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martes, 3 de marzo de 2009

Modelos

Es difícil construir la vida que uno desea sin más, sin referencias, en un entorno donde las facilidades no existen, o, al menos, no son generales. Normalmente, copiamos y seguimos referentes que nos guían por caminos ya transitados, y por tanto, más sencillos para nuestro paseo por el mundo. Pero cuando crecemos, vamos dándonos cuenta de lo complejo que es todo, de los miles de reflejos que hay en el cristal del Universo y de las caras que reflejan esas luces, que no son tantas...

Por eso, la vida consiste, como un basurero, en ir encontrando en los vertederos cosas que nos valgan, que nos satisfagan. Mi hermano definió un día ésta idea, y la copio aquí... primer modelo. Pero también consiste en construirse los muebles con los que adecentaremos la casa de la vida, muebles que pueden ser muy bonitos para los de fuera o, por el contrario, simplemente funcionales. O muebles bellos, que produzcan placer estético, y a la vez resulten cómodos y agradables para nuestro reposo y felicidad. Otro modelo, Conan Doyle por boca de Sherlock Holmes. Y cuando tenemos la casa amueblada, nos damos siempre cuenta de que ciertos sofás, alguna silla, ese armario que no es del todo útil, hay que cambiarlos, tirarlos, remodelarlos... Modelo Ikea.

Leyendo cualquier cosa, me doy cuenta de la vasta ignorancia que poseo. Todo un capital de desconocimiento, un caudal de incultura. Ese amplio vacío me sirve para pensar en todo lo que puedo buscar, inquirir, preguntar y tratar de averiguar. Antaño, inventaba cosas que no leía, y olvidaba mucho de lo que leía, de suerte que hoy puedo reconocer un libro y si lo he leído por las sensaciones que me dan sus tapas o las hojas, incluso algún párrafo... me pasó no hace mucho en la biblioteca de mi barrio al mirar entre los anaqueles alguna narración de otros tiempos. Y hoy resulta que las ficciones me siguen gustando por lo reales que son (imaginar mundos que son éste y otros que pueden ser...) y los libros de historia, de antropología, de filosofía, de ensayo, biografías... me encantan por lo ficticio de sus narraciones.

El vacío, no obstante, no se llena, se rellena. Porque sin espacios en blanco, sin lugares para respirar, sin agobios, no se puede vivir. Es como la necesidad de un parque en la ciudad, de un monte cerca, de un río, del bosque... el abigarramiento intelectual es como el de las ciudades; asfixia. Mi madre lo llamaba "extorsión"... y me encanta ahora el término. Es la extorsión mafiosa de la conciencia...

Pero sigo con los modelos. Porque de eso trata éste mensaje. Los modelos de mi infancia, de mi juventud primera y de ahora, juventud intelectual, eran muchos y variados. Nietzsche fue uno; puro fuego entre las hojas... me encantaba como he dicho más de una vez Michael Ironside, a quien vi primero en "V". Era la encarnación del pragmático superviviente con estilo... nada de la ñoñería de Donovan o el resto. Era duro, real. Baroja y sus novelas filosofadas. Los cómics de desastres de los años 80 y 90. Corto Maltés, de quien querría ser todo... menos él mismo, porque entonces no sería. Sexto Empírico, de quien aprendí lo absurdo de todo y sobre todo, de ciertos sistemas de pensamiento. Azaña, en quien veía un estadista hasta que conocí la figura de Negrín, mil veces más amplia. Y puedo seguir... creo que en facebook puedes hacerte admirador de muchas personas; yo lo he hecho con muchas de mis aficiones y filias.

Seguir un modelo, de todos modos, tiene sus riesgos. Yo quería de niño tocar el violín como Holmes, y luego, tras ver la película de Billy Wilder, coquetear con la droga. También seguí un modelo en mis amigos de la infancia a los que conservo casi en su totalidad; el silencio de Emilio, la autoconfianza sin límites de Igor, el desparpajo de Iván, la alegría de Cruz, la tormenta y locura de Ibáñez, la serenidad de Oscar, la inteligencia de Rafa... hay mucho que he aprendido, imitado y desechado de ellos.

