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sábado, 23 de octubre de 2010

El mundo está loco, loco, loco, como sus habitantes

España. El líder de la ciudad del Vaticano, un estado artificial, donde la democracia no existe, donde la corrupción es santo y seña, donde los delegados de dicho estado tienen condenas en todos los continentes por abuso de menores, viene a España, o, según los más radicales independentistas, a Barcelona, Cataluña. Luego irá a Santiago de Compostela. Gays y lesbianas han convocado una protesta consistente en darse besos con lengua delante suya. ¿Irán Aído y Pajín a hacer allí lo mismo que en la remodelación del gobierno? no creo, porque son de "izquierdas", pero del gobierno que aplaude que venga ese líder fundamentalista a nuestro país.

Mientras, las encuestas interesadas hunden al nuevo gobierno, pidiendo los mismos gritos de cambio ¡a dos años de las elecciones!. Claro que el único que hace una petición seria es Tomás Gómez, el cual cada día me parece más sólido. Quiere saber si Zapatero se presenta o no, para saber a quién deben apoyar. Pero éste hombre, el presidente del gobierno, vive en la zozobra de la improvisación. Ya nadie sabe qué hace y por qué. Parecemos Bélgica... sin chocolate.

El PP no se queda parado. Reconocen que el gobierno nuevo ¡mola mazo!. Y donde dije digo no vale Diego, porque ahora las cámaras y los audios ejercen de buenos y sólidos memoriones... si lo has dicho, haberte callado, o haberlo pensado.

Esperanza, por su parte, está soltando pocas pullas. Se ve ganadora indiscutible de Madrid. La Comunidad más jodidamente mal gestionada de toda España. Sanidad, a pique. Educación, a pique. Infraestructuras... si son privadas bien, si no... que lo haga el Estado o el Hay Untamiento. Si no necesitamos ahora que Esperanza Aguirre se vaya, no sé cuándo ya lo necesitaremos... ah, sí, cuando Madrid esté rodeada de vertederos como Nápoles. Si es que la mafia es igual en todas partes...

Lenguas. Me he reído como nunca por un comentario en un foro que suelo participar (cada vez menos, visto el nivel de paranoia y absurdez de algunos de sus participantes) donde dí las gracias a un bilbaíno trapagarandense en euskera. Eskarrik asko, que aprendí en uno de mis viajes a Azpeitia como parte de la educación mínima que uno adquiere si va a un sitio donde hablan otra lengua diferente (Gracias, hola, adiós, no entiendo tu lengua, soy amigo, dame alcohol, quiero follarme a una mujer de aquí, me das comida) por eso de ser cortés. Aprendí también una canción infantil que va de 1 al 4, a pedir una barra de pan y decir "buen rollo" en un fonético euskera rarito. Bien, pues eso es visto como una PROVOCACIÓN... joder. País de gentuza. Las grandes y permanentes ruinas del franquismo perviven en más de uno con una vitalidad asombrosa...

Leo Bassi, a su vez, se ha hartado ya y ha querellado a las ultrafascistas páginas de Háztelo Mirar y Libertad (para quien yo diga) Digital por sus calumnias contra él. Está claro, no se puede ser pacifista. Si vis pacem, para bellum... si no, te ganan ellos con sus provocaciones. Ignorarlas es un método, pero suele ser como intentar no ver a un señor con metralleta apuntándote mientras sujeta a un perro loco que quiere morderte. Está ahí, nos guste o no... y puede ser peligrosos, aunque ya lo es por ser. Pero, en España no es delito ser neonazi ni profranquista. Total, se ampara bajo una modalidad de "libertad de expresión" y punto. Lo lamento, pero si algo enseñó el fascismo, en todas sus modalidades, es que no hay que permitirle existir. El totalitarismo debe extinguirse siendo totalitario con él mismo. Punto. Si no, se aprovechará de nuestra tolerancia...

Wikileaks mientras demuestra el chorreo de muertos y desastres provocados de la invasión de Irak. Sin comentarios.

