Buscar dentro de este batiburrillo

jueves, 7 de mayo de 2009

Es mi tobillo

Derecho, para ser precisos. Sí, miles de comentarios se pueden hacer; mala pata, el deporte no es sano, estás viejo, lo tuyo tiene delito, ya te vale, qué haces a tu edad jugando al baloncesto...

No voy a hacer una encendida defensa del (único) deporte que me reporta felicidad, euforia y alegrías. Aun siendo del Estu, pensará más de uno... tampoco de la necesidad que tengo de sentir un balón en las manos, de tirarlo y escuchar el "Chof" de la red al meterlo, o de ver el pase antes de hacerlo o recibirlo y sonreír cómplice ante la buena canasta del compañero o la mía... aunque últimamente falle más que una escopeta sin calibrar...

Es mi tobillo el que se ha llevado la peor parte. A mi lado, por suerte, mi amigo Óscar, él ha ejercido de chófer, acompañante, paciente en la sala de Urgencias de un hospital multicultural (mejor no entro en detalles...) y, en definitiva, sufrido colega. A las 3 de la mañana me ha dejado en casa, y tras zamparnos algo de cena (Cris, mi novia, también estaba al quite, esperando, solícita, la pobre, tras un día de trabajo, una semana, bueno, varios meses, infernales...) he intentado dormir... ¡Iluso de mí! dolores, incapacidad de encontrar una postura... luego me tocará ir al médico y que confirme o agrave mi estado...

Hace 10 o 15 años, solía esguinzarme por bruto, por jugar como un carnero embistiendo. O metía el pie en un agujero de la cancha de asfalto duro y machacada de mi barrio, o pisaba a alguien, o, como ayer, en un salto caía mal. Pero era joven... aunque sufrí unos cuantos esguinces, a los tres días estaba andando, tal era la recuperación rápida que disfrutaba. Simplemente, podía posar el pie, caminar, y a los cinco o seis días, incluso correr. Ahora, hace meses, el año pasado, me hice un esguince leve, en el izquierdo, y noté los dolores durante un mes... y éste no tiene buena pinta, si los ligamentos están implicados, y va para largo...

Es mi rodilla, y mi tobillo ahora... mi cuerpo está dándome avisos... "tío, no eres tan joven, pesas más, eres más lento y torpe, aunque coordines movimientos es como ver a Hulk defendiendo a Sergio Rodríguez, ya no tiras tan bien, y aquel 8 de 11 en triples que una vez anotaste es ya un recuerdo de otras épocas... lo más cercano, un 2 de 4 hace un año en tu último partido de liga local... otros se retiraron a los 40, incluso a los 30, y ahora aquellos con los que juegas, el más chico tiene al menos 28 años... todos encorpamos, todos envejecemos (más arrugas, más canas, más peso y más años) y llega un momento en que ni tus piernas, ni tu espalda, ni tus brazos, pueden con el ritmo que antes tenías... aunque cambies resistencia y agilidad por inteligencia y experiencia... ¿lo dejamos?"

No sé qué responder, pero me da joda hacerlo... veremos si puedo salir de ésto, porque el veneno lo tengo en la sangre, y ver partidos mola, pero jugarlos...

Es mi rodilla, es mi tobillo...

Un saludo,

lunes, 4 de mayo de 2009

Los perros de ayer

Leo una buena historia de los Cínicos de Carlos García Gual, y primero, por aquello de meterme en materia, me pongo con las "Vidas de filósofos cínicos" de Diógenes Laercio, todo en un volumen de Alianza de esos que condensan en pocas páginas reflexiones y material para pensar un buen rato... o al menos, para pasar un buen rato.

Antes de nada, me llama mucho la atención una frase atribuida a Antístenes; "Las ciudades perecen en el momento en que no saben distinguir a los buenos de los malos". Parece la génesis de una novela negra propia de Dashiell Hammett, Jim Thompson o Raymond Chandler, o más actualmente, de una historia de Carvalho de aquellas que hacía Vázquez-Montalbán, donde ese detective reflexionaba ante una chimenea que encendía siempre con un buen libro de su amplia biblioteca. Solamente por eso, y por mantener las pocas reglas que hay en el género negro, merece ya mi respeto. Pero no divago, regreso a la frase de Antístenes.

Que ya hace 2.500 años se hiciera tal reflexión, sea en boca de Antístenes o de quien sea, dice mucho de lo poco que el ser humano ha logrado en materia de ética, legislación y moralidad. Oh, sí, se puede aducir que en los últimos decenios se han logrado ciertos avances, pero la verdad es que, en toda época y lugar, siempre se ha alzado una voz discordante que denunciaba la verdad; la corrupción del ser humano. Solamente variaban los nombres y los precios, pero la esencia permanece...