El riesgo, no obstante, está implícito en la vida. Sin él, todo carecería de sentido. ¿Para qué apostar si se conoce de antemano el resultado? ¿Por qué innovar algo si lo conocido funciona? la inventiva, la intuición, el chispazo fugaz que nos revela durante un instante la naturaleza de una porción del Cosmos, como orden, es otro de los modelos a seguir, gracias al riesgo... porque una especie de fractura abre la vista a un panorama nuevo, inmenso, vasto como nuestra ignorancia... y es, de pronto, bellamente aterrador... asomarse a los remolinos de la vida puede arrojarnos a ellos; no vale ser un espectador.

Ni tampoco ser modelo de nadie, de otros. Solamente, y es bastante duro ya, de uno mismo.

¿Por qué será que recuerdo una imagen de una estatua de arcilla de un hombre con escoplo y martillo, tallándose a sí mismo?

Un saludo,

jueves, 26 de febrero de 2009

Silencios

Hay veces que nos quedamos callados, sin escuchar nada, y nos vemos pronto inmersos en un pensamiento propio, incomunicable, al cual nos dedicamos concentrados. Es en el silencio, puro, sin ruidos de ningún tipo, donde podemos de pronto depurar las ondas del lago herido por las piedras ajenas, dejando el agua lisa como una lámina de cristal... el silencio.

Hay silencios impuestos, como los dictatoriales donde ninguna voz puede alzarse. Es entonces cuando todo queda dentro de nosotros, un silencio incómodo, cómplice con el autoritarismo, un silencio rabioso, un silencio nada productivo, porque genera odio, resentimiento, dolor...

Hay silencios que consienten, tácitamente, puesto que no dan voz a pensamientos contrarios, a disidencias necesarias. Silencios que se imponen las personas.

También hay silencios calmados, tranquilos, de aquellos que escuchan, oyen, leen, miran, esperan y reciben. Silencios donde se trabaja la palabra, donde, como en una fragua, resuenan los martillazos briosos que dan forma a las hojas de acero del verbo. Silencios por tanto metódicos, elaborados. Son las forjas de la reflexión.

Pero hay silencios estúpidos, innecesarios, que no quieren ser consentidores, pero lo son, que no desean alzar una voz discordante, pero lo hacen con estridencia, que quieren parecer inteligentes pero no son más que la falta de ideas... esos silencios nada aportan, nada merecen y nada gustan.

Hay muchos tipos de silencio. El de la casa vacía que espera a sus habitantes, presentes, pasados y muertos o futuros por llegar. El de los mudos, que tratan de ser elocuentes por diferentes vías. El de los sabios, que temen romper su máscara. Hay tantos...

Pero me quedo con uno, el mayor de todos. El silencio de la muerte.

Es inapelable.

Un saludo,

miércoles, 25 de febrero de 2009

La sociedad somos todos

Viene a cuento porque parece que enseguida preferimos derivar cualquier responsabilidad a un ente abstracto que, sin embargo, formamos todos. Cuando se dice que "la sociedad pide la pena de muerte o al menos la cárcel perpetua" no es cierto, no lo piden todos. Lo piden personas concretas que vociferan, gritan o amplifican ese grito. Cuando también se dice que "la crisis golpea con fuerza todas las capas de la sociedad" lo que se está obviando es que no todos los que la formamos tenemos las mismas capacidades, oportunidades y riquezas.

La sociedad no es como un dios más, abstracto y ajeno al hombre. Es un producto del hombre como la política, la religión, la ética o la lógica. Y se representa con las mismas herramientas inventadas, el lenguaje propio de cada uno. La culpa, en definitiva, no es de la sociedad, si no de individuos.

El debate siempre es el mismo; masa o individuo. Como masa, somos un ente amorfo, carente de inteligencia, manipulable y arrollador. Como individuos, somos capaces de razonar, de encontrar diversas soluciones a los problemas, de ejercer estrategias más a medio o largo plazo. La masa es otro concepto, pero sirve para que las responsabilidades nos resbalen como individuos.

Yo no pido por tanto ni la pena de muerte, ni la perpetua, ni estoy con aquellos que defienden a uno u otro partido político, ni soy amigo de identificaciones masivas. Y soy un miembro más de la sociedad...

Acabaré diciendo que tiene mi admiración el tipo de Lazkao que bajó a la calle y la emprendió a martillazos contra una herriko taberna de esas. Al menos, él dirigió su martillo con tino a la fuente de sus males inmediatos. Yo, como individuo, ¿contra qué debo comenzar la labor de demolición?

