viernes, 5 de septiembre de 2008
Abortar en tiempos de crisis
Voy a despacharme con pocas frases en este asunto.
Que hagan un estudio de hasta cuándo y cómo se puede abortar, sin riesgo para la madre. Una vez hecho eso, que la sanidad pública y la privada tenga capacidad de aceptar la demanda. Si estás en la pública, no hay objeción de conciencia válida. Sirves a los ciudadanos, al público, no a una ética limitada de un grupo concreto. Y cuando sea así, que la mujer decida.
Si quiere, aborta.
Si no quiere, no aborta.
Punto.
El resto, todo es estupidez, fanatismo, intento de someter al resto a un credo, ética y forma de vida. Y eso es, simplemente, una forma de autoritarismo que conduce a los totalitarismos que ya hemos sufrido.
Un saludo,
jueves, 4 de septiembre de 2008
La Iglesia Evanjelica para la formación...
Puedo decir que no es el único negocio que han abierto. Al lado de mi portal, antaño había una empresa de limpieza. Ahora es gestoría para llevar los papeles de los inmigrantes, preferentemente, ecuatorianos. En una esquina, el bar de siempre, donde me envicié con mi primera máquina matamarcianos (bueno, realmente, el Double&Dragon) ahora es una especie de bar fantasma regentado en ocasiones por extraños sudamericanos. En la calle de al lado, otro bar, donde me tomaba churros con chocolate en las mañanas de resaca, ahora tiene platos impronunciables, también de éste colectivo.
Por la calle los veo, igual que los quinquis antiguos del barrio, con camisetas rotas o sucias, achaparrados, igual de morenos, regordetes, seseantes, miradas desconfiadas, salvo cuando están con sus compañeros en el antaño bar de los siniestros más conocido de Madrid, el "Brujas", epítome de las peleas de bandas callejeras de cuando copiábamos el sistema a N. Y. pero sin ir más allá de los puñetazos. Ahora, beben allí, pelean a puñetazo limpio igual que antes siniestros, rockers, punkis y fachas, pero entre ellos, por mujeres mayormente, por palabras mal entendidas o mal dichas, por desesperación, por alcoholismo y por trabajos que siguen embruteciendo a los hombres.
Todos ellos, ahora, tienen una Iglesia EvanJélica. Con J, por supuesto. Indiferencia a la B y la V (vodas, he leído, y vizcochos) a la G y la J, a la S en vez de la C (casi siempre) aunque mucho voseo y uso del usted... agora tienen, vive Dios, una Iglesia donde formarse. ¿En gramática? ¿sintaxis? ¿fonética? ¿semántica? ¿ortografía? No. En la única forma de agua, según reza uno de sus panfletos, que de verdad sacia la sed... ni que fuera un anuncio.
Alguna vez he expresado que no me importa la inmigración. Mi padre pasó años en Bélgica y Alemania. Trató de cruzar los Pirineos cuando cumplió 18 años, siendo detenido por la Guardia Civil y devuelto a su pueblo con algunos golpes. Mi tío Vitorino también emigró, se casó con una belga, vivió allí muchos años y ahora, por aquello del buen clima, vive en la costa con su pareja. Tengo familia que ha viajado e incluso una rama instalada en Australia. Dentro del país, muchos han cambiado su residencia, yendo en busca de trabajo y mejores oportunidades. ¿Acaso con éstos antecedentes no he de entender a qué viene un rumano, un senegalés, un ecuatoriano o un marroquí?
Pero en esas historias de inmigración de antaño, algo había diferente. Cuando en los barracones donde se alojaban alguno montaba gresca, robaba, se portaba como un cenutrio o la hacía gorda, los propios compañeros le echaban con cajas destempladas, y trataban, con mucha vergüenza, de no relacionarse con ellos ante los patronos. Se intentaba ser educado, respetuoso con normas y conductas que no eran las propias, a veces asombrados de la distancia ética y material entre España y el país en el que estaban. Había consideración, casi veneración, ante aquellos ciudadanos de otros países.
