... to sack her off!
Porque es desastrosa. Sí, demagógica, sí, superviviente, sí, artera, sí, ramplona.
Educación en Madrid. ¿Cuanto tarda un profe en la Comunidad de los milagros en convertirse snap! en bilingüe? Poco, unas horas. En pocas horas, sabe el idioma de Shakespeare (Chéspir, si no les importa) y domina las formas gramaticales y la sintaxis como nadie. Ni Ramón Sampayo, oiga, al que alomojó, como cierto ex-presidente decía, han contratado como asesor en Madrí, Madrí...
La educación en Madrid es como en el resto de España, con el agravante de vendernos (por el módico precio de 2 millones de euros) un producto que se anuncia mal. ¿Se imaginan a un niño en Gran Bretaña decir "Sí, nosotros aprender"? Jau. Yo, Tarzán, ud. Chitón.
España. La educación en España. Miles de colegios concertados, miles de crucifijos, de símbolos religiosos, y nos preocupamos porque una niña entre en clase como las monjas, tocada. Ah, espera, las monjas son de la "sagrada institución cultural que vela por occidente" como algún pedante dijo. Las otras son oprimidas mujeres que vivenen una cultura (aun más) machista. Pero todo se arregla. ¿Eliminando todos los símbolos religiosos que se incardinan en la cultura, aunque "cultura" sea otra cosa? no. Eso nunca, ¡cómo se atreven!
Mientras la cultura y la sanidad, y los bomberos, y los policías, y el ejército, y los conductores de autobuses y trenes, y otros muchos, sean públicos, podremos intentar jugar todos según las mismas reglas, las que acordemos en un contrato social renovado cada varios años. Pero si empezamos a privatizar a algunos, a meter las cuñas, a dividir, todo se va al garete. ¿Las grietas del Estado de Bienestar? a mí no me mire, en lugar de rehabilitar la casa, la tiramos y le damos la reconstrucción a mi amigo, que sabe de ésto...
Yes, I do want you to fly off the handle, such thing could be true...
Un saludo,
martes, 20 de abril de 2010
miércoles, 14 de abril de 2010
Aniversario
Sí, hoy se cumplen 79 años desde aquel otro 14 de abril de 1931, cuando en España sucedió aquello que trastornó tanto al almirante Aznar. "¿Qué más crisis quieren ustedes que la de un país que se acuesta monárquico y se levanta republicano?"
Hay que recordar la España de entonces, para comprender lo que sucedió.
Un país donde la mayoría era analfabeta, retrasada en lo económico y abocada a un servilismo agrario muy fuerte.
Un país donde los que tenían cierto poder decisorio habían descubierto que la monarquía de Alfonso XIII se tambaleaba y movía entre las decisiones acomodaticias de su monarca. Primero, un respeto al turnismo caciquil; luego, una caída en la moda de los fascismos con Primo de Rivera; y finalmente, tras haber probado diversos tipos de regímenes, como dijo Josep Plá, se acomodó a la realidad del momento, la fuerza republicana.
Un país, definitivamente, donde la aspiración de algunos, minoría ilustrada, era la de sacarle de problemas seculares. Un excesivo protagonismo de la Iglesia Católica, una fuerte diferencia social y económica entre los ricos latifundistas y la masa campesina y obrera de nuevo cuño, un claro retraso tecnológico e incluso cultural... las formas de salir de esos problemas, no obstante, eran las que generaban mucho debate.
Y entonces sucedió. De pronto, el país descubrió que podría ser republicano. Que podría cambiar a sus gobernantes. Que podría iniciar otro camino. E igual que la legalidad es un asunto de consenso social, la sociedad decidió cambiar la entonces actal legalidad por otra. Y lo hizo sin matar a nadie. Eso es lo chocante, ¿verdad?
Porque cacareamos mucho de la "transición pacífica" de España en los 70-80. Pero ahí hubo varios cientos de muertos por asesinatos políticos. En el caso de 1931, hubo ilusión, esperanza, desconcierto, novedad, pero no hubo esa tensión social de la "transición pacífica". Todos querían que la República cumpliera con todos, y por ello, todos esperaban que esa fuera "su" República.
Pero no lo fue. Entonces no se sabía, pero no lo fue. Las más altas expectativas suelen degenerar en las más sombrías decepciones. Y pronto, muy pronto, cuando algunas de las ilusiones parecían hacerse reales (separación del Estado y la Iglesia, reparto más equitativo de la riqueza, mejoras en la educación, modernización del ejército, cambios en las estructuras burocráticas del Estado y descentralización del mismo...) los que entonces sentían que España no debía repartirse, si no únicamente ser de ellos, empezaron a conspirar. Los March, los Sanjurjo, los Gomá... dinero, ejército, iglesia.
Celebremos que hace 79 años hubo una ilusión y la primera democracia real en España. Hoy, muchas de sus aspiraciones las ha recogido el estado monárquico constitucional, pero otras aun no.
¿Será el momento de plantear entonces un paso adelante en la construcción de una III República? Francia va por su V...
Un saludo,
Hay que recordar la España de entonces, para comprender lo que sucedió.
Un país donde la mayoría era analfabeta, retrasada en lo económico y abocada a un servilismo agrario muy fuerte.
Un país donde los que tenían cierto poder decisorio habían descubierto que la monarquía de Alfonso XIII se tambaleaba y movía entre las decisiones acomodaticias de su monarca. Primero, un respeto al turnismo caciquil; luego, una caída en la moda de los fascismos con Primo de Rivera; y finalmente, tras haber probado diversos tipos de regímenes, como dijo Josep Plá, se acomodó a la realidad del momento, la fuerza republicana.
