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viernes, 21 de noviembre de 2008

Nueva York

Es curioso cómo en toda tienda de decoración o con cuadros y fotos, tengan siempre alguna de Nueva York; el Empire State, el Flatiron, Central Park, el puente de Brooklyn... Además, láminas grandes, amplias. Suelo ver siempre a alguien que se lleva una bajo el brazo, y son de toda edad y condición. En las exposiciones de muebles, siempre hay una foto de las mencionadas, y suele coincidir con ambientes del tipo llamado moderno, de aspecto cosmopolita. Una pieza más del decorado...

Imagino que hay de todo. Desde el que desearía ir, y no puede, y se consuela así, hasta el hortera que se las da de viajado, "comospolita" e incluso internacional. También habrá el que simplemente vea un gusto estético. Además, Nueva York permite que se admiren los E.E.U.U. de América pero sin que se pierda el recelo por el nuevo Imperio. En todo caso, se tienen fotos de Nueva York, se sabe mucho de la ciudad por el cine (es donde se dan la mitad de invasiones alienígenas, asesinatos truculentos, catástrofes varias y por supuesto, donde todo ocurre, sea lo que sea, como metáfora de cualquier núcleo urbano) y se siente uno como si la conociera, pero lo cierto es que, Nueva York, con todo, no es más que eso; una ciudad.

Cada día me sorprenden menos las ciudades. Volví a Londres hace poco, rememorando mi vida allí hace muchos años. Cambiaron muchas cosas; primero de todo, que tenía dinero y me portaba como un turista. Y no me sentí apabullado, en ningún caso. Sí me sorprendí de una parte de la ciudad que no tenía tan vista; Regent's Park. Allí, un amigo de la Asociación, Israel, junto con su novia, Sole, me dieron una clase magistral de flora y fauna. Reconozco mi analfabetismo absoluto para éste tipo de cosas. Y por eso, disfruté, en plena ciudad, del campo. Eso sí me sorprendió.

También me sorprendí redescubriendo los almacenes de cultura que son los Museos hoy día. Almacenes de rebajas, muchas veces, porque allí van manadas de personas incapaces de saber a qué van. Un Museo es para ellos como el intermedio entre las compras en la misma tienda de ropa que tendrían en su casa (pero allí es que es otra ciudad, Londres, Nueva York, París...) y el restaurante donde no entienden ni la carta. A mí me encanta el British. Es un santuario del expolio mundial (como otros muchos museos, aunque he de decir que en España siempre decimos en bajo que la mayor parte de nuestras colecciones tienen factura, e incluso, supongo, con IVA) pero está muy bien organizado y orientado a la visita. También me sentí en el cielo, extasiado casi, con el MET de Nueva York. Incluso el Rijksmuseum de Ámsterdam me encantó, a pesar de que está pagado casi todo con plata y oro españoles... y en medio de aquellos lugares, democratizando la cultura, pagando a las agencias y sintiendo vergüenza ajena, siempre está el mismo turista impenitente de siempre, venga de donde venga.

Las ciudades son pocas para vivir, si no se tiene dinero. Si se tiene, hay que tener tiempo. El mismo equilibrio difícil de siempre. Yo no estoy hecho para el campo, porque soy demasiado vago. Salvo necesidad, no suelo hacer nada. Pero tampoco para la ciudad, porque incluso en los parques, ese remedio infantil de los humanos que intenta solventar la asfixia del asfalto, hormigón y hierro, acabo aburrido. Pero he de reconocer algo; no quiero colgar ninguna foto de N.Y. en mi casa, al menos no en sitios muy visibles, ni nada parecido. Atesoro momentos y sensaciones que una foto no recoge, y por eso, cuando veo en las tiendas donde últimamente paso muchas horas a gente comprándolas o admirándolas, siento nostalgia, siento soledad, y siento mucho no vivir en aquella ciudad, en aquellos lugares donde mi ensueño me llevaría... pero que no quiero colgar en las paredes de mi casa, pues ahí, aunque sorprenda, vivo.

