Buscar dentro de este batiburrillo

domingo, 15 de noviembre de 2015

Religión de paz.

Es frecuente escuchar, cuando hay un atentado donde alguno de los autores grita lo de "Alá es grande", que eso es aislado, no representa al milmillonario mundo de los que profesan el Islam y que ésta es una "religión de paz".

Bueno, lo mismo se dice del Cristianismo y del Judaísmo. Y si se lee un poco lo que escribieron los iluminados que iban al dictado de su divinidad, verán que encadenan proclamas a la masacre genocida con llamamientos a poner otra mejilla. Vamos, un sin Dios. Ninguna es tan religión de paz como de guerra. Todas son lo mismo, excusas para configurar un mundo social determinado.

Desde que leí a Marvin Harris no tengo respeto a religión alguna, ni creencia, ni nada. Algo que Harari terminó de rematar cuando dejó claro que todo invento humano (religión, derechos humanos, democracia) es eso, invento sin más. Invento que parasita mentes. Y las palabras, otro invento, son meros instrumento de fuerzas más reales que pretenden objetivos más reales. Reduciendo, triunfar, sobrevivir, prevalecer. Y no se gana con palabras, si no con hechos. Estaba muy bien decir en 1944 que los Aliados luchaban por la democracia (con la URSS al lado, democracia que molaba mazo a Churchill) y la libertad y todo eso, pero lo cierto que sin tanques ni ametralladoras que derribaran a los alemanes y aliados no valía para nada. Por cierto, los nazis (salió, salió, el tema nazi salió, en el tercer párrafo...) creo que invadieron algunos países, incluyendo los bálticos, en nombre de la libertad. "Sí sí, venimos a liberaros de tío Iosef, pero vamos, que id poniendo en fila a los judíos y comisarios políticos que a esos los primeros". Aunque ahora que pienso, antisemitas polacos o letones había a puñados. Un, letón o lituano, mató a casi 100 judíos a garrotazos con la sonrisa cómplice y aplauso de la población. Hay fotos...

Eh, me desvío. Palabras vs hechos. Pues nada, el viernes 13, como en una mala producción de serie B americana, varios tipos con Kalashnikov (primera pregunta, ¿de dónde sacaron las armas y municiones? ¿y los explosivos? ¿y cómo los entraron en París? Aunque el tráfico de armas es como el de drogas, hay mucho más de lo que nos creemos, es la pasta... segunda pregunta, ¿y la pasta?) se dedicaron a sembrar pánico y terror en las calles y una sala de conciertos, al parecer, de la que más éxito tenía en la ciudad. Más de 100 muertos y más de 100 heridos, miedo, desinformación (que si el pasaporte sirio, que si había más, que si el tren descarrilado...) y objetivo cumplido. Hechos. ¿Palabras? Aquí estáis leyendo algunas más.

Ninguna religión es de paz. Quede claro. Ni ideología. Todo es impuesto, no razonado. Ya sea rápidamente por la sangre vertida, o lentamente por el tiempo de la aceptación o resignación. Por eso me echaré un par de risas cuando me digan que "el Islam es religión de paz y eso no nos representa". Claro, y ni todos los vascos eran ETA (anda, en el 5º párrafo... qué tarde llega) ni todos los catalanes independentistas aunque hablen que no les entiendan algunos castellanoparlantes. El Islam no es religión de paz, es religión y punto. Y como toda religión e ideología, busca prevalecer por medio de violencia, la que sea, ya coercitiva (qué bien les viene a los países del petróleo golferas, digo, del Golfo pérsico) ya amenazante ya real. Que aquí también tuvimos hasta no ha mucho esa religión de paz llamada nacional-catolicismo donde los capellanes hacían de comisarios políticos y sociales. Y había palizas, oiga... 