Un país, definitivamente, donde la aspiración de algunos, minoría ilustrada, era la de sacarle de problemas seculares. Un excesivo protagonismo de la Iglesia Católica, una fuerte diferencia social y económica entre los ricos latifundistas y la masa campesina y obrera de nuevo cuño, un claro retraso tecnológico e incluso cultural... las formas de salir de esos problemas, no obstante, eran las que generaban mucho debate.
Y entonces sucedió. De pronto, el país descubrió que podría ser republicano. Que podría cambiar a sus gobernantes. Que podría iniciar otro camino. E igual que la legalidad es un asunto de consenso social, la sociedad decidió cambiar la entonces actal legalidad por otra. Y lo hizo sin matar a nadie. Eso es lo chocante, ¿verdad?
Porque cacareamos mucho de la "transición pacífica" de España en los 70-80. Pero ahí hubo varios cientos de muertos por asesinatos políticos. En el caso de 1931, hubo ilusión, esperanza, desconcierto, novedad, pero no hubo esa tensión social de la "transición pacífica". Todos querían que la República cumpliera con todos, y por ello, todos esperaban que esa fuera "su" República.
Pero no lo fue. Entonces no se sabía, pero no lo fue. Las más altas expectativas suelen degenerar en las más sombrías decepciones. Y pronto, muy pronto, cuando algunas de las ilusiones parecían hacerse reales (separación del Estado y la Iglesia, reparto más equitativo de la riqueza, mejoras en la educación, modernización del ejército, cambios en las estructuras burocráticas del Estado y descentralización del mismo...) los que entonces sentían que España no debía repartirse, si no únicamente ser de ellos, empezaron a conspirar. Los March, los Sanjurjo, los Gomá... dinero, ejército, iglesia.
Celebremos que hace 79 años hubo una ilusión y la primera democracia real en España. Hoy, muchas de sus aspiraciones las ha recogido el estado monárquico constitucional, pero otras aun no.
¿Será el momento de plantear entonces un paso adelante en la construcción de una III República? Francia va por su V...
Un saludo,
lunes, 12 de abril de 2010
Toda violencia de género...
Es del género humano y de la especie homo sapiens. ¿Por qué digo esto? Porque no hay diferenciación por sexos en las taxonomías, al menos no tan amplias como para entender que dentro del mismo género son completamente diferentes. Biológicamente, somos estructuras muy similares, con diversidades definidas por el sexo entre los machos y las hembras.
Entonces, ¿por qué todo el santo día escucho lo de "violencia de género"? Porque se quiere dar a entender que hay dos "géneros", el masculino y el femenino. Y que uno sufre la violencia del otro. Lo cierto es que dentro del mismo género (el humano) nos hemos violentado unos a otros durante largos milenios, más y más cuanta más capacidad industrial para matarnos teníamos. El hecho de que las hembras de la especie hayan sufrido un especial acoso por parte de los machos de la misma especie se ha convertido, en los últimos años, en España, en una aberración al mismo nivel casi que los genocidios (ah, otro palabro divertido es el mexicano "feminicidio", una invención rica e inteligente) si no por número de víctimas sí por visibilidad en los medios de las mismas.
Desde luego, no voy a defender una cultura machista donde el rol asignado es de sumisión al macho por parte de la hembra, quien ha de temer el ejercicio de violencia física. Pero tampoco me parece aceptable el lograr, de pronto, que toda mínima expresión de violencia, consentida, lúdica, personal, sea considerada una muestra de "violencia de género". ¡Pobres ejercitadores del sado-maso!
Lo que me sorprende es la forma de cambiar el lenguaje siempre. Sí, está vivo, sí, es nuestra herramienta y la usamos como queremos o mejor podemos, y sí, tratamos de que exprese pensamientos abstractos, elaboraciones de ideas y demás zarandajas. Pero en ocasiones, el mismo lenguaje usado significa demasiado lo contrario de lo que pretendía antes, y perdido el consenso, rota la norma, pierde un tanto de valor. Yo, modestamente, en lugar de esa "violencia de género" lo llamaría, simplemente, "violencia machista". Algo que ciertos periodistas sí usan, aunque parece dar miedo por cómo suena. Fuerte. Sí, tanto como las palizas y cuchilladas y demás...
Y ya puestos, ¿nos importan siempre más las hembras de nuestra especie siempre que habiten el territorio administrativamente llamado "España" que otras hembras fuera de sus límites? sí, como siempre. Porque todo es ideología interesada, y la política, accesoriamente, en ocasiones solventa problemas, pero en otras, simplemente, los soslaya. Ahora mismo habrán muerto unas 10.000 mujeres (una anábasis hacia la muerte) sin que nadie las mencione, porque "es lo habitual".
Ya puestos, además de tanto teléfono de ayuda, podrían dar las siguientes instrucciones al maltratador:
"Cuando tenga deseos irrefrenables de matar a su pareja, tome un arma y úsela contra sí mismo, abreviando el proceso posterior; esto es, suicídese antes de matarla"
Un saludo,
Entonces, ¿por qué todo el santo día escucho lo de "violencia de género"? Porque se quiere dar a entender que hay dos "géneros", el masculino y el femenino. Y que uno sufre la violencia del otro. Lo cierto es que dentro del mismo género (el humano) nos hemos violentado unos a otros durante largos milenios, más y más cuanta más capacidad industrial para matarnos teníamos. El hecho de que las hembras de la especie hayan sufrido un especial acoso por parte de los machos de la misma especie se ha convertido, en los últimos años, en España, en una aberración al mismo nivel casi que los genocidios (ah, otro palabro divertido es el mexicano "feminicidio", una invención rica e inteligente) si no por número de víctimas sí por visibilidad en los medios de las mismas.
