Buscar dentro de este batiburrillo

miércoles, 9 de enero de 2008

Ofertas a cascoporro

Comienza la nunca acabada campaña electoral que debe culminar en marzo, y estamos ya unos cuantos cansados. Una amiga de mi novia, residente en París, apagó la televisión el día que comenzó allí la segunda vuelta de las presidenciales. No la ha vuelto a encender (también por otros motivos) Quizá aquí haga yo lo propio, aunque es difícil sustraerse a toda la propaganda que hay en otros medios.

Las ofertas son, como en ciertas empresas, publicidad engañosa. El pretendido radicalismo de unos y otros es, en el mejor de los casos, mascarada. Y las soluciones propuestas para problemas reales, chistosas. Lo peor es lo de las soluciones para problemas que no existen o son irrelevantes. Y mientras, los ciudadanos miramos todo con ojos cansados y andar pesaroso.

El debate ahora va por temas de laicismo radical o catolicismo herido. Entre impuestos e impuestos. Educación (como todos los años) desempleo, ETA, vivienda… todo temas recurrentes. Parece que viviéramos un perpetuo estado de malestar inconformista, que no avanza, ni retrocede, porque se tironea por los cuatro puntos cardinales. Y digo yo, ¿acaso no hay solución práctica que dure más años que los puñeteros cuatro de rigor?

En Francia no hay problemas con la Educación. En ningún país europeo subsiste un terrorismo nacionalista como en España. Los impuestos son siempre un tema de los tecnócratas, que los reparten entre los que se necesitan para pagar a la elite gobernante, a sus administradores o empleados públicos, y el resto para el bien general del país. El desempleo, coyuntura económica, requiere leyes sociales cambiantes (las únicas que deben modificarse) y mentalidad empresarial diferente, aparte de cambios administrativos fáciles de hacer (un amigo, Chus, me comentaba sobre éstos y los resultados en otros países, positivos…) e igual sobre la vivienda, aparte de una cierta educación del consumidor, que le haga ser más exigente y menos anclado.

Cada español esconde un entrenador de fútbol, un estadista en ciernes y un prohombre sin par. Yo no creo que nuestros políticos, por el hecho de dedicarse a ese mundo, sepan más que un ciudadano de a pie. Pero sí conocen mejor los resortes de un poder establecido y gestionado por ellos, usando y manteniendo las oligarquías partidistas y sectoriales, lo que les hace más capaces de dirigir nuestra vida pública y también privada. Quizá cambiando esa estructura cambiaran los enfoques de muchos problemas. Creo que, hoy día, todos aceptamos la democracia, aun cuando no es absolutamente real como en nuestros tiempo, como un sistema adecuado. También que merecemos soluciones prácticas y reales ante problemas serios, y el derecho a reclamar si no se arreglan convenientemente. Y por supuesto, un Estado donde no hubiera interferencias de grupos de intereses privativos. Pero todo esto suena a utopía…

En todo caso, ya llevamos meses y meses de ofertas. A cascoporro, como dicen los chanantes.

Un saludo,

miércoles, 2 de enero de 2008

Un europeo más

El día de año nuevo, me tomé una merienda con amigos en una cafetería de esas que están clonadas por todo Madrid. Al salir, eché un ojo a los libros, que a veces están de oferta, y me topé con dos de Punset a buen precio. Los tomé y fuí a la caja. Allí, delante de mí, había un tipo de unos 40 años que al verme comentó que qué caros estaban los libros en España. Le dije que sí. El tipo tenía ganas de charla, y comenzamos a hablar. Me contó, a grandes rasgos, su vida.

Venía de Ghana, y se fué a Alemania con la caída del Muro de Berlín. Allí se quedó ocho años, en los que ganó bastante y se rió cuando una niña le preguntó si tenía los dedos así de negros de tanto comer chocolate. Pero se casó con una española y el país que era de vacaciones se convirtió en lugar de trabajo.