Seguiré leyendo a Churchill, el Negrín británico. Ah, pero espera, el primero prevaleció y es un líder de talla universal, el segundo, al perder, un tozudo resistente sin sentido. ¡Cómo habrían cambiado las tornas si hubiera pasado otra cosa! El mundo, que está loco...

Un saludo,

lunes, 11 de octubre de 2010

Franco jugaba al Rol

Antes de que nadie diga nada, tengo el documento definitivo sobre la afición de Francisco Franco, alias "El Caudillo", "El tío Paco", "Paquito el fusilador" o "El tio gordo y bajito ese de Galicia".

Se trata de un retrato hecho en plena partida con sus amigos, en momentos inmediatamente posteriores a la guerra civil. Porque la guerra realmente la hizo por una apuesta, tras jugarse al mus con Mola, Sanjurjo y un capellán de Melilla que a ver quién tenía cojones de montar una buena gresca para tomar el poder y así echarse muchas partiditas al D&D (entonces no se llamaba así, si no PD&C, "Por Dios y la Cruzada") que no podían al tener que currar en la modernización impuesta por los masones republicanos al ejército español.

Tras mi investigación, que no puede envidiar nada de las de expertos en la materia como Pío Moa, César Vidal o John Doe, puedo asegurar que dicho retrato muestra a Franco en actitud de recibir los ansiados Puntos de Experiencia (PX) por la última gran partida montada por sus Masters Hitler y Mussolini. Porque la humanidad debe saberlo, ambos mandatarios eran Directores de Juego o Dungeon Masters, y en lugar de tablero, usaban Europa para sus partiditas.

La cuestión es que Franco acumuló tantos PX's que le admitieron en el círculo de DM's, y para mostrar su agradecimiento, se hizo pintar aquí:



Es un hecho que, en el archivo de Salamanca, junto con los papeles secretos de El Pardo, guardados en una caja de galletas Fontaneda y usados para limpiar los mocos de las gallinas, he encontrado un pedazo de la ficha de jugador que Franco se hizo. Y la podemos transcribir aquí en primicia:

Nombre del pj: Franco, Franco, Franco (El Caudillo)
Nombre del jugador: Francisco Franco
Procedencia: El Ferrol (del Caudillo)
Edad: 47 (al finalizar la campaña)
Profesión: Dictador
Nivel: 10
Alineamiento: Neutral Malvado

Fuerza: 8
Destreza: 7
Constitución: 14
Inteligencia: 11
Sabiduría: 13
Carisma: 18 (+6 gracias a Pelotones de Fusilamiento)

Puntos de Golpe: 58

Habilidades Cláseas:

Organizar golpes de estado: +6
Torturas: +4
Fusilar enemigos: +12
Inaugurar pantanos: +9
Anticomunismo: +12
Autoritarismo: +18
Cazar y pescar (sin ayuda): +1
Cazar y pescar (con ayuda): +18
Historia (Edad Media) +0
Mitología: +15
Religión (Católica): +15
Oportunismo: +20

Habilidades Especiales:

Jugador de Mus: +7
Caminar bajo Palio: +15
Firmar sentencias de muerte: +20
Ser gallego: +50

Equipo básico:

Manual de torturas de la Gestapo (+10 a Torturas)
Mein Kampf dedicado por Hitler (+5 a Golpes de Estado, +10 a Anticomunismo, +20 a autoritarismo)
Libro de diseño de uniformes.
Rosario místico -4 a Sabiduría e Inteligencia
Brazo incorrupto de Santa Teresa (hamburguesa McAnuda's personalizada)
Fusil de cerrojo.
Prismáticos visión +2 (a encontrar desleales)
Pistola Luger dedicada por Von Bero.
Cápsula de cianuro con emblema de esvástica.
Bula papal.
Boina roja de requeté.
Bandera de la CNT cambiada para parecer de la Falange.
Bandera republicana soplamocos.

-.-

En próximas publicaciones, quizá encontremos otras fichas interesantes de personajes que eran... ¡ROLEROS!