Desde luego, no voy a defender una cultura machista donde el rol asignado es de sumisión al macho por parte de la hembra, quien ha de temer el ejercicio de violencia física. Pero tampoco me parece aceptable el lograr, de pronto, que toda mínima expresión de violencia, consentida, lúdica, personal, sea considerada una muestra de "violencia de género". ¡Pobres ejercitadores del sado-maso!
Lo que me sorprende es la forma de cambiar el lenguaje siempre. Sí, está vivo, sí, es nuestra herramienta y la usamos como queremos o mejor podemos, y sí, tratamos de que exprese pensamientos abstractos, elaboraciones de ideas y demás zarandajas. Pero en ocasiones, el mismo lenguaje usado significa demasiado lo contrario de lo que pretendía antes, y perdido el consenso, rota la norma, pierde un tanto de valor. Yo, modestamente, en lugar de esa "violencia de género" lo llamaría, simplemente, "violencia machista". Algo que ciertos periodistas sí usan, aunque parece dar miedo por cómo suena. Fuerte. Sí, tanto como las palizas y cuchilladas y demás...
Y ya puestos, ¿nos importan siempre más las hembras de nuestra especie siempre que habiten el territorio administrativamente llamado "España" que otras hembras fuera de sus límites? sí, como siempre. Porque todo es ideología interesada, y la política, accesoriamente, en ocasiones solventa problemas, pero en otras, simplemente, los soslaya. Ahora mismo habrán muerto unas 10.000 mujeres (una anábasis hacia la muerte) sin que nadie las mencione, porque "es lo habitual".
Ya puestos, además de tanto teléfono de ayuda, podrían dar las siguientes instrucciones al maltratador:
"Cuando tenga deseos irrefrenables de matar a su pareja, tome un arma y úsela contra sí mismo, abreviando el proceso posterior; esto es, suicídese antes de matarla"
Un saludo,
jueves, 8 de abril de 2010
Garzón y la Justicia en España
¡Qué divertido es lo que está pasando! Unos mueven pieza (Gürtel)y otros mueven pieza (proceso a Garzón) y la partida de ajedrez, en tablas hace ya tiempo (ambos jugadores siempre ganan) nos deja a todos en el frío... o el calentón más grande.
Garzón es un tipo que a mí me ha parecido siempre veleta. Olfatea los equlibrios de poder y se mueve en consonancia. En los 90, intuyó el poder del PSOE como estable, pero luego descubrió que no era así. Y se pasó al poder del PP. Después, jaleado por unos y otros, se quedó un poco al margen de todo, hasta ahora que ha vuelto a leer que había un cierto PSOE en el poder. Y lo que no calculó es su jugada.
Vaya por delante que me repugnan los que han provocado la situación actual. Y que Garzón se ha metido en un callejón lleno de ratas y basura que, al removerse, ha despertado a los mendigos del pasado. Ese callejón se llama Ley de Amnistía de 1977.
Sí, porque en España hay una ley, curiosa, de 1977, que buscaba en su momento hacer un borrón y cuenta nueva. Ese borrón no era únicamente el de eliminar los presuntos crímenes de personas que se encontraban represaliadas políticamente (anda, como en Cuba...) si no también para eliminar los presuntos crímenes de derechistas y nostálgicos que, en número, superaron con creces a cualquiera cometido por la izquierda de entonces. Porque seamos claros, la Transición, ese monolito intocable, ese supuesto modelo de cambio a la convivencia perfecto y delicado, se erigió sobre sangre de personas e imponiendo un miedo que era relativamente cierto; el de una nueva guerra civil. Hay muchos mitos en la Transición, en esa ley de punto y final para perdonar a los que habían manejado el país a su antojo durante 40 años, creando entre medias una sociedad arruinada en muchos aspectos, el ético, el moral, el educativo, el económico.
Baltasar Garzón nunca me ha inspirado especial simpatía. Me parecía una estrella del rock judicial. Pero tiene una virtud, la de remover conciencias y buscar, en la práctica, el desarrollo del tercer poder, el judicial, de manera más o menos independiente. Y aquí es donde se tocan los huevos; porque la Justicia, igual que el Legislativo (dos de los tres poderes clásicos de cualquier Estado) están siempre al final bajo la batuta del Ejecutivo. Que hay apariencias, claro, pero que no cubren la realidad, por supuesto. No hay separación de poderes, únicamente, oligarquías gobernantes que manejan las formalidades de ciertos poderes.
La mayoría de los jueces de alta posición hicieron su carrera en las postrimerías del franquismo. Eso imprime huella. Y además, ahora, hoy, España tiene vivas muchas de las ascuas que soportaron ese fascismo íbero; el antinacionalismo (un exacerbado odio al catalanismo, al vasquismo y a todo lo que suene diferente al castellano) el clericalismo (un respeto a las instituciones de la secta católica, como garantes de una curiosa moralidad y ética) y el juego absoluto a cualquier poder financiero. Con esos mimbres, Garzón pensó, iluso, que podría abrir una causa "histórica" contra el franquismo y revertir, como hicieron sus leguleyos entonces (convertir a los rebeldes en "defensores" de la legitimidad y a los defensores de la misma en "rebeldes"...) esa traición a la historia y al pueblo español. Pero topó con un juego peligroso...
