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lunes, 31 de marzo de 2014

1978 y nuestra actualidad

España ha tenido constituciones para parar un carro. La última es la de 1978, la que consagró una II Restauración casi 100 años después, introduciendo entre los actores a los nacionalistas "periféricos" como se les dió a llamar. En lugar de Liberales y Conservadores (izquierdas y derechas, vendríamos a decir... qué cosas... cuando ser liberal era... ser liberal. Y no un postfranquista rancio...) ahora tenemos PSOE y PP.

El llamado "Régimen de 1978" parte de un supuesto muy curioso que quiero analizar, someramente. Franco muere en 1975. Muchos ya prevén este suceso (nadie mató al Dictador, ¿para qué? Benefició a tantos...) y se preparan para el nuevo escenario. No es fácil. La CEE está recelosa. Existe la URSS y los EEUU quieren un país que sea proclive a ellos, no posiblemente contrario (recordando experiencias de la Guerra Civil) por lo que desean una España en la OTAN. Pero las ficciones pueden, y si no se firmó nada "limpio" con Franco, porque no podías admitir que estabas apoyando un régimen fascista (bueno, va, autoritario según los diccionarios esos...) interesaba una ficción "democrática". Las piezas ya están en el tablero. Un Rey que no va a serlo, un heredero que lo será si calla bien, un falangista simpático demócrata de toda la vida... y entonces, con el trasfondo de más de 600 asesinatos (muchos desde la ultraderecha, que no es ultra, es franquista, esto es, fascista a la española, como las aceitunas) se le dice a todo el mundo la gran mentira:

"Si ustedes no apoyan este proyecto de Constitución, que trae mogollón de derechos y libertades, que consagra la llamada MONARQUÍA PARLAMENTARIA, que dice que todos somos muy majos siempre que tengamos un Rey al que blindaremos en el Título II como si no hubiera mañana, los malos, los fachas, los militares, los curas, los guardias civiles, todo perro pichichi, va a lanzarse a matar a los contrarios por rojos, republicanos, izquierdistas de mala fe, satánicos y de la URSS, que es como de Carabanchel pero en suave. Vamos, que o apoyáis el lote completo o hay guerra. ¿Negociar? El pueblo es el enemigo y con ellos no negociamos, que a lo mejor se creen con poder..."

En resumidas cuentas, si no se apoyaba la CE de 1978, eras un rompepatrias, guerracivilista, terrorista, infame contrario a la reconciliación ("oiga, gracias por pegarle tres tiros en la nuca a mi padre, madre y hermano, aunque no sé en qué cuneta está, gracias, me reconciliaré con usted, que como ganó y me puteó 40 años, no me queda otra que tragar y joderme... aunque usted viviera 40 años como Dios") y todo eso. Y muchos, por miedo a los tanques, por miedo al retorno de líneas duras, proclamadas por los tontos útiles (Falangistas, Jonistas, Franquistas de toda la vida...) votaron que sí, que claro, que esa CE molaba mazo, que España estaba en la senda buena, que éramos todo lo occidentales que nos pidieran ser (OTAN, CEE, capitalistas de pro) aunque hubiera que desmantelar fábricas, astilleros, deslocalizar actividades, arrancar olivos y plantar tonterías (y qué bien arraigan en nuestro suelo) y entonces...

Es curioso. El 31 de marzo ha hablado Rouco, nombre que emparenta demasiado con cierto actor italiano, y que se parece al tiempo a cierto locutor y tal de la movida. Y lo que dice es lo mismo de entonces. "Cuidadito que como la cosa se vaya de madre hay otra Guerra Civil". Así de claro y tocho. Las derechas se ven imparables, aquí y fuera. El extremismo hace que se vean más moderadas de lo que realmente son. Y justo aquellas que menos querían la CE de 1978 ahora la defienden a ultranza. Será cierto ese pequeño axioma de la Historia que me inventé leyendo a Asimov; los progresistas asaltan la fortaleza de X, la toman, remozan y reparten el botín un poco entre los asaltantes y el pueblo que miraba. Luego, con el tiempo, se instalan en ella y no quieren salir, dan algún regalo pero la gente se mosquea y permite que vuelvan los conservadores que fueron desalojados, que llegan y, con el conocimiento de siglos, restituyen las almenas y los portones, cierran a cal y canto las habitaciones comunales y se dedican a sangrar al plebeyo de nuevo. Pero dejan algunas de las reformas sin tocar, porque a la gente les gusta, incluso el simbolismo es práctico...

La CE de 1978 está, para mí, en estado más terminal que Franco en 1975. Que muchos no hayamos votado entonces significa que podemos pedir la revisión. Que muchos que la votaron entonces se sientan estafados y engañados y vean que les metieron el miedo en el cuerpo, como ahora también, significa que podemos pedir su revisión. Y que quienes bloquean su revisión son los partidos dinásticos (PP y PSOE) y quienes piden su cambio son demagogos populistas (IU y UPyD) logra que piense lo mismo, siempre. Que Lampedusa es un puto genio. Y que no habrá cambio real. Que cuando la carcoma, como pasa siempre, rompa los cimientos, el edificio entero se caerá, y en España eso significa navajazos entre ruinas, pero con orgullo, eh... que somos eso, ejjjpañoles. Tontos de boina calada, pero ejjjpañoles.

Y ahora, en un alarde demográfico, piensa, astuto lector... ¿cuántos conoces que votaron en 1978 a favor de la CE? ¿Cuántos conoces en contra? Haz números y piensa si estás representado... a fin de cuentas, Jefferson, un tipo menos conocido que Suárez aquí ("Dinastía o algo así, no?" dicen con desparpajo unos jóvenes y jóvenas sumamente preparados... para MYHYV) dijo aquello de "Cada generación tiene derecho a cambiar toda la legislación de la anterior y vivir acorde a sus normas y principios".

Aquí vivimos como en tiempos de Roma, chicos. Como siempre desde la sedentarización; oligarquías, siervos, peatones de la Historia y lameculos de todo tipo y calaña similar. Lo que he dicho, España. Ejjpaña. Españistán. La Marca Hispánica.

Un saludo,

jueves, 27 de marzo de 2014

Y no aguanto más

Llevo alejado del blog casi tres meses, por eso de la paternidad, el libro y las mil y una tareas que impiden escribir de manera constante. Debo de hecho otros escritos, en otros blog, para un evento de recreación... cosas variadas. Pero hoy he llegado al límite.

La policía quejándose de que les acosan, les atacan y les machacan. La Guardia Civil, del acoso y el maltrato que reciben en las rejas de Melilla y Ceuta. Los políticos del PP (no citaré nombres y apellidos, buscad en hemeroteca y encontraréis) pidiendo públicamente que se recorten más libertades y derechos bajo la melodía del recorte económico por la enorme deuda que hay (generada por gentuza ajena a los ciudadanos, al peatón de la historia como tú y como yo) y muchos ciudadanos agilipollados, imbéciles, atontados, estupidizados bajo la doctrina "Shock" alimentada por tecnología relativamente asequible y entretenimiento más que discutible, al ritmo de "consume o no eres, y si no consumes algo, eres idiota". 

