Buscar dentro de este batiburrillo

jueves, 1 de septiembre de 2011

Risas entre lágrimas

La etiqueta y las formalidades exigen que, en un funeral, o en un momento dramático, uno se abstenga de sonreir o mostrar el más mínimo atisbo de felicidad. Es lógico, se supone que el momento lo exige y se puede malinterpretar como una burla. Pero en las ocasiones que he tenido que afrontar esos momentos (y han sido varias...) recuerdo siempre que algo me hacía sonreir, melancólico, quizá, o incluso divertido, llegando al punto de la risa en algún momento puntual.

Y entonces debía forzar el rictus serio, los labios fruncidos, los ojos apagados y ningún sonido ajeno a los sollozos o murmullos. La realidad es que, cuando era niño, mis dos hermanos mayores murieron con relativa prontitud y distancia uno de otro. No llegaron a los 30 años. Y en el caso de mi primer hermano, Carlos, supe que todo estaba mal cuando entré en mi casa, y ví aquella multitud de vecinos y conocidos, curiosos también, y familiares, con mi madre llorando y mi padre forzando el rostro pétreo. Recuerdo a mis dos hermanos, lejanamente, circunspectos. Y yo, que no hacía mucho había celebrado mi cumpleaños, todo lo que quería era jugar con un coche de carreras por la voluta del armario, autopista encerada y lisa. Me sentía raro, pues me había ido a buscar mi hermano al cole, y me sentía ajeno a todo aquello. Sí, había dolor en el ambiente, pero aunque lo comprendía difusamente, yo quería jugar y esperar a que llegara mi hermano Carlos con... nada. Pues era el muerto.

Después vinieron días incómodos. En el cole, todos me trataban con respeto y distancia, algunos como con miedo, otros porque no sabían qué hacer o decir. Y esa fue la primera lección. Nunca nadie sabe qué decir, y las palabras, aunque confortan, son tantas, y tan variadas las bocas, que suelen quedarse en un fondo oscuro. Tampoco sabe nadie qué hacer. Y lo mejor, por eso, es seguir haciendo lo que uno hacía, o intentar hacer algo nuevo o que le guste. Jugar... tenía unos 9 o 10 años.

Entonces, al año o así, murió mi otro hermano, Félix. Mi última imagen de él es en el hospital 12 de Octubre, tras haberle ido a ver con mi madre, y recordarle sonriendo, con sus gafas redondas, ofreciéndome si quería la pasta que le habían puesto para comer, que sabía que a mí me gustaba. Estaba delgado, pero sonreía, y siempre le recordaba con cierta sonrisa. Mi madre decidió ahorrarme el mal trago y me envió unos días con mi tía. Mientras, mi hermano murió, de cáncer, y pasé aislado esos días, comiendo lo que me gustaba (bueno, y también las truchas que bailaban rock en mi barriga... como me decía mi tía...) y jugando con mi prima y sus amigas. Mi madre volvió a buscarme varios días después. Estaba demacrada. Había perdido a dos hijos. Y mi cumpleaños fue... triste. Aun tengo las fotos, y recuerdo las sensaciones. Todos graves, serios. Yo no quería estarlo. Quería sonrisas, reírme, contarles a todos que el mundo, al final, es un escenario de cierta locura, donde aunque te regañen puedes gritar, correr, saltar sobre un sofá o la cama, levantarle las faldas a las niñas y burlarte de ellas, pisar el césped, jugar en los columpios hasta agotarte, echar carreras en la calle, zigzageando entre los peatones... quería decirles, en mi corta edad, lo que sentía. Que quería ser feliz.

Quizá no supe decírselo, o lo hice de maneras que a mis padres les parecieron alocadas y peligrosas. Me partí un diente, me raspé las rodillas, codos y manos, rompí muchos pares de gafas, me torcí los tobillos con el baloncesto, comía muchas guarrerías, me encantaba la cocacola, el baloncesto, los juegos de rol, leer, la música, mi barrio, mis amigos...

Los años pasaron, la infancia quedó atrás, aunque yo sentía melancolía porque no pude jugar todo lo que quería, ni disfrutar tanto como pensaba. En mi casa, había un manto oscuro y pesado que, echado sobre todos, a unos asfixiaba y, a otros, recalentaba en demasía. Hubo gritos, peleas, lloros, reconciliaciones, palabras sabias, palabras necias... tuve algunas mascotas, como mis hámsters, y también juguetes y regalos. Tuve amigos, algunos de los cuales conservo hoy día. Y de pronto, un día, yo ya no era un crío, aunque seguía siéndolo para todos, y la gravedad, la seriedad, se me fue contagiando un poco...

