos pero que había problemas. Falso, mi portero desmiente tal extremo. Vuelvo a llamar, me cuelgan. Vuelvo a llamar, me cuelgan. Vuelvo a llamar, indico la falsedad en las informaciones que me dan y me dicen que el día 27 de diciembre estará instalado el servicio. Alucinando, pido explicaciones. El Sistema. Indico la apertura de otra reclamación, y me cuelgan.
Harto, el martes 21 de diciembre llamo a la OCU. Me indican que lo mejor es mandar un telegrama a Telefónica exigiendo el cumplimiento y, en caso contrario, la apertura de acciones contra ellos. Pero que siga llamando. Llamo. Primera llamada, me lo coge otro informador (hago una digresión aquí; puedo entender a un catalán en catalán, pero a un andaluz o, como es en este caso, un iberoamericano, hablando con su acento cerrado, no, y me molesta la información dada con giros que no se comprenden o con repeticiones innecesarias que buscan cansar al interlocutor… la información que da Telefónica es PENOSA en las formas y los contenidos) y le reitero todo el caso, preguntando por el estado de mis reclamaciones. Me cuenta que los técnicos han devuelto el proceso porque los datos estaban mal. ¿Qué datos?, pregunto, y no me responde, si no que consulta al Sistema. Datos. A secas. Que han tratado de ponerse en contacto conmigo. Falso, digo. Claro, lo han intentado, me dice, pero no lo han conseguido. Advierto que es otra mentira, y el informador se molesta. Y la respuesta es que me harán una llamada en 24-48 horas para instalarme el servicio el día 27. Molesto, abro una reclamación. “Pero ya tiene ud. dos abiertas” Que sean tres, le digo. Indico que la información es nula, incorrecta, contradictoria, mentiras en muchos casos. Que reclamo el perjuicio de carecer de Internet y telefonía en mi casa. Y que exijo una reparación por el trato incorrecto y la falta de servicio contratado. Me abre la reclamación. Más calmado, llega la guinda. Le pido el domicilio social de Telefónica para mandar el telegrama de la OCU. No puede dármelo…
Sorprendido, le indico que eso es imposible. Que me lo dé. El Sistema… le corto de raíz. La dirección, por favor. Me dice entonces QUE LA BUSQUE EN INTERNET… caballero, no tengo servicio. ¿Cómo quiere que la busque? Vuelve a recurrir al Sistema. No puede dármela. Entonces le pido una nueva reclamación. Desde el otro lado del teléfono noto su rostro ojiplático. “¡Pero si tiene ud. tres abiertas!” Que sean cuatro. Y en ella dsecribo lo que ha ocurrido.
Descanso. Entonces, de pronto, a la hora y media, me llaman del Servicio de Instalación para ese mismo día. Sorprendente, pienso, las reclamaciones en cascada han tenido efecto. Quedamos en que vayan entre las 16 y las 17h, por la tarde. Confiado, espero. A las 16.45h, llamo al número, y un bostezando y sorprendido técnico me dice que irán enseguida. A las 17.20h, llega uno. ¡Por fin tengo teléfono y ADSL!.
¿Por fin?
Un saludo,
lunes, 20 de diciembre de 2010
El arte de insultar (Redux)
En el sencillo arte de insultar a alguien, uno topa a veces con dificultades imprevistas. Imagínense, uno quiere cagarse en el toro que mató a Manolete, y un lector cualquiera interpreta que va contra él. Porque es antitaurino, por ejemplo, y va con el toro. Ergo, se siente defecado en su persona. O uno dedica una canción desahogada en una plataforma de comunicación personal a personas que no están en la misma plataforma que él, y de pronto otros deciden que va dirigida expresa y claramente a ellos. Entonces uno parpadea, mira al frente fijamente y piensa: "Si a ti no te insultado; pero tranquilo, si quieres lo hago. Mejor dicho, ya lo he hecho".
Porque Schopenhauer ya se reía de ellos. En su manual, cuando habla del argumento "ad hominem", referencia sarcásticamente a aquellos que quieren ser parte del insulto sin serlo por afán de superar su mediocridad sintiéndose insultados por aquel a quien envidian o detestan.
Y es que no hay nada más triste que sentirse insultado... cuando el insulto iba contra otra persona. Y el insultador de pronto se encuentra en una difícil tesitura; ser solidario y ampliar el foco del insulto a un público mayor, para que no se sientan ajenos, o desmentirlo, haciendo entonces un ejercicio de razón y proporción que diluye el primer insulto dirigido, pues a más sujetos, menor intensidad del mismo. También cabe una tercera opción, que es girar talones y mostrar la rabadilla, el cogote y el sacro lumbar en cadencioso movimiento contrario.
