viernes, 12 de septiembre de 2008
Das Kapital
Primero de todo, es como el Moloch ilustrado por Fritz Lanz en “Metrópolis”, un monstruo que devora sin compasión. Es un mecanismo feroz, que no para, que no se detiene, y que se alimenta de personas. Sin ellas, es ineficaz. Aunque las personas no deseen entrar en él, forman ya parte de él. Y no hay muchas maneras de escapar, salvo contadas ocasiones. Siempre hay reemplazos.
Segundo, está tan consolidado como sistema que no tenemos claro qué puede sustituirlo, y es más, el miedo a cambiarlo, con todas sus consecuencias, es infinitamente mayor que la esperanza de un cambio. Por tanto, usa el miedo, como la religión o el nacionalismo, para pervivir.
Tercero y más importante; genera muchos bienes, pero para ello, como decía Tomás Moro, primero ha de crear culpables para luego aplicarles un castigo. Esto es, primero han de existir personas esquilmadas, tierras sustraídas, producciones parasitadas y todo un compendio más de robos para pervivir. Con ese resultado, podemos comprar los armarios de Ikea, los pollos de Carrefour, el pegamento en Leroy Merlin, los televisores en Media Markt y así con todo. Una persona medianamente rica vive sobre los hombros de decenas inmensamente pobres. Como yo y casi todos los que leen esto. Perqueños carroñeros...
Así pues, uno se pregunta, ¿es posible cambiar el capitalismo por otro sistema? No. Se intentó en otras épocas, de manera ideal, sangrienta e incluso práctica. Fracasó. ¿Se puede entonces modificar el capitalismo? Prácticamente, no. Las moderaciones de los movimientos sociales han sido lentas, escasas, siempre a punto de perderse (como en nuestros días, donde un nuevo vendaval depredador busca aniquilar todas las mejoras de una pequeña parte del mundo) y encima, insuficientes. ¿Qué hacer, pues?
Dice el dicho castellano que “las cosas de palacio, van despacio”. Siempre es así. El ser humano no tiene grandes objetivos en mente a desarrollar con brillantez (antes hubo algún que otro estadista, pero los menos; el resto, son burócratas para el mantenimiento de su poder…) pero sí aspiraciones, anhelos y sueños. Quizá la corriente, si surge, sea capaz de parar el vendaval del que hablo (y lamentablemente, gran parte de la Derecha en éste y otros países sopla así al viento) mediante pequeñas acciones. Quizá Moloch no tenga mucho más que comer, y se haga más voraz y entonces más violento, usando para ello a sus guardias (sean los que sean; no es cuestión de policía o ejércitos, también está la coerción mediante sutiles formas como la de echar al individuo del sistema…) y eso vuelva a traernos las revueltas, revoluciones y demás motines sangrientos. O no, según Popper, porque la miseria del historicismo es lo que tiene. Como Fukuyama, la Historia acaba, ya no hay ideologías, solo un sistema, un mundo, una forma. El Capital.
Y yo ya parezco la bruja Avería…
Un saludo,
martes, 9 de septiembre de 2008
Más de religión
No hace falta ser experto en antropología para entender al ser humano en cuanto a su sentimiento de fe y necesidad de trascender. Todo hombre, desde que siente, intenta usar la parte racional para explicar su corta estancia en un mundo que cada vez se muestra más longevo que nuestra propia vida. Y claro, pensar que es irremediable la muerte, que el corto camino entre el nacimiento y el deceso es eso, estrecho, espinoso, sucio y breve, nos lleva a la angustia vital. De esa manera, el sentimiento más lógico es el de la fe, el de creer en una trascendencia, en un mundo más allá de la muerte. Ahí nacen las religiones.
O más bien, ahí se organizan. En el Neolítico, con los primeros casos de sedentarismo, esa mística se organiza y cae en manos de personas que ven su potencial. Serán los primeros sacerdotes, clérigos, administradores de la fe ajena. Ellos serán los que impongan las primeras leyes morales, quienes velarán porque la sociedad caiga en sus manos y con su pegamento ético, se mantengan fieles a un sentimiento organizado, ya colectivo, donde el individuo pierda su crítica y su capacidad de superar el miedo por sí mismo o por otros medios. La religión será la fórmula, y sus administradores, los ejecutores.