Mi madre murió cuando yo estaba en un curso. Llevaba en coma varios días, y enferma, muchos años. Los últimos meses, con sus insistentes entradas en mi habitación sin llamar (privilegio de madre) o golpeando la pared y despertándome, fueron extraños. Cuando ella murió, al principio, fue irreal. Su cuerpo, hinchado, no era el suyo, el mismo que agitaba la cabeza a un lado con un "eaah!" enérgico cuando algo no le gustaba, ni sacaba la lengua en señal de asentimiento. Ni guiñaba los ojos y mostraba los dientes cuando se enfadaba. Tampoco iba con la bata que recordaba siempre verla en casa. Y su pelo... estaba suave. Pero había muerto.

Pasé semanas viviendo sensaciones de todo tipo. La veía por la calle, pero sabía que no era ella. Me quería acercar a una mujer parecida y abrazarla. La oía hablar, y aun ahora, sin esfuerzo, puedo escucharla. La recordaba en muchos momentos, yo, su hijo pequeño, el pequeño... y supe que quería recordarla, porque había vivido mucho con ella, más de 20 años. Y la quería. Sobre todo, su risa. Su desparpajo e ironía. Sus bromas. Me hizo reír mucho, más de lo que ella pensó. Y era porque ella fue, en lo peor, alegría.

Mi padre quedó viudo, y yo con él conviviendo. Han sido 9 años de cierta agonía. Tratando de que viviera en mejor situación. Que se cuidara. Cuidarle. Que paseara, tuviera aficiones... ¡qué tardes pasé, pirateando para él señales de televisión para ver el fútbol, desde el ordenador!. Y era feliz. Sonreía, poco. Le recuerdo con esa manota grande y velluda, de dedos amplios, anchos, fuertes. Levantándola para dar una palmada amistosa y sonriendo como si le costara dinero. Estaba amargado, por perder a dos hijos, por perder a su esposa, por haber consumido una vida entera de sacrificio por nosotros, por los que quedábamos. A él le debo mi plaza, pues me permitió estudiar sin trabajar más de un año en su casa. Le debemos muchas cosas. E incluso en sus momentos tristes, en aquellos de semanas antes de morir, cuando rememoraba su niñez, pude percibir la misma chispa y alegría. Él no quería lloros ni lamentos. Quería morir bien, dejando todo resuelto. La risa era un lujo que no conocía demasiado.

Termino. Escribo mucho de esto entre lágrimas. Los recuerdos... tres murieron de enfermedad, de cáncer. Otro de accidente. Dentro de la tragedia, sin embargo, aun con la garganta anudada ahora, sé que la vida, este valle de lágrimas, como dice el lugar común, es también un lugar donde resuenan, si se escuchan, si se dejan, las risas. Y las risas, el abrirse francamente como un niño ante toda novedad, son una cura muy eficaz. Combinadas con abrazos, fuertes, sentidos, con quienes queremos y apreciamos, son un bálsamo mayor que esas palabras que nunca son certeras. Soy sensitivo, necesito tocar. Pero también escuchar. Y si ahora escribo todo esto, es porque quiero que un amigo, que ha tenido una pérdida reciente, sepa que siempre, siempre, será escuchado. Siempre.

Ya te daré un fuerte abrazo, Oscar.

Un saludo,

jueves, 18 de agosto de 2011

Contra quienes cargaría yo por la Crisis

La lista es amplia.

Los sindicatos, prácticamente todos viviendo de subvenciones y en un sistema de privilegios donde el trabajador no es defendido, si no la corporación que ellos forman.

Los partidos políticos, representantes de unos cientos, a lo sumo, miles, de ciudadanos, de sus intereses y sus propios intereses, tratando de hacer de la política un espacio no de servicio público si no de interés privativo.

Los bancos y cajas de ahorro, que decidieron hacer un mal negocio por el que cualquier empresario quebraría pero, como dice el dicho, "si debo 100 tengo un problema, pero si debo 100.000.000, el problema es del otro..." y que, al final, hemos pagado con dinero público.

Los empresarios que aun siguen creyendo que el trabajador es un gasto y una molestia, y prefieren volver a sistemas de esclavitud como en China y otros países.

Los ciudadanos abúlicos, cínicos, complacientes, acomodaticios, que solamente salen a la calle en gran número para la juerga, la risa y la tontería inútil, pero que cuando toca de verdad quejarse, lo dejan para otros... o sea, ninguno.

Y después los anacronismos, como la monarquía, innecesaria en unos tiempos actuales; los privilegios del Antiguo Régimen de la secta católica y su monopolio de la educación, aun; los restos bien conservados del franquismo social, económico e ideológico; los medios que alientan la desinformación y el odio, como viejos panfletarios de tiempos pretéritos... y tantos otros, que, de considerarse uno a uno el chocolate del loro, son al final la foundé entera...

¿Qué hacer, cuando la educación ha sido depauperada, los derechos recortados, los progresos conquistados cercenados y hay una recesión económica que afecta a la moral del personal?

