Buscar dentro de este batiburrillo

viernes, 22 de junio de 2012

Anhelos, perversiones, remembranzas

Han sido un par de semanas raras. Cambios, modificaciones imprevistas, sucesos repentinos cambiando abruptamente muchos planes... para descubrir que el mundo revoluciona igual y el movimiento suele ser de 360º. Estamos igual que antes, pero diferente a como nos sentíamos.

He podido recuperar viejas ilusiones y ancianos deseos. Parece que nos gusta a veces la decrepitud, moral, física, intelectual... pero es una pose, una apostura bizarra y hueca. Verlo reflejado en otros, ayuda a contemplar el espejo de uno mismo con mayor definición. Mis anhelos no son los de hace 20 años, ni hace 10, ni hace 1. No pueden ser nunca los de antes. Lo deseado hace tiempo puede ser un engorro en este día. Pero sienta bien retomar emociones, aunque sean sintéticas. Y vivirlas.

Es extraño cómo reacciona uno. Cree que lo hará como en cientos de películas o libros, igual que los personajes a los que sigue, pero la realidad es que no es así. Tengo un don que es al tiempo maldición. Sé ver. Y no sé expresarlo con toda la claridad que desearía. Como si fuera Casandra. La tensión es algo deplorable si no se resuelve, y, lamentablemente, creo que enquista y se hace añojo en la carne, bajo la piel, hormigueando con inquieta presencia que nunca se sabe cuándo puede eruptar en grano purulento. Adoro ser honesto, pero los años pasan y la mayor honestidad, en profundidad, es callarse.

Con tal perversión de la realidad, del momento, uno lamenta la extraña moral que acecha incómoda bajo los intersticios de la relación. Sabes, pero callas. Callas, aunque debieras hablar. Debieras hablar, aunque duela. Debieras callar, pero dolerá más. No sabes, y entonces te angustias. Y sabes todo, aunque lo prefieres ignorar... No, definitivamente el lenguaje es la mayor de las perversiones. Una anómala situación evolutiva que nunca debió darse. La palabra nos hizo únicos, en todo lo bueno, lo malo y lo indeterminado. Y así convertirmos en proyectil un sonido inocuo vertido con mayor o menor conciencia de su significado, sin conocerlo realmente, creyendo ser alguien. No, la palabra es un pecado primigenio. El verbo no fue al principio, envenenó el principio.

Divago, como siempre, pero este es mi espacio, y me da absolutamente igual si alguien me entiende o prefiere marcarlo como una paja mental.

Mis recuerdos han vuelto, muchos, con sus sentimientos adheridos, pues no puedo recordar imágenes o palabras sin sentimientos pegados a ellos. No se hizo o dijo algo sin una palpitación, áurea u oscura, ausente o intensa. Todo sentimiento es realidad, realidad momentánea, caída en espiral, clavos en los pies y humo en la garganta. El pasado es un mal recuerdo de un sentimiento difuso.

El mundo está loco. No tengo ya duda. Y la carcajada no es más que la risa del alienado que lo sabe. Una risa que traspasa el alma. Y sin ella, sin la risa, estamos muertos. Sin la ilusión del futuro, sin el anhelo de algo nuevo, sin las perversiones del mundo, sin el recuerdo, estamos muertos. Sin una visión dorada, plateada o simplemente, luminosa, estamos muertos. Sin un sentimiento de bondad, de amor, de amistad, estamos muertos. Sin la creencia en un mañana, estamos muertos. Sin el dolor, sin el pánico, sin el miedo, sin la angustia, estamos muertos. Sin la prudencia y el arrojo, sin el optimismo y el pesimismo, sin saber que somos ignorantes y sabios, sin tantos adjetivos... sin el sano equilibrio de todo esto y más, más cosas, no somos humanos. Somos cualquier otra cosa.

Un saludo,

martes, 12 de junio de 2012

Miedo

¿Habéis sentido miedo alguna vez? No me refiero al de una película de terror, o una música tenebrosa. No. Tampoco a una atracción de feria o un instante en la calle donde parece que pueden atracarte o algo peor. Miedo ante el futuro. Miedo ante la clara y prístina mirada al futuro. Ojos desnudos para el mañana.

Yo siento hoy miedo. Mucho. Miedo por cosas por las que antes no sentía miedo, si no que las trataba con cierta indiferencia socarrona. Miedo ante pensamientos crudos de realidad salvaje. Miedo de que los que quiero y amo puedan sufrir. Miedo por la impotencia. Miedo por la incapacidad. Miedo ante una situación totalmente nueva, que, por mucho que nos digan "se puede manejar", uno siente temblores, ansiedad, flojera de miembros y cierto rebato a esconderse.

