Me resulta curiosa la facilidad con la que nos acostumbramos a todo, desde lo mejor a lo peor. Parece que tenemos una adaptabilidad en la especie que nos hace supervivientes natos, aunque eso signifique mutilar nuestras aspiraciones. La felicidad, una coartada ante cosas peores.
Digo ésto porque llega un momento en la vida que parece semejarse demasiado a la ataraxia. De pronto, nada resulta especialmente interesante, o pierde atractivo. Igualmente, las maldades o cosas negativas de la vida reducen su potencia quedando en meras anécdotas. Así, las mujeres siguen siendo guapas, atractivas, pero carecen de un impulso arrollador que nos lleve a ellas con cierta locura. Igualmente, las muertes contadas por docenas son, al menos, algo atrayentes, pero si bajan de esos números, carecen de interés. Los sentimientos quedan reducidos a su forma nominal, un concepto abstracto que duerme aletargado bajo la piel, fríamente. Esa ataraxia se parece entonces a cierto tipo de muerte en vida...
Así pues, quedamos entre éste mundo y... nada. Nada más. La esperanza, tantas veces maltratada, se reduce a un viejo edificio en escombros del que reconoces las habitaciones, pero que no es habitable. Los alrededores son espacios vacíos, anulados, donde nada se mantiene en pie... alrededor de las rutinas, de las mismas cosas, de los mismos quehaceres y divertimentos, existen lugares desconocidos, como para un explorador de antaño las selvas o los océanos... aunque a diferencia de aquellos aventureros, hoy nadie se atreve a recorrer sendas ignotas ni a transitar caminos si antes nadie los ha cartografiado. Así pues, la nada es olvido, olvido de lo que antes conjugábamos con fervor. Sentimientos, ideas, calor en la piel, sudor, gritos... atrevimientos, palabras no silenciadas, reflexiones irreflexivas y silencios innecesarios... la nada, alrededor, toma posesión de ese nuevo espacio.
Entre la Tierra y la Nada, la separación es mínima. Y caer en el dulce olvido, en la irritante pasividad, en esa Nada acogedora, máxima, subyugante, es lo más fácil...
Nunca, quizá, la Ataraxia fue peor acogida. La felicidad, estado transitorio, resulta siempre igual de inalcanzable, y tan malo es perseguirla siempre sin más, como olvidar su existencia... la tierra nos sea leve a todos.
Un saludo,
viernes, 3 de abril de 2009
martes, 17 de marzo de 2009
Mateo 5:29 "Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros..."
Así reza uno de los dichos que por lo visto soltó Jesús, al que convirtieron en el "Ungido" y dotaron de miles de actos ya conocidos como levantar muertos (igual que Asclepio) o resucitar él mismo (como Mitra) entre otros. Lo pone en su boca, presuntamente (apliquemos el lenguaje moderno al tema) el tal Mateo, San de comienzo. Llama la atención por lo que dice, puesto que, pensado de manera literal, el mundo estaría desde entonces, si se fuera buen seguidor de éste hombre (o lo que dicen que dijo...) tuerto.
Quizá sea ceguera lo que se tiene, pero no puedo dejar de pensar en la gracia del aserto. Desde que el final de "El hombre con Rayos X en los ojos" me lo revelara por primera vez, con su inquietante grito social presionando al protagonista de "¡¡Arráncatelos!!" me ha venido a la cabeza en distintas ocasiones. La última, a cuenta de una reacción sorprendente en inicio y luego bastante molesta.
Parto de la base de que éste blog es mío, que aquí digo lo que me place y que, esto es lo fundamental, quien quiere lo lee, y, quien no, pues lo ignora. Por tanto, absténganse como dice mi amigo Andrés, meapilas y demás caterva, vástagos de la estulticia, de comentar nada, que nada comentaré en réplica. Y así, sin derecho a réplica, dúplica o rediós, prosigo.
Digo que el dicho de marras se las trae y me gusta, porque denota la imbecilidad más absoluta, la literal maldad de las religiones, concretamente las basadas en el cristianismo, y, desde luego, la lamentable propuesta que se hace. Pues si buscamos hacer tuertos, para dirigir a ciegos que ven muy bien, ¿qué abismo ha de acoger a esa reata encordada? si bien es cierto que también puede sacarse una lectura sencilla; si tus ojos te dan ocasión de ver algo impropio, olvídate y pasa de ello. Y lo de perder algún miembro...
Yo tengo que aguantar muchas tonterías al cabo del día. Hoy mismo, el rebuzno sobre los linces y los bebés por parte de los clérigos. Tema que últimamente me resulta recurrente. Mis ideas son sencillas, casi simples. Mujer, tú decides. Hombre, tú acompañas. Sociedad, no te metas; ayuda. Hay un histerismo cultural acoplado a la especie que le lleva a magnificar muchas cosas, entre ellas, la crianza de un niño. Pero eso, que es de por sí importante, no es excusa, razón, argumento o pedernal para encender respuestas inflamadas y carentes de lógica. La religión, siempre la misma problemática... directa o indirectamente, jodiendo la vida.
Lo cierto es que yo, si mi ojo derecho me da ocasión de caer, o bien miro a otra parte, o pienso que qué diablos, quizá merezca la pena darse de bruces con la tentación. Pero si he de perder algún miembro por culpa de su ceguera... allá quede.
La vida es compleja, sí. Pero más la agriamos con disputas que no vienen a cuento. Ojo, nunca rehuiré la confrontación, pues de la carrera hacia atrás no se suele sacar nada salvo tropezones. Así que termino con mi frase de hoy;
Soy quien soy.
Un saludo,
Quizá sea ceguera lo que se tiene, pero no puedo dejar de pensar en la gracia del aserto. Desde que el final de "El hombre con Rayos X en los ojos" me lo revelara por primera vez, con su inquietante grito social presionando al protagonista de "¡¡Arráncatelos!!" me ha venido a la cabeza en distintas ocasiones. La última, a cuenta de una reacción sorprendente en inicio y luego bastante molesta.
Parto de la base de que éste blog es mío, que aquí digo lo que me place y que, esto es lo fundamental, quien quiere lo lee, y, quien no, pues lo ignora. Por tanto, absténganse como dice mi amigo Andrés, meapilas y demás caterva, vástagos de la estulticia, de comentar nada, que nada comentaré en réplica. Y así, sin derecho a réplica, dúplica o rediós, prosigo.
Digo que el dicho de marras se las trae y me gusta, porque denota la imbecilidad más absoluta, la literal maldad de las religiones, concretamente las basadas en el cristianismo, y, desde luego, la lamentable propuesta que se hace. Pues si buscamos hacer tuertos, para dirigir a ciegos que ven muy bien, ¿qué abismo ha de acoger a esa reata encordada? si bien es cierto que también puede sacarse una lectura sencilla; si tus ojos te dan ocasión de ver algo impropio, olvídate y pasa de ello. Y lo de perder algún miembro...
Yo tengo que aguantar muchas tonterías al cabo del día. Hoy mismo, el rebuzno sobre los linces y los bebés por parte de los clérigos. Tema que últimamente me resulta recurrente. Mis ideas son sencillas, casi simples. Mujer, tú decides. Hombre, tú acompañas. Sociedad, no te metas; ayuda. Hay un histerismo cultural acoplado a la especie que le lleva a magnificar muchas cosas, entre ellas, la crianza de un niño. Pero eso, que es de por sí importante, no es excusa, razón, argumento o pedernal para encender respuestas inflamadas y carentes de lógica. La religión, siempre la misma problemática... directa o indirectamente, jodiendo la vida.