La Justicia en España no es injusta, es peor; es burocrática y politizada. Lenta, subyugada a los designios de unos cuantos políticos iletrados, manejada por sirvientes que desconocen el sentido de la independencia judicial. Pero dado que vivimos en un país, en un estado, en una nación, en un "algo" tan desastrosamente concebido, nunca asentado, jamás pensado en beneficio de todos, si no de algunos, y por tanto en un botijo del que beber disparates, no debería extrañarle eso a nadie.
A veces dan ganas de encontrar el botón de reinicio y apretarlo...
Un saludo,
Garzón es un tipo que a mí me ha parecido siempre veleta. Olfatea los equlibrios de poder y se mueve en consonancia. En los 90, intuyó el poder del PSOE como estable, pero luego descubrió que no era así. Y se pasó al poder del PP. Después, jaleado por unos y otros, se quedó un poco al margen de todo, hasta ahora que ha vuelto a leer que había un cierto PSOE en el poder. Y lo que no calculó es su jugada.
Vaya por delante que me repugnan los que han provocado la situación actual. Y que Garzón se ha metido en un callejón lleno de ratas y basura que, al removerse, ha despertado a los mendigos del pasado. Ese callejón se llama Ley de Amnistía de 1977.
Sí, porque en España hay una ley, curiosa, de 1977, que buscaba en su momento hacer un borrón y cuenta nueva. Ese borrón no era únicamente el de eliminar los presuntos crímenes de personas que se encontraban represaliadas políticamente (anda, como en Cuba...) si no también para eliminar los presuntos crímenes de derechistas y nostálgicos que, en número, superaron con creces a cualquiera cometido por la izquierda de entonces. Porque seamos claros, la Transición, ese monolito intocable, ese supuesto modelo de cambio a la convivencia perfecto y delicado, se erigió sobre sangre de personas e imponiendo un miedo que era relativamente cierto; el de una nueva guerra civil. Hay muchos mitos en la Transición, en esa ley de punto y final para perdonar a los que habían manejado el país a su antojo durante 40 años, creando entre medias una sociedad arruinada en muchos aspectos, el ético, el moral, el educativo, el económico.
Baltasar Garzón nunca me ha inspirado especial simpatía. Me parecía una estrella del rock judicial. Pero tiene una virtud, la de remover conciencias y buscar, en la práctica, el desarrollo del tercer poder, el judicial, de manera más o menos independiente. Y aquí es donde se tocan los huevos; porque la Justicia, igual que el Legislativo (dos de los tres poderes clásicos de cualquier Estado) están siempre al final bajo la batuta del Ejecutivo. Que hay apariencias, claro, pero que no cubren la realidad, por supuesto. No hay separación de poderes, únicamente, oligarquías gobernantes que manejan las formalidades de ciertos poderes.
La mayoría de los jueces de alta posición hicieron su carrera en las postrimerías del franquismo. Eso imprime huella. Y además, ahora, hoy, España tiene vivas muchas de las ascuas que soportaron ese fascismo íbero; el antinacionalismo (un exacerbado odio al catalanismo, al vasquismo y a todo lo que suene diferente al castellano) el clericalismo (un respeto a las instituciones de la secta católica, como garantes de una curiosa moralidad y ética) y el juego absoluto a cualquier poder financiero. Con esos mimbres, Garzón pensó, iluso, que podría abrir una causa "histórica" contra el franquismo y revertir, como hicieron sus leguleyos entonces (convertir a los rebeldes en "defensores" de la legitimidad y a los defensores de la misma en "rebeldes"...) esa traición a la historia y al pueblo español. Pero topó con un juego peligroso...
La Justicia en España no es injusta, es peor; es burocrática y politizada. Lenta, subyugada a los designios de unos cuantos políticos iletrados, manejada por sirvientes que desconocen el sentido de la independencia judicial. Pero dado que vivimos en un país, en un estado, en una nación, en un "algo" tan desastrosamente concebido, nunca asentado, jamás pensado en beneficio de todos, si no de algunos, y por tanto en un botijo del que beber disparates, no debería extrañarle eso a nadie.
A veces dan ganas de encontrar el botón de reinicio y apretarlo...
Un saludo,
viernes, 2 de abril de 2010
La historia criminal del cristianismo
La verdad es que toda la culpa la tienen los romanos. Sí, ellos y su mala costumbre de deificar a los emperadores muertos, que la actual secta católica continúa en su costumbre de santificar (una forma de deificación) a los Pontifex muertos. También la tienen los romanos al crear los primeros estadios de la Mafia. Sí, puesto que asentaron las bases de la explotación con coartada religiosa.
Pero fuera de los romanos, el paso de los siglos solamente ha servido para certificar una realidad. Igual que el capitalismo, el cristianismo es una ideología que no necesita prácticamente de personas para aplicarse. Simplemente, es un sistema vivo en sí mismo, devorador por naturaleza, predatorio, carroñero. Por eso siempre se han llevado tan bien uno con otro... vaya si pasó el camello por el ojo de la aguja.
Existe un señor, llamado Karlheinz Deschner, que ha decidido escribir una monumental obra titulada como el nombre que da título a esta entrada. De momento, va por el quinto o sexto volumen, no lo sé. Y su intención es loable, pía y sacrosanta. Se trata de desenmascarar los crímenes cometidos por una religión durante los últimos, no sé, 19 o 20 siglos. Magno intento.