Durante toda mi vida no he sentido este miedo. ¿La muerte? forma parte de mi vida desde los diez años. ¿La soledad? He estado grandes temporadas solo. ¿La frustración? Me he frustrado innumerables veces. ¿El fracaso? He sido derrotado muchas veces. ¿La falta de recursos? He vivido bien, pero me crié en una familia donde me enseñaron qué era lo esencial y de qué podía prescindir. ¿Las enfermedades, las lesiones? Han estado conmigo desde niño. Pero hay una gran diferencia entre esos temores y mi miedo actual. He temido por mí mismo y siempre, siempre, he dedicado media sonrisa a esos pavores, con desdén, riéndome. Porque eran miedos sobre mi persona, la cual puedo y sé defender.

Oh, sí, he temido por los que me rodean. Pero que le puedan pasar cosas a otros no me ha paralizado. Sí, sentía pena si alguien abandonaba mi entorno, ya fuera por muerte o por otras causas. Pero sentía que la ligazón, el nudo, se podía deshacer y dejar destensado para en un futuro volverlo a enlazar con otras personas. Vive y deja vivir, disfruta de la compañía, pero no lamentes la pérdida más de lo necesario, puesto que paraliza. El miedo, siempre, paraliza. Por eso también tengo mis afectos muy concentrados. Sé a quiénes quiero, cuánto, cómo, por qué... y sé a quién puedo dejar marchar sin sufrir especialmente y con quién sufriría un tiempo, hasta que lograra reponerme.

Ahora no. Ahora, de pronto, tengo un extraño vínculo emocional, repleto de temores. Todo un bagaje nuevo de miedos, de aprensiones, de ansiedad.

Mi madre decía, sabia leonesa, que "el miedo es libre". Era su forma de reprocharme cuando yo me quejaba por las cosas de las que ella tenía miedo que me pudieran suceder. Un hijo no entiende al padre. Le desafía. Le reta constantemente. Un padre es autoridad, a la que obedecer o a la que forzar límites. Un hijo es inconsciente por definición. Debe aprender con dolor, con escarmientos, con castigos. Aprender a cómo evitar el dolor, a no sufrir castigos, a escarmentar minimizando daños. Un hijo es potencia. Un padre es acto. Un acto de pronto puesto frente a sí mismo. Un padre mira al abismo y éste le devuelve la mirada.

Mi miedo es incertidumbre. Temor al futuro. Miedo no de lo desconocido, si no de lo que conoce. De pronto, uno es censor de la sabiduría. Icono tallado en piedra que ha de servir de modelo. ¿¡Por qué!?

No hay rescate ante estos miedos. De pronto, un día, uno deja de ser hijo de sus padres e inconsciente bailarín de patio. De pronto, como un rayo, le golpean mil años repentinos y la sonrisa burlona y provocativa se transforma en un rictus de terror.

Y todo en un instante. Una eternidad.

Sí, tengo miedo.

Un saludo,

sábado, 9 de junio de 2012

Impredicciones de futuro distópico

9 de junio de 2012. La UE rescata a España con una cantidad oficial de 40.000 millones de euros.

17 de junio de 2012. El partido de izquierdas Syriza gana las elecciones en Grecia. Al día siguiente, rompen con la UE, rechazan el pago de la deuda por ser "odiosa" y devalúan su moneda. Empiezan disturbios en Grecia que se extienden a Italia, Irlanda y Portugal. España celebra la segunda eurocopa ganada y nadie piensa ya en los recortes que cada viernes se producen.

1 de agosto de 2012. Israel lanza un ataque masivo de aviación contra las bases iraníes donde presuntamente se está enriqueciendo plutonio. Rusia y China condenan el ataque y amenazan a Israel y, por ende, a los EE.UU. India y Paquistán elevan su tensión fronteriza y se amenaza mutuamente con ataques nucleares. Un pequeño pueblo de Andalucía declara su rebeldía fiscal y política contra el Estado.

15 de agosto de 2012. Israel invade a sus vecinos. Rusia y China arman a Irán. India y Paquistán se bombardean con armas convencionales. EE.UU. sufre una crisis al demostrarse que Obama no es negro realmente, teniendo que dimitir y convocando el nuevo vicepresidente elecciones anticipadas, un hecho único. En Europa, Merkel revela sus planes de dominación europea y proclama el IV Reich "económico". Pide la devolución de toda la deuda de los países de la UE a los bancos alemanes, y eso provoca una hecatombe en las Bolsas. En Madrid, Esperanza Aguirre despide a todos los funcionarios y contrata como director de prensa a Jimenez Losantos.