Habla mi amigo Óscar en su blog sobre Libertad, preguntándose qué es y por qué tantos la invocan hasta convertirla en palabra muerta. Para mí, el concepto de Libertad es sencillo. Que puedas o no obrar de la manera que sea, sabiéndote responsable de tus actos. Hasta ahí lo fácil. Lo complicado es que exista realmente la Libertad, porque siempre va a estar coartada por muchos y diversos motivos. Pero enumero algunos, dichos antes... la ética, la legislación, la moralidad...

Así pues, la Libertad es como la "Loreta" de "La vida de Brian". Quiere dar a luz, ser madre, ser mujer... pero es hombre. Así que se puede luchar por su derecho a ser Loreta, pero... ¡no puede concebir, no tiene matriz! aunque claro, ahora se podría investigar, aunque solamente fuera por ver qué pasa...

Sigamos. Si no hay Libertad real, entonces... ¿qué pasa? Pues que algunos la buscan y la fuerzan. Mil motivaciones habrá en un hombre para ser corrupto, pero no me negará nadie que también hay una, oculta, soterrada y atractiva; subvertir las normas, reírse de ellas, rebelarse en resumidas cuentas. Eso es lo que nos atrae más de los criminales, de los políticos corruptos, de los mafiosos, de los asesinos, de los que denominamos malvados... que ellos han cruzado el umbral y son lo que tememos ser, los malos, los perseguidos por las brillantes fuerzas de la Ley... y les admiramos. Entonces, ¿son ellos los malos y nosotros los buenos?

¿O quizá somos nosotros los malos y ellos los buenos? en un estado como la Alemania Nazi, muchos ciudadanos estaban convencidos de ser los buenos... de hecho, en la Alemania Guillermina, igualmente ocurría eso (germen de la anterior, la verdad) y no obstaba para que los malos fueran otros. Tú, lector, puedes ser uno de los dos, el malo y el bueno, y por tanto, al confundirlo, al no reconocerlo claramente, al ser tan difusa la frontera y tan borrosos los perfiles... ¡has hecho que caiga tu ciudad!

Los perros ladran a los que van a hacer algo malo contra ellos o sus amos. Así eran los cínicos, decían, cuando ladraban a aquellos iguales. El mundo siempre está ladrando, porque no existen verdades universales en cuanto a moral, ética o legislación, por poner algún ejemplo no sacado del mundo meramente físico. El mundo social, el formado por la interacción de los seres humanos, es un barrizal, un lodo, un fango donde se revuelven en el mismo merengue todos... y las únicas verdades que dan soporte a nuestra moral, a nuestro armazón vital, son aquellas que construimos con el tiempo, la experiencia, el error y cierto azar. No la reflexión, la inteligencia o la duda, ni siquiera lo denominado "bueno" de por sí... y en ese relativismo, no hay Kosmos, solamente... lo que decidamos nosotros.

De los ladridos uno suele huir, porque son verdades, y cuando se pasa al mordisco... pero eso es otra historia.

Ah, y otra gran frase, de las que me van gustando; la mejor dicha para un hombre, según Antístenes, es "Morir feliz"

Lo suscribo.

Un saludo,

sábado, 25 de abril de 2009

Un par de cines

Normalmente, suelo ir una vez por semana al cine con mi amigo Óscar. Vemos una película que sea divertida, alimenticia, curiosa, cutre, divertida... ayer jueves tocó la de "Señales del futuro" de Alex Proyas, de quien "Dark City" en su día me encantó, por atmósfera, principalmente... muy similar al juego de rol "Kult", inquietante, apocalíptico, generador de desasosiego y terrorífico a ratos. La cuestión es que la película, con el acartonado sobrino de Coppola, me resultó cuando menos interesante, ambigua y a ratos muy buena. La ambigüedad venía del trato al planteamiento en dos posibilidades sobre la existencia del hombre y el Universo; o determinista o probabilística... la primera, por supuesto, aparece rechazada por el protagonista, profe de física del MIT, pero por motivos personales. La segunda, que parece triunfar, yo la veo sin embargo como trucada y hábilmente dejada de lado en la respuesta final. A pesar de todo lo que sucede, de los parecidos con cierto libro de ciencia ficción que llaman en griego "libro de libros", y de los guiños cómplices a ciertas sectas, me decanto por la explicación probabilística... azar, puro azar. Y como dice un compañero suyo, más o menos, en cierto momento, "en los números puedes encontrar todo las respuestas que desees que estén, pero no las que hay en verdad..."

En suma, otra historia que, con visos de realidad (tiene momentos supremos, como el accidente aéreo) y una nueva visión apocalíptica (dejando de lado la Guerra Fría, que creó miedos nucleares, con mutaciones y escenarios post-bomba) basada en el fin del mundo por el deterioro de los ecosistemas, nos llega para dialogar con nuestros eternos miedos. Pero esa la visioné con Óscar...