Yo no acuso de violento asesino o psicópata al creyente, crea en lo que crea (cristianismo, islamismo, democracia...) pero sí me queda claro que su búsqueda de sustento intelectual para no convertir su estancia en la vida (real) en una nihilista sinrazón (sin Dios) está siempre en un frágil equilibrio. El de saber que la razón machaca todo parámetro de la fe, que es, al fin y al cabo, amígdala bombeando sentimientos. Y que las creencias, al final, generan un marco apetitoso para sacar al redentor que todos llevamos dentro, como un cuñado en cena de familia, siempre repleto de respuestas a todo. Aunque ni siquiera se haya hecho las preguntas.

Tampoco voy a decir que mi postura es la mejor, esa del hedonista ético que a la carta escoge sus valores, descreído de creencia alguna. Porque también tiene afectación social, aunque no maneje Kalashnikov o arma similar (no sabía dónde comprarla y ningún gobierno con mi "ideología" me provee con dinero o recursos que me lo permitan...)

En fin. Hoy he rebuscado en algunas suras (versículos del Corán, vaya) y sigo pensando lo mismo. Qué batiburrillo. Ahí puedes interpretar lo que quieras, aunque en general induce a ser un psicópata. Seguro que más de un musulmán lo lee como los indios ahora "Mein Kampf", como un libro de autoayuda. Qué cosas.

Un saludo,

martes, 27 de octubre de 2015

La compuerta.

Un extraño bullicio de ideas se agolpan en mi mente. O cabezota. Lo jodido del asunto es que no pueden salir, ni siquiera tamizadas, porque una compuerta amplia retiene todo. A cambio, se ha abierto una esclusa diferente, un canal que no conocía y se ha ido construyendo estos últimos años. Dice algo así como "Paternidad".

Es jodido, en serio. Tengo una idea. Y de pronto, ésta se difumina, vibra como un mal holograma en una peli de Ci-Fi B. Puede que esa idea ramifique y fertilice otras, pero no. Suele fosilizarse y crear una espina rígida incapaz de crecer, pero difícil de romperse. Se convierte en un proyecto más. Abandonado o aparcado, según se quiera tener esperanza en él. A esa idea le siguen más ideas, y más, y parecería que cultivo un vergel paradisíaco en mi sesera, lo que no es verdad. Tengo, simplemente, una presa que retiene tanto y tanto que no sé cuánto aguantará.

Por eso, de cuando en cuando, la compuerta no puede más y se activan los automáticos de la desazón y la sinrazón. Filtra, salen cosas, ideas, palabras, frases e incluso párrafos completos. En ocasiones puedo apuntar todo eso, como quien cuenta las gotas de agua que fluyen desparramándose en el salto de la presa, pero las más, se vierten al vacío y se mezclan con el charco del fondo, con el afluente lateral o el río general. Y se pierden para siempre en el mar de la indiferencia y el océano del olvido. Qué poético. Pero qué cierto, joder.

No culpo a nadie de eso. Cuando comencé mi vida laboral, siguiente paso en la institucionalización de todo individuo en nuestros días que quiere tener un cierto "éxito", comencé a embalsar. Embalsé mi deseo de hacer una carrera de Historia. Embalsé los relatos y las palabras que enladrillaban su fachada. Embalsé las ganas de rebelarme cada mañana al sonido del despertador, de contestar a las hirientes falsedades que proclaman todos en su ánimo robótico de hacer sociedad. Embalsé sueños variados. Y, de pronto, un día, las esclusas dejaron salir arroyos o torrenteras. Y salió un libro. Y salió la decepción y realidad de la carrera. Y salió la rebelión de baja intensidad, la respuesta sonriente pero afilada. Salieron muchos sueños. Uno se convirtió en realidad. Se llama Daniel.

No culpo a mi hijo de mi estado actual de embalsamiento. Trabajo, hijo... y una relación que se ha convertido en contractual pero llena de amores y deseos cubiertos por ropa de bebé, cunas, chupetes, biberones y colchas con dibujos animados. La presa acumula cada vez más y más agua, pero hay fugas de la conciencia, o de la inconsciencia, que permiten que aguante y no haya grietas. O eso creo. Quizá porque la compuerta sigue funcionando, a veces en forma de entrada en este blog, a veces en forma de relato, a veces en forma de historias de rol (maldigo a los creadores de La Llamada de Cthulhu, carajo...) o personajes y trasfondos e historias. A veces, simplemente, de noche, soñando.