Lleva 18 años en Europa, como dice ufano. Se siente europeo. Cotiza, sostiene y participa del sistema (pero no tiene algunos derechos) paga impuestos y se queja del precio de los libros, que él, como obrero de la construcción, apenas puede comprar. Va a un par de bibliotecas públicas, creo que a la de Iglesia, la central de la Comunidad, y otra cercana. Lee cuando puede, pues trabaja casi 12 horas y donde le lleve la construcción. Ese día descansaba, pero al siguiente o así se volvía a Pola de Lena, en Asturias, donde tiene el tajo. Y todo le parecía caro, todo había subido, menos su salario. Que cobraba mal y a regañadientes.

Se quejaba de que él, siendo ghanés de origen (colonia británica, me dijo, aunque le dije que "excolonia" y él se echó una risa) se veía aun rechazado y mal visto en España. Le decían en algunos bares que si acababa de bajarse de una patera. Me preguntó si había estado en Alemania y le dije que no, que viví un poco en Londres. Eso le entusiasmó y comenzó a hablarme directamente en un buen inglés. Me preguntó por los salarios y los trabajos, y se sorprendió cuando le dije que se pagaban semanalmente y no se hacía contrato escrito casi nunca, al menos cuando yo estuve. Preguntó el nivel de vida, el precio de las cosas... después, inevitablemente, se quejó del racismo de muchos. O al menos, el desprecio al diferente. Que si siendo negro le tachaban de ladrón, o de ir a violar a las hijas de los españoles, o a quitarles el trabajo o los servicios sociales (tenía hipoteca, creo, y como todo buen asalariado, por 40 años) y toda la sarta de tópicos del tema. Oyéndole, recordé las historias de mi padre en Bélgica, cuando los españoles salían de aquí (a mi padre, como ahora las pateras, le trincaron con menos de 18 años cerca de los Pirineos, tratando de pasar a Francia, y le devolvieron con susto en el cuerpo) y allí eran considerados ladrones, gitanos, violadores, ilegales... quizá el tono de piel era similar, pero el prejuicio seguía siendo el mismo.

Al poco, nos separamos. Le deseé lo mejor para el año nuevo y él se quejó de la bajada de la construcción; por eso iba donde había curro, decía. Y con solemnidad de esa que ya no hay, como obrero, me pidió que intentáramos todos cambiar las cosas. Él se siente europeo, cotiza, lee, viaja, está casado, con hija e hipoteca. Y había mucho por hacer. Mucho trabajo.

Desde luego, ni se puede generalizar ni extrapolar, pero quede este comentario como pequeño homenaje a este ghanés de 38 años, del barrio de Chamberí, otro europeo que emigró o inmigró. O simplemente, buscó una vida mejor, como todos queremos pero no todos podemos lograr.

Un saludo,

martes, 1 de enero de 2008

Elogio de la brevedad

Me acusan mis amigos y conocidos que me leen o escuchan de ser, entre otras muchas cosas, "Un brasas, un pesado, un pedante, un cansino, un rollero, un charlatán, un peliculero..." y también, para colmo, suelen meterse conmigo; por mi pelo (que por mí me quedaría y dejaría más largo... es mi sueño adolescente incomprendido) por mi forma de hablar, por lo que digo, por lo que hago, por mi cara, por... tantas cosas.

Lo que siempre me ha jodido más es que se me acuse de pesado. De escribir largas y largas tiradas de palabras. Si me molesta es porque suele ser cierto. Tiendo a ser alambicado, abusar del circunloquio, rodear las cuestiones, reiterarme demasiado y estirar ideas que no dan más de sí. ¿Cómo se resuelve esto?

Practicando. Para eso nació, entre otras razones, esta bitácora. Para que yo pudiera escribir, para probar. Sigo buscando mi tono, mi estilo, mi ritmo. Tras muchos años de hibernación en tantos sentidos, puede que los cambios que se me vienen encima, o más positivamente, que se me avecinan, me sean útiles.

Mientras, diré que aprecio a unas cuantas personas. Aunque de vez en cuando eche de menos algún comentario elogioso hacia mí. Desde luego, con ellos no puedo cultivar mi vanidad, no tienen compasión...

Mientras, seguiré practicando aquí y en otros ámbitos.

Un saludo,

lunes, 31 de diciembre de 2007

De la continuidad

Es posible que ahora que acaba el año, un límite del calendario, pero no de la realidad, muchos hagan repaso compartimentado del mismo, haciendo análisis de lo sucedido entre los días 1 de enero y 31 de diciembre. Como si se pudiera cortar el tiempo, hacer una isla con el mismo y dejar el año 2007 aislado del resto de años pasados.