Hoy viernes, he ido con Cristina a ver otra, una de Clive Owen llamada "The International" (ya ni traducen los títulos) en donde éste es un agente de la Interpol, ex de Scotland Yard (de donde venían Lestrade y otras lumbreras...) y obsesionado con hundir un banco que encarna los males del mundo; tráfico de armas, explotación de países del llamado "tercer mundo" y otras iniquidades similares. "Cara de palo" Owen (bueno, no es un insulto, Buster Keaton también portaba dicho apodo..." busca justicia en términos eternos, incorruptibles y universales, y se encuentra que la única cosa que vale es la venganza. Y ya está... porque la película, un entretenimiento con acción, algunas cosas curiosas y poco más, lo mejor que tiene es el enfrentamiento entre poderes fácticos, sin caer en la "conspiranoia" de muchas otras (el 11-M, sin ir más lejos...) aunque la perfile, para mostrar cómo, al final, todo queda "en familia", sin coñas...

En suma, mundo más cínico y menos inocente e ingenuo, me ha dicho mi Cris hoy. Es cierto, hemos perdido inocencia, y el humor de antes es ahora cinismo. Sarcasmo a veces, ironía las menos, cinismo las más... el mundo ya sabe que hay un destino; la muerte de todo. De las personas, de los lugares, de las memorias, de los valores. Y en el nihilismo subyacente a dicho pensamiento, soterrado pero real, que circula como sangre por las venas, o mierda por las alcantarillas, está la respuesta; nada vale todo, y todo vale nada. En suma, las cosas valen lo que nosotros las valoremos. Y quizá, cuando llegue el fin del mundo o de mi mundo, ya sea por un apocalipsis medioambiental, o por una guerra provocada por un banco cualquiera, espero que me pille, como buen ciudadano del siglo XXI que debo ser, en una buena orgía o en su defecto, fiesta de completa exaltación de los placeres.

Porque al final, la vida es efímera, el placer también lo es y todo se acaba en algún momento, por bueno o malo que sea para nosotros...

Un saludo,

martes, 21 de abril de 2009

Reflexiones variadas

Hoy es día de regreso a la rutina, la vuelta al pescante del carro mal conducido hacia algún sitio por caminos ignotos. Por eso no tengo ideas estructuradas, ni siquiera un hilo argumental a usar como excusa. Escribo, simplemente, por necesidad. Y gusto.

Mi trabajo habitual no me da ninguna alegría, lo admito. Mi vida recobra plenitud cuando estoy inmerso en alguna de mis aficiones, demasiadas, me temo. Hace un par de semanas, pude jugar una partida de rol en vivo. ¡Qué frívolo! puede ser, pero lo disfruté, me divertí, reí, experimenté sensaciones adormecidas u olvidadas... qué gusto. Hace menos de una semana, he desfilado con el grupo de reconstrucción y los miembros de la Asociación a que pertenezco por Roma. A pesar de que el Tíber decidió caernos encima, fue una experiencia que no puedo dejar de agradecer. Festival, carnaval, pero también un momento para disfrutar, recorrer la ciudad y volver a sitios conocidos y descubrir otros que quedaron en el tintero.

Me gusta viajar, está claro. Me encanta la historia, leer sobre ella, participar en la reconstrucción, parcial, ínfima, fragmentaria, incompleta, de un período, la Roma republicana. También la de Grecia, no en vano estoy ya en otro grupo más... me encanta, vamos. También jugar al rol, aunque últimamente, mi grupo habitual se me hace quizá un tanto más conocido, y por eso la novedad del rol en vivo me ha despertado las ganas de variar de gente y formas de juego, o refrescar las que ya tenemos. Adoro el baloncesto, si bien lo practico cada vez menos, por mi mala forma física, y lo veo cuando puedo, como éste sábado, en que espero que la leyenda del Estu se agrande y en temporada mala como ésta gane a los del Madrid... y disfruto pasando ratos sin tiempo con la gente, con mi gato, y, cómo no, con Cristina, que aun no sé cómo calificarla (no es "mi" chica, porque no la poseo... ¡menuda es!)

Mi trabajo, reitero, me aburre, me resulta insípido y no es más que una molestia para poder seguir viviendo a mi aire. Si por mí fuera, no iría ni un día, y desde luego, no tendría nostalgia de él ni de nada de lo que le rodea. Empero, trato de hacerlo lo más soportable posible, y si las microrrevoluciones que propugna Onfray son posibles, qué mejor ambiente para iniciarlas que en el trabajo.

Vana y aburrida vida burguesa, pensará más de uno al que le responderé que, personalmente, me da igual su reflexión. Sé que éste mundo está podrido, que tengo más privilegios que muchos, que disfruto de una posición desahogada, que tengo fortuna y felicidad envidiada por otros... ¿y? mi insatisfacción personal no está únicamente en lo que cuento.