Lo cierto es que yo, si mi ojo derecho me da ocasión de caer, o bien miro a otra parte, o pienso que qué diablos, quizá merezca la pena darse de bruces con la tentación. Pero si he de perder algún miembro por culpa de su ceguera... allá quede.
La vida es compleja, sí. Pero más la agriamos con disputas que no vienen a cuento. Ojo, nunca rehuiré la confrontación, pues de la carrera hacia atrás no se suele sacar nada salvo tropezones. Así que termino con mi frase de hoy;
Soy quien soy.
Un saludo,
viernes, 13 de marzo de 2009
Cuanto más conozco a cierta gente, más quiero a mi gato...
Sí, sin duda. Al bicho éste le dan igual las regañinas; pueden asustarle un poco, pero luego está otra vez corriendo, mordiendo en juegos los dedos de mis manos y pies, saltando, maullando, tumbándose en cualquier sitio, entre mis brazos o en el sillón, de donde le echamos en cuanto se pone a arañarlo o reptar por debajo de la funda que hemos puesto y que, por supuesto, él elude... si no duerme, está cotilleando, curioso, el mundo de alrededor. Persigue moscas con la misma intensidad que un banquero comisiones, escarba y come las plantas que tenemos, lame los yogures como si no hubiera más días en el mundo... entrecierra los ojos y se me pone tierno, ronroneando, dándome golpecillos con el hocico, lamiendo mi nariz, apartándome con la pata... y es un bicho con una cualidad clara. Es como es, sin más. Lo bueno y lo malo descrito se debe aceptar. Igual que los buenos momentos, están los malos. Igual que golpea la puerta del dormitorio a las 6.30 de la mañana mientras gime desconsolado, también se echa en mi regazo y duerme ronroneante mientras le acaricio el suave y sedoso pelo... es un mismo ser, lo tomas o lo dejas.
¿Por qué le quiero más? Porque no me miente. Porque como he dicho, es como es. No lo llamaré persona, como muchos amantes de mascotas que antropomorfizan a su animal. Sí hablo con él, como se hace con las plantas, para expresarme, y a él, mis palabras, le saben al aliento con el que las pronuncio, sin más... detecta mis tonos, claro está. Si son violentos, se asusta y se va de mi lado. Si son cariñosos, se queda lo que le apetece para luego irse si alguna otra cosa le apetece más, como tumbarse en un alfeizar al sol. Insisto, no me miente, ni le miento... puedo jugar con él, engañarle con quesitos para cortar sus uñas, sacudir el pienso para que venga a comerlo y de paso acariciarlo... en todo caso, no hace nada que no desee hacer.
Hay personas en cambio que se mienten a sí mismas, que se engañan, y que por supuesto, igual que aquellos que no se quieren a sí mismos, acaban engañando y mintiendo a los demás, despreciándoles. No es necesario un fingimiento absoluto. Simplemente, con ocultar, tergiversar y manipular las verdades, vale. Desde luego, el primer paso, el peor, es no reflexionar sobre ello, y persistir en el error...
Mi gato, como digo, no miente. No puede. No habla. Por eso son sus acciones lo que me muestran su forma de ser. Hace mucho tiempo que, para mí, entre otras cosas, las palabras son instrumento para comunicar, no espadas de doble filo para cortar miembros o pistolas cargadas. Me resulta más definitorio lo que alguien hace que lo que dice. "Obras son amores, y no buenas razones", decía mi madre. Qué razón. Si veo a mi gato relamiéndose porque le he puesto comida que le gusta, sé que está contento, y si se me acerca a frotarme, a darme lametones, lo interpreto como que sabe que yo se la he puesto. Es su agradecimiento. Igual que, si le echo o grito, eriza el costado y se va, porque le he asustado.
Cuanto más conozco a ciertas personas, con el paso de los años, más me doy cuenta de que, por razones varias, las hay que merecen la pena y las hay que estaban de paso. De las primeras, apenas conozco, la verdad. Con ellas trato de cultivar cierta amistad, que para mí, en primer lugar, se basa en la sinceridad y la honestidad, en la claridad y en sentir, conjuntamente, una buena relación, una buena sintonía. Si eso no existe, hay que vivir en sociedad (¡Ja! como si la "Sociedad" no fuéramos nosotros, todos... vaya entelequia) y por tanto respetar una serie de formalismos. Pero también es verdad que yo, eso, lo llevo mal... siempre veo a los reyes desnudos (será mi pertinaz republicanismo) y siento que son jirones esos ropajes. Malo si se denuncia. Quedan las personas de paso. Muchas, muchas hay... pocas dejan huella, más bien, amargura en el gusto, tacto rasposo, ruidos cacofónicos, imágenes desagradables y olor a podrido.
Cuanto más conozco a ciertas personas, más quiero a mi gato. Él huele mal cuando sale de su arenero. Lame con lengua rasposa, pero su intención, y sobre todo el acto, es bueno. "Ey, es mi lengua... ¡haberte comprado un perro de aguas!" podría decirme. El tacto es sedoso, placentero. Su compañía, llena de maullidos y ronroneos agradables. Y desde luego, es muy atractivo, rubio, con la pechuga blanca y las patas que parecen enguantadas también de blanco claro...
La vida es corta, y perder de vista lo importante, una ceguera. Por eso, me admira lo bien que ven los gatos de noche... ¡vaya ojos!
- Dedicado a mi gato, Remo, de esa especie que tanto acompaña a los misántropos durante toda la historia -
¿Por qué le quiero más? Porque no me miente. Porque como he dicho, es como es. No lo llamaré persona, como muchos amantes de mascotas que antropomorfizan a su animal. Sí hablo con él, como se hace con las plantas, para expresarme, y a él, mis palabras, le saben al aliento con el que las pronuncio, sin más... detecta mis tonos, claro está. Si son violentos, se asusta y se va de mi lado. Si son cariñosos, se queda lo que le apetece para luego irse si alguna otra cosa le apetece más, como tumbarse en un alfeizar al sol. Insisto, no me miente, ni le miento... puedo jugar con él, engañarle con quesitos para cortar sus uñas, sacudir el pienso para que venga a comerlo y de paso acariciarlo... en todo caso, no hace nada que no desee hacer.
Hay personas en cambio que se mienten a sí mismas, que se engañan, y que por supuesto, igual que aquellos que no se quieren a sí mismos, acaban engañando y mintiendo a los demás, despreciándoles. No es necesario un fingimiento absoluto. Simplemente, con ocultar, tergiversar y manipular las verdades, vale. Desde luego, el primer paso, el peor, es no reflexionar sobre ello, y persistir en el error...
Mi gato, como digo, no miente. No puede. No habla. Por eso son sus acciones lo que me muestran su forma de ser. Hace mucho tiempo que, para mí, entre otras cosas, las palabras son instrumento para comunicar, no espadas de doble filo para cortar miembros o pistolas cargadas. Me resulta más definitorio lo que alguien hace que lo que dice. "Obras son amores, y no buenas razones", decía mi madre. Qué razón. Si veo a mi gato relamiéndose porque le he puesto comida que le gusta, sé que está contento, y si se me acerca a frotarme, a darme lametones, lo interpreto como que sabe que yo se la he puesto. Es su agradecimiento. Igual que, si le echo o grito, eriza el costado y se va, porque le he asustado.
