Hoy ha vuelto a pasar otro día de aniversario, el 78, de la llegada oficial de aquella II República que todos prefieren ya olvidar. Enterrada por unos, vencida por otros, malinterpretada y malgastada por muchos, es ya una efeméride nostálgica, un jalón tan teatral como Casa Pepe en Despeñaperros. La llegada de aquel régimen destruido en una mezcla sangrienta de rebelión y revolución fue acogida con ilusión y entusiasmo, con esperanza, con gusto. Hoy no es más que una página en los libros, una excusa para hablar de temas actuales y una mala memoria para todos.
¿Mala? No tanto. En sordina se ha aprendido mucho de aquel régimen y aquellos momentos. Hoy vivimos muchos de sus logros como propios de generaciones posteriores, pero no es así. Fue de hombres que llevaban peleando contra la historia patria desde mucho antes de nacer nosotros. Regeneracionistas, la mayor parte, querían un sistema que les aproximara a Europa, al mundo; un empuje social, un cambio de mentalidad, una nueva forma de ser españoles.
Hoy, sin embargo, los más sensatos lo dejan como un recuerdo aparcado, como una nostálgica tarde de jueves en otoño, sentados en el parque, viendo las hojas volando. Se centran en el aquí y ahora, en el momento, sin reconocer que muchos de los problemas de entonces los seguimos teniendo ahora.
Soy republicano, creo que eso es evidente. No albergo esperanzas de ver una bandera de la III República Española ondeando en lugares oficiales. La burocracia pública se ha encargado de hacer eso inamovible, junto con otros muchos elementos. Pero sí a tener una Res Pública en un sistema que se pueda llamar como se quiera. Ya el Quijote la mencionaba en cuanto a cómo dirigir y ordenar sus asuntos, y desde los tiempos en que ser español era algo indefinible, se ha buscado siempre gobernar lo ingobernable, en palabras de más de un desencantado intelectual. Pero quizá, quizá, se pueda luchar por una serie de valores que estaban allí, entonces. Una sociedad más justa, sí. Un sistema social de educación y sanidad, de empleo, equitativo, suficiente y capaz. Un gobierno lo más democrático posible, con la participación de los ciudadanos. Esa sería mi República... en lo ideal.
Serenos, esto es, apacibles, sin perturbaciones sentimentales ni turbación alguna... alegres, sonriendo a un futuro ignoto... valientes, sin temor a lo que pueda o deba llegar... y osados, atrevidos, descarados... creo que es una receta de triunfo, de victoria, que nunca envejece.
Y no nos equivoquemos; se puede ser de muchas ideologías diferentes y ser republicano. Que no lo secuestren un puño en alto o varias consignas facilonas... y desde luego, separando las religiones del Estado, que, como todos sabemos, aunque queramos negarlo aun hoy, influyen, y mucho, en nuestra vida, acervo y decisiones.
"¡Volemos, que el libre
por siempre ha sabido
al siervo rendido
la frente humillar."
martes, 14 de abril de 2009
lunes, 6 de abril de 2009
En ocasiones...
A veces, una persona, conociendo íntimamente que su pensamiento es favorable a un cierto curso de acción o pensamiento, decide ir en contra de ello y no defender esa postura, por razones nada lógicas y sí muy viscerales.
Esa manera de actuar, tan propia de nosotros, la especie humana, genera entonces grandes contradicciones, y así, personas que dicen amar la especie, actúan en su contra; individuos que afirman buscar la felicidad general, producen el efecto contrario... y así, de continuo...
La hipocresía es un acto rebelde para con uno mismo. Y es, a mi juicio, uno de los grandes males del mundo que habitamos, construyendo o destruyéndolo. Se trata de un persistente juicio contra los demás y contra nosotros. Así, el que preconiza la nefasta influencia de una idea en la sociedad pero luego la sigue, es hipócrita. Es hipócrita el que decide plegarse a los vicios adquiridos por otros (familia, principalmente, o amigos, también) y, por ejemplo, se casa por la religión que sea, cuando se autodenomina no creyente, agnóstico, no practicante o pasota, simplemente. Es hipócrita el que sugiere a los demás un modo de actuar que luego no lleva a la práctica. Y la contradicción tan amplia, tan grande, en ese modo de actuar contrario al de pensar, produce grandes males.
Los políticos ejecutan dicho arte con soberbia maestría. Igualmente muchos de los llamados "intelectuales" en diferentes aspectos. Pero no son más que actores perfeccionados, provenientes de la misma sociedad que los encumbra y admira. Berlusconi puede caer mal, pero gana en Italia. Aznar podría ser la pérfida derecha, como ahora Esperanza Aguirre, pero triunfaron en sus elecciones. Gallardón puede jugar al despiste de ser derecha moderna, pero no lo es. Y Zapatero querrá ser recordado como estadista internacional, pero se queda en un gran hueco.
En ocasiones, cuando alguien dice la verdad, preferimos hacer oídos sordos, ignorar las palabras hirientes, responder con argumentos defensivos, de la infancia, o simplemente, ofendernos. Y, cada día más, es complicado encontrar personas capaces de expresar, con hiriente franqueza, las palabras que no deseamos oír porque nos arrancarían de la falsa placidez de nuestra existencia. Pero en ocasiones, la anestesia aceptada e inducida desaparece, no queda más remedio que escuchar a esos niños que denuncian al rey desnudo y, quizá, solo quizá, hacer caso.
En ocasiones, claro. El resto del tiempo...
Un saludo,
Esa manera de actuar, tan propia de nosotros, la especie humana, genera entonces grandes contradicciones, y así, personas que dicen amar la especie, actúan en su contra; individuos que afirman buscar la felicidad general, producen el efecto contrario... y así, de continuo...
La hipocresía es un acto rebelde para con uno mismo. Y es, a mi juicio, uno de los grandes males del mundo que habitamos, construyendo o destruyéndolo. Se trata de un persistente juicio contra los demás y contra nosotros. Así, el que preconiza la nefasta influencia de una idea en la sociedad pero luego la sigue, es hipócrita. Es hipócrita el que decide plegarse a los vicios adquiridos por otros (familia, principalmente, o amigos, también) y, por ejemplo, se casa por la religión que sea, cuando se autodenomina no creyente, agnóstico, no practicante o pasota, simplemente. Es hipócrita el que sugiere a los demás un modo de actuar que luego no lleva a la práctica. Y la contradicción tan amplia, tan grande, en ese modo de actuar contrario al de pensar, produce grandes males.
Los políticos ejecutan dicho arte con soberbia maestría. Igualmente muchos de los llamados "intelectuales" en diferentes aspectos. Pero no son más que actores perfeccionados, provenientes de la misma sociedad que los encumbra y admira. Berlusconi puede caer mal, pero gana en Italia. Aznar podría ser la pérfida derecha, como ahora Esperanza Aguirre, pero triunfaron en sus elecciones. Gallardón puede jugar al despiste de ser derecha moderna, pero no lo es. Y Zapatero querrá ser recordado como estadista internacional, pero se queda en un gran hueco.
