Buscar dentro de este batiburrillo

jueves, 26 de julio de 2012

El lema del Punk, totalmente cierto.

No Future, tronco, decían en los 80. Uno que era niño lo veía como una pose de macarrillas con cigarro y melenas. Pasaron los años y de pronto algunas de sus verdades se hacían evidentes. Desempleo, viviendas caras, futuros truncados por los mismos de siempre.

Estamos ahora en 2012. El alto desempleo y la incapacidad de acceder a vivienda, antes por el precio, ahora por la falta de crédito, son los mismos problemas, y la misma falta de posibilidades acecha el horizonte. O mejor dicho, el ahora. ¿Qué ha cambiado? Nada.

La crisis actual lleva décadas existiendo, solo que se camuflaba con diferentes burbujas. El petróleo, las punto-com, las materias primas, la del ladrillo... el mundo es un casino donde solamente juegan los que pueden, y pueden solamente los que llevan jugando a esto desde siempre. Un club cerrado y hostil a nuevos jugadores. Un Casino donde de pronto aprendieron una regla de oro, esto es, nadie de los que juegan pierde, perdemos los que ni sabemos la ubicación exacta del Casino.

Cantoná soltó hace años una propuesta que sonó a tontería, sacar todo el dinero de nuestros bancos. Bien, ahora mismo creo que podría haber sido una solución a la crisis. A la crisis sistémica del capitalismo. Sin dinero en bancos, no se podría prestar e inventar el dinero ficticio del "crédito" (¿alguien se cree que haya tanto dinero en el mundo?) basado en ese dinero "real" (¿alguien se cree que el dinero no sea un invento humano?) que tanto daño ha hecho al inflar de aire viciado esas burbujas. Y entonces, de pronto, podríamos pensar que sí, que hay otro futuro.

Porque no hay futuro para las cosas sensatas que pensamos los peatones de la Historia. No lo hay porque son sensatas, meditadas desde la experiencia de quienes sufren y pasan malos tiempos. Las soluciones que nos proponen nuestros políticos, "La Casta" que algunos rechazan (terminológicamente o en bloque) simplemente consiste en parchear los agujeros que el mismo sistema crea, para seguir dando riqueza a los que son ricos.

¿Necesitamos tanto? No. ¿Podemos vivir sin tanto lujo? Sí. ¿Sabremos hacerlo? No. Porque nunca nos han educado para ser ciudadanos, si no consumidores y productores. Y los consumidores y productores no pueden pensar ni ser críticos, ni menos aun participar de la vida pública, cerrada para ellos por esa elite nueva de los "políticos profesionales".

Un amigo me ha dicho más de una vez, desde su mortal perspectiva pesimista, que si el Estado te da la espalda, hay que darle la espalda al Estado. Eso supone ser un ciudadano, y saber que la vida pública no la construyen unos "profesionales", si no los ciudadanos. Así que estamos en el círculo vicioso. No hay ciudadanos.

Todo me lleva a pensar en las sacudidas que buscaban crear los anarquistas con sus bombas, azotando conciencias y empujando a la acción. Pero tenían el efecto contrario, el del rebaño que se agrupa bajo el mando del más fuerte. Así que tampoco es salida... estamos abocados al fracaso, hagamos lo que hagamos, porque nos han imbuido tanto miedo que estamos atemorizados, asustados en la esquina, sin saber exactamente quiénes son nuestros carceleros, aunque veamos algún rostro fugaz por entre los barrotes.

No hay futuro. No lo hay porque hemos perdido la capacidad de imaginarlo, y nos cuesta creer que la opulencia falsa, la riqueza ficticia, las comodidades irreales, se puedan esfumar. Pero lo hacen. Primero a cuentagotas, luego, a chorros. Y un día veremos a nazis agitando la bandera de la libertad, a fascistas luchando por derechos sociales, a todo tipo de autócratas prometiendo la salvación.

Y nadie cree ya en la salvación. Por eso no hay futuro. Hasta las palabras han perdido su significado. De puños han pasado a palmas abiertas, blandas y fofas, sin pegada. Las palabras han copado la acción, y si el discurso toma el poder, el verdadero poder sabe que no hay problemas. Son simples sílabas descoyuntadas.

No hay futuro.

lunes, 16 de julio de 2012

Es la política, no la economía.

Desde hace décadas vivimos pensando que la política está muerta y ya solamente manda la economía, los sacrosantos Mercados y un intangible Capitalismo que todo lo mueve, todo lo genera, degenera e invade. Que los representantes políticos de los ciudadanos no son más que gestores de sucursal de las grandes fortunas. Creemos que ya no hay política, porque no hay ideología.

Pero no es cierto.

El ser humano siempre ha logrado encontrar un constructo ideológico como marco a sus aspiraciones. Sean grupos de nobles contra populistas, optimates vs populares, priscilianos contra heterodoxos, ricos contra pobres, derechas contra izquierdas. Lo pueden llamar "tercera vía" o "socialdemocracia"; "anarquismo", "comunismo", "fascismo", "nacionalsocialismo" o "desarrollismo". Llámenlo como quieran.

Es política.