Aquí, sin embargo, la cosa es diferente. España es el segundo país del mundo que más inmigración ha recibido después de EEUU. Flipante, colega. Y claro, con todo entra lo bueno, lo malo y lo peor. Y en general, entra lo que puede entrar, aquellos que se lo han trabajado para estar aquí. Y muchas veces, ante la perplejidad y silencio de los que estábamos ya por acá, han decidido que no tenían que respetar reglas de nadie, salvo las propias, y tampoco dar cuentas a nadie. Lo entiendo; somos un país que emite miles de normas y siempre buscamos la manera de incumplirlas, si no de ignorarlas. Buen ejemplo.
Eso sin embargo ha degenerado. Y ahora, con el grifo de la construcción estrangulado, muchos se plantean, ay madresita, virgen del camino y otros santos varios, si ha sido buena idea venir aquí. Pero para eso ya está su solución; la Iglesia EvanJélica... donde serán formados en... las buenas doctrinas del patrón religioso charlatán, previo pago de una buena comisión. La Religión organizada es lo que tiene, si no se le paga, como la Mafia, rompe algo. No piernas, pero sí nervios morales, fibras éticas y otras esencias dignificadoras de la vida.
Tomad este mensaje como un chiste. El de un país donde dejamos (ya lo hacíamos) degenerar el lenguaje, y por tanto, la expresión de la realidad. El de un país, España, que no ha sabido acoger a éstas personas, y ellos, en consecuencia, han hecho lo que les ha parecido. ¿Guardar colas? Cuando parece que algo parecido se formaba en las marquesinas de autobús, llegaron ellos para ignorarlas... y recibir reprimendas, como la de mi padre, emigrante retornado, es racismo. Igualito que el de los rubios y atléticos belgas que arrasaron su Congo durante años...
Gracias, evanJelizadores. Gracias a vosotros, la humanidad está mejor.
Un saludo,
martes, 26 de agosto de 2008
Pasión
Y es que la pasión levantada por el baloncesto ha sido brutal, esta vez. Venía un equipo aparentemente cansado, con pocas renovaciones, bamboleado por la destitución aun hoy, a mi juicio, injusta, de Pepu, con el toque de atención de la plata europea (¡Toque de atención! de verdad que no puedo con el periodismo en éste país, algo de lo que hablaré en otra ocasión...) creando recelos en todos, de tal manera que no todos apostaban por su presencia en la final, y mucho menos, por una medalla mayor que el bronce. Un equipo así, con dudas para muchos, se tenía además que enfrentar al estúpido de nombre equipo americano, el "redemption team" que iba a humillar a todos y a dejar el pabellón alto. Los Bryant, Howard, LeBron, Kidd y demás tenían que demostrarlo.
Y la pasión... llegó. Llegó primero en la semifinal. Afinado el equipo, luchó y sufrió contra Lituania, magnífico equipo de algo más que cachas de discoteca, con un Saras magnífico, mágico, demasiado inmerso quizá en controlarlo todo. Y ganaron a Lituania, llegaron a la final y, como si nada, añadieron otro peldaño a la justa fama que merecen.
Porque la pasión lleva forjándose varios años. 1999, venciendo en el junior a EEUU, precisamente. Y antes del Mundial, medallas en Europeos, buenos puestos, buenas sensaciones... y luego, campeones del Mundo. Ahora siguen siéndolo. Y luego, subcampeones de Europa, gracias a la nefasta (y avariciosa) gestión de la FEB. Y ahora, subcampeones olímpicos, tras firmar uno de los mejores partidos de la historia del baloncesto.
Porque, vamos a ver... ¿Rudy machacando "in your face" sobre Howard? ¿Ricky pasando el balón entre sus piernas con descaro o penetrando como si nada a canasta ante Kidd? ¿Gasol dejando en la pintura a otros pivots mientras entraba o Felipe quitando rebotes de oro? ¿Y Navarro reivindicándose ante los rivales NBA con canastas preciosas? Triples, un marcador que los EEUU nunca lograron estirar demasiado, miedo en el cuerpo, gestos nerviosos y maleducados como el de Bryant, caras de pánico, susto total... Y árbitros que no pitaban pasos cuando los hacían los NBA...