De la policía y la Guardia Civil, concretamente los antidisturbios en el primer caso y los destinados a puntos calientes en el segundo, solamente puedo decir; haber elegido muerte. Os metísteis en algo que conocéis, cobráis por ello, y si hay asnos comandando leones, repartir la ira y frustración contra ellos. Ah, no, que son los amos, los que pagan por tu porra y tu casco. Y pagan bien. Un asalariado normal está por los 1000 euros. Un antidisturbio puede llegar a los 2000-3000 según complementos y demás. Otro ejemplo de mamar cerca del estado; un simple ujier (de esos que ponen el agua en las intervenciones de nuestros amados representantes no ligados por mandato imperativo a los representados) gana 2000 al mes, sin contar complementos. Esto es, cuanto más cerca tengas la lengua del culo de quien manda, más llena tendrás la cartera y más pasta de dientes podrás comprar. Por aquello de comer mierda.

Que puedan considerarse mal pagados, sea. Que puedan pensar que tienen pocos o ineficaces medios, sea. Que crean que su trabajo conlleva excesivo riesgo, respondo; haber elegido muerte. Nadie obliga a ser policía a nadie. Es una oposición. Pondré un ejemplo. Un primo mío asturiano en los 70 decidió hacerse policía nacional, un gris de aquella, un madero. Lo prefirió a la mina. Así de claro. Y le mandaron a hacer labores de antidisturbio en Madrid, en aquella época. Viajaba en el metro con todo el equipo y algún compañero, en el mismo vagón que los manifestantes. Berlanguiano. No se quejó, ni de que le mandaran a Barcelona cuando las Olimpiadas o un tiempo al País Vasco cuando ser de ETA molaba. Sabía que estaba en el sueldo, por mucho o poco que fuera. Pensaba que era otro trabajo, no se quejaba tanto de los manifestantes y siempre recordaba que los despedidos de los astilleros sí que eran brutos, porque tiraban trozos de hierro rellenos de tuerca y dinamita, o los de las minas, que eran parecidos o más. Y cuando herían o morían policías, oye. Estaba en el sueldo.

Con esto, cuando escucho decir que "queremos que nos respeten" digo, vale, bien, pero es lo que elegisteis. Elegisteis defender un sistema, una legislación, un grupo de personas que dirigen la nación. ¿No os da que pensar que haya muchos, muchísimos, que os consideren como los perros de presa de éstos, como sus mascotas armadas, sus mamporreros? Porque, siendo cabrón, podría decir; vuestro sueldo sale de mis impuestos, los mismos que esos a quienes defendéis (que no las leyes, aunque sí sus leyes) toman y se reparten como botín y del que os dan migajas.

De los Guardias Civiles, añado el agravante que cobran menos. Sí, vale. Y que están militarizados y se han modernizado. Alguno conozco y son gente muy cabal. Pena que se encuentren ya más allá del bien y del mal, los pobres.

Y sobre los políticos del PP... ¡cuánto podría hablar! Babeo. No contaré aquí mi sueño húmedo, porque me acusarían de apologeta del terrorismo, el asesinato en masa y en zanjas, de violento. Y metería a otros de otras siglas, que conste, pero es que los del PP ganan por goleada, por su desfachatez, su caradura, su cinismo, su pasotismo a la hora de elaborar siquiera una excusa, aunque para qué, si se sienten más que legitimados y ya prescinden de dar explicación alguna, al menos una coherente. No... mi silencio sería más elocuente. Pero qué hasta los mismísimos cojones estoy. Sin contar a los partidos oportunistas, captavotos minoritarios (por la extrema derecha hasta la tibia y dogmática izquierda) o los que no son sino dinásticos (PSOE, diré las siglas) o perdidos en 1936 (IU). Podría ampliar la lista y meter más siglas, desde CEOE hasta UGT, pasando por CEIM o CCOO, pero entonces tendríamos abono para cultivar lechugas durante treinta años, saltándonos todas las cuotas comunitarias para dicha hortaliza. Y ya que menciono la UE... también esa sigla serviría. Aunque en otros países del entorno civilizado allende los Pirineos hace tiempo que tienen un poco más de regla, supervisión y tal, a pesar de los mismos freaks políticos que les brotan de cuando en cuando.

Pero sin duda, sin atisbo de duda, sin mácula alguna en lo que diré, los peores sois vosotros. Bueno, y yo. Todos nosotros. Adocenados, abúlicos, imbéciles, estúpidos, borregos, cobardes, insensatos, suicidas, tontos de baba, gilipollas integrales que no derivan más que a absolutos gilipollas de tomo y lomo. Somos idiotas. No hay otro diagnóstico que explique esto. Idiotas. Cuatro descerebrados pegan pedradas y dejamos que eso mande. "Son los medios, Sancho, no podemos con ellos, ahí hemos topado, la ficción de la prensa y tal, el cuarto poder que es el primero en digital e impreso". Cuatro idiotas revientan con discursos facilones cualquier  posible construcción argumental y les aplaudimos. Cuatro estúpidos afirman dos o tres consignas y el resto las corea como en un concierto. Se mezclan ideas y todos, babeantes, subimos y bajamos la cabeza diciendo "jo, éste sabe, postmoderno y tal, pero sabe".

No aguanto más. Mi sueño es destructivo. Pido un gobierno terrorista de verdad, como Robespierre afirmaba. Quiero hombres crueles, necesarios, puros, extremistas, que hagan una matanza y después de ellos vengan los depurados, los asustados, los prudentes. Quiero sangre y llamas, quiero violencia, quiero muerte y destrucción, quiero... ah, pero a mí que no me toquen, coño. Quiero que todo eso pase pero a cien metros de mí, lejos, muy lejos, pero aquí mismo. No sé si me explico. 

Y si lo hago, por eso no aguanto más, porque si defiendo la violencia ésta me come, pero si no la defiendo, otra violencia me carcome. Y el horror cósmico que todo esto me produce ni Lovecraft lo podría narrar. Es de náusea. 

Pero ya me desahogué... y ahora, de nuevo, como un miembro del club de la lucha, como un juligan que sale de la pelea por su equipo tras un partido, sonrío, cierro, me pongo traje y a seguir en la rueda del hámster.

Una idea que me mola; que una manifa se llene de manifestantes vestidos con traje. Qué imagen, los de la UIP dando palos a gente que parece salida de la Troika y los parlamentos o consejos de dirección de las diversas mafias... otro sueño húmedo... o su confusión y cortocircuito... mmm... aaaah... mmm...

Un saludo,

viernes, 27 de diciembre de 2013

Tentación 2013

El año acaba, chimpún. Como siempre. Como todos los años. Repitiendo tradiciones occidentales y absurdas. Sabemos del langostino, del atracón, la turronada, borracheras, excesos, bromitas del 28, resacas del día 1, calzoncillos rojos y cerebros vacíos. El frío y la chimenea, el calor y la familia. Y todos hacemos balance.