El ser humano es estúpido por naturaleza. Y el que piense lo contrario de sí mismo, miente, se miente y además lo hace mal. Porque también somos mentirosos por naturaleza. Pero claro, dentro de la estupidez, hay irracionalidad, y en ese mar nos movemos todos. Cuando nos desahogamos profiriendo un insulto, que puede ser nominal o abstracto, estamos ejercitando músculos del cerebro y del cuerpo que en otro caso usaríamos en empuñar un arma para matar a la otra persona o, cuando menos, invalidarla. Y en el desahogo nos calmamos. Pero en España hay un mal centenario, más que eso, milenario; el del Honor. Porque aquí todos sentimos nuestro honor en juego, y curiosamente, el más putas de todos es el más honorable y más energúmeno cuando defiende su buen nombre. Y en esa estúpida tesitura, cual teniente Feraud (o incluso capitán, no recuerdo el grado) nos disponemos a batirnos, mejillas enrojecidas, ojos clavados en el malvado contrario, contra todo aquel que ose dedicarnos una injuria al honor. Incluso, o más, cuando no ha sido así.
Quizá, si algunos hubieran leído a Joseph Conrad... o a Séneca sobre la cólera. Pero en todo caso, aquí va mi último consejo; si usted, avispado lector, ínclito navegante del éter electrónico, deduce de mis palabras un improperio o injurias contra su persona, no se escandalice, no se sienta perturbado y resquemoroso, pues yo, dadivosamente, le regalo ese improperio para usted, para que no se sienta, insolidario de mí, excluido del colectivo, gremio, grupo de personas o incluso individuo concreto al que haya insultado, clara o sutilmente. A fin de cuentas, la generosidad no me falta, y si así hago feliz a alguien... pues sea. También si se arrepiente, puedo retirarlo, no tienen más que pedírmelo.
Y me voy, pero no sin antes recordar, de nuevo, qué grande, qué buena y qué verdadera es la letra de "Farenheit 451" de Iván Ferreiro. Su rostro final para mí lo justifica todo. Porque... hay que verlo.
Un saludo,
Porque Schopenhauer ya se reía de ellos. En su manual, cuando habla del argumento "ad hominem", referencia sarcásticamente a aquellos que quieren ser parte del insulto sin serlo por afán de superar su mediocridad sintiéndose insultados por aquel a quien envidian o detestan.
Y es que no hay nada más triste que sentirse insultado... cuando el insulto iba contra otra persona. Y el insultador de pronto se encuentra en una difícil tesitura; ser solidario y ampliar el foco del insulto a un público mayor, para que no se sientan ajenos, o desmentirlo, haciendo entonces un ejercicio de razón y proporción que diluye el primer insulto dirigido, pues a más sujetos, menor intensidad del mismo. También cabe una tercera opción, que es girar talones y mostrar la rabadilla, el cogote y el sacro lumbar en cadencioso movimiento contrario.
El ser humano es estúpido por naturaleza. Y el que piense lo contrario de sí mismo, miente, se miente y además lo hace mal. Porque también somos mentirosos por naturaleza. Pero claro, dentro de la estupidez, hay irracionalidad, y en ese mar nos movemos todos. Cuando nos desahogamos profiriendo un insulto, que puede ser nominal o abstracto, estamos ejercitando músculos del cerebro y del cuerpo que en otro caso usaríamos en empuñar un arma para matar a la otra persona o, cuando menos, invalidarla. Y en el desahogo nos calmamos. Pero en España hay un mal centenario, más que eso, milenario; el del Honor. Porque aquí todos sentimos nuestro honor en juego, y curiosamente, el más putas de todos es el más honorable y más energúmeno cuando defiende su buen nombre. Y en esa estúpida tesitura, cual teniente Feraud (o incluso capitán, no recuerdo el grado) nos disponemos a batirnos, mejillas enrojecidas, ojos clavados en el malvado contrario, contra todo aquel que ose dedicarnos una injuria al honor. Incluso, o más, cuando no ha sido así.
Quizá, si algunos hubieran leído a Joseph Conrad... o a Séneca sobre la cólera. Pero en todo caso, aquí va mi último consejo; si usted, avispado lector, ínclito navegante del éter electrónico, deduce de mis palabras un improperio o injurias contra su persona, no se escandalice, no se sienta perturbado y resquemoroso, pues yo, dadivosamente, le regalo ese improperio para usted, para que no se sienta, insolidario de mí, excluido del colectivo, gremio, grupo de personas o incluso individuo concreto al que haya insultado, clara o sutilmente. A fin de cuentas, la generosidad no me falta, y si así hago feliz a alguien... pues sea. También si se arrepiente, puedo retirarlo, no tienen más que pedírmelo.
Y me voy, pero no sin antes recordar, de nuevo, qué grande, qué buena y qué verdadera es la letra de "Farenheit 451" de Iván Ferreiro. Su rostro final para mí lo justifica todo. Porque... hay que verlo.