El partido, lo siento mucho, lo pudo haber ganado España si no hubiera desequilibrado ligeramente la balanza el arbitraje. En un mundo justo, España podría haber ganado el oro. O no, porque el equipo de EEUU era muy pero que muy bueno. Peor esas ayudas, sobran. Adulteran el deporte. Aunque no la pasión...
España está en el Olimpo, aunque no tenga el trono codiciado. Está en lo más alto. Y Aíto, fiel a sí mismo, se va a por otros retos. Ahora mismo se acaba un ciclo, y dentro de varios años, seguramente, veremos envejecidos a Gasol, a Jiménez, a Berni, y diremos "¡Hostias! Esos tipos fueron de lo mejor, hicieron virgerías, demostraron casta, orgullo, hambre de triunfo... y casi lo lograron, sin miedos ni prejuicios. Y yo lo viví..."
Yo lo he vivido. Me han recalentado la pasión. Sin ellos, no habría corrido lleno de rabia a retomar una bola, que no tocaba en semanas, para jugar una pachanga de barrio. Y con eso, que no es poco, ya es mucho lo que tengo que agradecerles. Lo hago también con los que conquistaron otra plata hace 24 años. Lograron que mi ayuntamiento me pusiera canastas frente a mi portal, que muchos bajaran a jugar y que yo, tonto de mí, me enamorara de éste deporte y no del de dar patadas. Hossana, Gloria Bendita y demás tontunas. Es que es para vivirlo, el Ba-lon-ces-toooooo...
Un saludo,
sábado, 9 de agosto de 2008
Lecturas de verano...
El sábado 26 de julio, leía en El País dos artículos bien diferentes entre sí. Uno, lleno de estupidez provinciana, de miopía y ralentí intelectual incapaz de entender realmente un hecho concreto, y otro en cambio valiente, amplio, inteligente y certero.
El primero era de Suso de Toro, un escritor gallego que criticaba el manifiesto en defensa del castellano con una comparación chusca a
Suso de Toro, desgraciadamente, en el periódico, muestra esa misma “fábula xenófoba” que critica, puesto que se olvida de la gran frase que a mí me encanta sobre el manifiesto y que lo hace tan interesante e imprescindible, dicha por Savater:
"Los ciudadanos son quienes tienen derechos lingüísticos y no los territorios ni mucho menos las lenguas", esto es, que la lengua es una pertenencia de las personas, no de los Estados, Naciones o Territorios que la quieren monopolizar y de las personas que lo usan. El instrumento, no el sujeto...
“En España solo se habla Español” o “En los Països Catalans, solamente se habla Catalán”. El lenguaje de cada persona es suyo, y triste es que un Estado quiera imponer otra cosa. Pero aparte, la supervivencia de una lengua no es cosa de un Estado, si no, más bien, de las personas que lo integran. Si esa lengua la quieren dejar de lado en pro de otra más eficaz, ¿acaso el Estado debe forzar al uso de la que abandonan? ¿no es una violencia coercitiva, la de imponer algo, que se debió ya olvidar en los años 70? porque los mismos que lucharon para que en España cada uno hablara en la lengua que deseara, ahora mismo se quejan de que se vuelva a la imposición, pero del catalán, del vasco o de cualquier otra lengua tan antigua como la “Llionesa”, por ejemplo, en detrimento de la que era común. Y ojala fuera esa el latín...
En el mismo periódico que el anterior, escribe un artículo llamado “El amigo del tirano”, y que resulta dolorosamente afinado. En él, deja clara una realidad absoluta y triste. Cuba es una dictadura, pero al ser de un pretendido dictador de izquierdas, tiene un absurdo apoyo de intelectuales que le doran la píldora al glorioso Comandante y su séquito, incluido su hermano Raúl (de la dinastía comunista de los Castro) por parte de algunos como Gabriel García Márquez o algunos actores e incluso políticos que ni siquiera sabrían decir que es la Realpolitik que practicaron en su día (González, Aznar...)
