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viernes, 9 de noviembre de 2007

El equilibrio y la comodidad

Leo que Boadella ha sacado un libro llamado Adios, Cataluña. Hasta ahí, todo bien. Pero resulta que dicho libro es analizado (Y ensalzado junto con la trayectoria de Boadella, pero ocultando cosas... qué curioso) por una poetisa que escribe en Libertad Digital. El diario de la COPE, o, mejor dicho, de Losantos, Vidal, Moa y demás amigotes del neocon español.

También leo una carta abierta de Leo Bassi a propósito del I Concilio Ateo de Toledo, reunión vetada por el alcalde socialista de dicha ciudad (¡Vaya socialista!) con las presiones del Arzobispado de allí (¿La Iglesia ejerciendo presión mafiosa? Eso solamente puede pasar en países sin un poder público fuerte... ah, España lo es...) y de paso, en la misma, con críticas al poder en cuanto a establecimiento de tonos monocordes. Visitad www.federacionatea.org

Es curioso. Muchos artistas, y mucho más, ciertas personas cuando alcanzan cierta edad, dicen las cosas sin miedo, sin pararse a pensar si eso que dicen les dará problemas. Normalmente, hay una "raza" de personas que no siente problemas en incomodar a los poderes establecidos (O sentidos como tales) o a todo aquello que se considera un dictado uniforme. No son acomodaticios, si no más bien, equilibristas. Gente sin miedo ya...

En España, parece que la crítica con cierta elegancia, con cierta contundencia, con cierta gracia, se hace ya solamente en los toros. Cuando fui a las Ventas hace unos meses, a ver mi primera corrida de toros en directo, me sentí transportado en el tiempo. No ya por el ritual de matar a un animal (Ritual repetido a lo largo de miles de años en el Mediterráneo y con significados más profundos, y viscerales, que la simple etiqueta de "tortura") si no porque sentí de pronto estar en una corrala, en un Madrid de la edad de los Quevedo, los Góngora o los Cervantes. Es decir, un lugar donde el hombre decía, con suprema claridad, lo que pensaba de las cosas que veía (Si bien en religión, es más difícil... los ateos han sido siempre enemigos de todos; ¡Como los artistas!) y no tenía miedo de provocar las reacciones adversas, muchas veces violentas. Donde la gallardía no era chulería cobarde, si no humano atrevimiento, valentía cierta. Antes se decía viril... un tiempo, en el que se decía y sostenía lo dicho con la punta de la lengua o de la espada. Sentí, no obstante, que todo aquello era irrelevante; el presidente de la plaza de las Ventas escuchaba las críticas, pero no reaccionaba. Estaba ahí, pero sin inmutarse. Y lo único que quedaba era el rebelarse en contra de un espectáculo rebajado, sumiso a los dictados de la economía y cierta preferencia cultural. El resto, sin embargo, no dejaba de callarse, sin
gritar, sin perder los nervios, pero apelando a la crítica sin miedo.

En el océano de palabras que inundan hoy día los periódicos, digitales o en papel, en el que se navega en Internet, el que se oye en programas, telediarios, el que se lee en ciertos libros, de vez en cuando encontramos un islote que hace frente al océano abúlico o que choca sus olas contra esas costas. A veces, encontramos conciencias críticas, incluso hipercríticas. Pero entre el equilibrio continuo que agota, que nos hace mirar a uno y otro lado, tratando de no caernos, de vivir peleando sin perecer (otra cosa es absurdo suicidio, como correr contra una ametralladora) y la comodidad, no sabemos a qué atenernos. Bueno, casi todos sí. Queremos vivir. Queremos evitar el riesgo.

Quizá es lo que nos pasa hoy. "Quien evita la ocasión, evita el peligro". Este refrán de mi madre dice mucho. Y tan cobarde es pensar demasiado las cosas, reconcentrado, como no hacerlas. Pero tampoco todos estamos capacitados para el peligro, para la aventura. Por eso, se agradece que estas personas nos lo recuerden. Que se puede luchar, que se puede incluso vencer. O si no, al menos, sentir que se ha hecho algo. Algo... ¿para qué?

También la duda es una tercera forma de vivir. La parálisis de ésta, quizá producto de la maldita" epojé" que he mencionado ya, sea una manera de vivir en el equilibrio. Pero, eh, si es así... ¿no será también una forma de cobardía?

Así pues, concluiré. Podría denunciar las muchas actitudes de gente que conozco por parecerme cobardes, simples posturas, hipócritas, faltas de valor. Pero... ¿acaso yo tengo mejor actitud? En esta reflexión, entonces, sigo perdido. A nada se llega; ni puedo ser un Hank Moody (porque en algún momento algo fallará; el hígado, las piernas, los puños, la fuerza...) ni tampoco vale ser un simple observador sin más. Y entre medias... ¿qué?

