¿Queréis saberlo? Hoy estoy enfadado. Con todos. Con todo. Con vosotros. Con ellos. Con el mundo en general. Con nadie en particular. Conmigo mismo. Enfadado y punto.
¿Queréis saber por qué? Ni yo mismo lo sé. Simplemente estoy enfadado. Y no, no aguanto más, como decían en "Network". La verdad agria la vida. Saberlo envenena, pudre todo. Mata.
¿Aun no lo sabéis? No podéis, porque como yo os mentís. Te mientes. Tú, yo, todos. Nos mentimos. Una media de 10 veces por minuto. Con suerte, solamente 8. Internamente, externamente. "Mejoraré" ¡Iluso, mentecato y mentiroso! "Cambiaré" ¡Falsario, impostor! "Lo haré mejor" ¡Diletante, contemporizador!
¿Ya lo intuyes? Mentir, te enfada. Decir la verdad, no logra mejorarlo. Callarse te deja rancio. Hablar, por hablar, decir lo que sea, palabras, palabras, más palabras, fluyendo incesantemente. Pueden ir guiadas por otras emociones, pero al final todas quedan bajo el mismo manto, el de la mentira del cicatero, del muñidor, del artero. Bla, bla, bla. No usas emociones en las palabras. Solamente palabras. Y huecas son dolorosas. Como una bala.
¿Lo has entendido? Emociones. Estoy enfadado. Odio mentir, que me mientan. Odio decir la verdad, que me la digan. Estoy enfadado. No confuso. Enfadado.
¿Ya?
jueves, 19 de noviembre de 2009
sábado, 14 de noviembre de 2009
Hijos
Puede que ya haya comentado dicho asunto en otras ocasiones. Pero es cierto también que en los últimos tiempos estoy más rodeado de recién nacidos y padres primerizos. Generación de los 30, la nuestra, ahora todos con la hipoteca, el coche, el trabajo de empresa o de funcionario, la mayor parte casados mediante la secta católica aunque no vayan prácticamente nunca a misa o comulguen con sus ideas (la sociedad, que presiona... ah, espera... ¡nosotros formamos la sociedad!) y, en definitiva, con el paso final, el de tener un hijo.
Un hijo. O dos, a lo sumo. Se quiere tener el placer de criar a un vástago nuestro pero sin renunciar a nuestras aficiones, a nuestros placeres. Se desea proporción en todo, esto es, no deslomarse en el trabajo para alimentar 4 o 5 bocas al menos, si no que alimentar menos y el resto del tiempo usarlo para disfrutarlo. Se compran las consolas para los niños, pero los padres siguen siendo niños. Porque tener hijos no hace madurar, ni al madurar queremos tener hijos. Se tienen hijos por muchos motivos, pero principalmente, uno, es el que se impone. Genes. Especie.
También hay otros. El ver que todos alrededor lo hacen. Culo rosa veo... el sentir que la edad, según los estándares de la sociedad (¡otra vez!) impone una fecha límite... el necesitar asentar alguna relación mediante el otro paso del "Molde", como decía el Sr. López, esto es, matrimonio = hijos... por muchos motivos. E igual que hay motivos para querer tenerlos en nuestra magnífica sociedad occidental, rica, blanca, mayormente cristiana, hay otros muchos para no tenerlos. De eso pocos o ninguno quiere hablar.
De hecho, seamos todos sinceros. Si tener hijos es una elección, no tenerlos es otra elección. Ambas igual de válidas. Ambas igual de correctas. Y francamente, aquellos que no tienen hijos antes de los 25, por poner una edad, es por que realmente quieren ser jóvenes, vivir la vida, sin ataduras, sin preocupaciones, sin compromisos. O no pueden tener hijos, al menos no con los recursos que tienen entonces. O muchos más motivos... no tener hijos, en todo caso, no es negativo, degradante, motivo de risa, de ser señalado como un paria. No querer tenerlos, y no querer ceder a la presión que nos rodea, es ya puramente un símbolo de valentía. Un poco de esa rebeldía juvenil que ya no existe realmente, salvo en la conciencia, de muchos treintañeros.
Siempre, desde niño, me querían hacer coincidir las etapas de la madurez con lo que la mayoría hacía. ¿Colegio, Instituto? maduras... ¿novias (chicas, claro, no puedes dejar de ser heterosexual, los homos eran... degenerados y alteraciones de la normalidad, de esa mayoría...) y ligues variados? maduras... ¿relaciones más serias? maduras... ¿Universidad, relación, tu primer curro? maduras... ¿tu trabajo fijo, tu primera casa con tu relación? maduras... y el siguiente paso inevitable de madurar... hijos.
Falso. Qué lástima que hayamos tragado tantas imposturas tanto tiempo sin crítica. Bueno, muchos lo han hecho. "Contracorriente", "raritos", "subversivos" les llamaban en las "sociedades de orden" como las fascistas (o como la nuestra, que no ha dejado tantos guiños a una dictadura de 40 años tan fácilmente). Y si defiendes el aborto, te sitúas inmediatamente en la postura anti-niños. ¿Perdón? Defender el aborto, la decisión de una pareja, de ambos miembros, de no tener un hijo, es una opción a defender y cuidar. Opciones. Eso es la libertad. Poder tener varias. Y elegirlas. Y llevarlas a cabo.
Yo quizá tenga niños. Por gratificación. Por gusto. Por amor. Porque hoy día puedo. Por muchas razones. Pero por decisión, primero mía, y después, mutua. Sin eso, y aun así puede ser una decisión errónea, nada vale.
¿Tener hijos o no tenerlos? Libertad de elección, oiga... como cuando podíamos elegir en el cole la vía fácil (religión) o la que nadie escogía (ética). Curiosamente, siempre acabo en la elección menos elegida...
Un saludo,
Un hijo. O dos, a lo sumo. Se quiere tener el placer de criar a un vástago nuestro pero sin renunciar a nuestras aficiones, a nuestros placeres. Se desea proporción en todo, esto es, no deslomarse en el trabajo para alimentar 4 o 5 bocas al menos, si no que alimentar menos y el resto del tiempo usarlo para disfrutarlo. Se compran las consolas para los niños, pero los padres siguen siendo niños. Porque tener hijos no hace madurar, ni al madurar queremos tener hijos. Se tienen hijos por muchos motivos, pero principalmente, uno, es el que se impone. Genes. Especie.
También hay otros. El ver que todos alrededor lo hacen. Culo rosa veo... el sentir que la edad, según los estándares de la sociedad (¡otra vez!) impone una fecha límite... el necesitar asentar alguna relación mediante el otro paso del "Molde", como decía el Sr. López, esto es, matrimonio = hijos... por muchos motivos. E igual que hay motivos para querer tenerlos en nuestra magnífica sociedad occidental, rica, blanca, mayormente cristiana, hay otros muchos para no tenerlos. De eso pocos o ninguno quiere hablar.