Lo lamentable del tema, visto en el artículo, es que la subjetividad del escritor se torna servidumbre y lacayuna actuación ante hechos deleznables. Represión, tiranía, estado policial y delatorio, exilio, muerte, encarcelamiento por mantener ideas o formas de ver la vida distintas del Poder... todo eso es común a los totalitarismos, y parece que lo olvidamos si en la etiqueta pone “de izquierdas”, porque se considera un tránsito necesario a un mundo mejor. De Cuba seguirán diciendo los intelectualillos menudos y miopes que tiene (o tenía) un envidiable sistema de salud pública, grandes investigadores, emprendedores en la vida intelectual... la realidad es que los emprendedores se van del país, que los investigadores están en cualquier sitio menos en la isla y que la salud pública se parece cada vez más a la privatizada por el PP en Valencia o ahora en Madrid. Sin contar que son cantinelas, ¿cómo las denomina Suso de Toro? ah, sí, que parten de “falsedades que llevan tiempo difundiéndose”...
Yo, al menos, trataré de recordar sus caras antes de cualquier cicatriz...
Un saludo,
martes, 5 de agosto de 2008
Olímpico desprecio
Muchos juegos han tenido polémica, y la mayor de todas, siempre, ha sido la del boicot. Ha planeado en muchas ocasiones, por motivos diversos (ideológicos, raciales) y siempre hubo juegos (excepto en las guerras mundiales) aunque tuvieran en muchos casos resultados diversos, favorables o adversos. Incluso hubo países que no fueron a algunos juegos, como aquel famoso desplante de los EEUU a la entonces URSS, desprecio absoluto y prepotente, pero que no canceló esos juegos.
Berlín, verano de 1936. En España nos estamos matando por ver quién lleva más la razón; en Etiopía, la Italia fascista está siendo humillada; en los EEUU, la Depresión está intentando ser atajada con el socialismo real de Rooslvelt; y Leni Riefenstahl prepara kilómetros de película para plasmar un documental heróico, muy al gusto de la Alemania de entonces. Lo curioso es que los recelos ante un dictador como Hitler no están tan arraigados como pensamos, y las críticas son mínimas, incluso desde grandes figuras. Se le respeta, se le conceden honores, se le califica de hombre del siglo... y la Alemania que va nacificándose con sus campos de concentración (Weyler en Cuba abrió camino) aun no arrastra sus Panzer por Europa, si no sus raciales y bellos arios competidores. Y no parece que nadie quiera discutir por no ir a un país que abandonó la Sociedad de Naciones, que maltrata a los judíos legalmente, que tiene doctrinas consideradas neutras ante otros peligros mayores, como el comunismo. La Alemania nazi de Hitler, el Berlín de 1936, será escenario de unos juegos olímpicos. Y vaya fastuosidad, propia del gusto monumental de los dictadores, autócratas y déspotas...
Pekín, verano de 2008. En España nos seguimos insultando y machacando por ver quién lleva más la razón; en África mueren de Sida millones al año; en los EEUU se vive un momento de nacificación modernizada; y Leni Riefenstahl ha muerto hace ya unos cuantos años tras vivir como una centenaria, heroicamente. Lo curioso es que el Partido Comunista importa menos que la potencia económica de China, las críticas, aunque muy extendidas por todo el mundo, no las hacen los estadistas ni los gobiernos. Se respeta al gigante asiático, se le permite censurar internet con la ayuda del Santo Google y Microsoft, se les deja seguir con sus campos de reeducación, se sigue permitiendo la pena de muerte arbitraria y el ejercicio del poder de una oligarquía que en vez de un gran emperador posee varios (El politburó a la china) y se admite que reprima la religión, las ideas y la manera de vivir de sus ciudadanos (o siervos) sin que eso implique más que sonrisas, apretones de mano y miradas a otro lado, al tiempo que se oprime a diversos grupos por no aceptar el monolito político. Porque China mueve millones, no solamente de personas (una fuerza demográfica bestial, aunque en el peor sentido de la palabra) si no de mercancías, de productos (aunque sean de calidad ínfima, producidos en condiciones que ni siquiera son tan malas como las del Londres descrito por Jack London de inicios del siglo XX o la masiva industrialización de otros países, y aunque eso produzca el empobrecimiento de millones a lo largo del planeta, aparte de proseguir a mayor y peor escala el arrase y menoscabamiento del planeta) y, por tanto, es el pozo de avaricia, de ambición, de suculentos beneficios que todos desean. ¿A cambio de unos miserables juegos olímpicos, que ya también son siempre negocio y apenas demostración de nada? pues sí, vendamos baratos los conceptos. ¡Es época de saldos!