La política es, en esencia, participar de la vida pública y decidir entre opciones, sea el coste que sea. Esto es, en la economía clásica, "cañones o mantequilla". Construir armas para invadir al vecino y quitarle la poca mantequilla que haya producido y comérnosla o hacer mantequilla y ver cuál es mejor... elección. Pura y dura. Es elegir y optar por la solución que creemos más adecuada y justa.

Entre medias se nos ha metido un concepto que es muy divertido. "Tecnocracia". Una presunta forma aséptica de dirigir los países. No se equivoque nadie. Es Política. Porque es también una selección de opciones.

¿Y qué opciones hay? Las que la capacidad de visión, el talento, el esfuerzo y la voluntad de los que hacen política puedan llegar a encontrar.

Un ejemplo; ahora nos están recortando casi 60.000 millones de euros, cifra vertiginosa. Todo para tapar un agujero de bancos de 60.000 millones de euros también, más o menos. ¿Se podían hacer las cosas de otro modo? Rotundamente, sí.

Imaginen que están en el Gobierno. Tienen la mayoría absoluta. Deben decidir, viendo las cuentas del Estado (que es como abrir la hoja de cálculo de los gastos de su casa y ver dónde se le va la pasta) qué hacer. Bien, un técnico de Hacienda le susurra al oído "Mira, si aumentas las inspecciones en número y personal, podemos aflorar ese dinero en menos de un año. El fraude bajaría, recaudarías y meterías un mensaje de solidez estatal a los que creen que esto es un país de chichinabo..." 

Pero en toda historia de estas hay otro diablillo malo en el hombro contrario. "No escuches a ese idiota de corbata blanca; si lo haces, las empresas se irán a China que son más baratas. Lo que tienes que hacer es proponer una aministía y recaudas una parte, que incluso vendrá de las mafias rusas y demás, y quedas bien ante todos".

Opciones políticas... 

También alguien, de Educación, dice en la oreja algo así como "Oyes, tú, invierte en tecnologías que nos van bien, como las renovables, que nos las compran en el extranjero; especializa, investiga, invierte en sectores innovadores, mejora la docencia y los centros escolares mediante reformas que aglutinen y hagan mejores a los ciudadanos mediante educación". 

Pero claro, el Wert de turno grita en el oído contrario cosas como "Ni caso, eso es un montón de dinero y va más allá de nuestra legislatura, es a medio plazo, y para cuando tenga éxito no se acordarán ni de tus barbas. Reduce gasto quitando dinero a los profesores, que ya están acostumbrados a ser mal pagados, cierra universidades que nos toquen los cojones, aumenta las tasas y el número de alumnos y déjate de inversiones, que sean las empresas privadas las que decidan qué es mejor para la sociedad".

Opciones políticas...

Y así con todo, podríamos seguir. ¿Cuál ha sido el gran triunfo goebbelsiano de la última década?

Despojar a los ciudadanos y súbditos de la sensación que su voto, realmente, servía de algo, cuando eran las grandes corporaciones y demás agentes económicos los que realmente decidían. Eliminar la sensación de que se puede hacer POLÍTICA, solamente todo es economía.

Un gran triunfo, digo yo, hacer que todos tengamos desesperanza, hastío, impotencia y frustración.

Es la política, no el dinero... y de pronto, alguien se dará cuenta.

Un saludo,

miércoles, 11 de julio de 2012

Sabemos cómo hemos llegado hasta aquí...

Una verdad fundamental de ésta crisis (como de casi todas) es que sabemos cómo hemos llegado aquí. Intuitivamente, hasta la más poligonera ama de casa con hijos lo entiende; si mi Mario no llega a fin de mes con lo que curra y no podemos pagar la hipoteca y el cole de la Yessicah es porque nos endeudamos más de lo debido. Pero claro, es que el Audi y la tele plana y el jom cinema y la play y el peluco y todo lo demás no venían solos, nos los regalaron con el crédito que el banco le dió a mi Mario. Y ahora no renunciaremos a todo eso. ¿El piso? Bueh, que se lo quede el banco, nos vamos con mis papás a otro lado. ¿El curro? Ya se afanará haciendo chapuzas, total, con eso y el desempleo lo que dure... ¿la educación de la Yessicah? nos separamos o algo así y que le den plaza en uno lleno de moros y panchitos... ¿el país? ¡Hemos ganao la Eurocopa, y qué guapo es Casillas!

Bueno, lo entiende pero la he dejado que divague... lo cierto es que los bancos hallaron en nosotros la víctima perfecta, dándonos un dinero que no existía con el beneplácito de unos políticos que también recogían beneficios. Todos contentos. En su libro "Cleptopía", Matt Taibbi describe la situación de manera escalofriante. Uno ve a los buitres y carroñeros arrancando los últimos pedazos de carne del esqueleto de la economía global y de la política, intervenida desde hace décadas. Y siente náuseas, desprecio, ira y luego... impotencia. Porque ese es el mayor logro de esta crisis; la impotencia del ciudadano que devino súbdito económico.