Y menos mal que aún puedo leer todos los días algo. Si un día quisieran encarcelarme, lo tendría crudo. No podría hacerme un ajedrez o tallar figuritas. Quizá tampoco hacer música. Y solamente me podría quedar, como a Sade y otros grafomaníacos, que alguien me pasara papel y boli o lápiz para recrear historias ya leídas o inventar otras nuevas, so pena de volverme tan loco que acabaría dibujando letras con mis heces. Algo que, por otro lado, quizá no está lejos de lo que ya sucede...

Un saludo,

lunes, 28 de septiembre de 2015

Alejandro Carneiro y Enrique Santamaría

Las dos personas que encabezan la entrada son especiales. Primero, porque junto a un gran Roberto Pastrana y otro corrector, Paco Gómez, han sido el entramado básico de la magnífica revista Stilus, en la que hice algunas colaboraciones lamentables. Roberto fue el que aglutinó los esfuerzos (aún lo hace) y permitió a estos grandes escribir sobre temas que aún continúan en Tabula (para fortuna de lectores como yo) y que no suelen tener cabida en otras revistas demasiado canónicas.

Pero también lo son, en segundo lugar, porque son autores de libros. A Alejandro le conozco desde hace casi 15 años, desde cierta reunión de flipados novorromanos en Mérida, donde ya me conquistó en persona como lo había hecho en la pantalla de los egroups de entonces. Otra vez le he vuelto a ver en persona, pero menos de lo que querría. La nuestra es de esas relaciones a distancia de click y pantalla de por medio. Tiene Alejandro relatos, cuentos, que son muy especiales, repletos de fantasía que bebe de sus tradiciones, y no me refiero únicamente a las gallegas. Desborda, cuando leo algo suyo siento que toda la paleta de colores, casi de forma barroca, se despliega generosamente ante mi vista. Como todo aquel con un estilo personal, puede gustar o no. Pero no le pueden negar el desbordamiento de la gris realidad, al menos... ni su fascinante conocimiento del mundo antiguo (como el de Paco o Roberto, otros dos pozos de sabidurías nunca secos)

Tiene Alejandro varios relatos y una novela que he leído, "Cuentos de Artifex" y "Tempus Vesanicum", y ahora una nueva, "Los gomorritas", en recámara. No os lo perdáis...

De Enrique puedo decir que ha sido para mí una sorpresa. Acabo de empezar su primer libro, "Publio Vitelio Longo y la fábrica de dinero", de resonancias muy actuales, pero novela histórica. Enrique también ha sido parte de ese entramado de Stilus, y por tanto, persona de valor y capacidad. Por ello, cuando supe que presentaba novela en la Feria del Libro, traté de ir... pero a mi pesar, esto de la paternidad, reduce a una sexta parte los planes que uno cree que puede cumplir (no hablemos de los que sueña cumplir...) así que me tuve que "conformar" con comprar el libro un día y comenzarlo, tranquilamente, en casa. Una sorpresa. Y grata. No es pesado. No es didáctico o dictatorial, a veces entremezclo ambos términos en cierta novela "histórica". Es interesante, y tengo ganas, sin duda, de acabarlo calmadamente y escribir a su autor para comentarlo.

Stilus es una época especial. El trabajo personal de Roberto, su esfuerzo, su calidad, logró aunar algunos de los mejores momentos de algunas de las peores personas que conozco. Peores por su comportamiento, por su hipocresía o falta de empatía. Pero que en esa revista escribieran tantos y tantos, y algunos, como Alejandro o Enrique, tengan después estas novelas, me satisface tanto que no quiero olvidar el semillero donde les conocí. Esos puntos de encuentro de tertulias para ellos cuatro, que aún continúa en Tabula, que aún tengo el placer de mantener de cuando en cuando con alguno de ellos, son un gusto del que relamerse y pensar que no todo tiempo es tiempo perdido.