Los autócratas, déspotas y tiranos que rigen China podrán seguir mirando, desde sus tacones de botines occidentales de gran tamaño, por encima del hombro a los occidentales. Igual de patéticos y de remilgados en la sumisión, hasta el punto que dan lástima y asco, son de jactanciosos, engreídos, vanidosos y creídos cuando tienen certeza o idea de poseer la sartén por el mango. Y con ella, a freir espárragos todo aquello que pudiera significar la antorcha olímpica, salvo el olímpico desprecio, naturalmente, a todos los valores que el mundo occidental, mal que bien, ha ido tejiendo durante varios siglos.
Yo veré, seguramente, el baloncesto de los juegos, y también sentiré un cierto orgullo si mis compatriotas logran medalla. También sentiré orgullo de los atletas que logren triunfos merecidos, sean de donde sean, si es honesta la victoria. Pero me negaré al resto, pues es mi minúscula manera de boicotear estos juegos. La verdad, he sido a ratos epicúreo en mi vida, muy escéptico casi siempre y ahora, últimamente, cínico. Serán los tiempos sin valores que poseemos, ¿o será que los tiempos siempre tienen valores pero los solemos olvidar?
Un saludo,
lunes, 4 de agosto de 2008
Profesión y Afición
Tengo una profesión, por referirme a la ocupación que me da dinero, a la cual no me dedico más que lo imprescindible y, cuanto menos, mejor para mi salud. Y tengo por oposición varias aficiones, por referirme a las ocupaciones que no me dan dinero, a las que me dedico siempre que puedo y cuanto más, mejor para mi salud. Esta contradicción, que puede escandalizar a los que todavía creen que el trabajo es lo más importante de la vida, lo que nos realiza como seres humanos, aquello que centra y dirige nuestro destino, no es tal. A veces, la afición da dinero y entonces se hace profesión, y el equilibrio, delicado, difuso, muchas veces en el filo cortante de la realidad, genera otro tipo de nerviosismo, de agotamiento.
Ya he dicho que es una de mis aficiones. Presido, hasta fin de año, ésta asociación cultural que no es meramente un grupo de personas que se disfrazan de época, si no de gente que comparte un valor común; conocer la historia y contársela a otros. Pedro es uno de ellos. Y ojalá, con nuestro concurso, mínimo, gota en el océano, logre acercarse y lograr esos objetivos. Entonces sentiré que mi afición, por la que no me pagan, me ha recompensado ampliamente, más de lo que parece.
Sé que otros dirán que hay cosas más importantes; salvar a las especies con las que compartimos piso pero a las que sisamos de la nevera común, democratizar el mundo, lograr más justicia y paz, pan para el hambriento y salud para el enfermo, desfanatizar al religioso y dar consuelo al necesitado e incluso lograr que algunos tomemos en serio proyectos ilusos. Pero soy subjetivo, cómo no, y por tanto, así plasmo mi defensa.
Trabajo o afición... de algo hay que vivir, pero también por algo hay que vivir.
Un saludo,
lunes, 21 de julio de 2008
Hartazgo de la mediocridad... ajena.