Un saludo,

lunes, 9 de febrero de 2009

Días de ayer...

No hay que sorprenderse de lo que ha pasado hoy, y pasó ayer, y hace días. ETA vuelve a poner una bomba, los independentistas gallegos boicotean una marcha y los trabajadores ingleses, espoleados por sus líderes, reclaman trabajo para ellos antes que para los de fuera. El nacionalismo sigue vivo, con modificaciones tangenciales, pero no estructurales.

En España hemos vivido un nacionalismo excluyente, inventado y radical. Desde el siglo XIX, en que muchos estados fueron nación, sufrimos un proceso político que aglutina lo peor del ser humano y sus sociedades. Antes fue el nacional-catolicismo de estructura falangista (que no ideario) y ahora son los neofascismos nacionalistas locales. En Madrid, por ejemplo, llevamos viviendo un proceso de nacionalización encubierto, porque no tenemos lengua propia y diferencial (de hecho, es una seña de identidad de ese nacionalismo encubierto) pero que no quita para sufrir los mismos males. Discursos basados en el humo, la falsedad, la retórica hueca, para ocultar los problemas estructurales y coyunturales de un sistema que surte las bambalinas del espectáculo nacionalista. Tramoya...

Me hacen gracia los gallegos, igual que los vascos, o los leoneses de nuevo cuño, los asturianos y su bable, el catalanismo provinciano, el valencianismo que es como el anterior en pobre, los andalucismos y sus realidades nacionales, la guanche diferencia canaria, y así hasta llegar a una villa de Burgos llamada Aranda de Duero, en cuyas escuelas se conoce muy bien la geografía local, ríos, montes, bosquecillos, prados, fauna, botánica, fábricas de Pascual y hasta las variaciones del lenguaje con ese soniquete cantarín que los hermana con México. Pero mi sobrino putativo no sabe nada del Guadiana, del Júcar, del Ebro, de dónde está el Almanzor o la Sierra de la Cabra, menos aún dónde cae el románico pirenaico, porque lo único interesante es el gótico de la Catedral de Burgos. Y así con muchas cosas...

¿Es culpa suya? No. Los nacionalismos españoles (pues lo son) han enseñado que, aunque estemos en el siglo XXI, se pueden reinventar para cubrir la triste realidad; que con ellos se copa una administración autonómica, provincial, local, triplicando a costa del ciudadano las administraciones sin eficacia, pero creando parlamentos, juntas de gobierno, diputaciones, todo tipo de lugares para acoger a la política de éste país que gusta de chupar del bote, digo, de los impuestos que pagamos. En algunos países nórdicos están ahogados a impuestos, pero a cambio, los políticos son administradores de lo público y lo gestionan de manera útil para el ciudadano. Así no importa pagar más impuestos... aquí, con ellos, pagamos sueldos, corruptelas (el ladrillo, los despachos del presi de Galicia, las corruptelas de los amigos de Aznar, los chanchullos de la Expo en Zaragoza, y así hasta el fin de los días...) y lo que sobra, calderilla, junto con las ayudas de la UE, se usa para asfaltar la carretera que lleva a la urbanización del prócer de turno, o abrir la escuela justo antes de elecciones, o hacer promesas que luego se agotarán en cuanto el dinero deje de afluir...

¡Viva el nacionalismo! Gracias a él, olvidamos quiénes somos, nos convertimos en bestias, hacemos el juego a los sistemas capitalistas, excluyentes, privativos y contrarios a la felicidad del ser humano. Ahora, si me lo permitís, me voy a reír de aquello que decían los socialistas de "libre circulación de trabajadores y mismos derechos en todas partes" leyendo más noticias de los "British workers"... aquí estamos empezando.

Un saludo,

domingo, 25 de enero de 2009

I'm fed up and tired about religion

Aviso internacional: I HATE religions all over the world. They have just created the WORST of all conditions for human life and the living creatures around us. They must be ERASED from Earth.