Cuanto más conozco a ciertas personas, con el paso de los años, más me doy cuenta de que, por razones varias, las hay que merecen la pena y las hay que estaban de paso. De las primeras, apenas conozco, la verdad. Con ellas trato de cultivar cierta amistad, que para mí, en primer lugar, se basa en la sinceridad y la honestidad, en la claridad y en sentir, conjuntamente, una buena relación, una buena sintonía. Si eso no existe, hay que vivir en sociedad (¡Ja! como si la "Sociedad" no fuéramos nosotros, todos... vaya entelequia) y por tanto respetar una serie de formalismos. Pero también es verdad que yo, eso, lo llevo mal... siempre veo a los reyes desnudos (será mi pertinaz republicanismo) y siento que son jirones esos ropajes. Malo si se denuncia. Quedan las personas de paso. Muchas, muchas hay... pocas dejan huella, más bien, amargura en el gusto, tacto rasposo, ruidos cacofónicos, imágenes desagradables y olor a podrido.
Cuanto más conozco a ciertas personas, más quiero a mi gato. Él huele mal cuando sale de su arenero. Lame con lengua rasposa, pero su intención, y sobre todo el acto, es bueno. "Ey, es mi lengua... ¡haberte comprado un perro de aguas!" podría decirme. El tacto es sedoso, placentero. Su compañía, llena de maullidos y ronroneos agradables. Y desde luego, es muy atractivo, rubio, con la pechuga blanca y las patas que parecen enguantadas también de blanco claro...
La vida es corta, y perder de vista lo importante, una ceguera. Por eso, me admira lo bien que ven los gatos de noche... ¡vaya ojos!
- Dedicado a mi gato, Remo, de esa especie que tanto acompaña a los misántropos durante toda la historia -
miércoles, 11 de marzo de 2009
Discusiones estériles
No sé cuántas veces me he prometido a mí mismo dejar de lado ciertos temas al hablar con ciertas personas, pero es cierto que sigo recayendo en el mismo error; persisto en tratar de hablar de ello con argumentaciones para mí lógicas, a mi juicio sencillas pero claras, y en las que si me pongo como ejemplo, también ejemplifico con el interlocutor. Trato de exponer cuestiones prácticas con ello, y así, ideas, de hablar con ellos de ellos... y puede que, acostumbrado a ser ofendido día sí y día también, haya generado una piel resbaladiza a ciertos términos, si bien no quita para que mis enfados salgan a la luz cuando la aguja entra demasiado profunda. Sin embargo... reitero el error.
Últimamente me he visto envuelto en una de esas que no se ganan ni se pierden, pero en las que nadie se apea de la burra y todos tratan de quedar por encima. De las de justificaciones sumisas, irreflexivas, de esas que nadie dedica una hora al menos a pensar seriamente. Una de esas en las que los pocos argumentos interesantes para tirar de un hilo se han visto truncados por otros más bien tópicos, molestos y reiterativos sin aportar nada nuevo salvo letras y más letras juntadas... ¿y qué he hecho yo? defender una postura, unas ideas, unas maneras de actuar, usarme de ejemplo y preguntar por ejemplos cercanos. Pero, ¡ay! el error está en que ciertas cosas se pueden decir y otras, por lo visto, no. Esto es, hay límites según quién hable, y según para quién hable. Y cercenar así un debate lo convierte en el cadáver de un árbol, en poco menos que un tocón. Algo estéril.
¿Por qué? Hay quienes piensan que los debates son para "ganar o perder". Yo solamente pierdo cuando lo dejo, si es interesante, y gano siempre si lo que se dice es atractivo y puedo aprender, mejorar mi vida con ello. Pero también pierdo cuando se hace con quien no se debe, por diferentes, múltiples y diversas circunstancias...
Está claro que quien quiere sentirse ofendido, lo tiene fácil. No es más que tomar una u otra palabra de acá o allá, leer algo en un tono que no era el impreso en origen (todo sea también dicho; internet es el peor sitio para estas conversaciones...) y decidir que, en su fuero interno, o personalmente, aquello es ofensivo y molesto. Bien, si así fuera, yo podría estar todo el día rojo de ira... y no es así. ¿Misterios? No, solamente preguntas sin respuesta, o preguntas que no se quieren responder.
Igual que he ido eligiendo a mis amigos, y lo mismo otros han hecho conmigo, o no, no es quedarme solo lo que temo (nacemos solos, vivimos solos y morimos solos... aunque tengamos la ilusión de la compañía) si no que solamente pueda tener la opción de callar. Por eso, y en una enésima promesa, evitaré discutir ciertas cosas con ciertas personas, y con los que sé que puedo, salvo indicación en contrario, me permitiré el lujo de desgranar, en privado, lo que pienso, opino y siento. A fin de cuentas, no todos tienen el don de la confidencia, activa o pasiva. Y no es una oreja lo que pido siempre...
Claro que, también, puede ser que yo sea un psicópata inadaptado, incapaz para la empatía (¡ja ja ja!) y fanático... ¿cuadrará mejor esa imagen para según quién?
Un saludo,
Últimamente me he visto envuelto en una de esas que no se ganan ni se pierden, pero en las que nadie se apea de la burra y todos tratan de quedar por encima. De las de justificaciones sumisas, irreflexivas, de esas que nadie dedica una hora al menos a pensar seriamente. Una de esas en las que los pocos argumentos interesantes para tirar de un hilo se han visto truncados por otros más bien tópicos, molestos y reiterativos sin aportar nada nuevo salvo letras y más letras juntadas... ¿y qué he hecho yo? defender una postura, unas ideas, unas maneras de actuar, usarme de ejemplo y preguntar por ejemplos cercanos. Pero, ¡ay! el error está en que ciertas cosas se pueden decir y otras, por lo visto, no. Esto es, hay límites según quién hable, y según para quién hable. Y cercenar así un debate lo convierte en el cadáver de un árbol, en poco menos que un tocón. Algo estéril.
¿Por qué? Hay quienes piensan que los debates son para "ganar o perder". Yo solamente pierdo cuando lo dejo, si es interesante, y gano siempre si lo que se dice es atractivo y puedo aprender, mejorar mi vida con ello. Pero también pierdo cuando se hace con quien no se debe, por diferentes, múltiples y diversas circunstancias...
Está claro que quien quiere sentirse ofendido, lo tiene fácil. No es más que tomar una u otra palabra de acá o allá, leer algo en un tono que no era el impreso en origen (todo sea también dicho; internet es el peor sitio para estas conversaciones...) y decidir que, en su fuero interno, o personalmente, aquello es ofensivo y molesto. Bien, si así fuera, yo podría estar todo el día rojo de ira... y no es así. ¿Misterios? No, solamente preguntas sin respuesta, o preguntas que no se quieren responder.
Igual que he ido eligiendo a mis amigos, y lo mismo otros han hecho conmigo, o no, no es quedarme solo lo que temo (nacemos solos, vivimos solos y morimos solos... aunque tengamos la ilusión de la compañía) si no que solamente pueda tener la opción de callar. Por eso, y en una enésima promesa, evitaré discutir ciertas cosas con ciertas personas, y con los que sé que puedo, salvo indicación en contrario, me permitiré el lujo de desgranar, en privado, lo que pienso, opino y siento. A fin de cuentas, no todos tienen el don de la confidencia, activa o pasiva. Y no es una oreja lo que pido siempre...