Mi respuesta; una revolución. Primero se empieza con las revueltas, pero es la revolución la que trastoca todo. Y será un fracaso en principio, como todas, porque se conducirá luego por fanáticos, no por competentes. Será un fracaso en principio porque cambiará personas, pero no ideas ni estructuras. Pero luego, ¡ay! quién sabe... quizá el mundo cambie definitivamente, y si no, al menos, lo habremos vivido y la población mundial habrá decrecido un poco en este pobre planeta tan sobreexplotado.

Soy escéptico.

Un saludo,

Pasando

Ayer fue la manifestación contra la visita financiada con fondos públicos del líder de la secta católica y sus miles de fieles sectarios, presuntamente, de buenas familias. Ayer, en la manifestación, pude comprobar de primera mano que los participantes no eran perroflautas (al menos, no eran dóbermans) y que abundaban los de mediana edad y más que mediana. Que había capas de ciudadanos urbanos, prósperos, no una simple colección de antisistemas. Gente que había conocido los tiempos del nacionalcatolicismo, pero también gente joven que prefiere a Muchachada Nui y sus parodias que a los que parodian. Había, como se suele decir, de todo.

El primer error fue el de exhibir las banderas republicanas de 1931, sin más. Cierto es que las tengo en simpatía, pero sobran. Es ya un clásico que contamina el otro mensaje, y sobran. El segundo error fue no de los manifestantes, si no de la autoridad competente; en su afan por hacer una marcha corta y por calles poco visibles, se llevó a la multitud por callejuelas hasta Sol, verdadero punto de reunión, y cuando la cabecera pasó, con la policía, el grueso de la manifestación (tardamos más de hora y media en llegar de Tirso de Molina a Sol...) se encontró en Sol con que no había policía que detuviera a los peregrinos de las Juventudes y a los neonazis (los había) que les hacían el trabajo sucio. Hubo mezcolanza de manifestantes y peregrinos, y ningún altercado hasta que los peregrinos decidieron que ellos llevaban la razón, con insultos groseros y con mala educación, e incluso algún botellazo posterior.

Luego nos fuimos. Abandonamos por un lateral de Alcalá el resto de la manifestación, que se había roto en Sol (reitero, por la estupidez de los que la permitieron así. obligando a modificar sus formas) viendo cómo la policía que quedaba se portaba correctamente. Incluso algunos peregrinos despitados se vieron avisados por gentes varios, o simplemente, se pasaba de ellos. "Esa mochila la he pagado yo", fue el grito que se les dedicaba, sin más. En general, pude ver más educación de los manifestantes (más de los 5.000 previstos, desde luego, puede que 9 o 10.000) que de los peregrinos y algún bobo que pretendía otra cosa.

Y pasando de todo, llegué a mi casa, sufriendo el acoso de un grupo de niñatos y niñatas que, en el tren, cantaban algo así como "Mañana comienza la recristianización de España, primero en Madrid, luego..." ni puta idea. Y los pocos que no éramos claramente de las Juventudes nos vimos mal vistos... incluso noté más agresividad de la que esperaba en la puerta del Sol.

Es lamentable que la marcha se haya diluido, que las consignas se perdieran (apenas nadie sabía que el manifiesto se leía en el lugar de salida, Tirso de Molina) que cuatro idiotas respondieran a mil idiotas. Es lamentable que una teniente de alcalde y futura alcaldesa (Ana Botella) siga diciendo que un estado aconfesional no es un estado laico y lo interprete como a ella le plazca, no como corresponde a un Estado realmente separado de cualquier religión o fe. Es lamentable que siga existiendo gente maleducada, en todas partes, sin fortaleza moral, sin fortaleza cívica, sin ánimo de vivir en paz, convivir y coexistir, con respeto a lo público como algo de todos. Es lamentable, en suma, y por eso, acabaré pasando.

Soy ateo casi desde que recuerdo poder serlo. Si hice la comunión fue por el soborno, como el que dan a los delfines amaestrados por hacer su número (si no les dieran sus pescados...) pero ya entonces dejé claro que pasaba de misas, de devociones y chorradas supersticiosas. Tuve mis períodos más agresivos, anticlericales, dogmáticos e incluso prosélitos. Ahora mismo, paso de la religión, me joden cosas como esta de la visita del líder sectario (gastos que se dan como "inversión", semanas fantásticas del Corte Inglés de "perdonamos 3 pecados por el precio de 2" y que mientras reduzcan presupuestos en Educación...) y seguiré claramente siendo contrario a la presencia pública de cualquier sistema religioso y a la intrusión política y social de las religiones y sus jerarquías. Pero he visto que el declive de la religión es imparable, que vivir en un entorno urbano va reduciendo más y más la presencia, y que estos son los cantos del cisne. La gente bautiza menos, pero cuando lo hace es por complacer a otros. La gente no hace la comunión convencida en su gran mayoría, sigue siendo por el regalo. Y la gente no se casa tanto por la iglesia, aunque sí en pueblos y demás, y es por el "qué dirán". Y cada vez menos los funerales son religiosos, ya se aparta incluso ahí, en ese punto, a los curas. En resumen, la religión católica, paradigma de España, está en franco retroceso. Y quizá es por la actitud más exitosa que el mero ateismo militante; el pasotismo.