Traducido, que estoy muy harto. Poner pegatinas descafeinadas en buses diciendo que probablemente dios no existe (tibio, cobarde, neutro) provoca la respuesta encendida de un ultraderechista y ultraconservador como Rouco, la descalificación de periodicuchos escritos por peridistuchos y gentuza variada, como un "ataque a derechos fundamentales, principalmente el de la libertad religiosa". Pero vamos a ver, ¿qué entiende esta gentuza, esos sotanás, esos castradores por "libertad religiosa"? ¿que solamente ellos tengan potestad para dirigirse a los sentimientos de las personas, sean los que sean?

Yo de momento ya lo tengo claro, dios en minúscula. No merece que sea correcto gramaticalmente. Y además, una declaración clara; todo aquel religioso que me insinúe una sola vez algo de su dios, de su religión, cualquier cosa, percibirá dos reacciones; la primera, de absoluto rechazo. La segunda, al ver que no sirven de nada los argumentos, puesto que es un sentimiento, de indiferencia e incluso tratamiento despectivo. Estoy harto.

Las mujeres, como siempre, foco de maldad. La píldora y el aborto, crímenes. El cambio climático, que por lo visto existe, si existe por culpa de lo anterior combinado. La moral, que sea la de ellos, pública, en escuelas, inserta en la educación, donde ellos, grupos privados, pueden enseñar valores, pero no los Estados. Y los no creyentes, los ateos, la maldad encarnada de las ficciones que ellos declaman en sus púlpitos.

No, definitivamente, no. Las religiones son un daño para el ser humano. No confortan. No mejoran la vida de quienes las practican. No hacen progresar ni material ni espiritualmente. No son, finalmente, positivas en ningún caso.

Durante la historia de la humanidad, siempre se ha buscado una respuesta a la inquietante pregunta de "Quiénes somos". Se ha intentado responder con un "de la creación de un Dios" pero sin solventar con ello la pregunta principal, es más, generando múltiples nuevas preguntas sin soluciones claras. De hecho, una respuesta podría ser que "somos quienes queremos ser", tan sencilla y desprovista de divinidades que parece obvia. Sobre la de "A dónde vamos", igualmente se puede decir, "donde queramos ir". Y la más compleja, "De dónde venimos", ya la comenzó a responder una pléyade de individuos capaces en las más diversas disciplinas. Aun montamos el puzzle, pero en la ecuación, desde luego, no hay una variable que pueda responderse como "dios".

¿Acaso es tan complicado? No, lo hemos complicado nosotros, dándole un poder moral y represor a individuos que abanderan religiones como respuestas a las anteriores preguntas y otras muchas. Nos hemos desvirtuado regalando el poder de decidir nuestras vidas, en la medida de lo posible, a malversadores, impostores, lunáticos y mentirosos que han tomado decisiones catastróficas por nosotros. Por dejarles tomarlas, por no detenerles, por no acabar con ellos antes. Las religiones son el marco de éste problema tan profundamente enraizado en nuestra historia...

La verdadera separación del Estado y la Religión es casi utópica. La segunda es como una amante despechada que acosa, vigila, sigue los pasos del primero para chantajearle moralmente y que, si logra reestablecer la relación, lo hace de un modo tiránico y absoluto. Por eso, quizá la única forma de separación es la de eliminar a la Religión de la pareja. Y como un Estado no cambia de domicilio, de teléfono o de cuenta de correo, la única forma que queda es la eliminación total de dicha pareja.

La única violencia de "género" que yo, personalmente, aceptaría.

Un saludo,

miércoles, 14 de enero de 2009

Sión, Hamás, antisemitas y otras hierbas mal cocidas...

A día de hoy, la enésima ofensiva israelí sobre territorios palestinos provoca como siempre las diversas reacciones de muchos países y personas. Algunos aplauden, argumentando que es su derecho para defenderse de la continuada agresión de los palestinos y quienes les apoyan (Irán, principalmente) y que desean barrerlos de la zona. Otros lo rechazan, con la Kefia, reminiscencia hippie y símbolo de la resistencia a un pueblo opresor, diciendo que no es el camino. Entre medias, de todos los colores...

Yo no soy antisemita, pero sí tengo cosas en contra del Sionismo. La primera y fundamental, que pretender fundar un estado en el mismo territorio donde ya existía otro estado o algo similar es una barbaridad. Eso llevó a los judíos al terrorismo contra ingleses y franceses (algo que a día de hoy no se recuerda convenientemente...) y luego a los palestinos contra los judíos. Hay una película, "Hanna K", de Costa-Gavras, que lo refleja con especial crudeza. Un palestino que vuelve a su vieja casa, robada por una familia israelí. Algo similar de lo que ocurrió cuando los judíos de Europa volvían a sus hogares en Polonia o en otras zonas; sus casas las habían ocupado otros...