En ocasiones, cuando alguien dice la verdad, preferimos hacer oídos sordos, ignorar las palabras hirientes, responder con argumentos defensivos, de la infancia, o simplemente, ofendernos. Y, cada día más, es complicado encontrar personas capaces de expresar, con hiriente franqueza, las palabras que no deseamos oír porque nos arrancarían de la falsa placidez de nuestra existencia. Pero en ocasiones, la anestesia aceptada e inducida desaparece, no queda más remedio que escuchar a esos niños que denuncian al rey desnudo y, quizá, solo quizá, hacer caso.
En ocasiones, claro. El resto del tiempo...
Un saludo,
viernes, 3 de abril de 2009
Entre la Tierra y la Nada
Me resulta curiosa la facilidad con la que nos acostumbramos a todo, desde lo mejor a lo peor. Parece que tenemos una adaptabilidad en la especie que nos hace supervivientes natos, aunque eso signifique mutilar nuestras aspiraciones. La felicidad, una coartada ante cosas peores.
Digo ésto porque llega un momento en la vida que parece semejarse demasiado a la ataraxia. De pronto, nada resulta especialmente interesante, o pierde atractivo. Igualmente, las maldades o cosas negativas de la vida reducen su potencia quedando en meras anécdotas. Así, las mujeres siguen siendo guapas, atractivas, pero carecen de un impulso arrollador que nos lleve a ellas con cierta locura. Igualmente, las muertes contadas por docenas son, al menos, algo atrayentes, pero si bajan de esos números, carecen de interés. Los sentimientos quedan reducidos a su forma nominal, un concepto abstracto que duerme aletargado bajo la piel, fríamente. Esa ataraxia se parece entonces a cierto tipo de muerte en vida...
Así pues, quedamos entre éste mundo y... nada. Nada más. La esperanza, tantas veces maltratada, se reduce a un viejo edificio en escombros del que reconoces las habitaciones, pero que no es habitable. Los alrededores son espacios vacíos, anulados, donde nada se mantiene en pie... alrededor de las rutinas, de las mismas cosas, de los mismos quehaceres y divertimentos, existen lugares desconocidos, como para un explorador de antaño las selvas o los océanos... aunque a diferencia de aquellos aventureros, hoy nadie se atreve a recorrer sendas ignotas ni a transitar caminos si antes nadie los ha cartografiado. Así pues, la nada es olvido, olvido de lo que antes conjugábamos con fervor. Sentimientos, ideas, calor en la piel, sudor, gritos... atrevimientos, palabras no silenciadas, reflexiones irreflexivas y silencios innecesarios... la nada, alrededor, toma posesión de ese nuevo espacio.
Entre la Tierra y la Nada, la separación es mínima. Y caer en el dulce olvido, en la irritante pasividad, en esa Nada acogedora, máxima, subyugante, es lo más fácil...
Nunca, quizá, la Ataraxia fue peor acogida. La felicidad, estado transitorio, resulta siempre igual de inalcanzable, y tan malo es perseguirla siempre sin más, como olvidar su existencia... la tierra nos sea leve a todos.
Un saludo,
Digo ésto porque llega un momento en la vida que parece semejarse demasiado a la ataraxia. De pronto, nada resulta especialmente interesante, o pierde atractivo. Igualmente, las maldades o cosas negativas de la vida reducen su potencia quedando en meras anécdotas. Así, las mujeres siguen siendo guapas, atractivas, pero carecen de un impulso arrollador que nos lleve a ellas con cierta locura. Igualmente, las muertes contadas por docenas son, al menos, algo atrayentes, pero si bajan de esos números, carecen de interés. Los sentimientos quedan reducidos a su forma nominal, un concepto abstracto que duerme aletargado bajo la piel, fríamente. Esa ataraxia se parece entonces a cierto tipo de muerte en vida...
Así pues, quedamos entre éste mundo y... nada. Nada más. La esperanza, tantas veces maltratada, se reduce a un viejo edificio en escombros del que reconoces las habitaciones, pero que no es habitable. Los alrededores son espacios vacíos, anulados, donde nada se mantiene en pie... alrededor de las rutinas, de las mismas cosas, de los mismos quehaceres y divertimentos, existen lugares desconocidos, como para un explorador de antaño las selvas o los océanos... aunque a diferencia de aquellos aventureros, hoy nadie se atreve a recorrer sendas ignotas ni a transitar caminos si antes nadie los ha cartografiado. Así pues, la nada es olvido, olvido de lo que antes conjugábamos con fervor. Sentimientos, ideas, calor en la piel, sudor, gritos... atrevimientos, palabras no silenciadas, reflexiones irreflexivas y silencios innecesarios... la nada, alrededor, toma posesión de ese nuevo espacio.
Entre la Tierra y la Nada, la separación es mínima. Y caer en el dulce olvido, en la irritante pasividad, en esa Nada acogedora, máxima, subyugante, es lo más fácil...
Nunca, quizá, la Ataraxia fue peor acogida. La felicidad, estado transitorio, resulta siempre igual de inalcanzable, y tan malo es perseguirla siempre sin más, como olvidar su existencia... la tierra nos sea leve a todos.
Un saludo,
martes, 17 de marzo de 2009
Mateo 5:29 "Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros..."
Así reza uno de los dichos que por lo visto soltó Jesús, al que convirtieron en el "Ungido" y dotaron de miles de actos ya conocidos como levantar muertos (igual que Asclepio) o resucitar él mismo (como Mitra) entre otros. Lo pone en su boca, presuntamente (apliquemos el lenguaje moderno al tema) el tal Mateo, San de comienzo. Llama la atención por lo que dice, puesto que, pensado de manera literal, el mundo estaría desde entonces, si se fuera buen seguidor de éste hombre (o lo que dicen que dijo...) tuerto.
Quizá sea ceguera lo que se tiene, pero no puedo dejar de pensar en la gracia del aserto. Desde que el final de "El hombre con Rayos X en los ojos" me lo revelara por primera vez, con su inquietante grito social presionando al protagonista de "¡¡Arráncatelos!!" me ha venido a la cabeza en distintas ocasiones. La última, a cuenta de una reacción sorprendente en inicio y luego bastante molesta.
Parto de la base de que éste blog es mío, que aquí digo lo que me place y que, esto es lo fundamental, quien quiere lo lee, y, quien no, pues lo ignora. Por tanto, absténganse como dice mi amigo Andrés, meapilas y demás caterva, vástagos de la estulticia, de comentar nada, que nada comentaré en réplica. Y así, sin derecho a réplica, dúplica o rediós, prosigo.
