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viernes, 12 de agosto de 2011

Baloncesto vs street basketball

Agosto, siete de la tarde. Una cancha de baloncesto de las de siempre, aros rígidos, pero en su sitio, líneas algo descoloridas en un pavimento de cemento, unas cuantas personas entre las que están mis amigos y luego algunos sudamericanos (peruanos, portorriqueños, etc). He ido a echar unas canastas, jugar un poco, ya sabéis. El mono.

Primero un partidito de esos de calentamiento, en una canasta. Se van viendo las marrullerís, qué hace bien cada uno, los inevitables pasos (por muy imaginativos que se hagan) y tal. La zona, de acampada. Y la regla opcional marrullera y yugoslava, que es tirar al aro siempre tras rebote, sin salirse de zona o triple para iniciar ataque. Los primeros choques "culturales".

Entonces ya viene más gente. Montamos un equipo para jugar a dos canastas. Algo de ejercicio, pensar en términos de contraataque, esas cosas. Y ahí la cosa empieza, en algunos momentos, a tomar caminos surrealistas. Mi equipo va ganando, subimos el balón pese a la extraña forma de defender la salida que es cuestionable en algún caso, y yo subo, como viejo y buen escolta, haciendo pantalla a mi base, flotando al defensor que pueda venirle, para luego hacer un bloqueo y continuación, un bloqueo a secas, o lo que salga. Entonces, ¡a medio metro uno del otro! el tipo aquel me pita una "foul". Incrédulo, le miro y le pregunto que dónde le he dado, y él dice que eso de hacer pantalla o "screen" es falta. Y le repito que dónde hay contacto, que como mucho le pida al árbitro (eso lo digo con media risa) que me pite técnica por tocarle los nervios. Discusión, y al final, con suficiencia, el fulano me da la razón como a los locos. Primer partido, lo ganamos, y hala, se va. Descanso.

Comento el asunto con él, de buen rollo. Intenta convencerme de la falta, le digo que en dónde es falta sin contacto. Entra un amiguete suyo puertorriqueño y me suelta lo del cilindro, que vale, muy bien, pero ¿dónde coño hay contacto? me cuenta milongas y acaba nervioso diciendo que es árbitro. Me descojono. ¡Yo también he sido árbitro, vivo al día de las putas reglas FIBA y sé qué se pita y qué no en la ACB! pone cara de "pillado en renuncio" y se quedan como pasotas, pero tocapelotas.

Retomamos los partidos. Me empiezo a mosquear y pito algunas zonas y pasos de salida, sobre todo cuando los hace un tipo que impide así una defensa medio normal. Joder, si tú echas una pierna a un lado sabiendo que su pivote está puesto y no va a salir por otro, frustra que te hagan unos pasos de salida de fantasía. Y la zona, terreno recalificado. Más chalets que tiendas de campaña.

Van dos partidos ganados, y en el último y anteriores, somanta hostias al que entra en la zona. Yo la tengo vetada por prescripción médica (mi traumatólogo y mi fisio, así como los que me quieren, desearían que no calzara zapas de baloncesto en primer lugar, pero en fin...) pero me flipa que aquí no pite ni el tato. Oscar se mosquea. Yo me mosqueo. Pero ganamos el segundo partido.

Y va el tercero. Aquí entra una mole medio negra que habla farfullando y te hace dudar que lo escuchado sea legible en castellano. Los otros miran rencorosos y prepotentes desde la banda, y el partido toma forma. Yo, que no estoy para defensas en el 2 de la zona, me pongo abajo, y paro con cuerpo, claro. El mostrenco este hace su primera acción, entrada tráiler y hostia en mi lumbar cuando cierro el rebote. Pito y cojo el rebote, pero vamos, que el colega ni media palabra de "lo siento". Yo he hecho 3 o 4 faltas en los tres partidos y en todas he pedido disculpas y he levantado mano. Será que soy imbécil. El partido sigue, con pasos, zonas, un pirado que entra como si fuera una peonza repartiendo... ya llevamos casi 2 horas, sudando, algo cansados, pero quien tuvo retuvo y Oscar anota buenos tiros, yo mi triple o dos triples y ¡hasta robé un balón y corrí el contraataque culminando en bandejita suave! sin que me rompieran las manos. El mostrenco vuelve a la carga, el partido va calentito, vamos así así ganando, y carga de nuevo el rebote clavándome su codo en mi hombro por la parte derecha, y de nuevo me mosqueo, de nuevo pillo rebote, de nuevo pito falta, y aquí no se entera ni el apuntador. Y entonces, a la tercera, me jode.