Un saludo,

viernes, 8 de octubre de 2010

Del afán de posesión

Tengo que reconocerle al cristianismo primitivo el que hay conservado hasta hoy algunas doctrinas del epicureismo. Normalmente, la tendencia a la acumulación (mal llamada "síndrome de Diógenes" cuando el pobre cínico más bien prescindía de casi todo) es habitual en el mundo occidental, y en aquellas culturas donde lo material expresa estatus y significación.

Poseemos en gran número tanto ropa como zapatos, un tipo para cada ocasión (amigos, cenas, bodas, trabajo, informales, etc) al menos normalmente un vehículo (coche) y a veces más, vivimos en una casa con la consecuente hipoteca o deuda, cebamos las neveras con comida, tenemos muebles y televisores, ordenadores, móviles, equipos de música y otros juguetes electrónicos. Acumulamos a veces cosas cuyo valor es el que le hemos conferido, distinto o similar al del precio al que nos lo venden. En suma, tenemos más cosas de las que podemos disfrutar en la vida; algunos poseen miles de archivos de música o de vídeo que nunca oirán o verán.

¿De dónde ésta necesidad?

De la necesidad que nos creamos todos e imponemos mutuamente. Ni más ni menos.

Diógenes el cínico, o el perro, como él se enorgullecía de que le llamaran, vivía en su tonel, semidesnudo, y comía y bebía en una escudilla de madera hasta que vió un día a un niño que tomaba agua entre sus manos y... tiró su escudilla. Simpleza. ¿Quería tomar el sol? le pedía a un joven Alejandro III (más tarde llamado "Magno") que se apartara. ¿Sentía necesidad sexual? se masturbaba en medio del Ágora. Todo ésto son anécdotas recogidas por filósofos posteriores, pero dan buena cuenta de que se aplicó erróneamente su nombre a un síndrome totalmente diferente. El de acumular, se necesite o no.

No voy a hacer una defensa de lo espiritual frente a lo material, como si fuera un nuevo Manes renacido. Muchas veces, preferir algo no significa negar otra cosa considerada lo contrario. Es lo complicado de nuestra sociedad actual. Si uno se declara, por ejemplo, a favor del aborto, está automáticamente en contra del nacimiento de niños. Si se declara amante de los animales, debe ser antitaurino. Si se dice A, otros nos adjudican el odio a su contrario, siendo siempre B, sin contar el resto del abecedario.

El afán de posesión es algo así. ¿Es negativo tener cosas? No. Pero, ¿necesitamos tantas cosas? No. Entonces, ¿deberíamos prescindir de ellas? No.

Un saludo,

miércoles, 29 de septiembre de 2010

De huelgas, economía y política

Hoy, hasta las 22.00h, hay huelga convocada. Un día de huelga. Una de esas cosas que podemos llamar cosméticas, porque... ¿sirve de algo?.

Años 80, los mineros del carbón hacen, creo, la última gran huelga obrera en Europa. Margaret Thatcher, con más mala leche y mejor dirección que su fan madrileña, los quiebra y rompe en pedacitos. La huelga durará varios meses, hasta que acaba agotada.

Años 90, 2000 y década actual. En Francia los paros y huelgas son intermitentes, de uno o varios días, siendo en algún caso, como la de transportes de París, de casi un mes. En ambos casos, los sindicatos pagaban con su caja de resistencia.

España, ahora. Un día de huelga general. Ejem.

Los sindicatos están subvencionados por el Estado y lo gobiernos de turno, que pactan con ellos mejoras, como las de Aguirre en la Comunidad de Madrid regalando más horas de liberados de las legales. Por tanto, los sindicatos ejercen de intermediarios entre los trabajadores, apaciguándolos muchas veces y regalándoles falsas promesas de combatividad, y los empresarios, haciendo lo mismo. Pero su fracaso como institución en España no significa que muchas de las ideas que representan hayan fracasado con ello. Lamentablemente, la igualación les acompaña...