Digo que el dicho de marras se las trae y me gusta, porque denota la imbecilidad más absoluta, la literal maldad de las religiones, concretamente las basadas en el cristianismo, y, desde luego, la lamentable propuesta que se hace. Pues si buscamos hacer tuertos, para dirigir a ciegos que ven muy bien, ¿qué abismo ha de acoger a esa reata encordada? si bien es cierto que también puede sacarse una lectura sencilla; si tus ojos te dan ocasión de ver algo impropio, olvídate y pasa de ello. Y lo de perder algún miembro...
Yo tengo que aguantar muchas tonterías al cabo del día. Hoy mismo, el rebuzno sobre los linces y los bebés por parte de los clérigos. Tema que últimamente me resulta recurrente. Mis ideas son sencillas, casi simples. Mujer, tú decides. Hombre, tú acompañas. Sociedad, no te metas; ayuda. Hay un histerismo cultural acoplado a la especie que le lleva a magnificar muchas cosas, entre ellas, la crianza de un niño. Pero eso, que es de por sí importante, no es excusa, razón, argumento o pedernal para encender respuestas inflamadas y carentes de lógica. La religión, siempre la misma problemática... directa o indirectamente, jodiendo la vida.
Lo cierto es que yo, si mi ojo derecho me da ocasión de caer, o bien miro a otra parte, o pienso que qué diablos, quizá merezca la pena darse de bruces con la tentación. Pero si he de perder algún miembro por culpa de su ceguera... allá quede.
La vida es compleja, sí. Pero más la agriamos con disputas que no vienen a cuento. Ojo, nunca rehuiré la confrontación, pues de la carrera hacia atrás no se suele sacar nada salvo tropezones. Así que termino con mi frase de hoy;
Soy quien soy.
Un saludo,
Quizá sea ceguera lo que se tiene, pero no puedo dejar de pensar en la gracia del aserto. Desde que el final de "El hombre con Rayos X en los ojos" me lo revelara por primera vez, con su inquietante grito social presionando al protagonista de "¡¡Arráncatelos!!" me ha venido a la cabeza en distintas ocasiones. La última, a cuenta de una reacción sorprendente en inicio y luego bastante molesta.
Parto de la base de que éste blog es mío, que aquí digo lo que me place y que, esto es lo fundamental, quien quiere lo lee, y, quien no, pues lo ignora. Por tanto, absténganse como dice mi amigo Andrés, meapilas y demás caterva, vástagos de la estulticia, de comentar nada, que nada comentaré en réplica. Y así, sin derecho a réplica, dúplica o rediós, prosigo.
Digo que el dicho de marras se las trae y me gusta, porque denota la imbecilidad más absoluta, la literal maldad de las religiones, concretamente las basadas en el cristianismo, y, desde luego, la lamentable propuesta que se hace. Pues si buscamos hacer tuertos, para dirigir a ciegos que ven muy bien, ¿qué abismo ha de acoger a esa reata encordada? si bien es cierto que también puede sacarse una lectura sencilla; si tus ojos te dan ocasión de ver algo impropio, olvídate y pasa de ello. Y lo de perder algún miembro...
Yo tengo que aguantar muchas tonterías al cabo del día. Hoy mismo, el rebuzno sobre los linces y los bebés por parte de los clérigos. Tema que últimamente me resulta recurrente. Mis ideas son sencillas, casi simples. Mujer, tú decides. Hombre, tú acompañas. Sociedad, no te metas; ayuda. Hay un histerismo cultural acoplado a la especie que le lleva a magnificar muchas cosas, entre ellas, la crianza de un niño. Pero eso, que es de por sí importante, no es excusa, razón, argumento o pedernal para encender respuestas inflamadas y carentes de lógica. La religión, siempre la misma problemática... directa o indirectamente, jodiendo la vida.
Lo cierto es que yo, si mi ojo derecho me da ocasión de caer, o bien miro a otra parte, o pienso que qué diablos, quizá merezca la pena darse de bruces con la tentación. Pero si he de perder algún miembro por culpa de su ceguera... allá quede.
La vida es compleja, sí. Pero más la agriamos con disputas que no vienen a cuento. Ojo, nunca rehuiré la confrontación, pues de la carrera hacia atrás no se suele sacar nada salvo tropezones. Así que termino con mi frase de hoy;
Soy quien soy.
Un saludo,
viernes, 13 de marzo de 2009
Cuanto más conozco a cierta gente, más quiero a mi gato...
Sí, sin duda. Al bicho éste le dan igual las regañinas; pueden asustarle un poco, pero luego está otra vez corriendo, mordiendo en juegos los dedos de mis manos y pies, saltando, maullando, tumbándose en cualquier sitio, entre mis brazos o en el sillón, de donde le echamos en cuanto se pone a arañarlo o reptar por debajo de la funda que hemos puesto y que, por supuesto, él elude... si no duerme, está cotilleando, curioso, el mundo de alrededor. Persigue moscas con la misma intensidad que un banquero comisiones, escarba y come las plantas que tenemos, lame los yogures como si no hubiera más días en el mundo... entrecierra los ojos y se me pone tierno, ronroneando, dándome golpecillos con el hocico, lamiendo mi nariz, apartándome con la pata... y es un bicho con una cualidad clara. Es como es, sin más. Lo bueno y lo malo descrito se debe aceptar. Igual que los buenos momentos, están los malos. Igual que golpea la puerta del dormitorio a las 6.30 de la mañana mientras gime desconsolado, también se echa en mi regazo y duerme ronroneante mientras le acaricio el suave y sedoso pelo... es un mismo ser, lo tomas o lo dejas.
¿Por qué le quiero más? Porque no me miente. Porque como he dicho, es como es. No lo llamaré persona, como muchos amantes de mascotas que antropomorfizan a su animal. Sí hablo con él, como se hace con las plantas, para expresarme, y a él, mis palabras, le saben al aliento con el que las pronuncio, sin más... detecta mis tonos, claro está. Si son violentos, se asusta y se va de mi lado. Si son cariñosos, se queda lo que le apetece para luego irse si alguna otra cosa le apetece más, como tumbarse en un alfeizar al sol. Insisto, no me miente, ni le miento... puedo jugar con él, engañarle con quesitos para cortar sus uñas, sacudir el pienso para que venga a comerlo y de paso acariciarlo... en todo caso, no hace nada que no desee hacer.
Hay personas en cambio que se mienten a sí mismas, que se engañan, y que por supuesto, igual que aquellos que no se quieren a sí mismos, acaban engañando y mintiendo a los demás, despreciándoles. No es necesario un fingimiento absoluto. Simplemente, con ocultar, tergiversar y manipular las verdades, vale. Desde luego, el primer paso, el peor, es no reflexionar sobre ello, y persistir en el error...