Porque cambian un miedo por otro miedo. Si nos aterra la brevedad y posible futilidad de nuestras vidas, ellos impondrán el miedo a transgredir las normas inventadas (con tino a veces, sin sentido las más) mediante el recurso a la condena eterna... eterna, suena muy largo. Pero el miedo es así, capta lo irracional y lo potencia. Y si queremos creer que "viviremos" después de morir, ya sea mediante el alma, su transmigración, reencarnación o lo que sea, ya hemos dado la llave para nuestro sometimiento. Que empezará siendo voluntario, pero luego nos hará esclavos.
Vivir es algo breve, pero no inútil. Ya con lograr que nuestros semejantes tengan mejores condiciones, presentes y futuras, con que la felicidad sea nuestro objetivo, para todos, y que mantengamos un mundo más o menos estable y sin penurias, tenemos más que suficientes objetivos. También el acomodarse es uno de ellos, y finalmente, está el peor de todos, el más nihilista; el religioso. Porque en él, somos egoistas, queremos la salvación por encima de todo (esto suena cristológico, o mitraico, o islamista, o casi cualquier otra religión que pensemos...) y por ello no vacilaremos en saltarnos reglas que son, a mi juicio, positivas para todos.
En suma, las religiones no son más que vicios adquiridos y alimentados por parásitos en forma de clérigos y acólitos, y si queremos mejorar nuestras vidas y las de los demás, vale más la pena pensar en fórmulas distintas que calmen ese sentimiento temeroso, buscando éticas sin necesidad de religiones que las soporten de manera "divina" y tratando de, sobre todo, convivir con nuestros semejantes.
¿Será posible o es otra quimera?
Un saludo,
lunes, 8 de septiembre de 2008
De más nacionalismos
Un nacionalismo no suma, excluye. Un nacionalismo no une, separa. Un nacionalismo no genera ni innova, anquilosa y detiene. Un nacionalismo, en líneas generales, acaba siendo violento, peligroso para todos, integrantes o no, y destructor de todo tipo de valores. ¿Por qué esos calificativos? por lo visto en la historia desde el siglo XIX, donde emergen con fuerza, y especialmente en el siglo XX, causantes de dos guerras mundiales, de innumerables conflictos europeos y extraeuropeos (ya sabemos que la Historia es eurocentrista...) y de millones de muertes.
Quizá la cura esté en una frase, cargada de hondo clasicismo, que dijo una vez Maragall, ahora enfermo y por tanto objeto de muchas burlas; que el futuro estaba en los municipios, en las ciudades. Ese era el modelo antiguo de Roma, la urbanidad, entendida como reglas cívicas en una urbe, el punto de encuentro de todos, el Foro humano por excelencia, el crisol. Evidentemente, ciertos valores no deberían continuar (la esclavitud, por ejemplo, aunque aun exista con otros nombres y formas, o el machismo absoluto) pero otros deberían resurgir, como respuesta a los nacionalismos. La ciudadanía como motor, como elemento propio de nuestro planeta. No el definirnos por pasados míticos, lenguajes unívocos, costumbres reinventadas o idiosincrasias elaboradas.
Me da más pena que un vasco en San Sebastián responda que él no es español si no euskaldún (en perfecto castellano, claro está) no por no definirse como español, si no por reducirse aún más en su nacionalismo de inclusa. Me da pena que no se dé cuenta de que ser vasco o español son etiquetas reducidas, limitadas y pobres. Que no se considere ciudadano, más en nuestros días, donde se califica más de pintoresca su actitud que de noble. Un hombre de mundo, como antaño se decía, liberal, a la antigua usanza, capaz de comunicarse en su idioma u otros (el lenguaje, esa es la gran barrera, y al tiempo, la gran definición... una lengua es la expresión del pensamiento individual y colectivo, y por tanto, la herramienta a observar y conocer para entender...) y desprovisto de prejuicios, capaz de ser crítico con sus propios orígenes, escéptico ante lo que no es demostrable... ese es quizá el modelo a seguir. O al menos, un posible ejemplo.
Yo, desde luego, vivo en España, soy español por nacimiento, madrileño también por nacimiento, de Carabanchel, y si así siguiera... apenas habría dado un paso fuera de mi casa. Y como decía Gandalf, los mayores viajes comienzan dando un simple paso más allá del felpudo, y luego otro, y luego...