1 de septiembre de 2012. Mientras en Europa todos se pegan con todos, en Oriente Medio todos se pegan contra Israel, y China y Rusia se miran con recelo y poca amistad. India y Paquistán se tiran una bomba nuclear cada uno y luego declaran tablas, afirmando que todo fue un error por un correo electrónico en cadena que se mandaron varios funcionarios de los dos países, donde se hizo una escalada de tensión. Al Quaeda cambia su nombre y ahora se denomina "Whooper freedom fighters" tras descubrirse un rostro de Mahoma en una hamburguesa del Burguer King de Estocolmo. Su nueva doctrina incluye quemar todos los establecimientos de comida rápida para evitar que sigan aprisionando el alma de su amado profeta. Los naturistas, veganos, vegetarianos y otras hierbas verdes les apoyan. Los cristianos, confusos, deciden retomar la Santa Inquisición y queman primero a Javier Krahe en la hoguera, el cuál, como últimas palabras, canta precisamente "La Hoguera". Rouco Varela enciende la tea personalmente.

15 de septiembre de 2012. El Papa y el Vaticano huyen a una base secreta en Laponia, donde se encuentran con José Luís Feito, el cual tiene allí una agencia especial de colocación. Allí, Ratzinger encuentra trabajo de doble de cásting para la serie "Palpatine vs Jedis". En Oriente Medio, Israel declara a todos los que luchan contra ella como "nazis" y establece campos de concentración para árabes musulmanes, mientras bombardea con todo lo que tiene, incluyendo bombas de racimo españolas. En  EE.UU. gana Sarah Palin, que sorpresivamente regresa a la política. Lo primero que hace es declara la guerra a Cuba y Venezuela. Los Castro se exilian en Galicia, donde se ha proclamado la "República as mexillón" y ponen una escuela de queimadas. Chávez revela que no es él si no... Bolívar. Y empieza una guerra de anexión de toda iberoamérica. En Europa ya no se habla de rescate ni nada de nada, puesto que un apagón en internet de manera general ha logrado lo impensable; que todos salgan a la calle a montar barricadas y pelear con todo el mundo, montando una revolución casi decimonónica. En España tarda unas semanas en ocurrir, puesto que hasta que un grupo concienciado no sabotea los platós de Tele5, la gente no sale exigiendo que se les devuelva la programación. Se le llama "La primera marcha zombi".

1 de octubre de 2012. El caos envuelve el planeta. Unos alienígenas aburridos de Tau Centauri llegan a la Tierra y ofrecen intercambiar sus conocimientos en paz con los terrícolas, pero tienen la mala suerte de aterrizar en un erial de Murcia donde el señor del agro les recibe con escopeta de postas y un par de perros rabiosos. En represalia, los alienígenas regresan a Tau Centauri y declaran la guerra contra la Tierra. Mientras, Sarah Palin gana el Nóbel de la Paz tras arrasar toda iberoamérica de México para el sur a base de bombazos atómicos. Lo gana porque también se escapan un par a la Academia Sueca, y varios suecos, en el exilio, entre ellos Tom Kallene, se lo conceden mientras hombres de negro de la CIA les apuntan con pistolas. En Europa ya nadie sabe que pasa, pero se rumorea que una horda de marujas y machos ibéricos malolientes recorren como una plaga el continente buscando resintonizar con Tele5 Pirata, que, como rumor, se dice que emite toda la programación que había mantenido oculta. Berlusconi se hace con el poder en Italia y proclama el Estado Fascista, declarando su amor por Merkel, ya investida Canciller Suprema del IV Reich, y ambos invaden a Francia que, fiel a su tradición, se rinde en dos semanas. Hollande es colgado de la cúpula del Reichstag, y los líderes europeos pronto se unen a ella, excepto Gran Bretaña, que decide ir, como siempre, a la suya.

1 de noviembre de 2012. Los alienígenas invaden la Tierra. Exterminan al 98% de la población mundial y, los que quedan, se les recluye en un zoo que reconstruye una ciudad de los Balcanes en los años 90, con etiquetas de "Serbios", "Croatas" y "Carabancheleros". Los últimos dan un golpe de estado e instauran el cheli como lengua oficial, aunque de pronto se descubre entre sus líderes a Esperanza Aguirre infiltrada, la única política española que sobrevivió a la matanza mundial. Un enteradillo decide fusilarla, y entonces se descubre su faceta de agente de los alienígenas, pues está hecha de acero líquido. Un friki indica que entonces eso puede ser obra de Skynet, el proyecto de Indra. Nadie le cree, pero entonces otro frikazo indica que a él todo esto le parece un Mátrix muy cutre.

Todos despiertan en una pesadilla más triste que cualquier distopía chabacana y graciosilla que uno pueda imaginar.