Mi gato, como digo, no miente. No puede. No habla. Por eso son sus acciones lo que me muestran su forma de ser. Hace mucho tiempo que, para mí, entre otras cosas, las palabras son instrumento para comunicar, no espadas de doble filo para cortar miembros o pistolas cargadas. Me resulta más definitorio lo que alguien hace que lo que dice. "Obras son amores, y no buenas razones", decía mi madre. Qué razón. Si veo a mi gato relamiéndose porque le he puesto comida que le gusta, sé que está contento, y si se me acerca a frotarme, a darme lametones, lo interpreto como que sabe que yo se la he puesto. Es su agradecimiento. Igual que, si le echo o grito, eriza el costado y se va, porque le he asustado.
Cuanto más conozco a ciertas personas, con el paso de los años, más me doy cuenta de que, por razones varias, las hay que merecen la pena y las hay que estaban de paso. De las primeras, apenas conozco, la verdad. Con ellas trato de cultivar cierta amistad, que para mí, en primer lugar, se basa en la sinceridad y la honestidad, en la claridad y en sentir, conjuntamente, una buena relación, una buena sintonía. Si eso no existe, hay que vivir en sociedad (¡Ja! como si la "Sociedad" no fuéramos nosotros, todos... vaya entelequia) y por tanto respetar una serie de formalismos. Pero también es verdad que yo, eso, lo llevo mal... siempre veo a los reyes desnudos (será mi pertinaz republicanismo) y siento que son jirones esos ropajes. Malo si se denuncia. Quedan las personas de paso. Muchas, muchas hay... pocas dejan huella, más bien, amargura en el gusto, tacto rasposo, ruidos cacofónicos, imágenes desagradables y olor a podrido.
Cuanto más conozco a ciertas personas, más quiero a mi gato. Él huele mal cuando sale de su arenero. Lame con lengua rasposa, pero su intención, y sobre todo el acto, es bueno. "Ey, es mi lengua... ¡haberte comprado un perro de aguas!" podría decirme. El tacto es sedoso, placentero. Su compañía, llena de maullidos y ronroneos agradables. Y desde luego, es muy atractivo, rubio, con la pechuga blanca y las patas que parecen enguantadas también de blanco claro...
La vida es corta, y perder de vista lo importante, una ceguera. Por eso, me admira lo bien que ven los gatos de noche... ¡vaya ojos!
- Dedicado a mi gato, Remo, de esa especie que tanto acompaña a los misántropos durante toda la historia -
¿Por qué le quiero más? Porque no me miente. Porque como he dicho, es como es. No lo llamaré persona, como muchos amantes de mascotas que antropomorfizan a su animal. Sí hablo con él, como se hace con las plantas, para expresarme, y a él, mis palabras, le saben al aliento con el que las pronuncio, sin más... detecta mis tonos, claro está. Si son violentos, se asusta y se va de mi lado. Si son cariñosos, se queda lo que le apetece para luego irse si alguna otra cosa le apetece más, como tumbarse en un alfeizar al sol. Insisto, no me miente, ni le miento... puedo jugar con él, engañarle con quesitos para cortar sus uñas, sacudir el pienso para que venga a comerlo y de paso acariciarlo... en todo caso, no hace nada que no desee hacer.
Hay personas en cambio que se mienten a sí mismas, que se engañan, y que por supuesto, igual que aquellos que no se quieren a sí mismos, acaban engañando y mintiendo a los demás, despreciándoles. No es necesario un fingimiento absoluto. Simplemente, con ocultar, tergiversar y manipular las verdades, vale. Desde luego, el primer paso, el peor, es no reflexionar sobre ello, y persistir en el error...
Mi gato, como digo, no miente. No puede. No habla. Por eso son sus acciones lo que me muestran su forma de ser. Hace mucho tiempo que, para mí, entre otras cosas, las palabras son instrumento para comunicar, no espadas de doble filo para cortar miembros o pistolas cargadas. Me resulta más definitorio lo que alguien hace que lo que dice. "Obras son amores, y no buenas razones", decía mi madre. Qué razón. Si veo a mi gato relamiéndose porque le he puesto comida que le gusta, sé que está contento, y si se me acerca a frotarme, a darme lametones, lo interpreto como que sabe que yo se la he puesto. Es su agradecimiento. Igual que, si le echo o grito, eriza el costado y se va, porque le he asustado.
Cuanto más conozco a ciertas personas, con el paso de los años, más me doy cuenta de que, por razones varias, las hay que merecen la pena y las hay que estaban de paso. De las primeras, apenas conozco, la verdad. Con ellas trato de cultivar cierta amistad, que para mí, en primer lugar, se basa en la sinceridad y la honestidad, en la claridad y en sentir, conjuntamente, una buena relación, una buena sintonía. Si eso no existe, hay que vivir en sociedad (¡Ja! como si la "Sociedad" no fuéramos nosotros, todos... vaya entelequia) y por tanto respetar una serie de formalismos. Pero también es verdad que yo, eso, lo llevo mal... siempre veo a los reyes desnudos (será mi pertinaz republicanismo) y siento que son jirones esos ropajes. Malo si se denuncia. Quedan las personas de paso. Muchas, muchas hay... pocas dejan huella, más bien, amargura en el gusto, tacto rasposo, ruidos cacofónicos, imágenes desagradables y olor a podrido.
Cuanto más conozco a ciertas personas, más quiero a mi gato. Él huele mal cuando sale de su arenero. Lame con lengua rasposa, pero su intención, y sobre todo el acto, es bueno. "Ey, es mi lengua... ¡haberte comprado un perro de aguas!" podría decirme. El tacto es sedoso, placentero. Su compañía, llena de maullidos y ronroneos agradables. Y desde luego, es muy atractivo, rubio, con la pechuga blanca y las patas que parecen enguantadas también de blanco claro...
La vida es corta, y perder de vista lo importante, una ceguera. Por eso, me admira lo bien que ven los gatos de noche... ¡vaya ojos!
- Dedicado a mi gato, Remo, de esa especie que tanto acompaña a los misántropos durante toda la historia -
miércoles, 11 de marzo de 2009
Discusiones estériles
No sé cuántas veces me he prometido a mí mismo dejar de lado ciertos temas al hablar con ciertas personas, pero es cierto que sigo recayendo en el mismo error; persisto en tratar de hablar de ello con argumentaciones para mí lógicas, a mi juicio sencillas pero claras, y en las que si me pongo como ejemplo, también ejemplifico con el interlocutor. Trato de exponer cuestiones prácticas con ello, y así, ideas, de hablar con ellos de ellos... y puede que, acostumbrado a ser ofendido día sí y día también, haya generado una piel resbaladiza a ciertos términos, si bien no quita para que mis enfados salgan a la luz cuando la aguja entra demasiado profunda. Sin embargo... reitero el error.