Y qué demostración de que eso no es así; la religión católica en España sigue siendo una plaga, que se permite el lujo, desde las instituciones propias, de considerar el laicismo como "forma de destruir la democracia". El victimismo desplegado es cínico, hipócrita y repugnante. No ahorro calificativos. Una organización que gasta dinero en hacer anuncios ahora para pedir el 0,7% en la casilla de la Renta, pero no para otras cuestiones, es cínica. Una organización que predica valores y no los cumple, es hipócrita. Una organización que tiene tantas contradicciones internas y externas, que condena a unos y salva a otros según criterios opuestos entre sí, es repugnante.

El año 2007 no es diferente del 2006 ni lo será del 2008. Las revistas y periódicos estos días hablarán de tendencias, de futuribles, todo como siempre encaminado a un monopolio de la voluntad del hombre, a un mayor control de sus actividades, de su persona. Eliminemos el dinero, aunque sea común, y tengamos la tarjeta de crédito, para analizar tendencias de consumo. Quitemos teléfonos fijos y usemos los móviles, más controlables. Que todos tengan un ordenador conectado a internet, y con una píldora, las descargas "ilegales", lo tengan activado y hagan desde él muchas cosas. Un formato de visionado de cine, para eliminar aquellas películas que no interesan. Tengamos un sistema de lectura electrónico, sin libros de formas y caracteres de todo tipo. Un lenguaje, una moneda, un sistema económico... Monopolio, en fin, del ser humano, por parte de un sistema con otros seres humanos reemplazables, ya nunca más únicos.

Si de esta uniformización se salva mínimamente ¡qué paradoja! la religión (aunque siempre son las mismas cosas, sea cristiana, musulmana, hebrea, budista o animista) también lo harán los hombres que no pasen por el aro. El individuo. Siempre encontrarán formas de ser diferentes, incluso cuando para ello hagan lo mismo que otros muchos. Ya dije un día que el ateismo es moda para algunos, como para Chesterton lo fue el hacerse católico, y lo mismo ocurre con otras tantas cosas.

En fin, continuaremos el año que viene igual, porque a fin de cuentas, mañana es martes, antes que el año 2008.

Un saludo,
David.

sábado, 29 de diciembre de 2007

Los nuevos ricos

Ahora que han pasado varios meses del europeo de baloncesto, me apetece comentarlo un poco. Ya he conversado con muchos amigos del tema y eso, como siempre, ayuda a perfilar y aclarar ideas.

Lo primero de todo, decir que fue penosa la imagen que dimos. No el equipo de baloncesto, que fue presionado por todos los flancos (Prensa, Federación, Sociedad...) y que, aun así, llegó a tener el oro en sus manos y en cualquier caso, logró una plata que hace 10 años habría sabido a gloria absoluta. Mi novia lo define como exceso de expectativas, y cuando tienes tantas ilusiones, es muy fácil frustrarse si no las logras. Pero más si te las han frustrado...

Yo, personalmente, no cargo contra los jugadores, para mí los mejores. Ni contra Pepu. ¿Se equivocó repitiendo íntegro el equipo? Pues sí. Pero en parte fue imposición. ¡Cómo no iban a estar los mundialistas, todos! Contra quien cargaría yo es contra la Federación, primero, y luego contra la Prensa y Medios, después, y, finalmente, contra nuestra propia Sociedad.

La Federación, por entrar en el carrusel extradeportivo, que quiso exprimir el éxito de Japón haciendo zumo con un Europeo que de pronto era en España. Y así sacó entradas a precios exorbitantes. Apenas se podían comprar, si no fuera gastando grandes cantidades. Así se logró el primer efecto contrario; pabellones casi vacíos, salvo por aquellos con tiempo, dinero y ganas de ir a ver los partidos en el pabellón, no en casa, como es lo más cómodo hoy día. Pero no acabó ahí, pues se presionó a los jugadores y técnicos haciéndoles acudir a galas, a presentaciones, promociones, a todo... el mismo Felipe Reyes lo definía; "Este año no estamos teniendo tiempo de jugar juntos a la pocha o pasar un rato en compañía". Era premonitorio.