El gobierno, los gobiernos, ya no gobiernan. Desde que el capitalismo ha podido enraizarse en todo el planeta como un sistema salvaje, en el sentido frondoso de una selva que no hemos sabido aplacar y domeñar, ningún gobierno ha sabido hacerle frente recortando las espinas, redirigiendo los tallos y haciendo que las flores y frutos no se recolecten únicamente en la parte donde da el Sol. Los gobiernos son pues títeres, marionetas.

Si los sindicatos dependen de los gobiernos, y los gobiernos, de la economía capitalista, ¿quién o qué dirige ésta? nadie y todos. Yo soy el culpable, contigo, amable lector, de lo que está pasando respecto a la crisis. Y claro está, lo es todo aquel que cree serlo. No hay más inocentes que aquellos incapacitados para participar del juego. El gran juego.

¿La huelga de mañana? me río, lo siento, me río mucho.

Desde hace tiempo, empiezo a creer en una solución inmemorial que tuvo su mayor exponente en la revolución aquella de 1789. Y tiene un nombre sencillo.

Sangre.

Lo malo, entonces y ahora, es que nunca quedan claros los objetivos ni a quién hay que señalar.

un saludo,

jueves, 23 de septiembre de 2010

La confianza en el ser humano

Lo vemos siempre, en cientos de películas, en discursos interesados. El ser humano, las personas, al final, prevalecemos.

Da igual que sean los cazados por los "predators" o los supervivientes de un accidente, importa poco que sea en el pasado o el futuro, es indiferente el número de problemas, de trabas, de escollos a pasar. La humanidad prevalece. Triunfa.

Siempre ganamos en las películas, incluso cuando éstas son apocalípticas y llevan un largo mensaje pesimista; "Hijos de los Hombres" o "La carretera", por poner ejemplos recientes, acaban con optimismo. Un rayo de luz. Siempre.

Cada cierto tiempo, un Kennedy, un Obama, regala de nuevo discursos luminosos y genera esperanzas, en el hombre, en ese ser condenado en su destino a ser lo mejor a su pesar.

Pero... ¿y si no fuera así?

Confiamos en el ser humano mucho, demasiado. Como género, no estamos mal, y como especie, hemos logrado cosas interesantes. En términos globales, aunque hayamos dilapidado oportunidades sin fin, nos hemos cogido cariño. ¡No podía ser de otro modo! creemos en nosotros, confiamos siempre en nosotros, nos vemos capacitados para todo triunfo ante cualquier reto. Esa confianza nos da fuerzas, y racionalmente sabemos que el motor de la misma es la mentira, pero somos seres más bien irracionales con la extraña suerte de poseer de cuando en cuando destellos de brillantez intelectual. Y es que puede más lo turbio, el amasijo del vientre, que lo gris y eléctrico de la cabeza...

No voy a pedir permiso para decir que no confío en el ser humano. Colectivamente, jamás, porque la manada aplasta siempre al individuo. Individualmente, poco, porque escasas son las personas que se ganan, labrándola, esa confianza. En pequeñas dosis, limitados en el tiempo, el espacio y los confines de nuestro solipsismo, puede que sí. Y sin embargo, nadie ha hecho aun la película, el libro o la sinfonía de nuestra total, completa y absoluta extinción, desaparición, desvanecimiento. Acaso porque siendo humanos, no concebimos un universo sin ellos.

Pero seguro que eso pasará...

Un saludo,

martes, 14 de septiembre de 2010

Cuando el nuevo curso empieza...

Sí, hay algo siempre de nuevo año, nueva etapa o reinicio en estas fechas. Acabado el verano, época donde todo cierra por vacaciones, comienza un período que no es año nuevo, pero lo parece. Todo son intentos, promesas, esfuerzos, buscando hacer cosas antes del siguiente período de vacaciones, las fiestas navideñas de diciembre y enero.