De hecho, seamos todos sinceros. Si tener hijos es una elección, no tenerlos es otra elección. Ambas igual de válidas. Ambas igual de correctas. Y francamente, aquellos que no tienen hijos antes de los 25, por poner una edad, es por que realmente quieren ser jóvenes, vivir la vida, sin ataduras, sin preocupaciones, sin compromisos. O no pueden tener hijos, al menos no con los recursos que tienen entonces. O muchos más motivos... no tener hijos, en todo caso, no es negativo, degradante, motivo de risa, de ser señalado como un paria. No querer tenerlos, y no querer ceder a la presión que nos rodea, es ya puramente un símbolo de valentía. Un poco de esa rebeldía juvenil que ya no existe realmente, salvo en la conciencia, de muchos treintañeros.
Siempre, desde niño, me querían hacer coincidir las etapas de la madurez con lo que la mayoría hacía. ¿Colegio, Instituto? maduras... ¿novias (chicas, claro, no puedes dejar de ser heterosexual, los homos eran... degenerados y alteraciones de la normalidad, de esa mayoría...) y ligues variados? maduras... ¿relaciones más serias? maduras... ¿Universidad, relación, tu primer curro? maduras... ¿tu trabajo fijo, tu primera casa con tu relación? maduras... y el siguiente paso inevitable de madurar... hijos.
Falso. Qué lástima que hayamos tragado tantas imposturas tanto tiempo sin crítica. Bueno, muchos lo han hecho. "Contracorriente", "raritos", "subversivos" les llamaban en las "sociedades de orden" como las fascistas (o como la nuestra, que no ha dejado tantos guiños a una dictadura de 40 años tan fácilmente). Y si defiendes el aborto, te sitúas inmediatamente en la postura anti-niños. ¿Perdón? Defender el aborto, la decisión de una pareja, de ambos miembros, de no tener un hijo, es una opción a defender y cuidar. Opciones. Eso es la libertad. Poder tener varias. Y elegirlas. Y llevarlas a cabo.
Yo quizá tenga niños. Por gratificación. Por gusto. Por amor. Porque hoy día puedo. Por muchas razones. Pero por decisión, primero mía, y después, mutua. Sin eso, y aun así puede ser una decisión errónea, nada vale.
¿Tener hijos o no tenerlos? Libertad de elección, oiga... como cuando podíamos elegir en el cole la vía fácil (religión) o la que nadie escogía (ética). Curiosamente, siempre acabo en la elección menos elegida...
Un saludo,
lunes, 2 de noviembre de 2009
Tenerlo claro
Fundamental. Nada se hace bien si no se tiene claro que quiere hacerse, y no se logrará un buen resultado si no tenemos claro por qué, para qué y cómo. Pues algo tan sencillo, concepto básico, es de difusa explicación por algunos incompetentes, acomodaticios y huidizos responsables de gestionar tantas y tantas cosas en nuestro país, desde la Administración Pública, con la difusa línea política que siempre se impone, hasta el operario de menor nivel alienado.
Me río en ésto por muchos asuntos, desde las mentiras y miserias de la clase política, verdaderos gestores hacia el desastre, hasta los problemas que día a día nos surgen. Y uno en concreto, me hace reír, mucho, si no fuera porque es desastrosamente lamentable. Un horror.
Hace un par de milenios, centuria arriba o abajo, un par de rivales políticos también tuvieron en el tema de los piratas su aquel. El primero, un pomposo tipo más veleidoso que un pelota, que se hacía apodar "El Magno" limpió, dicen, el Mediterráneo de piratas. Esto es, lanzó a la caza y exterminio de aquellos que no pagaran impuestos y encima asaltaran naves que llevaban cosas valiosas a Roma a las ya bien entrenadas tropas de marinería. La escabechina dicen que fue grande, pero no sería tanto cuando un posterior rival suyo, un intrigante, inteligente e implacable futuro Dictador, César, hizo circular el chisme de que le habían pillado unos piratas y que pedían un mogollón de dinero de rescate por él. Pompeyo, Pompi para los amigos, decía que había acabado con los piratas, pero hete aquí que al pobre César, el calvo putero para todos, había caído en las garras de unos, lo cual ya no sé si será cierto o fue un invento propagandístico (del que era un genio César) para ridiculizar a Pompi. Y si el primero uso la espada, el segundo decidió pagar rescate y luego regresar con unos barcos y varios cientos de amigos a recobrarlo pasando por el hierro a todo hijo de vecino que fuera pirata. Al primero, el Pompi, le machacó luego en una guerra civil, y de paso a parte de su familia, el amigo César, y al segundo le mataron después unos cuantos oligarcas que defendían "su" República frente a la "democracia" tiránica que buscaba el calvo putero, léase, el populista demagogo...
¿A qué esta parrafada poco histórica? Pues a lo del "Alakrana", los somalíes, el muchacho que es niño y hombre y las sandeces y porquerías que se escuchan, sienten y ven en los medios. Hoy hemos vuelto al sano y provechoso intercambio de rehenes, entre honrados piratas (dicen que hacen lo que hacen y no mienten) y deshonrosos políticos (dicen que no hacen lo que hacen y siempre mienten) pero si los primeros lo tienen claro (eh, que son de los nuestros) los segundos no tanto (no podemos forzar la "legalidad" y no negociamos con... ¿qué?) y por eso, los primeros ganarán la partida, siempre, y los segundos marearán los escaques cicateramente pero sin lograr resultado alguno. Porque siempre gana el que lo tiene claro.
¿Siempre? No. Gana el que lo tiene claro y tiene la fuerza, normalmente no moral o ética o intelectual, para imponer su claridad de criterio. Que se lo digan a muchos, aquí, el último, el general que decidió aliarse con quien fuera con tal de joder otra República, la segunda en España, para más señas.
Y es que, como decía Capone, con una sonrisa y una pistola llegarás más lejos que con solamente la sonrisa.
Los hay que lo tienen claro, muy claro...
Un saludo,
Me río en ésto por muchos asuntos, desde las mentiras y miserias de la clase política, verdaderos gestores hacia el desastre, hasta los problemas que día a día nos surgen. Y uno en concreto, me hace reír, mucho, si no fuera porque es desastrosamente lamentable. Un horror.
Hace un par de milenios, centuria arriba o abajo, un par de rivales políticos también tuvieron en el tema de los piratas su aquel. El primero, un pomposo tipo más veleidoso que un pelota, que se hacía apodar "El Magno" limpió, dicen, el Mediterráneo de piratas. Esto es, lanzó a la caza y exterminio de aquellos que no pagaran impuestos y encima asaltaran naves que llevaban cosas valiosas a Roma a las ya bien entrenadas tropas de marinería. La escabechina dicen que fue grande, pero no sería tanto cuando un posterior rival suyo, un intrigante, inteligente e implacable futuro Dictador, César, hizo circular el chisme de que le habían pillado unos piratas y que pedían un mogollón de dinero de rescate por él. Pompeyo, Pompi para los amigos, decía que había acabado con los piratas, pero hete aquí que al pobre César, el calvo putero para todos, había caído en las garras de unos, lo cual ya no sé si será cierto o fue un invento propagandístico (del que era un genio César) para ridiculizar a Pompi. Y si el primero uso la espada, el segundo decidió pagar rescate y luego regresar con unos barcos y varios cientos de amigos a recobrarlo pasando por el hierro a todo hijo de vecino que fuera pirata. Al primero, el Pompi, le machacó luego en una guerra civil, y de paso a parte de su familia, el amigo César, y al segundo le mataron después unos cuantos oligarcas que defendían "su" República frente a la "democracia" tiránica que buscaba el calvo putero, léase, el populista demagogo...