Un saludo,

lunes, 10 de noviembre de 2008

Hasta luego, Trecet. Adios, Tony...

Acabo de descubrir ahora mismo que Trecet ha terminado en RNE3. Su programa, "Diálogos 3", llevaba muchos años. Yo, que recuerde, llevaba más de 15 años oyéndolo. Ha tenido mejores y peores programas, ha demostrado ser muchas veces un maleducado con los que entrevistaba, cortándolos, haciendo comentarios peregrinos, incluso siendo realmente molesto para el oyente que quería escuchar la música que él había encontrado, no a él.

Trecet también es para mí un recuerdo de la NBA, de los partidos de basket comentados por un tipo que inventó el "Catacrock!" o "Ding-Dong!" muchísimo antes de que el tipo ese de la Sexta jugara a ser un Speaker de primera. También había partidos que animaba igual que los destrozaba con eternas digresiones que no venían a cuento, aunque no mucho más que Barthe.

Para mí, éste tipo combinaba tres cualidades; encontraba muy buena música, le gustaba mucho y bien el baloncesto y, para finalizar, a veces hacía comentarios muy inteligentes, agudos, certeros, apropiados. No todo iba a ser un coñazo...

"Diálogos 3" era para mí una cita a la que llevaba siendo infiel casi más de un año. Pero recuerdo mis primeros programas, flipando con la música que ponía, mientras escribía cartas a un amigo que estudiaba entonces en Alba de Tormes. Puso también banda sonora a los tebeos y libros que leía, y también marco sonoro a mis siestas donde no dormía tanto como reflexionaba, o no reflexionaba tanto como dormía. Cuando comencé a trabajar, las tres era la hora en que había que sintonizar el 93.2 de la radio. Y cuando salía un poco antes de esa hora, tenía una radio portátil, que primero fue un walkman, luego una radio pequeña, después un mp3 con radio, donde sintonizaba a Trecet y escuchaba la ración diaria de buena música que ponía. Hubo un tiempo en el que estaba tan bien que los sábados y domingos hacía el programa (de nombre, por desgracia) Lara López, buena voz y mediocre selección.

Y así pasaron los años. Yo escuchaba cada vez menos fiel a Trecet, menos tiempo la radio y "Diálogos 3", y había cosas que se rumoreaban siempre de cómo hacía su selección de música (la mujer y su discográfica, entre otras) que no era siempre por puro buen gusto. Pero lo cierto es que era un oasis... que ya en 2007 avisaba sobre la futura sequía, puesto que la Radio pública, la de "todos", quería cercenar a los veteranos, por el coste y tal, y renovar de cabo a rabo todo. Y él lo decía, que no llegaba a diciembre de 2008... así que me encuentro hoy, 10 de noviembre de 2008, que el programa no se emite desde el 1. Ya veis, muchos días de infidelidad por mi parte. Pero ahora mismo estoy escuchando el podcast del último programa, del 31 de octubre. Sigue siendo él. Aunque sea grabación antigua. Es el programa que me gustaba, incluso teniendo una cierta menor calidad. Ahora ya no estará más...

A ésto se junta algo totalmente banal para algunos, pero curiosamente algo traumático para mí. He terminado de ver "Los Soprano". Y no digo más. Mi amigo Rafita, junto a su novia Tuul, y mi querida Cris, entenderán el porqué del trauma.

Pero hoy lunes, me entenderán que me sienta algo perdido. Trecet y "Diálogos 3", después de casi 20 años, ya no sé dónde estarán. Tony, Carm, Chrissy, Meadow, Sil, Junior, Paulie... esos llevaban también unos años. Puede que me reencuentre con Trecet en alguna otra radio, si eso es posible. Y puede que vuelva a ver la serie algún día (de momento, Metadona televisiva en forma de "Mad Men" o "Californication") pero no puede uno dejar de pensar en los amigos que se van. Como cuando cierras un libro y te despides de un personaje, o de varios, o de un lugar, o de unas situaciones y sentimientos. El mismo sentimiento de pérdida y de estar perdido. O, más bien, en el mismo sitio pero con menos luces a tu alrededor...