Después, la Prensa, los Medios. Si habían sido oro en un Mundial, decían los ignorantes, ¿cómo no iban a ganar el Europeo, que es un continente nada más? Mayor muestra de idiotez y estulticia no la he visto yo. Incluso algunos buenos comentaristas de basket caían en la trampa, aunque siempre cautos. El Eurobasket es más exigente que el Mundial, y cualquiera que siga un poco de baloncesto lo sabe. A día de hoy, Europa es, globalmente, la mayor potencia de baloncesto que existe, por delante de EEUU (que sigue siendo una referencia) y cualquier equipo europeo da mucho de sí... pero no, aquí se pedía el oro y el moro, y además de paliza, ganando cada partido por diferencias de al menos 30 puntos. Menos que todo eso era un fracaso.

Por eso, cuando se perdió el primer partido, todo el mundo empezó a criticar con más fiereza. De la sorpresa del año pasado en Japón (no demasiada para los que seguimos este deporte) a la ilusión inesperada posterior y el asentamiendo de una sensación de prepotencia después, mal digerida y peor regurgitada por estos periolístillos, se pasó a la exigencia draconiana y chulesca. El baloncesto debía ser lo que el fútbol y más allá. Todo se estaba cocinando para el presunto fracaso posterior... y que fue un gran éxito, pese a toda la gentuza que rodeó el evento.

Pero esto se completa con nuestra Sociedad. Y más concretamente, con esa sociedad de V.I.P.'s y nuevos ricos y famosos que quieren estar en los saraos de mayor difusión. ¿Que hay un Europeo de baloncesto y nuestro equipo está en la final, y además es campeón mundial? Esto no se lo perdieron los más famosos; a fin de cuentas, la Federación reservó entradas de esas que costaban cientos de euros y en primera fila, como si aquí estuviéramos en L. A. con las gafas de sol de Jack Nicholson, y abajo metiera Kobe Bryant 60 puntos...

Eso fue lo más penoso. Se salva uno, un amante del deporte y verdader conocedor del mismo, del baloncesto también y de lo que significa. Rafa Nadal. De todo el público, frío, gris, inerte, más preocupado de la pose para las cámara de TVE que del partido, fue el único que se levantó, gritó, pateó, animó, encendió al público, se dejó, como buen aficionado y amigo, la garganta por animar a los suyos, a los nuestros, a ganar cada partido. Y se salva él, poco más. El resto, daba asco.

Un amigo mío decía que, si este Europeo se hubiera jugado en Grecia, nada de V.I.P.'s; 500 energúmenos en primera fila gritando un poderoso "¡HE-LLAS!" que congelara al contrincante, animando al propio. Si fuera en Italia, otros tantos aficionados habrían hecho lo mismo. Ni cuento si hubiera sido en Turquía, o en Serbia, o Croacia, o Lituania, o Rusia, o... allí, antes que gentuza sin el más mínimo conocimiento de baloncesto, habrían puesto a los más fanáticos, a los que entienden un poquito (lo que les dé el cerebro) y gritan como berracos. Y la final, de calle.

Esa es nuestra Sociedad. Querían llenar pabellones desde la Federación, pero el precio fue alto. Querían que ganaran, pero dejaron que los acosara la Prensa y los Medios. Y la Sociedad respondió siendo lo que es, en gran medida; una ignorante de muchos deportes, sí, pero especialmente del baloncesto.

Para mí, los Gasol, Navarro, Calderón, Mumbrú, Rudy, Sergio, Cabezas, Reyes, Berni, Jiménez y Garbajosa han sido de oro. Algunos, personalmente, no los habría llevado al Europeo (Raül López, Ricky, Trías... había recambios) pero aun así, lucharon, se bregaron a fondo. Y Gasol, el que no jugó la final del Mundial y ganó, ganó de nuevo en otra final, porque el Europeo lo tuvo en sus manos, de las que muchas veces sale un buen tiro o no, pero que hay que tener el valor, la valentía, el coraje de lanzar. Él tiró, él falló, Rusia ganó. Pero no perdió esa selección de baloncesto; perdieron los demás que antes les habían fallado.