Ese es quizá el viaje que nos falta a todos para curarnos de ese virus del siglo XIX; el nacionalismo.
Un saludo,
viernes, 5 de septiembre de 2008
Abortar en tiempos de crisis
Voy a despacharme con pocas frases en este asunto.
Que hagan un estudio de hasta cuándo y cómo se puede abortar, sin riesgo para la madre. Una vez hecho eso, que la sanidad pública y la privada tenga capacidad de aceptar la demanda. Si estás en la pública, no hay objeción de conciencia válida. Sirves a los ciudadanos, al público, no a una ética limitada de un grupo concreto. Y cuando sea así, que la mujer decida.
Si quiere, aborta.
Si no quiere, no aborta.
Punto.
El resto, todo es estupidez, fanatismo, intento de someter al resto a un credo, ética y forma de vida. Y eso es, simplemente, una forma de autoritarismo que conduce a los totalitarismos que ya hemos sufrido.
Un saludo,
jueves, 4 de septiembre de 2008
La Iglesia Evanjelica para la formación...
Puedo decir que no es el único negocio que han abierto. Al lado de mi portal, antaño había una empresa de limpieza. Ahora es gestoría para llevar los papeles de los inmigrantes, preferentemente, ecuatorianos. En una esquina, el bar de siempre, donde me envicié con mi primera máquina matamarcianos (bueno, realmente, el Double&Dragon) ahora es una especie de bar fantasma regentado en ocasiones por extraños sudamericanos. En la calle de al lado, otro bar, donde me tomaba churros con chocolate en las mañanas de resaca, ahora tiene platos impronunciables, también de éste colectivo.
Por la calle los veo, igual que los quinquis antiguos del barrio, con camisetas rotas o sucias, achaparrados, igual de morenos, regordetes, seseantes, miradas desconfiadas, salvo cuando están con sus compañeros en el antaño bar de los siniestros más conocido de Madrid, el "Brujas", epítome de las peleas de bandas callejeras de cuando copiábamos el sistema a N. Y. pero sin ir más allá de los puñetazos. Ahora, beben allí, pelean a puñetazo limpio igual que antes siniestros, rockers, punkis y fachas, pero entre ellos, por mujeres mayormente, por palabras mal entendidas o mal dichas, por desesperación, por alcoholismo y por trabajos que siguen embruteciendo a los hombres.
Todos ellos, ahora, tienen una Iglesia EvanJélica. Con J, por supuesto. Indiferencia a la B y la V (vodas, he leído, y vizcochos) a la G y la J, a la S en vez de la C (casi siempre) aunque mucho voseo y uso del usted... agora tienen, vive Dios, una Iglesia donde formarse. ¿En gramática? ¿sintaxis? ¿fonética? ¿semántica? ¿ortografía? No. En la única forma de agua, según reza uno de sus panfletos, que de verdad sacia la sed... ni que fuera un anuncio.
Alguna vez he expresado que no me importa la inmigración. Mi padre pasó años en Bélgica y Alemania. Trató de cruzar los Pirineos cuando cumplió 18 años, siendo detenido por la Guardia Civil y devuelto a su pueblo con algunos golpes. Mi tío Vitorino también emigró, se casó con una belga, vivió allí muchos años y ahora, por aquello del buen clima, vive en la costa con su pareja. Tengo familia que ha viajado e incluso una rama instalada en Australia. Dentro del país, muchos han cambiado su residencia, yendo en busca de trabajo y mejores oportunidades. ¿Acaso con éstos antecedentes no he de entender a qué viene un rumano, un senegalés, un ecuatoriano o un marroquí?
Pero en esas historias de inmigración de antaño, algo había diferente. Cuando en los barracones donde se alojaban alguno montaba gresca, robaba, se portaba como un cenutrio o la hacía gorda, los propios compañeros le echaban con cajas destempladas, y trataban, con mucha vergüenza, de no relacionarse con ellos ante los patronos. Se intentaba ser educado, respetuoso con normas y conductas que no eran las propias, a veces asombrados de la distancia ética y material entre España y el país en el que estaban. Había consideración, casi veneración, ante aquellos ciudadanos de otros países.