Si sabemos cómo hemos llegado aquí, ¿por qué seguimos empeñados en seguir aquí? Es como el refugio precario antes de la tormenta que terminará de devastarlo todo. Los políticos se siguen afanando, como buenos lacayos, en parchear y reparar como se puedan las grietas, en aras del sacrosanto derecho al beneficio privado de unos pocos. Para ello, se inmola en el altar de la avaricia todo aquello que se pida, desde pensiones, sueldos, empleos públicos, servicios esenciales de la comunidad o niños crudos. Y se hace porque se puede. La impotencia del súbdito económico, el nuevo esclavo del siglo XXI, es tal, que no hace si no ladear la cabeza y cerrar los ojos mientras chasquea la lengua y dice aquello de "podría ser peor". ¿Peor de lo que es? Oiga, si a nuestro presidente de escalera le montamos un pollo de muerte si no cambia las bombillas fundidas o arregla el ascensor, ¿a nuestros queridísimos políticos no les decimos nada y encima les disculpamos? Pobrecitos, si son corruptos, todos ellos, sin excepciones, son iguales, la misma mierda, etcétera. Incompetentes, qué envidia siento...

También se habla de soluciones, claro. Revolución clásica, violenta. Pero estamos descabezados y seguimos siendo impotentes. Años de anestesia no se quitan de un plumazo. Ya no nos tiran jarros de agua fría, baldean tan a menudo que nos hemos acostumbrado y llamamos "calor" a lo que antes era gélido. Revolución, puff, qué pereza, y con eso ¿me quedo sin internet?

Otras son las microrrevoluciones, defendidas por Onfray. Pero exigen pensar, ser crítico, reflexivo, actuar en consecuencia... más ci-fi que un relato de Philip K. Dick. "¿Sueñan los humanos con soluciones políticas correctas?"

Y luego la más extendida. Hacer nada. Dejar pasar, acostumbrarse, decir aquello de "bueno, podría ser peor..." o similar. El 90% de la población practica este pasotismo. No quieren cambios, ni a un inquietante futuro mejor que ya es distopía en cuanto se anuncia ni a un pasado idealizado que nunca fue. El presente es lo que hay, lo que vale, aunque sea una mierda, pero es nuestra mierda. 

Sabemos cómo hemos llegado, pero mientras no nos espoleen duro, y no lo están haciendo de verdad (es el arma más sutil, la economía...) aquí nos quedaremos, creyendo que una vez tuvimos un Estado de Bienestar, que nuestros políticos velaban por los intereses públicos y que Casillas es en realidad un alienígena de Men in Black.

Un saludo,

martes, 26 de junio de 2012

Del trabajo como un derecho y un privilegio

Me gusta eso de los significados de las palabras, dicen mucho de la realidad de las mismas. Por ejemplo, "trabajo". Una "ocupación retribuída". Esto es, una "obra humana" aplicada a la "producción de riqueza", pero también una "penalidad, molestia, tormento o suceso infeliz". El trabajo es, en definitiva, algo que hacemos todos, generalmente para obtener un beneficio del mismo, ya sea un salario o una compensación por la venta o alquiler de la obra que hagamos. Un trabajo es algo útil, normalmente, para nosotros o terceros, y por eso intentamos valorarlo de la mejor manera posible.

Ahora bien, ese trabajo, ¿es un derecho o un privilegio? "Derecho", esto es, algo "justo, legítimo, fundado, cierto, razonable". También me gusta la parte larga, "conjunto de principios y normas, expresivos de una idea de justicia y de orden, que regulan las relaciones humanas en toda sociedad y cuya observancia puede ser impuesta de manera coactiva". Vaya, que un derecho es algo entendido como necesario, apropiado, dentro de las normas que se dé una sociedad a sí misma... en cambio, un "Privilegio" tiene otras connotaciones. O significado. Principalmente, "exención de una obligación o ventaja exclusiva o especial que goza alguien por concesión de un superior o por determinada circunstancia propia". Vaya, no podría ser más diferente un derecho de un privilegio. De hecho, si es la exención de una obligación, y el trabajo es una obligación como hemos visto ("penalidad, molestia, tormento"...) ¿no es antitético hablar del trabajo como un "privilegio"?

Es cierto que cuando algo escasea se suele valorar más. Con el trabajo ocurre algo paradójico; todo el mundo lo quiere pero nadie lo desea realmente. Se considera escaso, pero al tiempo, repelente. Realmente, no queremos un trabajo, sea el que sea; queremos la "retribución" que da dicha "ocupación". Ahí está el quid de la cuestión. Queremos los frutos, no los procesos.

Al ser tan clara la diferencia, unos hablan del trabajo como un "derecho" cuando realmente reclaman su derecho a cobrar una remuneración, sea la que sea, hagan lo que hagan, y otros hablan de quienes tienen un trabajo como unos "privilegiados", dado que ellos cobran porque tienen un trabajo. Los primeros quieren un "privilegio" y los segundos, el "derecho" a tener ese "privilegio". ¿Y por qué pensamos en ello como privilegios?

Gracias a la mentalidad que ha ido apoderándose de nuestro mundo en los últimos 30 años. Desde los 80's, cuando el capitalismo enchufó la directa y se terminó el llamado "comunismo", hemos ido contemplando una denigración del trabajo hasta extremos inconmensurables. El trabajo no dignifica, pero sí lo hace el pastizal que se gane con él, sea el que sea. Esto es, si un señor con corbata y tirantes gana 10 millones con apretar un botón por aceptar una operación compleja de crédito, financiación o venta de algo que ni él comprende del todo, admiramos su "trabajo". Físicamente, apretó un botón. Intelectualmente, supo qué botón apretar. Porque conoce el sistema. Y el sistema se hace para ellos, para los nuevos empleados de "cuello blanco" (añadiría "y gemelos de oro") que han logrado burocratizar la economía con una radical y simple fórmula; si todo va bien y ganamos, lo repartimos entre los que arriesgamos más; si todo va mal y perdemos, lo repartimos para los que no arriesgaron nada salvando nuestros muebles.