Qué poco concluyentes son a veces las reflexiones hechas en un blog... ¿será eso interesante?

Un saludo,

miércoles, 7 de noviembre de 2007

¿Quedaban republicanos en la guerra civil?

Siempre se acusa a los republicanos de ser quienes nos llevaron a la guerra civil. Por desidia, permitiendo que los movimientos revolucionarios de anarquistas o socialistas radicales les provocaran revueltas y revoluciones; o por connivencia, actuando incluso como cómplices en dichos actos revolucionarios. Una parte de la derecha, por no decir gran parte, acusa por tanto a la República de ser un simple estadio intermedio de la Revolución con mayúsculas. Y siempre, siempre, los republicanos son el "malo" de la película por no actuar a tiempo, siendo los buenos militares, con su fuerza, quienes tuvieron que rebelarse para restaurar el orden roto.

Pero también se acusa a los republicanos desde la izquierda, porque según ellos, anarquistas, marxistas y socialistas de pelaje vario, la República ahogó la revolución e impidió un cambio tan profundo que con él mismo se habría cambiado la guerra, venciéndola e implantando un estado de cosas casi idílico. Así que durante la guerra, como antes en la paz, se dedicaron a destruir las estructuras del estado republicano desde dentro.

Estas interpretaciones, revisionistas algunas, y ciertas en parte otras, son las que se oyen mucho. Dejando de lado el olvido en la educación de muchos de mi generación de este período histórico, al que se llegaba (cuando se llegaba) de puntillas y sin sobresaltos, con un esquema torpe y simplón, estamos hoy día en un punto bastante triste, respecto a la historia reciente, por el que ni siquiera se puede hacer un estudio de la guerra civil sin tomar partido. Pero es que se debe hacer sin partido alguno.

Los republicanos, para empezar, creían en un estado democrático. Lo crean o no aquellos que defienden a Franco y su régimen. El hecho está en que las provocaciones de la guerra civil se dieron por la izquierda más extrema y la derecha más autoritaria, rebasando siempre a los republicanos que por más que lo intentaron (A veces con mayor fortuna o dedicación) no pudieron absorberlos en el nuevo régimen.

Éstos, que aspiraban a un Estado similar al francés, se vieron desbordados en cuanto que los elementos conservadores, africanistas (del ejército) y propietarios, de un lado, se organizaron ya en fecha tan temprana como 1932 para derribar el régimen "sorpresivo" de la República, que ya en su Constitución trataba de encauzar los asuntos sociales mediante concesiones, a veces más simbólicas que reales, a los trabajadores del campo y la ciudad.

Pero también se vieron desbordados por las izquierdas, radicales, que pretendían un cambio revolucionario sin aceptar el régimen tampoco por ser una verdadera cortapisas a los cambios que se habían dado en la Europa de entonces, especialmente en los "paraísos" obreros como la URSS.

Es decir, unos y otros no aceptaban la legalidad de los republicanos; los primeros, por ser los que "traían el marxismo y la revolución"; los segundos, precisamente por retardar éstos e impedirlos.

¿Fueron buenos políticos los Azaña, Prieto, Negrín, Largo Caballero y demás? Yo creo que algunos fueron contemporizadores y bastante ineptos. Otros no, y de hecho, una figura siempre vilipendiada, pero curiosamente con más saña que argumentos, es Negrín, quien predicaba una resistencia contra los fascismos que habían ayudado los golpistas del 17 de julio de 1936 y una necesidad de actuar con la URSS (Que no el comunismo) muy similar a la que pocos años después proclamaría un político respetado hoy día; Winston Churchill.

¿Por qué tenemos que olvidar ciertas cosas? La guerra civil, en último término, se luchó sin republicanos prácticamente. Debilitada por las izquierdas y tocada de muerte por las derechas, los pocos republicanos que creían en un régimen democrático se enfrentaron a la dura realidad; no existía ya este régimen. Los golpes de unos y otros (Quién empezó, como en la pelea de un patio de niños, tiene poca relevancia; pero está claro que fueron los conservadores que vieron amenazados sus privilegios, como siempre, y la omnipresente Iglesia, quienes más azuzaron la discordia) dejaron el único experimento democrático que conocemos, aparte de otros más breves, en el cajón de las ignominias.

Varios años después, un régimen republicano fantasma pululaba por Europa y EEUU, tratando de representar a una España que ya estaba hundida en la miseria del franquismo, de aquel autoritarismo autóctono, superviviente como la Iglesia en los siglos... y hoy, en las excelentemente bien conservadas ruinas de ese franquismo, con una nueva Restauración completada (La llaman "Transición") vemos que el debate sigue sumergido en aguas turbias.