El mío es simple. Tengo tentaciones. Tentación de hacer algo, de cambiar cosas, de modificar mi entorno. Como un animal evolucionando. Pero éstas remiten. Siempre.

Comenzó enero con Bárcenas, Bárcenas, Bárcenas. Con B de caja sucia. Se acalló. Se equilibró con los ERE's de Andalucía. Valencia sigue en la ola, cerranto su tele y colegios y ambulatorios y plantas de hospital. El país se quemaba. Todos se quemaban. Rescates, deshaucios, primas de riesgo y Urdangarines imputados con esposa no imputada, desimputada, amputada o... putada. Monarquía, parlamento, autonomías, entes, organizaciones, todo bajo una visión de corrupción, desmán, descrédito... ah, no, crédito el de los bancos, recibido, que no repartido. Blesa, escándalos, escándalos... hasta ahora.

Escraches, pamemas rodeando el Congreso (como si ese fuera el centro de poder y decisión...) idiotas jugando a ser anonymous con V de Vaguería... país, de mierda, siempre se añade eso. ¡Ah! Cataluña. La otra tontería que distrae de lo realmente importante. Recortes, recortes, actualizaciones, que en realidad se llama desmantelamiento.

Sanidad, educación, la policía recrudecida... y abortos. Fetos. Embriones del nuevo fascismo, manido término, gastado, tanto que habrá de invertarse uno nuevo. Tiranía no vale, es muy arcaico. 

Política y tentación. De armar, de montar una revuelta, una revolución, una guerra, una masacre. Cómo se nos calienta la boca a los españolitos de a pie. Yo haría... yo mataría... ya se enteraría fulano o mengano... y luego, no somos capaces ni de poner una queja en la ventanilla. Realidad de la tentación; distancia, pasotismo, rabia contenida en la lejanía.

Tentación de trabajo. Trabajo de verdad, del real. En mi caso, de escribir. Este ha sido un buen año. El pasado comencé un taller. Y me desaté los corsés y ataduras de mi vida. Rompí la camisa de fuerza. No del todo. Aun tengo costras, esclerotizaciones, adherencias al hueso del alma. Pero tengo un proyecto, un libro, una idea. No es la revolución ni el cambio ni la ruptura. Es mi diversión, mi instrumento lúdico y de perversión. No sé si se publicará. No sé siquiera si lo acabaré. No creo en absoluto que guste mucho. No dudo que me estoy divirtiendo con él. Y no desfallezco, a pesar de tener menos tiempo justo cuando tengo mejores ideas. Tentación de escribir, tentación sucumbida, abrazada.

Tentación de estabilidad, de amor, de tradición, de familia. Mi mujer, mi hijo. Mi vida está en ese núcleo. Los amigos, los familiares. A veces entran en el núcleo, a veces orbitan. Mi mujer, pasado, presente, futuro. Mi hijo, presente y futuro. Nada pasado.

¿Ninguna otra tentación? Ja. Todas. Muchas. Algunas. Con la edad, más o menos. Según se mire, según se acepte, según se desee, según la frustración y el anhelo.

2014, me das igual. El mundo lleva yéndose al guano, a la cloaca máxima, mucho tiempo. Yo, peatón de la historia, te conjuro de la siguiente manera: Me da igual el número de tu calendario. Mañana puedo morir, o vivir feliz.

Si es lo primero, adios. Si lo segundo, otro día más de belleza, dolor, vida.

Un saludo,

lunes, 9 de diciembre de 2013

De Walden a Bombay, Memphis y Pretoria.



Dejando de lado titulares tan aborrecibles como los de La (sin)Razón o la extraña influencia que han tenido en la radio (RNE-5, hoy, lunes 9 de diciembre de 2013, sigue hablando del funeral de estado ofrecido a Mandela en aquel estadio olímpico de fútbol donde la selección española ganó el mundial de 2010…) y en la mente de los ciudadanos motorizados (no vamos a pie, seamos realistas; una persona, un coche, una contaminación directa), hoy me ha entrado curiosidad por saber la conexión de Mandela, Ghandi y Luther King. Tres no europeos, dos negros, un hindú, figuras para mí importantes en el siglo XX por su activismo político, por las consecuencias de sus actos, por su repercusión. Y si tenía clara la de Mandela y Ghandi (el segundo ejerció la abogacía en Sudáfrica y ya entonces ejerció parte de su ideario en el país, inspiración posterior para Mandela) no encontraba firmeza en la conexión con Luther King. Pensaba en cartas enviadas entre Mandela y él, pensaba en correspondencia, pero no la hubo. Era más simple. David Thoreau.

A mediados del siglo XIX, en los EE.UU., un escritor decidió abandonar a su familia e instalarse en pleno bosque. Tras dos años, regresa, retoma su vida. Y entonces, quizá influido por el germen anarquista, las ideas ácratas, reforzado en su estancia solitaria del bosque, realiza un acto individual, consciente, público. Se niega a pagar impuestos que alimenten la guerra que en ese momento EE.UU. mantiene contra México (donde le arrebatará la mitad del país…) y que sirve también para cobijar la institución de la esclavitud. No pasa más que un día entre rejas (ya ven…) pero eso le inspira. Y trabaja en su idea de “Desobediencia Civil”. Esta idea cuajará, tendrá recorrido, llegará lejos. El primero en hacer uso de ella, Ghandi.

Ghandi se establece en Natal, territorio británico entonces de la futura Sudáfrica, como abogado “en prácticas”. Su estancia allí le demostrará el racismo, la xenofobia, las leyes injustas que apartan a unos hombres de otros basándose, simplemente, en el color de la piel o el origen social (hoy sigue vigente en el espíritu lo primero, en la letra, lo segundo) y eso le rabia. Por tomar el negativo de la foto, imaginen que usted, blanco, europeo, viviendo en un país atrasado, de donde extraen su riqueza bruta, cuando viaja a un país avanzado, la metrópoli, gobernada por negros, éstos le impiden viajar en primera clase, o le niegan una plaza de hotel, o le prohíben comer en ciertos restaurantes. Usted, blanco, europeo, sentiría rabia, discriminación, racismo… sentiría que su expulsión de la sociedad de riqueza se debe al color de su piel, simplemente, no a su educación, a su inteligencia, a sus capacidades. Eso sintió Ghandi en su piel cobriza, en sus rasgos hindúes. ¿Se lleva algo de esa rabia a su país? No. Se lleva la influencia de Thoreau. Si un gobierno es injusto, si un gobierno tiene más poder del que sus propios ciudadanos le han investido, ¿por qué respetarle? ¿Para qué hacerle el juego? Y siempre hay un lugar donde se hace daño a todo gobierno. Los impuestos. En este caso, de la sal. Cárcel, proclamas, discursos, pero sobre todo, llamada a la contención en contra de quienes pedían la violencia como recurso rápido, fácil, eficaz. Es más complejo detener a tus seguidores violentos que responden al fuego con fuego, que enfrentarte a tus enemigos que usan fuego con agua. El fuego es rápido, arde veloz, quema, explosiona. El agua debe buscarse, cavar pozos y extraerla meticulosa, despaciosamente. Ghandi usó el tiempo. La paciencia. La generación de una nueva costumbre. Cuando se es calmado, paciente, y se sobrevive, puedes lograr mucho. Ghandi lo logró. Y Thoreau regaló su primera sonrisa.