Claro que, también, puede ser que yo sea un psicópata inadaptado, incapaz para la empatía (¡ja ja ja!) y fanático... ¿cuadrará mejor esa imagen para según quién?
Un saludo,
martes, 3 de marzo de 2009
Modelos
Es difícil construir la vida que uno desea sin más, sin referencias, en un entorno donde las facilidades no existen, o, al menos, no son generales. Normalmente, copiamos y seguimos referentes que nos guían por caminos ya transitados, y por tanto, más sencillos para nuestro paseo por el mundo. Pero cuando crecemos, vamos dándonos cuenta de lo complejo que es todo, de los miles de reflejos que hay en el cristal del Universo y de las caras que reflejan esas luces, que no son tantas...
Por eso, la vida consiste, como un basurero, en ir encontrando en los vertederos cosas que nos valgan, que nos satisfagan. Mi hermano definió un día ésta idea, y la copio aquí... primer modelo. Pero también consiste en construirse los muebles con los que adecentaremos la casa de la vida, muebles que pueden ser muy bonitos para los de fuera o, por el contrario, simplemente funcionales. O muebles bellos, que produzcan placer estético, y a la vez resulten cómodos y agradables para nuestro reposo y felicidad. Otro modelo, Conan Doyle por boca de Sherlock Holmes. Y cuando tenemos la casa amueblada, nos damos siempre cuenta de que ciertos sofás, alguna silla, ese armario que no es del todo útil, hay que cambiarlos, tirarlos, remodelarlos... Modelo Ikea.
Leyendo cualquier cosa, me doy cuenta de la vasta ignorancia que poseo. Todo un capital de desconocimiento, un caudal de incultura. Ese amplio vacío me sirve para pensar en todo lo que puedo buscar, inquirir, preguntar y tratar de averiguar. Antaño, inventaba cosas que no leía, y olvidaba mucho de lo que leía, de suerte que hoy puedo reconocer un libro y si lo he leído por las sensaciones que me dan sus tapas o las hojas, incluso algún párrafo... me pasó no hace mucho en la biblioteca de mi barrio al mirar entre los anaqueles alguna narración de otros tiempos. Y hoy resulta que las ficciones me siguen gustando por lo reales que son (imaginar mundos que son éste y otros que pueden ser...) y los libros de historia, de antropología, de filosofía, de ensayo, biografías... me encantan por lo ficticio de sus narraciones.
El vacío, no obstante, no se llena, se rellena. Porque sin espacios en blanco, sin lugares para respirar, sin agobios, no se puede vivir. Es como la necesidad de un parque en la ciudad, de un monte cerca, de un río, del bosque... el abigarramiento intelectual es como el de las ciudades; asfixia. Mi madre lo llamaba "extorsión"... y me encanta ahora el término. Es la extorsión mafiosa de la conciencia...
Pero sigo con los modelos. Porque de eso trata éste mensaje. Los modelos de mi infancia, de mi juventud primera y de ahora, juventud intelectual, eran muchos y variados. Nietzsche fue uno; puro fuego entre las hojas... me encantaba como he dicho más de una vez Michael Ironside, a quien vi primero en "V". Era la encarnación del pragmático superviviente con estilo... nada de la ñoñería de Donovan o el resto. Era duro, real. Baroja y sus novelas filosofadas. Los cómics de desastres de los años 80 y 90. Corto Maltés, de quien querría ser todo... menos él mismo, porque entonces no sería. Sexto Empírico, de quien aprendí lo absurdo de todo y sobre todo, de ciertos sistemas de pensamiento. Azaña, en quien veía un estadista hasta que conocí la figura de Negrín, mil veces más amplia. Y puedo seguir... creo que en facebook puedes hacerte admirador de muchas personas; yo lo he hecho con muchas de mis aficiones y filias.
Seguir un modelo, de todos modos, tiene sus riesgos. Yo quería de niño tocar el violín como Holmes, y luego, tras ver la película de Billy Wilder, coquetear con la droga. También seguí un modelo en mis amigos de la infancia a los que conservo casi en su totalidad; el silencio de Emilio, la autoconfianza sin límites de Igor, el desparpajo de Iván, la alegría de Cruz, la tormenta y locura de Ibáñez, la serenidad de Oscar, la inteligencia de Rafa... hay mucho que he aprendido, imitado y desechado de ellos.
El riesgo, no obstante, está implícito en la vida. Sin él, todo carecería de sentido. ¿Para qué apostar si se conoce de antemano el resultado? ¿Por qué innovar algo si lo conocido funciona? la inventiva, la intuición, el chispazo fugaz que nos revela durante un instante la naturaleza de una porción del Cosmos, como orden, es otro de los modelos a seguir, gracias al riesgo... porque una especie de fractura abre la vista a un panorama nuevo, inmenso, vasto como nuestra ignorancia... y es, de pronto, bellamente aterrador... asomarse a los remolinos de la vida puede arrojarnos a ellos; no vale ser un espectador.
Ni tampoco ser modelo de nadie, de otros. Solamente, y es bastante duro ya, de uno mismo.
¿Por qué será que recuerdo una imagen de una estatua de arcilla de un hombre con escoplo y martillo, tallándose a sí mismo?
Un saludo,
Por eso, la vida consiste, como un basurero, en ir encontrando en los vertederos cosas que nos valgan, que nos satisfagan. Mi hermano definió un día ésta idea, y la copio aquí... primer modelo. Pero también consiste en construirse los muebles con los que adecentaremos la casa de la vida, muebles que pueden ser muy bonitos para los de fuera o, por el contrario, simplemente funcionales. O muebles bellos, que produzcan placer estético, y a la vez resulten cómodos y agradables para nuestro reposo y felicidad. Otro modelo, Conan Doyle por boca de Sherlock Holmes. Y cuando tenemos la casa amueblada, nos damos siempre cuenta de que ciertos sofás, alguna silla, ese armario que no es del todo útil, hay que cambiarlos, tirarlos, remodelarlos... Modelo Ikea.
Leyendo cualquier cosa, me doy cuenta de la vasta ignorancia que poseo. Todo un capital de desconocimiento, un caudal de incultura. Ese amplio vacío me sirve para pensar en todo lo que puedo buscar, inquirir, preguntar y tratar de averiguar. Antaño, inventaba cosas que no leía, y olvidaba mucho de lo que leía, de suerte que hoy puedo reconocer un libro y si lo he leído por las sensaciones que me dan sus tapas o las hojas, incluso algún párrafo... me pasó no hace mucho en la biblioteca de mi barrio al mirar entre los anaqueles alguna narración de otros tiempos. Y hoy resulta que las ficciones me siguen gustando por lo reales que son (imaginar mundos que son éste y otros que pueden ser...) y los libros de historia, de antropología, de filosofía, de ensayo, biografías... me encantan por lo ficticio de sus narraciones.
El vacío, no obstante, no se llena, se rellena. Porque sin espacios en blanco, sin lugares para respirar, sin agobios, no se puede vivir. Es como la necesidad de un parque en la ciudad, de un monte cerca, de un río, del bosque... el abigarramiento intelectual es como el de las ciudades; asfixia. Mi madre lo llamaba "extorsión"... y me encanta ahora el término. Es la extorsión mafiosa de la conciencia...