Un saludo,

lunes, 4 de junio de 2012

Compartimentos

Somos ordenados. Tenemos un armario para la ropa, si es posible, dos lugares, uno para la de verano y otra para la de invierno. También tenemos una librería para los libros, puestos siempre con algún orden; por colores, formas, tamaños, temáticas, editoriales, autores, leídos y no leídos o, simplemente, ocupando espacios. Desde luego, ordenamos las tarjetas de crédito y el dinero y los billetes de metro y los carnés en la cartera. El bolso de una mujer es un tanto más complejo, pero también lo tienen ordenado. En la cocina de casa, sabemos dónde están las sartenes, dónde los platos y vasos, en qué lugar las cacerolas. Hay cajones para guardar calcetines y ropa interior, corbatas, medias y más prendas. Cajones, armarios, baldas, estantes...

En el medio físico solemos conocer dónde tenemos cada pertenencia. Nuestra casa, nuestro vehículo, nuestro barrio, nuestro trabajo, nuestro bar... sabemos dónde para el autobús o el metro, en qué lugar se toma el tren o tal o cual carretera. Tenemos claro dónde comprar, dónde ir al cine, qué tiendas hay y de qué según nuestra necesidad. Está todo ordenado, lugares, lugares, lugares...

Pero llegamos a la mente, y ahí... ¡ay! hay el mayor de los desórdenes. La mente y los sentimientos, claro.

Decía Conan Doyle por boca de su genial Sherlock Holmes que "el cerebro es como una habitación, no es elástico si no limitado, y por eso cualquier nuevo conocimiento exige librarnos de otros anteriores. Hay que saber escoger". No, no es literal la cita. Pero estoy completamente de acuerdo con ella. El cerebro es limitado. Y como lo demás, en la vida, hay que saber compartimentarlo. El cerebro que guarda tanto nuestros conocimientos como nuestros sentimientos. ¿O alguien aun piensa que éstos están en el corazón?

El cerebro nos ayuda con las categorías y los prejuicios. Para evitar problemas, lo conocido suele aplicarse como modelo a lo que no se conoce, así es que siempre decimos "se parece a..." o "es como...". Los modelos son eso, modelos, que hay que saber aplicar e interpretar en cada situación y momento. Pues aunque las coordenadas parezcan iguales, o similares, las situaciones cambian. Y tendemos a dejar que se entremezclen y fluyan sin control tanto ideas como sentimientos, coloreando éstos últimos a las primeras.

El problema con los compartimentos es que, aunque creamos saber encajar en ellos objetos, las personas son diferentes. Creemos etiquetar a una persona (algo que hacemos desde antes de que existiera feisbuk) y ya conocerla, finiquitar todo lo que necesitábamos saber sobre ella, pero siempre nos estaremos equivocando. Las personas pueden ser regulares, tener patrones de actuación y pensamiento, y, sin embargo, no tener clara la intención, la verdadera personalidad de esa persona. George R. R. Martin, en los libros de "Canción de Hielo y Fuego" lo hace con mucha maestría. Personajes que deberíamos odiar profundamente porque en el primer libro así nos los han presentado, de pronto nos caen mejor y les comprendemos en libros posteriores, y viceversa. Las personas no caben en compartimentos, aunque querramos creer que es posible.

A lo largo de los años, uno aprende también a diferenciar las cosas, a separar mejor. El tiempo, la perspectiva, logra muchas veces enseñarnos qué pasó realmente y, si somos valientes, entender nuestro pasado y nuestra vida. Cómo fuimos de cobardes, o valientes, o insensatos. Qué hicimos realmente y qué sucedió después. Lo que pensábamos de otra persona y, de pronto, cómo llegamos a comprenderla y avergonzarnos de nosotros mismos, renegando de lo que fuimos, pero lo fuimos. La perspectiva, una vista más ancha, una mirada calma y serena, abarcando todo lo posible con los ojos, ayuda mucho, y también nos permite conocer qué elegimos y por qué. 

Porque, al final, como siempre, somos la parte de las elecciones que tomamos y aquellas que desechamos. Realidad y potencia. Y la segunda se va acabando con cada minuto que pasa. El tiempo, tampoco, podemos compartimentarlo.

Un saludo,

viernes, 1 de junio de 2012

Entrando en el verano

Hay una tendencia casi escolástica de marcar la vida con las estaciones del año. Sobre todo las últimas, el otoño y el invierno de la vida, la decadencia, vejez y decrepitud. Jugando con eso, yo creo que estoy en el verano de mi vida.

No es la primavera. El despertar ya sucedió, a muchas cosas fundamentales. Descubrí el mundo, sus habitantes y sus contradicciones. La alegría y la diversión, la amistad y el amor, el sexo... también las penas, el aburrimiento, las falsas amistades, los desengaños... pero es un momento en el que aun estoy pleno de facultades, físicamente muy poco mermado e intelectualmente en un muy buen momento. O eso pienso, que puede ser una falacia y un autoengaño.