¿A qué esta parrafada poco histórica? Pues a lo del "Alakrana", los somalíes, el muchacho que es niño y hombre y las sandeces y porquerías que se escuchan, sienten y ven en los medios. Hoy hemos vuelto al sano y provechoso intercambio de rehenes, entre honrados piratas (dicen que hacen lo que hacen y no mienten) y deshonrosos políticos (dicen que no hacen lo que hacen y siempre mienten) pero si los primeros lo tienen claro (eh, que son de los nuestros) los segundos no tanto (no podemos forzar la "legalidad" y no negociamos con... ¿qué?) y por eso, los primeros ganarán la partida, siempre, y los segundos marearán los escaques cicateramente pero sin lograr resultado alguno. Porque siempre gana el que lo tiene claro.
¿Siempre? No. Gana el que lo tiene claro y tiene la fuerza, normalmente no moral o ética o intelectual, para imponer su claridad de criterio. Que se lo digan a muchos, aquí, el último, el general que decidió aliarse con quien fuera con tal de joder otra República, la segunda en España, para más señas.
Y es que, como decía Capone, con una sonrisa y una pistola llegarás más lejos que con solamente la sonrisa.
Los hay que lo tienen claro, muy claro...
Un saludo,
martes, 20 de octubre de 2009
El síndrome del quemado y el agua necesaria
Dice siempre mi amigo Andrés que me quejo demasiado. "¡Ay, mi vida! ¡ay, mi trabajo! ¡ay, mi rodilla!" y que por tanto soy, dicho en plata, un quejica. Cierto, me encanta quejarme. Porque considero que mis prioridades en la vida son, por este orden, la felicidad propia y ajena de quienes me rodean, el disfrute conjunto de lo bueno que da la vida y el merecido descanso tras hacer lo que más nos guste a todos. O dicho en plata de ley, mi prioridad en ésta vida es disfrutarla al máximo, haciendo o no haciendo lo que me guste y evitando lo que me disguste.
Soy de la generación de en medio, en medio de las promesas falsas, banales e irreales de éxito, basado en el compromiso y en el trabajo duro. Mis generaciones anteriores fueron engañadas dando todo por sus empresas, hasta la vida, y no pidiendo casi nada a cambio, antes al contrario, agradeciendo las miserias que les concedían. En el otro lado del péndulo estaba oscilando el que se aprovechaba del sistema parasitando éste al máximo, que los había... esas dos tendencias han continuado, pero suavizándose, en mi generación, la de en medio. Treinta y pocos o y pico. Todos fuimos instruidos, eso sí, en el valor del trabajo como algo irrefutable. De hecho, el sentido de muchas de nuestras vidas.
En medio de todo eso queda la verdad. Y la verdad, la puta verdad, que diría mi amigo Javi, es que nos han engañado como a chinos, de esos que viven en provincias contaminadas de plomo y donde prefieren evacuar a la población antes que cerrar sus comunistas fábricas de capitalismo. Y de la mentira nace la necesidad de ver la verdad, y la verdad, perdón, la puta verdad, es que el trabajo, el 90% de ellos, y también durante un tiempo en el 10% restante, no valen nada. No valen la salud, la felicidad, la vida, en suma.
Síndrome del quemado, llamo a éste escrito. Todos lo vivimos o sufrimos algún momento, y de hecho, algunos que lo niegan lo interiorizan tanto que viven ya eternamente en la unidad de quemados. Aunque no lo sepan. Y en el mundo de la Administración Pública, en donde más trabajadores hay, salvo la gran empresa de España, el Paro, es donde más quemados hay. Estamos. Somos.
¿Qué agua se puede beber o echar en la piel abrasada para evitarlo? Flema británica de por medio, la indiferencia activa combinada con la pasiva preocupación por resolver los problemas del trabajo en el trabajo, dejándolo luego allí. Y si es posible, dejar claros los límites. Saber qué estamos dispuestos a aceptar y qué no. Y luego, ver si estamos todos de acuerdo.
Luego queda lo importante, vivir... fuera del trabajo, sin el trabajo, para nada por el trabajo.
Ah, ¿he mencionado que da lo mismo hacer bien que mal nuestro trabajo? lo primero no suele reportar elogios o parabienes, y lo segundo, aunque pueda caer una bronca, no impide que sigamos cobrando nuestros (magros) sueldos.
Un saludo,
Soy de la generación de en medio, en medio de las promesas falsas, banales e irreales de éxito, basado en el compromiso y en el trabajo duro. Mis generaciones anteriores fueron engañadas dando todo por sus empresas, hasta la vida, y no pidiendo casi nada a cambio, antes al contrario, agradeciendo las miserias que les concedían. En el otro lado del péndulo estaba oscilando el que se aprovechaba del sistema parasitando éste al máximo, que los había... esas dos tendencias han continuado, pero suavizándose, en mi generación, la de en medio. Treinta y pocos o y pico. Todos fuimos instruidos, eso sí, en el valor del trabajo como algo irrefutable. De hecho, el sentido de muchas de nuestras vidas.
En medio de todo eso queda la verdad. Y la verdad, la puta verdad, que diría mi amigo Javi, es que nos han engañado como a chinos, de esos que viven en provincias contaminadas de plomo y donde prefieren evacuar a la población antes que cerrar sus comunistas fábricas de capitalismo. Y de la mentira nace la necesidad de ver la verdad, y la verdad, perdón, la puta verdad, es que el trabajo, el 90% de ellos, y también durante un tiempo en el 10% restante, no valen nada. No valen la salud, la felicidad, la vida, en suma.
Síndrome del quemado, llamo a éste escrito. Todos lo vivimos o sufrimos algún momento, y de hecho, algunos que lo niegan lo interiorizan tanto que viven ya eternamente en la unidad de quemados. Aunque no lo sepan. Y en el mundo de la Administración Pública, en donde más trabajadores hay, salvo la gran empresa de España, el Paro, es donde más quemados hay. Estamos. Somos.
¿Qué agua se puede beber o echar en la piel abrasada para evitarlo? Flema británica de por medio, la indiferencia activa combinada con la pasiva preocupación por resolver los problemas del trabajo en el trabajo, dejándolo luego allí. Y si es posible, dejar claros los límites. Saber qué estamos dispuestos a aceptar y qué no. Y luego, ver si estamos todos de acuerdo.
Luego queda lo importante, vivir... fuera del trabajo, sin el trabajo, para nada por el trabajo.
Ah, ¿he mencionado que da lo mismo hacer bien que mal nuestro trabajo? lo primero no suele reportar elogios o parabienes, y lo segundo, aunque pueda caer una bronca, no impide que sigamos cobrando nuestros (magros) sueldos.
Un saludo,
martes, 13 de octubre de 2009
Cambiando el rumbo
Hacía días que no escribía, principalmente, porque no tenía gana alguna. Ni aquí ni en los borradores que garabateo en ratos muertos. Pero el tema siempre está presente, bajo la piel, como una brasa a la cual hay que soplar de cuando en cuando para avivar. Y hoy he soplado...