Aquí, sin embargo, la cosa es diferente. España es el segundo país del mundo que más inmigración ha recibido después de EEUU. Flipante, colega. Y claro, con todo entra lo bueno, lo malo y lo peor. Y en general, entra lo que puede entrar, aquellos que se lo han trabajado para estar aquí. Y muchas veces, ante la perplejidad y silencio de los que estábamos ya por acá, han decidido que no tenían que respetar reglas de nadie, salvo las propias, y tampoco dar cuentas a nadie. Lo entiendo; somos un país que emite miles de normas y siempre buscamos la manera de incumplirlas, si no de ignorarlas. Buen ejemplo.
Eso sin embargo ha degenerado. Y ahora, con el grifo de la construcción estrangulado, muchos se plantean, ay madresita, virgen del camino y otros santos varios, si ha sido buena idea venir aquí. Pero para eso ya está su solución; la Iglesia EvanJélica... donde serán formados en... las buenas doctrinas del patrón religioso charlatán, previo pago de una buena comisión. La Religión organizada es lo que tiene, si no se le paga, como la Mafia, rompe algo. No piernas, pero sí nervios morales, fibras éticas y otras esencias dignificadoras de la vida.
Tomad este mensaje como un chiste. El de un país donde dejamos (ya lo hacíamos) degenerar el lenguaje, y por tanto, la expresión de la realidad. El de un país, España, que no ha sabido acoger a éstas personas, y ellos, en consecuencia, han hecho lo que les ha parecido. ¿Guardar colas? Cuando parece que algo parecido se formaba en las marquesinas de autobús, llegaron ellos para ignorarlas... y recibir reprimendas, como la de mi padre, emigrante retornado, es racismo. Igualito que el de los rubios y atléticos belgas que arrasaron su Congo durante años...
Gracias, evanJelizadores. Gracias a vosotros, la humanidad está mejor.
Un saludo,
martes, 26 de agosto de 2008
Pasión
Y es que la pasión levantada por el baloncesto ha sido brutal, esta vez. Venía un equipo aparentemente cansado, con pocas renovaciones, bamboleado por la destitución aun hoy, a mi juicio, injusta, de Pepu, con el toque de atención de la plata europea (¡Toque de atención! de verdad que no puedo con el periodismo en éste país, algo de lo que hablaré en otra ocasión...) creando recelos en todos, de tal manera que no todos apostaban por su presencia en la final, y mucho menos, por una medalla mayor que el bronce. Un equipo así, con dudas para muchos, se tenía además que enfrentar al estúpido de nombre equipo americano, el "redemption team" que iba a humillar a todos y a dejar el pabellón alto. Los Bryant, Howard, LeBron, Kidd y demás tenían que demostrarlo.
Y la pasión... llegó. Llegó primero en la semifinal. Afinado el equipo, luchó y sufrió contra Lituania, magnífico equipo de algo más que cachas de discoteca, con un Saras magnífico, mágico, demasiado inmerso quizá en controlarlo todo. Y ganaron a Lituania, llegaron a la final y, como si nada, añadieron otro peldaño a la justa fama que merecen.
Porque la pasión lleva forjándose varios años. 1999, venciendo en el junior a EEUU, precisamente. Y antes del Mundial, medallas en Europeos, buenos puestos, buenas sensaciones... y luego, campeones del Mundo. Ahora siguen siéndolo. Y luego, subcampeones de Europa, gracias a la nefasta (y avariciosa) gestión de la FEB. Y ahora, subcampeones olímpicos, tras firmar uno de los mejores partidos de la historia del baloncesto.
Porque, vamos a ver... ¿Rudy machacando "in your face" sobre Howard? ¿Ricky pasando el balón entre sus piernas con descaro o penetrando como si nada a canasta ante Kidd? ¿Gasol dejando en la pintura a otros pivots mientras entraba o Felipe quitando rebotes de oro? ¿Y Navarro reivindicándose ante los rivales NBA con canastas preciosas? Triples, un marcador que los EEUU nunca lograron estirar demasiado, miedo en el cuerpo, gestos nerviosos y maleducados como el de Bryant, caras de pánico, susto total... Y árbitros que no pitaban pasos cuando los hacían los NBA...
El partido, lo siento mucho, lo pudo haber ganado España si no hubiera desequilibrado ligeramente la balanza el arbitraje. En un mundo justo, España podría haber ganado el oro. O no, porque el equipo de EEUU era muy pero que muy bueno. Peor esas ayudas, sobran. Adulteran el deporte. Aunque no la pasión...