Republicanismo para algunos, es hablar de comunistas, de marxistas, de revolucionarios, de desorden, de caos, de muerte y destrucción. Y se olvidan de un sistema democrático que fracasó por los muchos golpes que le dieron de uno y otro lado. Porque si las derechas hubieran contribuido al órden en España, sirviendo al país, y no a las clases que representaban, y las izquierdas hubieran asumido los cambios con la paciencia que debían, ¿qué habría sido de nuestro país? Porque ser republicano no es ser de izquierdas o de derechas, si no creer en un sistema democrático y libre de verdad, con otros valores, con otras concepciones del Estado y de la Nación.

Quizá tendríamos una España diferente a la de hoy. Quizá podamos tenerla.

Un saludo,

domingo, 4 de noviembre de 2007

Ecos de la clase política

Sarkozy, que es cristianote y viril hombre de derechas, ha logrado sin embargo caerme simpático por una vez. El hombre, con el tema del Chad, ha ido en "su" avión presidencial y ha rescatado a las débiles damiselas blancas y europeas de las garras de los crueles negros africanos. En el viaje, se ha traído, dejando en Torrejón, a las azafatas españolas.

Viaje con escalas; me imagino al francés saludando a las españolas con un guiño de ojos, intentando ser atractivo, desplegando el empalagoso y artificial encanto de un cuarentón (que es cincuentón) divorciado y por tanto con ganas de marcha. "Eh, nenas, estoy libre; venid por el Elíseo y os doy un paseito que nunca olvidaréis..."

La cosa es que éste político ha demostrado que cree en su nación. Ojo, no digo país o estado. Nación. Ahora, en los últimos 30 años, en que ser "Español" es sinónimo de "Facha", o en que declararse de izquierdas y español es como ser tildado de demente, me sigue sorprendiendo esta raza de políticos de fuera de España. O del Estado español. O de Iberia.

En otros países, los políticos son hombres que, en su búsqueda de poder, de control, de dinero y otros vicios, sin embargo no olvidan del todo el servicio público que han de dar. Y lo demuestran, aunque sus corrupciones sean tan chapuceras como las nuestras o sus actos tan vergonzosos como los de por aquí. Lo hacen porque tienen una historia detrás que avala su grandeza. Aunque sea inventada y a costa de minimizar la de otros.

Julián Juderías, escritor español finisecular, dejó un libro, tratado casi, llamado "La leyenda negra", que analiza nuestra continuada perversión de creernos inferiores a todos los demás, con un pasado por el que sentir culpa y vergüenza, y también la otra de bascular al lado contrario, pensándonos los amos del Cosmos. Es interesante ver cuánto de lo que somos (y de lo que podíamos haber sido) ha estado influenciado por lo que otros dijeron, más que hicieron, de nosotros.

Así pues, en la España de la ultracorrección lingüística, de los excesos por un lado o por otro, de la política hecha para políticos y el partido, sorprendería encontrar un político, un hombre público que pensara en términos de "Qué le va mejor a mi país..."; antes que eso, siempre, los artificios, el humo, la palabrería, lo rastrero, lo barriobajero y sobre todo, la falta de visión.

Sarkozy seguramente les ha dado el teléfono a las chicas, si le parecen guapas. Como Aznar, es de derechas, pero con más clase. El del bigote metía bolis por el escote con la misma gracia que un gañán visitaba Francia en los años 60. O sea, ninguna. Hasta el arte del requiebro rijoso se ha perdido en este país, España...

Un saludo,

viernes, 2 de noviembre de 2007

Batiburrillo

Leo que un etarra, que amenazó con pegarle dos tiros (¿O eran más?) al tribunal que le juzgaba por varios asesinatos, está en huelga de hambre. Vaya, como el oso polar que no come por la falta de hielo. ¿Merece morir el segundo? Seguro que no...

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En el Chad, varios españoles tripulantes de un avión que iba a llevar niños con familia, como si fueran huérfanos, para vete a saber qué negocios turbios en la Metrópoli, parece que se librarán de las penas. ¿Y el ejército francés de maniobras por la zona, qué opina?

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En Paterna, han quitado las flores tricolor dedicadas a la memoria de varios muertos republicanos, cambiándolas por flores papales, y luego, moradas, y para terminar, otra vez tricolores, pero más feas. Mientras, la Iglesia puede mantener vestigios del franquismo "si son artísticos". ¡Qué comparación!

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Naturalmente, la sentencia del 11-M. Rubalcaba haciendo pedagogía; Blanco, analogías; Zaplana, tautología. Falta la escatología, ahora que todo está judicialmente finito.

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La Tierra se va al carajo. O al menos, el equilibrio que conocemos. Puede que entonces éste cambie y se forme un nuevo equilibrio, en el que no forme parte de la ecuación el hombre. ¿El hombre? No, se adapta a todo. Sobrevivirá lo peor, claro está. No lo mejor.