Gracias, Alejandro, y gracias, Enrique, por vuestras historias. Que no sean las últimas y la fertilidad os sea propicia... más que nada, por egoísmo propio de lector.

Un saludo,

lunes, 14 de septiembre de 2015

La mordaza del pan.

Fiestas de Aranda. Aparte de encontrar todo tipo de tipos interesantes, de mezcolanzas en lo tradicional y moderno, de pasear al crío, visitar a la familia, comer riñones a la brasa (manjar divino en El Lagar...) o dejar que la hierba me cosquillee los pies en la finca de mi suegro, tengo un rato adulto, con el pequeño dormido en custodia de su abuelo, para charlar con el marido de una amiga de mi mujer.

Seré breve. Trabaja en una empresa que tiene un monopolio en Castilla y León, y que decidió, para mantener sus beneficios, pingües, se dice, o de pingüinos (por los trajes de boda, supongo) que el 20% de rebaja que le imponía la Junta en sus tarifas "públicas" lo iba a compensar con un 20% de reducción en los salarios de sus empleados. Así, a lo crudo. Lógicamente aquello encabronó a los empleados. Les unió. Hubo gente con miedo que recordaba lo mal que va todo y cómo se aprovechan ciertas empresas, y que mejor callados ganando algo que no en el paro y jodidos. Pero muchos no. Él fue uno de ellos. Hablaron, primero, pidiendo que la cosa se negociara en condiciones (el convenio expiraba y, ¡ay! con estas reformas, dejaba mano libre al empresario, que todos sabemos es un benefactor de la humanidad y el empleado que tiene a su cargo) pero no funcionó. "Quiero mantener mi yate", imagino que pensaría uno de los del lado encorbatado. Sindicatos al ruedo, pues. En una villa así, todo se sabe. Y pronto en la panadería donde compran esa magnífica torta de aceite le señalaban pensando, por lo muy bajini o bajuno, eso de "rojo..." Pero es que era esa torta la que se jugaba. Y la de su mujer y su hijo y tal. Nada. Movilización, huelga, información, paros... hasta que deciden, casi de manera final y sin más alternativa (salvo, quizá, la que conocen mis compatriotas leoneses y asturianos, que te meten clavos, tornillos y pólvora en un tubo hierro y te lo lanzan, sin más, mineros y astillados ellos... pero eso ya no es "cool") encerrarse a modo de protesta en un edificio público de la Junta para exigir un convenio más justo y que no sea lo de siempre, esto es, que el beneficio sea a costa de. Que siempre es. Ahí viene lo bueno. Un par de días antes entró la famosa "Ley mordaza" en vigor. Entrar en edificio público y alterar su funcionamiento sin permiso (¡esta es genial, sin permiso! total, un edificio público no es de todos, es de... espera... me he perdido) miles de euros de multa, incluyendo prisión y señalados en la calle. No les denuncian los sindicatos, si no la Guardia Civil, de oficio, porque "alguien" les manda allí (siempre hay alguien que manda cumplir órdenes y luego están quienes las cumplen... pero de quienes las incumplen... otro pan del que hablar en otro momento) y les piden que salgan y eso. Los sindicatos (que existen, oiga) deciden torear el bicho y les meten en una sala de uso sindical que así no molestan ni perturban el normal funcionamiento del edificio público (queda mal que el diputado salga con sus corbatas a juego con sus correas, digo, cinturones, o como sea en alemán, y vea a tantos desharrapados que usan la nueva alpargata, las deportivas sucias hechas en China) pero claro, descafeinando la protesta. Pero oye, la cosa sale adelante. Un político de IU (el único de su formación) toca las narices en la formación de la nueva Junta, y los podemitas e incluso los PSOE (que alguno recordó la O, o no, la P de publicidad) apoyan a los encerrados, piden solución y... tachán. Llega. Convenio más justo, salarios más dignos, y final feliz.