España está en el Olimpo, aunque no tenga el trono codiciado. Está en lo más alto. Y Aíto, fiel a sí mismo, se va a por otros retos. Ahora mismo se acaba un ciclo, y dentro de varios años, seguramente, veremos envejecidos a Gasol, a Jiménez, a Berni, y diremos "¡Hostias! Esos tipos fueron de lo mejor, hicieron virgerías, demostraron casta, orgullo, hambre de triunfo... y casi lo lograron, sin miedos ni prejuicios. Y yo lo viví..."
Yo lo he vivido. Me han recalentado la pasión. Sin ellos, no habría corrido lleno de rabia a retomar una bola, que no tocaba en semanas, para jugar una pachanga de barrio. Y con eso, que no es poco, ya es mucho lo que tengo que agradecerles. Lo hago también con los que conquistaron otra plata hace 24 años. Lograron que mi ayuntamiento me pusiera canastas frente a mi portal, que muchos bajaran a jugar y que yo, tonto de mí, me enamorara de éste deporte y no del de dar patadas. Hossana, Gloria Bendita y demás tontunas. Es que es para vivirlo, el Ba-lon-ces-toooooo...
Un saludo,
sábado, 9 de agosto de 2008
Lecturas de verano...
El sábado 26 de julio, leía en El País dos artículos bien diferentes entre sí. Uno, lleno de estupidez provinciana, de miopía y ralentí intelectual incapaz de entender realmente un hecho concreto, y otro en cambio valiente, amplio, inteligente y certero.
El primero era de Suso de Toro, un escritor gallego que criticaba el manifiesto en defensa del castellano con una comparación chusca a
Suso de Toro, desgraciadamente, en el periódico, muestra esa misma “fábula xenófoba” que critica, puesto que se olvida de la gran frase que a mí me encanta sobre el manifiesto y que lo hace tan interesante e imprescindible, dicha por Savater:
"Los ciudadanos son quienes tienen derechos lingüísticos y no los territorios ni mucho menos las lenguas", esto es, que la lengua es una pertenencia de las personas, no de los Estados, Naciones o Territorios que la quieren monopolizar y de las personas que lo usan. El instrumento, no el sujeto...
“En España solo se habla Español” o “En los Països Catalans, solamente se habla Catalán”. El lenguaje de cada persona es suyo, y triste es que un Estado quiera imponer otra cosa. Pero aparte, la supervivencia de una lengua no es cosa de un Estado, si no, más bien, de las personas que lo integran. Si esa lengua la quieren dejar de lado en pro de otra más eficaz, ¿acaso el Estado debe forzar al uso de la que abandonan? ¿no es una violencia coercitiva, la de imponer algo, que se debió ya olvidar en los años 70? porque los mismos que lucharon para que en España cada uno hablara en la lengua que deseara, ahora mismo se quejan de que se vuelva a la imposición, pero del catalán, del vasco o de cualquier otra lengua tan antigua como la “Llionesa”, por ejemplo, en detrimento de la que era común. Y ojala fuera esa el latín...
En el mismo periódico que el anterior, escribe un artículo llamado “El amigo del tirano”, y que resulta dolorosamente afinado. En él, deja clara una realidad absoluta y triste. Cuba es una dictadura, pero al ser de un pretendido dictador de izquierdas, tiene un absurdo apoyo de intelectuales que le doran la píldora al glorioso Comandante y su séquito, incluido su hermano Raúl (de la dinastía comunista de los Castro) por parte de algunos como Gabriel García Márquez o algunos actores e incluso políticos que ni siquiera sabrían decir que es la Realpolitik que practicaron en su día (González, Aznar...)
Lo lamentable del tema, visto en el artículo, es que la subjetividad del escritor se torna servidumbre y lacayuna actuación ante hechos deleznables. Represión, tiranía, estado policial y delatorio, exilio, muerte, encarcelamiento por mantener ideas o formas de ver la vida distintas del Poder... todo eso es común a los totalitarismos, y parece que lo olvidamos si en la etiqueta pone “de izquierdas”, porque se considera un tránsito necesario a un mundo mejor. De Cuba seguirán diciendo los intelectualillos menudos y miopes que tiene (o tenía) un envidiable sistema de salud pública, grandes investigadores, emprendedores en la vida intelectual... la realidad es que los emprendedores se van del país, que los investigadores están en cualquier sitio menos en la isla y que la salud pública se parece cada vez más a la privatizada por el PP en Valencia o ahora en Madrid. Sin contar que son cantinelas, ¿cómo las denomina Suso de Toro? ah, sí, que parten de “falsedades que llevan tiempo difundiéndose”...