Digo que estoy en contra del sionismo también porque los movimientos nacionalistas me ponen enfermo, pero los nacionalistas con un fuerte componente religioso que buscan fundar estados casi teocráticos, aun más. Me temo que este es uno de los casos.

Pero claro, no todo es blanco y negro. Igual que me opongo como he dicho al sionismo por esos dos puntos, rechazo de plano las soluciones tomadas por los estados teocráticos y menos democráticos de los alrededores de Israel. Montar una guerra de "exterminio" contra los judíos echándoles de allí. Cierto que las razones existen, a fin de cuentas, ellos llevaban viviendo allí más o menos los últimos 2.000 años desde que Adriano decidió que ese pueblo ultrarreligioso era intratable y los expulsó. Pero en el debe de los países teocráticos musulmanes (otro nacionalismo religioso igual de peligroso, con el agravante de la menor democracia) está que no usen nunca términos negociadores de calado y, sobre todo, usen ayudas materiales para que los refugiados y demás se encuentren en mejores condiciones. Quizá lo hacen, pero como los misioneros, que antes de dar la cucharada de comida obligaban a recitar la Biblia en verso...

Así pues, enemigos irreconciliables... o no. En el primer punto, Israel usa diplomáticamente siempre que puede el antisemitismo para defender sus acciones. En el segundo punto, los palestinos, Hamás y otros, usan el "contubernio judío" internacional y otros males variados para justificar sus acciones, presentándose como víctimas. Tan víctimas son los miles de palestinos arrasados por tanques y excavadoras como los cientos o menos de israelís arrasados por cohetes, suicidas y otras cosas.

¿Qué queda? Negociar. Moshe Dayan, que luchó y ganó la famosa guerra de los 7 días, dejó claro que, tras la guerra, tocaba la negociación. Y mejor otra negociación y un pacto para la convivencia que la guerra de nuevo... pero eso no valida los "No a la guerra!" tan extemporáneos que se sueltan a veces. Más bien, refrenda que todo es negociable, pero si hay verdadera voluntad. Y quizá la misma venga por dejar aparcado el tema religioso y pensar en montar una comunidad multicultural con representatividad en el parlamento, más del tipo Un Estado, Dos pueblos. Ah, que Yugoslavia fue así y se fue al garete... ¿entonces, seguimos viviendo masacres?

Un saludo,

miércoles, 7 de enero de 2009

Dioses en el autobús, píldoras y contaminaciones varias...

Richard Dawkins apoyó una campaña en Londres para colocar publicidad en los buses de dos pisos que decía "There's probably no God. Now stop worrying and enjoy your life". Toda una declaración de principios, respetuosa y sensata.

Tal "atentado" a la libertad de fe de los ultras religiosos sentó muy mal, y en España, un miembro de la Iglesia Evanjélica (desde que lo leí así escrito, lo lamento, pero no puedo menos que reproducirlo... si es que creen, pero no en la gramática) ya ha puesto anuncios diciendo que sí existe un dios y que hay que vivir en Cristo. Como Dios manda.

Probablemente, los autobuses contaminan, y al poner publicidad en ellos, la Iglesia Evanjélica en España está contribuyendo con su publicidad pagada a la EMT y otros consorcios de transporte a dicha contaminación por gases del tubo de escape, pero claro, L'Osservatore Romano ha dejado bien asentado que la contaminación y cambio climático no es culpa de éstas prácticas, si no de... las mujeres.

Sí, los autobuses son medios de locomoción, pero las mujeres son medios de contaminación. Así queda establecido por un "científico" artículo por el que las hembras, por tomar la píldora, liberan en la orina cantidad de toneladas de hormonas maléficas que provocan infertilidad masculina y el susodicho cambio climático, puesto que sus pises van al amplio océano (suponemos) y de ahí al resto de la humanidad... ¡cuánto mal provocan éstos súcubos, hetairas sin alma que, no contentas con estar impuras cada período lunar con su aberrante sangramiento, ahora nos contaminan todo!