Últimamente me he visto envuelto en una de esas que no se ganan ni se pierden, pero en las que nadie se apea de la burra y todos tratan de quedar por encima. De las de justificaciones sumisas, irreflexivas, de esas que nadie dedica una hora al menos a pensar seriamente. Una de esas en las que los pocos argumentos interesantes para tirar de un hilo se han visto truncados por otros más bien tópicos, molestos y reiterativos sin aportar nada nuevo salvo letras y más letras juntadas... ¿y qué he hecho yo? defender una postura, unas ideas, unas maneras de actuar, usarme de ejemplo y preguntar por ejemplos cercanos. Pero, ¡ay! el error está en que ciertas cosas se pueden decir y otras, por lo visto, no. Esto es, hay límites según quién hable, y según para quién hable. Y cercenar así un debate lo convierte en el cadáver de un árbol, en poco menos que un tocón. Algo estéril.
¿Por qué? Hay quienes piensan que los debates son para "ganar o perder". Yo solamente pierdo cuando lo dejo, si es interesante, y gano siempre si lo que se dice es atractivo y puedo aprender, mejorar mi vida con ello. Pero también pierdo cuando se hace con quien no se debe, por diferentes, múltiples y diversas circunstancias...
Está claro que quien quiere sentirse ofendido, lo tiene fácil. No es más que tomar una u otra palabra de acá o allá, leer algo en un tono que no era el impreso en origen (todo sea también dicho; internet es el peor sitio para estas conversaciones...) y decidir que, en su fuero interno, o personalmente, aquello es ofensivo y molesto. Bien, si así fuera, yo podría estar todo el día rojo de ira... y no es así. ¿Misterios? No, solamente preguntas sin respuesta, o preguntas que no se quieren responder.
Igual que he ido eligiendo a mis amigos, y lo mismo otros han hecho conmigo, o no, no es quedarme solo lo que temo (nacemos solos, vivimos solos y morimos solos... aunque tengamos la ilusión de la compañía) si no que solamente pueda tener la opción de callar. Por eso, y en una enésima promesa, evitaré discutir ciertas cosas con ciertas personas, y con los que sé que puedo, salvo indicación en contrario, me permitiré el lujo de desgranar, en privado, lo que pienso, opino y siento. A fin de cuentas, no todos tienen el don de la confidencia, activa o pasiva. Y no es una oreja lo que pido siempre...
Claro que, también, puede ser que yo sea un psicópata inadaptado, incapaz para la empatía (¡ja ja ja!) y fanático... ¿cuadrará mejor esa imagen para según quién?
Un saludo,
Últimamente me he visto envuelto en una de esas que no se ganan ni se pierden, pero en las que nadie se apea de la burra y todos tratan de quedar por encima. De las de justificaciones sumisas, irreflexivas, de esas que nadie dedica una hora al menos a pensar seriamente. Una de esas en las que los pocos argumentos interesantes para tirar de un hilo se han visto truncados por otros más bien tópicos, molestos y reiterativos sin aportar nada nuevo salvo letras y más letras juntadas... ¿y qué he hecho yo? defender una postura, unas ideas, unas maneras de actuar, usarme de ejemplo y preguntar por ejemplos cercanos. Pero, ¡ay! el error está en que ciertas cosas se pueden decir y otras, por lo visto, no. Esto es, hay límites según quién hable, y según para quién hable. Y cercenar así un debate lo convierte en el cadáver de un árbol, en poco menos que un tocón. Algo estéril.
¿Por qué? Hay quienes piensan que los debates son para "ganar o perder". Yo solamente pierdo cuando lo dejo, si es interesante, y gano siempre si lo que se dice es atractivo y puedo aprender, mejorar mi vida con ello. Pero también pierdo cuando se hace con quien no se debe, por diferentes, múltiples y diversas circunstancias...
Está claro que quien quiere sentirse ofendido, lo tiene fácil. No es más que tomar una u otra palabra de acá o allá, leer algo en un tono que no era el impreso en origen (todo sea también dicho; internet es el peor sitio para estas conversaciones...) y decidir que, en su fuero interno, o personalmente, aquello es ofensivo y molesto. Bien, si así fuera, yo podría estar todo el día rojo de ira... y no es así. ¿Misterios? No, solamente preguntas sin respuesta, o preguntas que no se quieren responder.
Igual que he ido eligiendo a mis amigos, y lo mismo otros han hecho conmigo, o no, no es quedarme solo lo que temo (nacemos solos, vivimos solos y morimos solos... aunque tengamos la ilusión de la compañía) si no que solamente pueda tener la opción de callar. Por eso, y en una enésima promesa, evitaré discutir ciertas cosas con ciertas personas, y con los que sé que puedo, salvo indicación en contrario, me permitiré el lujo de desgranar, en privado, lo que pienso, opino y siento. A fin de cuentas, no todos tienen el don de la confidencia, activa o pasiva. Y no es una oreja lo que pido siempre...
Claro que, también, puede ser que yo sea un psicópata inadaptado, incapaz para la empatía (¡ja ja ja!) y fanático... ¿cuadrará mejor esa imagen para según quién?
Un saludo,
martes, 3 de marzo de 2009
Modelos
Es difícil construir la vida que uno desea sin más, sin referencias, en un entorno donde las facilidades no existen, o, al menos, no son generales. Normalmente, copiamos y seguimos referentes que nos guían por caminos ya transitados, y por tanto, más sencillos para nuestro paseo por el mundo. Pero cuando crecemos, vamos dándonos cuenta de lo complejo que es todo, de los miles de reflejos que hay en el cristal del Universo y de las caras que reflejan esas luces, que no son tantas...
Por eso, la vida consiste, como un basurero, en ir encontrando en los vertederos cosas que nos valgan, que nos satisfagan. Mi hermano definió un día ésta idea, y la copio aquí... primer modelo. Pero también consiste en construirse los muebles con los que adecentaremos la casa de la vida, muebles que pueden ser muy bonitos para los de fuera o, por el contrario, simplemente funcionales. O muebles bellos, que produzcan placer estético, y a la vez resulten cómodos y agradables para nuestro reposo y felicidad. Otro modelo, Conan Doyle por boca de Sherlock Holmes. Y cuando tenemos la casa amueblada, nos damos siempre cuenta de que ciertos sofás, alguna silla, ese armario que no es del todo útil, hay que cambiarlos, tirarlos, remodelarlos... Modelo Ikea.
Leyendo cualquier cosa, me doy cuenta de la vasta ignorancia que poseo. Todo un capital de desconocimiento, un caudal de incultura. Ese amplio vacío me sirve para pensar en todo lo que puedo buscar, inquirir, preguntar y tratar de averiguar. Antaño, inventaba cosas que no leía, y olvidaba mucho de lo que leía, de suerte que hoy puedo reconocer un libro y si lo he leído por las sensaciones que me dan sus tapas o las hojas, incluso algún párrafo... me pasó no hace mucho en la biblioteca de mi barrio al mirar entre los anaqueles alguna narración de otros tiempos. Y hoy resulta que las ficciones me siguen gustando por lo reales que son (imaginar mundos que son éste y otros que pueden ser...) y los libros de historia, de antropología, de filosofía, de ensayo, biografías... me encantan por lo ficticio de sus narraciones.