Un saludo,

sábado, 22 de diciembre de 2007

Destrozando los libros

Cuando uno va al cine a ver una adaptación de algún libro, tiene dos opciones; pensar que es una obra diferente en un formato diferente, o soñar con que estará adaptada fielmente o al menos con inteligencia. Normalmente, ocurre lo primero, con lo que ir preparado para ello aminora la decepción. Pero no siempre...

Yo he tenido oportunidad de ver muchas adaptaciones, e incluso algunas últimamente de videojuegos (Lo digo siempre, el joystick pronto será obligatorio en ciertas películas... ¡ya lo es para jugar en red con la pantalla y en tu butaca!) y siempre uno va, si se conoce el libro, con la mosca tras la oreja... en un gran número de ocasiones, la película provoca ese desengaño, independientemente de si es fiel o no al libro. En algunas, sorprende el giro o los huecos que rellenan de la historia impresa. Pocas veces sale uno con la sensación de haber vuelto a disfrutar de ese libro, plasmando la imaginación en pantalla.

El nombre de la rosa y El señor de los anillos son quizá películas cercanas a sus libros, si bien la segunda por pura emotividad. En el primer caso, de hecho, es cercana pero diferente. Pero un caso reciente que he visto en pantalla grande, Soy leyenda, es uno de los muchos decepcionantes, aburridos, penosos y tristes de los que hablo.

El libro de Richard Matheson es muy bueno. Apenas 180 páginas que tienen acción, ciencia ficción bien hecha, tensión, miedo, y, finalmente, más de un mensaje con el que te quedas el libro cerrado al lado y cavilando las muchas ideas e impresiones que te ha regalado el autor... la película, en cambio, supone un simple ejercicio de acción mal planteada, de imágenes toscamente perfiladas por ordenador, del que se abusa demasiado (Añoro, para qué negarlo, las películas con cientos y miles de extras...) y encima un personaje mal dibujado y no muy bien interpretado. Mi nivel de exigencia en el cine no es muy alto, creo yo. De hecho, llevo una larga temporada alejado de buenas peliculas; he recuperado el placer de leer cosas que no sean obtusas, aburridas y repetitivas. En el cine, en cambio, simplemente pido que no me engañen... dificil.

En la historia de Neville, llevada antes a la pantalla con dos actores impresionantes (Vincent Price y Charlton Heston) hay elementos que lo humanizan, y esto es importante destacarlo. El contraste con "el otro", con esa innata sensación de pertenencia o desarraigo, es el puntal en ésta obra de Matheson. Comparando, la novela de Soy leyenda expondría mejor (Con más sencillez y más universalidad) ese pedante intento de existencialismo novelado que es El extranjero.

A todos nos impresionan las historias de náufragos, que a fin de cuentas es lo que son las de muertos vivientes. Esas fantasías, que en los años 80 además coparon muchos de los tebeos o cómics post-apocalípticos, en las que un hombre o una mujer quedaban aislados del resto del mundo, solos y rodeados de mutaciones o zombis o vampiros, es una alegoría de ese mar misterioso y repleto de peligros que circundaba la isla del náufrago. Es una constante, un miedo continuado... el terror a la soledad.

Yo querría encontrarme alguna vez con buenos libros bien adaptados, pero es cierto que el gusto comercial y el buen gusto no suelen ir parejos. Por eso, y como desagravio, he rebuscado para encontrar Soy leyenda, volver a leérmelo y, en pocos días, dejárselo a Cristina, mi novia. Creo que eso será un buen remate del año. Que descubra por qué Neville se convierte en leyenda...

Un saludo,

miércoles, 19 de diciembre de 2007

Sarkozy y Carla Bruni

Parece revista del corazón, pero desde que Nicolás se fue en avión al Chad a rescatar a las azafatas españolas y luego se rió con Zapatero de esa foto abrazados como amantes, el presidente francés, divorciado hace poco, ha ganado para mí enteros. No como político, que es cristianote (Confeso y devoto admirador del Wojtyla, alias "Juan Pablo II") y tirando a conservador, si no por su personalidad. Y lo digo con sinceridad. Sarkozy es hombre público, y por tanto, lo que haga en su vida privada, quiera o no, le influye.