Me jode porque el mostrenco sigue cargando el rebote como si no hubiera nadie delante, arrasando y arrastrando con todo. Salto, toco con los dedos y, antes de caer, el burro aquel me ha hecho un bocadillo en el gemelo derecho por la parte exterior, a la altura casi de la corva, y en el aire, de tal manera que caigo algo desestabilizado, jodido de dolor y yendo directo al muro a estirar porque si no me sube la bola y veo las estrellas. No es ya que me la pegue, el fulano hijo de su madre, es que cuando regreso cojeando a la cancha y le digo que se ha pasado, farfulla en ese lenguaje que pretende ser castellano que yo le he empujado o dado o no sé qué paja mental. Alucino. Me llevo la hostia y encima el amigüito de los cojones no pide ni media disculpa, si no que, infantil el padre, suelta el "y tú más", aunque sea meridianamente claro que me ha metido una hostia de las jodidas. El partido va empate, pero Oscar clava un triple y así no tengo que retirarme en los últimos momentos para que entre un flipado de la vida en mi lugar. Me mosqueo, claro.

Y el mosqueo aumenta porque aquí sobraban chulos y marrulleros que van de estrellitas y juegan a ser los mejores (madre mía, si yo sólo puede que acumule la mitad de las asistencias, porque estos de pasar no han oído en la puta vida) y discuten reglas sin tener ni puta idea, y encima, uno de ellos, que no sabe lo que significa una lesión, te hostia y luego ni te pregunta o pide disculpas. Si por el fuera, tú eres el que le ha dado una hostia a él con tu gemelo en su rodilla. Y ahora me desfogo, porque es un gilipollas, un imbécil al que tendrían que dar carné para jugar en las canchas, aunque sea streetball con sus fouls y screens y demas majaderías seudoyankis. Porque marrulleros hay muchos, pero los hostiadores que luego no piden ni medio perdón, mejor se van a su sofá, abren una birra y se ponen ciegos con el pollo megarebozado del Kentucky mientras barbotan alaridos viendo un baloncesto que no entienden o comen pan con queso y chorizo, tanto me da.

Mi lección es la misma. Me toca los huevos generalmente jugar con gente de fuera, porque tienen reglas diferentes, no quieren aceptar o comentar las que se suelen usar por aquí y, encima, suelen perder, por mucha forma física que exhiban (:P) Porque donde ellos son individualistas, aquí más de uno pasa bola y es solidario. Donde ellos tuercen reglas para hacerlas a su gusto, aquí al menos uno o dos intentan que se cumplan. Y donde ellos no tienen respeto al rival, aquí tratamos de respetarle. Al menos, cuando yo juego. Y al final es lo que decía al inicio, espero que esto quede claro; un problema cultural y de valores.

Y sí, hice muchas faltas en mi juventud pre-rodilla chunga. Entraba como los hunos, con el pincho por delante. Y sí, usaba las manos como un karateka. Y sí, presumía de saberme el reglamento y torcerlo a mi favor. Y sí, fuí prepotente, condescendiente y demás negativas. Pero a los 21 años eso se me quitó, porque es mi rodilla quien me dijo que esas cosas, nanay de la China. O del Paragüay. Y nunca, que yo sepa, lesioné a otros. Y siempre pedí disculpas, incluso en partidos con árbitros. Será que tuve otra educación deportiva en las calles. O educación, punto.

Un saludo,

5 comentarios:

David dijo...

¿Dices que el post tiene "tintes racistas" pero no lo es? Joder con los tintes. Te ha faltado hablar del "gorila rojo asesino", de que hablar en un castellano que no sea perfecto y vallisoletano (¡ja!) es "farfullar como un simio", que el baloncesto es tuyo y Español (o europeo, a lo LePen), que mantuviste esas buenas costumbres propia de los civilizados contra esos invasores de pistas que juegan según sus maneras, malas malas, no como las tuyas, que si son puras.
Mira, si el tono del mensaje fuera otro, pues igual estaba de acuerdo en que te dieron tres hostias y se portaron de forma maleducada al no disculparse. Pero es que...
Nada, que te borro del lector de blogs. No me apetece darme cuenta de que mis amigos son capaces de referirse de esa manera a gente de otras razas o nacionalidades, por muy hostiados que hayan sido.
Agur.

David P. Sandoval dijo...

David, ni le he llamado "simio" o "gorila", haciendo de él un "untermenschen", como pareces entender. Ni tampoco he hablado del resto en general, si no de tres personas muy concretas. De hecho, del peruano no he dicho nada, salvo que había uno. De los demás, tampoco, salvo los pasos y la forma de jugar. Y lamentablemente, no he conocido a ningún jugador iberoamericano, americano, sudamericano o de por allí que no juege con esas reglas, que, si yo estuviera en Puerto Rico o en Rucker Park , las tendría que aceptar y jugar con ellas, porque es así como se juega allí.

Pero después de casi 25 años jugando en canchas de Madrid y afueras, ligas de ayuntamiento y compañía, veo que siempre son los mismos los que cambian, tuercen y modifican las reglas a su antojo, jueguan de una manera que es agresiva y perjudicial para mi salud, y los identifico entonces así de manera general, ¿es racismo?