El vacío, no obstante, no se llena, se rellena. Porque sin espacios en blanco, sin lugares para respirar, sin agobios, no se puede vivir. Es como la necesidad de un parque en la ciudad, de un monte cerca, de un río, del bosque... el abigarramiento intelectual es como el de las ciudades; asfixia. Mi madre lo llamaba "extorsión"... y me encanta ahora el término. Es la extorsión mafiosa de la conciencia...
Pero sigo con los modelos. Porque de eso trata éste mensaje. Los modelos de mi infancia, de mi juventud primera y de ahora, juventud intelectual, eran muchos y variados. Nietzsche fue uno; puro fuego entre las hojas... me encantaba como he dicho más de una vez Michael Ironside, a quien vi primero en "V". Era la encarnación del pragmático superviviente con estilo... nada de la ñoñería de Donovan o el resto. Era duro, real. Baroja y sus novelas filosofadas. Los cómics de desastres de los años 80 y 90. Corto Maltés, de quien querría ser todo... menos él mismo, porque entonces no sería. Sexto Empírico, de quien aprendí lo absurdo de todo y sobre todo, de ciertos sistemas de pensamiento. Azaña, en quien veía un estadista hasta que conocí la figura de Negrín, mil veces más amplia. Y puedo seguir... creo que en facebook puedes hacerte admirador de muchas personas; yo lo he hecho con muchas de mis aficiones y filias.
Seguir un modelo, de todos modos, tiene sus riesgos. Yo quería de niño tocar el violín como Holmes, y luego, tras ver la película de Billy Wilder, coquetear con la droga. También seguí un modelo en mis amigos de la infancia a los que conservo casi en su totalidad; el silencio de Emilio, la autoconfianza sin límites de Igor, el desparpajo de Iván, la alegría de Cruz, la tormenta y locura de Ibáñez, la serenidad de Oscar, la inteligencia de Rafa... hay mucho que he aprendido, imitado y desechado de ellos.
El riesgo, no obstante, está implícito en la vida. Sin él, todo carecería de sentido. ¿Para qué apostar si se conoce de antemano el resultado? ¿Por qué innovar algo si lo conocido funciona? la inventiva, la intuición, el chispazo fugaz que nos revela durante un instante la naturaleza de una porción del Cosmos, como orden, es otro de los modelos a seguir, gracias al riesgo... porque una especie de fractura abre la vista a un panorama nuevo, inmenso, vasto como nuestra ignorancia... y es, de pronto, bellamente aterrador... asomarse a los remolinos de la vida puede arrojarnos a ellos; no vale ser un espectador.
Ni tampoco ser modelo de nadie, de otros. Solamente, y es bastante duro ya, de uno mismo.
¿Por qué será que recuerdo una imagen de una estatua de arcilla de un hombre con escoplo y martillo, tallándose a sí mismo?
Un saludo,
Por eso, la vida consiste, como un basurero, en ir encontrando en los vertederos cosas que nos valgan, que nos satisfagan. Mi hermano definió un día ésta idea, y la copio aquí... primer modelo. Pero también consiste en construirse los muebles con los que adecentaremos la casa de la vida, muebles que pueden ser muy bonitos para los de fuera o, por el contrario, simplemente funcionales. O muebles bellos, que produzcan placer estético, y a la vez resulten cómodos y agradables para nuestro reposo y felicidad. Otro modelo, Conan Doyle por boca de Sherlock Holmes. Y cuando tenemos la casa amueblada, nos damos siempre cuenta de que ciertos sofás, alguna silla, ese armario que no es del todo útil, hay que cambiarlos, tirarlos, remodelarlos... Modelo Ikea.
Leyendo cualquier cosa, me doy cuenta de la vasta ignorancia que poseo. Todo un capital de desconocimiento, un caudal de incultura. Ese amplio vacío me sirve para pensar en todo lo que puedo buscar, inquirir, preguntar y tratar de averiguar. Antaño, inventaba cosas que no leía, y olvidaba mucho de lo que leía, de suerte que hoy puedo reconocer un libro y si lo he leído por las sensaciones que me dan sus tapas o las hojas, incluso algún párrafo... me pasó no hace mucho en la biblioteca de mi barrio al mirar entre los anaqueles alguna narración de otros tiempos. Y hoy resulta que las ficciones me siguen gustando por lo reales que son (imaginar mundos que son éste y otros que pueden ser...) y los libros de historia, de antropología, de filosofía, de ensayo, biografías... me encantan por lo ficticio de sus narraciones.
El vacío, no obstante, no se llena, se rellena. Porque sin espacios en blanco, sin lugares para respirar, sin agobios, no se puede vivir. Es como la necesidad de un parque en la ciudad, de un monte cerca, de un río, del bosque... el abigarramiento intelectual es como el de las ciudades; asfixia. Mi madre lo llamaba "extorsión"... y me encanta ahora el término. Es la extorsión mafiosa de la conciencia...
Pero sigo con los modelos. Porque de eso trata éste mensaje. Los modelos de mi infancia, de mi juventud primera y de ahora, juventud intelectual, eran muchos y variados. Nietzsche fue uno; puro fuego entre las hojas... me encantaba como he dicho más de una vez Michael Ironside, a quien vi primero en "V". Era la encarnación del pragmático superviviente con estilo... nada de la ñoñería de Donovan o el resto. Era duro, real. Baroja y sus novelas filosofadas. Los cómics de desastres de los años 80 y 90. Corto Maltés, de quien querría ser todo... menos él mismo, porque entonces no sería. Sexto Empírico, de quien aprendí lo absurdo de todo y sobre todo, de ciertos sistemas de pensamiento. Azaña, en quien veía un estadista hasta que conocí la figura de Negrín, mil veces más amplia. Y puedo seguir... creo que en facebook puedes hacerte admirador de muchas personas; yo lo he hecho con muchas de mis aficiones y filias.
Seguir un modelo, de todos modos, tiene sus riesgos. Yo quería de niño tocar el violín como Holmes, y luego, tras ver la película de Billy Wilder, coquetear con la droga. También seguí un modelo en mis amigos de la infancia a los que conservo casi en su totalidad; el silencio de Emilio, la autoconfianza sin límites de Igor, el desparpajo de Iván, la alegría de Cruz, la tormenta y locura de Ibáñez, la serenidad de Oscar, la inteligencia de Rafa... hay mucho que he aprendido, imitado y desechado de ellos.