Este año he vuelto al trabajo antes, a mediados de agosto. Por tanto, llevo ya realmente un mes largo reincorporado a la rutina meliflua de amanecer muy pronto, salir para comer algo tarde y luego dejarme llevar. Dulce y deseado, sí. Aparte, no he vuelto a caer en esas promesas típicas de todos ("aprender inglés, hacer más ejercicio", etc) porque ya no creo en los "buenos propósitos", si no en los hechos veraces. Inglés ya sé, aunque siempre puede uno aprender más, y ejercicio hago, aunque no sea el suficiente.

Rota por tanto la tradición, queda la acción. Y ésta ha consistido en abandonar la asociación que en su día ayudé a fundar y dirigí con entusiasmo, hace ya muchos años, sin contar los inicios de la afición, hace la friolera de diez años o más. Curiosamente, tres cosas sucedieron hace ya unos diez u once años; empecé a salir con Cris, mi rodilla se rompió e inicié mi viaje de aficionado serio al mundo de Roma. Lo primero continúa a día de hoy con muchas ganas, amor y dedicación (más, si cabe); lo segundo está relativamente solventado, tanto que el miércoles regreso a una cancha de parqué y aros con red para disfrutar del chillido de las zapatillas contra la madera, el rítmico bote del balón y los sonidos de alegría propios como el "chof!" agradabilísimo al encestar... de lo tercero, he terminado con la asociación que quería fuera santo y seña de dicha afición, pero a cambio de cerrar este libro, he contemplado la buena biblioteca que espera mi visita. Un cambio a mejor.

Cuando el nuevo curso en el cole, el instituto, o la universidad, empezaba, yo sentía que era el fin del verano, de la indolencia, de la pereza, de dormir mucho y hacer poco "de provecho", pero también sentía ganas de activarme, de sentirme vivo y con dolor, con miedos y con esperanzas, de vivir al borde eterno de un filo y, al tiempo, ser y no ser. Ahora, cómodamente instalado en cierta rutina, meliflua o mefistofélica, las rupturas me devuelven la sensación de vitalidad. Siempre recuerdo la leyenda del beduino, que tras hacerse rico, con palacios y mujeres y dinero, abandonó todo y volvió al camino con sus únicas pertenencias fieles, una manta y un fusil, y volver a empezar.

Bienvenido, eterno retorno, Nietszche olvidó mencionarte lo que sucede a más edad...

Un saludo,

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Notas dispersas

Rudy loco, Navarro buscando consistencia, Gasol sólido... todos con ganas, pero un culpable de las debacles y malas sensaciones, de las caras largas y los presentimientos negativos. Scariolo. Pido una vez más, aunque se haya ganado el Europeo de 2009 (por los jugadores más que por él) que se le eche. Cambien el tacto de la gomina por el color de las sonrisas...

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Conozco a mucha gente que adora "Lost". Lo consideran el mejor programa de la tele jamás hecho. Y digo yo, ¿no han visto "Los Soprano", "The Wire" o "Mad Men"? Yo me he aburrido mucho con los pocos episodios que he visto, el efectismo de personajes pretenciosamente misteriosos, de hechos construidos para conectarlos artificiosamente, del misticismo, en suma, de la serie. No me ha parecido honesta, ni siquiera como producto de ficción. "Jerichó", que se canceló y perdió en el limbo, me parecía una ficción honesta, interesante, con evoluciones de la trama que me gustaban, aunque adoleciera del mismo problema de casi todas las series; estirar, repetir, tratar de tonto al espectador.

Y ahora llega "Boardwalk Empire"...

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Voy a tener que leer ya, sí o sí, "Juego de Tronos". Muchas recomendaciones, muchas buenas vibraciones, promesas de un novelón que atrape. La verdad, necesito ya escaparme de tanta seriedad (últimamente, Schopenhauer, no sé por qué, ha caído en mis manos, y junto con Stephen Jay Gould, que leo poco a poco, han acaparado mi tiempo de lectura; eso y algunos ensayos de historia, ajeno a lo romano ya) y necesito un nuevo mundo. Éste parece el adecuado.

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Qué decir de mi trabajo. Nada bueno, nada positivo. Mis expectativas, cambiar, ya sea yéndome a otro sitio o aprobando otra oposición. Y ya está.