Yo, al menos, trataré de recordar sus caras antes de cualquier cicatriz...
Un saludo,
martes, 5 de agosto de 2008
Olímpico desprecio
Muchos juegos han tenido polémica, y la mayor de todas, siempre, ha sido la del boicot. Ha planeado en muchas ocasiones, por motivos diversos (ideológicos, raciales) y siempre hubo juegos (excepto en las guerras mundiales) aunque tuvieran en muchos casos resultados diversos, favorables o adversos. Incluso hubo países que no fueron a algunos juegos, como aquel famoso desplante de los EEUU a la entonces URSS, desprecio absoluto y prepotente, pero que no canceló esos juegos.
Berlín, verano de 1936. En España nos estamos matando por ver quién lleva más la razón; en Etiopía, la Italia fascista está siendo humillada; en los EEUU, la Depresión está intentando ser atajada con el socialismo real de Rooslvelt; y Leni Riefenstahl prepara kilómetros de película para plasmar un documental heróico, muy al gusto de la Alemania de entonces. Lo curioso es que los recelos ante un dictador como Hitler no están tan arraigados como pensamos, y las críticas son mínimas, incluso desde grandes figuras. Se le respeta, se le conceden honores, se le califica de hombre del siglo... y la Alemania que va nacificándose con sus campos de concentración (Weyler en Cuba abrió camino) aun no arrastra sus Panzer por Europa, si no sus raciales y bellos arios competidores. Y no parece que nadie quiera discutir por no ir a un país que abandonó la Sociedad de Naciones, que maltrata a los judíos legalmente, que tiene doctrinas consideradas neutras ante otros peligros mayores, como el comunismo. La Alemania nazi de Hitler, el Berlín de 1936, será escenario de unos juegos olímpicos. Y vaya fastuosidad, propia del gusto monumental de los dictadores, autócratas y déspotas...
Pekín, verano de 2008. En España nos seguimos insultando y machacando por ver quién lleva más la razón; en África mueren de Sida millones al año; en los EEUU se vive un momento de nacificación modernizada; y Leni Riefenstahl ha muerto hace ya unos cuantos años tras vivir como una centenaria, heroicamente. Lo curioso es que el Partido Comunista importa menos que la potencia económica de China, las críticas, aunque muy extendidas por todo el mundo, no las hacen los estadistas ni los gobiernos. Se respeta al gigante asiático, se le permite censurar internet con la ayuda del Santo Google y Microsoft, se les deja seguir con sus campos de reeducación, se sigue permitiendo la pena de muerte arbitraria y el ejercicio del poder de una oligarquía que en vez de un gran emperador posee varios (El politburó a la china) y se admite que reprima la religión, las ideas y la manera de vivir de sus ciudadanos (o siervos) sin que eso implique más que sonrisas, apretones de mano y miradas a otro lado, al tiempo que se oprime a diversos grupos por no aceptar el monolito político. Porque China mueve millones, no solamente de personas (una fuerza demográfica bestial, aunque en el peor sentido de la palabra) si no de mercancías, de productos (aunque sean de calidad ínfima, producidos en condiciones que ni siquiera son tan malas como las del Londres descrito por Jack London de inicios del siglo XX o la masiva industrialización de otros países, y aunque eso produzca el empobrecimiento de millones a lo largo del planeta, aparte de proseguir a mayor y peor escala el arrase y menoscabamiento del planeta) y, por tanto, es el pozo de avaricia, de ambición, de suculentos beneficios que todos desean. ¿A cambio de unos miserables juegos olímpicos, que ya también son siempre negocio y apenas demostración de nada? pues sí, vendamos baratos los conceptos. ¡Es época de saldos!