Repasaré un poco para los no iniciados; soy una especie de funcionario, un estatutario de Sanidad, un auxiliar administrativo para más señas, cuyo puesto está en el Hospital de Majadahonda. Da la puta casualidad que estoy en el epicentro de la privatización ejercida por mi jefa, Aguirre, e iniciada por un anterior presidente, socialista para más señas, llamado Leguina. Y el epicentro es un departamento de cuyo nombre no quiero acordarme pero que ha logrado generar tantos nervios y sentimientos adversos en mi persona que las decisiones tomadas han costado tiempo pero llegan, como todo...
Mañana inicio mi siguiente fase en las oposiciones. Tras pasar casi tres años estudiando varias de grupos varios, entre el D y el C, acabando en el sumidero de Sanidad, he decidido dar el salto y jugar por algo más alto, el B o C2 como lo llaman ahora. Gestión de Empleo. Al CEF, estudiando todos los días y allí de curso los miércoles por la tarde. Decisión de la que no me arrepiento lo más mínimo.
Pero el asunto es que no aguanto más en el departamento de cuyo nombre no quiero acordarme... y por ello, tras muchos problemas de índole personal, he decidido decirles que quiero cambiarme. A algún sitio más agradable, más tranquilo. Con tareas más rutinarias, sencillas y sin presión. Con menos gente a tratar, si es posible. Sí, soy un absoluto misántropo. Un antisocial del trabajo. Yo quiero elegir mis compañías, y en el mundo laboral, por desgracia, vienen impuestas. Lo que no elijo me sienta como un tiro...
Mañana inicio mi viraje. Tengo miedo, no lo niego. Abrir la caja de Pandora, o de los gusanos, como dicen los anglosajones, no mola. Pero no me queda otra. Estoy harto. Y en perspectiva muchas cosas pueden cambiar a mejor o peor. De momento, están cambiando sin mi intervención a peor, por lo que, ¿cómo era? las personas razonables se adaptan a su entorno, pero las que no lo son no se adaptan, modifican su entorno para hacerlo más adecuado a ellas. Y de éstas últimas vienen los avances... curioso que Lytton Strachey ya dijera eso de Gordon hace casi un siglo.
Yo he sido razonable, creo... y adaptable. Y acomodaticio. Pero ya no más...
El trabajo es tan malo que te pagan por hacerlo, qué sabiduría...
Un saludo,
Repasaré un poco para los no iniciados; soy una especie de funcionario, un estatutario de Sanidad, un auxiliar administrativo para más señas, cuyo puesto está en el Hospital de Majadahonda. Da la puta casualidad que estoy en el epicentro de la privatización ejercida por mi jefa, Aguirre, e iniciada por un anterior presidente, socialista para más señas, llamado Leguina. Y el epicentro es un departamento de cuyo nombre no quiero acordarme pero que ha logrado generar tantos nervios y sentimientos adversos en mi persona que las decisiones tomadas han costado tiempo pero llegan, como todo...
Mañana inicio mi siguiente fase en las oposiciones. Tras pasar casi tres años estudiando varias de grupos varios, entre el D y el C, acabando en el sumidero de Sanidad, he decidido dar el salto y jugar por algo más alto, el B o C2 como lo llaman ahora. Gestión de Empleo. Al CEF, estudiando todos los días y allí de curso los miércoles por la tarde. Decisión de la que no me arrepiento lo más mínimo.
Pero el asunto es que no aguanto más en el departamento de cuyo nombre no quiero acordarme... y por ello, tras muchos problemas de índole personal, he decidido decirles que quiero cambiarme. A algún sitio más agradable, más tranquilo. Con tareas más rutinarias, sencillas y sin presión. Con menos gente a tratar, si es posible. Sí, soy un absoluto misántropo. Un antisocial del trabajo. Yo quiero elegir mis compañías, y en el mundo laboral, por desgracia, vienen impuestas. Lo que no elijo me sienta como un tiro...
Mañana inicio mi viraje. Tengo miedo, no lo niego. Abrir la caja de Pandora, o de los gusanos, como dicen los anglosajones, no mola. Pero no me queda otra. Estoy harto. Y en perspectiva muchas cosas pueden cambiar a mejor o peor. De momento, están cambiando sin mi intervención a peor, por lo que, ¿cómo era? las personas razonables se adaptan a su entorno, pero las que no lo son no se adaptan, modifican su entorno para hacerlo más adecuado a ellas. Y de éstas últimas vienen los avances... curioso que Lytton Strachey ya dijera eso de Gordon hace casi un siglo.
Yo he sido razonable, creo... y adaptable. Y acomodaticio. Pero ya no más...
El trabajo es tan malo que te pagan por hacerlo, qué sabiduría...
Un saludo,
sábado, 3 de octubre de 2009
El club de los solipsistas misántropos
Exclusivo y excepcional a partes iguales, dicho club tiene una vida tan larga como nadie puede imaginar. Más de lo que aparenta, es un club anciano, repleto de reglas y maneras arcaicas pero constantes. Nadie podría formar parte de él si no fuera por un accidente prácticamente inevitable; la sociedad.
Y de hecho, gracias a ella formamos parte del mismo. Es curioso que la mayor contradicción permita la pertenencia a tan elitista club. Es una sociedad de uno, de uno mismo, incluso de nadie, se podría decir. Es un lugar impresionante.
Comienza con la máxima tan falsa como el "Conócete a ti mismo". Nada es posible conocer, y menos aun nosotros mismos. ¿Has estado alguna vez a solas con tu voz, escuchándola en la oscuridad, mientras hablas, sin espejos? Es el miedo quien impide reconocernos. El miedo a saber lo que hierve bajo la piel. Miedo a expresar en palabras, en ideas, en imágenes, los sentimientos abrasadores hirviendo en la sangre. Miedo... a conocernos. E imposibilidad. No nos conocemos realmente, pues, ¿acaso hemos vivido todas las experiencias para conocer nuestras reacciones, nuestras respuestas, nuestros actos, en fin?
Tras franquear el umbral de la verdad, lapidada ésta por la mentira anterior, penetramos la oscuridad. Una oscuridad sin más luz que la de nuestros ojos, sin más contacto que el tacto de los dedos. Tanteamos las paredes, y si rezuman algo ignoto, asqueados, rehuimos el toque. Lo húmedo atrapa los pies. Lo seco quema la garganta. El oído queda mudo como nuestra lengua. Somos entonces conscientes, al atravesar esa caverna mistérica, de la falsedad. La imaginación es quien manda. El ojo rellena los huecos con lo cotidiano, lo esperable, lo posible. En nuestras orejas aparece una música dulce o tenebrosa, inquietante o tranquilizadora... y el tacto recobra su capacidad de reconocer viejas sensaciones. Incluso la lengua retoma el gusto, el sabor. Los sentidos, entonces, mienten. Y estamos de nuevo en la caverna, en el pasadizo de la vida.