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De pronto me doy cuenta que abandonaré la edad de Alejandro Magno en pocos meses. De pronto me doy cuenta del mediocre saldo de muchas cosas en mi vida, en cuanto a aspiraciones fallidas y actividades abandonadas o iniciadas y dejadas a mitad de camino. He abandonado, en gran medida, el desasosiego de la creación (¡qué pretencioso soy!) por la tranquilidad de la existencia agradable que llevo ahora. Mi creatividad queda para cuando diseño escenarios y partidas de rol (y de calidad ínfima, me temo...) o tomo notas como ésta, en papel o en pantalla. Y siento una rara indiferencia que me preocupa, pues no sé si mi piel se ha insensibilizado a lo demás, admitiendo solamente las caricias de una persona. Será el clima y el cambio de temporada.

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Sigo sintiendo, eso sí, rescoldos vivos y, en ciertos casos, llamas danzarinas cuando hablo o pienso sobre ciertos temas. Religión, mi ateismo contra toda superchería fanática y sectaria (empezando, claro está, la más cercana, la católica) está muy vivo. Suerte que comparto con quien amo los principios básicos de una vida así. Política, asqueo, falta de ilusión (como todo el mundo, entiendo) pero un resquicio con Tomás Gómez en Madrid, si gana, para tratar de echar a la lideresa. En lo local y nacional, indiferencia. Viene una huelga general, pero no sé si quiero hacerla, pues pierdo dinero. Y pago hipoteca. Y facturas.

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Tras las declaraciones de un burgués de clase media urbano y con cierta educación (nada nuevo), un par de temas importantes, la familia y las amistades. Los primeros siempre están ahí y tengo miedo de su juicio, su visión y su condena. De los segundos, miedo a cierta superficialidad en ocasiones, pero también tranquilidad por ser todos los que han de serlo honestos, claros y sencillos. Mi vida social, nada resentida, es un puntal. En el aspecto de las aficiones de otro tipo (recreación histórica) ya he abandonado toda esperanza. Pocos son los que quiero tener cerca, y muchos más bien lejos. Como he dicho, tengo más círculos en los que moverme, al contrario de aquellos de quienes me alejo. La familia viene impuesta, pero los amigos son elección de cada uno.

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Claramente, sigo disperso, perdido, desorientado, anulado en algunas cosas, fofo, blando, con un cerebro engrasado en un cuerpo atocinado. Y me duelen las mandíbulas de la tensión desde hace días.

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...

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Un saludo,

jueves, 26 de agosto de 2010

Hablar por hablar

Muchas veces decimos cosas que no pensamos, o con las que intentamos sorprender, apabullar, seducir. Hablamos, decimos palabras tratando de parecer inteligentes, con humor, sentido, educación, cercanía, todo tipo de sentimientos positivos que puedan reforzar la relación que tenemos con la otra persona, o competir con ella, o humillarla, o dignificarla, o muchas cosas más. Hablamos, soltamos palabras, dejamos que el espacio entre las bocas y oídos se llene de ellas, alimente el vacío y genere flores, fuegos de artificio, colores, sonidos, incluso olores. Palabras, todas ellas, que al final son, siempre, hablar por hablar.

Porque parto de una premisa que no es falsa. Todos morimos. Y por tanto, las palabras no son más que intentos de anclar nuestra frágil existencia a las memorias de los otros, de los demás. Son etéreos ladrillos para construir un edificio, y de esa forma, falsos hogares.

Luego, como siempre, hay quien mide sus palabras como si fueran trajes de tela o pino. Quienes callan y dejan que mueran. Quienes dicen demasiadas. Quienes las usan sin saber y pretenden ser escuchados. El sonido de nuestra voz, digan lo que digan, siempre nos suena a repiqueteo celestial... pero como siempre, tratamos de controlarlas. Los hay que poseen torrentes, otros, cauces rumorosos, algunos, tierra yerma. Las palabras, como siempre, creemos poseerlas, y hay quien se cree poseído por ellas, pero no es cierto.