A veces siento que las personas somos capaces de muchas cosas. Pero eso siempre implica renunciar a otras. Esto es, podemos ser grandes estadistas, al precio de perder dignidad, de no atender a nuestros seres queridos como querríamos, de ser odiados por muchos... podemos ser grandes escritores, al precio anterior, más el de no llegar a tener faz pública... podemos ser grandes benefactores de la humanidad, al precio de renunciar a la comodidad, a la buena vida... la renuncia, tan querida por algunos, es para mí una cuestión improbable, pero no imposible. Puedo renunciar a pequeñas cosas, incluso a grandes cosas, si las circunstancias lo exigen, pero no lo haré voluntariamente salvo que piense que debo hacerlo. Puedo partir de cero; mañana podría estar sin muchas cosas, y no sentiría que he perdido, al contrario. Sentiría que es una nueva oportunidad para empezar algo diferente. Llevo tiempo sin darme golpes fuertes con la vida (si bien a veces me he llevado algún pescozón, para que no me olvide y quede insensible a la misma) y quizá los echo de menos... la desgracia, la infelicidad, un poco de amargura... no los quiero, pero los añoro en parte... es compleja la forma de pensar que expongo, pero igual que Rutger Hauer, "Roy Batty" en Blade Runner, necesitaba traspasar su mano con un clavo para seguir sintiendo la vida, con todo su dolor, yo quizá necesito algo así... el deporte, con el que siento una identificación más propia de Garfield que de un atleta de Pentatlón, es uno de los acicates. Puede que volver a estudiar una oposición (un castigo mental de proporciones insufribles...) sea otro...

Desde luego, otra cosa que ha hecho el tiempo en mí, y no solamente mella, como dirá el típico periodistucho (ah, otra de mis reflexiones; perdonen la digresión, pero ¿ya nadie sabe escribir en España? se nota y mucho la llegada de las generaciones de los menores de 25 años a la prensa, a los medios de comunicación en general... la expresión de ideas, de conceptos, de sucesos, de hechos, de sensaciones... todo eso se está perdiendo gracias a los nuevos y mal preparados alumnos que, poco a poco, se han ido formando con limitaciones impuestas desde arriba... "haber" si no de qué ahora nos encontramos gente en apariencia inteligente que resulta incapaz de contar un hecho adecuadamente... perdón por el malévolo guiño...) digo, periodistucho, por retomar el hilo, el tiempo ha logrado que pase más por el tamiz las relaciones que mantengo con muchas personas. Si antaño ciertos amigos lo eran, ahora no son más que recuerdos vagos e imprecisos, a veces incluso molestos y negativos. Otros que pensaba mal amigos o enemigos, resultaron ser al menos honestos y capaces de percibir en mí mi verdadero ser, y ahora me son gratos y cordiales. Y muchas personas de las que sospechaba su esencia, ya fuera ésta huera, malévola, incapaz o cualquier otro adjetivo negativo, simplemente lo han confirmado. Poco cambian las personas, me temo, y como mucho, adquieren habilidad con el tiempo para enmascarar mejor su ser, para expresarse con más capacidad o para hacer cosas nuevas de diferente índole, pero su esencia, aquella que se formó en la infancia, en la juventud, apenas cambia. Y como decía mi madre, sabia leonesa, mujer instruida en la escuela de su vida, que no en las públicas o privadas, que buscaba siempre la palabra adecuada para encajarla en la frase más cercana a su pensamiento, "obras son amores, y no buenas razones". Proverbio soberbio, cacofónico o aliterado, según se quiera leer...

En mi limitación, he intentado exponer algunas de las reflexiones que hoy me han venido a la mente y que he atrapado como escurridizas ranas en la charca de mi mente para convertirlas en cagarrutas de mosca propias de un juntaletras como yo. No dejo de escuchar entre mis oídos esa canción de Discépolo que me parece epítome de todo, la que comienza con "Que el mundo es una porquería ya lo sé... en el 506 y en el 2000 también..."

Ah, y otra reflexión. Alguno que lee esto me dice que escribo bien. Gracias por el piropo, aunque sea más elogio bienintencionado que realidad. Otros me dicen que no sé escribir para según qué nivel sea del lector, pues trufo de palabros raros mis textos y salpico con cultismo u ocultismos varios el mismo, a lo cual diré que si no se tiene capacidad para entenderlo, pues se pilla el diccionario y arreando, como he hecho yo en más de una ocasión (y continúo... cómo adoro mi "María Moliner", regalo de una gran mujer... ¡Cristina! a la que quiero y no tengo reparo en decirlo, otra digresión más... mujer como ella no conozco alguna, con decenas de atractivos...) y no es motivo de desdoro. Los más ni lo leerán, para qué... las reflexiones obtusas de un pretendido "intelectual" o "pensador" que no tiene más que pose y algo de vocabulario... en todo caso, digo esto en alto, para todos; me resulta indiferente.