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Mientras Barcelona se hunde (¿Y Madrid se quema?) en la costa planean, si no es electoralismo puro y duro, derribar un montón de casas y hoteles, para hacerla más viable. Gran noticia, si es cierta. Y será por motivos inconfesables, como cuando se cambió la forma de votar en el CGPJ. Una buena solución con una finalidad interesada. Veremos si hacen algo con todo el asfalto que nutre de contaminación el país, el continente, el mundo...

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La letra para el himno, que no es nacional, si no monárquico; y digo yo, ¿no sería mejor un tercer himno, ni el de Riego con su letra festiva ni el de la Marcha Real, tan añejo? Quizá una nueva música, una nueva letra, todo nuevo. ¡Hagamos un "Operación Himno" ahora que estamos a tiempo!

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El pitufo gruñón odiaba odiar, pero yo odio, a secas. Muchas cosas. También amo otras, con mayor pasión o mayor tibieza. Gracias a un amigo, Andrés, descubrí a Michel Onfray; ya está disponible su segundo volúmen de una contrahistoria de la filosofía... ¡era hora! Mientras, sigo leyendo a Ángel Viñas, a Josep Plá y a Pablo de Azcárate (Los tres al destiempo) para conocer un poco más de ese período de la historia que tan poco conocemos y tanto malinterpretamos, la II República y la guerra civil (¿Cuarta? ¿Quinta? vaya siglo XIX...) y claro está, sigo odiando a los Vidal y Moas y compañías, que están bien para Ci-Fi, pero no Historia. ¡Si hacen Ucronías!

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Cine; hoy he visto "Los tres mosqueteros" con Michael York de D'artagnan y Charlton Heston de Richelieu. El duelo es más real, sucio, barriobajero, tramposo y eficaz que aquel musical sin música bailado por Gene Kelly pero que era limpio, elegante, audaz y pícaro. Y claro está, siempre en mente, el de "Scaramouche" de Stewart Granger... ¡Qué grande! Una vez escribí algo parecido a una novela corta y el final, aunque no se pareciera nada, pretendía recobrar esos duelos a espada... la esgrima es especial.

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Final de la Tierra; "Cuando el destino nos alcance", hecho realidad. Apocalipsis ecológico. Agua salada, desiertos, ningún animal... superpoblación, matándonos por el agua dulce, el petróleo acabándose, el sol agonizando, el cielo gris, nunca más azul... anarquía, luchas, guerras. Mientras no suceda en nuestra generación, ¿qué más da? Claro que las generaciones son intertemporales... acabo de acordarme de otra gran película: "Hijos de los hombres". Y la vista hoy, "Tierra".

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A todo esto le pones una canción de The Doors, y tienes banda sonora para leerlo. Si has llegado aquí, es que estás tan insomne como yo... y es malo, eso de no dormir. Entonces no sueñas.

Un saludo,

jueves, 1 de noviembre de 2007

Profesiones y profesionales

A veces, el estudio de una profesión no te hace profesional. Es más, normalmente, no lo hace estudiarla, si no realizarla. Y como todo en la vida, descubre uno que, con algo de trabajo e inteligencia, se pueden ejercer casi todas las profesiones... sin pasar por los mundos académicos "normalizados".

Hay un personaje en "House" (Ya lo verán, paso de destriparlo) que muestra esta teoría. También es curioso que se catalogue a la gente según su "profesión", etiqueta útil para un aristotélico gustoso de prejuicios, pero no para un crítico de la vida como pueda ser un neo-nietzscheano. Ejemplo, Ryszard Kapuściński; ¿Periodista? ¿Historiador? Como Eugenio Xammar o Josep Plá, vivió una época convulsa (¿Cuál no lo es?) y realizaron crónicas en teoría periodísticas. Pero no; ellos fueron historiadores. Y grandes escritores. También se podría decir que Baroja, Cansinos Assens o Zweig eran literatos. ¿Y no historiadores? Los primeros tiene relatos que un Asimov suscribiría como propios; el austríaco, lo mismo. ¿Literatos, historiadores, periodistas?

Yo he sido en mi vida muchas cosas; actor, vendedor, pescadero, formador, administrativo contable y de personal, camarero... y algunas cosas más. En todas ellas, la escuela no estaba en un centro académico. Era lo que yo quería aprender y lo que me enseñaba el ambiente en el que me desenvolvía. En cierto modo, soy lo que he querido, en parte; y lo que he aprendido a ser, en gran medida.