Los cojones. De los delegados sindicales, dos ya amenazados de despido (que es que eso de protestar es muy feo) y otros currelas significados, ídem de lo mismo. Malos tiempos para el sindicalismo, una crisis (real, ficticia, qué más da) se lleva todo por delante, hasta el placer de comprar el pan que come y que, si no compra, un día dejarán de hacer por falta de consumidores. Y claro, uno se sorprende, cabecea al escuchar, se traga varias palabrotas y luego piensa lo mismo, a lo Reverte (juro que no me he inspirado en su estilo para esta entrada...) que es eso de "cuanto hijo de puta, y qué poca munición tengo".

Un saludo,

martes, 1 de septiembre de 2015

Matrimonios ejemplares

Retomo el blog para hablar de algunas series. "The Americans" y "House of Cards". Sin olvidarse de "Matrimonio con hijos". ¿Por qué? Admiro los matrimonios que componen las dos primeras, especialmente "The Americans". 

La premisa es sencilla. Agentes especiales de la KGB en suelo americano, años 80. Tienen 2 hijos, un niño y niña. Infiltrados a más no poder. Llevan una agencia de viajes, tienen casa en Washington con jardín y esas cosas, viven al lado de un agente del FBI (Stan... será coña, pero no lo es, como "American Dad") y, sobre todo... ¡hacen el desayuno todas las mañanas! ¡controlan los deberes de sus hijos! ¡les llevan a extraescolares! Y en medio, roban planos secretos, sabotean, espían, matan... Su matrimonio tiene altibajos, claro que sí, pero más por la forma de educar o afrontar retos con sus hijos que por las misiones que comparten. Y son tan condenadamente competentes que me hacen sentir filfa. A mí poner un lavavajillas me cuesta horrores. Ellos en ese rato han matado a un diplomático francés y se han desecho del cuerpo. Si me pongo a colgar lámparas, tardo horas. En ese tiempo han robado un par de secretos de los EEUU sobre submarinos o sobre la Guerra de las Galaxias. Y caen bien...

Luego tenemos "House of cards". Es otro tema. Sin hijos (aunque los hijos tienen una influencia muy profunda en la serie, más de lo que parece...) son el matrimonio-sociedad perfectos, o casi. Complementan, trabajan como una empresa, logran... y se quieren. Fríos en apariencia, pero no tanto. Perfectos también. Joder, y a mi mujer y a mí nos cuesta a veces horrores coordinar agendas para irnos de cena... y ellos entre tanto han logrado la paz en Oriente Medio y un par de acuerdos con los rusos e israelíes.

La realidad se parece más a "Matrimonio con hijos". Aunque no seamos una "white-trash" tan clara, es lo más veraz. Las comedias, como siempre, muestran desde la ficción la verdadera cara de las cosas.

En fin. Estoy deseando ver cómo afrontan los retos en la nueva temporada los Jennings. Ver cómo hacen las cosas (he aprendido un par o tres de trucos en la crianza de hijos que me gustan... estos comunistas... :D ) y, sobre todo, babear de lo bien que lo hacen siempre. Y aunque yo sea más bien un Al, y mi mujer tire a Claire Dunphy, seguiremos admirados de la habilidad de esos dos para cumplir sus misiones. Y algunas arriesgadas, como hablar con su hija mayor... 

Un saludo,



lunes, 13 de julio de 2015

Cada generación tuvo su guerra.

Digamos que usted nació en 1800. Pongo esa fecha porque es cuando más o menos se puede hablar con sensatez de las "naciones". Es usted español. Me da igual que de Reus o de Albacete. Cuando tiene 8 años, le invaden los franceses. 5 años de guerra de guerrillas. Pero luego vienen las luchas por conservar el Imperio de ultramar. Hasta 1830, que se consuman casi todas las independencias, puede ser que luche allí. Sin contar una invasión francesa absolutista. Ni las guerras entre liberales y absolutistas. A los 30, estará más baqueteado con el trabuco y la navaja que un niño con la pelota. Pero si tiene fortuna de vivir, pronto vendrá una guerra carlista. Digamos que muere en la primera, allá por 1840, dejando un hijo.