En fin. No siempre se van los mejores, pero no es mejor lo que se queda... a veces, solo es... diferente.

Un saludo,

sábado, 8 de noviembre de 2008

Los días del pasado

Tenemos una rara costumbre los seres humanos que consiste en idealizar el pasado y hablar de él como si fueran tiempos de oro y los actuales, de hierro. En los días pasados, todo era una Arcadia feliz, un mundo de jardines, frutas a rebosar, comida en abundancia, sol radiante, buena temperatura, placeres, agrados, buenos gustos y felicidad, en suma.

Todo eso tiene una explicación, por supuesto, pero es lo de menos. Lo importante es que los recuerdos, en un 90% de las ocasiones, son falsedades que nos inventamos para sobrevivir al presente o encarar el futuro, o manipulaciones para lograr objetivos. La Historia, así, no es más que un campo de batalla donde se libran sucias escaramuzas.

Normalmente, arrastramos un pasado con nosotros. No somos inmaculadas presencias en la Tierra, no. Pero dicho pasado lo cambiamos, modificamos y alteramos a nuestro gusto o disgusto ajeno. Si hacemos algo así con nuestras propias vidas, ¿qué no hacer con las extrañas?

Veo en amigos que hay tendencia a idealizar, hacer romántica su pasada vida. Da la sensación de que siempre "aquellos eran los buenos tiempos" y los actuales son inevitables males a sufrir con un extraño masoquismo o placer nada estoico. En vez de tomar del cuello el presente y hacer lo que deben, lo que quieren, lo que sueñan, se refugian en pasados falsos, en mitos, en leyendas urbanas. Da miedo esa falta de responsabilidad, esa comodidad ante la vida, la nula disposición a la lucha. Si no luchamos por nuestra vida presente, ¿qué importa todo?

El pasado es peligroso. Mal recordado, es un arma dolorosa. Inventado, una herramienta de manipulación del futuro. Hay que ser conscientes de la realidad, afrontarla y vivir con ella. Solamente así nuestro presente tendrá el valor, efímero, pero cierto, de la vida.

Un saludo,

jueves, 30 de octubre de 2008

Monarquías de anteayer

Es interesante observar, escuchar y leer las reacciones que provocan hoy el libro sobre Sofía, titulada Reina de España. En El País, cómo no, se filtran algunas de las opiniones de ésta mujer dichas en conversaciones con Pilar Urbano, de quien no tengo muy buena opinión, todo sea dicho. Creo que muchos las conocen, así que no me extenderé en ellas.

Lo interesante es ver cómo están los roles tan bien repartidos. Colectivos homosexuales se lanzan a degüello para defender su sacrosantísima homosexualidad ganada a pulso y peleada con rabia muchos años. Histriónicamente, incluso. Políticos de izquierda como Llamazares plantean un tibio, por no decir frío, republicanismo tímido y casi infantil, que entra en su esquema cerrado de tópicos. Otros de derecha, como Pujalte, pues defienden castiza, chulesca y desacomplejadamente lo dicho por Sofía, puesto que entra en consonancia con sus planteamientos tradicionalistas y conservadores, incluso reaccionarios. Y políticos de no se sabe qué signo, el PSOE, ni comentan. El resto, pues al ciudadano de a pie ni le va ni le viene, y al que va en Audi, pues le servirá para hablar de algo en la sobremesa.