Así pues, otro año que pasamos viviendo el integrismo de la religión que tenemos más cerca, la basada en un rebelde judío que ni siquiera puede que existiera, hijo de una violación por parte de algún romano de guardia en aquella fanática provincia y que ahora sigue en guerra, y sobre todo, de aquellos estultos próceres de las instituciones religiosas basadas en sus mentiras que, no contentos con dejar de aplicar las leyes de una República teóricamente laica como la italiana en el Vaticano (por supuesto, es mejor sodomizar monaguillos y pagar por ello con varios padrenuestros que con la cárcel...) pues ahora se lanzan, por medio de los mil y un agentes que nunca les faltarán a contaminar las cabecitas de muchos con el estiércol de la mentira, del sexismo y de la manipulación clerical...

Cambia el año, pero todo sigue igual, ¿no?

Un saludo,

viernes, 12 de diciembre de 2008

De la amistad superficial y la verdadera...

Normalmente, uno trata de categorizar siempre las cosas. Herencia intelectual de Aristóteles, me temo. Tiene su lado positivo (la simplificación) y el negativo (la pérdida del detalle) pero es un método por todos usados. En éste caso, yo también haré la distinción de dos tipos de amistad que conozco.

La primera, la superficial, es muy sencilla. Las personas implicadas participan de una cierta formalidad, de unas maneras aparentes y expresivas de lo que suele contener los rasgos de la verdadera amistad. Pero es un decorado, una tramoya hueca por detrás, que suele darse para obtener ciertos beneficios de la otra persona, nada más. Que se relacione, que de algo a cambio, que obtenga algo para la otra persona... la superficialidad queda patente cuando, logrado el beneficio que sea, se resuelve mostrándose la misma distante, inicua e incluso muy dañina. En ésta, además, la hipocresía es la normalidad, la falsedad y modales, el medio, y la doble faz, la regla principal.

La segunda, la verdadera, es más difícil de etiquetar. Primero, por la multiplicidad de caracteres. Dos personas muy distintas pueden ser amigas (de hecho, es más bien lo usual) porque complementan con sus caracteres aquello de lo que carecen los otros. La afinidad puede venir de muchas maneras; gustos, aficiones, ideas de la vida... pero lo principal, quizá, es el respeto al otro. Se puede ser totalmente diferente, incluso opuesto, y ser un gran amigo. De hecho, de los mejores. Claro que, si es muy opuesto, se puede llegar al odio, o incluso quedarse en la insulsa, insípida y poco profunda amistad de tipo superficial. Además, la amistad verdadera enriquece a las partes. No en dinero ni materialmente. Tampoco lo que un cristiano ñoño llamaría "espiritualmente" (otra herencia maléfica, en este caso, más de Tertuliano...) pero sí en cuanto a lo que es la intangible vida. La amistad verdadera, además, no requiere de excusas ante lo que uno es. Se es como es, se acepta por el otro, y se disfruta.

Hay un tercer tipo de relación cercana a la amistad, pero que no llega a serlo. El colegeo, el amiguismo, el conocido simpático o útil, el de ciento en viento... son relaciones que pueden derivar un día en amistad, por las circunstancias que sean (un viaje, un evento, un hecho acaecido a ambos...) pero pueden ser superficiales o profundas. En todo caso, algo es cierto; una amistad de verdad no dicta obligaciones. El tiempo se relativiza. El respeto es mutuo. El placer de la compañía, la relajación y bienestar que produce, es de ambos. Y quedan más cosas con las que se puede categorizar, pero entonces, quizá, sería más bien superficial...

Como colofón, diré que prefiero, pasados los años, un hijo de puta, un soberbio, un bastardo, un tramposo, una mala persona, siempre que sean honestos, francos y verdaderos. Los prefiero mil veces a una persona bien educada, de buenas maneras, que aparente ser lo que no es y que, finalmente, decepcione al mostrar su verdadera faz.

Un saludo,

domingo, 7 de diciembre de 2008

El dolor

Ya casi tenía olvidado ese sentimiento. Físico y emocional. El dolor es una manera de avisarnos, de recordarnos la brevedad de la vida y sus riesgos. Dolor físico por golpes, traumas, pinchazos, musculares, óseos, intestinales... y dolores también emocionales. Duele cuando no te quieren, duele cuando te rechazan o te repudian. Duele cuando alguien te defrauda o te miente.