Así pues, no nos engañemos. Algunas de las mejores crónicas periodísticas las he leído de personas ajenas a la profesión; algunos de los mejores artículos históricos, de miembros de fuera de la Universidad; algunos de los mejores artículos de investigación, de narradores de Ci-Fi. Los profesionales son aquellos que, gustando de lo que hacen, lo hacen bien, y mejor aun, con ganas de mejorar. Las profesiones, por otro lado, son etiquetas útiles para ilusionar, pero vacíos conceptuales si no los rellenan.

Acabaré, cómo no, hablando de mi amigo Rafa. Él es rentista; productor de cine; licenciado en derecho; hedonista ético; lector incansable; cinéfilo de pro. Y sin embargo, no tiene más profesión que la vida. Esa es la más envidiable de todas, la que espero, si tiene tarjeta, ponga alguna vez como reclamo. "Vividor", en el más y mejor sentido. En ello está revelándose como todo un profesional. Sin escuela.

Un saludo,

martes, 30 de octubre de 2007

Mortalidad e Inmortalidad

Dice Rafa (¡Pesado!) que tiene una esperanza; la de que la Ciencia (Con mayúsculas) logre un método para el hombre que lo haga inmortal. No físicamente, si no mediante el transplante del cerebro o de los datos contenidos en él a otro cuerpo. A fin de cuentas, las mismas esperanzas de siempre expresadas de diferente manera.

Otra muy buena amiga mía cree en Cristo y en la resurrección. Y eso le da esperanza. Por ello, se esfuerza, en la maraña de dogmas y leyes del catolicismo, en hacer lo que le pueda llevar a cumplir dicha esperanza.

Algunos otros amigos, ante la muerte, se plantean que puede haber algo. No me sorprende que suceda entre quienes tienen una formación científica o técnica. Es la misma esperanza.

Todos sienten la misma necesidad. El que la muerte no sea el fin. Que algo haya, algo quede, una vida, una ilusión de vida, algo similar a lo que conocemos. Pero esa es la gran desgracia del ser humano y el porqué de todas las religiones; conocer que vas a morir. La única e indiscutible certeza del ser humano.

Y entonces sucede la búsqueda de la inmortalidad. Nos reíamos cuando acudí al tópico de "Las obras te harán inmortal", ya que... ¿y yo qué sabré de eso? Julio César, a pesar de ser romano y tener clara conciencia de futuro, también se diría: "Y a mí qué..."

La inmortalidad. El sueño de todos. Logrado mediante una moral o ética religosa. Logrado por la ciencia. Logrado por las obras creadas. Logrado por la pervivencia de la memoria de uno en los demás. Por todos buscada, pero en todo caso, sueño de todos.

Siendo entonces tan claro que la vida es un hecho accidental y la muerte una cuestión segura, ¿cómo afrontarla? Es la gran pregunta, la que nos convierte a todos en filósofos, incluso a quienes desprecian la filosofía. Porque en la medida que respondamos a esta cuestión, viviremos de una u otra manera. ¿Resurrección o transmigración de almas, si creemos en el alma como soporte vital del cuerpo físico? Un tipo religioso. ¿Actuación de la ciencia para hacernos inmortales? Un tipo religioso. ¿Realizando obras para ser recordados? Un tipo vanidoso. ¿Dejando una memoria en los demás? Menos vanidoso, más real, pero igual de fútil...

En suma, ni Kierkegaard, ni Unamuno, ni otros miles que han intentado confundir filosofía con religión; casi nadie ha dado respuestas satisfactorias. Quizá, los únicos, Nietzsche y hoy día Onfray. También buenos escritores como Miguel Torga, Stefan Zweig, Pío Baroja, Muñoz Molina... Porque elevan el valor de la vida a una cuestión única; hacen del accidente una oportunidad; del temor, un acicate; de la ignorancia, un vasto espacio en el que transitar. En suma, hacen que la mortalidad no importe tanto, y que la inmortalidad sea, al final, un juego de niños. Lo que importa, y es lo que quiero destacar, es la VIDA.

Vivamos.

Un saludo,

domingo, 28 de octubre de 2007

Fanatismos

En una agradable conversación de sobremesa, un amigo ha comentado que a los responsables de cualquier religión no hay que matarlos, si no razonar con ellos y demostrarles los argumentos equivocados. Ingenuo me parece, si bien la otra solución, que casi mantengo como un anticlerical decimonónico, es la de eliminarlos. No es la mejor, y de hecho, algunos de los que compartían la conversación, se han pasado a la defensa de la Iglesia y las religiones en general. Es decir, el argumento ha quedado nulificado y desvirtuado.

Digo esto porque los fanatismos de todo signo (Fundamentalismos, religiosos o ideológicos o políticos o deportivos) logran el efecto negativo de crear resistentes, de hacer individuos contrarios a éstos fanatismos y por tanto, de anular completamente los demás argumentos que puedan acompañarlos.