Si hubiera compañía, la sangre, de nuevo, llamaría. El miedo puede pedir compañeros para batirlo, o trasplantarlo al Otro. Siendo común la decepción, entonces todo se vuelve rivalidad. Rivalidad, miedo, lucha, ahogo, asfixia, un grito incontenible que brota de los pulmones llenando el ambiente de liberación.
Y entonces uno ya forma parte de su club. El de los solipsistas misántropos. El de los hombres que no saben y conocen lo que ignoran. El de aquellos que, de tanto sentir, tienen callos en la sangre y los nervios. El de los hombres solos.
Menos mal que hay redención. El amor... aunque sea imaginado. O quizá por eso es más real.
Un saludo,
Y de hecho, gracias a ella formamos parte del mismo. Es curioso que la mayor contradicción permita la pertenencia a tan elitista club. Es una sociedad de uno, de uno mismo, incluso de nadie, se podría decir. Es un lugar impresionante.
Comienza con la máxima tan falsa como el "Conócete a ti mismo". Nada es posible conocer, y menos aun nosotros mismos. ¿Has estado alguna vez a solas con tu voz, escuchándola en la oscuridad, mientras hablas, sin espejos? Es el miedo quien impide reconocernos. El miedo a saber lo que hierve bajo la piel. Miedo a expresar en palabras, en ideas, en imágenes, los sentimientos abrasadores hirviendo en la sangre. Miedo... a conocernos. E imposibilidad. No nos conocemos realmente, pues, ¿acaso hemos vivido todas las experiencias para conocer nuestras reacciones, nuestras respuestas, nuestros actos, en fin?
Tras franquear el umbral de la verdad, lapidada ésta por la mentira anterior, penetramos la oscuridad. Una oscuridad sin más luz que la de nuestros ojos, sin más contacto que el tacto de los dedos. Tanteamos las paredes, y si rezuman algo ignoto, asqueados, rehuimos el toque. Lo húmedo atrapa los pies. Lo seco quema la garganta. El oído queda mudo como nuestra lengua. Somos entonces conscientes, al atravesar esa caverna mistérica, de la falsedad. La imaginación es quien manda. El ojo rellena los huecos con lo cotidiano, lo esperable, lo posible. En nuestras orejas aparece una música dulce o tenebrosa, inquietante o tranquilizadora... y el tacto recobra su capacidad de reconocer viejas sensaciones. Incluso la lengua retoma el gusto, el sabor. Los sentidos, entonces, mienten. Y estamos de nuevo en la caverna, en el pasadizo de la vida.
Si hubiera compañía, la sangre, de nuevo, llamaría. El miedo puede pedir compañeros para batirlo, o trasplantarlo al Otro. Siendo común la decepción, entonces todo se vuelve rivalidad. Rivalidad, miedo, lucha, ahogo, asfixia, un grito incontenible que brota de los pulmones llenando el ambiente de liberación.
Y entonces uno ya forma parte de su club. El de los solipsistas misántropos. El de los hombres que no saben y conocen lo que ignoran. El de aquellos que, de tanto sentir, tienen callos en la sangre y los nervios. El de los hombres solos.
Menos mal que hay redención. El amor... aunque sea imaginado. O quizá por eso es más real.
Un saludo,
miércoles, 30 de septiembre de 2009
Insomnio
Es realmente molesto. De las decenas de reflexiones turbadoras que suelo tener, una me está carcomiendo. La verdad.
La verdad es que he elegido el camino más tortuoso posible. Dedicar mi tiempo a estudiar oposiciones para tener un trabajo estable y ganar un cierto dinero. Dedicar parte de mi tiempo a establecer relaciones sociales que me asquean. Dedicar en suma tiempo a hacer lo que no quiero hacer con el fin de hacer en un futuro lo que quiero hacer. Qué retorcido.
La verdad es que el futuro no existe. Lo creamos, imaginamos, soñamos, pero no existe. Existe el pasado. Y el momento presente. Ya está. Nada más en esa loca dimensión que llaman "tiempo". El pasado nos aporta experiencia, sentimientos y un recorrido vital que puede ser positivo o no. El presente, el ahora, es el momento donde la verdad se forja. El presente es como un yunque humeante sobre el que golpeamos el metal de la vida, tratando de amoldarlo a nuestro placer y gusto, sin saber que, muchas veces, el material es escoria o no tenemos ni siquiera claro qué deseamos forjar. La verdad...
La verdad, la puta verdad como diría mi amigo Javi, es que somos personas mediocres tratando de lidiar con nuestras incapacidades, nuestro patetismo vital. Y la verdad, entonces, ¿es que no hay redención?
Yo quiero ser escritor, ¡ja, ja, ja! y soy un opositor joven, no tan joven, que vive amargado en un trabajo que detesta. Esa es la verdad.
Yo quiero viajar por el mundo, ¡jo, jo, jo! y soy un pequeño burgués que planifica sus viajes con guía y sin mucho cansancio.
Yo quiero responder a la gente las palabras apropiadas en el momento justo, ¡je, je, je! y soy una persona sin el aplomo o el ingenio suficientes como para hacerlo.
Yo quiero... tantas cosas. Y sé que no tendré muchas de ellas, casi ninguna. Mi frustración entonces se acerca a la de otro amigo, Andrés. La suya es, como la de mi amigo Rafa, vital; quieren ser inmortales para disfrutar eternamente de la vida. Pero mi frustración es que, aunque tuviéramos un tiempo infinito, el aburrimiento, la apatía, el desencanto, la infelicidad, en suma, estarían presentes.
Sé lo que no quiero. Pero no sé como evitarlo. O sé y no me atrevo, o soy vago...
A veces quiero una vida más simple. Si no lo es ya. Simple, sencilla. Amar y ser amado. Y aquí es donde encuentro mi redención. La quiero con locura. Quiero que sea mi mujer. Quiero incluso, si no estoy tan loco, tener todos mis días hasta el final con ella, saber que siempre está ahí. Y creo que también me quiere... no me pregunte nadie por qué.
Tengo algo de insomnio. Puede ser la soledad. La necesidad, pura necedad, de escribir. Quisiera hacer música, pero solamente hay ruido, de palabras... pero no pienso revisar el texto.
Un saludo,
La verdad es que he elegido el camino más tortuoso posible. Dedicar mi tiempo a estudiar oposiciones para tener un trabajo estable y ganar un cierto dinero. Dedicar parte de mi tiempo a establecer relaciones sociales que me asquean. Dedicar en suma tiempo a hacer lo que no quiero hacer con el fin de hacer en un futuro lo que quiero hacer. Qué retorcido.
La verdad es que el futuro no existe. Lo creamos, imaginamos, soñamos, pero no existe. Existe el pasado. Y el momento presente. Ya está. Nada más en esa loca dimensión que llaman "tiempo". El pasado nos aporta experiencia, sentimientos y un recorrido vital que puede ser positivo o no. El presente, el ahora, es el momento donde la verdad se forja. El presente es como un yunque humeante sobre el que golpeamos el metal de la vida, tratando de amoldarlo a nuestro placer y gusto, sin saber que, muchas veces, el material es escoria o no tenemos ni siquiera claro qué deseamos forjar. La verdad...