Harta ver la mentira en labios ajenos, soltada con inmaculada despreocupación. Harta también la petulancia, el jactancioso y el bravucón, el valiente de boquilla y el chulo de piscina. Harta ver al que siempre saca punta a las cosas, el que está con la coletilla dispuesta, al que siempre hay que escuchar la frase comenzada con el "si yo..." perenne. Harta, en suma, la podredumbre de la falsedad, de lo inventado sin más objeto que el enaltecimiento propio y disminución ajena, el fomento de la envida o su paliativo mediante el recurso a la mentira.
También, y eso más, harta la mediocridad. El ser que presume de inteligente, de agudo, de listo, de intelectual. El ser que al hablar expele flatulencias, y al escuchar, orina. El que se da de lo que lo es, pero es peor de lo que piensa que es. El mediocre que no puede callarse, pues su silencio para él es un error, y el vacío hay que rellenarlo de palabras. El mediocre, en suma, que pretende ser lo que no es. Esos son los peores, y son legión, o legión y media.
Hartan tantas cosas que no seguiré. Me tomo vacaciones, y me convertiré en uno de los mediocres veraneantes de playa y piscina que cohabitan con miles de semejantes, del género ovino o bovino, entre arena y hierba, sin alternar como Nadal, si no, más bien, como los susodichos animales. Porque, a fin de cuentas, no hay genio de 24 horas, pero sí mediocres a jornada completa.
Un saludo,
viernes, 18 de julio de 2008
La ilusión y el cinismo
Primero, el que tiene una ilusión y aún no se le llama iluso, suele usar palabras llanas, ingenuas, repletas de sentimiento y ardor. Busca, con simplicidad, lograr hacer verdad ciertas cosas irreales, y en el camino choca frontalmente con muchos obstáculos, entre ellos, el último estado en que quedará el ilusionado; los cínicos. Pues éstos, en principio, se comportan, y tratan al futuro iluso con ironía, fina, hilvanada con ingenio. Pero luego, cuanto más avanza en su búsqueda de la felicidad por lo irreal, el futuro iluso la comienza a usar también más de lo que quisiera. Se pasa al segundo estadio.
El uso de la ironía presagia un estado peor. El ilusionado, aun no iluso, decide bordear los obstáculos, reales o fingidos, más potentes o más aparentes, con esa ironía aprendida, calándola entre su ingenuidad, entre su fogosidad y su simplicidad. Así pues, resulta irresistible, pues es honesto, franco y abierto, al tiempo que posee cierta maldad inteligente. Así y todo, se empieza a llevar los primeros golpes más serios, puesto que al acercarse más a la posibilidad cierta de lograr su ilusión, el resto, desilusionados, envidiosos, apáticos, rutinarios, funcionarios de la vida, despiertan y usan entonces otras armas; el sarcasmo cruel o la crudelísima llamada a la realidad, sea ésta cual sea. Y entonces es ahí donde el ilusionado va a pasar a ser iluso, puesto que es el primer insulto que recibe y el primer golpe serio que encaja. Su ironía no puede con el sarcasmo, puesto que es como usar un florete contra espadones romos. Él esgrime delicadamente ideas y espíritus, pero los demás le responden contundentemente con plomo, hierro y dolor.
Ya está entonces el ilusionado convertido en iluso, y el iluso pasará entonces, en la tercera fase, a engrosar los cuadros del cínico, del habitante del sarcasmo y la mentira conocida, de la persona que, en definitiva, abandonó los valores previos y ahora da cobijo a un nuevo adepto de la realidad, la que impone o se impone mediante brutalidad y manejo falsario de los hechos de la vida. En suma, el cínico, antes iluso, previamente ilusionado, involuciona hacia un estado deprimente, triste, encajado en lo puramente funcional, con un pragmatismo descarnado y un realismo moldeado por la distorsión negativa de la ilusión. El cínico, inteligente, sí, observador, también, sin embargo se queda en esa pose de espectador y olvida lo que impulsa muchas veces la vida; el sueño de la ilusión.