Pero sigo con los modelos. Porque de eso trata éste mensaje. Los modelos de mi infancia, de mi juventud primera y de ahora, juventud intelectual, eran muchos y variados. Nietzsche fue uno; puro fuego entre las hojas... me encantaba como he dicho más de una vez Michael Ironside, a quien vi primero en "V". Era la encarnación del pragmático superviviente con estilo... nada de la ñoñería de Donovan o el resto. Era duro, real. Baroja y sus novelas filosofadas. Los cómics de desastres de los años 80 y 90. Corto Maltés, de quien querría ser todo... menos él mismo, porque entonces no sería. Sexto Empírico, de quien aprendí lo absurdo de todo y sobre todo, de ciertos sistemas de pensamiento. Azaña, en quien veía un estadista hasta que conocí la figura de Negrín, mil veces más amplia. Y puedo seguir... creo que en facebook puedes hacerte admirador de muchas personas; yo lo he hecho con muchas de mis aficiones y filias.
Seguir un modelo, de todos modos, tiene sus riesgos. Yo quería de niño tocar el violín como Holmes, y luego, tras ver la película de Billy Wilder, coquetear con la droga. También seguí un modelo en mis amigos de la infancia a los que conservo casi en su totalidad; el silencio de Emilio, la autoconfianza sin límites de Igor, el desparpajo de Iván, la alegría de Cruz, la tormenta y locura de Ibáñez, la serenidad de Oscar, la inteligencia de Rafa... hay mucho que he aprendido, imitado y desechado de ellos.
El riesgo, no obstante, está implícito en la vida. Sin él, todo carecería de sentido. ¿Para qué apostar si se conoce de antemano el resultado? ¿Por qué innovar algo si lo conocido funciona? la inventiva, la intuición, el chispazo fugaz que nos revela durante un instante la naturaleza de una porción del Cosmos, como orden, es otro de los modelos a seguir, gracias al riesgo... porque una especie de fractura abre la vista a un panorama nuevo, inmenso, vasto como nuestra ignorancia... y es, de pronto, bellamente aterrador... asomarse a los remolinos de la vida puede arrojarnos a ellos; no vale ser un espectador.
Ni tampoco ser modelo de nadie, de otros. Solamente, y es bastante duro ya, de uno mismo.
¿Por qué será que recuerdo una imagen de una estatua de arcilla de un hombre con escoplo y martillo, tallándose a sí mismo?
Un saludo,
jueves, 26 de febrero de 2009
Silencios
Hay veces que nos quedamos callados, sin escuchar nada, y nos vemos pronto inmersos en un pensamiento propio, incomunicable, al cual nos dedicamos concentrados. Es en el silencio, puro, sin ruidos de ningún tipo, donde podemos de pronto depurar las ondas del lago herido por las piedras ajenas, dejando el agua lisa como una lámina de cristal... el silencio.
Hay silencios impuestos, como los dictatoriales donde ninguna voz puede alzarse. Es entonces cuando todo queda dentro de nosotros, un silencio incómodo, cómplice con el autoritarismo, un silencio rabioso, un silencio nada productivo, porque genera odio, resentimiento, dolor...
Hay silencios que consienten, tácitamente, puesto que no dan voz a pensamientos contrarios, a disidencias necesarias. Silencios que se imponen las personas.
También hay silencios calmados, tranquilos, de aquellos que escuchan, oyen, leen, miran, esperan y reciben. Silencios donde se trabaja la palabra, donde, como en una fragua, resuenan los martillazos briosos que dan forma a las hojas de acero del verbo. Silencios por tanto metódicos, elaborados. Son las forjas de la reflexión.
Pero hay silencios estúpidos, innecesarios, que no quieren ser consentidores, pero lo son, que no desean alzar una voz discordante, pero lo hacen con estridencia, que quieren parecer inteligentes pero no son más que la falta de ideas... esos silencios nada aportan, nada merecen y nada gustan.
Hay muchos tipos de silencio. El de la casa vacía que espera a sus habitantes, presentes, pasados y muertos o futuros por llegar. El de los mudos, que tratan de ser elocuentes por diferentes vías. El de los sabios, que temen romper su máscara. Hay tantos...
Pero me quedo con uno, el mayor de todos. El silencio de la muerte.
Es inapelable.
Un saludo,
Hay silencios impuestos, como los dictatoriales donde ninguna voz puede alzarse. Es entonces cuando todo queda dentro de nosotros, un silencio incómodo, cómplice con el autoritarismo, un silencio rabioso, un silencio nada productivo, porque genera odio, resentimiento, dolor...
Hay silencios que consienten, tácitamente, puesto que no dan voz a pensamientos contrarios, a disidencias necesarias. Silencios que se imponen las personas.
También hay silencios calmados, tranquilos, de aquellos que escuchan, oyen, leen, miran, esperan y reciben. Silencios donde se trabaja la palabra, donde, como en una fragua, resuenan los martillazos briosos que dan forma a las hojas de acero del verbo. Silencios por tanto metódicos, elaborados. Son las forjas de la reflexión.
Pero hay silencios estúpidos, innecesarios, que no quieren ser consentidores, pero lo son, que no desean alzar una voz discordante, pero lo hacen con estridencia, que quieren parecer inteligentes pero no son más que la falta de ideas... esos silencios nada aportan, nada merecen y nada gustan.
Hay muchos tipos de silencio. El de la casa vacía que espera a sus habitantes, presentes, pasados y muertos o futuros por llegar. El de los mudos, que tratan de ser elocuentes por diferentes vías. El de los sabios, que temen romper su máscara. Hay tantos...
Pero me quedo con uno, el mayor de todos. El silencio de la muerte.
Es inapelable.
Un saludo,
miércoles, 25 de febrero de 2009
La sociedad somos todos
Viene a cuento porque parece que enseguida preferimos derivar cualquier responsabilidad a un ente abstracto que, sin embargo, formamos todos. Cuando se dice que "la sociedad pide la pena de muerte o al menos la cárcel perpetua" no es cierto, no lo piden todos. Lo piden personas concretas que vociferan, gritan o amplifican ese grito. Cuando también se dice que "la crisis golpea con fuerza todas las capas de la sociedad" lo que se está obviando es que no todos los que la formamos tenemos las mismas capacidades, oportunidades y riquezas.
La sociedad no es como un dios más, abstracto y ajeno al hombre. Es un producto del hombre como la política, la religión, la ética o la lógica. Y se representa con las mismas herramientas inventadas, el lenguaje propio de cada uno. La culpa, en definitiva, no es de la sociedad, si no de individuos.
El debate siempre es el mismo; masa o individuo. Como masa, somos un ente amorfo, carente de inteligencia, manipulable y arrollador. Como individuos, somos capaces de razonar, de encontrar diversas soluciones a los problemas, de ejercer estrategias más a medio o largo plazo. La masa es otro concepto, pero sirve para que las responsabilidades nos resbalen como individuos.
Yo no pido por tanto ni la pena de muerte, ni la perpetua, ni estoy con aquellos que defienden a uno u otro partido político, ni soy amigo de identificaciones masivas. Y soy un miembro más de la sociedad...