Es el verano, lánguido, eterno en sus días de calor, luminoso y claro. Es el tiempo del deseo, pero no a toda costa, si no para ser satisfecho con gusto y comodidad. Lujurioso pero cansado, del cuerpo físico, de la piel y la carne desnudas... también es el momento de retomar las viejas y buenas costumbres. Los paseos largos, las charlas hasta altas horas de la noche que, salvo por la luz, no parecen significar que el día acaba, las horas largas de luz y por tanto de actividades, que no crecen en número, pero sí se alargan con paciente gusto.

Reconozco que me encanta porque veo muchas más chicas guapas, recien salidas del invierno y la primavera, rostros más embellecidos por el sol. Y sorprende la exuberancia en todos los sentidos. Es un momento dorado.

Quizá por ello estemos perezosos, lánguidos, de asueto en todo. Los problemas del mundo importan poco. La vida lo es todo. Y por ello, llegados estos días, pienso, ¡qué tonterías nos preocupan muchas veces! Por no decir, casi siempre.

Disfrutemos. Hay unos versos de Arquíloco de Paros que me encantan:

"Porque ni llorando remediaré nada, ni nada
empeoraré dándome a placeres y festejos."

Un saludo hedonista,

miércoles, 23 de mayo de 2012

¿Son culpables los funcionarios?

Reconozcámoslo; en más de una ocasión hemos despotricado, protestado y rezongado contra esos "parásitos" a los que "pagamos con nuestros impuestos" y que están "tomando café y leyendo el periódico todo el día". Unos "vagos prepotentes" que "no quieren trabajar" y se dedican todo el día a "estar de baja" y "escaquearse" de todo. Los funcionarios. Aunque lo usamos con todos los empleados públicos, o casi todos.

Ya he dicho en más de una ocasión que tan funcionario es el policía antidisturbios que carga contra manifestantes, como el manifestante que es profesor de educación en un colegio, instituto o Universidad. Tanto como el bombero que apaga los fuegos provocados por pirómanos incontrolados que a lo mejor son liberados de un sindicato de la función pública. Tan funcionarios como el señor que nos da o deniega un permiso para nuestro negocio, o el inspector que lo controla. Incluso los médicos, enfermeras, radiólogos, anestesistas, todos esos, que nos atienden cuando estamos enfermos, son funcionarios, tanto como los que inspeccionan los servicios de sanidad. Vamos, que ser funcionario (léase, empleado público) lo son muchos. En España, dicen, en torno a 2 millones de personas. De una población de 45 millones, sale un porcentaje de, aproximadamente, el 5% de los españoles. ¡Vaya! pues sí que es un número alto...

Hay personas que, sin embargo, ganan y acumulan más poder y más cagadas que los funcionarios. Los responsables de la CAM, de Bankia, de tantas y tantas Cajas de Ahorro y Bancos que han sido gestionados como el culo y que han hecho estallar la mierda de la burbuja inmobiliaria (que todos conocíamos, pero como buenos entrenadores de pacotilla que somos, no supimos gestionar nunca, y más bien buscábamos provecho de la misma) a la que los políticos, todos ellos, no dieron importancia mientras hacían fluir dinero del crédito (crédito que se pedía en nombre de la ciudadanía para construirle monstruosidades para mayor gloria de... esos mismos políticos) y buena parte caía en sus bolsillos. Políticos, banqueros, y faltan los empresarios, que siempre se agarraron a la deletérea realidad etérea del "mercado de trabajo", donde se consideraba esa elasticidad de la demanda y la oferta como elasticidad de los currantes, que aceptaban todo siempre que pillaran buenos pellizcos por un curro que, sabían, era como harina con agua; una plasta.

Es decir, el 95% restante de los españoles, formado por esas personas, decidieron que los culpables, usando a los poderosos empresarios, banqueros y políticos (a veces la triada recae en un mismo tipo, curiosamente...) fueran señalados como... los empleados públicos. Y el experimento ya exitoso de los controladores aéreos se está repitiendo desde hace años con ellos. Somos vagos, prepotentes, privilegiados, asquerosamente indignos de la suerte que poseemos, esto es, un puesto para toda la vida, un sueldo aceptable y unas condiciones de trabajo decentes. Por tanto, ¿se exige al 1% que pague? No, sus migajas son más sustanciales que los sólidos platos donde se sirven por los empleados públicos, y se ve la comida del día, no el plato que la contiene. Como siempre, la ignorancia es la mejor de las armas; permite señalar culpables donde no los hay, y luego, con suerte, dejar que los más incontrolados prendan la antorcha que ya han dejado bien preparada en el portal de casa...

No voy a explicar de nuevo el porqué de la existencia de empleados públicos. Para qué se necesita que haya una estructura de funcionamiento estable y ajena a cualquier poder político o económico. Tampoco explicaré la razón de los servicios que damos, puesto que no son servicios mercantiles. Y mucho menos la razón de sus condiciones. No importa. No sirve de nada. He claudicado en el intento. Somos diana, y toca aguantar mecha.