Bienvenido sea. Que la gente viva libremente, eligiendo si quiere ser cristiana, católica, musulmana, judía, budista, chamanista, o simplemente, nada de todo aquello y muchas otras cosas más que, hoy, son más que nunca posibles.

Vivir pasando de religiones, ¡ese es el éxito!

Un saludo,

jueves, 11 de agosto de 2011

¿Por qué tienen miedo?

Con la que está cayendo en el panorama internacional económico (Italia y Francia dudando de la legitimidad de S&P y otras agencias descalificadoras, el tambaleo de los EUA con los mercados, los ávidos y codiciosos rascando de donde pueden...) no he podido menos que hacerme la pregunta al respecto de los que, al socaire de la persona del líder sectario católico, se sienten atacados, insultan, agreden verbalmente y amenazan con "sistemas de seguridad" propios y católicos contra la "horda antipapal".

¿Por qué tienen miedo?

Cuando llega la llamada Semana Santa (según el calendario lunar) se cortan líneas de metro y autobús, se cierran calles para las procesiones sadomasoquistas e idólatras, se busca imponer un sistema moral y hasta gastronómico y... tienen el apoyo de la Delegación del Gobierno, que no prohibe las marchas aunque nadie se lo haya pedido (artículo 21.2 de la CE de 1978) y sí por el contrario prohiben las marchas solicitadas por los cauces legales. 1 a 0 para los simpatizantes de la secta católica.

Cuando llegan las fiestas religiosas de diversa índole, nadie pone pegas (a fin de cuentas, es un día festivo... y en España, de los 14, salvo el 6 de diciembre (Constitución), el 12 de octubre (Nación) y el 1 de mayo (Trabajo) el resto suelen ser religiosos (bueno, en Madrid el 2 de mayo celebramos el día de destripar gabachos...) y nadie pone pegas. Eso sí, vienen de perlas para hacer puentes. Si alguien reivindica una fiesta no religiosa, se le suele tachar de imbécil. 2 a 0.

Cuando hay una misa pública en cualquier lugar (Plaza de Colón, en Madrid, o en los prados de El Escorial, por ejemplo) se suele disponer de ayuda del consistorio local, de la Comunidad de turno o del Estado, incluso. Se disponen rápidamente bancos, estrados, tablaos de todo cuño para el espectáculo sectario. Si lo piden otros, como por ejemplo, el primer congreso Ateo que se buscó en Toledo, se suelen impedir, poner trabas, amenazar con denuncias y, siempre, evitar. 3 a 0.

Y finalmente, con la visita del Emperador Palpatine (no me digan que no es su avatar, joder... si solamente le falta el cráneo hendido, los rayos saliendo de sus dedos y la frase de "todo sale como lo había previsto"...) se ha logrado rizar el rizo; vale que es un jefe de estado (el Vaticano, sí) pero de ahí a ponerle bocato di cardenali en forma de niños disfrazados de guardia suiza o del Barça, con los casos de pederastia... o lo de los confesionarios... o lo de los colegios... o el bono transporte reducido... o... y mientras, llamando "paletos" a los que no estamos de acuerdo con su visita, o rezando para que no haga calor en Cibeles mientras quitan las marquesinas del bus, que algo de sombra daban, o soltando ufanos que dejarán muchos miles de millones los "pobres" peregrinos, o que los del 15M son antisistema, antipapa y antitodo, o que los del Metro son insolidarios y deben descovocar la huelga para no parecer bananeros, o que un artículo en un periódico desate amenazas punibles legalmente, o que... y mientras, los que somos ateos, o no católicos (más o menos, un 25% del país, no está mal... unos 10 millones de habitantes, más o menos...) no podemos ver una marcha de protesta, o pedir que se publiciten los gastos para que no haya otro Gürtel como en Valencia, o solicitar que el dinero lo usen como las ONG serias, las que funcionan, llevando ayuda a los países que lo necesitan, o que la crisis se solventa con medidas sociales y no recuperando valores tradicionales, o que... 100 a 0. Ganan por goleada.

Y digo yo, con todo a su favor, siendo tantos, teniendo el apoyo de gobiernos como el actual (siempre, los del PSOE han dado más a la secta que los del PP... flípalo colega...) y demostrando desfachatez, la que les otorga unidireccionalmente (según ellos) el artículo 16 de la sacrosanta CE de 1978 y la Ley de Blasfemia, perdón, de Libertad Digital Religiosa, digo... ¿DE QUÉ COJONES TIENEN MIEDO?