Me choca que los colectivos republicanos de éste país, que son más bien un conjunto de pintorescos románticos, pueriles, incapaces de análisis crítico y sereno, juguetones con la memoria selectiva pero no con la constructiva y, sobre todo, impedidos de armar una buena y robusta oposición que pueda lograr una República en España, no hagan sangre más allá del tópico y del dogma. Hemos tenido muchas formas de denunciar ésta monarquía, de anteayer, de antes de anteayer, señalada por Franco y apuntalada por la ley de la Omertá política donde se repartió el botín (bueno, lo llamamos "Transición", elevada a los altares de la nula crítica) y sin embargo, desde aquel día que Carrillo decidió posar con la bandera de la Marina, usada por los gobiernos de todo signo pero especialmente y en los últimos 40 años por una Dictadura autoritaria, represiva, sectaria y criminal, repito, desde que posó con ella y no la tricolor, la opción republicana ha sido siempre de vino aguado, de leche con miel y de cuento del coco para muchos. No existe, no parece que pueda existir, una opción clara.

Así que tendremos un país de anteayer, con muebles de mañana, incluyendo huecos donde, como en el cuento del Rey Desnudo, vemos piezas de mobiliario que no están pero nos hacen creer que sí. ¿Siquiera tenemos un niño que lo grite bien alto?

Será que no...

Un saludo,

domingo, 26 de octubre de 2008

Peligroso Laicismo

La RAE define Laicismo como "Doctrina que defiende la independencia del hombre o de la sociedad, y más particularmente del Estado, respecto de cualquier organización o confesión religiosa." Esto es, que las normas éticas, que las premisas morales, que los dictados y dogmas no provengan de ninguna religión. Pero es curioso que últimamente los administradores de esas religiones cargen las tintas contra el laicismo, tildándolo de antesala del infierno en la tierra, de llave para el anticristo y otras sandeces varias.

Viene a cuento porque en Londres, Dawkins, conocido ateo (que podría ser el apóstol del ateismo, el paladín del laicismo) ha logrado introducir una publicidad en los buses que es sencilla, demoledora y, quizá, infantil. Dice así: "Probablemente Dios no existe, por lo que relájense y disfruten de la vida"

Probablemente. Ha sido cauto, prudente y sereno. No ha cargado las tintas con un "Dios no existe" tan categórico como el dogma eclesiástico que dice lo contrario, ni ha generado una certeza tan presuntuosa como las de cualquier credo. Permite pensar, permite dudar, hace que nos planteemos que, quizá, Dios o los Dioses que hay por ahí no tengan por qué existir, que no sean necesarios para la vida. Y entonces, si es así, podemos pensar en vivir, en hacer de nuestro mundo un lugar mejor, un lugar más placentero y apto para la vida con felicidad, ese objetivo tan pocas veces abanderado por las religiones (que más bien hablan de la felicidad... tras la muerte)

Aquí, en España, seguimos dando palos de ciego. No producimos un ateo militante como Dawkins; no tenemos un hedonista ético como Michel Onfray. Carecemos de pensadores alejados de lo religioso que no sean tan dogmáticos como los dogmáticos religiosos. Tenemos el grave problema del péndulo, que nunca se queda en un punto medio, quieto, tranquilo. Siempre está en uno de los extremos, violento, inestable, peligroso. España es un país de extraños altercados mentales en los que siempre estamos inmersos, llevados a lo físico. ¿Qué será? Quizá, si entendemos el laicismo como lo define la RAE, otro gallo nos cantaría... aunque fuera gabacho.

En fin, mientras que los buses de Londres ponen esa publicidad de Dawkins y compañía, aquí, en Madrid, la EMT prohíbe un anuncio de una película que, a buen seguro, es muy peligrosa para la buena moral, la buena ética y la buena salud de los españoles, la de "Diario de una ninfómana" (el resaltado es mío)

País

Un saludo,

miércoles, 15 de octubre de 2008

Noticias varias, mismas reflexiones

Leo hoy en varios diarios lo de la prohibición del cartel de "Diario de una Ninfómana", y me encanta la foto de su protagonista, Belén Fabra, con cara de sorpresa tapando parte de la susodicha publicidad. Pacatería y moralidad absurda respondidas con humor y atractivo ingenio.