Y así, en la pequeñez de un cuarto matruchero, de la vida burguesa, urbanita, funcionaria, inquieta, sí, pero acomodada al cabo, termino mi texto de hoy, por hoy, pedacito más de vida misántropa, y me retiro a la lectura de cómo en 1916 se mataban en Europa y aledaños unos cuantos millones de seres por motivos varios. Es apasionante...

Un saludo,

lunes, 20 de abril de 2009

Roma

Acabo de volver de la capital italiana, lugar sugestivo, presuntamente eterno y centro de muchas cosas, no todas buenas. Y sigo con la misma impresión de la última vez; ciudad caótica y abigarrada, aunque despreocupada, plena de vida, palpitante, única. Los turistas, casi ahogando a los nativos, suponen una barrera (como en todo viaje) para penetrar y comprender la vida del momento, ese inaprensible pedazo que siempre fluye a nuestro alrededor. El idioma, otra barrera, pero mínima, hace el regreso a instintos primarios más acogedor, a la fuente misma de la comunicación. Todos los sentimientos, tan desordenados como el tráfico romano, se agolpan y salen después, una vez ha pasado el marasmo de la visita.

Quedan impresiones; volver a pasear por la vía de los foros, despropósito fascista, contemplando a ambos lados restos de las ampliaciones de lo que una vez fuera ciénaga. Como una cicatriz en el suelo, de cuando en cuando éste vomita restos de una calidad insuperable, pegados a la ciudad de manera inextricable. El foro clásico, el Anfiteatro Flavio, los distintos arcos de Constantino, Tito o Septimio; paseando por una calle densa en tráfico humano y rodado, otro complejo de templos ocupado por felinos temibles; saliendo de las zonas más turísticas, encontrar un templo, un circo o una iglesia superpuesta a un templo, aunque no menos escandaloso que el aprovechamiento de un teatro para hacerse casas encima; pasear por las calles y pasar de la maravilla de la Fontana di Trevi para sentir el vuelco en el corazón cuando la majestuosa y pesada forma del Panteón aparece de pronto, y entrar, tratando de obviar los postizos católicos, para contemplar la pureza de la cúpula y la sencillez y genialidad de su arquitectura... Roma es eso, y más, mucho más; el barrio judío, con singularidades propias de quien adapta el lugar a su vida o su vida al lugar, el bohemio y relajado barrio del campo de las flores, reducto del buen vivir, o las ajetreadas y demasiado modernas calles entre la Plaza del Pueblo y la de España... perderse también entre los árboles en primavera por los jardines de los Borghese es un privilegio, como poder contemplar tres de las obras maestras de Bernini; su David cargando la honda, el Apolo que no quiere perder a Dafne o la Proserpina en cuyos muslos hinca los dedos el terrible Plutón...

Impresiones acentuadas por la sugestión y el sueño, el cansancio de caminar y la vida nocturna de terrazas, cafés, restaurantes, vendedores ambulantes (molestos) y muchedumbres, siempre, en todas partes...

Roma es una ciudad no sé si eterna, no sé si tan bella como creemos que fue, ni sé si tan especial como para tenerla siempre presente... pero es Roma... y el sueño que me provoca, cuando menos, ya la hace especial.

Y como todo se ha dicho, todo escrito, todo contado, terminaré con una simple reflexión; los lugares no son, los creamos nosotros... casi siempre.

Un saludo,

martes, 14 de abril de 2009

"Serenos, alegres, valientes, osados..."

Hoy ha vuelto a pasar otro día de aniversario, el 78, de la llegada oficial de aquella II República que todos prefieren ya olvidar. Enterrada por unos, vencida por otros, malinterpretada y malgastada por muchos, es ya una efeméride nostálgica, un jalón tan teatral como Casa Pepe en Despeñaperros. La llegada de aquel régimen destruido en una mezcla sangrienta de rebelión y revolución fue acogida con ilusión y entusiasmo, con esperanza, con gusto. Hoy no es más que una página en los libros, una excusa para hablar de temas actuales y una mala memoria para todos.

¿Mala? No tanto. En sordina se ha aprendido mucho de aquel régimen y aquellos momentos. Hoy vivimos muchos de sus logros como propios de generaciones posteriores, pero no es así. Fue de hombres que llevaban peleando contra la historia patria desde mucho antes de nacer nosotros. Regeneracionistas, la mayor parte, querían un sistema que les aproximara a Europa, al mundo; un empuje social, un cambio de mentalidad, una nueva forma de ser españoles.

Hoy, sin embargo, los más sensatos lo dejan como un recuerdo aparcado, como una nostálgica tarde de jueves en otoño, sentados en el parque, viendo las hojas volando. Se centran en el aquí y ahora, en el momento, sin reconocer que muchos de los problemas de entonces los seguimos teniendo ahora.