El dolor es catártico. Como la risa, es una liberación. Sentir dolor hace que perdamos el miedo a tener dolor; lo estamos ya experimentando. Porque es cierto que peor que el dolor, es la ansiedad por no tenerlo, por temerlo, por esperar que ocurra. Consume energías, aplana voluntades, atrofia ilusiones. Por eso, cuando algo nos duele, sentimos siempre una mezcla de alivio y de infelicidad; alivio, porque sabemos que vivimos.

Quizá el dolor no haya sido tan explorado como pensamos. Confundimos muchos tipos de dolor. El físico y el emocional se pueden mezclar, y pensar que uno produce el otro o que uno es otro. Yo sé de primera mano que puede pasar eso, y sé que también el alivio del dolor es muchas veces una cuestión de voluntad del que lo sufre. Si lo aguantamos, porque tenemos esperanzas, duele menos, e incluso se va. Si lo rechazamos, si luchamos contra él, puede aumentar, pero la pelea valdrá la pena. Si lo asumimos como crónico, sin más posibilidad, potenciará la depresión...

La vida está llena de dolor, el dolor nos recuerda nuestra mortalidad y brevedad en el tiempo, y no por ello nos debe causar la infelicidad. Pero no hay que ser masoquista; no, más bien, un hedonista, que rechaza el dolor porque sabe lo que significa, lo ha experimentado y, por ello, no quiere repetirlo. Pero no quiere decir que lo quiera abolir...

Mis dolencias son físicas (es mi rodilla...) y emocionales. Por eso, mal que bien, escribo, como ejemplo de catarsis, de liberación. Indiferente a si está bien o mal...

Un saludo,

jueves, 4 de diciembre de 2008

Snake Plissken

Kurt Russell. Dirigido por John Carpenter. Cine de acción, bajo presupuesto, tipo Roger Corman. Un personaje de esos que vienen del Oeste, solitario, con sus pistolas enfundadas, chupa de cuero, botas de militar, vaqueros sucios y rotos, barba, greña.

Un personaje que encarna el héroe anarquista, solitario, brutal. El Hombre.

Me encanta Snake Plissken por muchos motivos. Y especialmente en la historia de "Rescate en L.A". ¿Por qué? Para salvarse de uno de los malos, imagen sarcástica del Che (un idealista, un asesino... como tantos otros) tiene que jugar un partido de baloncesto en una cancha, con reglas casi europeas. No valen los triples, son 2 puntos por canasta, todo el campo, 10 segundos entre canasta y canasta. Si no tira en 10 segundos, muere. Si falla, muere. Si no logra 10 puntos, muere. Por supuesto, Snake lo consigue. Todo entre combates de Gladiadores del siglo XX, con un César (o más bien, Augusto) latino en el palco.

Me gusta también por su mala hostia. El juego que hace a lo pistolero, siguiendo las "reglas de Bangkok", es divertido. Su persecución con las motos contra el imitador del Che es acción. Su forma de acabar con un Bruce Campbell irreconocible como El Cirujano Jefe de Beverly Hills (donde cruza una horrible vieja años 20 tipo Gloria Swanson en "Sunset Boulevard", o al menos eso me recuerda...) es de risa, y la crítica entera del mundo decadente de L.A. es de parodia. Hay mala hostia, sí, porque el letrero de Hollywood consumido por las llamas, y visto desde atrás, es una parte de esa inquina. O las risas a costa de la gestión del espectáculo en la ciudad.

Pero sobre todo, Snake es cínico, lacónico y superviviente. Encarna las virtudes precisamente del héroe, del país en que está, de aquella casta de hombres que el Western, género de géneros, retrató de forma tan acertada. Es un John Wayne, un Gary Cooper, un Lee Marvin. Es el tipo duro, el Hombre, repito.

Quería darle un homenaje. Dicen que Carpenter está pensando en la siguiente película, "Escape de la Tierra", que es muy apropiado. Si N.Y. y L.A. están arrasados, y el mundo convertido en un estercolero, ¿dónde ir?

Ah, y se fuma un cigarro tranquilamente, un "Espíritu de América", sin cortarse un pelo. ¿No es genial este tipejo miserable?

Un saludo,