La segunda fue en Alabama, en los EE.UU. Inspirado por Ghandi, Martin Luther King (Me encanta ese segundo nombre, “Lutero”, de tanta reminiscencia protestante) participa activamente en boicots contra la segregación, el sutil apartheid estadounidense contra lo que no es WASP. Sufre, claro, atentados, insultos, golpes, calumnias. Y lo peor, la indiferencia de muchos que consideran justa y adecuada la situación de ese momento, bien como está. Esa siempre es la peor parte, la de quienes creen que no hay que hacer cambio alguno, que todo se debe quedar como está. Sin más. Contra ellos es complicado luchar, suelen acabar convencidos por el tiempo, por el cambio pacífico. El intento violento de despertar conciencias nunca ha logrado su objetivo, pues todos tienen miedo a la muerte. La cosa es que Luther ejerce esa resistencia pacífica, y le detienen una y otra vez, pasando temporadas más o menos largas en la cárcel. Y así seguirá hasta su asesinato. Como Ghandi, fue asesinado, tras años de lucha contra la pobreza, la guerra, la exclusión social. Si alguien intentó realmente hacer verdaderas las palabras de “Liberty and the pursuit of happiness” de la constitución de los EE.UU., creo que fue él. No haciendo distinciones por el color de la piel, la procedencia o las ideas.

Las ideas fueron, a su vez, lo que condenaron también a Mandela. Las ideas violentas. Él no comenzó con la resistencia pacífica, sin más. Tuvo un primer intento, pero las masacres, las muertes violentas, el clima de aquellos años, le convenció de la llamada  a las armas. La impaciencia, la necesidad del “aquí, ahora”. Los años 60 son también los años del terrorismo “bueno”, de grupos guerrilleros, insurgentes, rebeldes. Castro y el Ché en La Habana, África y Asia peleando contra capitalistas y comunistas, efervescencia roja, sangrienta. Y de pronto, todo eso, cortado, por lo sano. El régimen de Sudáfrica, apartheid, blanco, racista, el sur Confederado hecho realidad con un toque de modernidad. Ya no hay esclavos, solamente “vosotros” y “nosotros”. “Ellos”, siempre. Mandela se pule en la prisión, se encuentra consigo mismo como Thoreau en Walden, en su cabaña. Pero si Thoreau vivió mínimamente las experiencias de Ghandi, Luther King y Mandela, éstos vivirán más intensamente sus hitos. Aislamiento, pobreza, conciencia, solidaridad, rebeldía silenciosa y luego publicitada, llamamiento al cambio por la acción, la acción de verdad, no la simple idea. Thoreau estará un día en la cárcel y cambiará su modo de pensar. Ghandi estará intermitentemente en ella, como Luther King. Mandela perderá casi 30 años de su vida. Y cuando salga, como ciertos terroristas vascos, se considerará una traición por muchos, blancos y negros. Cuando salga, de la cárcel a la presidencia, aun generará desconfianza. Pero como Thoreau, tras su vida solitaria en la cabaña, la cárcel ha transformado a Mandela. La cárcel ha forjado su mito. Y éste se agranda cuando, saliendo de ella, temiendo en los años 90 una masacre de blancos a manos de negros enfurecidos, tranquilamente, con calma, inicia un proceso lento de cambio, de apaciguamiento de todos. Convivencia. Cesión.

Los tres se unen por Thoreau. Sí, los tres pueden tener puntos negativos. Siempre. A Mandela se le reprochaba siempre no haber cambiado la estructura económica del país, en manos de los blancos. A Ghandi, el haber logrado la independencia india con la partición del país. A Luther King, quizá, se le acusa de no ser más que una visión dulce del cambio, complaciente. Todos reciben crítica. ¿Quién no? Pero está clara una cosa; en estos días de abulia, complacencia con la situación política y económica, de resignación, no hay figuras fuertes, elevadas, que tengan ese mismo compromiso. En España, quizá, Ada Colau, mediatizada y vilipendiada por su gestión de la PAH. En España, además, no tenemos conciencia de clase, al menos, clase trabajadora, peatona, de tropa. Somos pequeños hidalgos en conciencia, anarquistas de bolsillo, primos hermanos de los moros del “pilla-pilla”. Una personalidad así, relevante, nos mueve a risa, nos la tomamos a guasa, es objeto de cachondeo y arrastre. Y la prueba, como dije al inicio, es cómo han tratado los funerales de estado de Mandela. Los Monty Python hicieron una broma con aquel partido de fútbol entre filósofos alemanes y griegos. Aquí, ni siquiera, tenemos capacidad de bromear, la forma más alta de inteligencia, sin apelar a un orgullo mínimo, histriónico, irrelevante, como convertir el funeral de un gran hombre en recuerdo de un triunfo deportivo improductivo.

Esto es Españistán.

Un saludo,

jueves, 28 de noviembre de 2013

Aversión al sexo (Parte 2)



Hablando de pollas, hay otra anécdota que me encanta. Una vez conocí a una muchacha, superada la treintena, que era incapaz, literalmente, de pronunciar esa palabra. “Polla”. Imposible. Enrojecía, apretaba los labios, reía nerviosamente, meneaba la cabeza y torcía la vista. Impresionaba. La limitación me hacía reír, primero, pero luego sentía una mezcla de compasión y de susto. Pero dejemos las pollas de lado.

El cuerpo de una mujer ha sido el campo de batalla del tema. De siempre. Un desnudo femenino, desde que el catolicismo integrista se hizo con el poder, allá por los tiempos de Constantino, era más punible que, pongamos, un robo o asesinato. Exagero, pero en la hipérbole se entenderá el argumento.

La mujer romana ya iba tapada (como la griega) de pies a cabeza, dejando el desnudo para mosaicos mitológicos, frescos de tumba y otras intimidades. Ojo, el hombre solía exhibir más carne que la mujer. Véanse los gladiadores, verdaderas ferias de piel desnuda y sudorosa. Véanse también los miles de amuletos en forma de pene, falo, único, doble, con sus testículos y, muchas veces, alitas. En Pompeya, lo más sorprendente no es encontrar la ciudad casi intacta; es ver en cada calle, en cada esquina, un falo bien tallado, bien marcado, símbolo apotropaico. Lo que viene a ser, en superstición, una virgen por esquina, en Sevilla. Y a lo tonto, he vuelto al tema de las pollas. Retorno a la mujer desnuda.