Acabaré diciendo que tiene mi admiración el tipo de Lazkao que bajó a la calle y la emprendió a martillazos contra una herriko taberna de esas. Al menos, él dirigió su martillo con tino a la fuente de sus males inmediatos. Yo, como individuo, ¿contra qué debo comenzar la labor de demolición?
Un saludo,
La sociedad no es como un dios más, abstracto y ajeno al hombre. Es un producto del hombre como la política, la religión, la ética o la lógica. Y se representa con las mismas herramientas inventadas, el lenguaje propio de cada uno. La culpa, en definitiva, no es de la sociedad, si no de individuos.
El debate siempre es el mismo; masa o individuo. Como masa, somos un ente amorfo, carente de inteligencia, manipulable y arrollador. Como individuos, somos capaces de razonar, de encontrar diversas soluciones a los problemas, de ejercer estrategias más a medio o largo plazo. La masa es otro concepto, pero sirve para que las responsabilidades nos resbalen como individuos.
Yo no pido por tanto ni la pena de muerte, ni la perpetua, ni estoy con aquellos que defienden a uno u otro partido político, ni soy amigo de identificaciones masivas. Y soy un miembro más de la sociedad...
Acabaré diciendo que tiene mi admiración el tipo de Lazkao que bajó a la calle y la emprendió a martillazos contra una herriko taberna de esas. Al menos, él dirigió su martillo con tino a la fuente de sus males inmediatos. Yo, como individuo, ¿contra qué debo comenzar la labor de demolición?
Un saludo,
lunes, 9 de febrero de 2009
Días de ayer...
No hay que sorprenderse de lo que ha pasado hoy, y pasó ayer, y hace días. ETA vuelve a poner una bomba, los independentistas gallegos boicotean una marcha y los trabajadores ingleses, espoleados por sus líderes, reclaman trabajo para ellos antes que para los de fuera. El nacionalismo sigue vivo, con modificaciones tangenciales, pero no estructurales.
En España hemos vivido un nacionalismo excluyente, inventado y radical. Desde el siglo XIX, en que muchos estados fueron nación, sufrimos un proceso político que aglutina lo peor del ser humano y sus sociedades. Antes fue el nacional-catolicismo de estructura falangista (que no ideario) y ahora son los neofascismos nacionalistas locales. En Madrid, por ejemplo, llevamos viviendo un proceso de nacionalización encubierto, porque no tenemos lengua propia y diferencial (de hecho, es una seña de identidad de ese nacionalismo encubierto) pero que no quita para sufrir los mismos males. Discursos basados en el humo, la falsedad, la retórica hueca, para ocultar los problemas estructurales y coyunturales de un sistema que surte las bambalinas del espectáculo nacionalista. Tramoya...
Me hacen gracia los gallegos, igual que los vascos, o los leoneses de nuevo cuño, los asturianos y su bable, el catalanismo provinciano, el valencianismo que es como el anterior en pobre, los andalucismos y sus realidades nacionales, la guanche diferencia canaria, y así hasta llegar a una villa de Burgos llamada Aranda de Duero, en cuyas escuelas se conoce muy bien la geografía local, ríos, montes, bosquecillos, prados, fauna, botánica, fábricas de Pascual y hasta las variaciones del lenguaje con ese soniquete cantarín que los hermana con México. Pero mi sobrino putativo no sabe nada del Guadiana, del Júcar, del Ebro, de dónde está el Almanzor o la Sierra de la Cabra, menos aún dónde cae el románico pirenaico, porque lo único interesante es el gótico de la Catedral de Burgos. Y así con muchas cosas...
¿Es culpa suya? No. Los nacionalismos españoles (pues lo son) han enseñado que, aunque estemos en el siglo XXI, se pueden reinventar para cubrir la triste realidad; que con ellos se copa una administración autonómica, provincial, local, triplicando a costa del ciudadano las administraciones sin eficacia, pero creando parlamentos, juntas de gobierno, diputaciones, todo tipo de lugares para acoger a la política de éste país que gusta de chupar del bote, digo, de los impuestos que pagamos. En algunos países nórdicos están ahogados a impuestos, pero a cambio, los políticos son administradores de lo público y lo gestionan de manera útil para el ciudadano. Así no importa pagar más impuestos... aquí, con ellos, pagamos sueldos, corruptelas (el ladrillo, los despachos del presi de Galicia, las corruptelas de los amigos de Aznar, los chanchullos de la Expo en Zaragoza, y así hasta el fin de los días...) y lo que sobra, calderilla, junto con las ayudas de la UE, se usa para asfaltar la carretera que lleva a la urbanización del prócer de turno, o abrir la escuela justo antes de elecciones, o hacer promesas que luego se agotarán en cuanto el dinero deje de afluir...
¡Viva el nacionalismo! Gracias a él, olvidamos quiénes somos, nos convertimos en bestias, hacemos el juego a los sistemas capitalistas, excluyentes, privativos y contrarios a la felicidad del ser humano. Ahora, si me lo permitís, me voy a reír de aquello que decían los socialistas de "libre circulación de trabajadores y mismos derechos en todas partes" leyendo más noticias de los "British workers"... aquí estamos empezando.
Un saludo,
En España hemos vivido un nacionalismo excluyente, inventado y radical. Desde el siglo XIX, en que muchos estados fueron nación, sufrimos un proceso político que aglutina lo peor del ser humano y sus sociedades. Antes fue el nacional-catolicismo de estructura falangista (que no ideario) y ahora son los neofascismos nacionalistas locales. En Madrid, por ejemplo, llevamos viviendo un proceso de nacionalización encubierto, porque no tenemos lengua propia y diferencial (de hecho, es una seña de identidad de ese nacionalismo encubierto) pero que no quita para sufrir los mismos males. Discursos basados en el humo, la falsedad, la retórica hueca, para ocultar los problemas estructurales y coyunturales de un sistema que surte las bambalinas del espectáculo nacionalista. Tramoya...
Me hacen gracia los gallegos, igual que los vascos, o los leoneses de nuevo cuño, los asturianos y su bable, el catalanismo provinciano, el valencianismo que es como el anterior en pobre, los andalucismos y sus realidades nacionales, la guanche diferencia canaria, y así hasta llegar a una villa de Burgos llamada Aranda de Duero, en cuyas escuelas se conoce muy bien la geografía local, ríos, montes, bosquecillos, prados, fauna, botánica, fábricas de Pascual y hasta las variaciones del lenguaje con ese soniquete cantarín que los hermana con México. Pero mi sobrino putativo no sabe nada del Guadiana, del Júcar, del Ebro, de dónde está el Almanzor o la Sierra de la Cabra, menos aún dónde cae el románico pirenaico, porque lo único interesante es el gótico de la Catedral de Burgos. Y así con muchas cosas...
¿Es culpa suya? No. Los nacionalismos españoles (pues lo son) han enseñado que, aunque estemos en el siglo XXI, se pueden reinventar para cubrir la triste realidad; que con ellos se copa una administración autonómica, provincial, local, triplicando a costa del ciudadano las administraciones sin eficacia, pero creando parlamentos, juntas de gobierno, diputaciones, todo tipo de lugares para acoger a la política de éste país que gusta de chupar del bote, digo, de los impuestos que pagamos. En algunos países nórdicos están ahogados a impuestos, pero a cambio, los políticos son administradores de lo público y lo gestionan de manera útil para el ciudadano. Así no importa pagar más impuestos... aquí, con ellos, pagamos sueldos, corruptelas (el ladrillo, los despachos del presi de Galicia, las corruptelas de los amigos de Aznar, los chanchullos de la Expo en Zaragoza, y así hasta el fin de los días...) y lo que sobra, calderilla, junto con las ayudas de la UE, se usa para asfaltar la carretera que lleva a la urbanización del prócer de turno, o abrir la escuela justo antes de elecciones, o hacer promesas que luego se agotarán en cuanto el dinero deje de afluir...