Hablamos siempre por hablar. Porque las palabras solas no hacen nada. Ni hieren, ni matan, ni duelen, ni queman, ni aman, ni ríen ni sienten. Las palabras solas son aire de los pulmones chocando con los dientes guiadas por la lengua. Las palabras solas son, siempre, hablar por hablar.

Mira a los ojos de los demás. Observa sus gestos. Sus manos. Su postura. La faz puede ser atractiva, vulgar o antipática. Exótica o familiar. Escucha lo que no dice. Toca, si puedes, su cuerpo. Olfatea los sentimientos. Porque eso te revelará más que sus palabras, y es que, además de hablar porque sí, las palabras nacieron con un propósito; poder mentir.

Pero a veces no mienten. Una mirada titilante, una voz trémula, un cuerpo excitado, y entonces, una o dos palabras, sencillas, pronombre y verbo, y todo estalla. Porque es verdad, es la verdad, y en ese momento, no hay más.

Todo lo demás, hablar por hablar...

Un saludo,

sábado, 14 de agosto de 2010

Recreación histórica

Ya he hablado alguna vez de esa afición. Que es mía. O lo era de una manera y ahora está cambiando. La cuestión es que ayer, un amigo, Ibáñez, me habló de un libro de Sir Terry Pratchett donde salía reflejada dicha afición con rasgos muy certeros.

Resulta que en el libro, una reina admira un cuadro pintado de su antepasada donde ésta va con un estilo punk y sangre por todo el cuerpo, cuero negro y un carro de guerra con cuchillas, así como muñequeras y rodilleras con pinchos. Se supone que es el pasado, y ella en su presente va más refinada, con un corte renacentista. Pero invaden su reino, y ella decide copiar a su antepasada, puesto que si tuvo éxito con esas armaduras heavies y esos carros anticuados, ¿por qué no ella también? lo hace, se enfunda una armadura reconstruida idéntica al cuadro, y se lanza a la batalla. Una vez en ella, con la armadura puesta, se siente su propia antepasada y aniquila a los enemigos... entonces, como si de Carl y Lennie o Rosencrantz y Guildenstern se trataran, comentan dos cortesanos que qué curioso, si el autor había hecho un retrato ¡sin tener ni puta idea de cómo era en realidad, inventándose todo!

Yo eso lo he visto. Subnormales que se enfundan una cota de mallas y se equipan como posibles legionarios romanos del siglo I a.n.e. con toda la ferralla, o eso creen, y actúan como tales, pensándose que son eso, verdaderos legionarios romanos revividos, cargando contra otros como si un partido de rugby sin reglas fuera. Idiotas que empiezan entonces a pontificar sobre el mundo de la antigüedad como si al estar enfundados en reproducciones de manufactura hindú quedaran de pronto imbuidos por un conocimiento por ósmosis. Y entonces recuerdo a Schopenhauer, cuando dice aquello de "Casi siempre se confunde la compra de libros con la adquisición de su contenido"... aquí igual, se creen muchos que comprar un objeto a Deepeeka, incluso a un artesano reputado como Adrian Wink o Cacaius, o las Fabrica u Oficinas varias es ya adquirir el conocimiento de un pasado. Encima, para más rechinar de dientes, suelen ser los mismos que trasladan sus obsesiones políticas e ideológicas actuales a un pasado donde aquello, simplemente, no existía... ¿podía ser nacionalista un legionario romano en una unidad como la VIIII Hispana, o simplemente llevaba un sobrenombre (como muchas unidades militares de la historia) referido a otras cuestiones en un período anterior, no sé, unos 1800 años al nacionalismo? Hay que ser muy estúpido para intentar colgar esas ruedas de molino, pero algunos lo intentan y lo peor no es eso, es que lo logran...