Sí, así es. El capitalismo no existe. El trabajo está en horas bajas. Y la realidad, tras el maquinismo, la informática, la explotación laboral de los menos favorecidos y otras hierbas, es que vivimos en un mundo donde la pirámide se ha invertido tanto que, ahora, nos sostienen aquellos que no deberían estar en la cúspide más tiempo del necesario. Hemos creado un mundo nuevo. No mejor, diferente.

Algunos consideramos el trabajo como un derecho. Y un derecho no es una obligación. Es una opción. No es tampoco un privilegio, aunque, por mi profesión, se me considere un "privilegiado". Privilegiado es aquel que logra de todo sin ningún esfuerzo, mérito ni capacidad. Por herencia o por otros temas. No, no soy un privilegiado. Tengo una vista que sí lo es, una mente analítica que no sé si calificar así, y una suerte para ciertas cosas que mejor no comento. Pero no. Ejerzo un derecho, algo que, en estos tiempos, no se comprende.

Y mientras, los de siempre, los más avariciosos, codiciosos, egoístas y faltos de moral y ética, seguirán logrando su objetivo, puesto que logran que nos peleemos... entre nosotros. No contra ellos.

Ya hemos perdido la batalla dialéctica hace tiempo, y hemos renunciado a las demás batallas muy pronto. Así que... hemos dejado de tener derechos para hacerles a ellos privilegiados. Sobre nuestros hombros. 

Vaya, pues se lo habrán ganado...

Un saludo,


viernes, 22 de junio de 2012

Anhelos, perversiones, remembranzas

Han sido un par de semanas raras. Cambios, modificaciones imprevistas, sucesos repentinos cambiando abruptamente muchos planes... para descubrir que el mundo revoluciona igual y el movimiento suele ser de 360º. Estamos igual que antes, pero diferente a como nos sentíamos.

He podido recuperar viejas ilusiones y ancianos deseos. Parece que nos gusta a veces la decrepitud, moral, física, intelectual... pero es una pose, una apostura bizarra y hueca. Verlo reflejado en otros, ayuda a contemplar el espejo de uno mismo con mayor definición. Mis anhelos no son los de hace 20 años, ni hace 10, ni hace 1. No pueden ser nunca los de antes. Lo deseado hace tiempo puede ser un engorro en este día. Pero sienta bien retomar emociones, aunque sean sintéticas. Y vivirlas.

Es extraño cómo reacciona uno. Cree que lo hará como en cientos de películas o libros, igual que los personajes a los que sigue, pero la realidad es que no es así. Tengo un don que es al tiempo maldición. Sé ver. Y no sé expresarlo con toda la claridad que desearía. Como si fuera Casandra. La tensión es algo deplorable si no se resuelve, y, lamentablemente, creo que enquista y se hace añojo en la carne, bajo la piel, hormigueando con inquieta presencia que nunca se sabe cuándo puede eruptar en grano purulento. Adoro ser honesto, pero los años pasan y la mayor honestidad, en profundidad, es callarse.

Con tal perversión de la realidad, del momento, uno lamenta la extraña moral que acecha incómoda bajo los intersticios de la relación. Sabes, pero callas. Callas, aunque debieras hablar. Debieras hablar, aunque duela. Debieras callar, pero dolerá más. No sabes, y entonces te angustias. Y sabes todo, aunque lo prefieres ignorar... No, definitivamente el lenguaje es la mayor de las perversiones. Una anómala situación evolutiva que nunca debió darse. La palabra nos hizo únicos, en todo lo bueno, lo malo y lo indeterminado. Y así convertirmos en proyectil un sonido inocuo vertido con mayor o menor conciencia de su significado, sin conocerlo realmente, creyendo ser alguien. No, la palabra es un pecado primigenio. El verbo no fue al principio, envenenó el principio.

Divago, como siempre, pero este es mi espacio, y me da absolutamente igual si alguien me entiende o prefiere marcarlo como una paja mental.

Mis recuerdos han vuelto, muchos, con sus sentimientos adheridos, pues no puedo recordar imágenes o palabras sin sentimientos pegados a ellos. No se hizo o dijo algo sin una palpitación, áurea u oscura, ausente o intensa. Todo sentimiento es realidad, realidad momentánea, caída en espiral, clavos en los pies y humo en la garganta. El pasado es un mal recuerdo de un sentimiento difuso.

El mundo está loco. No tengo ya duda. Y la carcajada no es más que la risa del alienado que lo sabe. Una risa que traspasa el alma. Y sin ella, sin la risa, estamos muertos. Sin la ilusión del futuro, sin el anhelo de algo nuevo, sin las perversiones del mundo, sin el recuerdo, estamos muertos. Sin una visión dorada, plateada o simplemente, luminosa, estamos muertos. Sin un sentimiento de bondad, de amor, de amistad, estamos muertos. Sin la creencia en un mañana, estamos muertos. Sin el dolor, sin el pánico, sin el miedo, sin la angustia, estamos muertos. Sin la prudencia y el arrojo, sin el optimismo y el pesimismo, sin saber que somos ignorantes y sabios, sin tantos adjetivos... sin el sano equilibrio de todo esto y más, más cosas, no somos humanos. Somos cualquier otra cosa.