Porque con la ilusión uno puede ver más allá de sí mismo, de los demás, del mundo y de todo. La ilusión es la compañera de la imaginación, y ambas, como su padre, el sueño, son las dueñas de todo lo que nos rodea, del mundo entero, del universo. Encontrar la playa bajo los adoquines es más que un eslogan, y pretender un mundo mejor también es real. Pero ya hemos visto el camino que separa a los que tienen ilusión de los cínicos. Muchos, sencillamente, se quedan en ilusos, y con ellos, la mezquindad, el dolor, la abulia, la miopía...
Al menos, un cínico vale más que diez ilusos, y un ser ilusionado, más que mil cínicos. Porque el cínico puede revertirse a ilusionado sin pasar por iluso, ya que al menos ha llegado a cierta inteligencia...
¿O estaré siendo cínico yo mismo?
Un saludo,
miércoles, 16 de julio de 2008
La cultura... ¿de quién?
Aparte de las significaciones políticas (como siempre, unos arriman el ascua a su sardina o tratan de apagarla) creo que hay un tema muy bueno, el de la cultura. Porque la lengua, como decía (simplificando) Wittgenstein (que es pensador para mí grato, aunque árido) es lo que limita nuestro mundo. Y si logramos sobrepasarlo, será con ella. Aquello que podemos nombrar, existe. Lo que no, no existe.
Claro que no es Wittgenstein el primero en pensar así. Los mal llamados "Presocráticos" ya lo decían, y uno de ellos, el maravilloso Sexto Empírico, va más lejos; realmente, no podemos conocer las cosas, así que da igual cómo las nombremos. Nos acercaremos a cierta apariencia de realidad, pero sin saberlo, en el mejor de los casos...
Yo, que soy más simple que una olla de garbanzos, pienso que el lenguaje es, como todo, un instrumento. Y que usarlo bien o mal no depende de que un Estado nos lo enseñe, o nos obligue a hablarlo, si no, más bien, de nuestra intención de uso. Si yo hablo mal castellano, seré yo el que dilapide un patrimonio que no he conocido por una u otra causa. Si yo estoy en un lugar donde todo el mundo habla otra cosa diferente, estaré incomunicado, y de poco me valdrá el patrimonio lingüístico de que pueda alardear... es como ir con Rupias al mercado de Chamartín. Ahora bien, yo, en mí mismo, en la inmensidad de mi ombligo, podré pensar realidades al nombrarlas y reconocerlas como tales; puertas, ventanas, sillas, paredes, seguirán allí donde estén, se llamen así o de otro modo. Claro que, ante los demás, puede que no sepa reconocerlos, pero es ya cuestión pública. Lo que llaman "sociedad".
La cultura es algo más que el manejar mi propia lengua con soltura. Es más que poder o no comunicar ideas a otros (conozco a personas que son capaces de hacerlo por señas, o con una invención de lenguajes maravillosamente versátil) y es mucho más que ser políglota (que ayuda) o ser pedante. La cultura, creo, es la manera de poder disfrutar de las ideas propias y ajenas, de poder compartirlas, si se quiere, o de paladearlas de manera onanista. Es la capacidad de reconocer en los otros conocimientos que no tenemos y que nos encantará adquirir o, al menos, escuchar una vez en nuestra vida (luego la memoria ya se encargará de fijarlos o de perderlos) y siempre, en todo caso, gozar de sensaciones de todo tipo y aposentarlas en nuestro cerebro, en la punta de los dedos, en la piel, en cualquier parte. La cultura es, a fin de cuentas, cada persona. Y lo mismo es culto el pastor que sabe de las inclemencias del tiempo, de las peñas y los charcos, de los pastos, de las plantas y las ovejas, de que sus pies anden y el cuero esté curtido, como el paleta de obra, o el físico o químico que sabe de leyes del Universo, o el matemático que deriva e integra de cabeza, reflejando realidades en otro lenguaje, o las madres que aprendieron a escuchar los silencios y a enseñar paciencia, o los padres que laboraron horas y horas sin más recompensa que un mundo embrutecido, o los niños que saben cosas que para otros eran misterios a su edad... y tantos, tantos otros, que la cultura, al final, es sencillamente un ser humano. Su vida puede estar mejor o peor conducida, pero, cuando muera, seguramente algo de sí mismo permanecerá en los demás. Y ese jirón, corto o amplio, será, a mi modo de ver, su contribución a la "Cultura"...