El cuerpo femenino es, según cierto título, un campo de batalla. En torno a él se han edificado teorías, argumentarios, prohibiciones, permisos tácitos, abusos, reprimendas… curiosamente, siempre sin contar con las dueñas del mismo, se habla de ellas, sin tenerlas en cuenta. A todas las mujeres. Un ejemplo, el tema del aborto, consecuencia del sexo, regulado siempre sin ellas. Imaginemos que opinaran sobre la fimosis masculina, o la extirpación o no del apéndice. Que además, lo legislaran, poniendo condiciones, obligaciones, plazos. Que... ya me están llamando exagerado, comparar un apéndice o fimosis con un feto. Claro que exagero. Pero lo radical del asunto, la raíz, es que el cuerpo de uno mismo es eso, el cuerpo de uno mismo. En el de la mujer, además, estriba que ella carga el peso de un embarazo, que si no es deseado, se convierte en algo más que carga física. Y eso, mal que nos pese, es condenar a esclavitud a una mujer. Más si es pobre. Más si es ignorante. Más si no lo desea. Más si es un riesgo para su vida. Más, siempre, que al hombre, el cual se puede desentender desde el momento siguiente a la eyaculación, aunque haya leyes que, siempre, han buscado la paternidad responsable, obligada.

Yo defiendo el aborto, pero como todo derecho. Esto es, no es una obligación, ni un privilegio. Es un derecho, una opción. Y prefiero que exista la opción y por tanto, la libertad, que la obligación y por tanto, la servidumbre. Ninguna mujer desea abortar, estoy seguro. Ninguna desea someterse a esa experiencia, clínicamente peligrosa, molesta, vejatoria y abrumadora. Por cómo la contempla la sociedad. La defensa de la vida es otra cosa, no eso. Y el cuerpo de la mujer, en última instancia, es de ella, no de una moral, un Estado o un hombre.

¿Qué hay detrás? Moral. Como el uso de preservativos. El ser humano es de las pocas especies mamíferas que, consciente y culturalmente, disfruta del sexo, separándolo de necesidades reproductivas. Otra discusión es de la cultura, en animales no humanos. Jane Goodall ya se metió en ese asunto con los chimpancés, y creo que quedó, como se dice leguleyamente, acreditado. Pregunten a cualquier etólogo. A fin de cuentas, ellos sirvieron de modelo a Darwin… y otra vez digresión al canto.

El sexo ha sido objeto de moral, de control, por estados, por religiones, por organizaciones. Por la parte reproductiva. Si descontamos la parte reproductiva, queda la del placer, puramente. Y aquí hayamos otro desequilibrio. El placer masculino está bien visto, es necesario, es aceptable, pero el femenino, no. ¿Por qué va a disfrutar un objeto, un recipiente? Pensamiento otra vez machista, nada igualitario. Y entramos en el Paraíso o el Infierno, según crea o no el lector…

Paraíso si piensa que el sexo es placer, además de reproducción, y placer constreñido únicamente a una norma; no hacer daño al otro. Norma jodida, difícil, complicada. Adulterios, infidelidades, prostitución, deseos subterráneos… otra vez, los estados y religiones tratando de regular esas realidades. Infierno, por tanto, si se vive constantemente entre paredes de prohibición, de dolor, de miedo y daño.

Físicamente, pueden existir impedimentos, desde luego, igual que intelectualmente. Porque el sexo se disfruta desde ambos parámetros. Pero si, encima, hay obstáculos externos… ¿qué?

En las revoluciones, siempre se ha tratado el tema del sexo. Con vistas a regularlo, no se crean. Quizá los más curiosos son los libertarios anarquistas de finales del XIX, donde propugnaban una igualdad real, un naturismo y desnudismo puro y radical, un equilibrio de derechos y obligaciones mutuamente pactadas entre ambas partes. Recuperado, en gran medida, con las efervescencias de los años 60 del XX. Y ahora… materializado, cosificado, curiosamente. Amor libre, compartido, consciente… eliminación de la infidelidad, el adulterio, la prostitución cambiada por libre comercio, no esclavitud del cuerpo, deseos satisfechos de manera proporcional… vaya, sí que da el sexo para mucho.

Empecé hablando de pollas y coños, y acabo con teorías sexuales de placer, palabras, más que palabras. Acabaré con una anécdota más, como siempre. Mi primera y mejor clase de educación sexual. Dada por mi madre. Fue simple; me regaló una caja de preservativos y un consejo. “Cuando una mujer te dice NO, es NO”. Simple y rotundo. No es el “no…” o “no, bueno… no sé…” o cualquier otro matiz. Es el NO. Punto.

Mi reflexión es entonces. ¿Aversión al sexo? ¿No será más bien, falta de educación sexual? Asignatura más que pendiente, me parece…

Un saludo,

martes, 26 de noviembre de 2013

Aversión al sexo (parte 1)



Lars von Trier estrenará su próxima película, Nymphomaniac, en diciembre. Concretamente, en Nochebuena. Zum, zum, zum. Perdón por la onomatopeya onanística...

Es curioso que, al hilo de esta película, haya detectado una aversión al sexo en diferentes grados. El de sentirse incómodo al hablar de ello (normal) el de negarse a hablar de ello en todo momento (raro) y el de oponerse con variable intensidad al tema en todo sentido (muy extraño)

Participamos de una educación judeo-cristiana reforzada por cuarenta años de nacional-catolicismo, más un ambiente colérico contra todo tipo de desnudez, sea la del cuerpo, sea la de la verdad. Porque eso es lo que me entusiasma; la desnudez del cuerpo es la de la verdad absoluta. Cada pliegue en él visto, cada grano, irregularidad, grasa acumulada, extraños lunares, pelos, formas, es lo que es, sin ningún tipo de mentira. El cine-ojo de Vertov, el ojo de Buñuel, el ojete de Carlos Areces, todo eso está en el cine; la búsqueda de la desnudez real, la psicológica y la física. Y puede ser bella, indiferente o fea.

La prohibición logra lo contrario, muchas veces. Si no hay acceso a la pornografía, se cotiza y busca con más ahínco. Miren Japón; un videoclub allí tiene, pongamos, 5 metros cuadrados de películas “comerciales” y 100 de películas pornográficas de todo tipo, todo lo imaginable. Aquí también tuvimos algo similar, y los cines X, en extinción, gozaron de clandestino éxito. Prohíbe más, y más querrán de eso.

A día de hoy, se diluye en el nada dramático mundo de Internet el acceso al porno. Cientos, si no miles, de páginas, donde hay contenidos de todo tipo. Pero, de alguna manera, sigue encubierto. Nadie comenta en una conversación, salvo íntima, en voz baja, qué páginas ha descubierto, usa y ve. Por otro lado, la mayor difusión ha trivializado el misterio. Antes, ver una pelirroja follándose a un negro, por ejemplo, era exótico. Ahora resulta trivial.

Pero hay un ámbito donde esto no ha cruzado el umbral de la normalidad. Descontando “Garganta profunda”, película mítica que, a este paso, habrán visto en su estreno más de mil millones de personas (las mismas que fueron al concierto de Las Ventas de The Beatles, o que salieron a las calles en mayo de 1968) no se ha hecho en el cine comercial más que tímidos intentos de reflejar en pantalla ese momento siempre elíptico. La práctica del sexo. Follar.