La cuestión es que no es muy conocido (yo lo descubrí por primera vez en la librería "Fuentetaja" de Madrid, y no tuve el dinero para comprar dos volúmenes... lástima) y si no fuera por un buen amigo, Andrés, no lo tendría para poderlo leer.
De primeras, ya tiene para mí un valor fundamental por las palabras de Federico:
«Yo condeno el cristianismo, yo formulo contra la Iglesia cristiana la más formidable acusación que jamás haya expresado acusador alguno. Ella es para mí la mayor de todas las corrupciones imaginables, [...] ella ha negado todos los valores, ha hecho de toda verdad una mentira, de toda rectitud de ánimo una vileza. [...] Yo digo que el cristianismo es la gran maldición, la gran corrupción interior, el gran instinto de venganza, para el que ningún medio es demasiado venenoso, secreto, subterráneo, bajo; la gran vergüenza eterna de la humanidad [...].»
Y dicho lo cual, me pregunto... ¿alguien tendrá el valor de criticarlo tras haberlo leído? si no es así, y meramente se basan en el título... mejor callar.
Ah, pero claro, es que soy un blasfemo. Mecagüen en los dioses de quienes los adoren, pues de ellos no es la Tierra. Es de los vivos, todos los seres vivos, y no de ningún ser imaginario... ese es mi ataque contra su primer crimen; engañarnos para que no vivamos.
Un saludo,
Pero fuera de los romanos, el paso de los siglos solamente ha servido para certificar una realidad. Igual que el capitalismo, el cristianismo es una ideología que no necesita prácticamente de personas para aplicarse. Simplemente, es un sistema vivo en sí mismo, devorador por naturaleza, predatorio, carroñero. Por eso siempre se han llevado tan bien uno con otro... vaya si pasó el camello por el ojo de la aguja.
Existe un señor, llamado Karlheinz Deschner, que ha decidido escribir una monumental obra titulada como el nombre que da título a esta entrada. De momento, va por el quinto o sexto volumen, no lo sé. Y su intención es loable, pía y sacrosanta. Se trata de desenmascarar los crímenes cometidos por una religión durante los últimos, no sé, 19 o 20 siglos. Magno intento.
La cuestión es que no es muy conocido (yo lo descubrí por primera vez en la librería "Fuentetaja" de Madrid, y no tuve el dinero para comprar dos volúmenes... lástima) y si no fuera por un buen amigo, Andrés, no lo tendría para poderlo leer.
De primeras, ya tiene para mí un valor fundamental por las palabras de Federico:
«Yo condeno el cristianismo, yo formulo contra la Iglesia cristiana la más formidable acusación que jamás haya expresado acusador alguno. Ella es para mí la mayor de todas las corrupciones imaginables, [...] ella ha negado todos los valores, ha hecho de toda verdad una mentira, de toda rectitud de ánimo una vileza. [...] Yo digo que el cristianismo es la gran maldición, la gran corrupción interior, el gran instinto de venganza, para el que ningún medio es demasiado venenoso, secreto, subterráneo, bajo; la gran vergüenza eterna de la humanidad [...].»
Y dicho lo cual, me pregunto... ¿alguien tendrá el valor de criticarlo tras haberlo leído? si no es así, y meramente se basan en el título... mejor callar.
Ah, pero claro, es que soy un blasfemo. Mecagüen en los dioses de quienes los adoren, pues de ellos no es la Tierra. Es de los vivos, todos los seres vivos, y no de ningún ser imaginario... ese es mi ataque contra su primer crimen; engañarnos para que no vivamos.
Un saludo,
martes, 23 de marzo de 2010
¿Educar con el miedo?
Qué pesado que soy. Si es que no hago más que hablar mal de la religión, de la católica, para ser precisos. Pero es que no paran de darme motivos.
Siempre, de siempre, la secta católica (y sus sectas hermanas, no nos engañemos) ha buscado una cuestión fundamental; educar. Pero en ellos educar es adoctrinar. Y el adoctrinamiento siempre, de siempre, conduce a un mismo fin; eliminar la crítica y la libertad de pensamiento.
Pongamos la última campaña de la secta. "Es un tú en tí". Prescindiendo de las tildes, nos sale la famosa red social de los chavales. A quienes desde luego va dirigida. ¿Qué pretende? como en las campañas de tráfico, mostrar fetos y otras cosas impactantes que asusten y den miedo. Nada novedoso. Las religiones siempre han actuado por el miedo.
El primero, miedo a morir. ¡Mi mortalidad, qué dura es!. El segundo, miedo a que después haya algo y estemos condenados. ¡Mi inmortalidad, salvadme!. Y con eso y un bizcocho, buscan el control en el aquí y ahora que es la vida, lo único cierto. Y encima se dan el lujo de ser defensores de la misma.
El miedo es un gran estímulo. Miedo a un infierno, a un limbo, a un lugar correoso. Miedo a no ser recompensado con un paraíso, con un montón de huríes, con una reencarnación. Miedo a que nuestra vida aquí y ahora sea algo producto del azar y que hagamos de la necesidad virtud.
Educan con el miedo. Siempre lo han hecho. Y el miedo es un gran arma, hasta que algunos lo dejan de tener y lo denuncian. Ahí están los que denunciaron los exterminios de judíos, croatas, presos del gulag, los diferentes por una u otra causa. Ahí están también los que denunciaron la hipocresía de las religiones, su nocividad, su carácter manipulador y totalitario. Ahí estamos algunos, sin ningún miedo, porque nacer es un accidente, la vida, un aliciente, y la muerte, real, simplemente.