Quizá dentro de 10 o 15 años las cosas sean muy diferentes, pero los que tengan memoria, pocos, pero alguno hay, recordarán qué era un servicio público y qué se ha perdido. Esto ya ha pasado, y muchas veces. Y pasará. Y por eso, sinceramente, parafraseando a Rhett Butler, digo aquello de

"Francamente, súbdito, me importa un puto carajo".

Un saludo,

jueves, 17 de mayo de 2012

Bancos

¿Qué es un banco?

Llevan existiendo desde largo tiempo;  Babilonia, Grecia, Roma... hasta hoy. ¿Y qué hacen?

Básicamente, captan el dinero que tiene cualquier persona o estado y lo vuelven a prestar luego a otras personas o estados. Esto es, son intermediarios. ¿Qué significa esto? Que siempre buscan un beneficio trabajando con el dinero ajeno.

Vamos, por ponerlo en claro, ud. tiene 100 euros y decide meterlos en un banco. Bien, éste decide coger sus 100 euros y los 100.000.000 de otros y usarlos para operaciones que estimen rentables. Comprar terrenos o financiar empresas de construcción, si eso parece dar dinero, o prestar a comerciantes, incluso invertir en complejas operaciones que pueden derivar en una compra-venta de armas para alimentar una guerra perdida en vaya ud. a saber dónde de África o el cuerno somalí. Y a cambio, a ud. le dan un beneficio pírrico (1 euro por cada 100, por ejemplo, siendo generosos; o un juego de sartenes; o la seguridad de que no entran en su casa a robar; o cualquier otra ilusión...) y ellos obtienen un beneficio digno de Craso. El de Roma. O de Creso, el de Lidia. Tanto da.

¿Decide el depositante dónde van a invertir su dinero los bancos? No. Él lo deja, recibe una compensación (muchas veces ficticias) y el banco aprovecha para sangrarle. Comisiones de tarjeta, de cuenta, de mantenimiento, de transferencia, de entrada en la sucursal... pero muchos tragan porque quieren una cuenta, una tarjeta, hacer transferencias... si no existía la necesidad, ya se cuidan de crearla. Siempre.

¿Decide el depositante qué hacer con su dinero si lo quiere sacar del banco? No. Todos funcionan igual, incluso aquellos que hablan de "banca ética" o "tú decides los proyectos" y demás mentiras. Si lo dejamos en casa, no produce. Es dinero parado. Preferimos reintegrarlo en la infernal rueda del mercado financiero debido a nuestra codicia. Y entonces...

¿Es necesario un banco? Con la existencia del dinero, sí. Si es necesario, ¿debería ser como los actuales? No. ¿Si no debieran ser como son ahora, qué entonces? Bancos controlados por los Estados. Nacionalización de la banca. Siempre que se pide "nacionalizar" algo, es porque se considera estratégico. Bien, pues en eso también hemos llegado tarde. Los bancos han sido nacionalizados por los propios gestores de nuestra ruina. Por banqueros. Pero ha sido hecho de una manera ligeramente sutil y contundente. Ellos obtienen los beneficios, dignos de Craso, o Creso. Y nos dejan migajas. Pero a cambio de soportar su existencia. Si no la aceptamos, nos quitan todas las migajas. Que son muchas, para muchísimos.

El símil del banquete, el capitalista de puro y chistera y barriga que se zampa él solo con tres amigos casi toda la tarta mientras caen migajillas a cientos de enanos y minúsculas figuras (los ciudadanos) es aplicable, ahora y siempre. El dinero, desde que se usa, es poder. Y como todo poder, símbolo. Si tenemos grabado en el tuétano que el dinero compra, el dinero vende, da, quita, y es la savia de todo, ¿cómo vamos a cambiar entonces el símbolo y su significado?

Quizá sea hora de revisar ciertos postulados que creíamos muertos en el siglo XX, incluso el XIX...

Mientras, yo cancelaré mi cuenta de Bankia. Que los ladrones con corbata y gafas de montura de oro no me hacen tanta gracia como los chorizos de toda la vida.

Un saludo,

domingo, 6 de mayo de 2012

Qué hacemos con todo esto

Ayer tuve tertulia, de esas que empiezan sin buscarse y terminan a las tantas de la madrugada. Estuvo muy bien. La disfruté, por la cantidad y la calidad de quienes participaban, incluso con sus silencios.

En ella, aparte de practicar el exquisito y relajado deporte de criticar, proponer soluciones imaginativas y despacharnos a gusto con todo tipo de frases y palabras, me dí cuenta de que realmente hay una sensación de fin de algo. Un miedo, inconsciente o no, a que todo el mundo conocido se esté acabando.