A mí este hombre me va cayendo, ya digo, personalmente bien. Hijo de padre emigrante húngaro y madre judía sefardita conversa, el muchacho tiene de todo. Leyendo su biografía por los medios, resulta un personaje curioso e interesante. Pero destacaría que es un político con vida propia.

Que esté liado, como parece, con Carla Bruni, ex modelo, cantante y actriz, pues lo realza. Ya decía que me imaginaba a Nicolás guiñando el ojo a las azafatas españolas yendo de vuelta a Torrejón, invitándolas un día a ir por el Elíseo, pero veo que el presidente francés pica alto y con buen gusto. Y la cantante, también.

Ya digo, no quiero hacer de esto comentario en rosa. Lo que me interesa es ver que en Europa, en el mundo, en países con una república y un sistema civil como Francia, un conservador pueda divorciarse, a pesar de ser cristiano, y liarse con otras mujeres, y, encima, dejar entrevistas a medias si le tocan lo privado cuando él está hablando de lo público. Claro que eso me recuerda a muchos actores...

¿Se imaginan aquí a Rajoy confesando una probable y muy rumoreada homosexualidad, dejando a su mujer y liándose con, por poner un ejemplo, Gallardón? ¡Tándem increible para la Moncloa! ¿O a Zaplana casándose con Magdalena Álvarez, por ejemplo? Aunque ya vimos el carrerón de Cascos, que sí que resultó un verdadero ligón el hombre...

La política española tiene lo peor de cada casa. No somos república ciudadana y celosa defensora de ciertos derechos consolidados a base de muertes masivas, como Francia; no tenemos una monarquía con democracia asentada y sensata como la británica; no tenemos un sistema activo en lo político como el italiano o el alemán... en suma, somos oligárquicos, monárquicos, poco democráticos, incívicos, con una noción del estado superficial, pacatos, reprimidos en muchos aspectos y, para colmo, mal avenidos. Triste situación, la española...

Sarkozy, como digo, me cae bien. Puede ser un conservador católico, un privatizador, un contenedor del gasto público, un demagogo con políticas de fuerza contra ciertos altercados, incluso un oportunista hábil; pero el hombre, no el político, que puede (O no) estar haciendo bien las cosas en su país, no sufre el acoso de tantos y tantos por su divorcio y lío con Carla Bruni. Si acaso, la envidia de muchos hombres, y la admiración de algunos que, como yo, querrían ver (Sin ser muy francófilo, aunque sí republicano y admirador de ciertas maneras inglesas) estas cosas en su propio país. Éste país. España.

Lo dicho, cuando un presidente se divorcie y se lie con, por poner un ejemplo, Leonor Waitling, y encima lo haga en su mandato, sentiré que España ha cambiado un poco (Aparte de mucha envidia)

Mientras, la superficie se mueve un poquito, pero el fondo sigue quieto, estancado, corrupto...

Un saludo,

martes, 18 de diciembre de 2007

El periodista manipulado

Me imagino a los dos periodistas, de El País y de Libertad Digital, uno tratando de hacer noticia política del juez conservador del Constitucional y el cerrajero que lo denuncia, y el otro buscando en ello la mano negra del gobierno, sombreada por el GAL. Imagino los hechos y me sale algo más chusco, más pobre y triste. En cualquier caso, otra noticia interesada, manipuladora y manipulada. En ambos medios (Y me valen otros) y hecha por sendos periodistas. Los enlaces, aquí:

http://www.elpais.com/articulo/espana/Denunciado/juez/Constitucional/amenazar/pistola/elpepuesp/20071218elpepinac_2/Tes
http://www.libertaddigital.es/noticias/kw/casas/constitucional/estatuto_cataluna/maria_emilia_casas/roberto_garcia_calvo/rodriguez_zapata/tribunal_constitucional/kw/noticia_1276319808.html

Lo que me interesa es la falta de objetividad. Bien es cierto que todo ser humano está impregnado de subjetividad al ver los hechos, pero los hay que los ven tal como son. Y no por ello ahorran calificativos, precisamente los añaden para enriquecer la descripción o mejorar la percepción del hecho, pero no para manipularlo.

A día de hoy, tanto da un periódico que otro, al menos en España. Incluso el intento del diario Público, dirigido a una cierta masa entre 30-40 años, tibios progresistas o de izquierda, de profesión liberal o buena posición, demuestra lo dicho. Todo diario busca un público objetivo, le da la doctrina que ya acepta, y luego sirve de arma para la batalla entre los periódicos. Pero nunca informa.