Fóllame”, “Romance X”, “Shortbus”, “The brown Bunny”, “Ken park”, “La novia de Lázaro”, “Nine songs”… todas son películas estrenadas en circuitos comerciales, ajenos al mundo del porno, pero con elementos atribuibles a éste. Poco o ningún éxito. Alguna más sí ha tenido más triunfo, como “La vida de Adele”, quizá por ser más bien homosexual (entre mujeres) y no ofender en pantalla con una polla venosa, enhiesta, tiesa, de testículos botando. Y una penetración, clara, explícita. Porque ahí radica la gracia, creo que es ver un pene, una polla o un pollón lo que escandaliza. Lars von Trier dio en el clavo con ello. A mí me sorprendió de pronto, en “Los idiotas”, ver en la escena de orgía una penetración. Era completamente lógica, coherente, la imagen. Pero aun así, me sobresaltó. El año, 1998. Y en “Anticristo”, además, la brutal masturbación sangrienta. Eso me dolió, literalmente, en todas mis partes. Y logró su objetivo. Me transmitió una sensación, una idea, más fuerte, más impactante, que usando elegantes elipsis, metáforas y códigos añejos.

En el cine comercial encontramos un fenómeno curioso. Es lícito, cuando no deseable, ver una efusión de sangre roja. Si le acompañan restos de cerebro, o de carne o de hueso, no pasa nada. Podemos ver el momento en que estalla un soldado norteamericano que lleva lanzallamas en “Salvar al soldado Ryan”, salpicando de restos al protagonista, Tom Hanks, y decir, simplemente “qué verosimilitud”, como la de arrastrar medio cuerpo, intestinos fuera, por la playa. Podemos ver entera la serie “The Pacific” y horrorizarnos por lo explícito de la muerte, la crueldad del combate, las heridas, los espantos de la lucha, pero pensando que “está bien verlo”. Ahora bien, cambiemos las salpicaduras por semen, los cráneos rebanados por piernas abiertas mostrando genitales, las peleas mortíferas por posturas sexuales y, casualmente, el mismo que no se escandaliza, no echa pestes ni lanza soflamas moralizantes contra la muerte y la destrucción, la mutilación, la guerra, la violencia, todo eso a lo que llevamos décadas acostumbrados (es heroico, magnífico, épico) lo hará con una virulencia inusitada contra esas secuencias de sexo explícito.

Insisto, el desnudo femenino no ha sido nunca mal visto. Es corriente, para dar un poco de voltaje a los hombres. Ver a una actriz famosa medio desnuda, desnuda, insinuando, es de sonrisa pilluela. ¿Y si la viéramos mamando una polla? Chloë Sevigny tuvo que aguantar a cierta prensa y público atacando en manada, sin reparar siquiera en la película. Margo Stilley ha sido estigmatizada. Un caso de viaje contrario, Sasha Grey, es ninguneado. Y ahora dato curioso… ¿nadie habla del protagonista masculino? De nuevo, el terror al pene…

Terror que voy a condensar en una anécdota. Finales de los 90, inicios del 2K, despedida de soltero de un amigo, visionado (preceptivo, obligado) de peli porno en su casa, mucha gente. Un comentario no despierta pasión, de un espectador; “mira, la actriz tiene celulitis”, dice, mientras la golpean las cachas metiéndole la polla; ninguna reacción. Primer plano de ésta penetrándola, agitar de testículos contra su culo, me da por decir “mira, se le ve la costura de los huevos, al menda”. Reacciones de sorpresa,  agitación, algún cabreo, estupefacción… año 2013, aun lo recuerda más de uno de los presentes y también de los ausentes. ¿Es más llamativo hablar de genitales masculinos que de los femeninos, incluso en una peli porno? Pues sí. Quizá miedo al sentimiento “progay” al hablar de ello, en lugar de tetas, culos o bocas. Inseguridad. Curioso…

No voy a pedir perdón por el lenguaje utilizado. En su lugar y homenajeando al arte del sinónimo, remito a quien no se vea como puritano, miedoso, fóbico del sexo, tendente a pensar que es basura, no es arte, resulta repugnante y debe estigmatizarse, ocultarse y prohibirse, como hasta ahora, a esta canción:


Un saludo,

sábado, 23 de noviembre de 2013

De vuestros mitos muere mi realidad

Sorprende, asusta, la cantidad de artículos rememorando la Guerra Civil y la II República que pueblan los periódicos de toda laya estos días. Rememorando no con nostalgia, que hay, ni tampoco encomiosamente, que existen, si no cerniendo sobre el lector una bruma de dolor, áspera criminalidad y probable futuro de la España actual. Frentepopulismos, amenazas de comunismo, terrorismos separatistas... en la era de internet, la Xbox y la Liga de Fúrgol, todo eso, por suerte, se diluye, y mucho.

Porque se sigue practicando la propaganda. La de un patriota, sea del lado que sea, muerto y arrastrado, que buscó lo mejor para el país. Sea azul, negro, rojo o blanco, el color que use, le llamen "rojo" o "facha", se tilde de progresista o conservador, reaccionario o revolucionario, izquierda, izquierda, derecha, derecha... o centro. Por suerte, pienso, la propaganda murió el día que tuvo tanto éxito. Anteayer. En términos de años.

La propaganda es para vender. Marcas y productos. Y éstos son mitologías. Serás más guapo, más alto, más sexy, olerás mejor, pensarás mejor, correrás más, serás el top del top del guay mountain topping de chocolate. Etc. Y la propaganda sabe que vende mitos. Mitos son aquellas ideas falsas, mágicas, implantadas en el acervo de una cultura como explicaciones de fenómenos no explicados de otro modo. Zéus manda el rayo y llueve. Nivea manda su crema y rejuveneces. El PP gobierna y la crisis acaba. El PSOE vuelve y todos recuperamos el futuro. La minoría silenciosa es estruendosamente ruidosa, y la mayoría, calladamente complaciente. Tú te equivocas y yo, simplemente, no.

Esos mitos marcan un camino, el de la mentira, la falsedad, la ignorancia. Nos permiten no vivir una vida real. Nos impiden soñar con los pies en el suelo. Esos mitos, amigos, me hacen morir.

Religión, política, toros, fútbol... dicen que, esas conversaciones, matan cualquier grupo, pues cada cual es de una religión (o no) adicto a una política u otra, va o no va a los toros, y es de tal o cual equipo. Mierda. Soy ateo, progresista liberal con tendencias revolucionarias de izquierda para luego pasarme al conservadurismo del logro y la atenta vigilancia de ciertos derechos y libertades, los toros, ni fu ni fa, y el fúrgol, me aburre soberanamente, soy de baloncesto. Pero sus mitos no son mis mitos. El de un carpintero judío clavado en una cruz de madera (no es ni irónico...) o un bereber iluminado por sediento, el de un orondo gordete sonriente, una mujer de miles de brazos, un espagueti volador o incluso un pulpo humanoide gigante viviendo bajo el Pacífico. Ni el de un mono azul, rojo, blanco o negro. Ni una bandera bicolor, tricolor o multicolor. No, vuestros mitos nutren vuestra falsedad, pero matan mi realidad.