Un saludo,

martes, 12 de junio de 2012

Miedo

¿Habéis sentido miedo alguna vez? No me refiero al de una película de terror, o una música tenebrosa. No. Tampoco a una atracción de feria o un instante en la calle donde parece que pueden atracarte o algo peor. Miedo ante el futuro. Miedo ante la clara y prístina mirada al futuro. Ojos desnudos para el mañana.

Yo siento hoy miedo. Mucho. Miedo por cosas por las que antes no sentía miedo, si no que las trataba con cierta indiferencia socarrona. Miedo ante pensamientos crudos de realidad salvaje. Miedo de que los que quiero y amo puedan sufrir. Miedo por la impotencia. Miedo por la incapacidad. Miedo ante una situación totalmente nueva, que, por mucho que nos digan "se puede manejar", uno siente temblores, ansiedad, flojera de miembros y cierto rebato a esconderse.

Durante toda mi vida no he sentido este miedo. ¿La muerte? forma parte de mi vida desde los diez años. ¿La soledad? He estado grandes temporadas solo. ¿La frustración? Me he frustrado innumerables veces. ¿El fracaso? He sido derrotado muchas veces. ¿La falta de recursos? He vivido bien, pero me crié en una familia donde me enseñaron qué era lo esencial y de qué podía prescindir. ¿Las enfermedades, las lesiones? Han estado conmigo desde niño. Pero hay una gran diferencia entre esos temores y mi miedo actual. He temido por mí mismo y siempre, siempre, he dedicado media sonrisa a esos pavores, con desdén, riéndome. Porque eran miedos sobre mi persona, la cual puedo y sé defender.

Oh, sí, he temido por los que me rodean. Pero que le puedan pasar cosas a otros no me ha paralizado. Sí, sentía pena si alguien abandonaba mi entorno, ya fuera por muerte o por otras causas. Pero sentía que la ligazón, el nudo, se podía deshacer y dejar destensado para en un futuro volverlo a enlazar con otras personas. Vive y deja vivir, disfruta de la compañía, pero no lamentes la pérdida más de lo necesario, puesto que paraliza. El miedo, siempre, paraliza. Por eso también tengo mis afectos muy concentrados. Sé a quiénes quiero, cuánto, cómo, por qué... y sé a quién puedo dejar marchar sin sufrir especialmente y con quién sufriría un tiempo, hasta que lograra reponerme.

Ahora no. Ahora, de pronto, tengo un extraño vínculo emocional, repleto de temores. Todo un bagaje nuevo de miedos, de aprensiones, de ansiedad.

Mi madre decía, sabia leonesa, que "el miedo es libre". Era su forma de reprocharme cuando yo me quejaba por las cosas de las que ella tenía miedo que me pudieran suceder. Un hijo no entiende al padre. Le desafía. Le reta constantemente. Un padre es autoridad, a la que obedecer o a la que forzar límites. Un hijo es inconsciente por definición. Debe aprender con dolor, con escarmientos, con castigos. Aprender a cómo evitar el dolor, a no sufrir castigos, a escarmentar minimizando daños. Un hijo es potencia. Un padre es acto. Un acto de pronto puesto frente a sí mismo. Un padre mira al abismo y éste le devuelve la mirada.

Mi miedo es incertidumbre. Temor al futuro. Miedo no de lo desconocido, si no de lo que conoce. De pronto, uno es censor de la sabiduría. Icono tallado en piedra que ha de servir de modelo. ¿¡Por qué!?

No hay rescate ante estos miedos. De pronto, un día, uno deja de ser hijo de sus padres e inconsciente bailarín de patio. De pronto, como un rayo, le golpean mil años repentinos y la sonrisa burlona y provocativa se transforma en un rictus de terror.

Y todo en un instante. Una eternidad.

Sí, tengo miedo.

Un saludo,

sábado, 9 de junio de 2012

Impredicciones de futuro distópico

9 de junio de 2012. La UE rescata a España con una cantidad oficial de 40.000 millones de euros.

17 de junio de 2012. El partido de izquierdas Syriza gana las elecciones en Grecia. Al día siguiente, rompen con la UE, rechazan el pago de la deuda por ser "odiosa" y devalúan su moneda. Empiezan disturbios en Grecia que se extienden a Italia, Irlanda y Portugal. España celebra la segunda eurocopa ganada y nadie piensa ya en los recortes que cada viernes se producen.

1 de agosto de 2012. Israel lanza un ataque masivo de aviación contra las bases iraníes donde presuntamente se está enriqueciendo plutonio. Rusia y China condenan el ataque y amenazan a Israel y, por ende, a los EE.UU. India y Paquistán elevan su tensión fronteriza y se amenaza mutuamente con ataques nucleares. Un pequeño pueblo de Andalucía declara su rebeldía fiscal y política contra el Estado.