Tampoco lo hacen los telediarios, y de las radios, algunas. Al menos, tenemos internet... Vivimos un paradójico mundo de acceso rápido a la información, en donde estamos casi más desinformados que a inicios del siglo XIX. Así que, o agudizamos el sentido crítico, o, simplemente, aceptamos el dogal que nos conduce.

Que empieza por el periodista que nos manipula y que, a su vez, en conciencia, está manipulado. Un sueldo, un trabajo, un horario. Como todo trabajador, da igual que sea izquierdista, derechista, conservador, liberal o de centro. Quien paga, manda. Escribir como un mercenario, por la nómina, finalmente convierte al periodista que eso hace en un personaje manipulado más que manipulador.

La novela negra del período más hard-boiled, años 20 y 30, en los EEUU, hablaba de ellos. Corruptos, como todo el sistema, engrasando una máquina compuesta de jueces, de políticos, policías, empresarios… al final, el individuo, independientemente de su profesión, era quien luchaba contra ello y, o se tornaba cínico conviviente, o moría en el intento a causa de un moralismo y una honestidad que nunca existió en sociedad. Por eso los admiramos todos los lectores, por su nivel de Quijotismo... y el ideal de algo que no es real.

Un saludo,

viernes, 14 de diciembre de 2007

¿Y tú, por qué escribes?

Conozco a muchas personas que escriben. Escriben guiones, escriben correos electrónicos, escriben en bitácoras, escriben para la tele, escriben para revistas, escriben relatos, novelas y cuentos... los hay que escriben incluso en servilletas cuando no hay papel y en papel higiénico cuando van al baño. Mucha gente escribe. La pregunta, ¿por qué?

Aunque parezca materialista teleológico (Que lo soy) se hace por alguna razón. Por expresar ideas, bien, mal o peor. Por contar alguna cosa que les parece interesante. Por crear algún tipo de ambiente, de mundo, de fantasía. Por revelar datos importantes. Por ganar dinero. Por reforzar su ego. Se escribe por estas y muchas otras razones, pero principalmente... se escribe porque se puede.

No hay sociedad ágrafa que haya sobrevivido a nuestros días. O, al menos, las que quedan están ya en vías de extinción. Éstas vivían de la memoria, la tradición oral, el recuerdo, contadas las historias en forma de baladas, de canciones, de poesías. Los padres contaban a los hijos historias que éstos relatarían luego a los suyos. Y así se creaba un vínculo con el pasado más remoto, cuando nació la primera versión del relato, al que luego cada uno añadía algo más, un retazo propio, que podría quedarse o desaparecer. La cuestión es que la narración se mantenía, había una línea tenue pero clara. La escritura, naciendo de la necesidad de la administración y el comercio, acabó con esto. Y la imprenta lo remató.

Yo creo que es importante hablar, tanto como escribir. La escritura es una forma más ordenada, reposada y sistemática de contar lo mismo que uno piensa al hablar (O no piensa) pero por ello también se hace más artificial, más falsa, más deshonesta. Por eso no me gusta del todo la escritura. Como Oscar Wilde, veo la conversación como un arte mayor, como un verdadero reto. Las personas que escriben y necesitan continuamente visitar un diccionario, ya sea este Google o Wikipedia, son personas desprovistas de esa capacidad artística. El buen conversador narra, polemiza, siente, hace sentir y crea, como el bardo ante la hoguera, de noche, en la noche en que las estrellas eran huesos de los mitos y el fuego, mágico brillo adormecedor, crea mundos, crea personas, crea sensaciones, crea, a fin de cuentas, como cualquier dios. Y seguro que así se crearon los dioses, a semejanza de los bardos...

¿Tú por qué escribes, amigo lector? Si escribes. ¿Por fama, reconocimiento, dinero, sexo, poder, ambición, ego? ¿Por necesidad terapéutica, por verter estas hormigas llamadas letras en alguna arena donde dejarlas? ¿Lo haces por placer? ¿Con dolor? ¿Escribes como sientes, sientes lo que escribes, simplemente eres mercenario de las palabras? Seguro que todos tienen sus razones. Las mías, ya las dí en la primera entrada. Así que no me repito; me remito a ella.