Quizá haya que pensar, entonces, en matar vuestros mitos, para que todos viváis en mi realidad. La vuestra, que negáis cada día.

Un saludo,

jueves, 21 de noviembre de 2013

La Gestapo ya no viste de Hugo Boss...

No lo necesita. Basta una buena americana, corbata y pantalón de pinza. Zapatos cómodos, gesto serio, institucional, dicen, de aquel que parece estadista y no pasa de ser una estadística. Milita, cómo no, en un partido, ahora el Popular, en el gobierno de la Nación, España, Estado, de Derecho, o del Revés, según quién y cómo lo lea.

Siempre he dicho que me gustaría tener una derecha civilizada, una derecha conservadora, clásica, proporcionada, alejada de influencias históricas y de intereses muy particulares. Eso ayuda a tener una izquierda también civilizada (domesticadas ya están todas...) y todos acatando el Sistema Único de hoy día, capitalismo "democrático". No es el caso...

Y salen, cómo no, con ideas de esas que suspiras y piensas que estás leyendo "El Jueves". Pero no, son reales. Imagino que tienen otra intencionalidad, pero uno ya no sabe qué pensar.

Nueva Ley de Seguridad Ciudadana, y de momento, lo que trasciende (no he podido encontrar el borrador) son las desproporcionadas sanciones económicas por diversas actividades. Que, por otro lado, un jurista de medio pelo cualquiera, incluso yo mismo, entiende que son inconstitucionales, si seguimos pensando que la CE de 1978 está vigente.

Creo que hay un plan tras todo esto. Un plan de malignos acariciando gatos y sonriendo torvamente (uno no puede evitar pensar en Wert...) que busca un levantamiento masivo de la ciudadanía, una revuelta, una revolución, un algo, coño, que esto de la crisis es ya aburrido. Remover un poco todo. Porque esta provocación de barrer bajo la alfombra las protestas, los tímidos intentos de organización cívica (algo escaso en un país donde se prefiere al primo antes que al afín, al hermanito o cuñadito que al colega o amigo, salvo que sea "amiguito del alma") y de enfrentamiento a un poder que considera legitimada cualquier política durante los cuatro años de su gobierno, es mefítica. Algo huele a podrido en Dinamarca, esquina con Génova.

Si se están arrinconando estas timorotas reacciones ciudadanas, para así provocar reacciones violentas que justifiquen dichas medidas, no sé siquiera si lo están haciendo bien. La anestesia es muy densa, tanto que ya no molesta el hedor de una huelga de basuras, o los hálitos podridos de quienes hablan y hablan y escriben tonterías dignas de figurar en los Gabinetes de Curiosidades del XIX, como objetos raros (si la cordura fuera la norma) que no lo son. Lamentable, cierto, aquí sigue importando más el desarrollo de una liga de fútbol hipotecada, burbuja deportiva y forofa. Importan más los sucesos estridentes, las situaciones prescindibles, inventadas, de una sociedad que no está enferma, lleva moribuna mucho tiempo...

Rajoy se metió contra Coscubiela diciendo que su programa era el de 1917. No veo yo a Rajoy de Kerenski, pero tampoco a los de IU como Lenin y compañía. No llegan ni a mencheviques. Lo importante es ver cómo se denosta, se rechaza la revolución de 1917 en Rusia que trajo el comunismo, la URSS, todo eso. Porque lo rojo es malo, es terrible, es lo peor de lo peor. Rusia sustituye en la imaginación reaccionaria a la Francia de finales del XVIII y primera vez de muchas cosas. No lo recordamos hoy, pero Francia fue atacada prácticamente por todos los países de su alrededor cuando quitó al Capeto del trono y luego decapitó al Capeto con ese invento tan necesario, la guillotina. Reacción contra Revolución. Eso unió a la ciudadanía y creó el sentimiento republicano de los franceses, tan cohesionado aun hoy día, con sus complejidades y problemas. Educación, con sangre entra... pues Rajoy bien podría haber dicho que la política de Coscubiela era la de 1789, o 1793 y el Comité de Salvación Pública. Pero éste, creo, no tuvo los redaños de responder como debía; que Rajoy seguía la política de autodestrucción en la República de Weimar. No sé si a lo Brünning o a lo Hindenburg, tanto me da. A lo mejor pensaba en el enunciado de Godwin...

Porque la Gestapo no nació de la nada. Nació de las leyes de poder excepcional que los políticos alemanes fueron dando poco a poco al nazismo, tras aquel incendio del que se acusó a los comunistas y, dicen, realmente puso un nazi cualquiera la cerilla. Leyes que apuntalaron el ejecutivo ejecutor ante cualquier división de poderes (Montesquieu debe revolverse en su tumba, si le queda algo, al ver lo de Venezuela y casos similares, o ahora en España, donde nunca existió la división y cada vez eso es más claro...) y que demostraron que, nada mejor que inventarse un peligro para hacer realidad el mismo.

Rajoy invocó 1917 sin tener mucha idea, o quizá no. Quizá cree, realmente, que así logrará el objetivo de la nueva Ley de Seguridad Ciudadana y otras medidas propias; generar la oposición que justifique su existencia. Pero chico, esto es Españistán... y aquí preocupa más el "que me quede como estoy" que no eso de "cambiar para mejor". O a lo mejor también lo sabe y disfruta tirando un poco más de la soga...

Sigo pensando en Wert acariciando un gato... es mejor imagen. Y no viste, creo, de Hugo Boss. Ni falta que hace.

Un saludo,

Enfriando los días.

Empieza el otoño, de verdad, ahora en noviembre. Baja niebla y la luz, enfriándose de esa manera tan especial como solamente pasa en la meseta, ilumina días más cortos.

No voy con las manos en los bolsillos, como un desocupado, un despreocupado o un pervertido. Llevo las manos sueltas, huérfanas de asideros. Tengo la sensación de encontrarme perdido en mí mismo, desorientado entre recovecos inexplorados o largamente olvidados. 

Noviembre cumple ya más de cuatro meses de paternidad. No siento la ideocia eléctrica del padre novato, mezcla de nervios, pasión y necesidad de publicar cada pequeño avance de mi cachorro. Lo guardo para mí, pues lo considero muy valioso.

Sin embargo, todo cambia, al igual que permanece. Regreso a sentimientos cubiertos de polvo, arrumbados, tanto como a rutinas molestas, nunca olvidadas. Uno es, siempre, bajo el sol del verano ya acabado o el del otoño comenzado. Es y no es, y en su ciclo, juego a identificar cada extremo.

De la edad, duele el recuerdo de un cuerpo más joven y capaz. Amortigua saberse más inteligente, aunque la sonrisa puede ser cínica, si así lo creemos realmente. Duele saber lo que fue, y lo que no fue. Alegra saber lo que es y será. 