Somos treintañeros. Ya más hacia los cuarenta que treinta. Generacionalmente, somos raros. Universitarios mayormente, con educación, instruídos, formados... preferimos la Administración Pública a la empresa privada. Creemos más en el ambiente, la estabilidad, los derechos, que en el salario más alto posible obtenido de cualquier manera. Somos inquietos. Curiosos. Tenemos sentido del humor. Incluso alguno diría que eso es un signo de inteligencia. Somos, en todo caso, una minoría. Una minoría cada vez más aislada entre los que gobiernan, de cincuenta para arriba, y los que vienen, de veinte para abajo. En toda la conversación me dí cuenta de detalles. ¿Cambiará todo? Si es así, ¿hacia dónde y cómo?

La gran pregunta, el miedo al futuro, como siempre. Creemos en el espejismo de la estabilidad actual. Hemos llegado a ella de mil maneras. Cambiando de trabajos, buscándonos la vida, siempre con el soporte de la familia, imprescindible para prosperar como base afectiva y económica... pero ahora tenemos miedo. Sabemos identificar los problemas que, en líneas generales, nos han llevado a la situación actual. Y, sin embargo, estamos inquietos porque no sabemos la respuesta exacta, o más conretamente, no sabemos quién tiene la capacidad de dar esa respuesta exacta.

No somos apolíticos. Unos prefieren al PSOE, otros al PP, algunos a IU o a UPyD. Tenemos republicanos, monárquicos y hasta un fascista. Teórico, porque dudo que supiera aplicar el sistema. No somos tontos; vemos la mierda que echan unos y otros, pero al menos sí calibramos que algunos palean menos toneladas que los contrarios. De hecho, somos muy políticos, en el sentido de que ésta debe ser acción para mejorar la sociedad, para hacernos convivir de la mejor manera posible.

Y, sin embargo, inteligentes, guapos, hermosos... ¿qué hacemos con todo esto? no lo sabemos.

Estamos, en definitiva, perdidos. Y no queremos un Caudillo o un Duce. Tampoco un Mesías. No creemos en liderazgos y estadistas (en España, además, esos suelen acabar mal salvo que sean mediocres, violentos, despiadados y tengan apoyo violento) y estamos bastante ajenos a los sistemas del bipartidismo actual (corregido con nacionalismos de los llamados "periféricos", que son la misma expresión a nivel más local).

La violencia, expresada retóricamente ("¡Guillotina!", pude haber exclamado ayer casi 10 veces) parece una solución inmediata, pero... ¿con qué consecuencias? y el cambio de partidos, eligiendo los minoritarios para echar a los mayoritarios, se antoja por un lado ideal y por otro algo peligrosa, por el efecto de la inestabilidad en uno de esos iluminados que pretenden imponer su orden.

¿Qué nos queda? ¿Qué hacemos con todo lo que sabemos? Con la corrupción, con la mala gestión, con la difamación de lo público, con la depauperización de la vida económica, con el empobrecimiento general en todos los sentidos, con el pesimismo, malestar y negatividad que hoy campan a sus anchas por todas partes...

¿Qué hacemos con todo esto?

jueves, 19 de abril de 2012

El debate de la Monarquía o la República.

Decía Stefan Zweig que entre la Monarquía absoluta y la Asamblea en Francia transcurrieron siglos; entre esa y la Constitución, un par de años; entre la Constitución y las Tullerías y la prisión del rey, meses; y luego, en días, la República. Naturalmente, hablamos del siglo XVIII y un momento histórico concreto. Pero hoy, en nuestros días, que todo se mueve con gran velocidad, en todas direcciones (adelante, detrás, a los lados, arriba, abajo...) no sé si se puede llegar a la fase de la República quemando otras etapas.

Oh, sí, no tenemos una Monarquía absoluta. Tenemos una Monarquía parlamentaria, que es constitucional en cuanto en tanto está así reflejada en una Constitución, y que funciona a modo de preservación de una institución históricamente ligada a un lugar o a un pueblo, esto es, mantiene una tradición. Las monarquías, en realidad, son eso, tradiciones. No realidades políticas. O al menos, no de manera efectiva, como antaño.

En el mundo, los reyes no son ya aquellos que ostentan una corona. Tampoco es que lo fueran mucho antes (Cancilleres, Chambelanes, Primeros Ministros, Banqueros...) pero es cierto que son símbolos. Símbolos de un pasado que, algunos, idealizan, y otros, demonizan. En su justa medida, son tan solo fantasías e invenciones que siguen usando fórmulas huecas como "Por la Gracia de Dios". Sea éste el que sea.