Mientras tanto, la educación debería ser para vivir en sociedad, vivir una serie de valores, de compromisos, de posibilidades de elección y libertad para tomar dichas decisiones, además de medios para ello. Y no por el miedo, si no por el ejemplo y la constancia en el tiempo.
En fin, felicidades a tuenti por haber cancelado en su red social ésta campaña de miedo contra los adolescentes. Antes de meter miedo, que informen.
Un saludo,
Siempre, de siempre, la secta católica (y sus sectas hermanas, no nos engañemos) ha buscado una cuestión fundamental; educar. Pero en ellos educar es adoctrinar. Y el adoctrinamiento siempre, de siempre, conduce a un mismo fin; eliminar la crítica y la libertad de pensamiento.
Pongamos la última campaña de la secta. "Es un tú en tí". Prescindiendo de las tildes, nos sale la famosa red social de los chavales. A quienes desde luego va dirigida. ¿Qué pretende? como en las campañas de tráfico, mostrar fetos y otras cosas impactantes que asusten y den miedo. Nada novedoso. Las religiones siempre han actuado por el miedo.
El primero, miedo a morir. ¡Mi mortalidad, qué dura es!. El segundo, miedo a que después haya algo y estemos condenados. ¡Mi inmortalidad, salvadme!. Y con eso y un bizcocho, buscan el control en el aquí y ahora que es la vida, lo único cierto. Y encima se dan el lujo de ser defensores de la misma.
El miedo es un gran estímulo. Miedo a un infierno, a un limbo, a un lugar correoso. Miedo a no ser recompensado con un paraíso, con un montón de huríes, con una reencarnación. Miedo a que nuestra vida aquí y ahora sea algo producto del azar y que hagamos de la necesidad virtud.
Educan con el miedo. Siempre lo han hecho. Y el miedo es un gran arma, hasta que algunos lo dejan de tener y lo denuncian. Ahí están los que denunciaron los exterminios de judíos, croatas, presos del gulag, los diferentes por una u otra causa. Ahí están también los que denunciaron la hipocresía de las religiones, su nocividad, su carácter manipulador y totalitario. Ahí estamos algunos, sin ningún miedo, porque nacer es un accidente, la vida, un aliciente, y la muerte, real, simplemente.
Mientras tanto, la educación debería ser para vivir en sociedad, vivir una serie de valores, de compromisos, de posibilidades de elección y libertad para tomar dichas decisiones, además de medios para ello. Y no por el miedo, si no por el ejemplo y la constancia en el tiempo.
En fin, felicidades a tuenti por haber cancelado en su red social ésta campaña de miedo contra los adolescentes. Antes de meter miedo, que informen.
Un saludo,
viernes, 19 de marzo de 2010
¿Y cuándo seremos libres de verdad?
Hay dos maneras de considerarlo.
Una, sería la extinción masiva del hombre, su desaparición de la faz de la tierra. Nada descabellado. Cuando perezcamos todos, la libertad se habrá consumado.
Otra, la utópica. Inalcanzable, porque somos seres humanos.
Por tanto, siendo hoy breve, me inclino por la primera opción. Una respuesta absoluta, pero cierta. O, al menos, honesta.
Un saludo,
Una, sería la extinción masiva del hombre, su desaparición de la faz de la tierra. Nada descabellado. Cuando perezcamos todos, la libertad se habrá consumado.
Otra, la utópica. Inalcanzable, porque somos seres humanos.
Por tanto, siendo hoy breve, me inclino por la primera opción. Una respuesta absoluta, pero cierta. O, al menos, honesta.
Un saludo,
domingo, 14 de marzo de 2010
El arte de llevar la razón
Un libro magnífico de Schopenhauer, ya lo habré comentado. Pues bien, acabo de tener una revelación no ha mucho: lo escribió dedicándoselo a los españoles.
Sí, en el prólogo, en una carta, en alguna conversación, Arturo (¿me lo permites, ¿no? total, estás muerto y no tengo que respetarte) debió de indicar eso. "Sí, verás, como he podido observar, no hay mejores depositarios de éste librito; los españoles. Porque me olvidé de una estratagema suya tan característica, y es que si todo falla, van a rajarte de lado a lado." Espero que el ímprobo historiador y biógrafo que acometa la labor de contar su vida encuentre esa nota... sería clarificadora.
Porque lo tengo claro, si alguien lleva razón, siempre, es un español. Sobre todo cuando no la tiene. Sí, ah, si la tiene, enseguida discutirá por otra causa. La menos importante. Pero si no...
Lo vivo a diario. Todo el mundo es experto en algo. La mera relación física con un libro de una materia cualquiera hace a esas personas expertas. "Tengo un libro sobre..." y rellenen los puntos suspensivos. El aducido es un experto ya mismo. Capaz de dilucidar donde aquellos no tienen candil suficiente. Y tea de los desaprensivos que le acusen de superficial. Si uno ha estado en un lugar, ya es experto en geografía, botánica, etnología, sociología, economía, historia y hasta microbiología del sitio en cuestión. "Ah, Egipto... 5.000 años me contemplan y te los resumo en dos palabras". Si alguien escuchó a alguien decir algo respecto a algún tema, por ósmosis aprehende todo lo necesario para hablar y pontificar al respecto. Y no digamos si es de un tertuliano cualquiera...