Pero la moral no para, y Rouco sigue empeñado en librarnos del relativismo moral y la ética pervertida del laicismo radical que nos lleva al nacismo y fascismo. Claro, todo a colación del recurso de la Agencia de Protección de Datos respecto de la última sentencia del Supremo que impide apostatar efectivamente, puesto que no se deja constancia en los libros de bautismo... primer paso para reducir la financiación de la secta católica en España.

Y si de moral hablamos, nula la de los politicos mundiales. Aunque algunos se maten en accidentes de coche por ir borrachos (y da pena que alguien muera, aunque sea neonazi, como el austríaco Haider) y otros confiesen el coñazo de ir a actos oficiales y luego se quejen de ser tildados de payasos (¿será que la verdad ofende?) la mayoría simplemente capea éste temporal de crisis financiera, siempre peor que la ética (aunque Rouco sostenga que "Dios es siempre de confianza"...) con recetas intervencionistas, mareando el mercado capitalista con socialismos extravagantes que pagan finalmente los ciudadanos de a pie... para que las oligarquías sigan igual.

No puedo dejar de recordar qué buena es la letra de "Cambalache" de Discépolo. Y como leer las noticias me la trae siempre a colación, aquí la copio por enésima vez... y las que quedan, ¡porque vaya enseñanza!

Que el mundo fue y será una porquería,
ya lo se...
en el quinientos seis
y en el dos mil también.
Que siempre ha habido chorros,
maquiavelos y estafaos,
contentos y amargaos,
valores y dublés...
Pero que el siglo veinte
es un despliegue
de maldad insolente
ya no hay quien lo niegue.
Vivimos revolcaos en un merengue
y en un mismo lodo
todos manoseaos...

Hoy resulta que es lo mismo
ser derecho que traidor..
ignorante, sabio, chorro,
generoso o estafador
¡Todo es igual! ¡Nada es mejor!
¡Lo mismo un burro
que un gran profesor!
¡No hay aplazaos ni escalafón,
los inmorales nos han igualao!
Si uno vive en la impostura
y otro roba en su ambición,
da lo mismo que sea cura,
colchonero, rey de bastos,
caradura o polizón...

¡Que falta de respeto,
que atropello a la razón!
¡Cualquiera es un señor!
¡Cualquiera es un ladrón!
Mezclao con Stavisky va Don Bosco
y «La Mignón»,
Don Chicho y Napoleón,
Carnera y San Martín...
Igual que en la vidriera irrespetuosa
de los cambalaches
se ha mezclao la vida
y herida por un sable sin remache
ves llorar la Biblia
contra un calefón.

Siglo veinte, cambalache
problemático y febril
El que no llora, no mama,
y el que no afana es un gil.
¡Dale nomás! ¡Dale que va!
¡Que allá en el horno
nos vamo a encontrar!
¡No pienses más,
sentate a un lao!
Que a nadie importa
si naciste honrao.
Que es lo mismo el que labura
noche y día, como un buey
que el que vive de los otros,
que el que mata o el que cura
o está fuera de la ley.

Un saludo,

martes, 14 de octubre de 2008

Privatiza, que algo queda...

Lo reconozco, soy un maldito creyente en la intervención pública sobre determinadas esferas. Soy tan estúpido, que pienso en servicios como la sanidad o la educación y veo tontamente que la calidad de los mismos viene de la mano de un funcionariado profesional y capaz, estable y suficiente, que cure, enseñe y sobre todo mejore nuestra calidad de vida sin pensar en su posible despido o falta de salario. Soy tan memo que creo en una policía o bomberos públicos, gestionados por Administraciones, o en servicios tan poco esenciales como el agua o la electricidad en donde antes que el beneficio de unos pocos se tenga primero el buen servicio de muchos ciudadanos. Finalmente, soy un inepto total por no darme cuenta de que todo eso genera pérdidas inasumibles, aunque pagáramos más impuestos, porque se los quedan los políticos corruptos, contrariamente a la viva imagen de la probidad, honestidad y buen juicio de empresarios cuya benevolencia es infinita, y que en su consecución del beneficio, de la obtención de la plusvalía (ah, ese Marx, qué cascajo más desagradable...) solamente piensan en el mejor de los resultados para los usuarios y consumidores.