Un monarca juega un papel, en el sentido estricto; el papel de un símbolo. En algún caso, como España, se le quería dar función de la clave de todo el arco, sujección necesaria. Y suele tener sus defensores, que lo admiran, jalean y dan vivas para él (normalmente, sí, un hombre) como si con ello la euforia lograra generar mejoras en su vida. Que es posible que lo haga. También ocurre con los dioses, seres mitológicos y fantásticos varios. La dopamina segregada por quien cree en ellos es similar a la que un hincha de un equipo hace fluir cuando éste juega un gran partido.

Juan Carlos, rey de España, ha cometido una imprudencia pública. Irse de cacería de elefantes (a un coste de unos 40.000 euros) con su presunta amante y además haciendo que se conociera gracias a una operación de cadera en una clínica privada. Un jefe de Estado que pedía austeridad y sacrificios en su discurso de Navidad y que afirmaba no dormir por el paro juvenil. Pero no es el único; su nieto se ha disparado en un pie manejando un arma, algo prohibido para alguien de su edad (no para un Borbón, claro) y su yerno está implicado en una trama de corrupción en Baleares y Valencia que le ligan a políticos como Matas o Camps, entre otros. Y parece que, además, los negocios de Juan Carlos salen a la luz, también. Negocios poco claros. Se une además la visión ya no idílica de la familia, con todos llevándose mal y todo eso. Vaya. Como muchas familias.

A mí me daría igual todo eso. Que tenga chanchullos, pues como muchos políticos. Se le juzga y... ah, pero no. El rey tiene inviolabilidad. En jerga, que no es responsable de sus actos. Algo que parece más cierto tras la disculpa que dió, propia de su nieto Froilán. "No lo volveré a hacer", oímos decir a los niños y los que se portan como tales. Y tampoco podemos no elegirlo en la próxima convocatoria de elecciones para monarca.

La cuestión es que la persona, como digo, me da igual. Pero la institución, no. Ampara y protege de manera descarada varios abusos. No es democrática, pues nadie elige en referendum al monarca. No es trasparente, pues recibe un dinero de los presupuestos, esto es, los impuestos de todos, pero no sabemos la forma de su gasto. No es punible, pues el monarca no está sujeto como todos los españoles al Código Penal y Civil. Eso la hace ser privilegiada y por encima de la presunta igualdad jurídica que proclama la propia Constitución. No es, en suma, moderna, a pesar de los cientos de veces que dicho calificativo se trata de aplicar como coletilla a la misma.

Desde luego, estos no son los Fernando VII, Felipe V o Alfonso XIII. Ni mucho menos un Luis XVI. No pido una ejecución, no. Pido una remoción. Pido un cambio. Pido la eliminación, que sería lo más moderno, de la monarquía, de la institución. Dar las gracias por los servicios prestados (alguno hay) y abrir camino a un nuevo modelo de organización del Estado. Un modelo que implique cambios, regeneración, democracia, esfuerzo, trabajo, valores, mejora. Y las Repúblicas, siempre, son un primer paso a ello. Después podemos discutir qué tipo, si federales, unitarias, confederadas, presidencialistas, con doble tirabuzón... pero eso será un debate democrático, permisible porque es posible. Ahora mismo, sin remoción de la monarquía, es un debate denostado y fantasioso.

Y el tema del dinero, como siempre, doy la misma respuesta. Reciben en torno a 8 o 9 millones de euros. Aparte que todo viaje y logística va a cargo del Ministerio de Exteriores e Interior. Es poco si se compara con un presidente alemán, que cuesta entero con su administración unos 20 millones de euros. Pero ese dinero se puede votar y eliminar. El de la monarquía no. Por el asunto de siempre; que algo sea democrático o no.

En fin. Los que defiendan la monarquía como algo histórico y tradicional, también, les diré que la esclavitud estaba bien arraigada en el mundo mediterráneo hasta el siglo XIX. Y se abolió con mucho consenso. También otras costumbres. Porque las costumbres, algunas inventadas en el siglo XVIII y XIX con presunción de solera, son usos que los ciudadanos, si lo son, y no simple plebe, súbditos, lumpen y servidumbre, hacen y deshacen como humanos que somos.

En cualquier caso, corifeos de ambos lados aparte, argumentos hay siempre. La cuestión es el valor que adjudiquemos a cada uno de ellos...

Un saludo,

sábado, 14 de abril de 2012

Día lluvioso, homenaje luminoso

Por una República que no sea de izquierdas o de derechas, si no de todos los ciudadanos y, principalmente, para todos los ciudadanos.

Por una democracia y una regeneración de la vida pública, política, administrativa, bancaria y económica.

Por una sociedad donde todos convivamos en la mejor manera posible.

Por una República. Por un cambio. Por lo mejor.

http://www.youtube.com/watch?v=JELOzi_vz00


Un saludo,