El arte de llevar razón es un arte cada vez menos elaborado. Antes se disfrazaban los argumentos con la falsa esperanza de pasarlos por objetivos, pero ahora, directamente, se suplanta la solidez de los mismos con la simple y subjetiva presencia de quien los expresa. "¡Porque yo lo digo, ea!"
Y digo yo, siendo todos tan listos, tan sensatos, tan inteligentes, tan capaces... ¿cómo nos va como nos va?
Curiosa respuesta a tamaña pregunta. Seguro que hay gente inteligente, no listillos, ojo, que pueden responder a eso.
Un saludo,
Sí, en el prólogo, en una carta, en alguna conversación, Arturo (¿me lo permites, ¿no? total, estás muerto y no tengo que respetarte) debió de indicar eso. "Sí, verás, como he podido observar, no hay mejores depositarios de éste librito; los españoles. Porque me olvidé de una estratagema suya tan característica, y es que si todo falla, van a rajarte de lado a lado." Espero que el ímprobo historiador y biógrafo que acometa la labor de contar su vida encuentre esa nota... sería clarificadora.
Porque lo tengo claro, si alguien lleva razón, siempre, es un español. Sobre todo cuando no la tiene. Sí, ah, si la tiene, enseguida discutirá por otra causa. La menos importante. Pero si no...
Lo vivo a diario. Todo el mundo es experto en algo. La mera relación física con un libro de una materia cualquiera hace a esas personas expertas. "Tengo un libro sobre..." y rellenen los puntos suspensivos. El aducido es un experto ya mismo. Capaz de dilucidar donde aquellos no tienen candil suficiente. Y tea de los desaprensivos que le acusen de superficial. Si uno ha estado en un lugar, ya es experto en geografía, botánica, etnología, sociología, economía, historia y hasta microbiología del sitio en cuestión. "Ah, Egipto... 5.000 años me contemplan y te los resumo en dos palabras". Si alguien escuchó a alguien decir algo respecto a algún tema, por ósmosis aprehende todo lo necesario para hablar y pontificar al respecto. Y no digamos si es de un tertuliano cualquiera...
El arte de llevar razón es un arte cada vez menos elaborado. Antes se disfrazaban los argumentos con la falsa esperanza de pasarlos por objetivos, pero ahora, directamente, se suplanta la solidez de los mismos con la simple y subjetiva presencia de quien los expresa. "¡Porque yo lo digo, ea!"
Y digo yo, siendo todos tan listos, tan sensatos, tan inteligentes, tan capaces... ¿cómo nos va como nos va?
Curiosa respuesta a tamaña pregunta. Seguro que hay gente inteligente, no listillos, ojo, que pueden responder a eso.
Un saludo,
jueves, 25 de febrero de 2010
Las dictaduras son las últimas utopías
O al revés, no lo sé. O quizá no. La cosa es que leyendo los muchos periódicos que publican en la red, me sorprende la noticia, no por ella misma, si no por las reacciones o falta de reacciones, de la muerte del disidente (¡DISIDENTE! como gritaban los Python) en Cuba.
Cuba... aaah, paraíso del socialismo, incomprendido, una isla (nunca mejor dicho) en el turbulento océano de ultraliberalismo capitalista feroz y malvado. Paraíso, sí, del que muchos en cuanto pueden (como de otros paraísos) huyen. ¿Por qué será? Es posible que la publicidad haya logrado mezclar el consumo de Pepsi y Coca-Cola con la idea de libertad y, por ende, realización final del hombre, o que, simplemente, es que no haya ni para comer una ropa vieja.
Siempre ha habido alguien que, mezcla utopía, mezcla oportunismo, ha considerado que era la persona adecuada para hacer de un país un lugar mejor y más próspero, bien situado en el mundo. Esos "mesiah" suelen ir acompañados de un canto religioso de "la tierra prometida que vendrá", de miles de expectativas, de idealismo... ¿no es eso una utopía? en el siglo XX pasado, muchas personas por activa o por pasiva dejaron en manos de otros la gestión de sus asuntos. Creyeron que era lo mejor. Los pocos que se oponían, muerte o exilio, para que no molestaran. Pasado el tiempo y alguna guerra devastadora, todos fueron dándose cuenta de que no era tan así... que los sueños y utopías de esos últimos idealistas iban desparejos a la realidad de su país... y el distanciamiento fue lo que provocó, si no la muerte natural, su pérdida del poder. Nunca, o casi nunca, un verdadero interés igual de utópico de restaurar la libertad.
Los Castro son, para mí, supervivientes. Como los enanos coreanos del norte. Como algunos líderes de antaño. Sobreviven porque siguen machaconamente siendo utópicos, idealistas. Igual de idealista es un derechista que un izquierdista. Todos quieren un mundo mejor. Lo que califiquen de "mundo" y "mejor", es otro asunto.
Lo siento por el disidente cubano muerto. Por su familia. Por los miles de cubanos, de humanos, que palman por culpa de la utopía, sea ésta la que sea. A veces pienso que ya no merece la pena despilfarrar la sangre de nadie... bueno, la de algunos, quizá sí. Pero si yo decidiera de quiénes, ¿no sería otro utópico?
Mi admiración para el "Rebelde" de Pepe Moreno.
Un saludo,
Cuba... aaah, paraíso del socialismo, incomprendido, una isla (nunca mejor dicho) en el turbulento océano de ultraliberalismo capitalista feroz y malvado. Paraíso, sí, del que muchos en cuanto pueden (como de otros paraísos) huyen. ¿Por qué será? Es posible que la publicidad haya logrado mezclar el consumo de Pepsi y Coca-Cola con la idea de libertad y, por ende, realización final del hombre, o que, simplemente, es que no haya ni para comer una ropa vieja.