Concretamente, uno después de la exabrupto ha sido el de, simplemente, eliminar la participación religiosa en la educación. Pero ya llegaba tarde. La sangre imaginada empañaba el argumento y lo convertía en polvo. Así pues, es posible que combatir fanatismo con fanatismo no sea la mejor solución.

Claro que ésta solución es más compleja. No es una Revolución Francesa donde se aniquilan clérigos (Y nobles, y gente que caía mal, y el que pasaba por ahí, y el poco revolucionario...) y se trata de eliminar la Religión organizada (Para luego crear un altar al Ser Supremo... imaginando que se restaura una religión estatal como la romana...) si no una solución a largo plazo o por consenso mayoritario. Ninguna de las dos opciones son probables.

La política, aliada natural de cualquier poder establecido con cierta raiz en la Tierra, no ayuda. Ya decía en otra parte que la educación siempre busca dar los datos mínimos para formar buenos trabajadores que no se cuestionen nada, o al menos, no mucho de los arquitrabes fundamentales del sistema capitalista y (teóricamente) democrático en el que viven. La censura tiene muchas formas de ser ejercida, y puede ser burda o elaborada, sutil o también impregnada en el mundo cultural que nos rodea. Otra contaminación más...

Los poderes económicos, verdaderos rectores del mundo, tampoco tienen mucho interés. Si las religiones organizadas suponen algún día un problema (Y no lo son, porque hasta el Vaticano invierte en muchos negocios que consideraría un lego impíos...) se les ataca, mediante la buena burguesía bienpensante, arraigada en sus bienes raíces, y ya está. Es un modo más de conseguir que el dinero siga moviéndose...

Así pues, parece que la última solución es la de dejar morir lentamente la religión. Pero claro, periódicamente, alguien viene y la salva. Nietzsche se quejaba amargamente de que el cristianismo agonizaba en el siglo XVI y tuvo que llegar Lutero a salvarlo... ¡qué cierto! nada más galvanizante que tener rivales: Ateos, aunque nunca son muchos; otras religiones, que son más importantes; y los poderes antes dichos, actuando no en pos de los individuos, de los ciudadanos, si no de sus intereses.

¿Dejamos morir las religiones? Pero si hay un montón de fanatismos arraigados... ¿montamos una argumentación lógica para desmontarlas? Pero llevará mucho tiempo y personas, y la tarea quedará siempre inconclusa... ¿organizamos una revolución corta, sangrienta y de carácter sumario? Pero entonces fomentaremos otras clases de fanatismos, y enconaremos los que ya existen... ¿entonces?

El individuo es la respuesta. Pero cada persona es un mundo, una mezcla indecente de Kaos y Kosmo. Y en la masa, diluye sus matices. Los mismos que usaban los defensores hoy de la religión ante mi propuesta, radical, de no razonar con los sacerdotes, clérigos, curas, ulemas, rabinos y demás administradores de la ética y la moral en nombre de algo indeterminado; de no razonar y, simplemente, matarlos a todos.

¿Podremos entonces usar opciones no violentas y logar alguna victoria? Me temo que no. El fanatismo es la más barata de las soluciones. Quizá, uno a uno, podamos lograr pequeños triunfos mínimos, escasos, temporales y, sobre todo, muy locales. Pero eso requiere mucho esfuerzo.

Quién sabe...

Un saludo,

sábado, 27 de octubre de 2007

¿A quién le importan tus sueños?

Nadie suele preguntarle a otra persona con qué sueña. Es una pregunta que nos pilla desprevenidos, casi tan pornográfica (En España) como la de "¿Cuánto ganas?" u otras similares. Los sueños personales suelen ser guardados en un cofre, cerrado con muchas llaves y sellado en el silencio más abismal. Pero de vez en cuando, se nos escapan señales.

A veces, en un momento de confidencia, nos dejamos llevar y contamos a otra persona cosas que nunca diríamos. No suele ser la familia, con quien la relación es visceral siempre, irracional. Suelen ser conocidos, amigos, gente pasajera o desconocidos incluso. Un retazo de ilusión se nos desgaja y queda adherido en otra persona. Y ésta, en ocasiones, puede llevárselo en prenda de la confianza otorgada, o, más comunmente, utilizarlo para hacernos la vida incómoda.

Quiero ser poético; cuesta contar los sueños a otras personas porque pueden luego ser usados en tu contra. También cuesta confiar. Y lo peor es que se suele acertar en la desconfianza...

Por tanto, ¿a quién le importa? Si sueño, da igual; es mi sueño. Apenas sí podré relatarlo (Si lo consigo verbalizar) y si lo hago, ¿a quién? Hay confidencias de cama, de barra del bar, de euforia incontenida; las hay de maldad venenosa, de intrigantes, con oculto interés. Pero al final, muchas veces, el sueño, la materia misma de lo que no podemos hablar (o si lo hacemos, cuesta) suele caer en el olvido. Queda tirada en el suelo, arrastrada por la lluvia hasta la alcantarilla, pisoteada por cualquiera que pase casualmente la suela por encima.