Lo dicho, paranoicos perdidos. Llevan con el síndrome de persecución desde tiempos de Nerón, que el pobre, ni sabía que eran así. Si lo hubiera sabido, quién sabe... a lo mejor sí deberían tener más miedo. Ah, pero no... conquistaron el Estado. Todos.

Un saludo,

miércoles, 10 de agosto de 2011

Los visitantes (V) de la secta

Las noticias vuelan. El líder de los católicos en el mundo (esa secta transnacional cuyos miembros siguen sin prestar verdadero apoyo al Estado en el que residen... como los judíos, vaya) llega a España en breve. Y en el viaje, algunos datos:

- Se prevé un millón y medio de "peregrinos" que vienen a verle.
- Para ello, el Ayuntamiento de Madrid y la Comunidad de Madrid han dispuesto edificios y personal público para alojarlos (escuelas y centros públicos)
- Para ello, el Metro de Madrid ha preparado un abono especial mucho más barato que el de los turistas (de 50 euros a 10 euros el abono semanal) y ha reforzado las líneas negociando mediante el sistema del "puenteo" sindical con trabajadores, olvidando la negociación colectiva y los pactos firmados.
- Además, el Consorcio modificará, cortará y alargará líneas, cambiando el panorama de transporte de la ciudad, sin mucho preaviso, y con los perjuicios habituales al usuario.
- En el parque del Retiro, un ebanista abulense ha dispuesto cientos de confesionarios portátiles para que la gente pueda usarlos. Es decir, otro espacio público tomado por los miembros de la secta católica (que, recordemos, son menos del 75% en España, según últimos datos...)
- Las marchas propuestas por grupos ateos y laicos han sido vetadas, con recorridos alternativos de risa.
- El 15M se ha convertido por el camino en un grupo "antisistema, etarra y violento", según dirigentes varios del PP, y tienen que vigilar que no entorpezca la visita, sobre todo en la puerta del Sol.
- El coste de la visita en términos públicos será de unos 50 millones, pagados entre la Comunidad de Madrid y la secta; es decir, todo dinero del que nos cobran por el IRPF. Además de eso, hay empresas implicadas, sobrecostes a los peregrinos (se les cobra el alojamiento que han obtenido gratuitamente en ¡colegios públicos!, pero no para dárselos a Educación o la Comunidad... si no para la secta...) y gastos de protocolo, seguridad, transporte, nóminas de funcionarios, derechos de vacaciones y descansos recortados...
- Todo esto se contrarresta con lo que aducen los sectarios cuando ya no hay más argumentos; que los peregrinos dejarán en torno a 100 millones de euros en España. Negocio redondo.

En resumen, la visita es un negocio. Si la de Obama a Málaga repuntó el turismo estadounidense allí en un 30%, la del líder de la secta católica servirá para hacer de Madrid un megaFIB, IglesiaParty o gran evento similar, donde nos tocarán los huevos a los ateos y agnósticos (¿por qué siempre hay libertad religiosa para el creyente, y ninguna para el ateo? ¿por qué hay siempre prevalencia de derechos para el que se denomina creyente, y suspicacia y violencia contra el que no?) y se demostrará de nuevo que España no es confesional, salvo en lo que al dinero toca, y que las formas, buenas maneras, mos maiorum religioso y demás papanatadas, están por encima de la construcción de una sociedad solidaria, rica para todos, libre, con oportunidades y sin la codicia de los que, paradójicamente, defienden que el rico pase siempre por el ojo de la aguja. Haciendo de ésta un arco ojival gótico de grandes, grandes dimensiones...

En fin, disfruten. Con suerte, yo estaré haciendo cosas más divertidas, como planear mi fraude a Hacienda para que mis impuestos no sufraguen a la secta ni a políticos chorizos, o seguir intentando mi apostasía, que ya no es solamente religiosa.

PS: Por cierto, acabo de leer la noticia; el Ayuntamiento quita las marquesinas de Cibeles por la recepción allí del líder sectario, y a cambio (con la que está cayendo) Rouco pide rezar para que el Sol no tueste las testas de los viajeros... ¡eso sí que es inteligente!

Un saludo,

jueves, 4 de agosto de 2011

Terrorismo económico

La puta prima de riesgo y sus tíos putativos, "los mercados", o lo que es lo mismo, las grandes fortunas hechas siempre mediante los mismos medios (explotación, corrupción, latrocinio, abuso, rapiña) sigue estando en los medios como un quebradero de cabeza más, como si fuera lo más importante del mundo en España y, con su subida, fueran a explotar las cabezas y ciudades del país.

Mientras, los políticos siguen ignorando a los perroflautas del 15-M, y siguen jugando desde el gobierno a que aquí no pasa nada (y no pasa tanto) y desde la oposición a que España está en la puta miseria (y no es así). Políticos, actualmente, buenos para... alimentar a los chacales, aunque lo llamen canibalismo.