Siempre ha habido alguien que, mezcla utopía, mezcla oportunismo, ha considerado que era la persona adecuada para hacer de un país un lugar mejor y más próspero, bien situado en el mundo. Esos "mesiah" suelen ir acompañados de un canto religioso de "la tierra prometida que vendrá", de miles de expectativas, de idealismo... ¿no es eso una utopía? en el siglo XX pasado, muchas personas por activa o por pasiva dejaron en manos de otros la gestión de sus asuntos. Creyeron que era lo mejor. Los pocos que se oponían, muerte o exilio, para que no molestaran. Pasado el tiempo y alguna guerra devastadora, todos fueron dándose cuenta de que no era tan así... que los sueños y utopías de esos últimos idealistas iban desparejos a la realidad de su país... y el distanciamiento fue lo que provocó, si no la muerte natural, su pérdida del poder. Nunca, o casi nunca, un verdadero interés igual de utópico de restaurar la libertad.
Los Castro son, para mí, supervivientes. Como los enanos coreanos del norte. Como algunos líderes de antaño. Sobreviven porque siguen machaconamente siendo utópicos, idealistas. Igual de idealista es un derechista que un izquierdista. Todos quieren un mundo mejor. Lo que califiquen de "mundo" y "mejor", es otro asunto.
Lo siento por el disidente cubano muerto. Por su familia. Por los miles de cubanos, de humanos, que palman por culpa de la utopía, sea ésta la que sea. A veces pienso que ya no merece la pena despilfarrar la sangre de nadie... bueno, la de algunos, quizá sí. Pero si yo decidiera de quiénes, ¿no sería otro utópico?
Mi admiración para el "Rebelde" de Pepe Moreno.
Un saludo,
viernes, 19 de febrero de 2010
Yo soy blasfemo
Sí, y ateo, y además me encanta injuriar a los católicos, cristianos de todo pelaje, y a los miembros de cualquier religión. Yo no soy herético ni tampoco un desviado de la fe, simplemente, no soy creyente en nada, y por ello, al carecer de esa fe, puedo blasfemar.
¿Pero realmente blasfemo? si yo no creo en nada ni tengo sentimiento religioso alguno, prescindiendo de la fe, ¿puedo realmente blasfemar? algo que no existe no puede ser injuriado, creo yo, y por ello, ¿existe blasfemia?
Desde el punto de vista del creyente, sí. Desde el punto de vista de quien no cree en nada, no. Por tanto, dos cosas pueden hacerse, y una es tratar de no entrar en conflicto con el creyente o, simplemente, ignorar sus ataques de rabia. Lo primero es prudente, cobarde incluso, en un mundo donde dibujar a un Mahoma produce fatwas, y donde hacer una exposición provocadora del helenizado Jesús genera respuestas menos violentas en lo físico pero no en lo verbal. Lo segundo, en aras de una mayor civilización, me parece lo más correcto.
Porque si un creyente invoca su "sagrado derecho a la libertad religiosa", yo también lo invocaré, añadiendo que esa libertad me permite no tener religión alguna, y, además, en contra suyo, aporto la más sagrada de las libertades, la de expresión. Me molesta profundamente que los creyentes, fanáticos de todo tipo y reaccionarios, se hayan apropiado de la palabra Libertad, cuando ellos han sido los primeros perseguidores de la misma, ahogándola siempre que se oía, cercenándola, encerrándola... hipocresía religiosa, siempre.
Por tanto, retomando, ¿realmente blasfemo? ellos pueden considerarlo así, por lo que para ellos seré, siempre, blasfemo (todo por decir algo como "Me cago en vuestro Dios"...) pero, realmente, no soy blasfemo; soy un ingenuo. Pienso que entendemos el mismo concepto de Libertad...
Un saludo,
¿Pero realmente blasfemo? si yo no creo en nada ni tengo sentimiento religioso alguno, prescindiendo de la fe, ¿puedo realmente blasfemar? algo que no existe no puede ser injuriado, creo yo, y por ello, ¿existe blasfemia?
Desde el punto de vista del creyente, sí. Desde el punto de vista de quien no cree en nada, no. Por tanto, dos cosas pueden hacerse, y una es tratar de no entrar en conflicto con el creyente o, simplemente, ignorar sus ataques de rabia. Lo primero es prudente, cobarde incluso, en un mundo donde dibujar a un Mahoma produce fatwas, y donde hacer una exposición provocadora del helenizado Jesús genera respuestas menos violentas en lo físico pero no en lo verbal. Lo segundo, en aras de una mayor civilización, me parece lo más correcto.
Porque si un creyente invoca su "sagrado derecho a la libertad religiosa", yo también lo invocaré, añadiendo que esa libertad me permite no tener religión alguna, y, además, en contra suyo, aporto la más sagrada de las libertades, la de expresión. Me molesta profundamente que los creyentes, fanáticos de todo tipo y reaccionarios, se hayan apropiado de la palabra Libertad, cuando ellos han sido los primeros perseguidores de la misma, ahogándola siempre que se oía, cercenándola, encerrándola... hipocresía religiosa, siempre.
Por tanto, retomando, ¿realmente blasfemo? ellos pueden considerarlo así, por lo que para ellos seré, siempre, blasfemo (todo por decir algo como "Me cago en vuestro Dios"...) pero, realmente, no soy blasfemo; soy un ingenuo. Pienso que entendemos el mismo concepto de Libertad...
Un saludo,
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