Lamento ser críptico, pero sólo un poquito. Esta entrada, como todas, por otro lado, es para mí, aunque secretamente goce cuando me leen y lo sé. Es, como digo, mi tesoro privado. Un sentir violento y explosivo que aplaco dejándolo en palabras, mas o menos afortunadas.

Un saludo,

domingo, 27 de octubre de 2013

En la trinchera - saltar la trinchera - pie de trinchera.

Hay expresiones que se originaron con la Gran Guerra, aquella en la que España no participó. ¿No lo hizo? bueno, no del todo. La cuestión es que se han quedado en el habla popular, algunas, otras, no tanto. La primera del título es sobradamente conocida. Las otras dos, en cambio, poco. Y quiero jugar con ellas.

Estar "en la trinchera" significa adoptar una posición inamovible contra un enemigo, siendo que esa trinchera es la posición buena. Se puede aplicar, en España, a casi todo. A madridistas contra barcelonistas, a independentistas contra unionistas, a socialistas contra populares, a futboleros contra baloncesteros, a amantes del dulce contra amantes del salado, a ti contra mí o a ese contra aquel... somos magníficos eligiendo trincheras. Pero, como al conducir, odiamos compartirlas demasiado, así que si en la trinchera, como con el coche, estamos solos, mejor que mejor. A no ser que queramos compinches, tan sectarios como nosotros, entonces... aceptamos que rebose. 

Ese primer paso significa mantener la posición, no ceder, luchar, pelear... sin salir de la trinchera. Pero, ¡ay! como somos españoles y no participamos en la Gran Guerra (¿No? ¿seguro?) se nos pasaron las otras dos. 

La segunda, "saltar la trinchera", era espeluznante para cualquier soldado de cualquier bando a partir de 1915. Consistía en abandonar la precaria seguridad de la trinchera, de la excavación cutre, forzada, mal apuntalada, que protegía endeblemente contra ametralladoras, shrapnels o rompedoras Aranaz, ataques químicos y otras lindezas. Y significaba adentrarse en territorio "de nadie", la "no man's land" inglesa que se popularizó también y donde, indefectiblemente, nadie se quedaba, o si se quedaba, es porque había muerto o estaba herido y en vías de palmarla. Saltar la trinchera era, claramente, jugar un duelo contra la muerte, sabiendo que el 90% del éxito vendría para ésta, no para el saltador. Dos imágenes, si quieren; "Senderos de Gloria" y "Gallipolli". Miren los saltos de trinchera y verán qué divertidos eran. Aniquilados por fuego enemigo, si no incluso por el amigo. En España, como digo, no conocemos esta expresión tanto, y por eso nos quedamos en la seguridad de la trinchera, en ella. Cobardía e ignorancia, dos de los atributos que permiten la arrogancia y el absurdo de ser español.

Y si se quedaban en la trinchera, sin saltarla, venía entonces lo peor. Esta última expresión, "pie de trinchera", no la conocemos, pero es terrible. Miles de soldados la sufrieron, y consistía en tener los pies bajo masas de lodo y agua fría, sin poder secarse, malolientes, criando ampollas y gangrena que, en muchos casos, llevaba a la amputación. La base carcomida, vaya. Ningún sentido a permanecer en la trinchera, ni poder siquiera saltarla y morir de un limpio balazo en la sesera.

Hoy, tenemos muchos, por no decir casi todos, en la trinchera. Muchos sufren del pie de trinchera, sin saberlo o no querer reconocerlo. Roídos por los cimientos, se sostienen por pura rutina o testarudez que nada tiene que ver con la lógica. Medios de incomunicación, políticos de partidos dinásticos, mesías, populistas a media voz, tertulianos y opinadores deslenguados... pero de esos, apenas nos tenemos que lamentar, a fin de cuentas, hacen su trabajo de gangrena desde la retaguardia, sin pisar en ocasiones las primeras líneas. Pero luchan desde la trinchera, dejando que su infantería de a pie contraiga del todo el mal de la trinchera. Viven enfermos, enfermando, produciendo miasmas y carcoma. Bombardeando con fuego amigo a sus propias líneas. 

Los pocos que, hastiados, saltan la trinchera y se adentran en tierra de nadie, no vuelven. Mueren en Canadá, Francia, Alemania, Gran Bretaña, los países del frío norte, Iberoamérica, cualquier sitio donde reconozcan sus capacidades, talentos y profesionalidad. También quedan heridos, de muerte, pues nadie los recogerá, en España, en la tierra de nadie del desempleo, la precariedad del empleo, las mentiras de quienes deberían en verdad cuidar de ellos socialmente, los del párrafo anterior y los del párrafo posterior. Mueren odiados por todos, incluso por ellos mismos, asqueados de ser españoles sin poder ser otro tipo de españoles, sin poder ser nada más que hombres comunes atrapados en el fuego amigo y enemigo, siendo el enemigo más de amigos que luchan desde su trinchera que amigo el de los amigos que son enemigos. Esa tierra de nadie crece, convirtiéndose en un cementerio de chatarras, basuras, cuerpos hinchados y malolientes, cínicos, cenizos, descreídos, apabullados por la España que ellos ven horadada de trincheras, demasiado tierra de nadie bueno. Sin contar a quienes se lanzan al fuego enemigo pensando que no les matará, y no les mata. Los aniquila el fuego amigo. Empresas, emprendedores, que se creen que una buena idea, un poco de capital y mucho esfuerzo pueden batir el amiguismo, el clientelismo, la cicuta del chapucismo mangoneador y caciquil que impregna el ADN español, de España.

En la otra trinchera no hay diferencias. Sufren del mismo mal. Exactamente igual que los anteriores descritos. Igual de español. 

Y así, rodeados, cercados, imposibilitados, nos preguntamos, como aquellos soldados escoceses, alemanes, ingleses, franceses de Francia y franceses de Cataluña, Toledo, Albacete, San Sebastián, Málaga o similar, que en números de 5.000 o 15.000, según a quién se lea, se unieron a la Gran Guerra, si podemos hacer una Tregua de Navidad, hablar, charlar, jugar un partido de fútbol donde nadie cuenta los goles, intercambiar regalos, y, sobre todo, darnos cuenta de que el hijo puta está con galones tras de nosotros instándonos a matarnos en nombre de... ¿qué? ¿quién?

En 1918 ejecutaron al Zar. Alemania y sus aliados perdieron la Gran Guerra (no es un spoiler...) pero los enemigos se apresuraron a declararla a la recién nacida URSS ("Estrangularla en la cuna", dijo Churchill, un tipo al que odio cada día más) y, como siempre, antes (Revolución francesa) y después (socialismo, socialdemocracia, cualquier signo de redistribución...) esa guerra sigue.

Las mismas trincheras. Si no estás en una, estás en la tierra de nadie, muerto, o peor, en retaguardia, portando una chapita que dice "No me hable usted de la guerra". Que eso me inquieta. Por no tener bando. Por llevar pluma blanca. Por ser Mr. Abulia. Español, vamos.

Una última expresión, por rara, poco usada. "Tomen la trinchera". Sí, vale, pero... ¿cuál?

Un saludo,