Desde luego, mi estulticia me impide darme cuenta de los inmensos y positivos beneficios de la privatización de todos los servicios posibles. Así, un día, cuando tengamos a Robocop o nos graven el aire que respiramos (quizá porque hayamos llegado a Marte) me daré cuenta de cuánto ha mejorado la policía y el buqué del oxígeno. También tendré una sanidad envidiable, donde antes que obtener dividendos para su junta de accionistas, mediante edificios construidos en plena crisis inmobiliaria con dinero público, se lograrán grandes resultados para los pacientes. Y mi educación será inmejorable, patrocinada por Coca-Cola y Ketchup Heinz, puesto que nada de inútiles trabajos de etnografía, paleografía, etología y cualquier otro palabro que acabe en -grafía o -logía y no tenga que ver con ¡Termodinámica! no no, pelotazo más bien... naturalmente, mis hijos (porque la moral me impedirá usar condones) disfrutarán de ventajas sumas como pavimentación a cargo de empresas sub-sub-sub-sub-sub-subcontratadas, iluminación mediante antorchas y hachones portados por nuevos esclavos de sus deudas, seguramente viejos profesores de gramática clásica (no la magnífica SMS) y sobre todas las cosas, mis hijos podrán decir que viven en la única Comunidad del mundo donde viajar en Metro desde Puerta del Sol a Plaça Catalunya se puede hacer con un Bono mensual, o siguiendo la M-90, anillo circundante a Madrid que pasará por Córdoba, Valencia, Bilbao y quizá con suerte Lisboa.

Desde luego, soy un viejo dañino. Tendría que morirme y ser enterrado, o mejor, incinerado en alguna de las empresas privadas de la ciudad que vierten cenizas a los parques (es bueno, porque fertiliza) y que son un negocio inacabable y, por supuesto, para no variar privado.

Claro que, privatizando los beneficios... hemos hecho públicas las pérdidas.

Un saludo, antes de privatizar este Blooog...

martes, 7 de octubre de 2008

Del mercado y la política

Hablaba el otro día de la obra de Marx, y creo que su vigencia es, cada día, mayor, aparte de que como dije, el Capitalismo sigue siendo nefasto. Tanto, que se ha decidido entrar a salvarlo de la manera más anticapitalista; interviniendo estatalmente en los bancos, puntales del sistema. Claro que eso significa socializar las pérdidas (el Estado se nutre de nuestros impuestos…) para que los beneficios sigan siendo privativos de unos pocos. Curiosa corrección al sistema…

Pero es que vivimos malos tiempos. El mundo capitalista del que formo parte, junto al resto, es depredador. Y cuando no hay presas a las que atacar, se revuelve contra sí mismo. Es como una célula convertida en cancerosa. Siempre va a por las mismas presas; las débiles. Las fuertes, salvo revolución entre medias, siguen respirando.

Es interesante que ahora mismo también haya una exposición en el Thyssen sobre la Primera Guerra Mundial (la Gran Guerra, la llamaban todavía en 1939) y se ponga de manifiesto la perplejidad ante la actitud del mundo intelectual y artístico, que era sobremanera positivo, exultante y entusiasmado con la lucha. Bueno, no todos… algunos desde el inicio la rechazaron, pero se unieron pronto al esfuerzo de mantener la hoguera encendida, antes de caer rechazados. Viene a colación esto porque era una época de optimismo, de ilusión en la prosperidad infinita, en el maquinismo, en el progreso ininterrumpido… como hasta hace poco ahora. Y vivieron luego su crack de 1929, algo que ahora se menciona mucho. ¿Estaremos a las puertas de algo parecido?