¡Viva el nacionalismo! Gracias a él, olvidamos quiénes somos, nos convertimos en bestias, hacemos el juego a los sistemas capitalistas, excluyentes, privativos y contrarios a la felicidad del ser humano. Ahora, si me lo permitís, me voy a reír de aquello que decían los socialistas de "libre circulación de trabajadores y mismos derechos en todas partes" leyendo más noticias de los "British workers"... aquí estamos empezando.
Un saludo,
domingo, 25 de enero de 2009
I'm fed up and tired about religion
Aviso internacional: I HATE religions all over the world. They have just created the WORST of all conditions for human life and the living creatures around us. They must be ERASED from Earth.
Traducido, que estoy muy harto. Poner pegatinas descafeinadas en buses diciendo que probablemente dios no existe (tibio, cobarde, neutro) provoca la respuesta encendida de un ultraderechista y ultraconservador como Rouco, la descalificación de periodicuchos escritos por peridistuchos y gentuza variada, como un "ataque a derechos fundamentales, principalmente el de la libertad religiosa". Pero vamos a ver, ¿qué entiende esta gentuza, esos sotanás, esos castradores por "libertad religiosa"? ¿que solamente ellos tengan potestad para dirigirse a los sentimientos de las personas, sean los que sean?
Yo de momento ya lo tengo claro, dios en minúscula. No merece que sea correcto gramaticalmente. Y además, una declaración clara; todo aquel religioso que me insinúe una sola vez algo de su dios, de su religión, cualquier cosa, percibirá dos reacciones; la primera, de absoluto rechazo. La segunda, al ver que no sirven de nada los argumentos, puesto que es un sentimiento, de indiferencia e incluso tratamiento despectivo. Estoy harto.
Las mujeres, como siempre, foco de maldad. La píldora y el aborto, crímenes. El cambio climático, que por lo visto existe, si existe por culpa de lo anterior combinado. La moral, que sea la de ellos, pública, en escuelas, inserta en la educación, donde ellos, grupos privados, pueden enseñar valores, pero no los Estados. Y los no creyentes, los ateos, la maldad encarnada de las ficciones que ellos declaman en sus púlpitos.
No, definitivamente, no. Las religiones son un daño para el ser humano. No confortan. No mejoran la vida de quienes las practican. No hacen progresar ni material ni espiritualmente. No son, finalmente, positivas en ningún caso.
Durante la historia de la humanidad, siempre se ha buscado una respuesta a la inquietante pregunta de "Quiénes somos". Se ha intentado responder con un "de la creación de un Dios" pero sin solventar con ello la pregunta principal, es más, generando múltiples nuevas preguntas sin soluciones claras. De hecho, una respuesta podría ser que "somos quienes queremos ser", tan sencilla y desprovista de divinidades que parece obvia. Sobre la de "A dónde vamos", igualmente se puede decir, "donde queramos ir". Y la más compleja, "De dónde venimos", ya la comenzó a responder una pléyade de individuos capaces en las más diversas disciplinas. Aun montamos el puzzle, pero en la ecuación, desde luego, no hay una variable que pueda responderse como "dios".
¿Acaso es tan complicado? No, lo hemos complicado nosotros, dándole un poder moral y represor a individuos que abanderan religiones como respuestas a las anteriores preguntas y otras muchas. Nos hemos desvirtuado regalando el poder de decidir nuestras vidas, en la medida de lo posible, a malversadores, impostores, lunáticos y mentirosos que han tomado decisiones catastróficas por nosotros. Por dejarles tomarlas, por no detenerles, por no acabar con ellos antes. Las religiones son el marco de éste problema tan profundamente enraizado en nuestra historia...
La verdadera separación del Estado y la Religión es casi utópica. La segunda es como una amante despechada que acosa, vigila, sigue los pasos del primero para chantajearle moralmente y que, si logra reestablecer la relación, lo hace de un modo tiránico y absoluto. Por eso, quizá la única forma de separación es la de eliminar a la Religión de la pareja. Y como un Estado no cambia de domicilio, de teléfono o de cuenta de correo, la única forma que queda es la eliminación total de dicha pareja.
La única violencia de "género" que yo, personalmente, aceptaría.
Un saludo,
Traducido, que estoy muy harto. Poner pegatinas descafeinadas en buses diciendo que probablemente dios no existe (tibio, cobarde, neutro) provoca la respuesta encendida de un ultraderechista y ultraconservador como Rouco, la descalificación de periodicuchos escritos por peridistuchos y gentuza variada, como un "ataque a derechos fundamentales, principalmente el de la libertad religiosa". Pero vamos a ver, ¿qué entiende esta gentuza, esos sotanás, esos castradores por "libertad religiosa"? ¿que solamente ellos tengan potestad para dirigirse a los sentimientos de las personas, sean los que sean?
Yo de momento ya lo tengo claro, dios en minúscula. No merece que sea correcto gramaticalmente. Y además, una declaración clara; todo aquel religioso que me insinúe una sola vez algo de su dios, de su religión, cualquier cosa, percibirá dos reacciones; la primera, de absoluto rechazo. La segunda, al ver que no sirven de nada los argumentos, puesto que es un sentimiento, de indiferencia e incluso tratamiento despectivo. Estoy harto.
Las mujeres, como siempre, foco de maldad. La píldora y el aborto, crímenes. El cambio climático, que por lo visto existe, si existe por culpa de lo anterior combinado. La moral, que sea la de ellos, pública, en escuelas, inserta en la educación, donde ellos, grupos privados, pueden enseñar valores, pero no los Estados. Y los no creyentes, los ateos, la maldad encarnada de las ficciones que ellos declaman en sus púlpitos.
No, definitivamente, no. Las religiones son un daño para el ser humano. No confortan. No mejoran la vida de quienes las practican. No hacen progresar ni material ni espiritualmente. No son, finalmente, positivas en ningún caso.
Durante la historia de la humanidad, siempre se ha buscado una respuesta a la inquietante pregunta de "Quiénes somos". Se ha intentado responder con un "de la creación de un Dios" pero sin solventar con ello la pregunta principal, es más, generando múltiples nuevas preguntas sin soluciones claras. De hecho, una respuesta podría ser que "somos quienes queremos ser", tan sencilla y desprovista de divinidades que parece obvia. Sobre la de "A dónde vamos", igualmente se puede decir, "donde queramos ir". Y la más compleja, "De dónde venimos", ya la comenzó a responder una pléyade de individuos capaces en las más diversas disciplinas. Aun montamos el puzzle, pero en la ecuación, desde luego, no hay una variable que pueda responderse como "dios".
¿Acaso es tan complicado? No, lo hemos complicado nosotros, dándole un poder moral y represor a individuos que abanderan religiones como respuestas a las anteriores preguntas y otras muchas. Nos hemos desvirtuado regalando el poder de decidir nuestras vidas, en la medida de lo posible, a malversadores, impostores, lunáticos y mentirosos que han tomado decisiones catastróficas por nosotros. Por dejarles tomarlas, por no detenerles, por no acabar con ellos antes. Las religiones son el marco de éste problema tan profundamente enraizado en nuestra historia...