"Aquí en la noche, bajo el negro manto agujereado por los alfileres de plata que llaman astros, sentimos el calor del fuego, el cobijo de los familiares y amigos de la tribu. Queremos conocer lo que la oscuridad oculta, e iluminar, hasta que el astro de oro nos regrese la luz, la negrura con colores vivos, luces vibrantes, personajes heróicos, cobardes, traidores, amigables, extraños; con amores imposibles, luchas incesantes, trampas, tretas, negocios. Queremos ver mundos nuevos, mundos que no existen o el mundo que existe desde otros ojos. Haznos sentir, bardo, haznos soñar... ¡Habla!"

Un saludo,

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Lo que es vivir...

Durante los breves años que convivimos con otros, familiares, amigos, amores, enemigos, desconocidos y otras personas variadas, tratamos de buscar, de la manera que sea, la felicidad. Ésta puede tener muchas formas, y ser tan diferente entre unos y otros como colores hay en el mundo. Pero en general, todos tenemos el mismo objetivo; ser felices.

No solamente soy un hedonista algo ético (No mucho, Andrés, no mucho) si no también un pequeño filósofo que busca verdades donde no hay más que sombras escurridizas de certezas tiempo huidas. Me encanta preguntarme sobre la vida y la búsqueda incesante, constante, diaria, horaria y casi al segundo de esa felicidad. Por eso, a veces, olvido el camino que me condujo a la visión del mundo que tengo ahora.

Pocas veces acudiré a mi entorno personal, mi intimidad, para comentar algo. Ésta es una de esas veces. En mi familia hemos tenido tragedias, y además fuertes. Con 10 u 11 años, murió mi hermano mayor, de un accidente de tráfico. Luego, a los pocos años, el segundo en edad, de cáncer. Mi madre quedó destrozada, y eso se sumó a la enfermedad física que ya tenía en forma de depresión. Mi padre calló. Y mi hermano, el que me queda, siguió adelante. La cuestión es que pude ver lo que la muerte hace a las personas; las destroza. La cercanía les hace a todos vulnerables, frágiles. Perder a un padre puede ser natural; a un hijo, no tanto. El dolor encallece, pero no mata los nervios. Y ese fue mi mayor aprendizaje. Cuando mi madre murió hace ya años, tenía asumidas las lecciones en lo más profundo de mi loca cabecita, pero en esa ocasión afloraron con la irracional muestra del dolor que siempre las acompaña. Y hasta hoy, vivo con esos sentimientos, dejándoles que estén cobijados, pero intentando expresarlos de manera que no me destrocen.

¿Esto es una buena escuela? No lo sé, es mi experiencia vital, como diría el pedante. Es una serie de acontecimientos al azar, el azar que cada día más entiendo es parte importante de la vida. El azar, incontrolable, igual a un mar hoy calmo y generoso en la pesca, mañana bravo y asesino. Navegamos creyendo dominar algo el rumbo, la embarcación y lo que nos rodea. Ilusiones. La seguridad, antítesis del azar, no existe. Existe su ilusión.

Podemos entonces vivir atenazados de miedo ante lo que pueda suceder, o más bien expectantes, alertas, alegres ante las posibilidades que se nos puedan dar. Aceptar lo imprevisto como algo beneficioso es una forma de enfocar la vida. Y teniendo en cuenta que, a pesar de lo que digan creyentes y agnósticos, ésta es la única vida que sabemos tenemos con total seguridad, pues es mejor aprovecharla. Hay muchas maneras, como dije al inicio; la felicidad es unívoca en su valor, pero no en su naturaleza u origen. En nosotros está buscar, y en la búsqueda disfrutarla, esa forma. La voluntad, finalmente, es el mejor sistema. Voluntad de hacer, y de no hacer, aquello que más nos conviene...

El ser humano, ese animal perdido en el espacio, es un ser curioso. Y a veces necesita ayuda. ¡Ojalá pudiera yo dársela, misántropo humanitario como soy, a los que quiero y aprecio! Pero unas veces no sé, otras no me atrevo y en otras, simplemente, se escurre la oportunidad. El Azar...

Un saludo,