Siria mata. ¡Oh, qué sorpresa! en Egipto, se juzga a Mubarak, pero la junta militar (ah, ese clásico...) no dice cuándo se harán elecciones ni cambia las leyes. En Marruecos, el rey de allí controla a sus chicos mediante la asignatura de religión en los colegios ¡públicos! españoles. No os integréis, que luego a lo mejor os enteráis de qué va eso de los derechos cívicos...

En los Estados Unidos de América, mientras, el presidente come hamburguesas contento de haber lidiado con los que toman té. Ja-jo-jajota. Allí la clase política lleva siendo desde el inicio el agente que da la cara por los del primer párrafo de este texto.

Y en Marte puede haber agua. Y en 20-30 años, ya no dependeremos tanto del petróleo. Y en Cataluña cierran ambulatorios. Y en un pueblo de Murcia, no pagan a los funcionarios. Y frente al Ministerio del Interior en Madrid, la policía carga contra los indignados. Y el fúrgol no para de ser siempre noticia en la televisión. Y yo ya no sé si cagarme en todo y en todos o plantearme alguna solución más radical.

Porque a mí no me preocupa desde hace mucho el terrorismo de ETA, ni tampoco el de AlQuaeda, ni siquiera el de los niñatos que amargan el día. Me preocupa el de los bancos que expropian el piso y dejan en la calle a la gente, el de los políticos que alimentan sus fracasos con dinero de los ciudadanos que les dieron un voto, no un cheque, el terrorismo de los prepotentes que aun piensan que ser político electo significa poner los cuernos a todos y cada uno de los ciudadanos y celebrarlo yendo de putas con "los mercados", que les dejan disfrutar las sobras. Me preocupa el terrorismo económico sin parangón que estamos sufriendo desde que el capitalismo no tiene un freno mínimo, no existe una URSS que dé algo de miedo y justifique el tener políticas sociales para defender a los ciudadanos. Me preocupa que, aparte, la sociedad en general sea tan, tan abúlica, que como decía Calígula, lamento no tenga un solo cuello para... ya saben el resto.

País y mundo de mierda. Ah, espera... nuestro país, nuestro mundo, nuestra sociedad. Nosotros.

Un saludo,

lunes, 18 de julio de 2011

De finales y principios

Hoy es 18 de julio. Unos festejan el final de la República, otros el inicio de la nueva España. Algunos ven la fecha como la de la paga extra, otros, comienzo de vacaciones. Muchos pasan por encima del día como un día más, lunes, para más joda. Yo, sin embargo, no veo en este día nada, ni un mojón ni un miliario, no veo en él señal o marca importante.

Mi final fue hace más de un mes. Falleció mi padre y, técnicamente, mi hermano y yo quedamos huérfanos. Sin responsabilidades. Sin un peso en la cabeza. Sin losas ni tampoco obligaciones más allá de las asumidas. De pronto, una historia terminaba. A mis 34 años, la vida que conocí acabó. En muchos sentidos.

Fue el final de una época. De la niñez, de golpe. De la transición a la adolescencia y juventud, de pronto. De un paso a la edad adulta. Todo aquello de pronto, decantado en un fondo oculto, brotó. De repente, mi vida terminaba. Una parte de ella.

Y ha llegado un nuevo comienzo. O mejor dicho, un comienzo a secas. Los comienzos son siempre nuevos. Es lo que pasa después lo que lo hace nuevo o viejo. Un comienzo en donde he ido descubriendo facetas de mí mismo sorprendentes. Algunas me han dejado perplejo. Otras, en cambio, me han devuelto a la realidad lo que estaba mentido o sujeto en discrección y sutil ocultamiento. Ahora sé más que nunca quién y qué soy yo.

Muchas veces creemos saber. "No sabes nada, Jon Nieve", y es verdad, no sabemos nada. Creemos... y luego realmente sabemos. Luego, después, cuando sucede. En algunos momentos gloriosos podemos percibir con prematura clarividencia lo que pasará, pero pocos. Realmente, lo sabemos cuando está pasando. O después, mucho después.

Yo ahora sé muchas cosas. Menos de las que uno desea, pero más de las que creía desconocer. Y no soy más sabio. Ojos cansados, pero mirada tierna y siempre, siempre, nueva.

Final. Y principio. Si algo acaba, es siempre porque algo empieza. Es inevitable.

Un saludo,

jueves, 23 de junio de 2011

Que no me toquen los cojones

Leo que los putos obispos siguen a la carga con el rollito de la "eutanasia" encubierta según ellos con el proyecto de Ley de Muerte Digna. Me toca mucho los huevos que unos tipos machistas, representantes de un estado autoritario y doctrinario extranacional, con ideas muy definidas de lo que debe ser la moral y la ética, sin permitir ninguna alternativa, me quieran imponer en contra de mi libertad y de los que conozco una vida alargada de mierda, dolorosa e inútil.