Los autócratas, déspotas y tiranos que rigen China podrán seguir mirando, desde sus tacones de botines occidentales de gran tamaño, por encima del hombro a los occidentales. Igual de patéticos y de remilgados en la sumisión, hasta el punto que dan lástima y asco, son de jactanciosos, engreídos, vanidosos y creídos cuando tienen certeza o idea de poseer la sartén por el mango. Y con ella, a freir espárragos todo aquello que pudiera significar la antorcha olímpica, salvo el olímpico desprecio, naturalmente, a todos los valores que el mundo occidental, mal que bien, ha ido tejiendo durante varios siglos.
Yo veré, seguramente, el baloncesto de los juegos, y también sentiré un cierto orgullo si mis compatriotas logran medalla. También sentiré orgullo de los atletas que logren triunfos merecidos, sean de donde sean, si es honesta la victoria. Pero me negaré al resto, pues es mi minúscula manera de boicotear estos juegos. La verdad, he sido a ratos epicúreo en mi vida, muy escéptico casi siempre y ahora, últimamente, cínico. Serán los tiempos sin valores que poseemos, ¿o será que los tiempos siempre tienen valores pero los solemos olvidar?
Un saludo,
lunes, 4 de agosto de 2008
Profesión y Afición
Tengo una profesión, por referirme a la ocupación que me da dinero, a la cual no me dedico más que lo imprescindible y, cuanto menos, mejor para mi salud. Y tengo por oposición varias aficiones, por referirme a las ocupaciones que no me dan dinero, a las que me dedico siempre que puedo y cuanto más, mejor para mi salud. Esta contradicción, que puede escandalizar a los que todavía creen que el trabajo es lo más importante de la vida, lo que nos realiza como seres humanos, aquello que centra y dirige nuestro destino, no es tal. A veces, la afición da dinero y entonces se hace profesión, y el equilibrio, delicado, difuso, muchas veces en el filo cortante de la realidad, genera otro tipo de nerviosismo, de agotamiento.
Ya he dicho que es una de mis aficiones. Presido, hasta fin de año, ésta asociación cultural que no es meramente un grupo de personas que se disfrazan de época, si no de gente que comparte un valor común; conocer la historia y contársela a otros. Pedro es uno de ellos. Y ojalá, con nuestro concurso, mínimo, gota en el océano, logre acercarse y lograr esos objetivos. Entonces sentiré que mi afición, por la que no me pagan, me ha recompensado ampliamente, más de lo que parece.
Sé que otros dirán que hay cosas más importantes; salvar a las especies con las que compartimos piso pero a las que sisamos de la nevera común, democratizar el mundo, lograr más justicia y paz, pan para el hambriento y salud para el enfermo, desfanatizar al religioso y dar consuelo al necesitado e incluso lograr que algunos tomemos en serio proyectos ilusos. Pero soy subjetivo, cómo no, y por tanto, así plasmo mi defensa.
Trabajo o afición... de algo hay que vivir, pero también por algo hay que vivir.
Un saludo,
lunes, 21 de julio de 2008
Hartazgo de la mediocridad... ajena.
Harta ver la mentira en labios ajenos, soltada con inmaculada despreocupación. Harta también la petulancia, el jactancioso y el bravucón, el valiente de boquilla y el chulo de piscina. Harta ver al que siempre saca punta a las cosas, el que está con la coletilla dispuesta, al que siempre hay que escuchar la frase comenzada con el "si yo..." perenne. Harta, en suma, la podredumbre de la falsedad, de lo inventado sin más objeto que el enaltecimiento propio y disminución ajena, el fomento de la envida o su paliativo mediante el recurso a la mentira.
También, y eso más, harta la mediocridad. El ser que presume de inteligente, de agudo, de listo, de intelectual. El ser que al hablar expele flatulencias, y al escuchar, orina. El que se da de lo que lo es, pero es peor de lo que piensa que es. El mediocre que no puede callarse, pues su silencio para él es un error, y el vacío hay que rellenarlo de palabras. El mediocre, en suma, que pretende ser lo que no es. Esos son los peores, y son legión, o legión y media.
Hartan tantas cosas que no seguiré. Me tomo vacaciones, y me convertiré en uno de los mediocres veraneantes de playa y piscina que cohabitan con miles de semejantes, del género ovino o bovino, entre arena y hierba, sin alternar como Nadal, si no, más bien, como los susodichos animales. Porque, a fin de cuentas, no hay genio de 24 horas, pero sí mediocres a jornada completa.
Un saludo,