No lo sé. Es difícil, pero se muestra que cada uno salva los muebles como puede. Irlanda pasó de la UE, luego Alemania, y ya todos corren como narcos en una redada para que sus preciosos bancos, de pragmáticos capitalistas, sin puro ni chistera, salven los beneficios. De momento, el ladrillo se diversifica y se invierte en otro, el público (Sanidad, Educación) para así seguir el movimiento y de paso socavar el mismo sistema que socava siempre al Estado.

Tiempos absurdos, pero seguramente, si Marx los viviera, reconocería en gran medida las mismas constantes de su tiempo. Avaricia, codicia, y sobre todo, una izquierda rota, dividida, insulsa, que ya hace tiempo puso la cerviz bajo la daga del Capital, y que abandera proyectos bajo etiquetas vaporosas. El futuro siempre es oscuro, pero solamente vemos la tormenta cuando nos salpica.

Un saludo,

viernes, 12 de septiembre de 2008

Das Kapital

Quedaba el tercer pilar del mundo moderno (tras el religioso y el nacional) por criticar, y qué mejor que hacerlo mediante el recuerdo de los libros de un filósofo pobre, Karl Marx, maltratado ya en vida y mucho más posteriormente (Otro Karl, éste Popper, le dedicó argumentos como aquel criticando el historicismo de la obra de Marx) por decenas de “Liberales” (malogrado término a día de hoy) y otros triunfalistas post-soviéticos. Lo cierto es que el Capitalismo, como sistema actual económico y político, es nefasto. Y lo es por muchas razones.

Primero de todo, es como el Moloch ilustrado por Fritz Lanz en “Metrópolis”, un monstruo que devora sin compasión. Es un mecanismo feroz, que no para, que no se detiene, y que se alimenta de personas. Sin ellas, es ineficaz. Aunque las personas no deseen entrar en él, forman ya parte de él. Y no hay muchas maneras de escapar, salvo contadas ocasiones. Siempre hay reemplazos.

Segundo, está tan consolidado como sistema que no tenemos claro qué puede sustituirlo, y es más, el miedo a cambiarlo, con todas sus consecuencias, es infinitamente mayor que la esperanza de un cambio. Por tanto, usa el miedo, como la religión o el nacionalismo, para pervivir.

Tercero y más importante; genera muchos bienes, pero para ello, como decía Tomás Moro, primero ha de crear culpables para luego aplicarles un castigo. Esto es, primero han de existir personas esquilmadas, tierras sustraídas, producciones parasitadas y todo un compendio más de robos para pervivir. Con ese resultado, podemos comprar los armarios de Ikea, los pollos de Carrefour, el pegamento en Leroy Merlin, los televisores en Media Markt y así con todo. Una persona medianamente rica vive sobre los hombros de decenas inmensamente pobres. Como yo y casi todos los que leen esto. Perqueños carroñeros...

Así pues, uno se pregunta, ¿es posible cambiar el capitalismo por otro sistema? No. Se intentó en otras épocas, de manera ideal, sangrienta e incluso práctica. Fracasó. ¿Se puede entonces modificar el capitalismo? Prácticamente, no. Las moderaciones de los movimientos sociales han sido lentas, escasas, siempre a punto de perderse (como en nuestros días, donde un nuevo vendaval depredador busca aniquilar todas las mejoras de una pequeña parte del mundo) y encima, insuficientes. ¿Qué hacer, pues?