Soy republicano, creo que eso es evidente. No albergo esperanzas de ver una bandera de la III República Española ondeando en lugares oficiales. La burocracia pública se ha encargado de hacer eso inamovible, junto con otros muchos elementos. Pero sí a tener una Res Pública en un sistema que se pueda llamar como se quiera. Ya el Quijote la mencionaba en cuanto a cómo dirigir y ordenar sus asuntos, y desde los tiempos en que ser español era algo indefinible, se ha buscado siempre gobernar lo ingobernable, en palabras de más de un desencantado intelectual. Pero quizá, quizá, se pueda luchar por una serie de valores que estaban allí, entonces. Una sociedad más justa, sí. Un sistema social de educación y sanidad, de empleo, equitativo, suficiente y capaz. Un gobierno lo más democrático posible, con la participación de los ciudadanos. Esa sería mi República... en lo ideal.

Serenos, esto es, apacibles, sin perturbaciones sentimentales ni turbación alguna... alegres, sonriendo a un futuro ignoto... valientes, sin temor a lo que pueda o deba llegar... y osados, atrevidos, descarados... creo que es una receta de triunfo, de victoria, que nunca envejece.

Y no nos equivoquemos; se puede ser de muchas ideologías diferentes y ser republicano. Que no lo secuestren un puño en alto o varias consignas facilonas... y desde luego, separando las religiones del Estado, que, como todos sabemos, aunque queramos negarlo aun hoy, influyen, y mucho, en nuestra vida, acervo y decisiones.

"¡Volemos, que el libre
por siempre ha sabido
al siervo rendido
la frente humillar."

lunes, 6 de abril de 2009

En ocasiones...

A veces, una persona, conociendo íntimamente que su pensamiento es favorable a un cierto curso de acción o pensamiento, decide ir en contra de ello y no defender esa postura, por razones nada lógicas y sí muy viscerales.

Esa manera de actuar, tan propia de nosotros, la especie humana, genera entonces grandes contradicciones, y así, personas que dicen amar la especie, actúan en su contra; individuos que afirman buscar la felicidad general, producen el efecto contrario... y así, de continuo...

La hipocresía es un acto rebelde para con uno mismo. Y es, a mi juicio, uno de los grandes males del mundo que habitamos, construyendo o destruyéndolo. Se trata de un persistente juicio contra los demás y contra nosotros. Así, el que preconiza la nefasta influencia de una idea en la sociedad pero luego la sigue, es hipócrita. Es hipócrita el que decide plegarse a los vicios adquiridos por otros (familia, principalmente, o amigos, también) y, por ejemplo, se casa por la religión que sea, cuando se autodenomina no creyente, agnóstico, no practicante o pasota, simplemente. Es hipócrita el que sugiere a los demás un modo de actuar que luego no lleva a la práctica. Y la contradicción tan amplia, tan grande, en ese modo de actuar contrario al de pensar, produce grandes males.

Los políticos ejecutan dicho arte con soberbia maestría. Igualmente muchos de los llamados "intelectuales" en diferentes aspectos. Pero no son más que actores perfeccionados, provenientes de la misma sociedad que los encumbra y admira. Berlusconi puede caer mal, pero gana en Italia. Aznar podría ser la pérfida derecha, como ahora Esperanza Aguirre, pero triunfaron en sus elecciones. Gallardón puede jugar al despiste de ser derecha moderna, pero no lo es. Y Zapatero querrá ser recordado como estadista internacional, pero se queda en un gran hueco.

En ocasiones, cuando alguien dice la verdad, preferimos hacer oídos sordos, ignorar las palabras hirientes, responder con argumentos defensivos, de la infancia, o simplemente, ofendernos. Y, cada día más, es complicado encontrar personas capaces de expresar, con hiriente franqueza, las palabras que no deseamos oír porque nos arrancarían de la falsa placidez de nuestra existencia. Pero en ocasiones, la anestesia aceptada e inducida desaparece, no queda más remedio que escuchar a esos niños que denuncian al rey desnudo y, quizá, solo quizá, hacer caso.

En ocasiones, claro. El resto del tiempo...

Un saludo,

viernes, 3 de abril de 2009

Entre la Tierra y la Nada

Me resulta curiosa la facilidad con la que nos acostumbramos a todo, desde lo mejor a lo peor. Parece que tenemos una adaptabilidad en la especie que nos hace supervivientes natos, aunque eso signifique mutilar nuestras aspiraciones. La felicidad, una coartada ante cosas peores.

Digo ésto porque llega un momento en la vida que parece semejarse demasiado a la ataraxia. De pronto, nada resulta especialmente interesante, o pierde atractivo. Igualmente, las maldades o cosas negativas de la vida reducen su potencia quedando en meras anécdotas. Así, las mujeres siguen siendo guapas, atractivas, pero carecen de un impulso arrollador que nos lleve a ellas con cierta locura. Igualmente, las muertes contadas por docenas son, al menos, algo atrayentes, pero si bajan de esos números, carecen de interés. Los sentimientos quedan reducidos a su forma nominal, un concepto abstracto que duerme aletargado bajo la piel, fríamente. Esa ataraxia se parece entonces a cierto tipo de muerte en vida...