Mis sueños, los míos, me importan a mí, principalmente. Y lo que cuento, cuando lo cuento, no es ya el sueño. Es una variación del sueño, un recuerdo vago. Los sueños no son reales. Y sin embargo, hacen la vida mucho más real. Por eso, a veces, los sueños no se cuentan; se realizan. Así, luego, no se tiene decepción. Y si no los realizas... ¡sueños son!

A mí me importan los sueños de los demás. Al menos, para escucharlos y, como he dicho, hacerlos míos (O no). No soy un doppelgänger; solo otro soñador... ¡Regálame con tus sueños!

Un saludo,

jueves, 25 de octubre de 2007

Demasiada cultura - Utilidad

Ocurre últimamente que veo el mundo inundado de conocimientos de todo tipo. Desde el deportivo (Saber qué natillas come Ronaldiño) hasta el científico (Que los científicos que han recibido el Nobel, no sé bien por qué, compartido con Al Gore, le han refutado hasta 7 argumentos que él, como buen showman, ha exagerado; uno de ellos, el nivel del mar tras el deshielo... grave en sí mismo, no necesitaba de hipérboles...)

Y dentro de estos conocimientos, muchos de ellos son inútiles. Si no casi todos. Me explico.

De niño he oído siempre aquello de "El saber no ocupa lugar". Y un día, leyendo Estudio en Escarlata del gran Conan Doyle, leí un argumento muy bueno dado por Holmes a Watson, que reproduzco a continuación como buen amanuense:

""[...] Yo creo que, originariamente, el cerebro de una persona es como un pequeño ático vacío en el que hay que meter el mobiliario que uno prefiera. Las gentes necias amontonan en ese ático toda la madera que encuentran a mano, y así resulta que no queda espacio en él para los conocimientos que podrían serles útiles, o, en el mejor de los casos, esos conocimientos se encuentran tan revueltos con otra montonera de cosas, que les resulta difícil dar con ellos. Pues bien: el artesano hábil tiene tiene muchísimo cuidado con lo que mete en el ático del cerebro. [...] Es un error el creer que la pequeña habitación tiene paredes elásticas y que puede ensancharse indefinidamente. Créame: llega un momento en que cada conocimiento nuevo que se agrega supone el olvido de algo que ya se conocía. Por consiguiente, es de la mayor importancia no dejar que los datos inútiles desplacen a los útiles"

No puedo dejar de recalcar lo de la utilidad. Junto con este pensamiento, tan materialista, está el de Ortega y Gasset que ya mencioné algún día, de que la excesiva especialización hace del técnico un espeleólogo en medio del túnel, sin más ayuda que su potente pero limitada luz. Esto es, la utilidad, ¿cómo se mide?

Sorprende a muchos de mi entorno que no pueda recordar el nombre de una tipa o un tipo que se han follado mutuamente o a otros, o que no sepa qué le hizo alguien a alguien o algo. También, sorprende que no quiera conocer de ciertas cuestiones, y que en otras, evite todo contacto para esquivar la contaminación. Con el fútbol me pasa; estamos tan sobreexpuestos a las miles de informaciones inútiles, que incluso alguna vez obtengo algún dato inútil que hago lo posible por eliminar cuanto antes. Aunque el rastro queda. Los medios son sistemas de propaganda muy eficaces, y si no, ¿por qué conocemos hasta el último detalle de la vida nocturna de un jugador y no sabemos quién ha ganado la final de Rugby de este año?

Por eso la utilidad de los datos, de la información. Mucho de nuestra vida consiste en despojar de basura, de ruido, de contaminación, el dato que se pueda obtener. Y aun así, quizá no tengamos ni la sombra de una de las muchas facetas de lo que realmente ha sucedido. En eso soy escéptico, sin la radicalidad de un Sexto Empírico, y sin alcanzar la ansiada εποχη, que creo se pronuncia "Epojé" y que viene a ser una especie de suspensión del juicio, no afirmando que algo es correcto o no lo es absolutamente. Algunos somos, a fin de cuentas, ya lo dije en otro escrito, como mi hermano; buscando entre la basura pequeñas joyitas, tesoros y artículos de valor.

No desprecio el conocimiento, pero sí trato de cribarlo. Tamizar los datos, filtrar las informaciones, depurar, destilar hasta lograr un resultado que pueda ser el más adecuado. En ese proceso, me he equivocado muchas veces (¡Y las que quedan!) pero también he logrado conocer asuntos con cierta coherencia o claridad. La historia, que es de las ciencias sociales la menos ciencia y la más social, carece de método, pero no por ello se puede seguir buscando uno. Quizá el más acertado sea el multidisciplinar, porque nada se constriñe a una única área. Y la historia, como el presente, es un ejercicio de batear hasta lograr el oro escondido en el cedazo. Si a ese material le damos el valor que le damos...