Dice el dicho castellano que “las cosas de palacio, van despacio”. Siempre es así. El ser humano no tiene grandes objetivos en mente a desarrollar con brillantez (antes hubo algún que otro estadista, pero los menos; el resto, son burócratas para el mantenimiento de su poder…) pero sí aspiraciones, anhelos y sueños. Quizá la corriente, si surge, sea capaz de parar el vendaval del que hablo (y lamentablemente, gran parte de la Derecha en éste y otros países sopla así al viento) mediante pequeñas acciones. Quizá Moloch no tenga mucho más que comer, y se haga más voraz y entonces más violento, usando para ello a sus guardias (sean los que sean; no es cuestión de policía o ejércitos, también está la coerción mediante sutiles formas como la de echar al individuo del sistema…) y eso vuelva a traernos las revueltas, revoluciones y demás motines sangrientos. O no, según Popper, porque la miseria del historicismo es lo que tiene. Como Fukuyama, la Historia acaba, ya no hay ideologías, solo un sistema, un mundo, una forma. El Capital.

Y yo ya parezco la bruja Avería…

Un saludo,

martes, 9 de septiembre de 2008

Más de religión

Si ayer criticaba los nacionalismos como un virus caduco e innecesario que produce más males que soluciones, hoy retomo mi diatriba contra las religiones. ¿Todas? se preguntará algún astuto lector (creo que no tengo de esos) y sí, diré que todas.

No hace falta ser experto en antropología para entender al ser humano en cuanto a su sentimiento de fe y necesidad de trascender. Todo hombre, desde que siente, intenta usar la parte racional para explicar su corta estancia en un mundo que cada vez se muestra más longevo que nuestra propia vida. Y claro, pensar que es irremediable la muerte, que el corto camino entre el nacimiento y el deceso es eso, estrecho, espinoso, sucio y breve, nos lleva a la angustia vital. De esa manera, el sentimiento más lógico es el de la fe, el de creer en una trascendencia, en un mundo más allá de la muerte. Ahí nacen las religiones.

O más bien, ahí se organizan. En el Neolítico, con los primeros casos de sedentarismo, esa mística se organiza y cae en manos de personas que ven su potencial. Serán los primeros sacerdotes, clérigos, administradores de la fe ajena. Ellos serán los que impongan las primeras leyes morales, quienes velarán porque la sociedad caiga en sus manos y con su pegamento ético, se mantengan fieles a un sentimiento organizado, ya colectivo, donde el individuo pierda su crítica y su capacidad de superar el miedo por sí mismo o por otros medios. La religión será la fórmula, y sus administradores, los ejecutores.

Porque cambian un miedo por otro miedo. Si nos aterra la brevedad y posible futilidad de nuestras vidas, ellos impondrán el miedo a transgredir las normas inventadas (con tino a veces, sin sentido las más) mediante el recurso a la condena eterna... eterna, suena muy largo. Pero el miedo es así, capta lo irracional y lo potencia. Y si queremos creer que "viviremos" después de morir, ya sea mediante el alma, su transmigración, reencarnación o lo que sea, ya hemos dado la llave para nuestro sometimiento. Que empezará siendo voluntario, pero luego nos hará esclavos.

Vivir es algo breve, pero no inútil. Ya con lograr que nuestros semejantes tengan mejores condiciones, presentes y futuras, con que la felicidad sea nuestro objetivo, para todos, y que mantengamos un mundo más o menos estable y sin penurias, tenemos más que suficientes objetivos. También el acomodarse es uno de ellos, y finalmente, está el peor de todos, el más nihilista; el religioso. Porque en él, somos egoistas, queremos la salvación por encima de todo (esto suena cristológico, o mitraico, o islamista, o casi cualquier otra religión que pensemos...) y por ello no vacilaremos en saltarnos reglas que son, a mi juicio, positivas para todos.

En suma, las religiones no son más que vicios adquiridos y alimentados por parásitos en forma de clérigos y acólitos, y si queremos mejorar nuestras vidas y las de los demás, vale más la pena pensar en fórmulas distintas que calmen ese sentimiento temeroso, buscando éticas sin necesidad de religiones que las soporten de manera "divina" y tratando de, sobre todo, convivir con nuestros semejantes.

¿Será posible o es otra quimera?

Un saludo,