15 de agosto de 2012. Israel invade a sus vecinos. Rusia y China arman a Irán. India y Paquistán se bombardean con armas convencionales. EE.UU. sufre una crisis al demostrarse que Obama no es negro realmente, teniendo que dimitir y convocando el nuevo vicepresidente elecciones anticipadas, un hecho único. En Europa, Merkel revela sus planes de dominación europea y proclama el IV Reich "económico". Pide la devolución de toda la deuda de los países de la UE a los bancos alemanes, y eso provoca una hecatombe en las Bolsas. En Madrid, Esperanza Aguirre despide a todos los funcionarios y contrata como director de prensa a Jimenez Losantos.

1 de septiembre de 2012. Mientras en Europa todos se pegan con todos, en Oriente Medio todos se pegan contra Israel, y China y Rusia se miran con recelo y poca amistad. India y Paquistán se tiran una bomba nuclear cada uno y luego declaran tablas, afirmando que todo fue un error por un correo electrónico en cadena que se mandaron varios funcionarios de los dos países, donde se hizo una escalada de tensión. Al Quaeda cambia su nombre y ahora se denomina "Whooper freedom fighters" tras descubrirse un rostro de Mahoma en una hamburguesa del Burguer King de Estocolmo. Su nueva doctrina incluye quemar todos los establecimientos de comida rápida para evitar que sigan aprisionando el alma de su amado profeta. Los naturistas, veganos, vegetarianos y otras hierbas verdes les apoyan. Los cristianos, confusos, deciden retomar la Santa Inquisición y queman primero a Javier Krahe en la hoguera, el cuál, como últimas palabras, canta precisamente "La Hoguera". Rouco Varela enciende la tea personalmente.

15 de septiembre de 2012. El Papa y el Vaticano huyen a una base secreta en Laponia, donde se encuentran con José Luís Feito, el cual tiene allí una agencia especial de colocación. Allí, Ratzinger encuentra trabajo de doble de cásting para la serie "Palpatine vs Jedis". En Oriente Medio, Israel declara a todos los que luchan contra ella como "nazis" y establece campos de concentración para árabes musulmanes, mientras bombardea con todo lo que tiene, incluyendo bombas de racimo españolas. En  EE.UU. gana Sarah Palin, que sorpresivamente regresa a la política. Lo primero que hace es declara la guerra a Cuba y Venezuela. Los Castro se exilian en Galicia, donde se ha proclamado la "República as mexillón" y ponen una escuela de queimadas. Chávez revela que no es él si no... Bolívar. Y empieza una guerra de anexión de toda iberoamérica. En Europa ya no se habla de rescate ni nada de nada, puesto que un apagón en internet de manera general ha logrado lo impensable; que todos salgan a la calle a montar barricadas y pelear con todo el mundo, montando una revolución casi decimonónica. En España tarda unas semanas en ocurrir, puesto que hasta que un grupo concienciado no sabotea los platós de Tele5, la gente no sale exigiendo que se les devuelva la programación. Se le llama "La primera marcha zombi".

1 de octubre de 2012. El caos envuelve el planeta. Unos alienígenas aburridos de Tau Centauri llegan a la Tierra y ofrecen intercambiar sus conocimientos en paz con los terrícolas, pero tienen la mala suerte de aterrizar en un erial de Murcia donde el señor del agro les recibe con escopeta de postas y un par de perros rabiosos. En represalia, los alienígenas regresan a Tau Centauri y declaran la guerra contra la Tierra. Mientras, Sarah Palin gana el Nóbel de la Paz tras arrasar toda iberoamérica de México para el sur a base de bombazos atómicos. Lo gana porque también se escapan un par a la Academia Sueca, y varios suecos, en el exilio, entre ellos Tom Kallene, se lo conceden mientras hombres de negro de la CIA les apuntan con pistolas. En Europa ya nadie sabe que pasa, pero se rumorea que una horda de marujas y machos ibéricos malolientes recorren como una plaga el continente buscando resintonizar con Tele5 Pirata, que, como rumor, se dice que emite toda la programación que había mantenido oculta. Berlusconi se hace con el poder en Italia y proclama el Estado Fascista, declarando su amor por Merkel, ya investida Canciller Suprema del IV Reich, y ambos invaden a Francia que, fiel a su tradición, se rinde en dos semanas. Hollande es colgado de la cúpula del Reichstag, y los líderes europeos pronto se unen a ella, excepto Gran Bretaña, que decide ir, como siempre, a la suya.

1 de noviembre de 2012. Los alienígenas invaden la Tierra. Exterminan al 98% de la población mundial y, los que quedan, se les recluye en un zoo que reconstruye una ciudad de los Balcanes en los años 90, con etiquetas de "Serbios", "Croatas" y "Carabancheleros". Los últimos dan un golpe de estado e instauran el cheli como lengua oficial, aunque de pronto se descubre entre sus líderes a Esperanza Aguirre infiltrada, la única política española que sobrevivió a la matanza mundial. Un enteradillo decide fusilarla, y entonces se descubre su faceta de agente de los alienígenas, pues está hecha de acero líquido. Un friki indica que entonces eso puede ser obra de Skynet, el proyecto de Indra. Nadie le cree, pero entonces otro frikazo indica que a él todo esto le parece un Mátrix muy cutre.