Hoy me han tocado muy mucho los cojones. Mucho. Hace una semana murió mi padre. Hace más de 9 años, mi madre. Y en ambos casos, teníamos claro todos una única cuestión; es mejor morir sin dolor y sin alargar la situación que hacer crónica una vida carente de calidad, de capacidad, de viabilidad. Y no lo decidimos mi hermano o mi padre o yo. Fueron los propios médicos, quienes, trabajando todo el puto día con enfermos, saben lo que es agonizar lentamente. Señores obispos y gentuza similar, no me toquen los cojones que los tengo muy hinchados tras leer sus mierdas.

A ver si de una puta vez se hace un proyecto donde tengamos opción del Testamento Vital. Donde podamos decidir, y digo bien, decidir, nuestra muerte. Porque yo no estoy dispuesto a ver con ojos vidriosos, la boca y la nariz tapados con una mascarilla de oxígeno y dolores por todo el cuerpo cómo mi vida no tiene más sentido que la de dar trabajo a unas enfermeras, doctores y familiares que podrían dedicar el tiempo a salvar a otras personas, a curarlas y, en el caso familiar, a vivir su propia vida. Tengo claro que, si mi cuerpo no da para más y mi mente está aun facultada, quiero pedir un suicidio asistido, donde abandone la vida por decisión propia, sin sentir miedo ni, sobre todo, dolor. No soy un estoico. Soy una persona que quiere tener algo de libertad.

Así que repito, señores obispos y gentuza similar que esgrime su "verdad" con infinita calentura en los medios, que quiere imponer su puto sesgo de cómo son las cosas, que desea una moral única, indiscutible y férrea; no me toquen los cojones. A este mundo no hemos venido a sufrir, si no que aparecimos primero por accidente, azar, aunque fuera deseo sexual primero con o sin decisión consciente de los padres. Hemos venido porque así sucedió, y ya que estamos, queremos vivirlo, sin dolor, sin miedo, sin más mierdas de las que ya la vida lanza a diario, como para que encima no podamos morir como queremos, que es la última gran decisión de la que somos únicos protagonistas, porque nuestra muerte solamente la vivimos nosotros.

Hala, dedicáos a explotar a la Consejería de Educación de Madrid y a los funcionarios que se quedan sin vacaciones para atender la "gratuita" visita de las juventudes papales a Madrid, y seguir amaestrando a vuestros polluelos con mentiras y dogmas... pero de verdad que, con cosas como estas, me dan ganas de... mejor no sigo, por si está tipificado como delito.

Un saludo,

sábado, 18 de junio de 2011

Mis padres

Mi padre nació en La Robla en 1930. Mi madre, en Villamarco, también León, en 1933. Mi madre falleció hace ya 9 años. Curiosamente, nació al tiempo la sobrina de Cris, Nuria. Ambos sucesos los he ligado siempre, al azar. Mi padre falleció hace unos días.

Mi tía nos pidió que dijéramos unas palabras, ya que prescindíamos de misas y responsos. Le había parecido mal que no habláramos en la cremación de mi madre. Lo que no le dije es que yo había querido decir unas palabras, pero que entonces me resultó imposible. Igual me ha pasado en el entierro de mi padre, cuando le subían al nicho donde está enterrado. No pude, no quise decir nada más que "gracias". El espectáculo de la muerte me sobrepasa, me aturde un poco, quizá ahora menos, pero me sigue repeliendo. No puedo con ello.

Quizá ahora sí tengo unas palabras que decir. De mi madre y sus recuerdos, que hice míos, y su dura infancia, sirviendo en casas de señoritos. Su carácter cuando la querían sacar al baile. Sus ojos claros. Su sonrisa. Su mirada. Sus dientes que enseñaba cuando estaba enfadada y me atizaba con la zapatilla. Su risa. Su claridad de mente. Porque no fue casi al colegio, pero eso no impidió que aprendiera la vida pronto, que tuviera a cuatro hijos, perdiera a dos y aun así pudiera sobrevivir a eso y a una diabetes con firmeza. He tenido suerte de que Cris la haya conocido. Así no somos solamente mi hermano y yo. Mi madre se llamaba Justa. La quise mucho, más de lo que la quise reconocer a partir de que fui un pardillo adolescente y un jovencito muy idiota y con ínfulas. Y la quiero aun hoy. Espero poder decir que tengo sus piernas para andar lo que ella andaba, y su mirada afilada para conocer a la gente, y su lengua, y su alegría, y su fortaleza.