Así pues, quedamos entre éste mundo y... nada. Nada más. La esperanza, tantas veces maltratada, se reduce a un viejo edificio en escombros del que reconoces las habitaciones, pero que no es habitable. Los alrededores son espacios vacíos, anulados, donde nada se mantiene en pie... alrededor de las rutinas, de las mismas cosas, de los mismos quehaceres y divertimentos, existen lugares desconocidos, como para un explorador de antaño las selvas o los océanos... aunque a diferencia de aquellos aventureros, hoy nadie se atreve a recorrer sendas ignotas ni a transitar caminos si antes nadie los ha cartografiado. Así pues, la nada es olvido, olvido de lo que antes conjugábamos con fervor. Sentimientos, ideas, calor en la piel, sudor, gritos... atrevimientos, palabras no silenciadas, reflexiones irreflexivas y silencios innecesarios... la nada, alrededor, toma posesión de ese nuevo espacio.

Entre la Tierra y la Nada, la separación es mínima. Y caer en el dulce olvido, en la irritante pasividad, en esa Nada acogedora, máxima, subyugante, es lo más fácil...

Nunca, quizá, la Ataraxia fue peor acogida. La felicidad, estado transitorio, resulta siempre igual de inalcanzable, y tan malo es perseguirla siempre sin más, como olvidar su existencia... la tierra nos sea leve a todos.

Un saludo,

martes, 17 de marzo de 2009

Mateo 5:29 "Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros..."

Así reza uno de los dichos que por lo visto soltó Jesús, al que convirtieron en el "Ungido" y dotaron de miles de actos ya conocidos como levantar muertos (igual que Asclepio) o resucitar él mismo (como Mitra) entre otros. Lo pone en su boca, presuntamente (apliquemos el lenguaje moderno al tema) el tal Mateo, San de comienzo. Llama la atención por lo que dice, puesto que, pensado de manera literal, el mundo estaría desde entonces, si se fuera buen seguidor de éste hombre (o lo que dicen que dijo...) tuerto.

Quizá sea ceguera lo que se tiene, pero no puedo dejar de pensar en la gracia del aserto. Desde que el final de "El hombre con Rayos X en los ojos" me lo revelara por primera vez, con su inquietante grito social presionando al protagonista de "¡¡Arráncatelos!!" me ha venido a la cabeza en distintas ocasiones. La última, a cuenta de una reacción sorprendente en inicio y luego bastante molesta.

Parto de la base de que éste blog es mío, que aquí digo lo que me place y que, esto es lo fundamental, quien quiere lo lee, y, quien no, pues lo ignora. Por tanto, absténganse como dice mi amigo Andrés, meapilas y demás caterva, vástagos de la estulticia, de comentar nada, que nada comentaré en réplica. Y así, sin derecho a réplica, dúplica o rediós, prosigo.

Digo que el dicho de marras se las trae y me gusta, porque denota la imbecilidad más absoluta, la literal maldad de las religiones, concretamente las basadas en el cristianismo, y, desde luego, la lamentable propuesta que se hace. Pues si buscamos hacer tuertos, para dirigir a ciegos que ven muy bien, ¿qué abismo ha de acoger a esa reata encordada? si bien es cierto que también puede sacarse una lectura sencilla; si tus ojos te dan ocasión de ver algo impropio, olvídate y pasa de ello. Y lo de perder algún miembro...

Yo tengo que aguantar muchas tonterías al cabo del día. Hoy mismo, el rebuzno sobre los linces y los bebés por parte de los clérigos. Tema que últimamente me resulta recurrente. Mis ideas son sencillas, casi simples. Mujer, tú decides. Hombre, tú acompañas. Sociedad, no te metas; ayuda. Hay un histerismo cultural acoplado a la especie que le lleva a magnificar muchas cosas, entre ellas, la crianza de un niño. Pero eso, que es de por sí importante, no es excusa, razón, argumento o pedernal para encender respuestas inflamadas y carentes de lógica. La religión, siempre la misma problemática... directa o indirectamente, jodiendo la vida.

Lo cierto es que yo, si mi ojo derecho me da ocasión de caer, o bien miro a otra parte, o pienso que qué diablos, quizá merezca la pena darse de bruces con la tentación. Pero si he de perder algún miembro por culpa de su ceguera... allá quede.

La vida es compleja, sí. Pero más la agriamos con disputas que no vienen a cuento. Ojo, nunca rehuiré la confrontación, pues de la carrera hacia atrás no se suele sacar nada salvo tropezones. Así que termino con mi frase de hoy;

Soy quien soy.

Un saludo,

viernes, 13 de marzo de 2009

Cuanto más conozco a cierta gente, más quiero a mi gato...