Su hijo pronto verá otra guerra. Si estaba por Sevilla, el bombardeo de Espartero (no todo va a ser bombardear Barcelona, hombre) y si se va pronto, puede terminar viviendo otra carlistada en 1848. Aparte de revueltas mil. Cansado, puede decir, "me voy a África". ¡Mal! Otra guerra de 1859 a 1861, y si de ahí se va, acaba en México a cobrar deudas con Prim. Con suerte, si sobrevive al polvo americano, llegará a vivir la Gloriosa y las algaradas de siempre, propiciadas por miles de personas que quieren conspirar para hacer "una España mejor". Siendo malos, este hijo puede morir en 1873 tras vivir una Regencia, un rey extranjero, una República y... anda, otra guerra carlista.

Pero puede haber dejado descendencia. Seamos buenos. De 1873 a 1898, puede que solamente se pelee un poco en Marruecos y sobre todo en ultramar... Filipinas y especialmente Cuba. ¡Cuba! Si sobrevive a Cuba, ha sobrevivido a todo... hasta que, en 1908, se va a la reserva aunque escucha no sé qué de un ferrocarril... y en 1909 se lía. Con esa edad, ya ha dejado un hijo, está casado y pongamos que vive en Barcelona, siendo reservista... ¡Ah! ¿Les suena el Barranco del Lobo? Digamos que ahí pierde la vida este muchacho...

La cuarta generación parece que lo tendrá más fácil. Alguna lucha en Marruecos, de nuevo, esquivando el Desastre de Annual en 1923, si somos generosos, aunque yéndose de allí harto de generales que buscan el ascenso prohibido en la península. Quizá, solamente quizá, tomará los años de la Dictadura de Primo de Rivera con tranquilidad, a fin de cuentas... no hay luchas. Hasta que, en 1936...

Si contamos, cinco generaciones que ha tenido sus guerras. Contra el francés, contra el liberal o absolutista, contra el cristino o el carlista, contra el indiano rico independentista, contra el cubano, el filipino, el marroquí, el comunista soviético, contra sus hermanos, contra todo lo que se ponga a tiro. El español entre 1800 y 1944 coge el fusil, la bayoneta, el cuchillo, la pistola, el trabuco o lo que pille a mano. Cinco generaciones que han tenido su batalla, su guerra, en casi 150 años, sin parar mucho a pensar por qué, por quién. Pero es curioso. Tras la Segunda Guerra Mundial, las cosas cambian. Ya no hay luchas tan duras. ¿Miedo? ¿cansancio? 40 años de relativa paz del Caudillo, casi otros 40 de relativa paz de la II Restauración (terrorismo de ETA aparte...) y nos encontramos aquí, ahora.

¿Cuál es la guerra de nuestra generación?

Un saludo,

jueves, 25 de junio de 2015

Literaturas al desnudo

El día 12 de junio firmé mi primer contrato editorial. Fue con Newsline Ediciones, una empresa de comunicaciones que se ha lanzado a editar literatura y esas cosas. El contrato, el clásico, más o menos. Una primera tirada de 500 ejemplares, 3 años de cesión de derechos, el 10% de las regalías antes de impuestos... para un tipo que se autoeditó como yo con "Sangre de hermanos" (del que aún vendo ejemplares en Amazon, todas las semanas cae alguno) es una novedad interesante. Aunque me da que la promoción va a ser dura...

Al hacerlo, comprometí 13 de mis relatos ya terminados (otra broma, ¿alguna vez lo están?) que verán la luz en una colección titulada (creo) "Relatos de un peatón sin aire". Quien lea este blog (loco, loca, tarados) comprenderá de dónde sale ese "peatón". Y la falta de aire es que siempre me parece quedar a medias en las historias que cuento, siempre falta algo... ha sido gratificante revolver entre las palabras de nuevo, revisar, discutir comentarios y leer lo que decían mis amigos al respecto. Pues ellos son mis mejores editores. A unos les gusta lo que a otros espanta, y al revés y viceversa y otra vuelta. Pero siempre enriquecen mi visión y permiten una nueva apertura en la enmarañada partida de ajedrez que juego cuando escribo. Si ese peón va ahí, ¿será elegante o efectivo? ¿Lograré un ambiente precioso pero tan muerto como un mecanismo inutilizado?