Un saludo,
domingo, 22 de junio de 2008
Golferías
¿Qué diferencia hay entre unos y otros? El saber ser marrullero y al mismo tiempo, saber jugar. De eso sabía mucho una selección hoy extinta, pero que fue la maestra del tema muchos años; Yugoslavia, en baloncesto.
Los "Plavi" eran geniales. Al tiempo que exasperaban y sacaban de quicio al contrario, presionaban a los árbitros y metían canastas por doquier. Se les acompañaba con una afición que, a día de hoy, sigue siendo muy dura, muy animosa. En otros países se ha vivido igual el tema, pero sin duda ellos tenían todo para triunfar. Buenos jugadores, buenas armas de guerra psicológica y una afición sin parangón. También eso ocurre cuando los que te apoyan saben de qué va el tema, y saben cómo es eso del deporte. Y ahora, las diferencias...
Vaya por delante que yo tengo la extraña intuición de que España pasará de cuartos para caer en semifinales. Pero como muchas veces pasa, esta predicción seguramente no se cumplirá. Yo espero que sí, y que incluso, aunque no me lo crea, lleguen a la final y ganen el Europeo. A fin de cuentas, representan (o eso dicen) a mi país, y eso cuenta, sea en waterpolo, dardos, 100 metros lisos o, si lo hubiera, curling. Pero sucede algo extraño con la selección de fútbol. Me explicaré.
Todos los futboleros que conozco, desde que la de baloncesto ganó el mundial, se sienten de pronto como avisados, como si algo molesto les hubiera dado un toque de atención. Y eso provocó dos reacciones principales, una de defensa a ultranza, aun sabiendo que no todo era defendible, y otra de ansiedad, de crítica interna rabiosa. Hubo un cierto respiro, aunque en falso, con el Eurobasket, y ahora, con el Europeo de fútbol, las cosas han tomado un nuevo cariz; primero de todo, la desilusión, el pensar que no se logrará. En segundo lugar, que si sale, será porque finalmente se hayan aliado con nosotros los astros...
Son dos concepciones del deporte. En el fútbol, por desgracia a día de hoy, tenemos una liga repleta de estrellitas, una caterva de analfabetos varios que juegan, dirigen y apoyan. El fútbol, es de los deportes más simples de entender, en cuanto a reglas y a formas. Es grande por las dimensiones que lo albergan, pero lleno de huecos. Está muy extendido, precisamente por esa facilidad de comprensión que tiene. Y que nadie lo dude; es un deporte, sí, pero tiene menos exigencias, en ocasiones, que otros deportes. La genialidad también existe, pero no compensa la falta de entrenamiento, el esfuerzo y la dedicación.
Personalmente, estos y otros motivos son los que siempre aduzco para mostrar el aburrimiento que me produce el fútbol. Pero hay uno que me inquieta y produce especial rechazo; en baloncesto, ser pillo, ser listo, es una necesidad absoluta frente al físico, que es importante, pero no tanto. En fúbol, se es más bien golfo, en todos los sentidos, y por eso, uno de los insultos que más oigo referido a éste deporte es ese, que está lleno de golfos... entonces, los partidos, más que un espectáculo deportivo, ¿no serán un conjunto de golferías?
Así, con esto, quizá se comprenda porqué Italia suele ganar. Y otros. La fortaleza mental, el creerse lo que uno hace, hacerlo bien y, encima, acertar en el momento de la pillería. Veremos si ese escalón superior, al que España no sabe acceder aun, lo rebasamos algún día. En baloncesto perdimos hace muchos años el miedo, que no el respeto (aunque menos) a selecciones tan fuertes como la de los USA. Y se tiene otra mentalidad; pillos, sí, golfos, mucho menos...
A ver si el fútbol da una alegría, aunque luego no limpie las letrinas que es lo que tocaría hacer...
Un saludo,