La verdad, la puta verdad como diría mi amigo Javi, es que somos personas mediocres tratando de lidiar con nuestras incapacidades, nuestro patetismo vital. Y la verdad, entonces, ¿es que no hay redención?
Yo quiero ser escritor, ¡ja, ja, ja! y soy un opositor joven, no tan joven, que vive amargado en un trabajo que detesta. Esa es la verdad.
Yo quiero viajar por el mundo, ¡jo, jo, jo! y soy un pequeño burgués que planifica sus viajes con guía y sin mucho cansancio.
Yo quiero responder a la gente las palabras apropiadas en el momento justo, ¡je, je, je! y soy una persona sin el aplomo o el ingenio suficientes como para hacerlo.
Yo quiero... tantas cosas. Y sé que no tendré muchas de ellas, casi ninguna. Mi frustración entonces se acerca a la de otro amigo, Andrés. La suya es, como la de mi amigo Rafa, vital; quieren ser inmortales para disfrutar eternamente de la vida. Pero mi frustración es que, aunque tuviéramos un tiempo infinito, el aburrimiento, la apatía, el desencanto, la infelicidad, en suma, estarían presentes.
Sé lo que no quiero. Pero no sé como evitarlo. O sé y no me atrevo, o soy vago...
A veces quiero una vida más simple. Si no lo es ya. Simple, sencilla. Amar y ser amado. Y aquí es donde encuentro mi redención. La quiero con locura. Quiero que sea mi mujer. Quiero incluso, si no estoy tan loco, tener todos mis días hasta el final con ella, saber que siempre está ahí. Y creo que también me quiere... no me pregunte nadie por qué.
Tengo algo de insomnio. Puede ser la soledad. La necesidad, pura necedad, de escribir. Quisiera hacer música, pero solamente hay ruido, de palabras... pero no pienso revisar el texto.
Un saludo,
sábado, 26 de septiembre de 2009
Mantener una palabra dicha
Parece una curiosa manera de ser de los humanos. Decimos una vez algo, puede que irreflexivamente, y después nos atamos a lo dicho sin remisión. Si decimos que nunca más haremos tal cosa, sabemos que en un momento dado lo haremos, pero mientras, actuamos como si nunca más lo fuéramos a hacer. Igualmente, si decimos que jamás diremos algo a alguien, nos callamos hasta que el momento menos esperado se nos escapa.
Honor... mi definición es la misma que la de Ridley Scott en "Los duelistas", cuando Keith Carradine, en el baño, trata de explicársela a, creo, Cristina Raines. Y eso es porque creo que hay diferentes formas de enfocarse uno mismo, la proyección que damos ante los demás.
Yo he hecho promesas que luego he roto, y sinceramente, en ese momento de romperlas he sentido un perverso placer, el de quebrar lo prohibido. Pero es cierto que hay ciertas cosas que respeto y siento como compromisos, pero trato de no ponerlos en palabras, porque entonces se convierten en un contrato que me insta, nervioso, a romperlo. Mi regla es romper las reglas. O esa era la regla. Ahora mismo, ya hace tiempo que hasta la he roto, cumpliendo muchas reglas. Qué sinsentido, se puede pensar... no, se puede retorcer todo hasta lograr un resultado distinto al que buscaba. Y eso... es parte de la belleza del sinsentido de la vida.
Una palabra que sí mantengo es la de la felicidad. Cueste lo que cueste. A veces, por los caminos más enrevesados, por los vericuetos más extraños. Quiero felicidad. Y lograrla, a veces, es difícil, complicado, insano incluso. No, no recurro a las drogas o al alcohol. Realmente, soy poco vicioso en eso. Mi felicidad consiste en poder hacer, cuando quiero, lo que quiero y como quiero. Sin trabas, sin compromisos, sin ningún tipo de regla o esquema que no sean míos. Mi sueño dorado es sentarme cada día en mi escritorio, o en mi biblioteca, y leer o escribir a gusto, a placer. Y otras pequeñas cosas, como bajar a jugar al baloncesto, perpetrando canastas más que anotándolas, o pases, dicho sea de paso. O irme de paseo. Disfrutar de una tarde con Cristina. Y de la noche. Y de la mañana, levantándome con ella al lado. Una buena película. Algo de música. Amigos. Juegos. Despreocupado...
Pero es falso. Los caminos inescrutables de la vida son así, misteriosos recodos que pueden terminar en callejones cerrados o en abismos. No vivo despreocupado. Hay un sistema social que, baratija, se mantiene como el barniz, esperando a que se raspe un poco para ver la verdad. Sucia, agrietada, inhóspita. Vivo con la preocupación del dinero. ¡El dinero! un buen libro cuesta dinero. Una buena película. Salir a tomar algo. Oír música. Comer, pagar facturas de móvil o servicios, la hipoteca... y el dinero viene del trabajo. Y el trabajo... es infelicidad. Porque no estoy haciendo lo que quiero hacer con mi vida, si no lo que otros, insensatos, pensaron que debíamos hacer para lograr ese dinero. Y es el salario del miedo...
Mantengo mi palabra, sí. La dada a una Administración que es lamentable, con un ambiente decrépito moralmente hablando y altamente irritable. Si he de trabajar, pediría al menos hacerlo sin compañeros, sin jefes. Una quimera. Yo, que me considero persona sociable, odio la sociedad del trabajo. Porque es la esclavitud de la palabra dada, una regla que, aunque quiera, no puedo romper. Es como el nudo Gordiano, solo que yo, aun, no he encontrado la entereza y el acero para romperlo de un tajo. O quizá debería aprender a desatarlo... ¿toda una vida? Solamente tengo ésta, me temo...
El molde. El molde del Sr. López. ¿No hay alternativas?
Honor... mi definición es la misma que la de Ridley Scott en "Los duelistas", cuando Keith Carradine, en el baño, trata de explicársela a, creo, Cristina Raines. Y eso es porque creo que hay diferentes formas de enfocarse uno mismo, la proyección que damos ante los demás.
Yo he hecho promesas que luego he roto, y sinceramente, en ese momento de romperlas he sentido un perverso placer, el de quebrar lo prohibido. Pero es cierto que hay ciertas cosas que respeto y siento como compromisos, pero trato de no ponerlos en palabras, porque entonces se convierten en un contrato que me insta, nervioso, a romperlo. Mi regla es romper las reglas. O esa era la regla. Ahora mismo, ya hace tiempo que hasta la he roto, cumpliendo muchas reglas. Qué sinsentido, se puede pensar... no, se puede retorcer todo hasta lograr un resultado distinto al que buscaba. Y eso... es parte de la belleza del sinsentido de la vida.
Una palabra que sí mantengo es la de la felicidad. Cueste lo que cueste. A veces, por los caminos más enrevesados, por los vericuetos más extraños. Quiero felicidad. Y lograrla, a veces, es difícil, complicado, insano incluso. No, no recurro a las drogas o al alcohol. Realmente, soy poco vicioso en eso. Mi felicidad consiste en poder hacer, cuando quiero, lo que quiero y como quiero. Sin trabas, sin compromisos, sin ningún tipo de regla o esquema que no sean míos. Mi sueño dorado es sentarme cada día en mi escritorio, o en mi biblioteca, y leer o escribir a gusto, a placer. Y otras pequeñas cosas, como bajar a jugar al baloncesto, perpetrando canastas más que anotándolas, o pases, dicho sea de paso. O irme de paseo. Disfrutar de una tarde con Cristina. Y de la noche. Y de la mañana, levantándome con ella al lado. Una buena película. Algo de música. Amigos. Juegos. Despreocupado...