Releyendo aprendo. De lo que me funciona a mí, no sé si a los demás también. Qué necesito para escribir. Suelo tener muchas ideas alocadas que cuando junto pueden dar lugar a algo interesante o un puro artificio de pólvora mojada y colorida. Pero cuando logro el punto, cuando tengo el cuello del relato en mis manos y puedo morder con precisión de vampiro en la yugular exacta... ah, qué placer... incomparable. Aunque un relato no existe jamás hasta que me abandona. Cuando sale de mi vista, cuando se exhibe, impúdico, a otros. Ahí se hace real. Y puede ser un cartón que se moja y disuelve rápidamente o un mármol más o menos bien tallado. O granito. O simple mierda.

La literatura desnuda. Cada vez logro (creo, iluso de mí) que diga menos de mi persona y más de los personajes. Que ahonde en situaciones que nunca experimenté. Que genere sentimientos que otras cuestiones me engendraron en el pecho y germinaron en forma de relato. Que su impudicia revele la verdad, la que conocemos ya. Y como siempre que divago, retomo la senda y digo... ¡yo solo quiero entretener(me)!

En fin, lector/a... cuando estén por ahí en un escaparate, anaquel, estante, manta callejera o en la mano de un incauto, recuerda que son pedacitos de sueños que yo, lector frustrado, traté de hacer vivos. No te pido indulgencia. Te agradeceré, eso sí, tu tiempo. No como en este blog, que lees por puro morbo... o puro pasarratos... ¡portera! ¡cotilla! ¡funcionario! 

Un saludo,

miércoles, 10 de junio de 2015

Tremé

Adiós... adiós, Nueva Orleans.

La canción melancólica, repleta de amor y respeto que un hijo con su trompeta dedica al padre moribundo, atiborrado de morfina en la cama... el respeto y admiración, la conciencia de que NO, como Venecia para Corto Maltés, puede ser una perdición para un trepa hispano... la música como redención, como ligazón inmaterial que todo lo une en una trama sin idioma... la ciudad engulle a sus habitantes, pero los degusta, los paladea con buen vino en Desautels junto a los cangrejos del río Mississippi... quizá se tragó a más de uno, quizá ahogó a varios, mató a algunos... pero esto no es Baltimore...

Estremecimientos, emoción, lágrimas en algún caso. Eso he sentido al terminar otra de esas grandes series de televisión donde los personajes no eran los protagonistas. ¿Qué sería de David McAlary sin NO? ¿Annie y Sonny qué son sin NO? Ver las Krewe recorriendo la ciudad en Mardi Grass, juntando a todos, ver los clubes y garitos donde se unen para escuchar música unos y otros, todos... escuchar la felicidad (sí, en esta serie no se ve, se escucha... y se palpa y saborea) cada vez que juegan con la música... y todo bajo la mirada aparentemente severa del Gran Jefe Lambreaux...

Otra serie que echaré de menos. Otra gran historia que paladearé cuando la vuelva a ver. Y a reír, a disfrutar como Davis cuando tropiece con aquel bache rellenado de buena voluntad, imaginación, humor y amor, una combinación tan alegre que no importa nada.

Yo quiero ir a NO y recibir uno de los collares de cuentas que lanzan. Es la nueva versión de la caravana de los Reyes Magos para un adulto...

Hasta pronto, hasta pronto, espero, Nueva Orleans. Y gracias, David Simon. Otra vez.

martes, 26 de mayo de 2015

El año que dialogamos peligrosamente

Lector, quédate con este verbo; dialogar. No pactar, no. Dialogar.