Todos despiertan en una pesadilla más triste que cualquier distopía chabacana y graciosilla que uno pueda imaginar.

Un saludo,

lunes, 4 de junio de 2012

Compartimentos

Somos ordenados. Tenemos un armario para la ropa, si es posible, dos lugares, uno para la de verano y otra para la de invierno. También tenemos una librería para los libros, puestos siempre con algún orden; por colores, formas, tamaños, temáticas, editoriales, autores, leídos y no leídos o, simplemente, ocupando espacios. Desde luego, ordenamos las tarjetas de crédito y el dinero y los billetes de metro y los carnés en la cartera. El bolso de una mujer es un tanto más complejo, pero también lo tienen ordenado. En la cocina de casa, sabemos dónde están las sartenes, dónde los platos y vasos, en qué lugar las cacerolas. Hay cajones para guardar calcetines y ropa interior, corbatas, medias y más prendas. Cajones, armarios, baldas, estantes...

En el medio físico solemos conocer dónde tenemos cada pertenencia. Nuestra casa, nuestro vehículo, nuestro barrio, nuestro trabajo, nuestro bar... sabemos dónde para el autobús o el metro, en qué lugar se toma el tren o tal o cual carretera. Tenemos claro dónde comprar, dónde ir al cine, qué tiendas hay y de qué según nuestra necesidad. Está todo ordenado, lugares, lugares, lugares...

Pero llegamos a la mente, y ahí... ¡ay! hay el mayor de los desórdenes. La mente y los sentimientos, claro.

Decía Conan Doyle por boca de su genial Sherlock Holmes que "el cerebro es como una habitación, no es elástico si no limitado, y por eso cualquier nuevo conocimiento exige librarnos de otros anteriores. Hay que saber escoger". No, no es literal la cita. Pero estoy completamente de acuerdo con ella. El cerebro es limitado. Y como lo demás, en la vida, hay que saber compartimentarlo. El cerebro que guarda tanto nuestros conocimientos como nuestros sentimientos. ¿O alguien aun piensa que éstos están en el corazón?

El cerebro nos ayuda con las categorías y los prejuicios. Para evitar problemas, lo conocido suele aplicarse como modelo a lo que no se conoce, así es que siempre decimos "se parece a..." o "es como...". Los modelos son eso, modelos, que hay que saber aplicar e interpretar en cada situación y momento. Pues aunque las coordenadas parezcan iguales, o similares, las situaciones cambian. Y tendemos a dejar que se entremezclen y fluyan sin control tanto ideas como sentimientos, coloreando éstos últimos a las primeras.

El problema con los compartimentos es que, aunque creamos saber encajar en ellos objetos, las personas son diferentes. Creemos etiquetar a una persona (algo que hacemos desde antes de que existiera feisbuk) y ya conocerla, finiquitar todo lo que necesitábamos saber sobre ella, pero siempre nos estaremos equivocando. Las personas pueden ser regulares, tener patrones de actuación y pensamiento, y, sin embargo, no tener clara la intención, la verdadera personalidad de esa persona. George R. R. Martin, en los libros de "Canción de Hielo y Fuego" lo hace con mucha maestría. Personajes que deberíamos odiar profundamente porque en el primer libro así nos los han presentado, de pronto nos caen mejor y les comprendemos en libros posteriores, y viceversa. Las personas no caben en compartimentos, aunque querramos creer que es posible.

A lo largo de los años, uno aprende también a diferenciar las cosas, a separar mejor. El tiempo, la perspectiva, logra muchas veces enseñarnos qué pasó realmente y, si somos valientes, entender nuestro pasado y nuestra vida. Cómo fuimos de cobardes, o valientes, o insensatos. Qué hicimos realmente y qué sucedió después. Lo que pensábamos de otra persona y, de pronto, cómo llegamos a comprenderla y avergonzarnos de nosotros mismos, renegando de lo que fuimos, pero lo fuimos. La perspectiva, una vista más ancha, una mirada calma y serena, abarcando todo lo posible con los ojos, ayuda mucho, y también nos permite conocer qué elegimos y por qué. 

Porque, al final, como siempre, somos la parte de las elecciones que tomamos y aquellas que desechamos. Realidad y potencia. Y la segunda se va acabando con cada minuto que pasa. El tiempo, tampoco, podemos compartimentarlo.

Un saludo,

viernes, 1 de junio de 2012

Entrando en el verano

Hay una tendencia casi escolástica de marcar la vida con las estaciones del año. Sobre todo las últimas, el otoño y el invierno de la vida, la decadencia, vejez y decrepitud. Jugando con eso, yo creo que estoy en el verano de mi vida.

No es la primavera. El despertar ya sucedió, a muchas cosas fundamentales. Descubrí el mundo, sus habitantes y sus contradicciones. La alegría y la diversión, la amistad y el amor, el sexo... también las penas, el aburrimiento, las falsas amistades, los desengaños... pero es un momento en el que aun estoy pleno de facultades, físicamente muy poco mermado e intelectualmente en un muy buen momento. O eso pienso, que puede ser una falacia y un autoengaño.