Sí, sin duda. Al bicho éste le dan igual las regañinas; pueden asustarle un poco, pero luego está otra vez corriendo, mordiendo en juegos los dedos de mis manos y pies, saltando, maullando, tumbándose en cualquier sitio, entre mis brazos o en el sillón, de donde le echamos en cuanto se pone a arañarlo o reptar por debajo de la funda que hemos puesto y que, por supuesto, él elude... si no duerme, está cotilleando, curioso, el mundo de alrededor. Persigue moscas con la misma intensidad que un banquero comisiones, escarba y come las plantas que tenemos, lame los yogures como si no hubiera más días en el mundo... entrecierra los ojos y se me pone tierno, ronroneando, dándome golpecillos con el hocico, lamiendo mi nariz, apartándome con la pata... y es un bicho con una cualidad clara. Es como es, sin más. Lo bueno y lo malo descrito se debe aceptar. Igual que los buenos momentos, están los malos. Igual que golpea la puerta del dormitorio a las 6.30 de la mañana mientras gime desconsolado, también se echa en mi regazo y duerme ronroneante mientras le acaricio el suave y sedoso pelo... es un mismo ser, lo tomas o lo dejas.

¿Por qué le quiero más? Porque no me miente. Porque como he dicho, es como es. No lo llamaré persona, como muchos amantes de mascotas que antropomorfizan a su animal. Sí hablo con él, como se hace con las plantas, para expresarme, y a él, mis palabras, le saben al aliento con el que las pronuncio, sin más... detecta mis tonos, claro está. Si son violentos, se asusta y se va de mi lado. Si son cariñosos, se queda lo que le apetece para luego irse si alguna otra cosa le apetece más, como tumbarse en un alfeizar al sol. Insisto, no me miente, ni le miento... puedo jugar con él, engañarle con quesitos para cortar sus uñas, sacudir el pienso para que venga a comerlo y de paso acariciarlo... en todo caso, no hace nada que no desee hacer.

Hay personas en cambio que se mienten a sí mismas, que se engañan, y que por supuesto, igual que aquellos que no se quieren a sí mismos, acaban engañando y mintiendo a los demás, despreciándoles. No es necesario un fingimiento absoluto. Simplemente, con ocultar, tergiversar y manipular las verdades, vale. Desde luego, el primer paso, el peor, es no reflexionar sobre ello, y persistir en el error...

Mi gato, como digo, no miente. No puede. No habla. Por eso son sus acciones lo que me muestran su forma de ser. Hace mucho tiempo que, para mí, entre otras cosas, las palabras son instrumento para comunicar, no espadas de doble filo para cortar miembros o pistolas cargadas. Me resulta más definitorio lo que alguien hace que lo que dice. "Obras son amores, y no buenas razones", decía mi madre. Qué razón. Si veo a mi gato relamiéndose porque le he puesto comida que le gusta, sé que está contento, y si se me acerca a frotarme, a darme lametones, lo interpreto como que sabe que yo se la he puesto. Es su agradecimiento. Igual que, si le echo o grito, eriza el costado y se va, porque le he asustado.

Cuanto más conozco a ciertas personas, con el paso de los años, más me doy cuenta de que, por razones varias, las hay que merecen la pena y las hay que estaban de paso. De las primeras, apenas conozco, la verdad. Con ellas trato de cultivar cierta amistad, que para mí, en primer lugar, se basa en la sinceridad y la honestidad, en la claridad y en sentir, conjuntamente, una buena relación, una buena sintonía. Si eso no existe, hay que vivir en sociedad (¡Ja! como si la "Sociedad" no fuéramos nosotros, todos... vaya entelequia) y por tanto respetar una serie de formalismos. Pero también es verdad que yo, eso, lo llevo mal... siempre veo a los reyes desnudos (será mi pertinaz republicanismo) y siento que son jirones esos ropajes. Malo si se denuncia. Quedan las personas de paso. Muchas, muchas hay... pocas dejan huella, más bien, amargura en el gusto, tacto rasposo, ruidos cacofónicos, imágenes desagradables y olor a podrido.

Cuanto más conozco a ciertas personas, más quiero a mi gato. Él huele mal cuando sale de su arenero. Lame con lengua rasposa, pero su intención, y sobre todo el acto, es bueno. "Ey, es mi lengua... ¡haberte comprado un perro de aguas!" podría decirme. El tacto es sedoso, placentero. Su compañía, llena de maullidos y ronroneos agradables. Y desde luego, es muy atractivo, rubio, con la pechuga blanca y las patas que parecen enguantadas también de blanco claro...

La vida es corta, y perder de vista lo importante, una ceguera. Por eso, me admira lo bien que ven los gatos de noche... ¡vaya ojos!

- Dedicado a mi gato, Remo, de esa especie que tanto acompaña a los misántropos durante toda la historia -