También es cierto, continuando el argumento de Holmes a Watson, que algunos no tienen un ático, si no un dúplex o incluso un palacete. Aunque las especulaciones urbanísticas también alcanzan a las culturales...

Un saludo,

miércoles, 24 de octubre de 2007

Ey, la vida no se detiene...

Pienso en estos años vividos y en todas las cosas que no he hecho; unas por falta de oportunidad, otras, por falta de conocimiento. Todas por falta de atrevimiento. Y lo peor es que muchas de ellas, si no todas, no podré intentarlas ahora de nuevo; la biología humana es lo que tiene. Llegas a una edad y no eres viejo, pero tampoco joven. Ni adolescente. Ni maduro. Estás en medio de la nada.

Ya no puedes jugar a ser un Bukowski y beber hasta hartarte, o dejar empleos a lo loco. No puedes intentar ser un Huxley o un Escohotado y probarlas todas, porque ya estás cascado. No pretenderás jugar en ligas de Baloncesto superiores a las de un distrito de ayuntamiento, en el barrio, apenas 16 partidos y cuidándote de que no te peguen. La ACB está lejos, y ni te cuento la NBA. Ni tampoco sueñes con follarte a todas las mujeres guapas que ves, muchas de ellas alarmantemente más jóvenes, porque hace tiempo que la oportunidad no existe. Desde luego, viajar se puede, pero siempre con planificaciones por delante; nada de tomar un tren a lo loco y desaparecer en el corazón de Europa o en medio de Turquía. Y las comilonas como si uno fuera Lúculo, prohibidas.

De pronto, las posturas del Kamasutra parecen extraterrestres. Y físicamente, tu cuerpo te demanda más reposo, más calma, más tranquilidad... mientras la mente va a 300 por hora. Eso es lo malo, que el cerebro juega más rápido. Uno sueña lo anterior, imagina todas las situaciones no vividas o por vivir, y siempre encuentra, de pronto, que las ha vivido. O si no, está bien el tomar las experiencias ajenas y sentirlas como propias, adoptándolas. Y entonces la vida, de pronto, adquiere nuevas experiencias...

Creo que mi imaginación ha sido el músculo más fuerte de todo mi cuerpo. Demasiado. Apenas he podido correr más de 50 minutos seguidos, y eso hace muchos años. Pero puedo imaginarme lo que es una maratón. Y también lo que se sufre. Y lo que se siente. Y lo que se sufre. Y lo que se disfruta. Y lo que cuesta. Y lo que se sufre. Y lo que al final siente uno... y después, la sensación de triunfo personal, intransferible, quizá a la vez, fútil. Todo un esfuerzo físico que te hace sentir mejor, fresco, capaz, fuerte, ágil, rápido, coordinado. Y también otras sensaciones más ocultas, más tristes, más hondas. La soledad llega cuando no lo puedes expresar todo...

He imaginado miles de situaciones. Reconozco el apoyo de soportes para ello. El porno, muchas veces, ayuda a imaginar muchas de las mujeres que uno desea y a uno mismo en situaciones interesantes. Y también el erotismo del cine, de los libros, de las fotografías, de los cuadros, de las imágenes, de ciertos olores, de ciertos tactos. También me he sentido muchas veces como un soldado, victorioso, derrotado, desencantado, violento, humillado, heróico, cobarde, práctico, profesional, aficionado, ucrónico... y como un escritor, y como mil vidas más.

Pero eso está en la mente. Antes solía ver el mundo a través de gafas, y eso me daba cierto retraimiento, cierta timidez. Sentía que debía ocultarme más de lo que ya lo hacía. Y de pronto, un día, descubro que no es necesario ocultarse. Que uno puede ser quien es, soñando, sin dejar de ser quien en la realidad pasa por ser, aunque no lo sea. Porque nuestra identidad no es única, es como un diamante pulido en algunas partes, en otras no, y siempre reflejando distintas facetas de nosotros mismos. Y de pronto, con gafas o sin ellas, todo se ve distinto.

Así que puede que no haga ya muchas de las cosas que podría haber hecho en su día. Pero eso no impide que las haya vivido. En esta vida y en la de otros muchos. En las suyas y la mía. Aunque al final no sepa expresarlo o, más habitualmente, no me atreva. Y lo mejor es que la vida ha seguido, bien, mal, regular, pero ha seguido. Porque el tiempo, aunque relativo, tiene algo absoluto; se acaba en un momento dado.

Y eso también lo hace todo tan especial...

Un saludo,