El riesgo, no obstante, está implícito en la vida. Sin él, todo carecería de sentido. ¿Para qué apostar si se conoce de antemano el resultado? ¿Por qué innovar algo si lo conocido funciona? la inventiva, la intuición, el chispazo fugaz que nos revela durante un instante la naturaleza de una porción del Cosmos, como orden, es otro de los modelos a seguir, gracias al riesgo... porque una especie de fractura abre la vista a un panorama nuevo, inmenso, vasto como nuestra ignorancia... y es, de pronto, bellamente aterrador... asomarse a los remolinos de la vida puede arrojarnos a ellos; no vale ser un espectador.
Ni tampoco ser modelo de nadie, de otros. Solamente, y es bastante duro ya, de uno mismo.
¿Por qué será que recuerdo una imagen de una estatua de arcilla de un hombre con escoplo y martillo, tallándose a sí mismo?
Un saludo,
jueves, 26 de febrero de 2009
Silencios
Hay veces que nos quedamos callados, sin escuchar nada, y nos vemos pronto inmersos en un pensamiento propio, incomunicable, al cual nos dedicamos concentrados. Es en el silencio, puro, sin ruidos de ningún tipo, donde podemos de pronto depurar las ondas del lago herido por las piedras ajenas, dejando el agua lisa como una lámina de cristal... el silencio.
Hay silencios impuestos, como los dictatoriales donde ninguna voz puede alzarse. Es entonces cuando todo queda dentro de nosotros, un silencio incómodo, cómplice con el autoritarismo, un silencio rabioso, un silencio nada productivo, porque genera odio, resentimiento, dolor...
Hay silencios que consienten, tácitamente, puesto que no dan voz a pensamientos contrarios, a disidencias necesarias. Silencios que se imponen las personas.
También hay silencios calmados, tranquilos, de aquellos que escuchan, oyen, leen, miran, esperan y reciben. Silencios donde se trabaja la palabra, donde, como en una fragua, resuenan los martillazos briosos que dan forma a las hojas de acero del verbo. Silencios por tanto metódicos, elaborados. Son las forjas de la reflexión.
Pero hay silencios estúpidos, innecesarios, que no quieren ser consentidores, pero lo son, que no desean alzar una voz discordante, pero lo hacen con estridencia, que quieren parecer inteligentes pero no son más que la falta de ideas... esos silencios nada aportan, nada merecen y nada gustan.
Hay muchos tipos de silencio. El de la casa vacía que espera a sus habitantes, presentes, pasados y muertos o futuros por llegar. El de los mudos, que tratan de ser elocuentes por diferentes vías. El de los sabios, que temen romper su máscara. Hay tantos...
Pero me quedo con uno, el mayor de todos. El silencio de la muerte.
Es inapelable.
Un saludo,
Hay silencios impuestos, como los dictatoriales donde ninguna voz puede alzarse. Es entonces cuando todo queda dentro de nosotros, un silencio incómodo, cómplice con el autoritarismo, un silencio rabioso, un silencio nada productivo, porque genera odio, resentimiento, dolor...
Hay silencios que consienten, tácitamente, puesto que no dan voz a pensamientos contrarios, a disidencias necesarias. Silencios que se imponen las personas.
También hay silencios calmados, tranquilos, de aquellos que escuchan, oyen, leen, miran, esperan y reciben. Silencios donde se trabaja la palabra, donde, como en una fragua, resuenan los martillazos briosos que dan forma a las hojas de acero del verbo. Silencios por tanto metódicos, elaborados. Son las forjas de la reflexión.
Pero hay silencios estúpidos, innecesarios, que no quieren ser consentidores, pero lo son, que no desean alzar una voz discordante, pero lo hacen con estridencia, que quieren parecer inteligentes pero no son más que la falta de ideas... esos silencios nada aportan, nada merecen y nada gustan.
Hay muchos tipos de silencio. El de la casa vacía que espera a sus habitantes, presentes, pasados y muertos o futuros por llegar. El de los mudos, que tratan de ser elocuentes por diferentes vías. El de los sabios, que temen romper su máscara. Hay tantos...
Pero me quedo con uno, el mayor de todos. El silencio de la muerte.
Es inapelable.
Un saludo,
miércoles, 25 de febrero de 2009
La sociedad somos todos
Viene a cuento porque parece que enseguida preferimos derivar cualquier responsabilidad a un ente abstracto que, sin embargo, formamos todos. Cuando se dice que "la sociedad pide la pena de muerte o al menos la cárcel perpetua" no es cierto, no lo piden todos. Lo piden personas concretas que vociferan, gritan o amplifican ese grito. Cuando también se dice que "la crisis golpea con fuerza todas las capas de la sociedad" lo que se está obviando es que no todos los que la formamos tenemos las mismas capacidades, oportunidades y riquezas.
La sociedad no es como un dios más, abstracto y ajeno al hombre. Es un producto del hombre como la política, la religión, la ética o la lógica. Y se representa con las mismas herramientas inventadas, el lenguaje propio de cada uno. La culpa, en definitiva, no es de la sociedad, si no de individuos.
El debate siempre es el mismo; masa o individuo. Como masa, somos un ente amorfo, carente de inteligencia, manipulable y arrollador. Como individuos, somos capaces de razonar, de encontrar diversas soluciones a los problemas, de ejercer estrategias más a medio o largo plazo. La masa es otro concepto, pero sirve para que las responsabilidades nos resbalen como individuos.
Yo no pido por tanto ni la pena de muerte, ni la perpetua, ni estoy con aquellos que defienden a uno u otro partido político, ni soy amigo de identificaciones masivas. Y soy un miembro más de la sociedad...
Acabaré diciendo que tiene mi admiración el tipo de Lazkao que bajó a la calle y la emprendió a martillazos contra una herriko taberna de esas. Al menos, él dirigió su martillo con tino a la fuente de sus males inmediatos. Yo, como individuo, ¿contra qué debo comenzar la labor de demolición?
Un saludo,
La sociedad no es como un dios más, abstracto y ajeno al hombre. Es un producto del hombre como la política, la religión, la ética o la lógica. Y se representa con las mismas herramientas inventadas, el lenguaje propio de cada uno. La culpa, en definitiva, no es de la sociedad, si no de individuos.
El debate siempre es el mismo; masa o individuo. Como masa, somos un ente amorfo, carente de inteligencia, manipulable y arrollador. Como individuos, somos capaces de razonar, de encontrar diversas soluciones a los problemas, de ejercer estrategias más a medio o largo plazo. La masa es otro concepto, pero sirve para que las responsabilidades nos resbalen como individuos.
Yo no pido por tanto ni la pena de muerte, ni la perpetua, ni estoy con aquellos que defienden a uno u otro partido político, ni soy amigo de identificaciones masivas. Y soy un miembro más de la sociedad...
Acabaré diciendo que tiene mi admiración el tipo de Lazkao que bajó a la calle y la emprendió a martillazos contra una herriko taberna de esas. Al menos, él dirigió su martillo con tino a la fuente de sus males inmediatos. Yo, como individuo, ¿contra qué debo comenzar la labor de demolición?