Dialogar es un verbo que implica a dos interlocutores en la acción. Al menos. Una plática que requiere práctica. Dialogar es exponer ideas y sentimientos.

Pactar, en cambio, es otra cosa. Es un acuerdo, algo que puede lograrse después del diálogo. Pactar es llegar a compromisos y... observarlos. Cumplirlos.

Ahora mismo estamos en la fase de diálogo. Todos con todos. Incluso (je, je, je) el PP. Puede ser un diálogo de sordos o de besugos. O productivo. Eso depende de los interlocutores. Pero ahora mismo lo importante es eso, dialogar. ¿Qué hay en común? ¿qué no? ¿qué puedo aceptar y qué puedo ceder?

De todos los interlocutores, quédense con dos; Ciudadanos es uno. C's. Rivera se juega credibilidad y prestigio. Los podemitas, no tanto. Y el otro es el PSOE. El PP será reacio, ni lo cuento. IU... IU está siendo fagocitada salvo urgencias. UPyD, irrelevante. PSOE es el que se juega su existencia. C's y PSOE. Esos serán los interesantes.

Me encanta Luciano de Samosata y sus "Diálogos". No sé, pero recuerdo el de los muertos, el de Hermes y Caronte tratando con los fallecidos.

HERMES.―(...)Y ese que lleva vestiduras de púrpura y diadema, tú, el del rostro terrible, ¿quién eres?
LAMPICO.― Lampico, tirano de Gela
HERMES.―¿Y por qué, Lampico, te presentas con tales insignias?
LAMPICO.― ¿Pues qué Hermes? ¿Tenía que presentarse desnudo un tirano?
HERMES.― De ningún modo un tirano, sino un hombre completamente muerto; por lo tanto, deja esas cosas.
LAMPICO.―Ya ves, he arrojado las riquezas.
HERMES.― Arroja también el fasto y la soberbia, LAMPICO; porque si entran contigo en la barca, la harían muy pesada.
LAMPICO.― Al menos permíteme conservar la diadema y el manto.
HERMES.― De ningún modo: también has de dejar estas cosas.
LAMPICO.― Sea. ¿Qué más? Porque todo lo he dejado, como ves.
HERMES.―También la crueldad y la locura y la insolencia y la cólera. Deja todo eso.
LAMPICO.―Heme aquí, desnudo.
HERMES.―Entra ya

Quizá, quizá, un recordatorio para todos los políticos que desde ayer tienen que empezar a dialogar... 

Un saludo,

lunes, 25 de mayo de 2015

¿Quién ha ganado en la Comunidad de Madrid?

Muchos estarán aplaudiendo los resultados de Carmena en el ayuntamiento de Madrid, felices por haber (piensan) sacado a Aguirre de la alcaldía por la mínima. Muchos hacen peinetas a sus exabruptos y salidas de tono, ocurrencias y volares. Muchos piensan que ha sido una victoria. Yo veo una derrota.

¿Cuánto se gestiona en el ayuntamiento de Madrid? ¿cuánto en la Comunidad de Madrid? Ahí va el juego. Hemos perdido, señores. Las izquierdas han perdido (ni menciono a IU, más que nunca, insignia de la Izquierda Hundida) pues en la Comunidad gobernará previsiblemente Cifuentes. Y eso lo ha logrado en gran parte Aguirre.

No sean bobos. Aguirre ha hecho buena a Cifuentes. Muchos han visto que esta mujer era moderada, progresista y mejor en todo comparada con Aguirre. Mientras muchos estarán señalando la salida de la política a Aguirre, ésta estará preparando la estrategia para las Generales. ¿No lo creen? El PP no lo ha hecho mal. Ha aguantado muy bien en el punto neurálgico. La Comunidad seguirá gestionando esos dos puntales de un estado de bienestar; Educación y Sanidad. ¿Recuerdan quién impuso las listas regionales del PP a Cifuentes? Esperanza Aguirre.

Y ahora, de nuevo la pregunta... ¿Quién ha ganado realmente?

Un saludo,