Pero es falso. Los caminos inescrutables de la vida son así, misteriosos recodos que pueden terminar en callejones cerrados o en abismos. No vivo despreocupado. Hay un sistema social que, baratija, se mantiene como el barniz, esperando a que se raspe un poco para ver la verdad. Sucia, agrietada, inhóspita. Vivo con la preocupación del dinero. ¡El dinero! un buen libro cuesta dinero. Una buena película. Salir a tomar algo. Oír música. Comer, pagar facturas de móvil o servicios, la hipoteca... y el dinero viene del trabajo. Y el trabajo... es infelicidad. Porque no estoy haciendo lo que quiero hacer con mi vida, si no lo que otros, insensatos, pensaron que debíamos hacer para lograr ese dinero. Y es el salario del miedo...
Mantengo mi palabra, sí. La dada a una Administración que es lamentable, con un ambiente decrépito moralmente hablando y altamente irritable. Si he de trabajar, pediría al menos hacerlo sin compañeros, sin jefes. Una quimera. Yo, que me considero persona sociable, odio la sociedad del trabajo. Porque es la esclavitud de la palabra dada, una regla que, aunque quiera, no puedo romper. Es como el nudo Gordiano, solo que yo, aun, no he encontrado la entereza y el acero para romperlo de un tajo. O quizá debería aprender a desatarlo... ¿toda una vida? Solamente tengo ésta, me temo...
El molde. El molde del Sr. López. ¿No hay alternativas?
lunes, 21 de septiembre de 2009
Highway to Hell / The way to Heaven
Dicotomías. Polarizaciones. Blanco y Negro. Lo opuesto. Lo binario. Uno y Cero. Expresión última de lo terriblemente simple. Pero nos olvidamos de los reflejos, distorsiones tan habituales como espejos u opiniones, ojos y oídos, sentidos, en suma, hay.
Inicio del campeonato del Eurobasket; solo vale el Oro pero durante los primeros partidos, y concretamente con Gran Bretaña, estamos a punto de la eliminación. Una autopista Polonia-España directa al infierno. No podía ser que ésta generación, la mejor, se fuera así, de vacío. Se intuyen malos rollos, se percibe un ambiente enrarecido, se escriben artículos muy negativos, se dispara el insensato placer español de ver el fracaso de otros tan cerca... autopista al infierno.
Pero entonces llega la catarsis aristotélica. La compasión de algunos y el terror de otros generan los estímulos apropiados en los actores principales, que pierden el phobos o miedo paralizante. De pronto, se liberan. Sin más. ¿Ni más?
Segunda fase del campeonato del Eurobasket; cada partido se juega para seguir luchando por el Oro, pero también para evitar la eliminación. Y de pronto, estamos corriendo por el aguzado filo de la navaja con una fuerza sin igual. Polonia, Lituania, luego Grecia, y finalmente Serbia, sufren la ira, la furia desatada de los elementos. No hay holocausto que los aplaque salvo una medalla de Oro. No hay ya vuelta atrás. El tiempo, el terreno, se han estrechado, y la cancha se convierte en un recinto mágico, divino, donde se expían culpas anteriores y se demuestra que, entre la espada y la pared, tomamos la espada, y si se tiene que clavar rompiendo órganos, astillando huesos, devorando venas, salpicando de sangre los rostros, lo hacemos. Sin compasión. De pronto, las caras se transforman.
¿Dualidad, dicotomías, polarizaciones, blanco y negro, Uno y Cero? No, eran los mismos. Eran siempre ellos. Y se sintieron solos, y liberados de esa carga que representan a veces los críticos, corrieron ágiles, veloces, dulces y espectaculares como en una coreografía de danza, del ballet magistral que es el Baloncesto. Y defendieron con fuerza, con testarudez, no dando nada por perdido, y con hambre de más. Y anotaron, sin complejos, sin miedos, fallando y volviéndolo a intentar. Y ganaron. Y el mejor jugador de la historia del baloncesto de España, un chaval alto, desgarbado, que nunca dice tonterías, que siempre está ahí, demostrando liderazgo sin ejercerlo, con sentido del humor, sencillo, esforzado, ambicioso, con un talento desmedido... Pau Gasol.
No, no eran unos paquetes ni unos mantas. Y si me he cabreado viéndoles perder o jugar tan mal al inicio es porque sabía perfectamente que ese no era su juego. Y las culpas suelen caer en quien dirige el conjunto, en Sergio Scariolo. E igual que le critiqué, ahora me desdigo, y sin gustarme aun el engominado, le felicito. Ha logrado ganar el Oro del Eurobasket. Ha hecho campeones a unos campeones por derecho propio. Y él ha sabido también mejorar su visión del conjunto, de los rivales, para hacerlo posible.
Felicidades, Scariolo. Felicidades, Selección al completo; Pau, Marc, Raül, Rudy, Ricky, Navarro, Mumbrú, Claver, Cabezas, Llull, Felipe y Garbajosa. Y felicidades, aunque me pese, aunque no le soporte, a Sáez y la FEB. Pero sobre todo, a los que han apoyado y dado su visión, crítica como la de Itu o Epi en las retransmisiones y artículos, o la de Pepu, inteligente, y por supuesto, a los que hemos vibrado viéndoles remontar.
Gracias. Muchas gracias de parte de un aficionado contento y que, como Tomás, dudó.
Un saludo,
Inicio del campeonato del Eurobasket; solo vale el Oro pero durante los primeros partidos, y concretamente con Gran Bretaña, estamos a punto de la eliminación. Una autopista Polonia-España directa al infierno. No podía ser que ésta generación, la mejor, se fuera así, de vacío. Se intuyen malos rollos, se percibe un ambiente enrarecido, se escriben artículos muy negativos, se dispara el insensato placer español de ver el fracaso de otros tan cerca... autopista al infierno.
Pero entonces llega la catarsis aristotélica. La compasión de algunos y el terror de otros generan los estímulos apropiados en los actores principales, que pierden el phobos o miedo paralizante. De pronto, se liberan. Sin más. ¿Ni más?
Segunda fase del campeonato del Eurobasket; cada partido se juega para seguir luchando por el Oro, pero también para evitar la eliminación. Y de pronto, estamos corriendo por el aguzado filo de la navaja con una fuerza sin igual. Polonia, Lituania, luego Grecia, y finalmente Serbia, sufren la ira, la furia desatada de los elementos. No hay holocausto que los aplaque salvo una medalla de Oro. No hay ya vuelta atrás. El tiempo, el terreno, se han estrechado, y la cancha se convierte en un recinto mágico, divino, donde se expían culpas anteriores y se demuestra que, entre la espada y la pared, tomamos la espada, y si se tiene que clavar rompiendo órganos, astillando huesos, devorando venas, salpicando de sangre los rostros, lo hacemos. Sin compasión. De pronto, las caras se transforman.