Un saludo,
lunes, 9 de febrero de 2009
Días de ayer...
No hay que sorprenderse de lo que ha pasado hoy, y pasó ayer, y hace días. ETA vuelve a poner una bomba, los independentistas gallegos boicotean una marcha y los trabajadores ingleses, espoleados por sus líderes, reclaman trabajo para ellos antes que para los de fuera. El nacionalismo sigue vivo, con modificaciones tangenciales, pero no estructurales.
En España hemos vivido un nacionalismo excluyente, inventado y radical. Desde el siglo XIX, en que muchos estados fueron nación, sufrimos un proceso político que aglutina lo peor del ser humano y sus sociedades. Antes fue el nacional-catolicismo de estructura falangista (que no ideario) y ahora son los neofascismos nacionalistas locales. En Madrid, por ejemplo, llevamos viviendo un proceso de nacionalización encubierto, porque no tenemos lengua propia y diferencial (de hecho, es una seña de identidad de ese nacionalismo encubierto) pero que no quita para sufrir los mismos males. Discursos basados en el humo, la falsedad, la retórica hueca, para ocultar los problemas estructurales y coyunturales de un sistema que surte las bambalinas del espectáculo nacionalista. Tramoya...
Me hacen gracia los gallegos, igual que los vascos, o los leoneses de nuevo cuño, los asturianos y su bable, el catalanismo provinciano, el valencianismo que es como el anterior en pobre, los andalucismos y sus realidades nacionales, la guanche diferencia canaria, y así hasta llegar a una villa de Burgos llamada Aranda de Duero, en cuyas escuelas se conoce muy bien la geografía local, ríos, montes, bosquecillos, prados, fauna, botánica, fábricas de Pascual y hasta las variaciones del lenguaje con ese soniquete cantarín que los hermana con México. Pero mi sobrino putativo no sabe nada del Guadiana, del Júcar, del Ebro, de dónde está el Almanzor o la Sierra de la Cabra, menos aún dónde cae el románico pirenaico, porque lo único interesante es el gótico de la Catedral de Burgos. Y así con muchas cosas...
¿Es culpa suya? No. Los nacionalismos españoles (pues lo son) han enseñado que, aunque estemos en el siglo XXI, se pueden reinventar para cubrir la triste realidad; que con ellos se copa una administración autonómica, provincial, local, triplicando a costa del ciudadano las administraciones sin eficacia, pero creando parlamentos, juntas de gobierno, diputaciones, todo tipo de lugares para acoger a la política de éste país que gusta de chupar del bote, digo, de los impuestos que pagamos. En algunos países nórdicos están ahogados a impuestos, pero a cambio, los políticos son administradores de lo público y lo gestionan de manera útil para el ciudadano. Así no importa pagar más impuestos... aquí, con ellos, pagamos sueldos, corruptelas (el ladrillo, los despachos del presi de Galicia, las corruptelas de los amigos de Aznar, los chanchullos de la Expo en Zaragoza, y así hasta el fin de los días...) y lo que sobra, calderilla, junto con las ayudas de la UE, se usa para asfaltar la carretera que lleva a la urbanización del prócer de turno, o abrir la escuela justo antes de elecciones, o hacer promesas que luego se agotarán en cuanto el dinero deje de afluir...
¡Viva el nacionalismo! Gracias a él, olvidamos quiénes somos, nos convertimos en bestias, hacemos el juego a los sistemas capitalistas, excluyentes, privativos y contrarios a la felicidad del ser humano. Ahora, si me lo permitís, me voy a reír de aquello que decían los socialistas de "libre circulación de trabajadores y mismos derechos en todas partes" leyendo más noticias de los "British workers"... aquí estamos empezando.
Un saludo,
En España hemos vivido un nacionalismo excluyente, inventado y radical. Desde el siglo XIX, en que muchos estados fueron nación, sufrimos un proceso político que aglutina lo peor del ser humano y sus sociedades. Antes fue el nacional-catolicismo de estructura falangista (que no ideario) y ahora son los neofascismos nacionalistas locales. En Madrid, por ejemplo, llevamos viviendo un proceso de nacionalización encubierto, porque no tenemos lengua propia y diferencial (de hecho, es una seña de identidad de ese nacionalismo encubierto) pero que no quita para sufrir los mismos males. Discursos basados en el humo, la falsedad, la retórica hueca, para ocultar los problemas estructurales y coyunturales de un sistema que surte las bambalinas del espectáculo nacionalista. Tramoya...
Me hacen gracia los gallegos, igual que los vascos, o los leoneses de nuevo cuño, los asturianos y su bable, el catalanismo provinciano, el valencianismo que es como el anterior en pobre, los andalucismos y sus realidades nacionales, la guanche diferencia canaria, y así hasta llegar a una villa de Burgos llamada Aranda de Duero, en cuyas escuelas se conoce muy bien la geografía local, ríos, montes, bosquecillos, prados, fauna, botánica, fábricas de Pascual y hasta las variaciones del lenguaje con ese soniquete cantarín que los hermana con México. Pero mi sobrino putativo no sabe nada del Guadiana, del Júcar, del Ebro, de dónde está el Almanzor o la Sierra de la Cabra, menos aún dónde cae el románico pirenaico, porque lo único interesante es el gótico de la Catedral de Burgos. Y así con muchas cosas...
¿Es culpa suya? No. Los nacionalismos españoles (pues lo son) han enseñado que, aunque estemos en el siglo XXI, se pueden reinventar para cubrir la triste realidad; que con ellos se copa una administración autonómica, provincial, local, triplicando a costa del ciudadano las administraciones sin eficacia, pero creando parlamentos, juntas de gobierno, diputaciones, todo tipo de lugares para acoger a la política de éste país que gusta de chupar del bote, digo, de los impuestos que pagamos. En algunos países nórdicos están ahogados a impuestos, pero a cambio, los políticos son administradores de lo público y lo gestionan de manera útil para el ciudadano. Así no importa pagar más impuestos... aquí, con ellos, pagamos sueldos, corruptelas (el ladrillo, los despachos del presi de Galicia, las corruptelas de los amigos de Aznar, los chanchullos de la Expo en Zaragoza, y así hasta el fin de los días...) y lo que sobra, calderilla, junto con las ayudas de la UE, se usa para asfaltar la carretera que lleva a la urbanización del prócer de turno, o abrir la escuela justo antes de elecciones, o hacer promesas que luego se agotarán en cuanto el dinero deje de afluir...
¡Viva el nacionalismo! Gracias a él, olvidamos quiénes somos, nos convertimos en bestias, hacemos el juego a los sistemas capitalistas, excluyentes, privativos y contrarios a la felicidad del ser humano. Ahora, si me lo permitís, me voy a reír de aquello que decían los socialistas de "libre circulación de trabajadores y mismos derechos en todas partes" leyendo más noticias de los "British workers"... aquí estamos empezando.
Un saludo,
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