Es el verano, lánguido, eterno en sus días de calor, luminoso y claro. Es el tiempo del deseo, pero no a toda costa, si no para ser satisfecho con gusto y comodidad. Lujurioso pero cansado, del cuerpo físico, de la piel y la carne desnudas... también es el momento de retomar las viejas y buenas costumbres. Los paseos largos, las charlas hasta altas horas de la noche que, salvo por la luz, no parecen significar que el día acaba, las horas largas de luz y por tanto de actividades, que no crecen en número, pero sí se alargan con paciente gusto.

Reconozco que me encanta porque veo muchas más chicas guapas, recien salidas del invierno y la primavera, rostros más embellecidos por el sol. Y sorprende la exuberancia en todos los sentidos. Es un momento dorado.

Quizá por ello estemos perezosos, lánguidos, de asueto en todo. Los problemas del mundo importan poco. La vida lo es todo. Y por ello, llegados estos días, pienso, ¡qué tonterías nos preocupan muchas veces! Por no decir, casi siempre.

Disfrutemos. Hay unos versos de Arquíloco de Paros que me encantan:

"Porque ni llorando remediaré nada, ni nada
empeoraré dándome a placeres y festejos."

Un saludo hedonista,

miércoles, 23 de mayo de 2012

¿Son culpables los funcionarios?

Reconozcámoslo; en más de una ocasión hemos despotricado, protestado y rezongado contra esos "parásitos" a los que "pagamos con nuestros impuestos" y que están "tomando café y leyendo el periódico todo el día". Unos "vagos prepotentes" que "no quieren trabajar" y se dedican todo el día a "estar de baja" y "escaquearse" de todo. Los funcionarios. Aunque lo usamos con todos los empleados públicos, o casi todos.

Ya he dicho en más de una ocasión que tan funcionario es el policía antidisturbios que carga contra manifestantes, como el manifestante que es profesor de educación en un colegio, instituto o Universidad. Tanto como el bombero que apaga los fuegos provocados por pirómanos incontrolados que a lo mejor son liberados de un sindicato de la función pública. Tan funcionarios como el señor que nos da o deniega un permiso para nuestro negocio, o el inspector que lo controla. Incluso los médicos, enfermeras, radiólogos, anestesistas, todos esos, que nos atienden cuando estamos enfermos, son funcionarios, tanto como los que inspeccionan los servicios de sanidad. Vamos, que ser funcionario (léase, empleado público) lo son muchos. En España, dicen, en torno a 2 millones de personas. De una población de 45 millones, sale un porcentaje de, aproximadamente, el 5% de los españoles. ¡Vaya! pues sí que es un número alto...

Hay personas que, sin embargo, ganan y acumulan más poder y más cagadas que los funcionarios. Los responsables de la CAM, de Bankia, de tantas y tantas Cajas de Ahorro y Bancos que han sido gestionados como el culo y que han hecho estallar la mierda de la burbuja inmobiliaria (que todos conocíamos, pero como buenos entrenadores de pacotilla que somos, no supimos gestionar nunca, y más bien buscábamos provecho de la misma) a la que los políticos, todos ellos, no dieron importancia mientras hacían fluir dinero del crédito (crédito que se pedía en nombre de la ciudadanía para construirle monstruosidades para mayor gloria de... esos mismos políticos) y buena parte caía en sus bolsillos. Políticos, banqueros, y faltan los empresarios, que siempre se agarraron a la deletérea realidad etérea del "mercado de trabajo", donde se consideraba esa elasticidad de la demanda y la oferta como elasticidad de los currantes, que aceptaban todo siempre que pillaran buenos pellizcos por un curro que, sabían, era como harina con agua; una plasta.

Es decir, el 95% restante de los españoles, formado por esas personas, decidieron que los culpables, usando a los poderosos empresarios, banqueros y políticos (a veces la triada recae en un mismo tipo, curiosamente...) fueran señalados como... los empleados públicos. Y el experimento ya exitoso de los controladores aéreos se está repitiendo desde hace años con ellos. Somos vagos, prepotentes, privilegiados, asquerosamente indignos de la suerte que poseemos, esto es, un puesto para toda la vida, un sueldo aceptable y unas condiciones de trabajo decentes. Por tanto, ¿se exige al 1% que pague? No, sus migajas son más sustanciales que los sólidos platos donde se sirven por los empleados públicos, y se ve la comida del día, no el plato que la contiene. Como siempre, la ignorancia es la mejor de las armas; permite señalar culpables donde no los hay, y luego, con suerte, dejar que los más incontrolados prendan la antorcha que ya han dejado bien preparada en el portal de casa...

No voy a explicar de nuevo el porqué de la existencia de empleados públicos. Para qué se necesita que haya una estructura de funcionamiento estable y ajena a cualquier poder político o económico. Tampoco explicaré la razón de los servicios que damos, puesto que no son servicios mercantiles. Y mucho menos la razón de sus condiciones. No importa. No sirve de nada. He claudicado en el intento. Somos diana, y toca aguantar mecha.

Quizá dentro de 10 o 15 años las cosas sean muy diferentes, pero los que tengan memoria, pocos, pero alguno hay, recordarán qué era un servicio público y qué se ha perdido. Esto ya ha pasado, y muchas veces. Y pasará. Y por eso, sinceramente, parafraseando a Rhett Butler, digo aquello de

"Francamente, súbdito, me importa un puto carajo".

Un saludo,