De mi padre diré que era también de otra pasta, otro molde de hombres. Hizo sus pifias de niño, sus correrías de joven. Le atraparon cuando trató de cruzar los Pirineos por los años 40 o 50, para buscarse mejor vida. Se las tuvo que ver con policías, guardias civiles y otras bestias de la época, pero aunque le intentaron meter el miedo en el cuerpo, fue siempre un leonés de mirada torva y recelosa, y sabía lo que era la vida, las cuatro reglas simples. Trabajó duro, mucho. Se levantaba a las 4 de la mañana e iba a sus trabajos, en la construcción, subiendo a alturas sin arneses y echando cementos y doblando hierros. Comían piedras y cagaban carbón. Y mi madre tenía que cocinarlo. Fumó, mucho, y bebió café, y tenía brazos morenos y fuertes, velludos, y un pelo que no se le caía, como a mi madre. De él espero tener su capacidad de sacrificio, su fortaleza física, su austeridad, su humildad. Su lema casi podría ser, "Por no molestar". Y a él y a mi madre, en cambio, que les molestaran lo que hiciera falta.

No se pueden resumir dos vidas de 69 y 81 años aquí, ni quiero. Pero sí deseaba decir estas palabras. Les quiero. No solo me dieron la vida. Me enseñaron mucho de la vida. De la que no conocía y de la que presumía yo de conocer. Me enseñaron humanidad, honestidad, a pelear. Nunca me impusieron nada sin sentido. Y yo, que fui el último, el pequeño y más mimado, tuve más suerte que mi hermano, el que me queda, mi hermano Ángel. Hay muchas tonterías que uno hace, pero yo, desde luego, no puedo menos que dar las gracias por esta familia que he tenido. A pesar de los gritos, a pesar de la franqueza descarnada y brutal, a pesar de... como decía mi madre, "quien bien te quiere te hará llorar". ¡Y es la verdad!

Tengo 34 años. Aun me queda vida por delante. Y por primera vez, me siento extrañamente ligero, sin pesos, sin lastres. Ahora mismo sólo quiero mirar adelante. Y eso es lo que ellos querían.

Gracias, Justa y Félix, Ambrosio y Justa.

martes, 7 de junio de 2011

“¿Ese es el único problema que tienes en la vida? ¿Ese?”

Esa frase, de alto contenido chulesco y presuntamente pragmática, fue la que le espetaron a la mujer que entabló una charla con el heredero del Reino de España. Una charla breve que ella no esperaba, que fue atendida por el susodicho con respeto y capeando con formalidad el debate, hasta que algunas apreciaciones chuscas como la del presidente navarro (“la Primera y la Segunda República acabaron como el rosario de la aurora”) y el comentario que da lugar al título, empezó a revelar el nerviosismo que el debate suscitaba.

Es un debate que siempre se busca cerrar desde el inicio, y que se cerró en falso con la llamada transición española. Los partidos de izquierdas, especialmente el comunista, decidieron no aplicar su fuerza en la calle para reclamar una verdadera transición a un modelo democrático aceptado por todos, y prefirieron en cambio aceptar un modelo que, suponían, les podía beneficiar a ellos, pero no a todos los españoles. Una traición de las izquierdas (una más) que ahora pagamos.

Después, si alguien suscita el debate, ha sido tachado convenientemente de “utópico” o “revolucionario” o peor aun, de “imbécil”. Los adjetivos se han usado en más de una ocasión para aquellos que lo han traído a colación, especialmente el último político que tuvo el atrevimiento de promoverlo, Julio Anguita. A día de hoy, el debate es algo para lo que están muy bien vacunados los españolitos de a pié; la República es algo malo que destruiría España. Y nos va bien con la Monarquía. Gastan poco, son majos, profesionales y buenos representantes de la marca en el extranjero. Pero el debate, me temo, va más allá.

Porque no se trata de tener una República sin más. Se trata de un completo proyecto de regeneración, de cambio, de modificación de mentalidades, instituciones y reglas del juego. Se trata de lograr lo que en España ha sido un sueño durante los últimos 200 años, una DEMOCRACIA.

Las democracias son algo que pueden existir con o sin monarquía, pero normalmente son más fáciles de tener y hacer funcionar con una república. ¿Por qué? Por que la ciudadanía, si está preparada, comprende más su papel de actor y no deja en otras manos lo que es suyo, la gestión de su mundo. Es la lección a aprender y que voces como las de los últimos meses aventan; si dejamos que otros gestionen nuestros asuntos, acabarán siendo SUS asuntos y SUS intereses, y entonces lograremos el fin de aquel “yo no me meto en política”; la política estará en otras manos diferentes a las nuestras.

Ya nos ha pasado con los que gestionan los mercados y bancos, las agencias de calificación y las grandes empresas. Les dimos el poder efectivo, el que no tiene control por parte de nadie, y estamos observando los resultados. Y no hemos refundado el capitalismo ni tampoco regenerado la democracia. Estamos jugando al mismo juego de siempre, el que solamente se corta de una manera. Ese es el verdadero minuto de gloria de una ciudadanía, de un pueblo, de un conjunto de personas concienciadas.

Claro que, como dijo el heredero del Reino de España, “(…) esto no llega a ningún lado.” Al menos, si seguimos tomando a risa estos temas.

Un saludo,