La verdadera separación del Estado y la Religión es casi utópica. La segunda es como una amante despechada que acosa, vigila, sigue los pasos del primero para chantajearle moralmente y que, si logra reestablecer la relación, lo hace de un modo tiránico y absoluto. Por eso, quizá la única forma de separación es la de eliminar a la Religión de la pareja. Y como un Estado no cambia de domicilio, de teléfono o de cuenta de correo, la única forma que queda es la eliminación total de dicha pareja.
La única violencia de "género" que yo, personalmente, aceptaría.
Un saludo,
miércoles, 14 de enero de 2009
Sión, Hamás, antisemitas y otras hierbas mal cocidas...
A día de hoy, la enésima ofensiva israelí sobre territorios palestinos provoca como siempre las diversas reacciones de muchos países y personas. Algunos aplauden, argumentando que es su derecho para defenderse de la continuada agresión de los palestinos y quienes les apoyan (Irán, principalmente) y que desean barrerlos de la zona. Otros lo rechazan, con la Kefia, reminiscencia hippie y símbolo de la resistencia a un pueblo opresor, diciendo que no es el camino. Entre medias, de todos los colores...
Yo no soy antisemita, pero sí tengo cosas en contra del Sionismo. La primera y fundamental, que pretender fundar un estado en el mismo territorio donde ya existía otro estado o algo similar es una barbaridad. Eso llevó a los judíos al terrorismo contra ingleses y franceses (algo que a día de hoy no se recuerda convenientemente...) y luego a los palestinos contra los judíos. Hay una película, "Hanna K", de Costa-Gavras, que lo refleja con especial crudeza. Un palestino que vuelve a su vieja casa, robada por una familia israelí. Algo similar de lo que ocurrió cuando los judíos de Europa volvían a sus hogares en Polonia o en otras zonas; sus casas las habían ocupado otros...
Digo que estoy en contra del sionismo también porque los movimientos nacionalistas me ponen enfermo, pero los nacionalistas con un fuerte componente religioso que buscan fundar estados casi teocráticos, aun más. Me temo que este es uno de los casos.
Pero claro, no todo es blanco y negro. Igual que me opongo como he dicho al sionismo por esos dos puntos, rechazo de plano las soluciones tomadas por los estados teocráticos y menos democráticos de los alrededores de Israel. Montar una guerra de "exterminio" contra los judíos echándoles de allí. Cierto que las razones existen, a fin de cuentas, ellos llevaban viviendo allí más o menos los últimos 2.000 años desde que Adriano decidió que ese pueblo ultrarreligioso era intratable y los expulsó. Pero en el debe de los países teocráticos musulmanes (otro nacionalismo religioso igual de peligroso, con el agravante de la menor democracia) está que no usen nunca términos negociadores de calado y, sobre todo, usen ayudas materiales para que los refugiados y demás se encuentren en mejores condiciones. Quizá lo hacen, pero como los misioneros, que antes de dar la cucharada de comida obligaban a recitar la Biblia en verso...
Así pues, enemigos irreconciliables... o no. En el primer punto, Israel usa diplomáticamente siempre que puede el antisemitismo para defender sus acciones. En el segundo punto, los palestinos, Hamás y otros, usan el "contubernio judío" internacional y otros males variados para justificar sus acciones, presentándose como víctimas. Tan víctimas son los miles de palestinos arrasados por tanques y excavadoras como los cientos o menos de israelís arrasados por cohetes, suicidas y otras cosas.
¿Qué queda? Negociar. Moshe Dayan, que luchó y ganó la famosa guerra de los 7 días, dejó claro que, tras la guerra, tocaba la negociación. Y mejor otra negociación y un pacto para la convivencia que la guerra de nuevo... pero eso no valida los "No a la guerra!" tan extemporáneos que se sueltan a veces. Más bien, refrenda que todo es negociable, pero si hay verdadera voluntad. Y quizá la misma venga por dejar aparcado el tema religioso y pensar en montar una comunidad multicultural con representatividad en el parlamento, más del tipo Un Estado, Dos pueblos. Ah, que Yugoslavia fue así y se fue al garete... ¿entonces, seguimos viviendo masacres?
Un saludo,
Yo no soy antisemita, pero sí tengo cosas en contra del Sionismo. La primera y fundamental, que pretender fundar un estado en el mismo territorio donde ya existía otro estado o algo similar es una barbaridad. Eso llevó a los judíos al terrorismo contra ingleses y franceses (algo que a día de hoy no se recuerda convenientemente...) y luego a los palestinos contra los judíos. Hay una película, "Hanna K", de Costa-Gavras, que lo refleja con especial crudeza. Un palestino que vuelve a su vieja casa, robada por una familia israelí. Algo similar de lo que ocurrió cuando los judíos de Europa volvían a sus hogares en Polonia o en otras zonas; sus casas las habían ocupado otros...
Digo que estoy en contra del sionismo también porque los movimientos nacionalistas me ponen enfermo, pero los nacionalistas con un fuerte componente religioso que buscan fundar estados casi teocráticos, aun más. Me temo que este es uno de los casos.
Pero claro, no todo es blanco y negro. Igual que me opongo como he dicho al sionismo por esos dos puntos, rechazo de plano las soluciones tomadas por los estados teocráticos y menos democráticos de los alrededores de Israel. Montar una guerra de "exterminio" contra los judíos echándoles de allí. Cierto que las razones existen, a fin de cuentas, ellos llevaban viviendo allí más o menos los últimos 2.000 años desde que Adriano decidió que ese pueblo ultrarreligioso era intratable y los expulsó. Pero en el debe de los países teocráticos musulmanes (otro nacionalismo religioso igual de peligroso, con el agravante de la menor democracia) está que no usen nunca términos negociadores de calado y, sobre todo, usen ayudas materiales para que los refugiados y demás se encuentren en mejores condiciones. Quizá lo hacen, pero como los misioneros, que antes de dar la cucharada de comida obligaban a recitar la Biblia en verso...
Así pues, enemigos irreconciliables... o no. En el primer punto, Israel usa diplomáticamente siempre que puede el antisemitismo para defender sus acciones. En el segundo punto, los palestinos, Hamás y otros, usan el "contubernio judío" internacional y otros males variados para justificar sus acciones, presentándose como víctimas. Tan víctimas son los miles de palestinos arrasados por tanques y excavadoras como los cientos o menos de israelís arrasados por cohetes, suicidas y otras cosas.
¿Qué queda? Negociar. Moshe Dayan, que luchó y ganó la famosa guerra de los 7 días, dejó claro que, tras la guerra, tocaba la negociación. Y mejor otra negociación y un pacto para la convivencia que la guerra de nuevo... pero eso no valida los "No a la guerra!" tan extemporáneos que se sueltan a veces. Más bien, refrenda que todo es negociable, pero si hay verdadera voluntad. Y quizá la misma venga por dejar aparcado el tema religioso y pensar en montar una comunidad multicultural con representatividad en el parlamento, más del tipo Un Estado, Dos pueblos. Ah, que Yugoslavia fue así y se fue al garete... ¿entonces, seguimos viviendo masacres?
Un saludo,
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