Un saludo,
jueves, 16 de diciembre de 2010
Escritores y lectores
Un escritor no es más que un lector frustrado. Lo tengo cada día más claro. Cuando alguien escribe, suele escribir su historia, la que no logra encontrar en otras lecturas. Por eso tiene un estilo inconfundible, por eso es tan personal y tan único. En cada relato, en cada novela, en cada poesía, siempre plasma esa sutil rabia por no haber leído antes lo que deseaba. Sueña, enloquece pensando en un mundo o una trama que no ha visto redactada, y la busca con sus palabras, al inicio siempre con algo de torpeza, porque el estilo es así, escurridizo al inicio como un pez pequeño y rápido. Cuando crece como escritor, el estilo se va conformando, haciendo sólido, asentándose. Y es cuando el miedo a la esclerosis aparece, también. Por eso, el mejor escritor es el que siempre regresa a su historia, a la que no lograba encontrar cuando leía, cuando lee. Si traiciona su deseo, suele caer en el formalismo hueco, en el vacío ornamentado.
La génesis de la idea me vino cuando escuché hablar a Vázquez-Figueroa. Coincidí con él en un lugar algo inverosímil, una convención de cómic y manga en Málaga. Comentó que muchos escritores o aspirantes a serlo le visitaban y él les recibía, dándoles lo mucho o poco que pudiera tener, escuchándoles cómo deseaban fama y dinero desde el primer libro. Pero él siempre regala el mismo consejo; y cito de memoria. "Escribir es como hacer el amor a una mujer que está muy buena; si encima te pagan por ello, ¡genial!". Y entonces recordé lo que muchas veces he leído en entrevistas a escritores, un denominador común, aquello de "escribo las historias que me gustaría leer a mí". Pronto, hilando, descubrí en mi memoria que no era la primera vez que oía algo así.
Tengo un amigo, David Ibáñez, al que le gusta mucho el Rol. Como a mí y a otros amigotes con los que llevo más de 20 años jugando a casi todo. Medieval fantástico, futurista, años 20, misterio, terror... hemos tocado muchas temáticas. Y un día, comentando, me dijo que él escribía y dirigía las partidas por puro gusto suyo, no para gustar a los jugadores, porque, en gran medida, era su forma de escribir o contar la historia que a él le gustaba y no había encontrado en otros sitios. Y le doy la razón, porque a mí me ocurre lo mismo; escribo muchas veces las partidas que yo quisiera leer o jugar o vivir, que a fin de cuentas es lo mismo. En definitiva, yo también soy un lector frustrado...
No os llevéis a engaño, no uso lo de "lector frustrado" de manera peyorativa, antes bien, con admiración y disfrute. Porque de esa frustración nacen muchas veces las mejores historias, las mejores tramas y los más memorables personajes. Gracias a que alguien no encuentra, en el hueco que queda entre las palabras, las líneas o los párrafos, en los espacios en blanco entre capítulos, aquello que el otro escritor insinúa, tenemos grandes escritores. Gente que, con esfuerzo, con valor, con ilusión, rellena esos huecos, esos vacíos. Y con su contribución, ayudan que haya más espacios en blanco que generen el sueño de todo lector frustrado; escribir aquello que desearían, y desearíamos todos, leer. Una infinita frustración con sabor a gloria.
Un saludo,
La génesis de la idea me vino cuando escuché hablar a Vázquez-Figueroa. Coincidí con él en un lugar algo inverosímil, una convención de cómic y manga en Málaga. Comentó que muchos escritores o aspirantes a serlo le visitaban y él les recibía, dándoles lo mucho o poco que pudiera tener, escuchándoles cómo deseaban fama y dinero desde el primer libro. Pero él siempre regala el mismo consejo; y cito de memoria. "Escribir es como hacer el amor a una mujer que está muy buena; si encima te pagan por ello, ¡genial!". Y entonces recordé lo que muchas veces he leído en entrevistas a escritores, un denominador común, aquello de "escribo las historias que me gustaría leer a mí". Pronto, hilando, descubrí en mi memoria que no era la primera vez que oía algo así.
Tengo un amigo, David Ibáñez, al que le gusta mucho el Rol. Como a mí y a otros amigotes con los que llevo más de 20 años jugando a casi todo. Medieval fantástico, futurista, años 20, misterio, terror... hemos tocado muchas temáticas. Y un día, comentando, me dijo que él escribía y dirigía las partidas por puro gusto suyo, no para gustar a los jugadores, porque, en gran medida, era su forma de escribir o contar la historia que a él le gustaba y no había encontrado en otros sitios. Y le doy la razón, porque a mí me ocurre lo mismo; escribo muchas veces las partidas que yo quisiera leer o jugar o vivir, que a fin de cuentas es lo mismo. En definitiva, yo también soy un lector frustrado...
No os llevéis a engaño, no uso lo de "lector frustrado" de manera peyorativa, antes bien, con admiración y disfrute. Porque de esa frustración nacen muchas veces las mejores historias, las mejores tramas y los más memorables personajes. Gracias a que alguien no encuentra, en el hueco que queda entre las palabras, las líneas o los párrafos, en los espacios en blanco entre capítulos, aquello que el otro escritor insinúa, tenemos grandes escritores. Gente que, con esfuerzo, con valor, con ilusión, rellena esos huecos, esos vacíos. Y con su contribución, ayudan que haya más espacios en blanco que generen el sueño de todo lector frustrado; escribir aquello que desearían, y desearíamos todos, leer. Una infinita frustración con sabor a gloria.
Un saludo,
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