¿Dualidad, dicotomías, polarizaciones, blanco y negro, Uno y Cero? No, eran los mismos. Eran siempre ellos. Y se sintieron solos, y liberados de esa carga que representan a veces los críticos, corrieron ágiles, veloces, dulces y espectaculares como en una coreografía de danza, del ballet magistral que es el Baloncesto. Y defendieron con fuerza, con testarudez, no dando nada por perdido, y con hambre de más. Y anotaron, sin complejos, sin miedos, fallando y volviéndolo a intentar. Y ganaron. Y el mejor jugador de la historia del baloncesto de España, un chaval alto, desgarbado, que nunca dice tonterías, que siempre está ahí, demostrando liderazgo sin ejercerlo, con sentido del humor, sencillo, esforzado, ambicioso, con un talento desmedido... Pau Gasol.
No, no eran unos paquetes ni unos mantas. Y si me he cabreado viéndoles perder o jugar tan mal al inicio es porque sabía perfectamente que ese no era su juego. Y las culpas suelen caer en quien dirige el conjunto, en Sergio Scariolo. E igual que le critiqué, ahora me desdigo, y sin gustarme aun el engominado, le felicito. Ha logrado ganar el Oro del Eurobasket. Ha hecho campeones a unos campeones por derecho propio. Y él ha sabido también mejorar su visión del conjunto, de los rivales, para hacerlo posible.
Felicidades, Scariolo. Felicidades, Selección al completo; Pau, Marc, Raül, Rudy, Ricky, Navarro, Mumbrú, Claver, Cabezas, Llull, Felipe y Garbajosa. Y felicidades, aunque me pese, aunque no le soporte, a Sáez y la FEB. Pero sobre todo, a los que han apoyado y dado su visión, crítica como la de Itu o Epi en las retransmisiones y artículos, o la de Pepu, inteligente, y por supuesto, a los que hemos vibrado viéndoles remontar.
Gracias. Muchas gracias de parte de un aficionado contento y que, como Tomás, dudó.
Un saludo,
viernes, 18 de septiembre de 2009
¡Claro que dudé!
Y mucho, tras ver los partidos de preparación, algo deslavazados, y el arranque del Eurobasket. Y dudaba incluso cuando ganamos a Polonia. A ver, si no; tercer partido contra los anfitriones, en cancha casera, arbitraje malo, perdiendo contra Turquía... lo de Lituania calmó, lo de Polonia enganchó de nuevo, y contra Francia ya volví a sentir que estábamos en el camino. ¿A qué viene mi afirmación rotunda?
Es por el artículo cachondo que se ha largado Iturriaga en El País. Coincido en que lo pasado es pasado, y que hay que mirar adelante; unas semis difíciles contra Turquía o Grecia (juegan hoy) y una final quién sabe si contra Serbia o Croacia (no doy mucho por Eslovenia, aunque me puedo equivocar...)
Todo suena como que el guión debiera ser éste y no otro. España arrollando a los contrarios, dejando sus ataques en paupérrimas cifras gracias a una defensa de presión constante y desgaste, atacando a su vez con muchas alternativas exitosas. Es el guión que nos quisieron vender siempre, obviando algunas carencias. Como las vistas al inicio del campeonato. Aleros altos... Mumbrú, resucitado hace dos partidos. Cuatros fuertes... ¿Claver? Los Gasol juegan más de cincos, el mayor de versátil y el menor de puro. Bases... ¿Rubio? Es más escolta, quizá. Raül está tocado y Cabezas... mejor no lo habría ni llevado. Y en ataque y defensa... lo primero, jugadas demasiado pastosas a veces, al inicio. Lo segundo, un coladero, con malas ayudas. En resumen, el guión no tiene porqué ser el que se espera, si no el que se va escribiendo.
¡Pues claro que dudé, Itu! Dudé y mucho. Scariolo no me gusta, a pesar de que ahora ganemos y antes perdiéramos. La FEB y su presidente no me gustan, por su forma de gestionar la Selección en lo mercantil. Y tampoco me gustan los medios periodísticos y deportivos, aun instalados en la cómoda oquedad de la nadería futbolística.
Y la duda, si no consume y paraliza, es buena. Y bueno es no ver un equipo monolítico, siempre campeón desde antes de tocar el balón, si no lo que son; un grupo de deportistas magníficos, en forma física, en inteligencia, en humildad, en esfuerzo, en calidad técnica, en saber estar y en transmisión de valores. Y como son humanos, ellos también pierden, partidos y nervios, sueltan malas palabras, se ponen violentos o pasivos, y suelen fallar. Por eso me gustan tanto, por eso me encanta el Ba-lon-ces-toooo... y por eso espero que ganen, que ganemos, que lo hagan disfrutando y haciéndonos disfrutar.
Como ayer contra Francia. De Colo... mala suerte.
Un saludo,
Es por el artículo cachondo que se ha largado Iturriaga en El País. Coincido en que lo pasado es pasado, y que hay que mirar adelante; unas semis difíciles contra Turquía o Grecia (juegan hoy) y una final quién sabe si contra Serbia o Croacia (no doy mucho por Eslovenia, aunque me puedo equivocar...)
Todo suena como que el guión debiera ser éste y no otro. España arrollando a los contrarios, dejando sus ataques en paupérrimas cifras gracias a una defensa de presión constante y desgaste, atacando a su vez con muchas alternativas exitosas. Es el guión que nos quisieron vender siempre, obviando algunas carencias. Como las vistas al inicio del campeonato. Aleros altos... Mumbrú, resucitado hace dos partidos. Cuatros fuertes... ¿Claver? Los Gasol juegan más de cincos, el mayor de versátil y el menor de puro. Bases... ¿Rubio? Es más escolta, quizá. Raül está tocado y Cabezas... mejor no lo habría ni llevado. Y en ataque y defensa... lo primero, jugadas demasiado pastosas a veces, al inicio. Lo segundo, un coladero, con malas ayudas. En resumen, el guión no tiene porqué ser el que se espera, si no el que se va escribiendo.
¡Pues claro que dudé, Itu! Dudé y mucho. Scariolo no me gusta, a pesar de que ahora ganemos y antes perdiéramos. La FEB y su presidente no me gustan, por su forma de gestionar la Selección en lo mercantil. Y tampoco me gustan los medios periodísticos y deportivos, aun instalados en la cómoda oquedad de la nadería futbolística.
Y la duda, si no consume y paraliza, es buena. Y bueno es no ver un equipo monolítico, siempre campeón desde antes de tocar el balón, si no lo que son; un grupo de deportistas magníficos, en forma física, en inteligencia, en humildad, en esfuerzo, en calidad técnica, en saber estar y en transmisión de valores. Y como son humanos, ellos también pierden, partidos y nervios, sueltan malas palabras, se ponen violentos o pasivos, y suelen fallar. Por eso me gustan tanto, por eso me encanta el Ba-lon-ces-toooo... y por eso espero que ganen, que ganemos, que lo hagan disfrutando y haciéndonos disfrutar.
Como ayer contra Francia. De Colo... mala suerte.
Un saludo,
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