Yo he visto eso y otras cosas. Pasados los años, uno tiene que detenerse y mirar, y descubrir qué hace y cómo lo hace, y sobre todo, a quién beneficia, si a uno mismo y a la divulgación que se busca, o a otros intereses y personas que no son los que deberían beneficiarse. Porque al buscar divulgación, pura y estricta, algunos otros hacen de ella medio de transimisión de sus ideas, repugnantes en muchas ocasiones (exclusivismos, racismos, nacionalismos, elitismos...) y claramente antitéticas con la realidad posible del pasado.

En toda actividad humana se tiende a elegir a los afines, a los pares, a los iguales o similares. Y a rechazar a los que son diferentes. Eso es lo que funciona para un grupo si tiene los mismos objetivos y similares ideas. Y, lamentablemente, siempre hay mesiánicos, profetas y "líderes" en todos los grupos. Y como los llama más de un conocido, Primadonnas...

Mi reflexión, tras tocar fondo éste año con muchas cuestiones, es que hay que saber cuándo separarse de aquello que no funciona y de aquellos que impiden que funcione, y empezar a montar algo con otros objetivos. Y saber qué gente, qué ideas y qué fines hay para empezar de nuevo, con un alcance a largo plazo. En eso estoy. La experiencia ayuda...

En todo caso, quiero cerrar con otra reflexión del alegre Schopenhauer; dice de Clío que "está completamente infectada de mentiras, como una prostituta callejera lo está de sífilis". No le falta razón...

Un saludo,

sábado, 31 de julio de 2010

¡¡Ética!!

Gritaba el mafioso aquel al inicio de "Muerte entre las flores". También es lo que claman todos los grupos de un lado al otro del espectro social-ideológico-religioso. ¡Ética! proclaman los católicos, aberrando del aborto y silenciando sus pederastias. ¡Ética! susurran los políticos, mientras los suyos se llenan los bolsillos de nuestro dinero. ¡Ética! golpean los fanáticos mientras cierran los ojos ante los desmanes que realizan.

Todos piden ética. El respeto a un conjunto de normas mínimas, de una moral que dicte los actos de su vida. Desde el eremita hasta el urbanita, del más tonto al más listo. Pero... ¿qué ética podemos tener, caballeros, si no sabemos ni qué es?

Kant se devanó los sesos con razonamientos tan impecables como el conducente al imperativo categórico. Pero ni con esas vale. No hay norma universal. No hay una ética universal. Nada es absoluto, por desgracia, pero tampoco tan relativo como para que se diluya.

Al final, la ética es lo que nosotros hagamos. Lo que construimos. Día a día. Poco a poco y en nuestro entorno. Limitando nuestra esfera de acción a lo inmediato. Si ascendiéramos, si tuviéramos más poder, descubriríamos la partida de ajedrez del control imposible de ganar, pues siempre hacemos jugadas tácticas poco éticas, siempre cometemos algún quebranto de las normas para, en teoría, lograr un bien mayor. Pero la realidad es otra.

De todas las normas éticas, yo tengo una valiosísima, poderosa y barata. La sinceridad. La honestidad. La franqueza. Ser quien eres, decir lo que piensas, hacer o no hacer lo que crees. La autenticidad es imposible de adulterar. O se es o no se es. Y no ser conduce a la represión de uno mismo, y eso torna en enfermedad toda contención, un pus que se alberga tras el silencio o la mentira.

Pero no es universal, no puede serlo. Sé que hay que mentir a veces, aunque no se sepa hacer bien. Sé que hay que retorcer la verdad, aunque no sea fácil. Y lo peor, a veces pensamos que decimos una verdad cuando no somos más que el ser subjetivo y con patas que somos, en realidad. Soy consciente de la miseria de dicha norma. Pero al tiempo, su imperfección la convierte en algo irresistiblemente bello.

Porque no hay perfección, ni belleza absoluta, ni nada completo, total y finalizado. Nada. Esa es la verdad, la puta verdad, como diría Javi. Y lo hace todo al tiempo tan, tan bello... como ver todo a través de un cristal precioso, límpido, transparente, mágico... con una pequeña esquina rota y alguna zona rallada.

¡¡Ética!! gritan todos... y yo digo, vale. Pero será local, temporal y personal. Y bastante...

Un saludo,