¿Es racismo decir que no entendí una puta palabra de lo que me dijo el tipo ese que me dió las tres hostias? igual que cuando digo que no entiendo a la mitad de los andaluces y murcianos, que hablan un castellano que no es el mío, chaval.

Y finalmente, pues nada, si me crees un racista de tomo y lomo, por comentarios, que no por hechos, y no valoras, ponderas lo que digo como algo duro, pero quizá justo desde mi perspectiva, pues no pasa nada. Me borras del lector y te ahorras saber qué digo, qué pienso y cómo lo expreso, que a fin de cuentas, esto es un lugar donde hablo de mis cosas, donde no tienes por qué estar de acuerdo conmigo.

Si relees algún post de basket anterior, a lo mejor descubres que no solamente he usado términos gruesos como estos contra gente que me ha tocado las pelotas, y curiosamente, alguno puede que fuera sudamericano, o no... quién sabe, los caminos de los racistas tan raros como yo son inescrutables.

Rocio dijo...

David, digas lo que digas, tus comentarios, si parecen racistas es porque lo son. Además, a lo mejor te llevaste ostias, como tú dices, porque el que empezó a ponerse borde fuiste tú. Yo soy una chica bajita, como sabes, y nunca he recibido un golpe de estos "medio negros" como tú, les llamas, que no, no es racista ese comentario. Mira por donde, que de los que las he recibido eran más españoles que tú.Y también te digo otra cosa, los que jugaban eran mayoría de otros países incluidos los de tu equipo ¿no? A lo mejor por eso jugaban con sus reglas y no conocían las nuestras. Y a lo mejor por eso deberíamos jugar con sus reglas.Es lo que tiene la democracia.

David P. Sandoval dijo...

A lo mejor mi último comentario también es racista:

"Y sí, hice muchas faltas en mi juventud pre-rodilla chunga. Entraba como los hunos, con el pincho por delante. Y sí, usaba las manos como un karateka. Y sí, presumía de saberme el reglamento y torcerlo a mi favor. Y sí, fuí prepotente, condescendiente y demás negativas. Pero a los 21 años eso se me quitó, porque es mi rodilla quien me dijo que esas cosas, nanay de la China. O del Paragüay. Y nunca, que yo sepa, lesioné a otros. Y siempre pedí disculpas, incluso en partidos con árbitros. Será que tuve otra educación deportiva en las calles. O educación, punto."

De lo que hablo es de educación. Pero vale, soy un racista. Me lesionó la rodilla un dos metros blanco tirador de Madrid, y siempre lo he comentado. Me han dado toñas algunos tipos con los que juego, que son españoles blancos o tostados, pero soy racista por decir que me las ha dado también un tipo extranjero medio negro. Soy racista por apelar al color de la piel, pero cuando hablo mal de los blancos que me han dado de toñas, no lo soy...

Y reitero, el tipo de gafas, medio negro (y reitero, medio negro, si hubiera dicho "medio negrito" sí lo consideraría racista, por la actitud paternalista y denigrante, pero si alguien es medio negro o algo blanco como yo, es un adjetivo, y la connotación la pone quien quiera ver rasgos negativos en el mismo... que parece que el lenguaje "políticamente correcto" acaba limitando el lenguaje, a secas) que iba conmigo, también hacía entradas, y también recibió hostias, y no se quejó, porque estaría acostumbrado a ese tipo de juego. Yo, no. Porque estoy lesionado, porque tengo otra mentalidad, porque he jugado más años con gente "española" (más que yo, anda, ¿eso no es racista para conmigo? mmm...) y me he llevado lesiones de todo tipo.

Pero reitero que, cuando la hostia me la ha dado un miembro de las repúblicas americanas (¿así no sueno racista? ...) una de cada diez veces me ha pedido disculpas, el resto ha pasado de mí. Y cuando me la ha dado un tipo conocido de aquí, pues el ratio sube un par de puntos o tres. Más si es educado.

Porque a mí, al final, lo que me exaspera es la falta de educación. Y si alguien me da la razón como los locos y me trata condescendientemente, marrullero y prepotente, sí, me pongo borde porque eso que me traten de imbécil y me froten el pecho mientras me enculan, no me gusta. Será que es porque soy racista. Ah, espera, y con este comentario, seguramente homófobo.

Si queréis, el próximo hacemos un clínic y decidimos reglas antes de jugar. Pero raro es que, habiendo ganado con el equipo con el que jugué tres partidos, los tres, yo haya salido tan rebotado. ¿Por qué será? ah, sí, porque soy RACISTA.

Manda huevos. :(

Oscar E. dijo...

Que duro es reconocer que nos hacemos viejos...

A mi pegan igual los negros, los blancos, los amarillos, los Guanaminos... Si el problema voy a ser yo, que voy dando pena.
:-P